lunes, 22 de abril de 2019

NO MENTIRÁS de Blas Ruiz Grau

Conocí a Blas Ruiz Grau en las redes sociales, como creo que le ha pasado a casi todo el mundo. Me han llamado siempre la atención su frescura al escribir, su coraje, su amor por la vida y por los suyos y le sigo a menudo en los artículos que publica en Zenda. Pero, y aquí agacho las orejas con cierta vergüencilla, jamás había leído ninguna de sus novelas. Compré para mi Kindle Siete días de marzo cuando se publicó en Amazon y allí se quedó, porque el Kindle decidió dejar de funcionar de un día para otro. Y regalé ¡Que nadie toque nada! a mi sobrina, aprovechando que estaba a punto de acabar la carrera de Criminología. La noticia de que Blas daba el salto de la autoedición a una editorial de peso, como es Ediciones B, me alegró porque es de estos autores que se les ve el empeño y la ilusión que ponen en lo que hacen. Tuve la suerte, además, de que nos programasen un encuentro con él antes de su presentación en Madrid, para poder conocer pormenores de la novela.

Hoy, con la novela ya leída, tengo una sensación extraña, como una especie de irritación efervescente. La empecé con ganas, la historia prometía y el arranque parecía el inicio de una estupenda aventura lectora. Y aunque el argumento tiene su intriga y buenas dosis de misterio, hay muchas cosas que me han sacado por completo del libro e, incluso, tuve que dejarlo un par de días porque empecé a enfadarme mucho y necesitaba darme un respiro. Blas me cae muy bien, me parece un tipo fantástico, por eso esta reseña me cuesta tanto. Pero, honestamente, creo que tengo que hacerla con todo lo que conlleve. Solo espero ser capaz de explicarme correctamente.

PUEBLO PEQUEÑO, INFIERNO GRANDE


Carlos Lorenzo es un brillante abogado de éxito que ejerce en Madrid y que jamás deja nada al azar o a la improvisación. Cumple a rajatabla los estrictos horarios que se ha marcado y todas y cada una de las rutinas creadas por él en las que se siente cómodo. Por eso recibir una llamada de la policía en la que le comunican que su padre, Fernando, se ha suicidado, hace tambalear todos los cimientos de su tan ordenada existencia. Carlos se ve obligado a desplazarse a Mors, un pequeño pueblo de la provincia de Alicante en el que su padre residía, para hacerse cargo de los trámites. El problema es que hace casi veinte años que Carlos no sabía nada de él, desde que les abandonó a su madre y a él para no volver nunca. Completamente descolocado intenta, simplemente, pagar lo que haga falta a la funeraria y dejar el tema zanjado para volver a Madrid cuanto antes. No quiere saber nada, no quiere complcaciones.

Pero no va a ser tan sencillo. Mors, un pueblo tranquilo (en el que nunca pasa nada, como repiten sus habitantes a menudo) que también se encuentra sacudido por la noticia y por la negra novedad, va a convertirse, muy a su pesar, en el lugar en el que Carlos ha de permanecer más tiempo del que le gustaría. Un mensaje oculto de su padre en una pieza de ajedrez, un inexplicable y terrible suceso en el tanatorio y la aparición de un segundo cadáver, esta vez asesinado, son el inicio de una espiral de muertes y sospechas. Nicolás Valdés, un inspector novato, es el encargado de una investigación que se va complicando a cada hora que pasa y que parece no tener fin. 

En otras ocasiones ya he comentado cuánto me gustan las novelas negras o los thrillers ambientados en el mundo rural. Aquí es donde los odios más enquistados pasan de generación en generación, como las herencias y donde nadie, al parecer, olvida. Ni lo bueno ni lo malo, especialmente esto último. En No mentirás nos encontramos un pueblo pequeño, en el que todos se conocen y parecen saber la vida entera de los demás, y en el que sucesos como los que comienzan a ocurrir hacen que se sospeche hasta del aire que respiran. Nadie se siente seguro y cualquiera es un posible asesino.


Es cierto que la novela de Blas se lee con rapidez, que es intensa y te lleva de un escenario a otro sin pausa, sin dejarte apenas respirar. También es cierto que ha intentado crear una trama enrevesada y hasta cruel, con un asesino en serie que va cambiando su modo de actuar en cada crimen haciendo que toda la investigación se complique muchísimo. Y, para quienes han leído los libros anteriores de Blas con Nicolás Valdés como protagonista, La verdad os hará libres y La profecía de los pecadores, seguro que encuentran un aliciente extra en conocerle cuando era un novato lleno de dudas y, muchas veces, superado por los acontecimientos y un hecho del pasado que no deja de martirizarle. Asimismo encontramos diálogos rápidos, naturales, sin ninguna impostación, que hacen que nos parezca estar escuchando a los protagonistas.

Y ahora vamos con la parte que hubiese preferido no tener que escribir. Por encima de todo quiero dejar claro que Blas me parece un tipo fantástico que pone mucho corazón en lo que hace. Y, en ningún caso, querría que tomase lo que voy a decir como un ataque personal ni como un intento de boicotear su novela. Respeto y admiro profundamente el trabajo de los autores y creo que me conocéis lo suficiente para saber que hacer "sangre" gratis no es mi estilo.

¿Por qué la novela no me ha convencido¿ ¿Por qué tengo esta sensación (y perdón por la expresión) de cabreo? Supongo que algunos recordaréis el post que escribí hace unos días quejándome del poco mimo en cuanto a corrección y edición que parece haber últimamente. Para los que no, lo podéis leer aquí. En más de una ocasión he estado tentada de dejar la lectura de No mentirás porque era tal el cúmulo de errores que se iban apilando, página tras página, que me salía por completo de lo que estaba leyendo. Repeticiones innecesarias, palabras mal usadas, frases impersonales mal construídas, loísmos constantes... Puedo entender, y lo dije en el post que antes mencionaba, que un autoeditado caiga en estas cosas pero ¿una novela publicada por una editorial de prestigio se puede permitir estos lujos? ¿Dónde está la corrección del texto, dónde la labor de la editora y la editorial?

Puedo poner muchos ejemplos, pero solo voy a hacer mención a los más flagrantes o los que de peor humor me han puesto. Una de ellas, que llama mucho la atención y más teniendo en cuenta que Blas ha publicado un libro dedicado a la investigación forense, es que en un determinado momento habla del departamento de DACTILOGRAFÍA (palabra que define la técnica de escribir a máquina) en lugar de hacerlo del de DACTILOSCOPIA. Bueno, quiero pensar que puede tratarse de un fallo de transcripción, aunque digo yo que en las correcciones del propio autor y las de la editorial deberían haberse percatado del error y haberlo corregido. Aunque lo que más me ha dolido es el constante mal uso de la palabra PERTINAZ porque, además, aparece en varias ocasiones. Me temo que Blas ha confundido este adjetivo con PERTINENTE. Por ejemplo en la novela se dice que "lo etiquetó de manera pertinaz", "tras el pertinaz saludo" o "tras las pertinaces explicaciones". En esos momentos me sentí realmente mal como lectora. Quizá puede ser que Blas no tenga claro el significado del adjetivo pero ¿de verdad no lo ha visto nadie más? ¿Nadie ha podido explicarle que se había equivocado?

Lo del lenguaje malsonante puedo llegar a perdonarlo en función de la tensión creciente que los protagonistas van viviendo, pero me ha parecido excesivo en bastantes ocasiones. En un mismo párrafo podemos encontrar la palabra puto/a en tres ocasiones y no hablemos ya de una página entera. Pero, como digo, es una licencia que, con buena voluntad, se puede dejar pasar en función de la naturalidad de los diálogos que, como os decía antes, son directos y sin florituras, aunque ya os digo que, personalmente, a mí llegaba a sobrarme. Las repeticiones de ciertas frases sí que me hicieron caminar a trompicones: brazos en jarras, con pelos y señales, jugar a jueguecitos, prueba dubitada (por señalar los más habituales) eran como agujeros en los que me caía constantemente. Tampoco es que el estilo de Blas sea muy ortodoxo, y eso no es malo en sí mismo, pero sí que le hace caer en una redacción pobre, con una sintaxis que, lo digo desde el respeto y el cariño, debería haber revisado con calma y con varios pares de ojos ajenos que repasasen y retocasen lo que él, como autor y desde dentro, seguramente ya no acierta a ver

Respecto al final del que, obviamente, no voy a contar nada, tampoco he quedado demasiado contenta. Demasiadas cosas en el tintero o sin explicar. Sobre todo sin explicar. Además de ser tremendamente enmarañado, trata de liquidarlo en apenas tres páginas dejándome con la sensación de que se han quedado muchas preguntas sin respuesta o, las que les da, no me han resultado muy plausibles. Según nos explicó Blas, se trata del primer volumen de una trilogía, quizá haya que esperar a las próximas entregas para tenerlo todo claro. Y eso tampoco me consuela.

Supongo que esta reseña va a ser una voz discordante entre tantas buenas opiniones que está cosechando No mentirás pero, ante todo, he querido ser sincera. Estoy convencida de que Blas irá puliendo estilo, vocabulario y redacción y confío en que la editorial que ha apostado por él le ayudará en la tarea. Escribir es una carrera de fondo, lo que importa es la distancia recorrida y sentirse satisfecho al final, a pesar del cansancio. Así pues, a seguir adelante y a seguir disfrutando con lo que haces, Blas.






viernes, 12 de abril de 2019

EL ÚLTIMO BARCO de Domingo Villar

Tengo un especial cariño a la ría de Vigo, una atracción que viene de largo, desde que siendo bastante pequeña conocí la historia de la Batalla de Rande. Mi abuelo y mi tío hablándome de los galeones hundidos, de un supuesto tesoro perdido, hacián que casi escuchase el eco de los cañonazos sonando en mi imaginación. O que viese al capitán Nemo con su Nautilus aprovisionándose con los restos de la batalla que quedaban en el fondo, como Julio Verne contó en 20.000 leguas de viaje submarino. También ha sido el escenario de algunos de los veranos más divertidos de mi juventud, cuando los amigos que aún somos alquilábamos un piso en Moaña y disfrutábamos de mañanas de playa, tardes de paseos descubriendo la zona y de noches en garitos acogedores y cómplices. La lectura de El último barco me ha llevado de nuevo allí, he reconocido calles, lugares, paisajes. He vuelto a cruzar la ría, como entonces, en el barquito que lleva a Vigo. Y he disfrutado de una novela redonda, cuidada, pensada, magnífica.

Domingo Villar ha tardado ocho años en volver a la primera línea y, con él, ha vuelto Leo Caldas en una trama que se desarrolla en menos de una semana y que te va envolviendo hasta que acabas formando parte de ella. Sus setecientas páginas pueden echar atrás antes de empezarla, pero, una vez dentro, ya no puedes escapar y los capítulos vuelan. Ha merecido la pena la espera, sin duda.

"ES LO QUE HACEN LOS BARCOS: ZARPAN Y SE VAN" (UN OCÉANO ENTRE NOSOTROS, 2018)


A Leo Caldas, en principio, no le hace demasiada gracia el encargo de su superior: que investigue la desaparición de Mónica Andrade, hija de un prestigioso cirujano de Vigo. A todas luces lo que parece es que Mónica ha decidido irse sin más, incluso faltan algunas cosas personales en su casa. Incluso hay testigos que la vieron en su bicicleta, a primera hora de la mañana del día que desapareció, camino al puerto de Moaña para coger el barco que cruza a Vigo. En ese puerto sigue su bicicleta atada con un candado, su casa de Tirán, parroquia perteneciente a Moaña, no está revuelta ni hay indicios de nada extraño. Pero Mónica no acudió a las clases de cerámica que impartía en la Escuela de Artes y Oficios de Vigo. Tampoco a la cita a comer que tenía dos días después con su padre. Nadie ha vuelto a verla.

Caldas y Rafael Estévez, el inspector aragonés que le acompaña desde las entregas anteriores (Ojos de agua y La playa de los ahogados) comienzan a trabajar sobre el terreno: la casa de Tirán, los alrededores, la escuela en la que Mónica daba clases, los vecinos, amigos, profesores... Ninguno parece explicarse los motivos por los que pueda haberse ido aunque algunos hablan de un inglés con el que ella solía pasear y que, al parecer, también se ha marchado. Estévez cree firmemente que se han ido juntos, pero a medida que van recogiendo piezas se dan cuenta de que la imagen que se forma con ellas no acaba de estar clara. La presión constante del padre de Mónica tampoco ayuda. El principio del hilo de toda esta madeja parece estar en el barco, ese último barco que Mónica Andrade cogió antes de desaparecer por completo.



Como os decía al principio El último barco impresiona, según ves el ejemplar, por su tamaño. Pero que no os engañe. Termina haciéndose corta e impresionando por lo que vamos leyendo. Domingo Villar ha dado un salto de calidad, en mi opinión, realmente largo, digno de record, creando un argumento que se va retorciendo y complicando delante mismo de nuestros ojos. Pero lo hace casi en tiempo real, poniéndonos como espectadores de lujo de lo que Caldas va viendo, investigando, preguntando. Solo el primer día de investigación ya ocupa 203 páginas y os aseguro que no sobra ninguna. Todo, en especial en la primera mitad de la novela, se va desarrollando de forma pausada, casi metódica porque cada dato cuenta, pero impregnando al lector de una inquietud creciente y bastante desasosegante que te empuja a seguir leyendo sin parar.

No solo El último barco es la historia de la desaparición de Mónica Andrade, aunque este sea el hilo conductor de todo. Descubriremos a un Leo Caldas más maduro y más humano, muy pendiente de su padre (un pedazo de personaje que cada vez que aparece llena por completo el espacio) aunque él no esté muy por la labor de "tener miedo de vivir" cuando su hijo le aconseja poner rejas o llevar el teléfono encima. Y es que esta novela toca muchas formas de paternidad y cómo nos enfrentamos a ella: la inquietud de Caldas por su padre, la ansiedad del padre de Mónica por lo que haya podido pasarle aunque su relación no fuese, ni de lejos, la mejor, el amor de Rosalía por su hijo Camilo a pesar de que él no pueda corresponderle, la ternura que Rafael Estévez deja traslucir ante su futura paternidad. También hay una acerada crítica a la crisis social y económica que se ha llevado por delante vidas y ciudades. Ahí está Napoleón, otro pedazo de personaje, el mendigo que acostumbra a sentarse junto a la puerta de la Escuela de Artes y Oficios  y que cuenta con un bagaje cultural impresionante, pero que no le sirvió para escapar del desastre. O los carteles que se han ido colocando en ciertas calles de Vigo mostrando los edificios históricos que cayeron bajo la piqueta para construir horrores arquitectónicos.

Estévez, a pesar de su carácter arisco (aunque se le ha suavizado un poco gracias al embarazo de su chica), te gana sin remedio. Al menos a mí, aunque ya me tenía ganada en las novelas anteriores. A pesar del tiempo que hace que llegó a Galicia sigue siendo un recién llegado. Y es de él de quien se sirve Domingo Villar para mostrarnos o explicarnos cosas que allí dan por sentadas y que, para alguien de fuera, son diferentes. Casi extraordinarias. Es Estévez el que busca respuestas que también lo sean para el lector, como qué es una nasa, una batea, el nombre de la planta de flores naranjas que ven en Tirán. Es él quien se sigue asombrando de los paisajes y de las costumbres, el que mantiene una mirada más "limpia" de lo que les rodea. Sigue siendo un cascarrabias y los perros le odian (hay alguna escena sobre esto con la que no puedes evitar sonreir de oreja a oreja) pero a mí me resulta casi adorable.


La Escuela de Artes y Oficios, que existe y es una fértil realidad en Vigo, está descrita con la minuciosidad que dan la admiración por lo que se enseña allí y el cariño que los profesores ponen en lo que hacen. Un lugar en el que se respira calma y que parece estar al margen del caótico mundo que queda fuera de sus paredes, un reducto ajeno a las prisas y muy distinto al trabajo que podemos considerar "normal".

Los diálogos son uno de los ingredientes fuertes de la novela, en los que se entra con facilidad porque jamás suenan impostados o fuera de tono. Se adaptan a cada situación, a cada persona, a cada necesidad de la narración. Fluyen maravillosamente y participan con brillantez de ese camino que Domingo ha trazado para llevarnos por él hasta la última página. Son 151 capítulos que comienzan con una palabra polisémica y sus diferentes acepciones en el diccionario de la RAE, una palabra que aparecerá en algún momento de ese capítulo.

El último barco es una gran novela de principio a fin que sabe dosificar e ir incrementando la inquietud del lector acerca de lo que ha pasado o ha podido pasar, pero que no se queda solo en eso. Los personajes están trazados de forma fabulosa, incluso los que apenas tienen una pequeña aparición y son ellos los que más nos van a sacudir dentro, los que más nos van a llegar. Una novela que hace que nos preguntemos cómo reaccionaríamos nosotros ante ciertas situaciónes y que no juzga a los personajes por ello. Está llena, igualmente, de compasión, de redención, de la crueldad de los que opinan sin saber, de dolor, de amor y de esperanza. Pero sobre todo está llena de barcos, esos últimos barcos que, por un motivo u otro han de coger los protagonistas antes de que zarpen.



viernes, 29 de marzo de 2019

LA CIUDAD DEL REY de Marcelino Santiago. RESEÑA Y ENTREVISTA

La ciudad del rey fue la novela ganadora, a finales del pasado año, del VII Premio de Novela Histórica Ciudad de Úbeda, un premio que, como ya he ido contando tanto aquí como en mis redes sociales, va adquiriendo cada vez más empaque. La entrega del galardón se realizó en noviembre, en el marco del Certamen de Novela Histórica que cada año se celebra en Úbeda, y allí tuve la suerte de poder compartir una interesante y reposada charla con Marcelino Santiago, su autor, que me avanzó parte del argumento de su obra y me transmitió su amor por la Historia y la literatura. Hoy os traigo al blog una novela histórica muy bien escrita, muy bien hilada y muy cuidada que nos traslada a una época fascinante. Una novela ambientada en Ciudad Real a finales del siglo XV, en una Castilla socialmente convulsa, llena de tensiones religiosas y políticas que van a estallar tras la muerte del rey Enrique IV y que, en muchos momentos, nos hará pensar que hay hechos y situaciones que parece que nos empeñamos en repetir una y otra vez.

IN CIVITATE REGIA


A principio de octubre de 1474 se produce en Ciudad Real un sangriento saqueo contra los judíos conversos que viven en la ciudad. Este progromo, más habitual de lo que las crónicas acerca de la buena convivencia de religiones en la época nos cuentan, provoca que Alonso de Carrillo, arzobispo de Toledo, encargue a Tomás de Cuenca una investigación sobre lo sucedido y, por encima de todo, acerca de los judíos que se esconden bajo la conversión para seguir con sus ritos. Debe descubrir a esos falsos conversos y entregarlos para que sean juzgados. El arzobispo otorga a Tomás de Cuenca las credenciales de juez delegado inquisidor, que le darán plenos poderes para sus investigaciones y le abrirá todas las puertas. 

Tomás de Cuenca viaja a Ciudad Real y, medida que va conociendo los hechos, empieza a sospechar que tras aquel progromo se esconden intereses muy diferentes a lo que en principio parecía y que no se trata solamente de un tema religioso. Las férreas convicciones de Tomás acerca de la religión y la política se comenzarán a tambalear al integrarse en la sociedad de la ciudad y entrevistarse y conocer cada vez mejor con muchos de los implicados. Además, para terminar de enrarecer el clima político reinante, muere el rey Enrique IV y comienzan las hostilidades entre los partidarios de Isabel de Trastamara, hermana del rey y futura Isabel la Católica, y los de Juana, hija del rey, a la que muchos niegan su paternidad apodándola "la Beltraneja".


La Orden de Calatrava, por su parte, va a buscar hacerse con el control de Ciudad Real, ya que la consideran suya por un documento que lo avala desde hace doscientos años. La situación se va complicando cada vez más y todos los protagonistas de la novela se verán obligados a tomar decisiones y a moverse en una especie de tablero de ajedrez muy inestable. 

Reconozco que con La ciudad del rey me mueve mucho la pasión. La época histórica en la que transcurre es una de mis favoritas y en la novela he descubierto una ambientación fabulosa de aquellos años, sobre todo al nivel del pueblo más llano. Su modo de vida, sus casas, la forma en que interactuaban, sometidos tanto al poder político como al de la iglesia pero sobreviviendo y trabajando por los suyos y su bienestar. Me ha fascinado de modo especial la descripción que Marcelino hace de esa Ciudad Real medieval, con sus calles estrechas a veces y con muchos edificos a medias, levantándose o restaurándose, con su impresionante muralla que, por desgracia para todos, ya no existe. Y me ha fascinado porque lo hace de un modo tan real que es sencillo imaginarla mientras caminamos junto a Tomás de Cuenca en sus pesquisas.

Fantásticos son también los retratos de los personajes, llenos de humanidad, con sus defectos y virtudes, pero siempre creíbles, sin estridencias. Las intrigas políticas, tan presentes en la trama, las vemos desde los propios actores que las manejaban. Conocer de la mano del autor algunos de los ritos judíos que se conservaban en la intimidad de muchos hogares es como abrirse la puertas a un mundo que desconocemos. Y resulta inquietantemente actual esa costumbre de culpar siempre a los mismos de las desgracias que suceden, como si por ser judíos, en este caso, tuviesen el poder de convocar hasta los desastres naturales.

Hay una escena en el capítulo 10 que me hizo esbozar una sonrisa, cuando Tomás de Cuenca visita la iglesia de Santiago y encuentra al maestro de obras discutiendo con un clérigo acerca de los plazos que había para terminar un fresco que ha de decorar una de las paredes. Inmediatamente recordé la gran película El tormento y el éxtasis, cuando el papa Julio II discutía a voces con el irascible Miguel Ángel acerca de cuando terminaría de pintar la Capilla Sixtina. Es que hay cosas que no puedo evitar...

La narración se agiliza gracias a capítulos breves que hacen querer seguir leyendo. Además va ganando en intensidad a medida que avanzamos, con una tensión creciente que consigue mantener al lector siempre interesado y cómplice de lo que sucede. Partiendo de los hechos reales que se produjeron en su momento, mostrando que Marcelino Santiago se ha documentado mucho y bien, La ciudad del rey es una novela apasionante, intensa y vital que nos traslada sin dificultad a una época llena de luces y sombras, complicada, interesante y políticamente enrevesada. Aunque, conociendo la Historia de nuestro país, qué epoca no lo ha sido... 

Os la recomiendo sin duda. Es un gran modo de viajar en el tiempo.

ENTREVISTA CON MARCELINO SANTIAGO


Aunque nacido en la localidad toledana de Corral de Almaguer, Marcelino Santiago vive y trabaja en Ciudad Real. Licenciado en la especialidad de Historia Medieval por la Universidad Complutense de Madrid, es funcionario de la Escala Ténica de la Universidad de Castilla-La Mancha. 

Quiero agradecerle, de corazón, su generosidad a la hora de contestar esta pequeña entrevista y su más que buena disposición desde el primer momento. 

- En primer lugar, quisiera volver a felicitarte por haber resultado ganador de VII Premio de Novela Histórica Ciudad de Úbeda con “La ciudad del rey”. ¿Cómo conociste la noticia? ¿La esperabas?
Supe que la novela había pasado el primer filtro y que había quedado entre las tres finalistas del concurso y aquello me pareció un logro importante porque las otras dos novelas que seleccionó la comisión lectora tenían muy buena calidad literaria. Cuando, poco después, me comunicaron el fallo del jurado, tuve una gratificante y extraña sensación, mezcla de incredulidad y euforia.

- ¿Era el primer certamen de novela en el que participabas o ya habías probado suerte en otros?
Antes de presentar “la Ciudad del Rey” al certamen de novela histórica de Úbeda, la presenté al Premio Círculo de Lectores de Novela, en el que la obra también fue seleccionada entre las tres finalistas que después se sometieron al dictamen del jurado de lectores.

 
- Después de tu estancia en Úbeda para recibir el premio ¿qué te pareció el certamen que se organiza allí cada año?
Desde mi estancia en Úbeda no he parado de contar maravillas sobre la fantástica organización del certamen de novela histórica que se viene realizando cada año, porque es realmente sorprendente el gran dinamismo que le confiere a la ciudad. Para el visitante que se acerca a Úbeda en esas fechas es más que manifiesto el entusiasmo y el buen ambiente de los participantes en todos los órdenes: organización, recreación histórica, presentaciones literarias, encuentros con los autores, etc.

- ¿Cuáles crees que son los méritos fundamentales de tu novela, aquellos de los que te sientes más orgulloso?
Aunque los méritos no me corresponden a mí valorarlos, creo que es una novela sencilla de leer, con capítulos cortos, no es excesivamente extensa para lo que suele ser el promedio de páginas en el género de novela histórica. Por otro lado, el peso de las diferentes tramas lo llevan varios personajes a la vez, con potencia argumental suficiente para mantener la atención del lector, mientras alternan su aparición.

- Siglo XV. Ciudad Real. Un inquisidor. La Orden de Calatrava. La guerra de sucesión entre Juana la Beltraneja y la futura Isabel la Católica como fondo. Con estos cebos tan atractivos ¿cómo recomendarías la lectura de tu novela a quienes se acercan por primera vez a ella?
Aunque el contexto histórico en el que transcurre la novela es algo complicado, por el conflicto sucesorio tras la muerte de Enrique IV, y además impregna las diferentes tramas que se desarrollan,  hay que advertir que el verdadero interés radica en lo que sucede a los personajes, a sus relaciones entre ellos, a sus motivaciones personales, a su trayectoria vital incluso. El contexto histórico se va dosificando en la novela para no saturar al lector con excesivos datos históricos y creo que resulta bastante comprensible.

- ¿Cuál fue el origen de la historia que narras en “La ciudad del rey”? ¿Qué hecho o qué idea fueron los que te hicieron “saltar la chispa” para crearla?
Te revelaré algo que creo que no he comentado hasta ahora. La chispa de la que hablas y que puso en marcha la historia, es la coincidencia en el tiempo de dos acontecimientos históricamente inconexos y totalmente independientes uno de otro, pero que puestos en relación adrede, en un plano literario, daban mucho juego argumental. El día 4 de octubre de 1474 falleció don Juan Pacheco, el privado de Enrique IV, el hombre más poderoso de Castilla después del rey, quien en esta época ya apoyaba sin fisuras a la princesa Juana como sucesora al trono (aunque años atrás, cuando se encontraba enfrentado al rey Enrique, atribuyera su paternidad a Beltrán de la Cueva, por lo que se ganó el sobrenombre de la “Beltraneja”). Por otro lado, dos días después de su muerte, el 6 de octubre de 1474, se produjo un violento pogromo contra los judíos conversos de Ciudad Real. Aunque ambos sucesos no se encuentran relacionados históricamente, sin embargo, el escritor, con mayor amplitud de miras, supo imponerse al historiador para plantearse que ocurriría si realmente existiera una conexión entre ambos acontecimientos. 

- La labor de documentación es fundamental para la novela histórica y después llega el trabajo de la escritura ¿Cuánto tiempo te llevó terminar tu novela? ¿Hubo algún momento de bloqueo o todo fluyó de acuerdo a lo que te habías planteado?
El trabajo de documentación fue un proceso largo. Como historiador conocía e incluso había investigado algunos aspectos sobre Ciudad Real referidos a la Edad Media, sin embargo, el proceso de escritura como tal siempre había quedado relegado para momentos de mayor inspiración, hasta que decidí abordar el proyecto en serio y en un par de años la tuve acabada. En cuanto al proceso de creación, aunque existe una planificación inicial, es cierto que la trama te conduce por caminos insospechados y, como escritor novel que era, no tuve la disciplina de ceñirme a la escaleta y me dejé llevar en muchos casos en la exploración de nuevas líneas argumentales.

- A la hora de crear los personajes ¿cómo los imaginas? ¿Eres capaz de ponerles voces, gestos, fisonomía? ¿Buscas inspiración en personas conocidas o de tu entorno?
Hay que diferenciar entre los personajes históricos y los personajes literarios. Respecto a los  primeros, tenemos en muchos casos diversas formas de aproximarnos a ellos, a lo que hicieron y a los diferentes aspectos de su biografía. De algunos de ellos, incluso ha quedado testimonio de su aspecto físico, en cuadros y pinturas o en las descripciones que aparecen en las crónicas, aunque en muchos de estos casos su imagen puede encontrarse distorsionada dependiendo de su relación con el personaje que la costeaba. Para los personajes literarios o incluso los personajes históricos sobre los que tenemos noticias muy escasas, la inspiración es muy variada. A la hora de construir los personajes hay que dotarlos de una vida, de una historia personal, de unas motivaciones que impulsen sus acciones y que será más o menos compleja dependiendo del grado de protagonismo que tengan.

- Una cuestión que suele repetirse cuando se habla de novela histórica es dónde están los límites a la hora de escribir sobre ella. Si pueden permitirse licencias sobre lo que se cuenta, sobre la época o los personajes, inventar situaciones, conversaciones, personalidades… ¿Cuál es tu opinión sobre este tema?
Creo que el escritor de novela histórica tiene un compromiso con la Historia como disciplina, como ciencia, ya que los lectores esperan encontrarse con un relato fiel a la realidad histórica. El relato literario debe superponerse al contexto histórico como una transparencia sobre un paisaje, sin que el primer plano oculte los elementos del fondo. El escritor puede permitirse las licencias literarias que estime convenientes siempre que no transmute la realidad del pasado en el que transcurre la acción, o puede decantarse por la versión de los hechos que mejor convenga a la trama cuando no exista unanimidad al respecto. Los escritores también deben hacer uso de una cierta moderación narrativa para no convertir en héroes o villanos a personajes que no lo fueron, porque simplemente convenga al argumento.

- Y al hilo de la anterior pregunta: ¿qué opinas de esa corriente empeñada en revisar y juzgar hechos del pasado con los criterios de hoy día?
Para comprender correctamente la historia política, social y económica de cualquier época debe ponerse en relación con la historia de las mentalidades del momento. El comportamiento de los hombres a lo largo de los siglos siempre ha estado condicionado por los valores de la época, por la moralidad imperante y por el entorno que condiciona y determina las motivaciones personales. Descontextualizar determinados acontecimientos, aislándolos del momento histórico en el que se produjeron, desvirtúan la realidad histórica en sí.

- A la hora de escribir ¿prefieres tenerlo todo planificado previamente o eres más de trazar ciertas líneas e ir dejándote llevar?
Me gusta confeccionar un guion con las tramas, tener los personajes principales preparados para actuar, pero confieso que soy poco disciplinado a la hora de escribir y no sigo el orden establecido y que, la mayoría de las veces, me dejo llevar para ver donde me conducen determinadas ideas que surgen sobre la marcha. Tengo que reconocer que en ocasiones he encontrado algún filón  interesante pero que en otras ocasiones he tenido que corregir el tiro.

- En los últimos tiempos parece que la novela histórica se está reivindicando como género y son cada vez más los títulos que se publican, además de obtener premios importantes como el Planeta conseguido este año por Santiago Posteguillo ¿Cuál crees que es el motivo? ¿Auguras un buen futuro?
Creo que la novela histórica ya hace tiempo que se deshizo de los viejos lastres que la caracterizaron durante una época desde que surgió allá por el siglo XIX. Este género ha evolucionado igual que lo ha hecho la novela en general. Ya no se escribe como se hacía en el romanticismo o  como hace 50 o 60 años. Creo que el éxito de la novela histórica se debe a que en este género tienen cabida todos los demás, como el thriller, el suspense, la novela de aventuras, la novela psicológica, la novela romántica, etc. Además este género se retroalimenta con la adaptación al cine o la televisión de los grandes best sellers que siempre atraen y captan la atención de más público.

- ¿Qué te gusta leer? ¿Hay algún autor o alguna novela a la que vuelves de cuando en cuando porque te hace sentir especialmente bien?
Pues como era de esperar, suelo leer novela histórica escrita por autores nacionales, ambientadas en épocas y escenarios que me resultan más familiares y cercanos. No soy muy aficionado a releer novelas que ya he leído, hay tanto por leer, pero sí me gusta repetir autores con los que he disfrutado leyendo sus historias.

- Hasta donde puedas contar y desvelarme: ¿en qué nuevo proyecto estás embarcado ahora?
Me encuentro trabajando en una novela ambientada también en la Edad Media. Con la gran proliferación de novela histórica surgida durante estos años se ha cubierto gran parte del espectro cronológico  y es difícil encontrar acontecimientos y personajes relevantes sobre los que no se haya novelado. Creo que gran parte de los personajes de la primera línea política en la historia se encuentran agotados y quizás ha llegado el momento de volcarse sobre aquellos otros que adquirieron gran protagonismo en su época pero permanecieron en un segundo plano y son más desconocidos para el público en general.

Un millón de gracias, Marcelino. Mucha suerte con tu novela y con las que están por venir.



lunes, 25 de marzo de 2019

CORRECCIÓN, EDICIÓN LITERARIA Y OTRAS HIERBAS

Llevo ya una temporada dándole vueltas. Quizá porque el tema me ha acabado resultando como una piedrecita en el zapato, que no impide caminar pero que ahí está, molestando, arañando un poco. Haciéndome torcer el gesto, en definitiva. El problema es que esta piedrecita no me la puedo quitar porque no depende de mí y, hasta el momento, lo único que puedo hacer es resignarme a necesitar una tirita cada cierto tiempo. Y no es cómodo. También es algo que he comentado con otros blogueros y con lectores impenitentes y hemos coincidido en apreciaciones, aunque cada uno desde su perpectiva, como no puede ser de otra manera. Me refiero a los errores que, con demasiada frecuencia, detecto en los libros que leo. Errores no sólo ortográficos y tipográficos, sino saltos imposibles en la línea temporal, por ejemplo. O referencias a situaciones o cosas que es imposible que el personaje sepa o vea en un determinado momento. O fallos, a veces graves, en lo que se refiere a trámites administrativos, legales o policiales. Voy a intentar explicarme lo mejor posible.

Siempre he creído que un libro, cualquier libro, es un hallazgo feliz y una parte importante de la vida de quien lo escribe. Un regalo. Y, por ello, debe estar cuidado casi con mimo. No solo hablo de una bonita portada, un maquetado perfecto, un buen papel; hablo también del contenido, de lo que se escribe. Escribir bien, sin erratas ni faltas de ortografia, conociendo la gramática y la sintaxis al menos desde su vertiente más básica, es obligatorio si quieres publicar. Informarse y documentarse, fundamental. Buscar ayuda para solventar las dudas, muy importante. Es cierto que una corrección profesional de un texto puede suponer un desembolso que, quizá, el autor no pueda realizar pero ello no le exime de tratar de que su libro llegue a los posibles lectores pulido y lo más brillante posible.

Seguramente lo primero que viene a la cabeza a quien pueda estarme leyendo es que esos errores son más que habituales en autores autopublicados. Pues sí y no. La llegada al mercado digital de gigantes como Amazon (sin ser el único), a quien le importa un higo, literalmente, el contenido de los libros que allí se publican no ayuda a la calidad. Para muchos "autores" es mucho más interesante ver su nombre en una portada y presumir de que han escrito un libro, aunque en toda tu vida no hayas leído ni los folletos del supermercado, que el contenido. De ahí las cosas que se perpetran con la autopublicación. No quiero decir, en absoluto, que todo lo que encontremos allí o en otras plataformas de autoedición sea malo, hay obras muy buenas, algunas extraordinarias, pero el volumen de textos sin calidad, con historias que no se sostienen, mal escritas, mal redactadas, con personajes de cartón piedra y diálogos imposibles es abrumador. Incluso se llegan a publicar plagios de novelas, que están disponibles en otro idioma, traducidas con el Google Translator. Eso ya roza el terror puro y duro. 

A estas alturas de la película, y siento decirlo así, ya no me descargo libros de Amazon a no ser que sean ediciones digitales de alguna novela que me interesa y no tengo presupuesto para la edición de papel. Hasta no hace mucho sí que lo hacía de cuando en cuando, bien porque me llamase la atención el título o porque tuviese buenas críticas. Ahora ni por una cosa ni por otra y creo que me entendéis. Es un tema ya muy tocado y no quiero repetirlo. Pero sí contar, al hilo del tema de los errores, algo que viví en primera persona con una novela autoeditada en Amazon. Me la descargué confiando en el resumen, que estaba bien escrito, y prometía una historia de intriga. Resumiendo mucho para no aburrir: la autora se permitió el lujo de escribir, sin sonrojarse ni nada, que en un pueblo perdido en la montaña, durante la Guerra Civil española, tenían a los enfermos más graves con respiración asistida, además de otras joyas de apariciones paranormales para olvidar. Cuando escribí la reseña, en la página en que lo hacía hace unos años, tanto la autora como su corte de palmeros me pusieron a caer de un burro afirmando que en una ficción vale todo. Pues no, no vale todo.

Dejando a un lado el siempre espinoso tema de la autoedición, mi mayor enfado en este momento es encontrarme errores flagrantes y fallos (en ocasiones clamorosos) en libros publicados por editoriales de renombre. Vaya por delante que respeto y admiro a quienes trabajan en cualquier editorial y mucho más a los editores y editoras que pelean por sus autores, los cuidan y siempre se muestran entusiastas con sus obras. Por eso no lo entiendo. No entiendo, por ejemplo, que el editor o editora de turno asegure haber seguido el proceso de escritura de una novela casi día a día y se le cuelen ciertas inexactitudes o equivocaciones. O los que tienen la suerte de descubrir a un autor que es un diamante en bruto, que se encarguen de su libro para corregirlo, pulirlo y mejorarlo en todo lo posible, y les pasen bajo la nariz fallos de cierto nivel. He tenido la suerte de escuchar a unos cuantos editores hablando acerca del trabajo que hacen, cómo a veces pelean con el autor para acortar una escena, para dar más intensidad a un personaje o cambiar algún capítulo. Me fascina y emociona la pasión que suelen poner en ello. Por eso, insisto, no lo entiendo.

Obviamente no pretendo que un editor sea un absoluto erudito de todos los temas posibles. Para nada, sobre todo porque es imposible. Pero si ese editor se dedica a la novela romántica, por ejemplo, debe estar al cabo de la calle respecto a los recursos narrativos usados en ese género, paisajes, personajes y, si me apuráis, algunos datos históricos básicos sobre la época y el lugar en que se ambiente la novela. Qué sé yo, Escocia por ejemplo. Si el editor es de novela negra (que, quizá, es el asunto que más me escuece), es de esperar que conozca, al menos a nivel general, qué puede hacer un policía y qué no, cómo funciona (aunque sea por encima) la justicia, cuál es el papel de un investigador, de un juez, de un fiscal o cómo se estudian las pruebas. No pido un máster en criminología, ni tres carreras, sólo ser capaz de discernir si lo que el autor ha escrito es correcto. Sí, me pueden decir que no tienen por qué saberlo (de hecho ya me lo han dicho en varias ocasiones) y que se fían de lo que los asesores del autor le han contado. No comprueban. No se cuestionan nada. Y el resultado puede acabar chirriando mucho. Eso es lo que me enfada y, en cierto modo, me indigna como lectora.

Quiero decir que si un autor dice que un análisis de ADN se hace en doce horas, el editor debe saber que no es posible. Que un policía no puede llevarse por las buenas algo que considere una prueba sin más. Que la vida real no es CSI ni las series de abogados estadounidenses. Que nuestro sistema judicial está muy tasado, cuadriculado y reglado. Que no es real que en un juicio los abogados se levanten y caminen por la sala, porque eso en España no se puede hacer. O que se presenten pruebas o testigos sorpresa en medio de un juicio. Que lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible.

Igual ocurre, y también me hace salirme de la lectura y enfadarme lo mío, cuando la línea temporal de la narración salta por los aires, como si el autor no hubiese repasado el texto. Por ejemplo, y es un caso sonado que me viene a la cabeza el primero, que si la protagonista del libro ha tenido un tórrido romance a lo largo de noviembre, no puede decir a continuación que están a 30 de octubre y es su cumpleaños y, un capítulo más allá, estar en enero y ser de nuevo su cumpleaños. El editor o editora de la novela tendría que haberse dado cuenta de ese despropósito y corregirlo porque "cantaba mucho" incluso para un lector poco avezado. Y si hablamos de novela histórica, que es quizá en la que menos errores he detectado, no podemos hacer que los personajes caminen por un lugar que se demolió tiempo antes antes al momento en que sucede la acción.

Puedo comprender que un editor tenga mucho que leer y mucho trabajo con cada libro del que se encarga, sobre todo de cara a la promoción. Es un trabajo minucioso y quiero pensar que muy gratificante. Pero si yo, que no soy experta en el tema, puedo detectar esas cosas ellos, que sí son expertos, que están hartos de leer y de corregir y de aconsejar, deberían verlas a distancia. El motivo por el que se les pasan se me escapa. Quizá, y lo digo con todas las reservas, se deba a que no se especializan en una categoría concreta y eso no tiene que ser malo a priori, pero es que no le encuentro una explicación viendo, como veo, el compromiso que parecen tener con autores y editoriales.

No me considero nadie especial, ni estoy en posesión de una inteligencia fabulosa. Pero sí fui una lectora muy precoz porque los libros se convirtieron en mi refugio cuando mi vida era zona hostil. Siempre he leído mucho y de todo, incluso libros que, en su momento, no llegaba a entender bien. Estudié Derecho, es verdad, y eso me ha dado conocimientos específicos sobre algunos temas. Otros los he investigado por mi cuenta. Siempre he creído que el saber no ocupa lugar y, además, cuento con una aliada fundamental que a veces es una maldición: mi memoria. Por eso puedo estar leyendo un libro y detectar que algo no va bien en la narración, algo que me hace levantar la vista del libro buscando el motivo, hasta que recuerdo algo que pasó en el capítulo 1 y contradice de plano lo que sucede en ese momento.

Que nadie considere este post una crítica frontal al trabajo, innegable y fantástico, que hacen los editores y correctores. Sólo quería manifestar mi extrañeza y compartirla con vosotros. Obviamente los fallos o los errores no están en la inmensa mayoría de los títulos que se publican, que son muchos al año, pero quizá sí en un porcentaje al menos representativo de todos ellos. Me encantaría poder sentarme a charlar con calma con alguno de esos profesionales y que me diese su versión porque, seguro, tendría mucho que aprender y es posible que acabase por entender los motivos. Pero me mantengo en mi tesis: un libro tiene que brillar. ¿Por qué no intentarlo?







lunes, 11 de marzo de 2019

SANGRE DE MI SANGRE de Rebeca Tabales

Sangre de mi sangre es el primer thriller de Rebeca Tabales quien, en 2008, ganó el premio Ateneo Joven de Sevilla con la novela Eres bella y brutal. Como no suelo leerme los resúmenes de la contraportada de los libros (ha habido veces que me han desguazado todo el argumento sin piedad) no sabía muy bien a qué me enfrentaba cuando comencé la lectura. Y es cierto que la primera escena tiene una gran fuerza, resulta muy impactante, lo que me animó considerablemente para seguir leyendo. La historia que Rebeca Tabales va desgranando en la novela no es fácil, ya que toca temas muy sensibles y plantea cuestiones que hacen pensar, pero también hay unos cuantos secretos familiares que permanecen escondidos y que van a ir aumentando la intriga a medida que avanzamos en sus páginas. La psicología de los personajes se vuelve fundamental para entender lo que está sucediendo, porque nada resulta lo que en principio parecía.


PARA QUIEN TIENE MIEDO, TODO SON RUIDOS


En una jornada cualquiera de un colegio, tras la hora del recreo, Javier, de ocho años, remolonea en el patio. No quiere entrar en clase. Está perdido en sus pensamientos, ninguno especialmente agradable. Cuando su profesor acude para pedirle que vuelva con él al aula, Javier sufre un inesperado ataque de rabia y le ataca subiéndose a su espalda y mordiéndole en el cuello con saña. Rut, que trabaja como psicóloga auxiliar en un despacho forense, aunque siendo una "falsa autónoma", recibe el encargo de su jefa de que acuda al hospital a hablar con el profesor y el niño para tratar de saber qué ha sucedido. Su primera sorpresa es que el profesor no quiere presentar ninguna denuncia contra el pequeño ni contra la madre, solo que alguien se encargue de él. Parece tenerle un gran cariño. Javier es sordo y tampoco habla, comunicarse con él va a ser difícil.

Pero la sordera de Javier no es el muro más sólido con que choca Rut. La madre del niño, Alberta, que le cría sola, se muestra abiertamente hostil hacia Rut y hacia cualquiera que intenta ayudarles. Cuando Rut se acerca al niño, que permanece sedado en una cama del hospital, detecta lo que parece la costra de una herida que asoma por encima del cuello de su camiseta, pero no puede comprobar nada más.

Rut comienza a implicarse personalmente en el caso a pesar de no contar con el apoyo de su jefa. Y a pesar también de que su vida no es un camino de rosas. A la precariedad laboral y unos ingresos reducidos hay que sumar que es madre soltera de una niña de 9 años, Ali, que muestra ya la rebeldía de la preadolescencia, y una reciente ruptura con el que había sido su pareja, Ger, que trabaja para una agencia de detectives. Su apoyo incondicional es su padre, divorciado de su madre y vuelto a emparejar, un expolicía que hace lo posible por ayudar a su hija y a su nieta incluso llenándoles la nevera. Gracias a su insistencia Rut volverá a contactar con Miguel Acero, inspector jefe de la Policía Judicial, con quien también podrá contar para algunas pesquisas.

Sangre de mi sangre es, ante todo, la historia de una maternidad complicada, esa que no sale en las revistas, la que puede causar dolor y desapego. Una historia de malos tratos, de recuerdos que duelen, de hechos que se esconden en lo más profundo en un intento desesperado de que desaparezcan. Rut no quiere quedarse solo en su papel de psicóloga, quiere ir más allá, descubrir lo que realmente pasa y pasó en casa de Javier y Alberta. Y lo hace moviéndose al margen de los protocolos armando una investigación que a cada paso saca a la luz cosas cada vez más inquietantes. Alberta, un personaje roto de muchas maneras, desencantada de todo y de todos, ya no se fía de las ayudas que puedan darle y se niega a recibirlas. Realmente no sabe cómo encajarlas en su vida. Supone una reveladora vuelta de tuerca al prototipo de mujer maltratada. Javier, una vez pasada la crisis, es un niño tranquilo e inteligente, que empatiza bien con Rut, pero que vive con un miedo oculto que es incapaz de contar.

Escrita en tercera persona, excepto los capítulos en los que Rut va elaborando el perfil de Alberta, iremos junto a Rut en todo momento, descubriendo lo que ella descubre y metiéndonos con ella en una espiral compleja en cuyo centro hay mucho dolor y muchos secretos que cuesta sacar a la luz. También iremos conociendo la vida de la propia protagonista, una mujer llena de agujeros, con una autoestima baja, muchas veces incapaz de dominar su vida o las situaciones que esta le pone delante pero que sigue adelante con cabezonería, deseando ayudar... pero casi siempre sin ayudarse a si misma.

Sangre de mi sangre es una novela que se lee bien, que se sigue con interés después de un comienzo impactante y que tiene la dosis de intriga suficiente para mantener el interés. Personalmente, no he conseguido simpatizar con Rut. Quizá tampoco con la mayoría de personajes, exceptuando Javier. No he acabado de comprender, como madre, que Rut permita a su hija de solo 9 años que se pase la vida colgada a juegos online y que se relacione con gente, a través de ellos, que no conoce. Es cierto que pasa muchas horas fuera trabajando, pero la niña suele quedar al cuidado de su abuelo y parece no tener demasiadas normas. Sí, es un caso bastante habitual hoy día pero la corta edad de la niña es lo que me chirría. Y la actitud de ella ante su propia vida resulta un poco enervante, como remedando el conocido aforismo de "consejos vendo, que para mí no tengo". El padre de Rut es cariñoso y cómplice con su hija y su nieta, pero resulta curioso que se empeñe en emparejarla con un policía casado y con hijos que tiene una vida bastante feliz. Ger, la expareja de Rut, me ha dejado sin saber muy bien de qué pie cojea. Me parece que, simplemente, se acomoda a lo que tiene, no es de grandes demostraciones de afecto y casi le conoceremos más por lo que dicen de él. Miguel Acero es el que me ha resultado más estereotipado, un poco cliché del policía que ha ido ascendiendo y tiene muy clara su importancia y si valía. Lo del parche en el ojo reconozco que me sorprendió y esta es una opinión muy personal que en nada supone una crítica a la autora a la hora de crearlo ni mucho menos: es su personaje y su decisión pero no me pareció necesario colocarle el parche. Le resta realidad, como un remedo de John Wayne en Valor de ley, el hombre fuerte en el que Rut podría apoyarse y a quien pedir ayuda.

Hay también, aunque no son importantes, algunos fallitos en algunas escenas concretas provocados, imagino, por ser el primer thriller de Rebeca Tabales. Quizá lo que menos me ha gustado es que utilice al profesor al que Javier muerde en la primera escena como excusa para montar el andamiaje de la novela, por ser quien pide ayuda al despacho en el que trabaja Rut, y luego desaparezca por completo. En toda la investigación que Rut lleva a cabo jamás se entrevista con él excepto cuando le conoce en el hospital y, sinceramente, creo que hubiese sido necesario porque es una de las personas que mejor conoce a Javier. Lo usa y lo aparta una vez que ha tendido la red para captar la atención de Rut y del lector. Sí que es evidente la formación en Psicología de Rebeca Tabales, porque todo lo que se refiere a perfiles y el trabajo de Rut está detallado incluso con el lenguaje que se requiere para ello.

Un thriller entetenido, que mantiene bien el interés del lector y que, aunque con algunas costuras visibles, queda bien rematado. Y tiene un planteamiento original. Merece una oportunidad.





viernes, 8 de febrero de 2019

YO NUNCA de Eduardo Soto-Trillo

Conocí a Eduardo Soto-Trillo en la pasada edición de Getafe Negro. Participó en la mesa titulada "El detective en el diván: transtornos mentales y género negro" y pude charlar con él en la presentación que del certamen se hacia en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés. Me habló de esta novela, Yo nunca, que era su primera incursión en el género, ya que anteriormente sólo había publicado libros de ensayo en los que contaba su experiencia en países en guerra. Y lo que me contó sobre ella me llamó poderosamente la atención porque me pareció diferente y a tener muy en cuenta. Amablemente me ofreció un ejemplar que me llegó a casa a los pocos días, remitido por Ediciones B. Por fin he podido leerlo con calma y perderme en las calles de Ramil, un pueblo gallego que guarda en sus gentes y en sus calles más de un secreto y muchas historias que permanecen dormidas pero muy presentes. 

Antes de meterme más a fondo en mi opinión de la novela, he de decir que me ha sorprendido lo que he encontrado en ella: una historia que parece a priori sencilla pero que se va complicando y adquiriendo matices cada vez más inquietantes, sostenida por un elenco de personajes a los que no sabes bien cómo catalogar y que se alejan mucho de los habituales. Un estudio psicológico poderoso de cómo lo vivido y lo que no contamos o no asimilamos nos marca y nos hace ser lo que somos.

PORTAZOS AL PASADO


Luis acaba de aprobar el primer examen de las oposiciones a juez después de varios y desatrosos intentos. Su vida lleva años centrada en el estudio del amplísimo temario y en el cuidado de su madre, con la que ha mantenido siempre una relación compleja y dependiente. Tras la muerte de esta, en un accidente fortuito, y haber conseguido dar el primer paso para lo que él considera su sueño, ser juez, decide volver a la casa de la familia de su madre en Ramil para aislarse de todo y preparar a conciencia la segunda prueba, tan exigente o más que la primera. Cree que allí encontrará la tranquilidad necesaria y que podrá concentrarse rodeado de naturaleza y en un ambiente diferente al de Madrid.

En el caserón familiar, Merlachoca, vive ya solo su tía, una mujer que jamás se ha casado y que pasa los días delante de la televisión viendo un programa de corazón detrás de otro. No parece excesivamente feliz por la llegada de su sobrino. Hace mucho que no se ven y la relación con él y con su fallecida madre, su hermana, dejó de ser buena y fluida hace tanto que casi son dos extraños. Ramil ha cambiado también. Muchos son los vecinos a lo que Luis recuerda y que siguen viviendo en una especie de burbuja temporal, pero también han llegado habitantes nuevos que, de alguna manera, han alterado el microcosmos habitual del lugar. 

Luis los irá conociendo gracias a sus visitas al bar del pueblo, ahora regentado por Pablo, un joven homosexual peculiar y simpático a su manera, que ha remodelado es aspecto del local al que siguen yendo los de siempre y también los nuevos. Conocer a Carmen, una mujer ya en la cuarentena pero con un atractivo que a Luis le resulta irresistible, hará que de pronto todo lo que quiere y lo que busca gire en torno a ella. Carmen ejerce de fisioterapeuta en Ramil y parece tener una relación muy cordial con sus pacientes y vecinos. En el bar también suele pasar muchas horas otro forastero, Javier, escribiendo un libro sobre filosofía y que jamás habla con nadie. En sus largas sesiones de estudio, perdido por los parajes que rodean Ramil, también conocerá a Laura, una joven restauradora que está devolviendo el color a las pinturas de una ermita abandonada.

Luis arrastra una existencia gris y que nunca ha sido fácil. Su madre padecía constantes depresiones, su padre los abandonó y jamás volvió a tener contacto con él. Una mezcla de amor y odio hacia su progenitora le sigue siempre como una sombra oscura y los constantes encontronazos con su tía no ayudan a mejorar su ánimo. Solo Carmen parece ofrecerle un remanso de paz, olvido y amor desbocado, pero ella se le escapa siempre de entre los dedos. Comienza a darse cuenta de que las relaciones entre los nuevos vecinos son extrañas y que hay muchas cosas que no sabe y que ellos parecen esconder o contar solo a medias.

En los alrededores de Ramil comienzan a aparecer perros degollados y lo que en principio parecían muertes aisladas, casi normales en un entorno rural , se va convirtiendo en una preocupación porque no hay un sospechoso claro ni tampoco motivos para que los animales estén siendo tan brutalmente asesinados.

Como decía antes, es muy complicado catalogar a los personajes. Siendo Luis el protagonista principal, me ha resultado muy difícil empatizar con él. No resulta simpático, está lleno de contradicciones, sus reacciones a menudo resultan desasperantes. Pasa del cielo al infierno en segundos, con "pataletas" o enfados que casi catalogaría de pueriles. Saca conclusiones sin pararse a pensar dos veces y, sobre todo en su relación con Carmen, puede mostrarse ciego de amor o tildarla de "zorra" cuando su imaginación le juega malas pasadas. Está muy bien dibujado, eso es cierto. Llegamos a conocerle muy bien, aunque jamás sabremos cómo va a reaccionar ante ciertas situaciones.

Las extrañas relaciones entre Carmen, Pablo, Javier, Guillermo (un escultor excéntrico que vive en las afueras del pueblo), Laura y Miguel, un médico de la zona, confunden a Luis, siempre dispuesto a ponerse en lo peor. A medida que pasan los días, irán saliendo a la luz también muchos secretos de la propia familia de Luis, de los que él no tenía idea ya que su madre se apartó de ellos y jamás compartió con su hijo su historia más íntima. Su obsesión por Carmen, la tensa relación con su tía, las certezas que va descubriendo sobre su familia, lo que ve y lo que imagina, le van metiendo en un laberinto intrincado, casi angustioso y lleno de interrogantes, que Luis se ve incapaz de resolver.

Siempre he sentido debilidad por las tramas que suceden en los pueblos, en el mundo más rural, proque creo que, como ya dije en la reseña de Los Caín, en sus calles y en sus gentes se puede encontrar lo peor del ser humano. No siempre las grandes urbes tienen ese oscuro privilegio. Allí los odios se enquistan y el mal puede encontrarse detrás de cualquier visillo que se cierra de golpe. Ramil se nos presenta cargado de preguntas que pueden tener respuestas perturbadoras. O quizás es que Luis no sabe cómo formularlas, perdido como está en su propio tormento interior, ese que no quiere reconocer y que, poco a poco, irá saliendo y tomando otras formas. 

Yo nunca es un magnífico tratado de la condición humana, de la psicología de sus personajes. Una novela que te va atrapando sin remedio y metiéndote de lleno en el mismo desasosiego que atrapa a Luis, haciendo que te mantengas alerta en todo momento. Lo que Luis va descubriendo y viendo es lo que el lector descubre y ve, aunque esté narrada en tercera persona. Los silencios, los extraños vínculos que parecen atar a algunos habitantes de Ramil, lo que se va revelando de su madre, su tía y su abuelo van consiguiendo que necesites y quieras saber más. Los paisajes son también fundamentales en la historia. El verde del Galicia que se va agostando con la llegada de un calor insospechado, las calles de Ramil, la ermita abandonada, las ruinas de la antigua finca familiar. Todo tiene una segunda lectura que a mí me ha mantenido pegada a sus páginas hasta el inesperado final.

Yo nunca es también una novela que, como sus personajes, resulta complicado catalogar, pero quizá ese es su encanto. Hay mucho de almas rotas en sus páginas, de querer dejar atrás el pasado, un pasado que puede ser aterrador. Cómo seguir adelante cuando todo se te ha derrumbado con estrépito... Dadle una oportunidad, creo que encontraréis algunas respuestas sorprendentes que, incluso, os resultarán un poco sobrecogedoras. O que os surja más de una pregunta incómoda. Descubridlo.






lunes, 28 de enero de 2019

COMANCHE de Jesús Maeso de la Torre

Conocía la trayectoria de Jesús Maeso de la Torre desde hace tiempo, aunque reconozco que sólo había leído dos libros suyos y hace ya unos años: Tartessos y El auriga de Hispania. Su fama como narrador y como referente de la novela histórica en España es un hecho y el pasado mes de noviembre tuve la fortuna de conocerle en persona en el Certamen de Novela Histórica de Úbeda, en el que está "implicado" de muchas maneras. Descubrí a un hombre culto, encantador y con un fantástico sentido del humor al que da gusto escuchar y con quien compartí más de una interesante conversación. También compartí con él un pequeño secreto, si se le puede llamar así, para aliviar sus migrañas que, espero, le haya seguido viniendo bien.

Aproveché mi estancia allí para comprar un ejemplar de Comanche, su última novela, y traérmela firmada y puedo aseguraros que me ha tenido pegada a sus páginas hasta el final. Primero por su manera de escribir, de contar y de meternos de cabeza en una aventura fascinante y, después, por descubrir detalles de la Historia, con mayúsculas, que no conocía y que me han hecho interesarme más por todo lo que se narra en ella. Con esta manía que hay en ciertos sectores de nuestra sociedad de echar por tierra, ningunear e, incluso, mancillar la memoria de lo que fuimos, libros como Comanche se convierten en imprescindibles. En este caso para recordar que, cuando se produjo la llamada "conquista del Oeste" por parte de los nuevos colonos estadounidenses, los españoles ya llevaban tres siglos en esas tierras fundando ciudades, mercados y fortificaciones, favoreciendo los intercambios con los indios nativos y ayudándoles cuando las tribus más violentas trataban de arrasar todo a sangre y fuego. Recordar que el auténtico genocidio de los nativos de los actuales Estados Unidos se produjo por los colonos ingleses, que fueron ellos quienes los masacraron hasta dejarlos reducidos a indignantes reservas como animales en zoos. Recordar que fue Fernando de Gálvez, gobernador español de Luisiana, quien negoció en nombre de España con Thomas Jefferson la ayuda de nuestro país para apoyar la Guerra de Secesión contra Inglaterra (para que luego los franceses se pongan la medalla, como es su costumbre) y que fue determinante en las victorias militares de los sublevados, como en Pensacola. Allí se le reconoce como héroe y tiene un monumento en su recuerdo. El Senado de los EEUU le nombró en 2014 ciudadano honorario y un cuadro suyo adorna las paredes del Congreso estadounidense. Incluso la ciudad de Galveston, en Texas, lleva ese nombre en su honor. Os recomiendo buscar y leer la biografía de este hombre extraordinario. Quizá convendría que muchos, con perdón, dejasen de cogérsela con papel de fumar y reconociesen nuestros logros.

TRAS LOS PASOS DE LOS DRAGONES DE CUERA

 

Finales del siglo XVIII. En los territorios de Nueva España que pertenecen al Imperio español desde hace tres siglos, los ataques de los comanches contra la población civil crecen en intensidad y crueldad. Los dragones del rey, soldados de frontera, tratan de contener los ataques y proteger tanto a los españoles que viven allí como a la población india asentada en el territorio. Martín de Arellano, hijo de uno de esos dragones de cuera que murió tras un ataque comanche, buscará hacerse un hueco entre sus filas para honrar su memoria. A lo largo de las páginas de Comanche, Martín de Arellano, la apache Wasakie y Aolani, princesa de Alaska, nos llevan de su mano para mostrarnos la vida en aquellas tierras, las relaciones entre indios y españoles, las sangrientas y crueles correrías del jefe comanche Cuerno Verde. Pero también viajaremos a las cortes del Virrey de México y la de Madrid, con todas las intrigas entre los partidarios del conde de Aranda y los de Floridablanca bajo el reinado de Carlos III.


Jesús Maeso, con una narración brillante, nos transporta a aquella época fascinante y llena de peligros pero también vibrante y única. Descubriremos hechos olvidados pero que deberían reconocerse como grandes gestas, como la llegada de los españoles a Alaska y California. La fundación de ciudades como San Francisco, la vida en los presidios, el esfuerzo incansable de los dragones por mantener la influencia española a pesar de todas las dificultades. También habrá ocasión para el amor y la pasión aunque no sean tiempos propicios.

Es inmegable la labor de documentación del autor, tanto a nivel histórico como en cuanto a las costumbres y modo de vida de las diferentes tribus indias, sus enfrentamientos y odios y hasta el modo en que se vestían. También las relaciones entre españoles e indios, de la que es buen ejemplo la de Martín y Wasakie, criados juntos desde niños, lo que provoca que ambos entiendan mejor la posición del otro a lo largo de los años. Wasakie fue la única superviviente de su poblado cuando fue masacrado por los comanches y el padre de Martín decidió llevarla a su casa y criarla como a una hija. Fueron muchos los pueblos indios que decidieron pactar con los españoles y vivir en paz, comerciando con ellos y buscando su protección frente a comanches y apaches, mucho más violentos y despiadados.

Si he de poner un "pero" a Comanche, y lo digo con cierta reserva, es cuando la acción se traslada a Madrid, bajo el reinado de Carlos III, monarca empeñado en renovar y mejorar el reino. La época es fascinante y los cambios que se produjeron remodelaron tanto la fisonomía del país como el modo de hacer política, pero dentro de la novela es como si te sacara de situación. Una especie de ruptura algo brusca cuando más metido estás en las aventuras de los dragones  y las correrías de Cuerno Verde. Supongo que la intención del autor era definir aun más el marco histórico y las abismales diferencias entre lo que se vivía en la capital, donde se tomaban las decisiones, con respecto a Nueva España.

La recreación histórica de la época es impecable y muy visual, con descripciones que nos trasladan sin dificultad a los lugares por los que transcurre la acción, y nos va sumergiendo a lo largo de sus páginas en los paisajes americanos, en el honor y la valentía de los dragones españoles, en las sanguinarias incursiones de los comanches que apostaban por no dejar nada vivo a su paso. Conoceremos cómo funcionaban los presidios de frontera que, pese a su nombre, no eran cárceles sino fortificaciones militares españolas para el acuartelamiento de tropas y que sirvieron como baluartes de defensa y de amparo.

Aunque novelados, los hechos más importantes que se narran en Comanche sucedieron así, solo que hemos preferido olvidarlos. La presencia española en lo que ahora es Estados Unidos, alcanzando horizontes impensables teniendo en cuenta los pocos efectivos con los que se contaba y los muchos obstáculos que tuvieron que sortear, fue un hito que es necesario reconocer y admirar. Como es necesario rendir homenaje a quienes lo hicieron posible y favorecieron la negociación con los pueblos indígenas como Juan Bautista de Anza, fundador de San Francisco, que firmó con los principales pueblos indios, al mando del gran jefe Ecuerapaca, la Paz de Anza, un pacto de concordia que se mantuvo vigente más de un siglo y que jamás volvió a repetirse.

Por cosas como esta merece la pena leer Comanche pero también para disfrutar de una novela con todos los ingredientes para revivir una época apasionante. Aventuras, acción, amor e historia convierten a Comanche en una gran elección para los lectores amantes de la novela histórica en la que, además, encontramos en ella motivos para la curiosidad y para querer saber más. Y eso, creo, es todo un regalo.

"Cuenta lo que fuimos", le dice Sebastián Copons a Iñigo Balboa en la adaptación al cine de las aventuras del Capitán Alatriste. Aquí Jesús Maeso lo ha contado. Como decía más arriba, no podemos dejar de recordarlo.