viernes, 26 de febrero de 2021

EL BUEN PADRE de Santiago Díaz

Recuerdo perfectamente que, cuando la primera novela de Santiago Díaz, Talión, llegó a mis manos y la empecé, me tuvo completamente colgada de sus páginas hasta el final. Además me vino muy bien, a nivel personal estaba pasando una de los peores momentos de mi vida y aquella trama me permitía olvidarme de todo durante un rato. Talión resultaba novedosa y provocaba que los lectores nos hiciésemos muchas preguntas, sobre todo a nivel ético. Por eso la publicación de El buen padre me llenó de alegría. Una buena intriga siempre es una buena lectura, en mi opinión.

El buen padre saca un gran partido a la tensión. Santiago Díaz es guionista de cine y televisión y sabe perfectamente cómo hacerlo, cómo cerrar los capítulos en alto para mantener la atención del lector, cómo llevarte hasta una esquina en la que no ves lo que hay detrás y, allí, hacerte girar de golpe para que te topes con lo que no esperas. En eso me ganó con Talión y ha vuelto a conseguirlo ahora. Sí que hay un par de cosas en esta novela que necesitarían una explicación detallada, algo que comentamos con el autor en el encuentro vía Zoom que tuvimos con el Club de Lectura LL y que nos reconoció. Lo explico un poco más adelante, aunque ya os anticipo que su importancia es relativa para la acción, si bien para mí, reconocida tiquismiquis, me chirriarron un poquito. Como una puerta que no cierra bien en un piso nuevo.

EL FINAL DE LA CUENTA ATRÁS

Hace un año, Gonzalo Fonseca fue detenido en su casa, completamente cubierto de la sangre de su mujer. A su lado estaba el cuchillo, arma del crimen, con sus huellas. Se encontraba en estado de shock y parecía no entender nada de lo que le estaba pasando. Doce meses después, Ramón Fonseca, el anciano padre de Gonzalo, se entrega en una comisaría asegurando que ha secuestrado a tres personas que van a morir en las tres semanas siguientes si no se consigue detener al verdadero asesino de su nuera. Ramón tiene la certeza de que su hijo no cometió el crimen por el que está en prisión y ha cargado las culpas contra el abogado que le defendió, la jueza que lo juzgó y una joven testigo cuyas palabras en la vista fueron fundamentales, aunque Ramón dice que mintió. Los tres morirán si la policía no averigua la verdad.

Por si eso fuera poco, exige que sea la inspectora Indira Ramos quien se haga cargo de la investigación, una mujer con un código ético único e inquebrantable, pero que se encuentra en el punto de mira de todos sus compañeros por haber denunciado a otro policía cuando descubrió que había falseado pruebas para incriminar a un sospechoso. Indira, además de la firmeza de sus convicciones, tiene una feroz fobia a los microbios y al desorden debido a un hecho de años atrás que la marcó para siempre. Ella y su equipo serán los encargados de reabrir y resolver un caso que está completamente cerrado y sentenciado y evitar tres muertes en las tres siguientes semanas.

¿Qué no haría un padre por su hijo? Todos los que somos madres o padres sabemos que, por un hijo, somos capaces de cualquier cosa. Pero ¿esta premisa es estrictamente cierta? ¿Cuántos de nosotros seríamos capaces que quitar la vida a alguien? Es la desesperación la que ha llevado a Ramón Fonseca a tomar decisiones terribles y a urdir un plan que puede acabar con tres muertes, pero él lanza la responsabilidad a la policía. En manos de los agentes está ahora salvar a los secuestrados. Ramón se niega a dar pistas, solo exige una solución que exonere a su hijo. Y el reloj ya ha empezado a correr.


A base de capítulos cortos y de una creciente tensión, que va tomando velocidad como un motor diésel bien engrasado, el equipo de Indira Ramos se ve abocado a transitar dos caminos que parecen dirigirse directamente al abismo: por un lado, tratar de salvar a los tres secuestrados; por otro, volver a examinar las pruebas del caso de Gonzalo Ramos y comprobar si hay algo que se pasó por alto. Al tiempo, Santiago Díaz va introduciendo capítulos dedicados al abogado, a la jueza y a la testigo: en unos los vemos en su encierro, en otros sabremos más de sus vidas y de cómo quedaron vinculados al caso de Gonzalo Ramos. Paso a paso descubriremos que no todo es lo que parece y que hay muchas sombras en las esquinas de las vidas de los tres.

Indira Ramos es un descubrimiento como personaje. A su carácter firme, de mujer que ha conseguido llegar a donde ha llegado por su propia valía, a su ética acerada que le hace ir contra cualquier cosa que sea ilegal, aún cuando la haga un compañero, se suman sus fobias que ha aprendido a controlar a duras penas. Su equipo la mira con bastante prevención y cierta manía, consideran que traicionó a uno de los suyos, pero al tiempo no pueden evitar un poso de admiración que irá creciendo a lo largo de las dos investigaciones que llevan a cabo. Es cierto que hay escenas de Indira lidiando con su trastorno que podrían haber sido un dechado de extravagancia, pero Santiago las reviste de un cordial sentido del humor que consigue que empaticemos con ella y sonriamos levemente. No convierte sus fobias en una parodia, las hacer parte de Indira, les da carta de naturaleza. La relación estrecha con sus compañeros y, en especial, con el subinspector Ivan Moreno hace que se vaya "humanizando", aunque sin perder jamás su peculiar forma de ver la vida.

Nota muy personal: el contraste entre Marta Aguilera, la protagonista de Talión, e Indira Ramos. La primera deja a un lado por completo la ética, la culpabilidad, las normas y opta por castigar a su modo a quien ha escapado del castigo legal; Indira es todo lo contrario. La noche y el día.

Y sí, como os decía al principio, hay un par de cosas que no terminan de encajar por completo. Es verdad que no afectan al desarrollo de la acción ni le restan un ápice de interés, pero yo no he podido evitar tropezarme con ellas mientras corría al ritmo que Santiago Díaz me marcaba. La ubicación del Polígono de los Ángeles, en Getafe, va a acabar siendo una broma recurrente entre el autor y el club, pero se puede obviar por completo. No así, y no quiero dar demasiados detalles, la edad de Ramón Fonseca, un dato que es fundamental para cualquiera que se pare un poquito a pensar acerca de lo que podría o no hacer. Igualmente, y conociendo el sistema procesal español, me parece que un año es un plazo excesivamente corto para que se haya producido una condena (con su investigación policial, el sumario, la calificación de pruebas y la vista oral) y que Gonzalo Fonseca ya lleve un tiempo en la cárcel.  Eso sí, todas pueden ser pasadas por alto si se quiere, pero están.

El buen padre es un thriller intenso, oscuro en algunos momentos, que toca temas terribles como la prostitución de lujo, la vida de los presos en la cárcel, la soledad y la rabia de quien lo ha perdido todo, la presunción de inocencia cuando esta no es tal, la lucha contra los demonios que algunas personas llevan detro. Pero es, sobre todo, una apasionante carrera contra el reloj en la que el premio son vidas humanas. Y hay aquí otro dilema moral: ¿valen más unas vidas que otras? ¿hay personas que merecen morir por lo que hicieron o por lo que decidieron no hacer?

La verdad, en muchas ocasiones, está más cerca de lo que creemos y no siempre es la que podemos aceptar. En El buen padre tenemos un ejemplo poderoso de todo ello. Y parece que Indira Ramos ha llegado para quedarse. Va a ser muy interesante seguirle los pasos. De momento, venid a conocerla, os garantizo varias horas de lectura con el corazón desbocado.

jueves, 18 de febrero de 2021

LERNA de Javier Pellicer

Llegué a la primera novela de Javier Pellicer, El espíritu del lince, a través de una amiga que me la recomendó con mucha pasión. Aquella intensa novela histórica, ambientada en el momento en que los ejércitos cartagineses de Amílcar Barca y su hijo Aníbal desembarcaron en la península, me dejó una estupenda impresión. El siguiente libro de Javier fue de género fantástico, Legados, que, aunque no es de mis favoritos, me hizo pasar buenos ratos de lectura y posteriormente, justo antes del que hoy me ocupa, llegó Leones de Aníbal, que nos llevaba al principio de la Segunda Guerra Púnica. El tiempo que ha mediado entre esa publicación y la actual me ha tenido un poco en la duda de saber qué derrotero iba a tomar, como escritor: ¿seguiría en la histórica o volvería a retomar el género fantástico? Pues, para mi sorpresa, Javier Pellicer nos presentó un híbrido fantástico, mezclando, como un cóctel bien batido, la mitología con una base histórica real y haciendo un auténtico encaje de bolillos para que nada sea forzado ni resulte traído por los pelos.

Lerna, que lleva por subtítulo El legado del Minotauro, es una obra ambiciosa, arriesgada y valiente que conjuga a la perfección el mito con los hechos históricos tratando de que el primero quede explicado a través de lo segundo y creando una atmósfera única, llena de magia, que ha debido requerir muchas horas de documentación. A mí me ha sorprendido y me ha tenido pegada a sus páginas hasta el final y hoy, desde aquí, me gustaría recomendárosla.

LEBOR GABÁLA ÉRENN

Con este nombre gaélico-irlandés son conocidos los manuscritos que relatan la construcción de Irlanda como país y cultura, narrando todas las invasiones que se produjeron en aquella tierra desde su creación hasta el siglo XI. Son una mezcla de historia, leyendas, mitología y parte de historiografía cristiana. En esos manuscritos se habla de la llegada de Partholón y su pueblo, trescientos años tras el diluvio.

En la lejana Edad de Bronce, la fastuosa Creta (fundada por el mitológico rey Minos) luce de forma única en medio del mar Egeo. Sus habitantes, un pueblo pacífico y próspero, se han mantenido hasta el momento al margen de todos los conflictos desatados a su alrededor. Pero cuando Starn, el hijo menor del rey Sear, regresa a su tierra tras una larga ausencia, descubre que el ambiente está enrarecido y que una profunda desconfianza ha anidado en todos los estratos de la sociedad. Los piratas aqueos son una amenaza constante para sus naves y las rutas marítimas y las intrigas dentro del palacio de Cnosos auguran un terrible futuro. Cuando todo se precipita, Starn deberá decidir si parte con su hermano mayor, Partolón, a la búsqueda de un nuevo hogar para su pueblo o si permanece en el palacio tratando de salvar lo que parece insalvable.

¿Nos encontramos ante una novela histórica? Sí y no. Su base son hechos históricos, pero no el conjunto, ya que, como os decía al principio, Javier Pellicer ha creado una trabajada red que mezcla esa base histórica con la mitología pura y dura. Tampoco es una novela fantástica en toda su extensión, pero el resultado de la mezcla es admirable, incluso para quienes el género fantástico no es el de cabecera.

 

La novela se estructura en tres partes. La primera nos lleva a Creta y a su fabuloso palacio de Cnosos hacia el siglo XVII a.C. Los días tranquilos que han convertido a Creta en un reino pacífico y rico van a tornarse oscuros. Se avecinan vientos de guerra y hay feroces intrigas palaciegas que provocan la ruptura entre los tres hijos del rey, Partolón, Tríome y Starn. Partolón y Starn deciden partir en busca de un nuevo hogar, la "tierra dormida"de la que apenas tienen más referencia que un sueño. La segunda nos contará el viaje de los hijos del rey, un viaje muy peligroso que parece no acabarse nunca (y que puede recordar, con todas las diferencias, al de Ulises en La odisea) pero que para Starn es también un viaje personal de madurez y cambio total en su manera de ver el mundo. Ya en la tercera y definitiva, tras la llegada a la actual Irlanda, los viajeros tratan de fundar una ciudad que reproduzca a la amada Creta que dejaron atrás. Pero hay otros habitantes y otros pueblos allí...

A lo largo de las páginas de Lerna. El legado del Minotauro vamos a vivir, junto con sus personajes, una auténtica odisea llena de aventuras en la que las emociones están siempre muy presentes. El viaje de Partolón y Starn supone también que ellos cambien y crezcan como seres humanos, que descubran otras tierras y otras gentes, que se cuestionen cosas que antes daban por sentadas. La épica está presente de forma constante en todo ese periplo. Starn irá abandonando su faceta más soñadora e idealista para convertirse en un guerrero y tanto él como su hermano Partolón y el resto de los miembros de la expedición se llenarán de los conocimientos y las enseñanzas de los pueblos que habitan las tierras por las que van pasando. 

La narración que Javier Pellicer hace del viaje y las vicisitudes de los protagonistas es muy fluida, resulta súmamente fácil dejarse caer dentro del universo que ha creado en las páginas de Lerna y, simplemente, disfrutar de cada momento. La ambientación, en una época que está tan poco documentada, resulta brillante. Se nota el cuidado que ha puesto como autor en la documentación y el trabajo que lleva detrás, aunque en ningún momento resulta excesivamente didáctico ni trata de convertirse en una enciclopedia. Contiene muchos de los elementos del llamado "viaje del héroe", pero también arriesga en su relato para dar respuesta a un mito que puede que no lo sea si se mira con otros ojos

Es también Lerna una novela de personajes, que son profundamente humanos y que van cambiando ante nuestros ojos a medida que la vida y el viaje les van pasando factura. Mantienen intactos sus anhelos más íntimos pero van madurando y adaptándose, sabiendo que ya no hay vuelta atrás.Y esa es otra de las cosas que Javier hace muy bien: dar una personalidad creíble a cada uno de ellos, haciéndolos terrenales para que la creación del mito tenga cimientos más fuertes

Lerna me ha supuesto un auténtico disfrute lector, un cambio en mis lecturas habituales que ha merecido la pena, porque me ha llevado a una de mis civilizaciones perdidas favoritas, la de Creta, y recuperar los mitos celtas que de adolescente tanto leí en aquella fantástica colección de Otros Mundos. El cóctel que nos presenta Javier Pellicer en Lerna es de los que dejan sabor y frescura en el recuerdo, así que no dudéis en embarcaros en este viaje. Hay mucho por descubrir


viernes, 12 de febrero de 2021

EL ÚLTIMO SUEÑO DEL REY de Francisco Bocero

El último sueño del rey fue una de las novelas que se presentaron en el pasado Certamen de Novela Histórica de Úbeda y su autor, Francisco Bocero, nos hizo un dibujo preciso y muy entretenido de su conenido. Acostumbrados a que las novelas históricas tengan un elevado número de páginas, las 220 de esta obra nos podrían hacer pensar que el contenido se queda corto, pero nada más lejos de la realidad. Estamos ante la narración de los últimos meses de vida de Fernando VI, un rey prudente y pacífico, sumido en la depresión más absoluta tras la muerte de su esposa, Bárbara de Braganza. Y estamos, también, frente a un momento histórico poco tratado, que casi pasa desapercibido a pesar de su complejidad. 

Hasta los escenarios son menos "brillantes", ya que durante toda la novela nos moveremos entre el palacio de Villaviciosa de Odón, que no dejaba de ser un pabellón de caza, y el de Aranjuez, en el que falleció la reina, lejos de la grandiosidad de Palacio Real y de la gran corte que albergaba. Pero todo esto convierte al El último sueño del rey, en mi opinión, en una magnífica rareza con un marcado tono crepuscular que lo envuelve todo y que nos hace entender que el ser humano, a pesar de dignidades y coronas, puede vivir un infierno interior que lo destruya y lo anule.

LA BILIS NEGRA DE FERNANDO VI

Transcurre el otoño de 1758 y Fernando VI, tras la muerte de su esposa Bárbara de Braganza, se ha recluído en el palacio de Villaviciosa de Odón, un viejo pabellón de caza, tratando de encontrar un lugar que no le reuerde a ella. La terrible agonía de la reina aún esta presente tanto en el rey como en aquellos que vivieron en Aranjuez aquellas horas eternas y amargas. Fernando VI no está en condiciones de tomar decisiones, apenas es capaz de alimentarse y, mientras tanto, Francia e Inglaterra presionan al gobierno español para que tome partido por una de ellas en la Guerra de los Siete Años. Francia busca con denuedo que España entre en liza con sus ejércitos, mientras que Inglaterra maniobra para que se matenga neutral. Fernando VI siempre ha sido un rey que ha abogado por la paz y se ha resistido a que España se viese inmersa en ningún conflicto bélico. Ricardo Wall, hombre fuerte del gobierno, trata de mantener esa paz tan deseada, aunque se ve continuamente boicoteado por las intrigas de Isabel de Farnesio, madrastra del rey, partidaria de Francia, y cuyo mayor anhelo es que Fernando desaparezca o abdique en su hermano Carlos, rey de Nápoles, futuro Carlos III. Los espías de toda Europa mantienen a las diferentes cortes de permanente estado de alerta, a la espera de conocer el desenlace.

Como os decía antes, nos encontramos ante un periodo histórico poco conocido y poco tratado. El siglo XVIII en España es como la "hermana pobre", ya que el XVII supuso el ocaso de una dinastía y el comienzo de otra, guerras constantes, intrigas de todo tipo, y el XIX es un auténtico caos en el que hubo absolutamente de todo. Un periodo que se incia  con la Guerra de Sucesión y la llegada del primer Borbón al trono español, Felipe V, un rey que, tras la muerte de su primera esposa, contrae matrimonio con Isabel de Farnesio, con la que tiene diez hijos, y que hizo todo lo posible para que los hijos anteriores de su marido quedasen anulados como posibles herederos.

Fernando VI no estaba destinado a reinar. Además era muy consciente de sus limitaciones, siempre tuvo un carácter apocado y se sentía falto de afecto tanto por la temprana muerte de su madre como por la frialdad de su padre. Otra hubiese sido su historia si su hermano Luis, en quien abdicó Felipe V viéndose incapaz de seguir gobernando, hubiese tenido una vida de duración normal. Pero a los ocho meses de llegar al trono, falleció de viruela. Quizá la única alegria en la vida de Fernando fue su esposa, Bárbara de Braganza que, sin ser muy agraciada físicamente, estaba llena de alegría, tenía una cultura abrumadora, sabía tocar el clavidordio, hablaba varios idiomas y era amante de todas las artes. No tuvieron hijos, por incapacidad del rey, pero sí llegaron a amarse profundamente. Ella fue su gran complemento y su ayuda fundamental en la toma de decisiones. 


 En El último sueño del rey asistimos a dos líneas temporales separadas por pocos meses. Por un lado, nos aojaremos en el palacio de Villaviciosa, en el que el rey se ha recluído. Su salud mental está prácicamente perdida con escasos momentos de lucidez. Allí es Andrés Piquer, médico personal del rey, quien nos cuenta en primera persona lo que se está viviendo. Un pabellón de caza apenas acondicionado, con el frío campando a sus anchas y el rey enfermo, que no acepta ni la limpieza ni la comida. El rey de un imperio, incapaz de hacer nada más que dolerse en su pena, perdido en una tempestad de melancolía y tristeza. A su vez, la segunda línea temporal nos lleva a Aranjuez, a los últimos días de vida de la reina, que sufrió una espantosa agonía, narrados en tercera persona, como también todos los capítulos dedicados a las gestiones de Ricardo Wall y otros miembros del gobierno. 

Como lectora, no he podido evitar sentir lástima por Fernando VI, un rey que gobernó con prudencia, que supo rodearse de ministros de valía, como Ensenada y Carvajal y que se mantuvo firme en su posición de no participar en ninguna guerra. Pero también un hombre lleno de traumas, a quien su propio padre trató con desprecio y que perdió demasiado jóvenes a sus hermanos de sangre. Se crió solo y murió solo. Por eso os hablaba del tono crepuscular de la novela, porque toda ella anticipa un final que va a suponer un cambio total en la política española. Media Europa presionaba a un gobierno cuyo rey apenas podía gobernarse a sí mismo

Francisco Bocero ha sabido narrar con precisión, pero también con una fuerte carga emocional, estos momentos tan críticos para España. Las intrigas políticas a las que debe hacer frente Ricardo Wall, los recuerdos de infancia y vida de Fernando VI, las presiones y manejos en la sombra de Isabel de Farnesio, el polvorín en que se ha convertido Europa  en el que es considerado el primer conflicto mundial de la historia... El dibujo de los personajes es fantástico, conseguimos en unas pocas líneas amarlos o detestarlos, como fantásticos son también los cambios de escenario y de perspectiva. Además, he tenido la gran alegría de reencontrarme con Farinelli, el divino castrado, un hombre escepcional y que, pudiendo haber conseguido cualquier cosa tanto de Felipe V como de Fernando VI, jamás se aprovechó de su posición. Un alma buena y noble y un absoluto superdotado vocal que endulzó, en cierto modo, la cercanía de la muerte de los monarcas. 

No puedo dejar de recomendaros El último sueño del rey, una novela que va calando en lector página a página y que nos hace descubir hechos poco conocidos, al igual que pone luz sobre un rey que, sin querer el trono y sin esperarlo, supo estar a la altura. La "bilis negra" de la melancolía que acabó con él seguramente ya la llevaba en el alma desde la muerte de su madre. O quizá por herencia de su padre. Sea como sea, llegó a conocer la felicidad y el amor y fue respetado en su momento, a pesar de los turbos manejos de Isabel de Farnesio. Merece mucho la pena conocerle.

lunes, 8 de febrero de 2021

EL CANDIDATO de Nacho Abad

En los últimos tiempos no he dejado de preguntarme hasta qué punto vemos lo que nos dicen que veamos y creemos lo que nos aseguran que es cierto, especialmente de tres años hacia acá. No sé si es que, con la poca actividad que conlleva estar confinada en casa, me ha dado por pararme a pensar y empiezo a ser consciente de qué poco pinta el ciudadano medio, el de a pie, en las decisiones importantes, en la política. Nos piden que vayamos a votar cuando toca y punto. Vivimos en un permanente mitin electoral en el que nuestros "representantes" se llenan la boca de autocomplacencia para sí mismos e insultos para los demás. Sinceramente, creo que les importamos, como dice mi admirado Reverte, un huevo de pato. Nos necesitan para que les demos el poder y, una vez allí, los grandes proyectos, las promesas, la ilusión de muchos votantes quedan reducidos a un miserable tablero en el que solo importa lo bien colocados que van a estar ellos. Por eso, cuando terminé el libro al que dedico hoy la entrada, El candidato, he sido consciente aún más, porque junto a una trama envolvente y más oscura de lo que parece, hace que te plantees muchas preguntas. O que seas consciente de cuánto nos mienten tanto políticos como medios de comunicación, redes sociales y periodistas de primera, segunda y tercera línea.

Sí, El candidato es ficción y una ficción que te agarra por las solapas en las primeras páginas y ya no te suelta. Pero dentro de esa ficción hay cosas muy reconocibles y acabas con la inquietante sensación de que nada es lo que parece. Que ya no es que haya hilos que nos manejen, hay sogas. Y esa es la gran virtud de esta novela: darnos una historia llena de intriga y, además, hacernos pensar. Incluso indignarnos. Conmigo, al menos, lo ha conseguido.

VISIÓN PERIFÉRICA

Lázaro Arnau es un carismático empresario dedicado al reciclaje y que aboga por un mundo más sostenible, poniendo a la ecología como el interés principal a la hora de hacer política. Respetado y admirado, decide presentarse a las elecciones como cabeza del partido Brotes Verdes, para intentar una nueva manera de gestionar el país y sus recursos. No hay tradición de partidos ecologistas en el parlamento español, por lo que la apuesta es fuerte. Pero cuatro días antes de las elecciones generales salta la bomba: una mujer, Alina, acusa a Lázaro de haberla violado hace diez años en un hotel de Castellón y, para ratificarlo, se aporta a un medio de prensa un vídeo de aquella noche. El impacto en la opinión pública es tremendo. Los datos de CIS, que otorgaban un buen número de diputados a Brotes Verdes, ya no sirven. La sorpresa y la indignación, junto con programas monográficos en la televisión, las redes sociales ardiendo y la prensa tratando de arrimar el ascua a su sardina, machacan literalmente a Lázaro que ve como su proyecto y su vida se van al garete. Pero no va a rendirse sin luchar. Tiene pocas horas para demostrar que él no cometió el delito del que le acusan y recuperar su credibilidad. Una carrera contra reloj en la que se va a encontrar con muchos abstáculos inesperados. 

Si he titulado este post "Visión periférica" es porque en esta novela es necesario ver no solo lo que tenemos delante, sino darnos cuenta de muchos detalles que están ahí y que pueden pasar desapercibidos. Mensajes que poco a poco nos calan. Obviamente, la profesión de periodista de Nacho Abad y su experiencia, dan una visión muy real del conjunto. De cómo los medios de comunicación actuales pueden encumbrar o defenestrar a alguien en cuestión de horas sin que, después, con las aguas calmadas, sean capaces de rectificar o pedir perdón. Del empuje de las redes sociales, que fagocitan, en muchos casos, a esos medios más "oficiales", y crean círculos y grupos de opinión llenándonos de noticias que ni siquiera contrastan. De la ambición de ciertos periodistas por ser los primeros en dar una notica, la que sea, aunque tengan que pisotear su propia ética o vender su alma al diablo. En un mundo en que la prensa escrita agoniza, hay que vender como sea.


 También es conveniente que, como lectores, usemos esa visión periférica ante lo que se nos está contanto. Intentar ver un poco más allá, incluso leer entre líneas. Y, aunque la manera de narrar de Nacho nos empuje a devorar páginas tras página, pararnos lo suficiente para darnos cuenta de ciertos detalles. Es verdad que no plantea aquel "reto al lector" inolvidable de las novelas de Ellery Queen, ya que hay datos y verdades que irán saliendo a la luz a medias y a medida que lo necesita la novela o que solo se desvelan al final, pero sí que tendremos tiempo de elaborar teorías. 

Los protagonistas de El candidato, actuales y creíbles, no son estereotipos: Lázaro es un tipo atractivo, de fuerte personalidad, con las ideas claras y, como político, un folio en blanco; Silvia, la periodista, no duda en embarcarse en una investigación por su cuenta cuando las cosas no terminan de cuadrarle; Esther, jefa de Homicidios de la policía de Castellón, es profesional y sabe cómo encauzar las investigaciones. Nada de redacciones de periódico oscuras y llenas de humo ni policías aficionados al whisky. La acción es actual y se mueven con parámetros actuales. Particularmente me han parecido una genialidad los nombres de los dos periódicos que luchan por una mejor exclusiva: El Continente y La Península.

Las primeras 150 páginas de la novela son vertiginosas, trepidantes, nos llevan a una velocidad endiablada en la búsqueda de la verdad sobre Lázaro. En ese momento, la acción se detiene y comienza de nuevo, más pausada, pero, como un buen motor diesel, va calentándose y adquiriendo ritmo. La espiral que se nos plantea a los lectores es cada vez más ampia, sus brazos van recogiendo detalles, fechas, más personas implicadas. Ahí es donde tendremos que tomar distancia y mirar desde más lejos. Intentar formarnos una imagen global de lo que es. finalmente, la verdad.

Narrada en tercera persona, excepto las cuatro primeras páginas en las que es Silvia la que nos habla, El candidato no se pierde en recursos literarios profundos. Nacho Abad maneja muy bien la tensión, la dosifica y nos ofrece una historia "limpia", sin tratar de demostrar como sea sus muchos conocimientos. Están, pero no se recrea en ellos. Siendo una narración lineal (excepto algún flashback puntual), avanzamos a buen paso junto a los protagonistas, pero también tenemos tiempo de reflexionar sobre ciertos aspectos de candente actualidad. Conoceremos a psicópatas de manual, esos que no se convierten en asesinos en serie, pero que no sienten empatía ni afecto por nada ni por nadie y que solo velan por sus propios intereses. A encantadores de serpientes de mirada hipnótica. A sicarios por dinero y por convicción. A agentes de la ley que fueron capaces de traspasar muchos límites. A periodistas sin moral cuyo único código deontológico es el dinero y un titular, aunque se lleven por delante vidas y reputaciones. 

Ya os decía antes que hay mucho más de lo que parece en esta novela. Da qué pensar y hace que nos formulemos muchas preguntas o que reconozcamos situaciones y hechos con los que convivimos. Hay. al final, la sensación de que en todo este decorado que es la vida pública se nos escapan datos, que se nos hurta información y se tapan demasiadas cosas, que la política no es limpia, al menos en una gran parte. Que hay demasiados intereses en juego. Queda un cierto desasosiego al acabarla, como si hubiesemos mirado a través de una puerta prohibida que ha quedado entreabierta. Pero la lectura merece la pena; realmente, como lectora, me lo ha hecho pasar genial y esa es una premisa fundamental para recomendarla. Definitivamente, voto por El candidato.

El candidato obtuvo el Premio Letras del Mediterráneo 2020.

 


lunes, 1 de febrero de 2021

LOS AUSENTES de Juana Cortés Amunarriz

Por mucho que haya determinadas voces que quieran taparlo, blanquearlo o, incluso, justificarlo, el dolor causado por el terrorismo de ETA sigue ahí. En los casi mil muertos, en los heridos, en sus familias que jamás van a volver a ser las mismas. Es una llaga que puede que, con los años, deje de supurar, pero que siempre escocerá de algún modo, principalmente en las víctimas, pero también entre quienes tuvimos la desgracia de vivir los terribles "años del plomo", en los que daba miedo encender la radio o la televisión cada día pensando qué nueva atrocidad nos íbamos a encontrar. No podemos dejar de recordar, no podemos convertir a las víctimas en números y dejarlas en una esquina de la historia, allí donde no molesten a ciertos sectores que, en el colmo de la mezquindad, dejan caer que "es agua pasada". Quizá yo no sea nada políticamente correcta, pero me niego. Reivindico su memoria y desprecio con toda mi alma a quienes fueron capaces de matar, generalmente por la espalda o de lejos, como los cobardes que fueron y son. 

No he leído Patria, podéis llamarme lo que queráis, pero sé que me iba a doler en exceso y bastante dolor tengo ya en mi vida para sufrir gratis. Y con la novela que hoy os traigo, Los ausentes, tuve mis días de dudas por el mismo motivo. La cita para un encuentro Zoom con la autora me dio un empujoncito y es verdad que la devoré en apenas dos tardes, aunque me arañó el alma con fuerza y cerré el libro con un peso demasiado reconocible en la boca del estómago. No, desde luego que no deja indiferente, es imposible que lo haga. La maldad siempre nos tatúa por debajo de la piel. 

Y TÚ, VIUDA, LLORARÁS

Año 2007. La última "tregua" de ETA ha acabado de la peor manera posible y, entre sus filas, se busca dar un golpe de efecto que vuelva a colocarles en primera línea. Dos encapuchados secuestran a punta de pistola a Bixen Alzola, un profesor de universidad cuyo único pecado es haber levantado la voz por el fin de la violencia y encontrar vías pacíficas para acabar con ella. Esa tarde Leire, su mujer, recibe la llamada que le cambiará la vida: la que le comunica que su marido ha sido secuestrado. También le dan las pautas que ha de seguir si quiere volver a verle vivo. Durante toda la noche, con su mundo hecho pedazos y desgarrada de miedo, Leire recuerda a tantos y tantos muertos, tantas familias rotas, tantas viudas. Sabe que la suerte de Bixen está echada, pero toma una decisión: no va a rendirse sin luchar. No va a permitir que maten a su marido.

Las siguientes veinticuatro horas son, en realidad, el libro entero. Leire deja de ser quien ha sido siempre para convertirse en lo que más detesta, pero le han dado la mejor razón del mundo. Y comienza por poner otro peón en la partida: sí, tenéis a Bixen; y yo tengo a alguien que le importa mucho a uno de vosotros. Subo la apuesta. 

A lo largo de las páginas de Los ausentes la pregunta que nos ronda constantemente es qué haríamos nosotros en una situación similar y es la angustia la que se enseñorea de toda la trama, encogiéndonos el estómago y sintiendo un frío cada vez más intenso, ese que nace del miedo. A medida que iba leyendo también me preguntaba a dónde me iba a llevar, porque la espiral es cada vez más intrincada y más dura. Bixen, encerrado en un zulo y vigilado, no acierta a imaginar el infierno que se está desatando fuera. El comando terrorista, en su soberbia de sangre y pistolas, se enfrenta a algo inesperado: la víctima, porque Leire lo es también, no se limita a callar y morir. Se ha rebelado. Se les encara poniéndose a su nivel


El paisaje del País Vasco es un telón de fondo impecable que hace juego con los sentimientos que va despertando la novela: toda la gama de grises, los bosques oscuros y empapados, las casas ocultas y heladas, la humedad, el frío, la noche cayendo demasiado temprano... todo va a juego con lo que se nos pone ante los ojos. El viaje interior de Leire hacia lo más oscuro de sí misma es fruto de la rabia aunque hay momentos en que le llegan rayos de luz a ese pozo negro y se cuestiona, pero su amor por Bixen y su necesidad de recuperarle no le permiten más debilidades. 

Entre los miembros del comando, "cachorros" amamantados por eslóganes de fácil digestión y el discurso recurrente de tener razón, hagan lo que hagan, no vamos a encontrar a ninguno con el que empatizar. Son lo que son, tienen claro lo que hacen y les importa nada y menos el dolor que causen. Vamos a conocer, casi de forma tangencial, un poco de la vida privada de alguno de ellos, de cómo han llegado hasta allí, pero eso no les humaniza, al menos en mi opinión. Se creen "gudaris" y son asesinos que cambian el verbo matar por ejecutar, se erigen en jueces y verdugos amparados por una verdad que es solo suya y que, en ese momento, ya estaba más que cuestionada. 

Si bien los etarras a quienes conocemos en Los ausentes (Azeri, Tor, Chus, Maider o Roque) se nos muestran así y no hay segunda lectura posible, para mí el peor de todos es Kuti. Kuti jamás se ha manchado las manos, nunca ha estado en primera línea, pero señala, pone en la diana y, sobre todo, utiliza su voz y su imagen para justificar y amparar, para lanzar sus discursos en los que excusa y defiende a quienes matan. Se parece mucho a otros miserables que siguen delante de atriles y micrófonos para lo mismo. La única inocencia pura en toda la novela es la de Ander, pero esa prefiero que la descubráis vosotros.

Es imposible cerrar Los ausentes sin más. A mí me costó recomponerme. A base de capítulos cortos, que nos van llevando de un protagonista a otro, la novela adquiere velocidad, intensidad y crece en angustia. A veces cuesta respirar. Sin ser una lectura "amable", es de esas que se te pegan y que recuerdas. Quizá, y esta, como siempre, es una opinión muy personal, no habría venido mal explicar con algo más de detalle un par de cosas al final, pero lo que está claro es que la autora ha buscado más que nos hagamos preguntas y nos respondamos a nosotros mismos, que darnos todo masticado. 

Leed Los Ausentes. Creo que es una novela necesaria, aunque nos ahogue en agua helada. Y contadme, porque hay mucho de qué hablar una vez acabada.