miércoles, 10 de agosto de 2016

TODO LO POSIBLE de Carmen Pacheco

Es muy posible que jamás hubiese leído este libro si no hubiese sido por la cortesía de la Editorial Planeta, que me entregó un ejemplar la tarde en que tuvimos la charla bloguera con Eva García Sáenz de Urturi. Volviendo en el tren a casa leí la contraportada y me quedé un poco fría porque no parecía ser, a priori, un texto de esos que me enganchan con ganas desde la portada. Reconozco que el problema lo tengo yo, que a veces soy de ideas preconcebidas muy equivocadas. Así que hice acto de contricción y le busqué hueco entre mis siguientes lecturas con buen ánimo, porque lo único cierto es que nunca se sabe y quizá me encontraba con una novela inesperada de la que enamorarme.

Una vez terminado y con las últimas frases aun fresquitas en la retina, he estado días pensando cómo encarar esta reseña y qué decir en ella. Porque por un lado puedo asegurar que se lee muy bien, que es ágil, entretenida. Perfecta para intercalar, por ejemplo, entre dos lecturas más densas o para estas tardes de calor en que apetece algo más ligero. Pero por otro reconozco que he acabado bastante hartita de su protagonista. Creo que la palabra es irritante. Y a veces muy irritante. Saturada de su protagonista, de sus soliloquios y de la catarata de "casualidades" que jalonan toda la novela y que, en ocasiones, me han enfadado bastante. Pero vayamos despacio y explicándolo con mimo.

LA AUTORA: CARMEN PACHECO


Ante mi falta de datos sobre ella, he buscado en internet y, al ser una mujer muy activa en redes, hay bastantes páginas de las que tirar. Especialmente la suya personal, en la que asegura vivir casi en internet. Nacida en 1980 en Almería, es licenciada en Publicidad y Relaciones Públicas por la Universidad Complutense de Madrid. Trabajó durante años como creativa publicitaria, ha escrito guiones de cómic ("Let's Pacheco. Una semana en familia") y, aparte de la que nos ocupa, ha escrito varios libros para niños como "La verdad sobre la vieja Carola", habiendo sido finalista en dos ocasiones el Premio Barco de Vapor. Orientada a un público más adulto, aunque con la etiqueta también de juvenil, ha escrito "En el corazón del sueño". Tiene un blog, escribe artículos y participa en todas las redes sociales.

LA SOMBRA DE PATRICIA KING


Blanca Cruz es una autora de libros de temática vampírica-nórdica que le han reportado una gran fama pero ante los que ella no está demasiado contenta. Las críticas no han sido nunca buenas, a pesar de que se venden por miles y tiene legiones de seguidores. Además sus editores están tomando decisiones acerca de ellos que a Blanca no le gustan y, para colmo, su cuarta novela no arranca. Se enfrenta al síndrome de la página en blanco, está bloqueada.

En su vida personal, Blanca está convencida de que su novio Carlos, con quien vive, la engaña con una compañera de trabajo y eso la sume en muchas inseguridades más. Buscando información para la novela que no termina de cuajar, encuentra la foto de la autora Patricia King, una mujer de la que hay pocos datos y que escribió sólo tres novelas de misterio. Gracias a un foro localiza varias cartas que Patricia envió a su hermana antes de desaparecer misteriosamente del barco en el que viajaba y empieza a obsesionarse con averiguar qué fue de ella. Para ello no dudará en lanzarse al otro lado del Atlántico para intentar saber qué fue de Patricia King.

EL REINO DE LAS CASUALIDADES


No me ha convencido la novela, tengo que confesarlo. Es verdad que es, como os decía al principio, ligera, que se lee rápido y bien (a mí me duró apenas dos ratos, y no exagero) y que no nos complica la vida. Pero hay algo, desde el inicio, que me hacía fruncir el ceño. Primero, el personaje principal, Blanca, que a veces me daban ganas de perdirle que se callara. Y después las constantes casualidades que van configurando el argumento y que, en ocasiones, parecen traídas por los pelos para cuadrar en lo que la autora nos quiere contar.

Escrito en primera persona por la propia Blanca, asistimos a su vida pero desde su único y exclusivo punto de vista. Blanca es una persona llena de inseguridades que ha acabado por detestar lo que escribe y hasta por detestar su propia vida, sobre todo a raíz de sus sospechas de que su novio la engaña. Carlos, divorciado y con un hijo, Gonzalo, lleva una temporada larga ausente y serio y Blanca retrasa una y otra vez el momento de hablar con él. No sólo por lo doloroso que puede resultar sino porque le da "mucha pereza" tener que empezar de nuevo su vida de soltera, buscar piso y demás.

Blanca no es un personaje carismático de los que te enamoras o empatizas, más bien me ha hecho acabar muy cansada de ella. Son constantes sus soliloquios tratando de explicarse y explicar sus circunstancias, conversaciones consigo misma que chirrían constantemente porque muchas de sus reacciones también lo hacen. Igualmente cuando mantiene conversaciones con amigos o conocidos, responde a preguntas con una largueza y retórica agotadoras, incluso cuando va pasada de copas. Me ha dado la sensación, en ocasiones, de que a Blanca le gusta mucho oirse. O eso o trata de llenar los huecos hablando sin parar.

Hay párrafos que se me han llegado a hacer eternos. Es verdad que en general están bien escritos pero el modo en que discurren los pensamientos de Blanca puede resultar extenuante. Se regodea constantemente en su mala suerte, en lo negativo, en lo que no puede o no sabe hacer. Se queja por todo pero no pone soluciones, es bastante neurótica, saca conclusiones erróneas y precipitadas y, en ocasiones, tiene salidas de tono poco afortunadas. Escrito de otro modo quizá hubiera podido resultar gracioso en su conjunto, pero no lo es. El resultado final es bastante cargante. Tampoco es agradecida: le molesta incluso que la reconozcan y le pidan autógrafos o fotografías. No, definitivamente no me cae bien.

Las casualidades son una constante que también acaban por hacerse un poco agotadoras. Cierto es que un escritor, al crear un argumento, puede usar todas las "trampas" que quiera para que las cosas cuadren. Pero en el caso de "Todo es posible" abusa de esas casualidades hasta centrarse en ellas casi en exclusiva. Casualidad es, en las primeras páginas, el modo en que Blanca y su hermana Laia encuentran la figura de un ángel en un cementerio. Casualidad cómo se topa con la foto de Patricia King. Casualidad que siga conservando una tarjeta de una biblioteca mucho tiempo después de no usarla. Puedo entender el recurso del foro de internet con el señor que habla de las cartas de Patricia King y que quiere venderlas, pero el recurso que usa Blanca para hacerse con ellas es, cuando menos, curioso. Por decirlo de una manera suave.

Casualidad que en el vuelo a Guatemala encuentre a Roca, otro autor de éxito, exnovio de Jana, una gran amiga de Blanca. Y desde ahí el cúmulo de azares a su favor se multiplica de forma exponencial. Tampoco me convence el tratamiento al resto de personajes. En general están poco perfilados. Laia, la hermana mayor de Blanca, que le da consejos pero a veces no parece conocerla en absoluto y que desaparece por completo de la narración a partir de la mitad del libro. Carlos, el novio de Blanca, que apenas es un esbozo y que se nos presenta siempre agobiado o muy serio. Jana, la amiga triunfadora, que sí se nos dice que es muy bella pero desgraciada en su vida personal, aunque lo cubre ligando con quien se pone por delante. Roca, con ese cierto aire mefistofélico irresistible, que siempre quiere tener razón y que acaba por tener un protagonismo inesperado... por casualidad.

El ambiente literario y editorial en el que se mueve Blanca no es que sea estereotipado, es que parece de cartón piedra. No hace mucho, cuando entrevisté a Pere Cervantes para mi reseña de "La mirada de Chapman", le preguntaba si de verdad su visión del mundo editorial y de los certámenes de novela negra era tan descarnada como la que él presentaba en su libro. Me contestó, poco más o menos, que era pura literatura, invención de autor, necesidad de crear un escenario. Los editores de Blanca parecen personajes de cómic, al estilo de los Hernández y Fernández de los libros de mi idolatrado Tintín, y a ella más parece preocuparle si están liados entre ellos que el trabajo que realizan. Todo ese mundillo aparece dibujado casi como una película de Almodóvar: excesivo, estridente, superficial. Al menos esa es la imagen que Blanca nos deja y aquí de nuevo tenemos su absoluta subjetividad.

La historia de Patricia King sí tiene su punto de interés. Las cartas que Blanca consigue no aclaran su misteriosa desaparición, pero nos muestran a una mujer que ha saltado en una huída hacia adelante huyendo de una vida que no le gusta ni le llena. Patricia King tiene ciertos paralelismos con Blanca: también a ella sus editores la presionan para que escriba una cuarta novela y ella no termina de estar convencida. Y tiene una hermana a la que quiere, pero que parece más pragmática que ella, ante la que quiere justificar sus actos. Un poco también como lo que hace Blanca con Laia. Quizá es lo mejor de la novela aunque personalmente no me ha terminado de gustar cómo está resuelto al final, pero os dejo a vosotros que juzguéis este extremo cuando lo leáis.

Carmen Pacheco, insisto, no escribe mal. Hay pasajes en los que se destila, aunque peculiar, cierta poesía. La trama está hilada y acabada, aunque a mí no me guste el modo en que lo ha hecho, y ha conseguido un libro ligero que se lee con facilidad y que mantiene cierto interés. Pero se olvida tan pronto como se acaba, no es de los que dejan huella. Si el personaje principal hubiese conseguido hacerme reir con sus desdichas creo que la cosa cambiaría mucho, pero no es el caso. Blanca parece"disfrutar" de sus problemas, los hace girar a su alrededor y, aunque asegure que no los quiere, vive en una constante queja. Por eso no cae bien, por eso es imposible sentir simpatía por ella.

¿La recomiendo? Pues según y cómo. Realmente se deja leer y la historia de Patricia King es curiosa. No contiene dramas enormes ni están aseguradas las carcajadas, pero entretiene aunque terminemos discutiendo con Blanca o tengamos deseos de darle el número de un buen psicólogo. Puede servirnos como lectura ligera que nos alivie de otras más intensas. Desde luego leer es siempre un fantástico ejercicio y Carmen Pacheco ha puesto, estoy segura, esfuerzo y cariño en su libro. Pero para gustos están los colores y, aunque personalmente "Todo lo posible" se me queda en la gama de grises, estoy segura de que habrá muchos lectores que la disfruten. Me quedo con eso.




martes, 2 de agosto de 2016

LA MANIOBRA DE LA TORTUGA de Benito Olmo

Alguna vez he comentado que suelo escaparme de aquellos libros de los que todo el mundo habla y habla bien. No porque los considere menos ni porque crea que no me van a gustar, sino porque prefiero poner distancia respecto a ellos para, cuando el volumen de reseñas baja y las notas elogiosas se reducen, cogerlos con cierto mimo (vienen los pobres a veces muy "trabajados" con tanto trasiego), evitar contaminarme de lo que se ha dicho de ellos y mirarlos con ojos nuevos. Con "La maniobra de la tortuga" me ha pasado un poco esto. He llegado a leerla sabiendo apenas cuatro datos del argumento, cosa extraordinaria si atendemos al ingente número de alabanzas que había recibido. Sufro sin leerlos, sí, pero no quiero que me condicionen. Sin embargo le tenía ganas. No sólo porque la novela negra y policiaca sea uno de mis géneros favoritos, sino porque el hecho de estar ambientada en Cádiz me llamaba mucho la atención. Es una ciudad que me enamoró cuando la conocí, a pesar de esa perezosa decadencia que parece deslizarse por sus esquinas. 

Por suerte suele ser cada vez más habitual en el panorama literario llevar la acción a ciudades que habitualmente no han sido protagonistas. Y es que, creo haberlo dicho en otras ocasiones, la maldad no campa sólo a sus anchas en las grandes urbes, sino que ciudades más pequeñas pueden albergar crímenes terribles. Tengo la teoría de que los odios enconados en ambientes más reducidos dan para una enciclopedia del crimen, que los pueblitos más tranquilos pueden esconder psicópatas y asesinos despiadados. ¿Importa, en el caso de esta novela, el paisaje en el que se desarrolla? Definitivamente sí. Una ciudad pequeña permite investigaciones como la que llevará a cabo Manuel Bianquetti y personajes concretos, sobre todo en lo que se refiere a las familias con dinero y a su influencia, a veces omnipresente en muchos niveles.

EL AUTOR: BENITO OLMO

Nacido en Cádiz en 1980, proviene de una familia en la que la música siempre ha estado muy presente. El propio Benito tocó el violín en la Orquesta del Conservatorio Manuel de Falla de Cádiz y desde pequeño gustaba de escribir relatos y cómics. Vivió una larga temporada en Granada y ha trabajado como corrector, editor y columnista de varios medios como la revista "Fiat Lux" y el portal literario "¡A los libros!". Antes de esta novela escribió "Caraballo" en 2007 y "Mil cosas que no te dije antes de perderte" en 2011, las dos con muy buenas críticas y con un gran número de lectores.

MANUEL NO CREE EN LAS CASUALIDADES


Manuel Bianquetti, el que fuera un brillante y eficaz policía en Madrid, sufre y rumia su oscuro nuevo destino en Cádiz, en un puesto meramente administrativo que no le permite realizar el trabajo que mejor sabe hacer: investigar. Un hecho de su pasado reciente hizo que sus superiores le enviasen a los sótanos de una comisaría gaditana y pasa sus días casi exclusivamente dando vueltas por la ciudad, con el coche más desvencijado del parque móvil disponible.

Sin embargo el cruel asesinato de Clara Vidal, una jovencita de 16 años violada, golpeada y estrangulada le hace despertar de su letargo. Del intempestivo e irregular interrogatorio que hace a su novio, recién detenido, saca la conclusión de que el chico no tiene nada que ver, por mucho que sus superiores y Silva, el encargado de la investigación, insistan. A pesar de que sabe que está fuera del caso y de que en la comisaría no quieren saber nada de él, Manuel decide indagar por su cuenta. Tiene tiempo y nadie le presta atención, así que empieza a moverse.

Paso a paso irá juntando las piezas de un puzle que esconde una imagen mucho más complicada que la que parece evidente. Todo se va volviendo más turbio, más malsano y retorcido de lo que a priori podía pasar por un crimen pasional. Manuel se irá metiendo, cada vez más, dentro de un caso complicado en el que nada es lo que parece.

Paralelamente, conoceremos a Cristina, una mujer víctima de violencia de género que se encuentra bajo la protección del Instituto Andaluz de la Mujer en un piso de un barrio de Puerto Real, localidad cercana a Cádiz. Su historia, llena de miedos y de huídas, acabará cruzándose con la de Manuel de forma inesperada.

TODO EMPEZÓ CON LA MUERTE DE UNA CHICA


Si hay alguien peculiar en esta novela es su protagonista, Manuel Bianquetti. No sólo por su físico: muy alto, grandote, más bien feo y algo desgarbado, sino porque Benito Olmo pone en él el espíritu de los policías y detectives más "clásicos": bebe de más, fuma mucho (incluso en lugares que no está permitido porque lo de la ley antitabaco le parece una estupidez), se encuentra solo y se mueve al margen de la policía aunque forme parte de ella. Sus métodos no son demasiado ortodoxos y ello le lleva a crearse más problemas de los que ya tiene, incluso al extremo de arriesgar su integridad física. 

Al conocer lo sucedido con Clara Vidal y desconfiar por completo de la presunta culpabilidad del novio de la víctima, Freddy Guzmán, Bianquetti toma la decisión de empezar a rastrear por su cuenta. Los encontronazos con Silva, al frente de la investigación, van a ser constantes pero el instinto de Manuel le dice que hay algo más tras el asesinato de Clara, que algo se les escapa. Ese olfato de policía veterano, acostumbrado a tratar con casos complejos en Madrid, le hace moverse por las calles de Cádiz buscando respuestas:  entre los amigos de la chica, su familia, la Zona Franca del puerto, en la que apareció el cadáver... Y algo huele mal. Algo que ya estaba ahí pero no había salido a la luz.

La historia de Cristina es la historia mil veces contada, por desgracia, y mil veces dolorosa. Años de palizas, de hospitales, de negar la evidencia hasta que alguien le hizo abrir los ojos a una realidad terrible. Ahora, vigilada y con una nueva vida lejos de lo que había sido su día a día, trata de levantar la cabeza y volver a creer en ella misma. Entiendo que el papel de Pilar, la terapeuta que lleva su caso, sea la de protegerla pero hay actitudes en ella que no me gustan. Obviamente ella es la que tiene que ser la "mala" que abra los ojos a Cristina, pero, en mi opinión, en ocasiones se pasa y en otras se queda corta. 

El paisaje de Cádiz está esbozado, perfilado a grandes rasgos, porque Olmo no entra en descripciones detalladas. Sí nos llega la humedad de la ciudad, los amaneceres de invierno, los atardeceres tempranos, algunos esbozos de zonas concretas. También la soledad de Manuel, reflejada hasta en su apartamento, nos llega fría y resignada y aunque intente de revestirse de dureza, su fondo es tierno, incluso cálido, aunque pocas veces lo manifieste. El modo en que ha muerto Clara le indigna y lo que va averiguando le irrita cada vez más. Lo que le llevó a Cádiz como castigo se deja entrever en los primeros capítulos pero tendremos que esperar hasta bien avanzada la novela para conocer todos los detalles. Bianquetti cae bien al lector aunque a veces se pase, aunque sea duro, aunque se salte a la torera la legalidad. Carisma se le llama a eso y es una alegría encontrarlo.

"La maniobra de la tortuga" no es sólo una novela con un crimen y una investigación policial poco usual, también es una historia de segundas oportunidades para quienes creen que ya no las tendrán. Una historia que contiene, en cierto modo, una suerte de redención para Bianquetti. También la oscura soberbia económica que se considera intocable, la venganza y hasta la justicia que llega tarde, pero llega, para quien se cree impune. Mantiene el ritmo sin pausa desde el inicio, que ya nos describe una escena poderosa, entrelazando de cuando en cuando las vivencias de Cristina con la que es muy fácil empatizar y sentir, como ella, el miedo, la esperanza, la angustia, el insomnio, las lágrimas tragadas, el cuerpo curado pero roto por dentro, la ternura que aun guarda y que los golpes no han arruinado. Un personaje que quieres que tenga suerte, que sea feliz.  

¿Algún pero? He de confesar que aquí es donde me sale la vena legalista tiquismiquis y pido disculpas a Benito Olmo de antemano porque a lo mejor su intención era que las cosas fueran así, sin más. Pero hay tres detalles en concreto que me han chirriado. El primero es el que se refiere al teléfono del abogado Jaime Pellicer, del que se dice que se trataba "de un teléfono prepago, lo que lo convertía en anónimo e ilocalizable". En España eso ya no es posible desde el 2009, cuando entró en vigor la ley que obliga a identificar a todos los compradores de tarjetas prepago, ley provocada por el horror de los atentados del 11-M. Es posible que quizá el móvil de Pellicer lo hubiese comprado otra persona. O que ya estuviese dado de baja. Pero desecharlo sin más por ese motivo me hizo torcer un poco el gesto, porque hubiese sido un hilo más del que tirar y además no es cierto. También me sucedió con la escena en que Bianquetti le roba el coche a uno de los sospechosos después de usar la fuerza y delante de testigos. Su excusa de que podría contener pruebas del asesinato de Clara no se sostiene. Sabrán que ha sido él. No hay orden judicial. Las pruebas jamás serían aceptadas por el juez instructor. El tercer detalle es referido al asunto que llevó a Manuel a Cádiz, pero prefiero guardármelo para no desvelar esa parte que, creo, es muy significativa.

El regalo adicional de la novela es un prólogo de César Pérez Gellida, cargado de humor y buenos deseos. Qué maravillosa coincidencia que fuese la propia editorial la que me entregase un ejemplar de "La maniobra de la tortuga" justo el día en que acudí a la sede de Suma para un encuentro bloguero con César. Una feliz cuadratura del círculo.

Pero lo cierto es que estos elementos no empañan en absoluto un argumento perfectamente hilado, en el que no queda ningún cabo suelto y que, incluso, nos hace sentir cierto escalofrío por la maldad que algunos seres humanos son capaces de desarrollar y el cinismo de quien los encubre. Benito Olmo ha tejido una trama que mantiene la tensión en todo momento y que es absolutamente creíble. Caminando al lado de Manuel Bianquetti nos convertiremos en testigos de excepción de cómo va encajando todas las piezas y de cada giro de su pensamiento. A veces hasta nos darán ganas de adoptarlo. Es un personaje que puede tener un largo recorrido y al que le auguro un futuro estupendo si el autor nos lo vuelve a traer. Los hados y las editoriales disponen, claro. Pero por lectores no será.






lunes, 25 de julio de 2016

OBSCENA. TRECE RELATOS PORNOCRIMINALES. Varios Autores.

A la hora de elegir lecturas lo cierto es que soy bastante ecléctica. No tengo géneros vedados (quizá la novela romantica "per se" me repele un poco) y voy cambiando constantemente. Hay autores a los que profeso una fidelidad casi perruna desde que por primera vez un libro suyo llegó a mis manos. A otros los voy descubriendo, tanto para bien como para mal. Algunos me llegan casi rebotando desde esquinas exteriores hasta que me golpean de algún modo para que me fije en ellos. Con Juan Ramón Biedma me ha pasado un poco de todo eso: primero porque le conocí a través de otro autor que cuenta con mi lealtad absoluta, Félix G. Modroño; después porque lo que iba leyendo de él me fascinaba y, finalmente, porque me he convertido en una de sus muchos devotos seguidores. En este libro, Juan Ramón se ha encargado de recopilar los relatos y de escribir el prólogo, además de incluir también una personalísima narración. Con cuentagotas nos fue llegando la información de lo que iba a ser el resultado final, dejándonos siempre con la miel en los labios, hasta que en los primeros días del pasado junio el libro fue una realidad gracias a la Editorial Alrevés.

Supongo que es complicado y también arriesgado hacer una antología en la que la pornografía está presente de modo principal aunque sea dentro de relatos policiacos, negros, con crímenes. Pero sobre todo es valiente. Quizá porque la pornografía se sigue viendo como algo marginal que engloba en su seno prácticas y gustos, en muchos casos, no demasiado agradables para el común de los mortales. Cierto es que en los últimos tiempos la línea entre erotismo y pornografía cada vez es más fina y hay bastantes novelas que se califican de eróticas que incluyen, por ejemplo, prácticas sadomasoquistas, sexo más duro de lo habitual o introducen objetos y "juguetes", fetiches o dominación. El mercado del sexo y la pornografía está vivo y, como dice una buena amiga mía, goza de bastante buena salud, pero siempre fuera de los circuitos habituales de cine y literatura. Como una especie de barrio marginal que todos conocen pero que, en general, se mira de reojo. 

En el prólogo, Juan Ramón Biedma nos deja la definición de literatura pornográfica del antropólogo Geoffrey Gorer: se trata de "una literatura alucinatoria porque su fin es que el lector experimente las mismas sensaciones físicas y emotivas que se describen en sus páginas, tal y como ocurre con las historias de terror o misterio". También Biedma se muestra optimista respecto a la evolución de la pornografía dentro de la novela negra, huyendo de clichés y con más atrevimiento y osadía que hasta hace poco tiempo. Como todo, esto contará con adhesiones inquebrantables y con detractores feroces, pero creo que la polémica también puede ser enriquecedora. Obviamente, no hay ni habrá obligación de leer lo que no nos guste o nos resulte desagradable y ahí está, como siempre, nuestro libre albedrío.


Si nos fiamos de la RAE, la diferencia entre erotismo y ponografía es bastante clara: mientras que en la definición de erotismo aparece la palabra "amor", como amor físico y amor sexual, la pornografía es la "presentación abierta y cruda del sexo que busca producir excitación". Curiosamente también dice de ella que puede ser un "tratado acerca de la prostitución", al igual que una de las acepciones de pornógrafo es "el que escribe acerca de la prostitución", y es algo que me ha dejado bastante descolocada, aunque tiene su razón de ser si entendemos que en los ambientes de prostitución es dónde, históricamente, se han dado los comportamientos más "irregulares". Aunque para gustos están los colores, claro. Cualquier práctica consentida por ambas partes (o por el número de partes que sea) es libre. Lo que no, entra en el ámbito del delito y lo punible.

Qué difícil es escribir erotismo sin traspasar esa línea. Hace tiempo, al menos una vez al año, participaba en el certamen de relatos eróticos que se organizaba en una conocida página de opiniones. Y qué cuesta arriba se me hacía. Pudores y miedos siempre estaban ahí y nunca conseguí un resultado medianamente bueno. Por eso admiro a quienes dejan todo eso de lado y ponen negro sobre blanco deseos, pulsiones, gustos y escenas que, incluso, pueden sacar los colores a quien los lee o sacudirle de algún modo. Que es posible que no guste a todos, por supuesto. Que puede que haya quien se considere ofendido o se tape la cara con cierta mojigatería. Pero insisto: nadie obliga a leer. Y, por supuesto, quien lee tiene todo el derecho a criticar, siempre y cuando lo haga con criterio y no cayendo en el auto de fe. 

LOS RELATOS Y LOS AUTORES


Esta antología está compuesta por trece relatos, como indica su título. Trece relatos muy diferentes, no sólo en cuanto a longitud, sino sobre todo en estilo. La temática está clara: son narraciones negras, algunas muy oscuras, en las que la pornografía y el sexo están muy presentes hasta enseñorearse de ellos. Son también trece autores reconocidos, con un amplio bagaje literario a sus espaldas, y que se han lanzado a la piscina con valentía. Estos son:

- "La noche de Valentín" de Carlos Salem
- "Hardcore" de Carlos Zanón
- "Maldigo el gallo que anuncia el alba" de David Llorente
- "Marcia y Marcial, pasión sin límites" de Empar Fernández
- "Sandalias amarillas de tacón de aguja" de Fernando Marías
- "Catedral" de Guillermo Orsi
- "Desmadre" de José Carlos Somoza
- "Nieve a punto de Clara" de Juan Ramón Biedma
- "Fábrica de carne" de Manuel Barea
- "Cuidados intensivos" de Marcelo Luján
- "Un sabor muy familiar" de Marta Robles
- "Sangre callada" de Montero Glez
- "El amante de Shanghái" de Susana Hernández

TRASPASANDO FRONTERAS


Como os decía antes, cada uno de los relatos es completamente independiente y diferente a los demás. Van desde los planteamientos futuristas hasta el humor negro; desde la grabación de una "snuff movie" hasta la necrofilia; desde el porno más "sucio" al fetichismo. Incluso en alguno hay cabida para frases más líricas y sentimientos intensos, aunque peculiares. Algo desviados quizá. Como toda antología que se precie, hay relatos que me han gustado más que otros. Alguno hay que me ha desorientado por completo y que no he alcanzado a entender con claridad meridiana. Debo reconocer que, quizá por el hecho de ser mujer, me han gustado más los escritos por ellas y, a riesgo de teorizar mucho, me ha parecido que hay en ellos más proximidad, más cercanía, más vísceras en los sentimientos de los personajes. Incluso amor, aunque sea mal entendido. Sí, lo sé, caigo en el tópico femenino. Ese que dice que cuando vemos una película porno lo hacemos hasta el final para ver si se casan. Nunca he llegado a eso, pero quizá las mujeres, pudiendo desear y practicar lo que nos plazca con quien nos plazca, solemos tener siempre ese matiz que no sé si debería decir sentimental. Puede que sí afectivo, aunque sea en pequeñas dosis.

Otros me han dejado un regusto más amargo, la sensación de estar viendo algo que no debería ver. Pero ahí está, de nuevo, el tema de los gustos. Lo que para mí ha podido ser desagradable otro lo encontrará apasionante. Sin embargo, sea como sea, lo importante, creo, es el modo en que los trece autores han sabido sumergirse en un mundo que es posible que no sea el suyo y han salido airosos con trece relatos que, como poco, sorprenden. ¿Que no son relatos para todos los públicos? Cierto. Es muy posible que haya un un buen número de lectores que no se sientan cómodos al leerlos, que los consideren soeces o excesivamente gráficos y directos. Teniendo en cuenta que hay quien se siente agredido por una escena sexual explícita en una novela de las consideradas "normales", no quiero ni pensar lo que les puede pasar si caen entre las páginas de esta antología. Confío en que no se organicen ordalías frente a las catedrales.

Al margen de que haya relatos con los que no haya conectado, en general debo decir que es una antología brillante en la que cada uno de los autores ha dejado su impronta y su carácter. Que no se han conformado con los estereotipos más comunes de la pornografía y se han dejado llevar, quizá por filias y fobias, para componer cuadros y situaciones únicas y personales. ¿Cómo una simples sandalias de tacón alto pueden cambiar por completo dos vidas? ¿Por qué el rodaje de una película porno puede derivar en algo terrible? ¿Pueden las lentejas convertirse en un fetiche sexual? ¿Hay un realismo mágico pornográfico? 

Si hay un pero genérico que pueda ponerle (y es un pero muy subjetivo y propio) es que en general las mujeres que se dibujan son más o menos atractivas. Algunas mucho. Practicamente todas llaman la atención o son abiertamente deseables. Pero, también en general, la mayoría de los hombres son mayores, calvos, pasados de peso o con características físicas poco atrayentes. Y eso no me acaba de convencer. ¿Acaso una mujer de cierta edad, con kilos de más o poco atractiva no tiene derecho a ser protagonista? No voy a caer en la generalización de que la pornografía, mayoritariamente, está hecha por hombres para hombres. Que también. Pero si los protagonistas másculinos pueden ser muy normales debería ser igual para las protagonistas femeninas. Como digo, esta es una consideración muy personal pero que quería hacer constar.

Las respuestas a estas preguntas y a muchas otras están en "Obscena. Trece relatos pornocriminales". Las tenéis al alcance de la mano. Pero debeís estar preparados, porque no es un libro para todos los públicos, aunque esté cargado de buenos relatos y, en ocasiones, un socarrón sentido del humor. Si os animáis con su lectura, que recomiendo, seguro que encontraréis relatos que os lleguen y os impacten. Pero por favor, no lleguéis a él pensando que os vais a encontrar cuentos con finales felices, con hombres fabulosos y mujeres de bandera dando rienda suelta a pasiones carnales sin tasa. Bajaréis a los sótanos del sexo. Y eso también tiene su punto.








lunes, 18 de julio de 2016

CARTAS DE AMOR DESPUÉS DEL ECOCIDIO de Marcelo García (CON ENTREVISTA FINAL AL AUTOR)

Conocí a Marcelo gracias a mi amigo Juan Andrés Moya, magnífico escritor y mejor persona, a quien la vida me ha puesto en el camino como una luz muy brillante. Juan Andrés había quedado finalista en los Premios Vuela la Cometa, de Arola Editors, y fue el primero que me habló del ganador, Marcelo García, explicándome lo gran tipo que era y el talento que atesoraba. Porteriormente gracias a Arola, que me facilitó enormemente el acceso a los libros ganadores, y a la presentación que se hizo en Madrid (además de los dos días que estuvieron firmando ejemplares en la Feria del Libro) pude por fin conocerle y disfrutar de ratos de charla muy interesantes que me descubrieron no sólo al Marcelo escritor sino al Marcelo entusiasta, brillante y con sentido del humor que es realmente.

El título de la novela con la que ganó el Premio Vuela la Cometa no deja de ser curioso. Incluso chocante. Es un texto distinto, con un estilo muy peculiar que toca temas que hoy procupan pero que, no tardando mucho, pueden suponer el final de muchas cosas. También es una llamada a un amor que fue y que quizá ya no esté, un amor físico y real pero que ahora parece perderse en el aire. Escrito en forma epistolar pero sin sus fronteras, "Cartas de amor después del ecocidio" es una novela que rompe con los cánones habituales. Sí, es una distopía, pero el futuro que nos narra no parece tan lejano, aunque eso puede echar para atrás a quienes no gustan de ese estilo. Confieso que a mí, personalmente y salvando gloriosas excepciones, no es un género que me apasione, aunque Asimov siempre me ha fascinado. Sin embargo me he encontrado con una auténtica sorpresa. Con una novela que se lee de maravilla y en la que no hay nada que no pueda ser una verdad demoledora si las cosas siguen como hasta ahora.

El jurado del Premio Vuela la Cometa destacó de esta novela "la peculiar estructura epistolar de unas cartas que parecieran dirigidas a un espacio vacío, sin esperanza de respuesta, creando así un ambiente opresivo no exento de realismo y, a la vez, de poesía"

EL AUTOR: MARCELO GARCÍA


(Adjunto los datos biográficos que él mismo me ha facilitado)

Marcelo García (Oviedo, 1979) es Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Oviedo, profesor de Lengua y Literatura y Máster en Edición por el IPECC y la Universidad de Alcalá.

No empezó a escribir hasta el 2006 pero, desde entonces, alterna el periodismo cultural y los escritos teóricos sobre la estética posmoderna con obras de narrativa: El efecto mariposa en los tiempos del wolframio, El Culto, Instrucciones psicóticas para no seguir en épocas de crisis (Premio Letras de Novela Corta 2009), Dorian Gray 2.0 y Reconstruyendo la partida (Premio Asturias Joven de Narrativa 2013)

Su última novela, Cartas de amor después del ecocidio, resultó ganadora de la I Edición del premio Vuela La Cometa.

EL VENENO ES LA DOSIS

 

El cambio climático ha llegado mucho antes de lo que se esperaba. Estaba previsto, sí, pero ni tan rápido ni tan devastador. Catástrofe tras catástrofe, el mundo, los países, los seres humanos tratan de adaptarse a una situación que es mortal en si misma. Ya no hay naciones tal como las entendemos. Ni tampoco la sociedad ha sido capaz de mantenerse. Lo que queda es un mero espejismo de convencionalismos y costumbres adaptadas a lo que queda. El poder lo ostenta ahora la Organización Mundial de la Salud y el Comercio que se encarga de mantener una calma aparente mientras las personas se arremolinan en los grandes centros comerciales, alejados de una luz solar que mata sin remedio y del calor axfisiante que impide vivir durante el día.

Demo vuelve a la ciudad que le vio nacer. No sólo va en busca de recuerdos, sino en busca de una mujer a la que amó y a la que no puede olvidar. Pero el cuerpo de Demo está inoculado de un virus contagioso y mortal, dispuesto a acabar con el mayor número de personas posible. Él lo sabe, es consciente de ello porque su misión es, precisamente, ésa: matar. Titus, un lider eco-terrorista, se lo ha encargado y le ha inoculado el virus. Y Demo cumple con la tarea. A veces de forma algo caótica, pero lo va extendiendo por cada bar, esquina o comercio que visita. Mientras tanto va escribiendo cartas a su antiguo amor, contándole cada paso que da, cada duda, cada detalle aprendido bajo el ala de Titus. No sabe si alguna vez ella las leerá pero Demo las escribe, aunque ya no haya futuro.

"SOMOS LA CULTURA QUE GRITABA QUE VIENE EL LOBO"


Os decía al principio que las distopías no son mi género favorito. Las he leído maravillosas, como la colosal "La carretera" de Cormac MacCarthy o los fantásticos relatos de Isaac Asimov, pero si me dan a elegir prefiero otros. Por eso cuando tuve entre mis manos este libro me quedé un poco descolocada: primero por el título y después por el breve resumen que aparece en la contraportada. El término "ecocidio" es tan nuevo que hasta me chirriaba un poco pero es que, en esta novela, no puede expresarse de otro modo. El neologismo hace referencia a cualquier daño masivo o destrucción ambiental de tal magnitud en un territorio que ponga en peligro la vida de los habitantes de esa zona, aunque en el libro el ecocidio no está restringido: es practicamente global excepto en lugares geográficos muy concretos, una suerte de "reservas" que no se sabe bien si conseguirán preservarse.

Desde el primer momento llama la atención que la numeración de las páginas vaya al contrario, de mayor a menor, como si se tratase de una cuenta atrás hacia el último desastre, hacia un final que se intuye. Dividido en cuatro partes (Titus, Demo, León y Gaia) asistimos al devenir de Demo desde que empieza a escribir cartas a su antiguo amor. La primera está escrita un 14 de febrero. En las primeras misivas narrará parte de su adiestramiento en un grupo eco-terrorista liderado por Titus, una especie de gurú convencido de su posesión de la verdad, y que somete a los suyos con mantras sobre el peligro que la raza humana supone para la tierra. Viendo cómo está en ese momento sólo podemos darle la razón, pero Titus nunca pasará por ser un personaje simpático. Más bien el contrario, resulta odioso y a veces hasta aterrador porque no tiene escrúpulos para acabar con los supervivientes de los muchos cataclismos acaecidos. Titus es un protagonista en elipsis: está constantemente presente pero sólo a través de sus frases, de sus proclamas, de sus enseñanzas que Demo suele repetir como mantras.


Demo vuelve a su ciudad natal con una misión muy clara: provocar una pandemia devastadora gracias al virus que llena dentro de si mismo. Basta un beso, una tos, un estornudo para que se propague y mate con gran rapidez. Demo es un hombre peculiar. Ha escondido el amor que aun siente, es adicto a una droga de nueva generación, bebe de más y, en cuanto puede, come fruta fresca, algo muy extraño y sospechoso en esa nueva sociedad desolada. No tiene problemas para compartir cama con mujeres que acaba de conocer... pero para ellas será su última cama y su última noche.

La tierra es ahora un mundo abrasado por el sol en la que el melanoma es una enfermedad normal. El calor durante el día es insoportable, hay que permanecer a la sombra o dentro de las casas o bien al amparo del aire acondicionado de los grandes centros comerciales controlados por el poder. Durante el día todos se esconden de la luz y la mayoría muestra pieles secas, oscuras, arrasadas por el sol. La noche devuelve un poco la actividad y la normalidad, pero siempre bajo el control férreo de los vigilantes.

Demo, en sus cartas, retoma muchos recuerdos de la vida en común con su amor. También de cómo era el mundo antes y cómo ha ido cambiando por culpa de la contaminación, el efecto invernadero, el deshielo de los polos. Hace muchas referencias a Ray Loriga, por quien muestra una clara admiración (como le pasa a Marcelo, lo veremos en la entrevista del final). En muchas de las cartas muestra una clara tristeza por no haber tenido una vida con ella, por haberla perdido. Incluso por no saber si las cartas le llegarán alguna vez, si las leerá. Demo es un asesino. Mata sabiendo lo que hace pero no puedes evitar cierta simpatía por él.

El estilo de Marcelo es directo, ágil, de los que sumergen perfectamente en la acción que cuentan pero en esta novela hay también tiempo para los incisos cuando nos trae las palabras de Titus, escritas en cursiva y con el verbo "dice" siempre presente, como un mesias de quien se repiten las enseñanzas. Cada carta nos va sumergiendo más en el mundo que Demo contempla, en sus miedos, en sus paranoias, en el concepto que tiene de su misión. Es vulnerable a su modo, pero no ceja en el empeño que le ha sido encomendado. Se explica constantemente ante su amada quizá no como una justificación sino por necesidad de contar lo que hace y el porqué. La llegada de otro miembro de la "secta" eco-terrorista, mucho más directo que él, le sumirá en un mar de dudas.

Demo es un arma de destrucción masiva. Él lo asume, es consciente con la certeza del que sabe que lo que hace es por el bien común. O por ese bien común que Titus le ha grabado a fuego. Pero añora muchas cosas. A su modo sabe que no hay futuro y las cartas tratan de aclarar sus razones. En cierto modo está buscando dentro de él lo humano que queda y el amor le sirve de camino.

A medida que la novela avanza y las consecuencias de lo que Demo (y posteriormente León) va haciendo se hacen más patentes, el ritmo también crece. No es fácil intuir el final y ese el otro de sus méritos. La originalidad está presente en cada capítulo, en cada carta. A veces también la soledad y la desesperanza. Porque ¿alguien leerá las cartas de Demo o son su canto del cisne antes del fin definitivo?

ENTREVISTA CON MARCELO GARCÍA


Ante todo, gracias Marcelo por tu generosidad y tu paciencia, por tus sonrisas, por los buenos ratos compartidos que espero que puedan repetirse. Mucha suerte en todo lo que emprendas.


- ¿Cuál es el origen de la historia que cuentas en tu novela? ¿Una inspiración, una idea repentina, alguna información que te impactase?

          Pues podría decirse que el origen fue algo así como de historia de Stephen King… un personaje que de repente cobra vida propia y comienza a actuar por su cuenta. En este caso hablamos de Titus que era un personaje más o menos secundario en una novela anterior (Instrucciones psicóticas para no seguir en épocas de crisis) y que, visto lo visto, se había quedado con muchas cosas por hacer y decir, ya sabes… el “Proyecto Pandemia” y todo eso.


- El futuro que pintas en ella es desolador, algo en lo que coinciden casi todas las novelas que tocan ese tema. ¿Eres de la opinión de que la humanidad no tiene salvación, que todo se va al garete? (yo también lo pienso, que conste)

          Supongo que ese es el rasgo diferencial de las novelas de anticipación o distopías respecto a la ciencia-ficción clásica, es decir, no se trata de imaginar mundos lejanos en el tiempo y/o el espacio sino de proyectar la deriva inmediata del nuestro propio. En este caso el tema central es la destrucción del planeta por la acción de la propia raza humana bajo los efectos de la fiebre capitalista así que, asumiendo las tesis de mis personajes, reformulo la pregunta… ¿de veras nos hemos ganado la salvación?, ¿no es el “garete” el destino lógico que nos merecemos?         


- El constante monólogo interno del protagonista nos muestra a alguien que, con todo perdido, mata sin que se le altere el pulso. ¿Queda algo de humano en él? ¿Lo dibujaste tan despiadado desde el principio o se fue creando a medida que escribías?

          Si te soy sincero, me cuesta ver al narrador a Demo como a alguien despiadado. Todo lo contrario, a veces resulta tan pusilánime que acababa por provocarme ternura. El adjetivo “despiadado” quizás encajaría mejor con León, el personaje que le sirve de contrapunto al protagonista en la segunda parte de la novela. Demo es un mar de dudas, de traumas y de paranoias pero León tiene las cosas claras; ha completado con éxito su proceso de deshumanización y cumple con su misión con la determinación ciega de un autómata o un sonámbulo. No obstante, la pregunta es muy acertada porque precisamente es la búsqueda de redención y de los restos del naufragio de su propia humanidad lo que articula el discurso del narrador y, por extensión, de toda la novela. En el desenlace Demo toma, por fin, una decisión definitiva pero no vamos a caer en el spoiler…


- A pesar del título ¿hay lugar para el amor en una historia como ésta?

          Precisamente, en el poquito tiempo que ha pasado desde la publicación, ese es el tema que más debate y feedbacks está generando. Algo probablemente condicionado por el propio título pero también por la carga de abstracción de un sustantivo como ‘amor’ al que cada cual se acerca según su propia interpretación del concepto. Evidentemente yo tengo la mía (probablemente un tanto disociada) pero, a grandes rasgos, la novela está concebida bajo la estética posmoderna que aboga por la “obra abierta” a múltiples interpretaciones así que prefiero seguir enriqueciéndome con las distintas lecturas sin condicionarlas de antemano con la mía propia.


- Cuando te planteas escribir ¿te marcas un esquema previo que sigues a rajatabla o te permites ir improvisando, cambiando cosas?

          En todos los aspectos de mi vida soy un completo desastre así que la organización, estructuración o esquematización siempre se me ha dado fatal… Cuando encuentro un tema sobre el que me apetece escribir lo único que trato de fijar de antemano es el tono y la perspectiva narrativa, a partir de ahí, tanto la trama como los personajes se van construyendo en tiempo real. Me atrevería a decir que, a menudo, hay mucho de escritura automática de posesión infernal, sobre todo a partir de la quinta o la sexta cerveza… y es bastante habitual encontrarme al día siguiente con cosas que no recuerdo haber escrito.  


- La documentación en esta novela se nota que es detallada y amplia; ¿te supuso un trabajo pormenorizado o fuiste añadiendo datos a medida que los necesitabas?

          Bueno… esta respuesta quizás me redima de la anterior. Las sesiones etílico-nocturnas a papel y tinta en el rincón más oscuro de algún bar sirven para articular el esqueleto de la narración a la que, por supuesto,  posteriormente habrá que dotar de órganos, de piel y de músculos y esa fase de documentación sí que me la suelo tomar muy en serio (por la mañana y con el café bien cargado). El problema con Cartas de amor después del ecocidio es, precisamente, que apenas queda espacio para la “ficción”; todo lo que cuenta ya ha sucedido, está sucediendo o sucederá a medio plazo si no cambiamos la inercia suicida que nos está conduciendo al desastre global. Y no es paranoia…  en el tiempo que ha pasado desde los primeros textos que escribí para la novela, ya he podido ver cómo se van cumpliendo fielmente lo que en aquel momento no eran nada más que proyecciones literarias… Te podría decir que resulta un poco angustioso esto de ser un “visionario” y luego tal vez irían bien unas risas entre corchetes para rebajar el mal rollo y que quede claro que (quizás) estoy bromeando.
  

- ¿Cuáles son tus autores favoritos en este género? ¿y en general? ¿por qué?

          Para mí las dos grandes obras maestras del género distópico son, sin duda, 1984 de George Orwell y Un mundo feliz de Aldous Huxley. No obstante, en lo relativo a la estética literaria propia del género, las influencias más significativas en Cartas de amor después del ecocidio  serían J. G. Ballard y, sobre todo, William Gibson al que considero y ahora utilizo el término completamente en serioun auténtico visionario (el ciberespacio, la realidad virtual o la realidad aumentada ya estaban en sus novelas mucho antes de que Microsoft, Apple o Google se forrasen vendiéndonos todo el asunto). Por último, tampoco puedo dejar de mencionar una novela sin la que, sin duda, la mía no existiría, me refiero a Tokio ya no nos quiere de Ray Loriga; cada vez que recibo una llamada desde un número desconocido me entra un ataque de pánico porque estoy seguro de que serán los abogados de Ray pidiéndome “explicaciones”…    
          Y en cuanto a autores en general… pues digamos que las influencias directas son sobre todo norteamericanas, aunque esto tiene su explicación: yo estudié Filología Hispánica y la carrera me posibilitó el conocimiento en profundidad de la literatura española e hispanoamericana así como la de los clásicos europeos pero, a cambio, tenía enormes lagunas con la literatura anglosajona, especialmente con la más reciente, y eso era, precisamente, lo que estaba leyendo por la época en la que empecé a escribir así que resultaba inevitable que esos autores (Hunter S. Thompson, William S. Burroughs, Bret Easton Ellis, Chuck Palahniuk o Douglas Coupland) fuesen los que acabasen calando a la hora de conformar un estilo… No obstante, a todos esos nombres junkies habría que añadir el de un autor español y, por desgracia, de mi misma generación al que odio visceral y profundamente por su capacidad para plagiar mis mejores ideas cinco minutos antes de que a mí se me ocurran. Se llama Enrique Rubio y es un tipo de lo más peligroso…     

- ¿Estás trabajando actualmente en otra novela? ¿puedes anticiparme algo?
          Sí, claro… no creo en esa leyenda urbana de no poder hablar de los proyectos futuros porque si lo haces se gafan así que, por un lado, tengo bastante avanzada otra distopía (en este caso “tecnoapocalíptica”) y, por otro aunque todavía en pañales, una novela ambientada en el contexto de la “nueva política”. Uno de estos días echaré una moneda al aire para dilucidar por cuál de las dos me decido.

viernes, 8 de julio de 2016

LA VÍSPERA DE CASI TODO de Victor del Árbol

La primera novela que leí de Víctor del Árbol fue "La tristeza del samurai" y me dejó sin palabras. Había escuchado y leído mucho sobre él, sobre su estilo, sus personajes, pero sentirlo en primera persona fue toda una experiencia. Desde entonces me he ido haciendo con todos sus libros y con todos he sufrido lo indecible pero también he disfrutado enormemente, porque es de los pocos autores que consiguen sacudirme el alma con fuerza. Duele, sí, pero casi podría considerarlo un dolor gozoso. Por eso me supuso una enorme alegría saber que había ganado el Premio Nadal con este libro, "La víspera de casi todo" no sólo porque lo consideré muy merecido sino por la simpatía personal que siento por Víctor, siempre generoso y de una amabilidad extrema.

En esta novela encontramos el espíritu del autor en todo su esplendor. Quizá sin la tremenda dureza que destilaban muchos de los pasajes de "Un millón de gotas", pero no es una lectura amable ni autocomplaciente. Para quienes nos gusta su estilo, es un regalo que viene, además, adornado con el lazo del premio, sí, pero eso no cambia nada. Intensa, llena de recovecos por los que se cuela un grupo de personajes rotos y llenos de parches, que no pueden evitar las goteras que les empapan el alma. Obviamente no es una lectura para quienes sólo buscan "literatura de consumo rápido", de la que apenas deja poso y no te obliga a pensar. Leer a Víctor del Árbol obliga a sentir. Y eso es impagable.

EL AUTOR: VÍCTOR DEL ÁRBOL


Barcelonés y nacido en 1968, hizo varios cursos de la carrera de Historia en la Universidad de Barcelona aunque no la terminó. Durante veinte años fue funcionario de la Generalitat de Cataluña y colaboró durante dos con el programa “Catalunya sense barreres” de Radio Estel. En 2006 ganó el Premio Tiflos de Novela con “El peso de los muertos” y en 2008 el Premio Fernando Lara con “El abismo de los sueños”, novela que no ha sido publicada. En 2011 publica “La tristeza del samurái”, con la que alcanza el éxito tanto a nivel nacional como internacional, ya que ha sido traducido a diez idiomas. En Francia fue todo un best seller, aplaudido por la crítica y el público y allí ganó importantes premios como le Prix du Polar Europèen en 2012 a la mejor novela negra europea, le Prix QuercyNoir y el Premio Tormo Negro en 2013.


Ese mismo 2013 publica “Respirar por la herida”, finalista a la mejor novela extranjera en el festival de cine Negro de Beaune, finalista en el II Premio Pata Negra de Salamanca y finalista a la mejor novela negra 2014 que otorga el festival VLNC. Tras su éxito anterior en Francia, esta novela también ha sido traducida al francés y varias editoriales se han hecho con os derechos para su publicación en Australia, Nueva Zelanda, Reino Unido, Estados Unidos, Polonia y Bulgaria. El mayo de 2014 se publica “Un millón de gotas”, que ha ido agotando edición tras edición (incluso tras los meses pasados desde entonces, de eso doy fe) y ya ha sido publicada en Francia. Fue elegida la mejor novela escrita en español en 2014 por la asociación de blogueros España Creatio Club Literario y se le concedió el III Premio Pata Negra Ciudad de Salamanca de 2015.

Además de haber ganado el Premio Nadal con "La víspera de casi todo", este año la Editorial Alrevés ha reeditado su primera novela, "El peso de los muertos" que confío en traer este blog en breve.


"LOS SUEÑOS SÓLO SIRVEN PARA DESPERTAR DE ELLOS"



En La Coruña, el inspector Germinal Ibarra recibe una llamada: una mujer ha sido ingresada en el hospital después de recibir una terrible paliza. Pero lo más sorprendente es que ha preguntado por él. Ibarra no acierta a saber de quién se trata, pero acude para averiguar qué ha pasado. Ese mismo día, en Barcelona, se ha cometido un asesinato que está presente en todas las noticias. Tres años atrás Ibarra se hizo famoso por haber resuelto la desaparición y muerte de una niña, Amanda, en Málaga, pero actualmente es un hombre agotado, con la fe en todo perdida y que, cada noche, considera firmemente la idea de quitarse la vida.

Descubrir que la mujer destrozada en el hospital es la madre de Amanda provoca un cierto cataclismo en Ibarra, porque despierta recuerdos que siguen causándole pesadillas. Paralelamente asistiremos, tres meses antes, a la llegada de Paola a Punta Caliente, a la casa de Dolores, con la excusa de hacer un reportaje fotográfico. Allí conocerá a Daniel, un adolescente tímido con una historia terrible a sus espaldas, y a su abuelo Mauricio, que llegó de Argentina para cuidar de él. Las narraciones de todo lo que fueron antes de llegar allí y de todo lo que son se van entrelazando, demostrando que el pasado siempre vuelve aunque cada uno de ellos lucha por tener una nueva oportunidad, por vivir.


"LA GENTE ESTÁ SOLA Y DEBERÍA ACOSTUMBRARSE A ACEPTARLO"


Hoy día imágenes como aquella serían impensables en la televisión. Finalizaba junio de 1992 y en la provincia de Valladolid se vivía la angustía por la desaparición de una niña, Olga Sangrador, de sólo 9 años. Los peores presagios se cumplieron y el cuerpo de la pobre pequeñita fue encontrado enterrado tras ser violada y asesinada por un ser despreciable y malnacido que disfrutaba de un permiso penitenciario. Las primeras páginas de "La víspera de casi todo" me han hecho revivir el horror de aquel caso y las imágenes, en los telediarios, del cuerpo semienterrado de la chiquitina mientras la policía, que mantenía de rodillas y esposado al asesino, le gritaba: "¡Mírala! ¡Vamos, mírala!". Aun siento escalofríos al recordarlo, los mismos que Víctor del Árbol, de nuevo, me ha hecho sentir apenas empezada su última novela porque es tan terriblemente similar que asusta. Ya lo dije al reseñar "Un millón de gotas": en las tres páginas iniciales te llega el primer hachazo al corazón. Después habrá muchos latigazos que te irán arrancando pedacitos del alma, pero otra vez Víctor ha hecho magia y nos mete de cabeza en vidas, hechos y emociones capaces de desbordarnos y, al tiempo, querer y necesitar saber más sobre ellos.

Qué complicado es encontrar en las novelas de Víctor del Árbol un personaje tradicionalmente "bueno". Todos están lastrados, de una manera u otra, por un pasado que pesa como una losa y tira de ellos hacia abajo. Pero todos son supervivientes de si mismos, todos quieren vivir aun cuando la vida se les haga insoportable. Incluso Germinal Ibarra, el policía curtido y lleno de fantasmas que se mete una pistola en la boca cada noche y cada noche se arrepiente. 

Hay en esta novela muchos de los temas que yo consideraría habituales en la literatura de Víctor: las infancias arrasadas, las mujeres sometidas a los peores ultrajes que demuestran que nada podrá con ellas, los recuerdos que se quedan como agujeros malolientes, la ausencia de la madre, del padre, de los dos; el amor capaz de retorcerse y perder su esencia, el miedo, los secretos que duelen. Pero también la esperanza y la posibilidad de que la vida, alguna vez, resarza a los protagonistas. Al menos en parte.


Elegir la Costa da Morte como escenario principal, aunque haya otros secundarios como Barcelona o La coruña, es casi una declaración de intenciones. No es la primera vez que Víctor del Árbol elige esta zona de Galicia como telón de fondo: ya lo hizo en algunos pasajes de "El peso de los muertos" aunque no tenía el mismo peso específico que en "La víspera de casi todo". Esta zona (de la que, con todo respeto, prefiero el nombre es castellano porque Costa de la Muerte me parece mucho más rotundo) es una suerte de fin del mundo, la que alberga el "finis terrae" de los romanos, el lugar dónde acababa todo lo conocido. Una tierra a la que llegan los protagonistas huyendo de sus vidas y hasta de ellos mismos. Un refugio pero también una posibilidad de olvido. Sólo para Germinal no es extraña, ya que él es gallego. Pero volvió a ella tras su paso por el sur y resolver el caso de Amanda, consiguiendo una fama que no quería y que, finalmente, sólo le ha reportado complicaciones.

Mauricio llegó desde Argentina para cuidar de su nieto y escapando de su pasado. Dolores desde Portugal tratando de huir de un matrimonio desdichado y para proteger a su hija Martina. Paola/Eva desde Málaga y arrastrando con ella el dolor por la muerte de su hija y su bajada a los infiernos. De los tres iremos sabiendo el armazón de sus vidas a lo largo de la novela para entender que la Costa de la Muerte debería ser el final de sus caminos, pero hay demasiadas cosas descosidas en ellos que les impiden sentirse, como querrían, en su hogar. Son eternos exiliados.

Son frecuentes las referencias al "hombrecillo", el culpable del asesinato de la pequeña Amanda, cuando Germinal Ibarra está en primer plano. Ni siquiera sabremos su nombre, pero ese ser casi invisible y anodino fue capaz de la peor de las atrocidades ante la que Ibarra no pudo permanecer impasible. Sin ambargo lo que en su momento fue considerado una heoricidad, hoy día se le ha girado en contra e, incluso, se le cuestiona y se le crucifica por ello. A pesar de esa aparente mediocridad del "hombrecillo", es un personaje del que, cuánto más sabemos, más miedo da, aunque ya no pueda hacer daño a nadie. Ibarra sabe bien de su maldad, conoce todo lo que hizo, pero no puede luchar contra una marea de opiniones que cuestionan lo ocurrido.

Hay bastantes guiños al mundo literario, como esa costumbre de Dolores de arrojar al fuego de la chimenea libros o páginas arrancadas a estos "en función de sus estados de ánimo". Eso también es seña de identidad de Pepe Carvalho, el inmortal detective creado por Manuel Vázquez Montalbán, cuyas novelas me enamoraron desde que las descubri. Carvalho quemaba libros porque "los libros apenas le enseñaron a vivir" y los consideraba una suplantación de la vida. Quizá en Dolores hay también un poco de eso o un intento de olvido, de borrar episodios. También se pasea el espíritu de Julio Cortázar por algunas de las páginas, sobre todo al describir paisajes de París y Buenos Aires, dos ciudades de referencia en la vida del inolvidable escritor (otro de mis favoritos, qué gran suerte). Incluso el sobrenombre de "la Pecosa" de la esposa de Mauricio me lo recuerda.

Y cómo no, la imponente novela "Germinal" de Émile Zola, presente en el nombre de Ibarra, un nombre usado para sus hijos por militantes de izquierdas a partir de la Segunda República. Curiosamente "Germinal" tiene como escenario un pueblo del norte de Francia, Montsou, en una región minera, pobre y oscura que bien podría ser Nord-Pas de Calais, a la que los propios franceses ven como el mismísimo infierno. También al norte. También un poco fuera del mundo. Y la referencia al "Ulises" de Joyce, esa novela que todos aseguran haber leído y pocos lo hemos hecho. Sí leí "Germinal", y además en francés, en COU. El "Ulises" fuí incapaz.



En realidad la novela son cinco horas, pero también tres meses y vidas enteras. Cinco horas que Germinal Ibarra pasa en el hospital velando a Paola/Eva pero que se van estirando a medida que nos lleva a la llegada de Paola a la casa de Dolores, tres meses antes. O se lanzan hacia atrás para contarnos la vida de Mauricio, la de Daniel, la de Eva, la del propio Germinal. Una vorágine en la que la cueldad y el dolor están muy presentes y en la que los saltos en el tiempo son constantes. Todos convergen en Punta Caliente y todos buscan, quizá, redención. O, al menos, poder vivir dejando atrás lo peor de sus existencias sin saber que lo llevan cosido a la espalda.

Como de costumbre, el estilo de Víctor es su principal seña de identidad. Cada palabra, cada frase, están escritas a conciencia. Y hay algunas que se clavan como puñales. A medida que te adentras en sus páginas te va envolviendo como en una tela de araña y dejar de leer se convierte en una tarea imposible. Como decía al principio, no es una lectura fácil, como no lo es ninguna novela de este autor, pero su manejo del lenguaje, de las situaciones, su modo de narrar es una delicia para los que necesitamos algo más que una bonita portada para disfrutar de la lectura. Encontramos angustias comunes y reconocibles y caminaremos al lado de Germinal para asistir al hecho que marcó el final de su infancia y toda su existencia. Junto a Paola/Eva y su espiral autodestructiva. De la mano de Mauricio en Alemania y luego en la Argentina cruel de la dictadura y los desaparecidos. Frente a los ojos de Daniel, que no dejan de mirar una casa quemada y a un horror que le dejó sin referentes, a quien sólo Martina parece entender. La resignada desesperación de Carmela. La enfermedad de Samuel. Los acantilados de Punta Caliente. Todo conforma un puzzle que acabará encajando sin dejar espacios, como los mosaicos romanos, formando una imagen muy nítida.

Muy presente en Germinal está ese fatalismo gallego que parece que les hace vivir con la conciencia de que todo puede acabar en fracaso. Un "quizá llueva" seguramente lleva el convencimiento de que caerá una tormenta que lo inundará todo, pero lo aceptan con la resignación tranquila de los que saben que saldrán adelante de un modo u otro. Están hechos a superar adversidades porque tienen un concepto de familia y de clan muy poderoso. Por eso la llegada de Paola/Eva y las de Dolores y Mauricio en su día fueron contempladas por los habitantes de Punta Caliente con cierta prevención y algo de desconfianza. Germinal es duro, hosco, pero su primer pensamiento es siempre su familia. Y sobre todo es honesto, a pesar de todo.

Vivir. Seguir viviendo. Eso es lo más importante de la novela, la necesidad de seguir adelante de sus protagonistas a pesar de todo. Hay en la novela un breve diálogo entre Daniel y Martina que resume esto de forma brillante:
"- ¿Y por qué no podemos aprender a vivir?
Martina soltó una risita. 
- Porque para eso hay que tener narices"