domingo, 6 de marzo de 2016

"UN DÍA DE CÓLERA" de Arturo Pérez Reverte

Esta reseña participa en la Yincana Histórica de los blogs Negro sobre blanco y De tinta en vena , en el apartado de "Homenaje a Arturo Pérez Reverte".



Polémico, ácido, ingenioso, divertido, creador de odios incendiarios y admiraciones inamovibles, Arturo Pérez Reverte es uno de esos autores a los que llevo siguiendo casi desde que empezó a escribir. Y, por encima de todo, admiro profundamente la forma que tiene de narrar hechos históricos mezclando un corrosivo sentido del humor con la crónica desde dentro, como si hubiese estado allí. Imagino que su experiencia como corresponsal de guerra ayuda a estos menesteres, como bien se aprecia en la genial "La sombra del águila", que creo de lectura obligada. Nunca la historia nos hizo reir a carcajadas como en lo consigue don Arturo en sus páginas. El libro que hoy os traigo, "Un día de cólera", me llegó especialmente al corazón porque nos va a contar, casi minuto a minuto, los sucesos del 2 de Mayo madrileño. Alternando escenarios, con una documentación brutal y poniendo voz y sentimientos a los personajes, el levantamiento popular se nos muestra brutal, descarnado y profundamente humano. Pura emoción desde la primera página.

EL AUTOR: ARTURO PÉREZ REVERTE

Qué puede decirse de don Arturo que no se haya contado ya. Que cuenta con mis simpatías no es un secreto, aunque hay obras suyas con las que me he peleado y hasta he llegado a aborrecer, pero sólo por haber creado al capitán Alatriste le estaré eternamente agradecida.

Nacido en Cartagena en 1951, desde muy joven fue reportero de prensa escrita, radio y televisión cubriendo conflictos bélicos por todo el mundo, como la guerra de Eritrea, la del Líbano, la de las Malvinas, el Chad, Nicaragua, El Salvador... Desde 1991 publica cada domingo una página de opinión en XL Semanal que se distribuye con 25 diarios diferentes en España. Su primera novela, "El húsar", se publicó en 1986 y, desde entonces, su producción literaria no ha dejado de crecer. Traducido a más de 40 idiomas y con unos cuantos galardones en su haber, no parece tener intención de dejar de escribir. Y muchos se lo agradecemos de corazón.

Sus mayores éxitos se los ha dado Diego Alatriste, que se ha convertido en un personaje con entidad propia que cuenta con legiones de seguidores, siempre a la espera de una nueva aventura. Llegó a llevarse al cine en una producción muy ambiciosa, pero, para mi gusto, sólo se salvaban la espléndida fotografía y la escenografía. Y, por supuesto, el estupendo Viggo Mortensen, a pesar de su acentazo porteño.

Ingresó en la Real Academia de la Lengua en 2003, en el sillón de la T mayúscula.


MADRID SE LEVANTA CONTRA EL INVASOR


"El mejor ejército del mundo es un español cabreado y con un fusil". Esta frase, puesta en boca de nuestro heroe, el capitán Pedro Velarde, resume de manera magistral lo que va a ser la trama de la novela. Napoleón ya dijo en sus memorias que el mayor error que había cometido en España fué habernos dado algo contra lo que luchar. La invasión francesa hizo que dejásemos de lado nuestras habituales disputas, broncas y puñaladas en la espalda para enfrentarnos a un enemigo común.

Y la mecha de esta lucha estuvo en Madrid, con un levantamiento popular que nadie se esperaba. Brutal, sin organización ni apoyo de los altos estamentos ni del ejército, salvo las muy honrosas excepciones de los capitanes Daoiz y Velarde, el teniente Ruiz, algunos mandos menores y soldados que osaron desobedecer las órdenes de no atacar a ningún miembro del ejército francés. De todas maneras, los destacamentos militares tampoco podían hacer gran cosa, ya que no se les permitía llevar munición en las armas. Pero la triste realidad es que nadie movió un dedo para ayudar a los sublevados, ni siquiera la Junta de Gobierno que ostentaba el poder en nombre del impresentable del séptimo de los fernandos, y que ya se había cargado por las bravas un intento de sublevación previo, meses antes.

La novela nos va a narrar desde las primeras horas de aquel 2 de mayo hasta los ignominiosos fusilamientos en la madrugada del día 3. Don Arturo nos va llevando por todos los escenarios: la concentración popular frente al Palacio Real para que no se llevasen al infante Don Francisco de Paula, que acabó disuelta a cañonazos; la Puerta del Sol, abarrotada de gente que aguantó la carga de los mamelucos casi sólo con sus manos; la Puerta de Toledo y sus calles adyacentes, intentando frenar el ataque de los coraceros. Y, sobre todo, la gesta que no debe ser olvidada del Cuartel de Monteleón.

Pondremos rostro y voz a personajes del pueblo madrileño, personajes reales que participaron en el levantamiento. A los héroes de Monteleón, que sabiendo que defendían algo imposible, lucharon como leones hasta el final. A los políticos que miraron a otro lado. A los anónimos que se decidieron a echarse a la calle a luchar con la rabia de los oprimidos. Con una acción que va creciendo a cada paso, al igual que la tensión en las calles de Madrid, "Un día de cólera" es un relato, mezcla entre periodístico e histórico, que emociona y llega a erizar la piel.

¡¡MUERTE A LOS FRANCESES!!

Soy madrileña castiza, nacida en Chamberí, bautizada en La Paloma y he vivido bastantes años en la zona del Rastro, cerquita de la Ribera de Curtidores y la Plaza de Cascorro. Y soy también una enamorada de mi ciudad, de sus monumentos y de su historia, por eso esta novela, desde que la leí por primera vez, me llega al corazón. Pérez Reverte utiliza en este libro nombres de personas reales que aparecen en los archivos y registros oficiales como participantes o fallecidos en la rebelión popular del 2 de Mayo en Madrid. Con ellos adorna una realidad compuesta de pequeñas historias haciéndola moverse de un lado a otro de la ciudad, como si fuese un torbellino girando sin parar.

La acción se va desarrollando en forma de ola, desde las primeras horas de aquel 2 de Mayo, en el que ya se masticaba en el ambiente la tensión y el que algo se preparaba, hasta que la revuelta estalla con toda su crueldad, manteniendo un hilo de tensión constante que sólo cae tristemente en la tarde, la noche, la madrugada y el aplastamiento de los rebeldes por parte del ejército francés.


Impresionan por su realismo y crudeza las escenas, casi fotográficas, de la carga de los mamelucos en la Puerta del Sol, donde se congregan cientos de madrileños dispuestos a partirse la cara y el pecho contra quien sea. La imágen del famoso cuadro de Goya sobre este hecho no se te aparta de la cabeza. El pueblo de Madrid desarmado, con sólo navajas, aperos de labranza o las tijeras de sus quehaceres, lanzándose contra soldados armados hasta los dientes y a galope de caballo. Echándose bajo las patas de los animales para hacerlos caer, destriparles, conseguir que el jinete quede a su merced para masacrarlo. Cierto que era salvaje, pero las humillaciones padecidas, la soberbia de Murat y las tropelías de los soldados franceses tenían muy calentitos a todos. Una y otra vez intentan pasar las tropas a caballo y muchos mamelucos caen, ya que cuentan con la desventaja de tener que entrar de pocos en pocos a la plaza desde la calle de Alcalá. Pero también muchos más madrileños mueren peleando en un combate absolutamente desigual.

La historia paralela de nuestros heroes, los capitanes Luis Daoiz y Pedro Velarde y el teniente Jacinto Ruiz, aparece tan humanizada, tan grande en su tragedia, que nos hace pensar en lo que unos pocos son capaces de hacer cuando la indignación nos crece dentro  Ambos capitanes son dos caras de una misma moneda: Daoiz es responsable, disciplinado, serio a pesar de su origen andaluz ; Velarde, su contrapunto más rebelde, hubiese sido capaz de salir solo a batirse con los franceses si le hubiesen dejado. Ruiz es soldado de casta, que se batirá durante horas casi ahogado por el asma y la fiebre que le consume.

Daoiz y Velarde habían sido humillados meses antes por la Junta de Gobierno, al haber hecho fracasar el intento de levantamiento previo y son mirados con mucho recelo por los altos mandos españoles y franceses. Daoiz pretende no meterse en muchos follones hasta que el ruido de la batalla que se libra en las calles y el espíritu indomable de Velarde le hacen reaccionar, rompe las órdenes de no atacar a los franceses, entrega armas al pueblo y se presta a una defensa del Cuartel de Monteleón a sabiendas de que lo que hagan van a hacerlo solos, que nadie vendrá en su ayuda ni les apoyará en la lucha. Sabe que van a morir y no se aparta.




Impactante es también la defensa que se hace de la entrada a Madrid por la Puerta de Toledo. Gente de todo tipo, generalmente de baja condición, se apresta a impedir o, al menos, retrasar lo que se pueda la llegada de un ingente cuerpo de tropas francesas que quieren entrar por ese lado desde los Carabancheles. Cruzan barricadas, se emboscan, se disponen a la lucha sin armas de fuego y atacan con al desesperación y el valor ella da. Acuchillan, despedazan, revientan los vientres de las caballerías.... y mueren a montones, abatidos por una fuerza infinitamente mayor en número y en armamento.

Reverte va cambiando de un escenario a otro, manteniendo una tensión de la que no te puedes sustraer y que se va desbordando a medida que va avanzando la mañana del 2 de Mayo. Intercala anécdotas, descripciones, pequeños guiños de humor para darte un respiro puntual entre unas y otras. Usando un lenguaje ágil, intenso, tan próximo que nos parece estar viendo lo que sucede y hasta oliendo la pólvora, nos sumerge dentro de esa marea que está cubriendo Madrid. Consigue que acabes sintiéndote tan identificado con los que luchan contra las tropas francesas que casi te dan ganas de aplaudir y dar hurras cuando el capitán Luis Daoiz, herido de muerte, atraviesa con su espada el pecho del general Lagrange, que comandaba las tropas que cercaban por todos lados el cuartel de Monteleón.

La llegada de la tarde es el final de la ola y toda la narración se cubre de una tristeza infinita. La rebelión popular ha sido machacada, los cadáveres alfombran calles enteras de Madrid, las gentes tratan de ocultarse, mientras los soldados franceses se dan cumplida venganza en todo aquel que se cruza en su camino. Tristeza en el silencio, roto por las descargas de fusilería. Tristeza en los supervivientes, que saben que habrán de huir para salvar la vida. Trsiteza en la forma en que los cadáveres de Luis Daoiz y Pedro Velarde son llevados a hurtadillas a un lugar oculto, oscuro y penoso hasta que puedan ser enterrados con un mínimo de dignidad. Allí quedarán esa noche oscura, velados sólo por un ayudante de Daoiz, que llora con desconsuelo la derrota, la humillación, la pérdida de sus amigos.

La madrugada se va a cobrar más de cuatrocientas muertes en los famosos fusilamientos de la montaña de Prícipe Pío. La leyenda cuenta que Goya, terriblemente impresionado por estos hechos, tuvo que pintarlos inmediatamente para no olvidar ni un sólo detalle, pero lo cierto es que tardó casi seis años en plasmar este horror en su obra inmortal. Otra historia curiosa es la de Manolita Malasaña, heroína de esta jornada, y de la que apenas se sabe gran cosa excepto que figura como fallecida en los registros. La hipótesis más posible es que muriese, como cuentan algunas crónicas, en la defensa del cuartel de Monteleón, mientras llevaba munición a su padre. Actualmente, en el emplazamiento del cuartel , se levantan las calles de Malasaña, Daoiz, Velarde, Ruiz, Monteleón y Divino Pastor, así como la Plaza del Dos de Mayo. Se conserva únicamente el arco de la puerta, frente al que murieron los héroes de Madrid. Si venís por Madrid y pasais por allí, tratad de imaginarlo.





Lo más triste es que el pueblo de Madrid luchó por un rey, su rey, y por su libertad, mientras el muy impresentable estaba tirado a la bartola en Bayona, aplaudiendo las "hazañas" de Napoleón en España y haciendo compañía a sus abúlicos padres y al impresentable de Godoy. Y lamentable también es saber que en determinados barrios "pudientes" de la capital no sucedió nada en absoluto, porque sus habitantes estaban más empeñados en hacerle la pelota a Murat que en ponerse del lado de sus compatriotas. La Junta de Gobierno, pendiente siempre del sol que más calentaba, con el paso de los meses corrió al lado del hermano imperial, José, cuando se le regaló la corona y volvió a dejar tirados a los españoles. Las partes dedicadas a estos personajes destilan bien a las claras el desprecio de Reverte por ellos. Por suerte, la llamita que comenzó a lucir en Madrid a pesar de la tragedia, terminó por prender por toda la geografía.

En el Paseo del Prado, un poco más arriba del Museo, en la Plaza de la Lealtad, se levanta un monumento que hoy está dedicado a los Caidos por España, pero que fué erigido en 1840 como homenaje a los heroes del 2 de Mayo. Allí descansan las cenizas de muchos de los fusilados la madrugada del día 3 y también los restos de los capitanes Daoiz y Velarde, que habían estado en San Isidro el Real. Me gusta pararme un momentito siempre que paso por delante a rendir homenaje. Y sonreir a medias cuando recuerdo al visceral Velarde saliendo en estampida del despacho de donde pretendían que no saliese, para a apoyar la rebelión al grito de "¡A batirse! ¡A batirse!". Soy madrileña. Lo suscribo.



3 comentarios:

  1. Muy buena reseña. Me lo apunto, que este se me había quedado atrás.

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  2. Bonito; aunque yo con Reverte, tengo una relacion amor-odio. Besos

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  3. Sabes que normalmente me encantas cuando reseñas novelas de Pérez-Reverte y, mucho más, cuando te nos pones castiza. Te sienta tan bien...

    Un beso.

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