He coincidido con Lidia en tres o cuatro ocasiones, aunque la sigo habitualmente en sus post de Instagram en los que nos habla de arqueología con una pasión que engancha. Y es que Lidia, que es insultantemente joven, pero está más que sobradamente preparada, es arqueóloga y antropóloga física y utiliza sus muchos conocimientos para hacer divulgación. Os aseguro que ver sus publicaciones es una delicia, porque te enteras de montones de curiosidades y noticias que, de otro modo, seguro que se nos pasarían desapercibidas.
Lidia, que además es una apasionada de la mitología, ya tenía una novela anterior, Penélope, en la que intentó acercarnos a la esposa de Ulises tal como se merecía. Una mujer que, después de esperar veinte años a su marido sorteando propuestas de matrimonio y engañando a los pretendientes que llegaban, fue expulsada por traición por el héroe de La Odisea. Aunque no iba a rendirse tan fácilmente. Sin embargo, en Los anatomistas, Lidia cambia radicalmente de época al trasladarnos al Edimburgo de mediados del siglo XIX y a una facultad de medicina que sería el sueño de cualquier director de cine de terror. Una novela en la que el misterio y la ciencia caminan de la mano y que me ha resultado felizmente distinta a mucho de lo que se publica hoy día.
"LA CIENCIA NO NOS HA ENSEÑADO AÚN SI LA LOCURA ES O NO LO MÁS SUBLIME DE LA INTELIGENCIA" - EDGAR ALLAN POE
Corre el año 1857 y en la Facultad de Medicina de Edimburgo coinciden dos alumnos brillantes: Arthur Credge y Theodore Thorebourne. Al principio se detestan; educadamente, pero se detestan. Aunque a medida que van pasando los días, cada uno descubre en el otro un talento especial y acaban siendo grandes amigos. El ambiente en las clases es muy elitista, profundamente competitivo, y los alumnos han de superarse continuamente para llamar la atención de los profesores que pueden allanarles al camino a su tan ansiada profesión. Ellos y sus compañeros se ven sorprendidos por la aparición de una serie de cadáveres mutilados. Todas las evidencias, al examinarlos, apuntan a que los cuerpos ha sido utilizados para prácticas anatómicas clandestinas y puede que detrás de ello exista algo más organizado. Las historias sobre robos de cadáveres en los cementerios siempre han rondado en la morgue de la facultad, pero esto nunca había sucedido: va más allá de la profanación de tumbas.
Tanto Arthur como Theodore quieren llegar a saber la verdad y tratan de investigar por libre, pero ambos están también atados a sus estudios y sus prácticas. Arthur ha sido escogido por un profesor para que le ayude a dilucidar qué son exactamente unos huesos que han llegado a sus manos, para lo que contará con la ayuda de Victoria, la sobrina del profesor, también brillante estudiante. Sin respuestas claras y con cada vez más cadáveres apareciendo, la facultad se ve superada y las sospechas crecen sin parar.
En Los anatomistas, el misterio funciona como motor narrativo, aunque el verdadero asunto de fondo es realmente qué ocurre cuando la búsqueda del conocimiento deja de estar limitada por la ética. Dónde está la frontera entre la ciencia y la locura. Tanto la ciudad de Edimburgo, fría y oscura, como la Facultad de Medicina, la residencia de estudiantes y el Royal Infirmary, escenarios de la novela, contribuyen a crear una atmósfera inquietante. Los lugares donde se practican las autopsias, las aulas, la zona de hospital, los pasillos oscuros que conectan unas zonas con otras... todo contribuye a que para el lector sea sencillo sentir la sombra del miedo a la vuelta de cada esquina. Un poco, si se me permite la libertad, como los inolvidables pasillos del Nostromo.
Esa ambientación me parece de las mejores cosas de la novela, porque nos permite sentirnos muy dentro de lo que sucede. Es cierto que Lidia, como señala ella misma en la nota de la autora, ha modificado ligeramente la situación dentro de la ciudad de algunos de los edificios por los que transitan nuestros protagonistas, pero lo ha hecho de cara a facilitar los desplazamientos de estos, sobre todo si se tienen que dar prisa. De este modo "cierra" aún más el círculo, consiguiendo un cierto aire claustrofóbico que favorece mucho a lo que está sucediendo, aunque sin perder la esencia victoriana del momento, de los edificios y de la ciudad en general.
También es evidente en toda la novela que Lidia ha trabajado y se ha documentado respecto a las prácticas anatómicas que se llevaban a cabo en aquellos años, cómo se organizaba y desarrollaba la vida universitaria, el modo de ejercer la medicina y, desde luego, la práctica real del tráfico de cadáveres. Todos estos puntos están en la trama, todos interactúan, todos tienen importancia. Hay mucho de componente científico, pero visto desde el momento histórico en que la autora sitúa la narración, y en bastantes ocasiones resulta toda una curiosidad ser testigos de cómo se desarrollaban la ciencia y el saber en aquellas aulas.
La novela nos plantea también otras cuestiones que dan qué pensar, cómo los límites de la experimentación para llegar a conclusiones o si el progreso justifica cualquier método para seguir avanzando. Los cadáveres que van apareciendo y los asesinatos que se producirán después (y hasta aquí puedo leer) ratifican de alguna manera esas cuestiones, porque van a hacer que los protagonistas se pregunten si el saber justifica que se utilicen cuerpos en nombre de la ciencia. Esto convierte a Los anatomistas en algo más que un thriller histórico, porque hay una idea que no deja de sobrevolar toda la trama: la obsesión por el conocimiento. Y no solo el que deriva de las autopsias, sino el que se tiene por conseguir un descubrimiento importante que los ponga en los libros y manuales.
Las únicas pegas que le pongo a Los anatomistas es que el inicio es, en mi opinión, demasiado lento y tardas un poco en sentir que realmente estás dentro de la novela. Y hay algunos capítulos que se alargan con cuestiones más tangenciales y que estás deseando que pasen para volver a centrarte en el misterio principal, quizá porque Lidia ha querido mostrar algunos aspectos científicos con un poco más de detalle. Respecto a los protagonistas, personalmente les hubiera subido un poco las revoluciones, porque en muchos momentos me parecían demasiado fríos. Están bien perfilados, pero les falta un poquito más de intensidad. Todo esto hace que no sea una novela con ritmo puro de thriller, pero sí resulta muy atractiva si no buscas algo frenético.
Estamos ante una novela que combina historia, misterio, ciencia, conocimiento y una atmósfera opresiva que consigue que te sientas muy dentro de lo que está sucediendo. Una historia en la que una institución que busca el progreso y el saber acaba desvelando su lado más oscuro. Y, como os digo, muy diferente a las novelas de misterio actuales. ¿Le dais una oportunidad?








