jueves, 24 de septiembre de 2026

LOS ANATOMISTAS de Lidia G. Mereciano

 

He coincidido con Lidia en tres o cuatro ocasiones, aunque la sigo habitualmente en sus post de Instagram en los que nos habla de arqueología con una pasión que engancha. Y es que Lidia, que es insultantemente joven, pero está más que sobradamente preparada, es arqueóloga y antropóloga física y utiliza sus muchos conocimientos para hacer divulgación. Os aseguro que ver sus publicaciones es una delicia, porque te enteras de montones de curiosidades y noticias que, de otro modo, seguro que se nos pasarían desapercibidas.

Lidia, que además es una apasionada de la mitología, ya tenía una novela anterior, Penélope, en la que intentó acercarnos a la esposa de Ulises tal como se merecía. Una mujer que, después de esperar veinte años a su marido sorteando propuestas de matrimonio y engañando a los pretendientes que llegaban, fue expulsada por traición por el héroe de La Odisea. Aunque no iba a rendirse tan fácilmente. Sin embargo, en Los anatomistas, Lidia cambia radicalmente de época al trasladarnos al Edimburgo de mediados del siglo XIX y a una facultad de medicina que sería el sueño de cualquier director de cine de terror. Una novela en la que el misterio y la ciencia caminan de la mano y que me ha resultado felizmente distinta a mucho de lo que se publica hoy día. 

"LA CIENCIA NO NOS HA ENSEÑADO AÚN SI LA LOCURA ES O NO LO MÁS SUBLIME DE LA INTELIGENCIA" - EDGAR ALLAN POE

Corre el año 1857 y en la Facultad de Medicina de Edimburgo coinciden dos alumnos brillantes: Arthur Credge y Theodore Thorebourne. Al principio se detestan; educadamente, pero se detestan. Aunque a medida que van pasando los días, cada uno descubre en el otro un talento especial y acaban siendo grandes amigos. El ambiente en las clases es muy elitista, profundamente competitivo, y los alumnos han de superarse continuamente para llamar la atención de los profesores que pueden allanarles al camino a su tan ansiada profesión. Ellos y sus compañeros se ven sorprendidos por la aparición de una serie de cadáveres mutilados. Todas las evidencias, al examinarlos, apuntan a que los cuerpos ha sido utilizados para prácticas anatómicas clandestinas y puede que detrás de ello exista algo más organizado. Las historias sobre robos de cadáveres en los cementerios siempre han rondado en la morgue de la facultad, pero esto nunca había sucedido: va más allá de la profanación de tumbas.

Tanto Arthur como Theodore quieren llegar a saber la verdad y tratan de investigar por libre, pero ambos están también atados a sus estudios y sus prácticas. Arthur ha sido escogido por un profesor para que le ayude a dilucidar qué son exactamente unos huesos que han llegado a sus manos, para lo que contará con la ayuda de Victoria, la sobrina del profesor, también brillante estudiante. Sin respuestas claras y con cada vez más cadáveres apareciendo, la facultad se ve superada y las sospechas crecen sin parar.

En Los anatomistas, el misterio funciona como motor narrativo, aunque el verdadero asunto de fondo es realmente qué ocurre cuando la búsqueda del conocimiento deja de estar limitada por la ética. Dónde está la frontera entre la ciencia y la locura. Tanto la ciudad de Edimburgo, fría y oscura, como la Facultad de Medicina, la residencia de estudiantes y el Royal Infirmary, escenarios de la novela, contribuyen a crear una atmósfera inquietante. Los lugares donde se practican las autopsias, las aulas, la zona de hospital, los pasillos oscuros que conectan unas zonas con otras... todo contribuye a que para el lector sea sencillo sentir la sombra del miedo a la vuelta de cada esquina. Un poco, si se me permite la libertad, como los inolvidables pasillos del Nostromo.

Esa ambientación me parece de las mejores cosas de la novela, porque nos permite sentirnos muy dentro de lo que sucede. Es cierto que Lidia, como señala ella misma en la nota de la autora, ha modificado ligeramente la situación dentro de la ciudad de algunos de los edificios por los que transitan nuestros protagonistas, pero lo ha hecho de cara a facilitar los desplazamientos de estos, sobre todo si se tienen que dar prisa. De este modo "cierra" aún más el círculo, consiguiendo un cierto aire claustrofóbico que favorece mucho a lo que está sucediendo, aunque sin perder la esencia victoriana del momento, de los edificios y de la ciudad en general.

También es evidente en toda la novela que Lidia ha trabajado y se ha documentado respecto a las prácticas anatómicas que se llevaban a cabo en aquellos años, cómo se organizaba y desarrollaba la vida universitaria, el modo de ejercer la medicina y, desde luego, la práctica real del tráfico de cadáveres. Todos estos puntos están en la trama, todos interactúan, todos tienen importancia. Hay mucho de componente científico, pero visto desde el momento histórico en que la autora sitúa la narración, y en bastantes ocasiones resulta toda una curiosidad ser testigos de cómo se desarrollaban la ciencia y el saber en aquellas aulas.

La novela nos plantea también otras cuestiones que dan qué pensar, cómo los límites de la experimentación para llegar a conclusiones o si el progreso justifica cualquier método para seguir avanzando. Los cadáveres que van apareciendo y los asesinatos que se producirán después (y hasta aquí puedo leer) ratifican de alguna manera esas cuestiones, porque van a hacer que los protagonistas se pregunten si el saber justifica que se utilicen cuerpos en nombre de la ciencia. Esto convierte a Los anatomistas en algo más que un thriller histórico, porque hay una idea que no deja de sobrevolar toda la trama: la obsesión por el conocimiento. Y no solo el que deriva de las autopsias, sino el que se tiene por conseguir un descubrimiento importante que los ponga en los libros y manuales.

Las únicas pegas que le pongo a Los anatomistas es que el inicio es, en mi opinión, demasiado lento y tardas un poco en sentir que realmente estás dentro de la novela. Y hay algunos capítulos que se alargan con cuestiones más tangenciales y que estás deseando que pasen para volver a centrarte en el misterio principal, quizá porque Lidia ha querido mostrar algunos aspectos científicos con un poco más de detalle. Respecto a los protagonistas, personalmente les hubiera subido un poco las revoluciones, porque en muchos momentos me parecían demasiado fríos. Están bien perfilados, pero les falta un poquito más de intensidad. Todo esto hace que no sea una novela con ritmo puro de thriller, pero sí resulta muy atractiva si no buscas algo frenético.

Estamos ante una novela que combina historia, misterio, ciencia, conocimiento y una atmósfera opresiva que consigue que te sientas muy dentro de lo que está sucediendo. Una historia en la que una institución que busca el progreso y el saber acaba desvelando su lado más oscuro. Y, como os digo, muy diferente a las novelas de misterio actuales. ¿Le dais una oportunidad?







viernes, 18 de septiembre de 2026

INNOCENTIA de Juan Tranche

 

Podría haber escrito esta reseña justo cuando la novela se lanzó al mercado. Sí, podría haberlo hecho, pero me pudo la curiosidad de saber cómo iba dando sus primeros pasitos entre los lectores. No lo puedo remediar, me temo que soy una sentimental, porque a Innocentia la conocí cuando apenas era un primer borrador que Juan Tranche tuvo que reescribir, pulir, borrar y volver a escribir. Era, como en aquella frase de la película Gladiator (de la que Juan y yo somos fans irredentos) algo que "solo podías susurrarlo". Pero creció, dejó de ser susurro y ahora va por el mundo con voz propia, impactando a todos los que la leen, y creedme cuando os digo que esto me hace muy feliz. Quizá porque la vi crecer y, de alguna manera, también la siento un poquito mía... 

Ahora acaba de anunciarse la segunda edición y eso es todo un espaldarazo tanto a la historia que Innocentia guarda en sus páginas como al talento de Juan Tranche como escritor, cada vez más asentado y más sólido, con un estilo que se consolida y que es capaz de meternos hasta las trancas en la Roma menos brillante. La Roma de los desfavorecidos, de los perseguidos, de quienes no tienen quien los cuide, de los asesinos, de los crímenes más abyectos, de las falsas apariencias, de los submundos atroces que esconden los poderosos. Estamos ante una novela que pega duro al lector, pero también lo intriga, lo indigna y lo emociona. Así pues, allá vamos.

"LA FUERZA MÁS FUERTE DE TODAS ES UN CORAZÓN INOCENTE"- VÍCTOR HUGO

Estamos en el año 222 d.C. en la Bética romana, durante los primeros tiempos del reinado de Alejandro Severo. Roma está atravesando uno de esos periodos en que el poder parece caminar sobre una superficie de hielo que amenaza con resquebrajarse: conspiraciones, luchas internas, ambiciones y personajes que mueven los hilos desde las sombras son una realidad cotidiana. Pero en la Bética, sin que nadie lo investigue ni mueva un dedo, está desapareciendo niñas de sus propias camas. El miedo se extiende como una gran mancha de aceite, pero las autoridades parecen ponerse de perfil.

Por su parte, Marciano Tauro, un antiguo centurión, ha encontrado reposo y hogar en Emérita Augusta junto a su esposa, Domicia. Tauro tiene un pasado complicado y más de una sombra acechándole, pero no puede quedarse sin hacer nada cuando la hermana de un antiguo compañero de las legiones romanas requiere su ayuda: su hija es una de las secuestradas y nadie parece mover un dedo para averiguar qué está sucediendo. La lealtad de Tauro hacia su antiguo compañero hará que acepte la misión de investigar lo que ocurre, pero no va a ser un camino sencillo. Y hay sombras que pueden volver a seguir sus pasos.

¿Estamos ante una novela negra con contexto histórico? Sí, y esto, creo que ya lo sabéis, me encanta. Pero estamos en una época en que la "investigación policial" era la que era. Imaginaos un mundo sin teléfonos móviles, sin cámaras de seguridad, sin laboratorios de ADN, sin archivos de huellas, sin informes de autopsia... una pesadilla, desde luego, aunque os aseguro que hace 50 años (antes de ayer, vamos) estábamos un poco así. ¿Y qué hace Juan Tranche para solventar todo esto? Utilizar los recursos básicos y siempre vigentes: visitar el lugar de los hechos, moverse en los bajos fondos, preguntar, seguir a sospechosos...y tener a una esposa de inteligencia brillante que es capaz de ir encajando las piezas del puzle a su lado. En cierto modo, Innocentia tiene algo de road movie, con nuestros protagonistas echados a los caminos de la Bética, moviéndose por una Roma alejada de los mármoles y mucho más incómoda, más áspera. Más dura y hostil.

Lo que comienza como una búsqueda concreta de la sobrina de su compañero va a ir abriendo puertas que quizá hubiera sido mejor que permanecieran cerradas. Y es que detrás de las desapariciones hay algo mucho más grande de lo que Tauro esperaba y mucho más terrible, donde los intereses políticos y económicos amparan el crimen incluso entre quienes deberían combatirlo.

Marciano Tauro no es el típico héroe de coraza brillante y espada presta (aunque si llega el caso no le duelen prendas en usarla). Lleva como una pesada mochila un pasado peligroso y conoce demasiado bien lo que es la violencia. Solo aspira a una vida tranquila, pero la injusticia le hace salir de su refugio. Podría decirse que Tauro es un anti héroe: sabe perfectamente cuáles son las consecuencias de lo que va a hacer; tiene heridas antiguas tanto en la piel como en el alma y le aterra la posibilidad de que su esposa pueda verse perjudicada. Pero Domicia no es ninguna damisela indefensa. Su personaje aporta a la investigación inteligencia, intuición y una mirada capaz de ver lo que otros pasan por alto. A ellos se les unirá desde el principio un chiquillo huérfano, Dentatus, por el que Domicia y Tauro sienten un gran afecto. Dentatus admira a Tauro y adora a Domicia y es feliz pudiendo compartir su vida con ellos.
 
Dentatus es, de alguna manera, la otra cara de la moneda en la investigación de Tauro y Domicia, porque el niño ha sobrevivido como ha podido, no tiene apellido, ni familia, ni dinero y ha conocido la cara más cruel de una sociedad desigual. Sin embargo y a pesar de esa vulnerabilidad, Dentatus aprende en este viaje que su vida no vale menos que otras y se convierte en el personaje más tierno de la novela.

Uno de los aspectos más interesantes de Innocentia es el papel de las mujeres en la ápoca y en Roma. Es cierto que Domicia no es simplemente la esposa de Tauro, ni aparece como un personaje ornamental como la mujer que espera, paciente, el regreso de su compañero. Juan Tranche nos va a ir trayendo al primer plano cómo era la vida de las mujeres, cómo se relacionaban entre ellas, qué podían y qué no podían hacer, cómo podían influir en las decisiones de sus maridos. Siendo la sociedad romana profundamente patriarcal, Juan nos muestra y nos recuerda que las mujeres estuvieron mucho más presentes en las estructuras de poder de lo que imaginamos. 

Creo que uno de los mayores aciertos de Innocentia es que no intenta decirnos constantemente que el pasado se parece al presente: se limita a mostrarlo y nosotros lo vamos interiorizando. Siguiendo las andanzas de Tauro, Domicia y Dentatus para saber qué ha sucedido con las niñas y a quién benefician sus desapariciones, las preguntas surgen solas. ¿Quién protege a quienes no están cerca de los círculos de poder? ¿Hasta dónde es capaz de llegar la corrupción? ¿Puede la justicia seguir siendo justicia cuando quienes deben impartirla están implicados? ¿Cuántas veces preferimos no saber la verdad, porque conocerla nos obliga a hacer algo, a tomar partido?

Es la enorme actualidad de estos temas lo que convierte a Innocentia en algo más que un thriller histórico: el abuso de poder, la impunidad, la lucha por el control, la desigualdad, los intereses políticos y la violencia contra las mujeres siguen estando muy presentes hoy día. Y también la enorme capacidad de las instituciones para mirar a otro lado cuando la verdad resulta incómoda. Podemos cambiar las túnicas por trajes, pero hay cosas que, por desgracia, nunca cambian.

Se ha mencionado en casi todas las reseñas que en la novela hay escenas muy duras, pero todas y cada una son necesarias para mostrarnos lo que realmente está pasando en los rincones oscuros del imperio romano. Y la novela duele porque las víctimas son niñas que no pueden defenderse. Si, además, lo unimos al tema del honor familiar, tan profundamente instalado en la sociedad romana, veremos como una mujer víctima de una agresión se convertía en una mancha muy difícil de borrar para la familia y la mujer ultrajada sufría consecuencias sociales tremendas.

 Innocentia tiene el corazón de una estupenda novela histórica, pero guarda en sus páginas el pulso acelerado de un thriller. Capítulos cortos que avanzan con rapidez y terminan en alto, para que quieras seguir leyendo, tensión que no deja de crecer, peligros que aparecen cuando menos lo esperas... al leer se tiene la sensación de que detrás de lo que acaba de descubrirse existe algo todavía peor.. La ambientación es brillante, jugando con los contrastes entre las ricas domus y las casas de los menos afortunados. El polvo de los caminos, el viaje de los protagonistas por la Bética, mostrándonos los paisajes, los olores, los colores, la comida... siempre nos llega la sensación de estar allí, acompañando a los protagonistas. Incluso temiendo con ellos lo que les espera o a quienes les persiguen. Por eso, cuando cierras el libro, te das cuenta de que una parte de aquella Roma se ha quedado contigo.

Quizá sea esa incómoda sensación de reconocer en el espejo del pasado algunas de nuestras miserias del presente o la certeza de que da igual cuán profundo entierres ese espejo: acabará volviendo a salir a la luz.





lunes, 14 de septiembre de 2026

LA LUZ DE MEDINA de Emma Lira

 Siempre es un placer volver a leer a Emma Lira, no solo por las maravillosas historias que teje, sino porque es capaz de llevarnos de la mano a la época que nos describe, a los lugares por los que nos hace transitar. Vemos, oímos y olemos, amamos y odiamos, dudamos, tememos y reímos. En su última novela, La luz de Medina, Emma nos traslada a la Córdoba califal, en el momento en que el trono lo ocupa Al-Hakam II y Medina Azahara brilla con toda su belleza y como centro de poder. Una época en la que Córdoba lo era todo y estaba en el cénit de su grandeza, pero también vivía la incertidumbre de no contar con un heredero de la casa Omeya y los diferentes encontronazos con los reinos cristianos que se encontraban al norte de sus fronteras.

No quiero meter la mano en un avispero y menos con un libro de Emma (ella bien sabe el aprecio que la tengo), pero siendo como es una novela hermosa e intensa, parece que, de alguna manera, deja a un lado la guerra latente que existía con esos reinos cristianos, que incluía pactos cumplidos y no cumplidos por ambas partes. Almanzor, que aparece en sus páginas en su juventud, dista mucho de ser el caudillo feroz en el que se convertiría... y que poco tuvo que ver con la hermosura, la cultura, el saber y el arte que Emma nos retrata con tanta delicadeza, a no ser que las razzias en las que arrasó Barcelona, Zamora, Simancas, León, el Monasterio de Sahagún o Santiago de Compostela, entre otras ciudades, debamos considerarlas "encuentros culturales de primer orden". Sí, era una época complicada. Pero centrémonos en la novela y vayamos hasta aquel final del siglo X...

"EL SABER ES LA LUZ QUE GUÍA A QUIENES DESEAN COMPRENDER" - LUBNA DE CÓRDOBA

La luz de Medina, que ha sido la ganadora del IX Premio Edhasa de Narrativas Históricas, nos adentra en un periodo fascinante: el esplendor del califato omeya en la Córdoba de la segunda mitad del siglo X. En ella Emma Lira reconstruye aquel mundo, aquella sociedad y aquel momento histórico combinando los grandes acontecimientos políticos del momento (que eran muchos y complejos) con las vidas privadas de los dos principales personajes: Lubna de Córdoba y Abi Amir, que pasará posteriormente a la historia como Almanzor. Bajo el mandato de Al. Hakam II, Córdoba se ha convertido en un importante centro cultural y político en el que brilla, de manera especial, Medina Azahara, una ciudad-palacio majestuosa y llena de vida, imponente en su belleza. Allí, la biblioteca califal aspira a concentrar todo el conocimiento posible, venga de donde venga. Sin embargo, en esa imagen luminosa comienzan a surgir grietas: el califa no consigue tener un heredero; en la corte, las alianzas se tejen y se destejen y hay una soterrada lucha por el poder que puede poner en jaque la continuidad de la dinastía omeya.

Es en este escenario donde se encuentran los protagonistas: Lubna, de origen cristiano, ama los libros, la escritura y el conocimiento; Abi Amir estudia leyes y, aunque proviene de una familia modesta, tiene la ambición de ir subiendo posiciones y ascender en la escala de poder. Emma nos los presenta en su juventud y convierte sus vidas en una especie de doble recorrido por la Córdoba del momento: el de quien quiere conservar la memoria y el saber y el de quien aspira a conquistar el futuro. 

Al hilo de ello, Almanzar no aparece en sus páginas como el victorioso caudillo militar que todos cnocemos; aquí se está formando, está comenzando a desarrollar su carácter y vamos a ir viendo como su inteligencia, su capacidad para la estrategia y sus ambiciones le van moldeando. Aún está lejos de convertirse en el poderoso político y militar que llegará a ser y es muy interesante comprobar cómo se va desarrollando y progresando. Lubna, a quien conocí en la novela de Andrea D. Morales, La biblioteca de Córdoba, permite a Emma un mayor margen para la ficción, ya que hay muy pocos datos históricos sobre ella, así tiene más libertad para situarla en el centro de la historia. Su importante vinculación con la biblioteca de A-Hakam II y su amor por el conocimiento hacen que represente otro modo de transformar el mundo, muy lejos de la conquista y la violencia que lleva asociadas la figura de Almanzor. Lubna quiere que ese conocimiento, que el saber, sean accesible y le sirve a la autora, también, para reivindicar su figura y la de tantas otras mujeres que tuvieron gran importancia en la Córdoba califal.

La ambientación es otro de los puntos fuertes de la novela. Los palacios, los jardines, el agua manando de las fuentes, el olor del azahar, los fastuosos salones de Medina Azahara surgen a nuestro alrededor mientras vamos leyendo. Un paisaje aparentemente idílico, pero en cuyas esquinas hay intrigas, conversaciones ocultas, secretos y una creciente incertidumbre sobre la sucesión del califa. Poco a poco vamos siendo conscientes de la sensación de que debajo del mármol y el agua algo empieza a deteriorarse. Además, Emma no comete el error de "tirarnos a la cara" la abundante documentación que ha debido manejar a la hora de escribir esta novela: está dentro, por supuesto, pero sabe cómo deslizarla entre las líneas sin perder un ápice de fluidez ni complicar la narración. Hay párrafos y frases muy hermosos, de esos que te dan ganas de apuntar y conservarlos.

Realmente Emma Lira ha sido muy ambiciosa con esta novela. Transcurre a lo largo de varias décadas y nos va perfilando la evolución de los dos personajes principales, así como toda la trama de traiciones y secretos que rodean al califa y a su corte, y ha habido momentos en que he sentido que se quedaba corta, que necesitaba saber más. Sin embargo esto no ensombrece el resultado final, que nos deja el regusto de las grandes historias. Emma ha hecho encaje de bolillos mezclando los personajes reales, los hechos históricos y la ficción, creando un hermoso tapiz. Quizá en algún momento bastante idealizado, sí, pero esa es la grandeza de la novela histórica.

Emma Lira consigue que Medina Azahara se reconstruya delante de nosotros y que olvidemos, durante la lectura, su aspecto actual. Vuelve a ser la ciudad viva, brillante, culta y poderosa, llena de una luz extraordinariamente hermosa, a pesar de las grietas que ya la amenazaban, en una novela que nos muestra las dos caras de Córdoba: la del poder y la del saber. ¿Os animáis a descubrirla?






martes, 8 de septiembre de 2026

JUANA DE CASTILLA de Eduardo Juárez Valero

 

Todos los que me conocen lo saben: la reina Juana de Castilla es uno de mis personajes históricos favoritos y no por su "leyenda" o su mal llamada locura de amor, sino porque creo que ella fue una gran oportunidad perdida. Desde hace unos años se vienen repitiendo muchas teorías revisionistas acerca de la vida de Juana y su estado mental y he leído de todo, aunque la que más se repite es que no padecía ninguna enfermedad mental y solo era un estorbo para su marido y para su padre. Siempre he discrepado, aunque lo detallaré un poco después. 

En este libro de Eduardo Juárez Valero, que lleva el subtítulo de Conspiración, locura y poder en la Castilla renacentista, el autor pretende poner ante nosotros la biografía definitiva de la reina, apartándose de su supuesta locura (que considera inventada) y aportando documentos y datos, algunos inéditos. Realmente es un libro muy revelador, un estupendo reflejo de la época y de sus protagonistas, está magníficamente escrito, pero... ay, este pero es muy personal: y es que creo que obvia algunas cosas o no les da la importancia debida. Sea como sea, es una lectura apasionante. Vamos a darle una vueltecita.

DE TOLEDO A TORDESILLAS, CON LA SOMBRA DE ARÉVALO

"Relegada durante siglos al mito de su supuesta locura, Juana I de Castilla fe en realidad una de las figuras políticas más decisivas y maltratadas del Renacimiento europeo. Hija de los Reyes Católicos, esposa de Felipe el Hermoso y madre de Carlos I, heredó de Isabel la Católica el reino de Castilla y fue reina de iure durante casi cuatro décadas, en un momento clave para la construcción de la Monarquía Hispánica. (...) Desde la corte de Flandes hasta su prolongado encierro en Tordesillas, pasando por la muerte de Isabel la Católica, la crisis sucesoria en Casilla, las luchas de poder entre Fernando el Católico  y Felipe el Hermoso, la revuelta de los Comuneros y el ascenso de Carlos I, este libro devuelve a Juana de Castilla su verdadera dimensión política, cultural y humana."

Esto consta en la contraportada del libro como parte del resumen de lo que nos vamos a encontrar en sus páginas. Pero este no es simplemente otro libro sobre Juana; es, sobre todo, un intento de explicar cómo se construyó el personaje de Juana la Loca. El paso de la mujer a personaje histórico. Eduardo Juárez Valero es doctor en Geografía e Historia y profesor de la Universidad Carlos III de Madrid y a lo largo de las páginas parte de una pregunta que parece sencilla, pero que tendría inmensas consecuencias: ¿qué ocurrió para que una reina legítima, hija de la reina Isabel la Católica, terminara convertida en una figura prácticamente muda de la Historia? La respuesta del autor es contundente: no hay argumentos para establecer un diagnóstico sobre su comportamiento, tal como ha manifestado en más de una entrevista y en la presentación a la que tuve la ocasión de acudir en Madrid. Explicó que su interés no está tanto en determinar su Juana estaba o no enferma, sino en reconstruir el proceso por el que se anuló su legitimidad política. Es más: su tesis mantiene que la locura habría funcionado como herramienta política muy eficaz para justificar que otros gobernaran en su nombre.

En esta biografía de Juana I el autor pone en el centro la paradoja de que Juana era imprescindible para la legitimidad dinástica, pero también resultaba muy incómoda para quienes querían ejercer el poder. Y ahí su padre, su esposo y hasta su hijo convergen en el entramado de intereses que termina por apartarla del trono. Juárez Valero asegura que Juana resultaba "molesta": era la heredera de los poderosos Reyes Católicoa  y soberana por derecho propio, además de haberse convertido en una pieza esencial en la transición de la dinastia Trastámara a la de Habsburgo. Esta parte me parece uno de los mejores aportes divulgativos del libro.

Otro de los momentos e mayor fuerza es el confinamiento de Juana en Tordesillas. El autor se aleja de la idea de que sucedió como consecuencia de su incapacidad y cambia la perspectiva, poniendo en primer lugar la pérdida de poder y, después, cómo la locura de Juana se convierte en justificación para mantenerla encerrada. Durante los cuarenta años que Juana permanece en Tordesillas se produjeron varias maniobras políticas que se encuentran bastante documentadas, pero apenas hay datos de cómo vivió Juana ese encierro, especialmente a nivel psicológico.

Y al hilo de todo esto es cuando aparece el principal, en mi opinión, aspecto discutible del libro. Juárez Valero no es neutral narrativamente. Su intención es claramente revisionista: quiere desmontar el mito de "la Loca" y sustituirlo por el de una reina cuyos derechos fueron anulados. Personalmente siempre he estado convencida de la enfermedad mental de Juana, que ya presentaba síntomas incluso antes de su matrimonio. No hay que olvidar que su abuela materna, Isabel de Portugal, murió encerrada en Arévalo (qué terrible paralelismo), también con la razón destrozada. O que su madre, Isabel la Católica, decidió acompañarla hasta que embarcase para ir a contraer matrimonio con el impresentable del Hermoso, y en ese viaje no dejó de darle consejos. Esto no lo hizo con su hija mayor, Isabel, cuando partió para ser reina de Portugal. Quizá habría que preguntarse por qué.

El autor ha reconocido que lo que le interesa no es tanto resolver la enfermedad de Juana, sino el proceso político de su marginación, algo que, en mi modesta opinión, no puede separarse. Recordemos que no había tratamientos válidos ni específicos para las enfermedades mentales: a los locos, simplemente, se los encerraba. Pero Juana era reina y como tal siguió apareciendo en todos los documentos, incluso en los firmados por su hijo siendo ya rey, por lo que su encierro debía contar con una corte y el trato adecuado. La pregunta que cabría hacerse es por qué no aprovechó ciertas oportunidades, como la revuelta de los Comuneros, para reivindicar sus derechos. Sin embargo se limita a recibirlos, a decirles que firmará lo que la presenten... y los mantiene días y días acampados en las afueras de Tordesillas sin darles una respuesta. En el libro, Juárez Valero interpreta que esto fue una muestra de que tenía voluntad política propia. Yo lo veo, con todo mi respeto para el autor, como un signo más de su negación patológica, que se manifestó en otros muchos momentos.

Juana de Castilla es un libro profundo e intenso que abarca todas las dimensiones de la vida de Juana. A pesar de sus quinientas páginas, se lee con facilidad y tiene un estilo narrativo claro y fluido., incluso en los momentos más áridos. Pero a la hora de sumergiros en sus páginas debéis recordar que se aleja bastante de la historia dramática de Juana para centrarse en las estrategias políticas que la rodearon. Sin embargo, y de nuevo se trata solo de mi opinión, no podemos dejar aparte la enfermedad mental de Juana y simplificar todo en quiénes y por qué querían quitarla de en medio. Ambos aspectos están íntimamente conectados y todo en la vida de Juana afectó de mucha maneras a su salud y a su destino. No hay que olvidar que ella no nació para ser reina y que fueron muchas las muertes y las tragedias que la colocaron en ese papel.

Juana de Castilla es una biografía ambiciosa y claramente posicionada, con la virtud de devolver a Juana a su posición como soberana. La investigación del autor, el modo en que reconstruye las luchas dinásticas y la explicación de cómo fue apartada del trono son realmente interesantes. Pero creo que mantener tan en el margen la salud mental de Juana, su compleja personalidad, nos aleja de una visión de conjunto más completa.

Con todo, me ha parecido una lectura muy interesante, sobre todo a nivel de política, estrategia y cuestiones dinásticas. Juana I de Castilla siempre será mi señora doña Juana.