martes, 21 de febrero de 2017

TRES MINUTOS DE COLOR de Pere Cervantes


El junio pasado publiqué la reseña de La mirada de Chapman, de Pere Cervantes aquí. Era la primera vez que leía algo de él y tuve la suerte y el honor de que aceptase contestarme a una breve entrevista. En ella, al preguntarle por sus próximos proyectos, me contestó: "El próximo año, probablemente en el mes de marzo , publicaré una novela a la que le he dedicado 5 años de mi vida. Se trata de una novela policiaca con importantes tintes del mundo paranormal y para ello me volqué en la documentación que el tema me exigía. Pero no os asustéis, a pesar de la temática “toco el suelo” y no me voy de madre. Pero si es un tema que me fascina y espero que así lo transmita."

Finalmente ha sido el 6 de febrero cuando Tres minutos de color ha visto la luz. Una novela policiaca, sí; intensa, a veces oscura, con un protagonista, el inspector Coque Brox, que vive unas circunstancias personales demoledoras y viendo, además, cómo el departamento al que pertenece va a ser sustituído por los Mossos d'Esquadra en apenas unos meses. Pero también una novela diferente, casi podría decir que única, en la que las ECM (Experiencias Cercanas a la Muerte) tienen una importancia crucial. Leer Tres minutos de color impacta, impresiona, engancha y, sobre todo, nos hace pensar. Tal vez porque lo que hemos leído no es lo que esperábamos o porque ciertas ideas preconcebidas sobre algunos temas se nos van al suelo como un castillo de naipes. 

Al cerrarla sentí como si tuviese el ánimo lleno de arena, esa que se mete por todas partes cuando hay mucho viento en la playa. Se me quedó seco, lleno de arañazos y buscando desesperadamente agua fresca para aliviarme. Lo que suele ocurrir con la arena es que siempre acaban quedando granitos en lugares insospechados y son los que siguen ahí, pinchando levemente con la pregunta de qué hay después de la vida. Eso es lo que Pere Cervantes nos regala: que reflexionemos. Y una novela que es difícil de olvidar.


EL AUTOR: PERE CERVANTES

Nacido en Barcelona en 1971, licenciado en Derecho (aunque asegura haber estudiado la carrera equivocada) y policía desde hace más de veinticinco años, siempre ha destacado en él su capacidad de observación de lo que le rodea, lo que es una gran ayuda para el proceso creativo de sus novelas. No sólo ha ejercido su profesión en España, sino que también ha trabajado para la Unión Europea y la ONU y en terrenos tan complicados como Bosnia Herzegovina o Kosovo, en misiones de paz. Fruto de esa experiencia publicó en 2004 “Trescientos sesenta y seis lunes”, en la que habla sobre la maldad humana y lo que no se ve de las misiones de paz. Actualmente trabaja en la Unidad de Delitos Informáticos de la Policía Nacional.

Estudió y se formó como guionista en la Academia Internacional de Cine de Barcelona y en esa faceta es autor de varios cortometrajes y del guión de la película “Triste y azul” (pendiente de producción). También es co-autor, con Juan Silvestre, de la novela “La soledad de las ballenas”, una suerte de fábula que narra el último mes de vida de un sexagenario, y junto a Oliver Tauste escribió “Tranki pap@s”, un manual para proteger a niños y jóvenes de los peligros de internet.

Sus otros libros son “Rompeolas”, “Internet Negro” y “No nos dejan ser niños”, el primer caso de los policías María Médem y Roberto Rial, a los que volvimos a encontrar en “La mirada de Chapman”.


EN BLANCO Y NEGRO

El inspector Coque Brox siente que su vida se perdió por completo hace algo más de dos años. Sobrevive gracias a su trabajo, pero hasta éste está ahora en la cuerda floja, pendiente de que su departamento pase a ser titularidad de los Mossos d'Esquadra. Acromatópsico, viendo la vida sólo en blanco y negro, con el dolor de una pérdida terrible a sus espaldas, separado y con una hija adolescente que ni siquiera habla con él, ahora le queda pelear por saber qué ocurrió con su compañero Palma, desaparecido hace seis meses sin dejar rastro. Engañando a sus superiores tratará de llegar al fondo del asunto mientras tiene que lidiar con los intentos de suicidio de Marga, su exmujer.

Vive en un piso compartido con Oliver, forense del Hospital Clínico, y no tiene vida social. Las relaciones con sus compañeros de la policía son tensas y los encontronazos con el comisario Paco Palomares se suceden a diario. Pero eso no le hace apartarse ni un milímetro de sus planes.

Sin embargo algo brutal e inesperado obligará a Coque Brox a visitar un terreno desconocido. Un lugar que jamás hubiera podido imaginar. Y en él descubrirá que en lo sobrenatural pueden esconderse verdades y secretos, aunque desvelarlos no es tarea fácil. Como tampoco lo es luchar contra la muerte.


2:22

Tres cadáveres en la morgue.
Tres minutos de muerte cerebral de un paciente en el hospital.
Tres amigos.
Tres mujeres en la familia de Coque Brox.
Tres partes en la novela.
Las 2:22. Dos veces tres. ¿Dos de tres?.
Tres minutos de color.

Estas son notas que tengo en uno de los muchos post-it que usé para ir señalando o anotando cosas que me llamaban la atención en Tres minutos de color. Aun me quedan preguntas. Y aun sigo dándole vueltas a ciertas respuestas. Ese es el gran mérito de la novela de Pere Cervantes, que no es fácil de olvidar y puede que tampoco de encajar.

Tengo que decirlo: jamás había leído una novela negra tan diferente, tan distinta a todo. Con una primera parte quizá algo más "ortodoxa", aunque con todas las peculiaridades que viven los protagonistas, con la investigación sobre un policía desaparecido y con un Coque Brox que la afronta como puede, de repente todo salta en pedazos. La novela se rompe por completo al final de la primera parte de modo inesperado y nos deja noqueados, sin aliento. Es ahí cuando el argumento se abre hacia un lugar desconocido en el que, como los protagonistas, iremos descubriendo paisajes y situaciones muy especiales, desconocidas, casi límites. Y, seguramente como me pasó a mí, con un nudo en el estómago y otro en el corazón.

Coque Brox es un personaje de los que marcan. Su vida arrastra una amargura constante después de haber padecido la pérdida y el dolor más lacerantes que se pueden sufrir. Convive además con la angustia de los intentos de suicidio de su exmujer y con el silencio resentido de su hija, que ni siquiera quiere hablar con él. Por si esto no fuese suficiente, es acromatópsico (no distingue colores, todo lo ve en blanco y negro), con la carga de desesperación que eso puede conllevar. Y su compañero en la policía y amigo, Palma, lleva seis meses desaparecido sin que haya pistas sobre su paradero. Coque tiene la sensación de que el grupo que lleva la investigación del caso no hace demasiado por localizarle e intenta tirar de algunos hilos con la esperanza de encontrar respuestas. Pero sus superiores le niegan ayuda y el acceso al caso.

Brox decide seguir investigando por su cuenta, al margen de sus propios compañeros. Para ello tendrá la ayuda de Jalil, que trabaja de cuando en cuando como traductor en la comisaría. Pero a medida que va siguiendo los pasos de Palma tropezará con algo que no esperaba: que su amigo y compañero había dado con un caso de una red de abusos sexuales a menores y trataba de acabar con los responsables. La Barcelona que Coque Brox conoce se está difuminando ante sus ojos, ha perdido esencia con la llegada de los nuevos tiempos: locales con solera que cierran, nuevos negocios, cambios urbanísticos... pero el mapa que nos muestra de la ciudad es diáfano, es fácil ir reconociendo la ciudad a su lado.

Coque Brox no es famoso precisamente por su simpatía. Su mala leche es reconocida y reconocible, aunque es cierto que motivos le sobran. Ni siquiera tiene el refugio de su familia al llegar a casa, ya que desde hace un tiempo comparte piso con Oliver, el forense, que le ha introducido en el mundo de los juegos online en los que él es un genio. Oliver, a su vez, es amigo de Nadia, cirujana de su mismo hospital y gracias a él Coque la conocerá y también a Rodri, el dueño de una taberna próxima al hospital, del que Oliver y Nadia son clientes habituales. Un lugar muy especial en el que, incluso, se pueden dejar mensajes en un libro para amigos o conocidos.


Tanto Oliver como Nadia han sufrido en pocos días hechos extraños en su trabajo: el forense al haber sufrido la caída al unísono de tres cuerpos de tres camillas diferentes en la sala de autopsias. Nadia por escuchar de un paciente que ha estado tres minutos en muerte cerebral cómo describe, entre otras cosas, el quirófano y a los que estaban allí cuando es imposible que pusiese verlos. Esa experiencia le marca y le hace querer saber más sobre las ECM, sobre lo que hay más allá de la vida.

Es patente la evolución en la manera de escribir de Pere Cervantes. Ha ganado en intensidad, en matices, en profundidad. Y va jalonando la narración con frases que se nos van clavando en el alma porque muchas destilan una poesía inesperada. En cuanto leáis Tres minutos de color sabréis de lo que hablo. Ha sabido dotar a sus personajes de una humanidad inmensa, con los que empatizamos sin remedio. A pesar de su carácter y su mal humor, Brox nos resulta tan cercano como un buen amigo al que queremos ayudar. Oliver y Nadia son tan reales como podemos serlo cualquiera, con sus miedos, sus dudas, sus fracasos y sus pequeñas alegrías cotidianas. Los tres, de alguna manera, se sienten solos, arrastran vacíos y unen sus soledades. 

La fractura de la novela en dos al final de la primera parte es realmente una puerta, pero esa la debéis atravesar vosotros. El trabajo de años que Pere ha dedicado a escribir Tres minutos de color se hace patente en el cuidado que ha puesto en cada capítulo, en cada línea. En cada pregunta que nos hacemos y en las que nos van surgiendo después, en el dolor de Coque Brox, en su constancia por saber de Palma, en el silencio de su hija, en el desgarro de Marga, en la trama de abusos a menores captadas por internet, en el ambiente de las calles, en el olor que gira en cada esquina. En cómo el inspector se va a enfrentar a lo desconocido.

Sólo puedo recomendaros que la leáis. Que Coque Brox y su mundo se hagan hueco y os transmitan todo lo que albergan, porque os van a fascinar.  Quizá no sea lo que esperéis en una novela con un policía de protagonista pero eso es lo apasionante de la vida, que siempre nos sorprende. Incluso cuando acaba.

"Ahora resulta que en la muerte todo transcurre en las calles de siempre con la gente de nunca"

viernes, 17 de febrero de 2017

LES PIGEONS DE PARIS de Víctor del Árbol

Fue una tentación demasiado poderosa. Vi el enlace que Víctor puso en una red social y, como con él tengo alma de bolero (si tú me dices ven, lo dejo todo), decidí comprarlo en versión digital en Amazon para mi Kindle. Los que me conocéis sabéis que me gusta leer en francés siempre que puedo y qué mejor que disfrutar de esta pequeña delicia de Víctor del Árbol. Les pigeons de Paris sólo está publicada en francés y todavía no sé si llamarla novela corta o cuento largo, aunque lo que sí puedo asegurar es que es una joya de muchos quilates que no necesita de trescientas páginas para brillar. Con la primera lectura me enamoró por completo y, aprovechando las compras navideñas, me hice con él en papel. Ahora lo he releído con más calma, saboreando cada página, cada frase. Disfrutando. Da igual en qué idioma se lea, el espíritu del Árbol está y permanece en las pocas páginas de Les pigeons de Paris.

EL AUTOR: VÍCTOR DEL ÁRBOL


Barcelonés y nacido en 1968, hizo varios cursos de la carrera de Historia en la Universidad de Barcelona aunque no la terminó. Durante veinte años fue funcionario de la Generalitat de Cataluña y colaboró durante dos con el programa Catalunya sense barreres de Radio Estel. En 2006 ganó el Premio Tiflos de Novela con El peso de los muertos y en 2008 el Premio Fernando Lara con El abismo de los sueños, novela que no ha sido publicada. En 2011 publica La tristeza del samurái, con la que alcanza el éxito tanto a nivel nacional como internacional, ya que ha sido traducido a diez idiomas. En Francia fue todo un best seller, aplaudido por la crítica y el público y allí ganó importantes premios como le Prix du Polar Europèen en 2012 a la mejor novela negra europea, le Prix QuercyNoir y el Premio Tormo Negro en 2013.


Ese mismo 2013 publica Respirar por la herida, finalista a la mejor novela extranjera en el festival de cine Negro de Beaune, finalista en el II Premio Pata Negra de Salamanca y finalista a la mejor novela negra 2014 que otorga el festival VLNC. Tras su éxito anterior en Francia, esta novela también ha sido traducida al francés y varias editoriales se han hecho con os derechos para su publicación en Australia, Nueva Zelanda, Reino Unido, Estados Unidos, Polonia y Bulgaria. El mayo de 2014 se publica Un millón de gotas, que ha ido agotando edición tras edición (incluso tras los meses pasados desde entonces, de eso doy fe) y que ya ha sido publicada en Francia. Fue elegida la mejor novela escrita en español en 2014 por la asociación de blogueros España Creatio Club Literario y se le concedió el III Premio Pata Negra Ciudad de Salamanca de 2015.

Además de haber ganado el Premio Nadal con La víspera de casi todo, el pasado año la Editorial Alrevés reeditó su primera novela, El peso de los muertos y La Contre Allée, en su colección  Fictions d'Europe publicó Les pigeons de Paris.

EL TRADUCTOR: CLAUDE BLETON


Je suis né, j'ai ensaeigné, ri, aimé, démissionné, traduit, edité, ri, écrit, dirigé, cru, aimé, traduit, joué. Dans le désordre. Et je n'en ai pas fini avec les verbes du dictionnaire.

(Nací, enseñé, reí, amé, renuncié, traduje, edité, reí, escribí, dirigí, creí, amé, traduje, jugué. Sin ningún orden. Y nunca he acabado los verbos del diccionario)

Traductor habitual de los libros de Víctor del Árbol al francés y ahora haciéndolo al contrario con Les pigeons de Paris, Claude Breton fue profesor de español y después director de la colección Lettres Hispaniques en la editorial Actes Sud entre 1986 y 1997. También fue director del Colegio Internacional de Traductores Literarios en Arles de 1998 a 2005. Ha traducido más de doscientos títulos (novelas de Vázquez Montalbán, Torrente Ballester y Martín Gaite entre otros) y, además, es autor de Les Nègres du traducteurs, Vous toucher y Broussaille.


JUAN


Sentado en la puerta de la que ha sido su casa toda la vida, Juan espera. Ya nada queda a su alrededor de lo que fue un pueblo lleno de vida y de vidas, el abandono se ha enseñoreado del paisaje. Sabe que los extraños que han de llegar hasta él quieren que abandone el lugar. Traen proyectos, progreso, un porvenir mejor para la zona. A Juan, Juanito, ya sólo le quedan los recuerdos y la llegada de los extraños abrirá las puertas de su memoria, de su niñez, de sus años de juventud, de la posguerra. También lo que los años y la sabiduría que encierran le han dejado en el alma, incluso aquel amor por Clio, la hija de unos vecinos emigrados a Francia que volvían al pueblo en verano, a la que siempre mantuvo como una llamita en el corazón. Las palabras de Juan nos hablan también del cambio en los valores, en la sociedad, en la gente, en el modo de enfrentarse y ver la vida. Clio era su faro y su esperanza y, casi cincuenta años después, Juan descubrió que el sueño de Europa, el sueño de París, no era más que una promesa vacía.

OS ESPERABA DESDE HACE MUCHO TIEMPO


Si hay algo que caracteriza a la prosa de Víctor del Árbol es su extraordinaria habilidad para crear escenarios. Es capaz de meternos en cualquiera de sus tramas con una facilidad abrumadora, aunque entrar en ellas no siempre es un camino feliz. Esta novela corta, de apenas 90 páginas y editada en el tamaño de una agenda de bolso, es como la esencia pura del autor. Ese perfume exclusivo que contiene todas las notas de la fragancia, pero concentradas e intensificadas

El hecho de que no esté publicada en español puede dejar atrás a lectores que no dominen ese idioma, pero para los que podáis hacerlo, disfrutad de esta joya. Es, quizá, la más nostálgica de todas sus obras. Y también la menos desgarradora, aunque no por eso deja de estar empapada de una tristeza tranquila, melancólica, pero que termina resultando, incluso, acogedora.

No hay en la historia de Juan hechos terribles, aunque sí vivió la Guerra Civil y la caída de alguna bomba en el pueblo. Pero desde luego están algunas de las señas de identidad de Víctor del Árbol: la ausencia de la madre, fallecida en el parto, la presencia de un padre poco cariñoso y de fuerte carácter, los memoria de la niñez, el amor. Y ese dolor punzante que suele causarnos en las tres primeras páginas con un hecho duro, aunque esta vez, siéndolo, es algo menor que en sus otras novelas. Juan sabe que la llegada de los extraños era sólo cuestión de tiempo porque vienen buscando algo que creen que él tiene. Sabe que vendrán a reclamárselo. Y también sabe que poco podrá hacer al respecto.

Cuando los extraños llegan a su puerta no se rebela, sólo comienza a recordar. Quizá intentando que ellos entiendan algunos porqués o, al menos, que comprendan quien es él y los motivos por los ellos han llegado allí. Ellos son "extranjeros en esta tierra habitada por mis recuerdos". Y Juan les hablará del pueblo, que casi ya ni existe. De sí mismo, de cómo fue amamantado por un ama de cría, del origen de su nombre, de las tardes con otros chicos, de su padre. Y también de aquellos que marcharon a buscar un mejor futuro fuera de nuestras fronteras y volvían en verano, con sus buenos coches y sus regalos para la familia, casi mirando a todo el mundo por encima del hombro. Asegurando que España era África y que el progreso y la buena vida estaban fuera: en Francia, en Alemania, en Suiza. 

Clio llegó un verano. Era hija de emigrantes que habían partido a trabajar en París y poco a poco la amistad con Juan creció. Para Juan, Clio fue el primer amor pero también quien le hizo viajar con la imaginación, vivir otras vidas a través de las cosas que ella le contaba, aprender palabras y frases en francés. Clio tenía un libro llamado Les pigeons de París del que jamás se desprendía y Juan le pedía constantemente que le leyese párrafos de él. 

Clio se marchó y nunca volvió al pueblo, pero su recuerdo perduró en el alma de Juan. Él a veces imaginaba qué habría sido de su vida mientras la suya se anclaba en el pueblo, siguiendo una línea que parecía ya trazada. Se casó, tuvo una hija y ahora, cuando ya lo que le quedan son sus recuerdos, sólo tiene las excusas de ella para no viajar a verle. La soledad. El silencio. 

La traducción al francés es impecable. El modo de escribir de Víctor del Árbol está ahí. Sus frases, su estilo. La historia de Juan podría ser la de cualquier anciano que termina sus días en su pueblo de origen, que ve pasar la vida y la llegada del llamado progreso. Que no entiende muy bien si tantas obras y tanto cambio realmente traen algo bueno. Que tiene su hogar ya no entre las cuatro paredes que le cobijan, sino en sus recuerdos. Y que no necesita gran cosa para vivir, por eso quienes van a buscarle no van a comprender ciertas cosas. Porque Juan volvió a ver a Clio muchos años después, en París, en la única vez que él viajó. Ella tampoco le había olvidado, por eso, aunque los dos eran ancianos y sus mundos, muy diferentes, Clio tomó una decisión de la que Juan tuvo noticias sólo cuando ella falleció, tiempo después de regresar.

Les pigeons de París está lleno de recuerdos, de nostalgias, de momentos, de luces y sombras pero sobre todo del alma de Juan, esa que no se resigna a perder su esencia. Una delicia breve, intensa y cargada de melancolía, pero también con una elegante crítica a los cambios, a los tiempos nuevos, a los que, aun volviendo sólo de vacaciones con la soberbia de los vencedores, se siguen comportando como españoles de pura cepa. A esa Europa que parece la panacea contra todos los males y que Juan jamás entenderá.

"Ningún revolucionario defenderá sus ideales con la ferocidad con la que un viejo defiende sus recuerdos"

Si podeís y tenéis la ocasión, id a conocer a Juan. Les pigeons de París es una pequeña obra de arte, descubridla.



lunes, 13 de febrero de 2017

A MENOS DE CINCO CENTÍMETROS de Marta Robles

No sé si podría describirlo como una primicia, pero hace más o menos un año, en la presentación de un libro de Juan Ramón Biedma, Marta Robles (que conducía el acto) nos confesó que se había animado a dar el paso hacia la novela negra y que ahí andaba, tejiendo y destejiendo tramas y perfilando personajes. Poco después, Alrevés publicó Obscena. Trece relatos pornocriminales, una antología de relatos muy negros y muy pornográficos (como su nombre indica) el la que Marta se atrevía con uno realmente brillante. Al menos a mí me lo pareció, como dejé patente en este blog allá por el mes de julio pasado. Y la curiosidad por saber cómo iba a ser esa nueva novela subió varios enteros en el Getafe Negro pasado, cuando ella misma me confirmó que el libro ya era una realidad y que saldría a primeros de año. 

Hay cierta corriente de opinión que clama acerca de la proliferación de novelas negras. Incluso consideran el género agotado. Pero creo, sinceramente, que no es así. Basta ver los títulos que actualmente están saliendo como novedades. Además dentro de la novela negra caben muchos otros géneros, muchos matices, muchos personajes y eso da una riqueza especial. Ni siquiera hay que seguir unos cánones rígidos, aunque haya temas que siempre estén presentes quizá por eso actualmente es mi género favorito. Teniendo en cuenta todo esto ¿qué hay de especial en A menos de cinco centímetros? Quizá el ambiente elitista en que se mueven dos de sus protagonistas, alejado de los barrios oscuros y conflictivos. Tal vez porque la femme fatale central no ejerce como tal, al alejarse del personaje tipo que usa su atractivo y su sexualidad para hacer que el heroe caiga rendido en sus brazos. Posiblemente porque lo que haya en esta novela es un homme fatal que sí usa sus armas de seducción a conciencia. Seguramente por la mezcla de intriga, sexo y tramas paralelas que componen un interesante laberinto. 

¿Nos perdemos y buscamos juntos la salida?

LA AUTORA: MARTA ROBLES

 

(Datos extraídos de la página de Marta Robles: www.martarobles.es)

Periodista y escritora, Marta Robles comenzó su carrera en 1986 compaginando sus estudios de Ciencias de la Información con trabajos esporádicos en el periódico El Magisterio Español y para algunas revistas de ocio. En 1987 comenzó a trabajar en la revista Tiempo, en la sección de Sociedad y Cultura y en 1988 se trasladó a Londres para colaborar con el fallido Canal 10 de televisión, el primer intento de televisión privada en España. Mantuvo mientras tanto su participación en publicaciones como Elle, Woman o Dunia. Posteriormente se incorporó al magazine regional de TVE Castilla La Mancha como guionista, coordinadora y presentadora y en mayo de 1989 comienza su andadura en Telemadrid, en la que dirigió y presentó programas tanto culturales, de entrevistas y magazines además de ser redactora y presentadora del Telenoticias Fin de Semana.

Alternaba su trabajo en esa cadena de televisión con otros en Radio Intercontinental y la Cadena Ser y en 1990 publicó El mundo en mis manos, una biografía de Pedro J. Ramírez. En los años siguientes siguió su andadura primero en Tele5 y luego en Antena 3, momento en el que alcanzó su máxima popularidad. Es por entonces cuando publica sus dos siguientes libros:  La Dama del PSOE y Los elegidos de la fortuna.


Tras su paso por las cadenas privadas, trabajó en Onda Cero, Canal 7 y la 1 de TVE al tiempo que mantenía columnas de opinión en La Razón, La Gaceta de Salamanca y un espacio de entrevistas en Semanal XL. En 2001 publicó su primer libro de ficción: Las once caras de María Lisboa. En 2004 regresó a Telemadrid para hacerse cargo del magazine de tarde y posteriormente dirigir y presentar Madrid a la última, un proyecto personal en el que pretendía trasladar a la televisión un esquema similar a las grandes revistas de moda, belleza y actualidad como Vogue o Paris-Match.

Actualmente publica dos entrevistas semanales y una columna de opinión en La Razón además de una mensual en Objetivo Bienestar. Dirige y presenta el programa de radio Entre comillas, colabora en el programa de TVE Amigas y conocidas y en el de Canal Sur ¿Y usted qué opina?. En 2013, con Luisa y los espejos, ganó el Premio Fernando Lara de Novela.

PERFUME DE VIOLETAS


Toni Roures, antiguo fotógrafo de guerra transformado en investigador privado especialista en asuntos "de cuernos", acaba de separarse de su mujer y se traslada a un pequeño piso del barrio madrileño de Malasaña. Un buen y viejo amigo, el inspector Prieto, le pide que se haga cargo de un caso bastante diferente a los que suele llevar: quiere que se entreviste con una joven argentina que está convencida de que Armando Artigas, un famoso escritor español, asesinó a su madre tras tener una aventura con ella. Y no sólo a ella, sino a otras tres mujeres con las que también tuvo relación.

Artigas, atractivo, inteligente, rico y sofisticado, acaba de conocer a Misia Rothman, esposa de un gran magnate de la comunicación, una bella y culta mujer por la que se siente atraido desde el primer momento. También Misia por él, aunque inicialmente prefiere ser prudente. 

Roures no está seguro de qué se va a encontrar en su cita con Katia Kohen, la joven argentina, pero le puede la curiosidad. Y, al escuchar la historia, piensa que puede haber un caso interesante detrás. Katia es periodista, ha investigado, y parece tener las cosas claras algo que hará que Roures piense que puede haber mucho más detrás de la explicación oficial de la muerte de las cuatro mujeres. Las cuatro estaban casadas, tenían un alto nivel social y económico, y las cuatro habían mantenido una relación con Artigas pero son tres muertes accidentales y una debida, al parecer, a un robo. Demasiada casualidad...

De forma paralela, Isabel, antigua colega y amor de Toni Roures, vuelve a su vida para pedirle ayuda en un asunto muy peliagudo: que la ayude en su cruzada contra la trata de mujeres y niñas. En ella ha descubierto una desconocida red de trata y prostitución de principios de siglo XX, la Zwi Migdal, que, aunque al parecer fue desarticulada en 1930, puede que sus tentáculos estén aun muy presentes hoy día e involucrar a alguien muy poderoso.

LA ESTRATEGIA DEL TIBURÓN


En la faja del libro, Rosa Montero dice de él: "Una historia apasionada, una intriga tórrida que se lee con fruición de voyeur y que nos habla del amor y del dolor, del lujo y de su trastienda más tenebrosa". Y la propia Marta Robles, en una entrevista, aseguraba que "es una novela coral con varios pilares, una femme fatale, un detective con bastantes turbiedades y un escritor millonario que esconde muchos secretos". Lo malo de las etiquetas es que muchas veces ponen una impronta a un libro que, después, no se corresponde con la realidad. En este caso creo que se han quedado demasiado en la superficie. Sí, en la novela encontramos todo eso, pero también mucho más. Quedarnos sólo con el alto contenido sexual, la mujer seductora, el galán millonario y el detective tópico es como leer la etiqueta de un buen vino sin saber una palabra de enología

Lo cierto es que yo no he visto a la femme fatale en ningún momento, porque tal calificativo para Misia no es demasiado correcto. Misia es una mujer bella, elegante, con clase, casada con un hombre mayor que ella que la adora y que es propietario de uno de los holdings de comunicación más importantes del país. Misia se mueve en un ambiente cultural y económico muy alto pero arrastra detrás la tristeza de una historia personal muy dura. Es verdad que es una mujer que causa un gran impacto en los hombres que la conocen, pero ella nunca trata de sacar provecho de ello. No es de las que usan su belleza y encanto para su beneficio. Misia, envuelta siempre en perfume de violetas "haciendo juego con sus ojos", caerá en las redes del seductor Artigas. No al contrario.

Toni Roures es un superviviente. Ha pasado por las peores guerras de la historia reciente y tiene el alma llena de cicatrices. Ha visto lo peor del ser humano y a punto estuvo de perder a Isabel en África en un suceso que se niega a perdonarse. Pero sigue manteniendo una fidelidad casi perruna a sus amigos y sería capaz de hacer lo que fuese por ellos o por quien amase. Su reciente separación le duele, pero irá analizando las causas para darse cuenta de que, quizá, era inevitable. Al principio la historia que le cuenta Katia le parece una enorme fabulación, sobre todo teniendo en cuenta que Artigas parece estar por encima del bien y del mal, iluminado por los focos de la fama y el carisma. Pero a medida que va sabiendo cosas se da cuenta de que esos focos arrojan también muchas sombras a la espalda del escritor. 

Muchos de los recuerdos de guerra de Roures me traían a la memoria Territorio comanche, la novela de Pérez Reverte que cuenta el horror de la guerra en los Balcanes. Y también algunos de sus artículos en los que narra su experiencia en otros conflictos bélicos. Al llegar a los agradecimientos finales lo entendí todo. El modo en que la memoria de Toni Roures nos lleva allí puede ser especialmente duro por lo que cuenta y cómo lo cuenta. No son imágenes para estómagos delicados.

Puede parecer paradójico, pero ante un personaje tan brillante como Armando Artigas, un hombre arrebatador, guapo, elegante, con una cultura inabarcable, cosmopolita, sofisticado y seductor yo he sentido escalofríos. Corrijo: primero escalofríos y luego una especie de cólera sorda y profunda, como el epicentro de un terremoto. Casi un malestar físico. Si hay alguien a quien admire es a los escritores, pero Artigas, a pesar de su éxito internacional y su fama, me repele profundamente porque su personalidad es la del depredador consciente de su condición. De tiburón al acecho. Sólo se relaciona con mujeres casadas porque necesita "todo mi tiempo y mi espacio para mí", porque le gusta el riesgo y porque sabe que las "bien casadas" (con posición, maridos ricos y mucho que perder) no se arriesgan con tonterías, ni abandonan a sus maridos "aunque se vuelvan locas de amor". Pero Artigas parece castrado emocionalmente. No de modo físico, eso es muy obvio porque lo demuestra de muchas maneras.

Sabe decir las frases adecuadas, concitar el interés creciente de la dama que desea midiendo las palabras y los silencios, hacerla sentir única y especial. Planea el cerco, la estrategia, es consciente de su atractivo y de lo que puede obtener. Luego la usa, la disfruta y, al final, le estorba ¿quizá hasta el extremo de matarla? Eso es lo que Roures habrá de averiguar investigándole no sólo a él sino a su escaso círculo de confianza en el que reina, como guardián de todos sus secretos, Alfonso Bermúdez, su secretario personal y hombre para todo.

Me ha llamado la atención de forma especial la edad de los protagonistas. Ninguno, Salvo Katia Kohen que tiene treinta, son especialmente jóvenes. Toni Roures está ya en los sesenta. Misia y Artigas en los 45. Isabel ha cumplido cincuenta y siete. A pesar de ello todos gozan, de un modo u otro, de un atractivo innegable. Eso hace que las escena de sexo explícito, que las hay aunque no son el centro de la trama, sean más "lucidas", si se me permite la expresión. No son gratuitas, nos introducen en la relación de los protagonistas. Sólo una me ha chirriado, pero como no quiero hacer ningún spoiler esperaré a vuestras conclusiones y veremos si coincidimos.

Escrito desde la perspectiva del narrador omnisciente, se van alternando los capítulos dedicados a la investigación de Roures y a sus recuerdos con los que están dedicados a Artigas y Misia, solos o juntos. Puedo entender a Misia: es muy complicado resistirse cuando alguien como Artigas te pone en su punto de mira. Conoces el peligro, sabes que nunca conseguirás nada de él, pero sabe crearte la necesidad de verle, de estar con él, de ser suya. Lo hace endiabladamente bien. El problema es cuando deja de orientar sus antenas hacia la hasta entonces deseada. Puedo entender también a Roures: el caso se va complicando a cada paso, le reporta un buen dinero y es un reto saber qué esconde Artigas. Y, desde luego, quiere ayudar a Isabel, con quien se siente en deuda perpetua. 

La guerra, la trata de mujeres, las grandes editoriales, el mundo literario, el Madrid más lujoso, la infidelidad, los secretos personales, partes de la historia más desconocida de los judíos y los odios que pueden provocar, Buenos Aires, Venecia, Londres... A lo largo de las páginas de A menos de cinco centímetros viajaremos por muchos lugares. Algunos son sólo recuerdos, pero igualmente los veremos con los ojos de los protagonistas. Hay capítulos en los que se hace patente el gran trabajo de investigación de Marta Robles, sobre todo en lo que al mundo de los libros y del arte se refiere. Mucha importancia tiene también la música, la pasión de Toni Roures, que parece tener una canción para cada momento.

Entonces ¿qué hay en este libro que engancha y que te pide que lo sigas leyendo? Pues esa mezcla de tramas y subtramas, unos personajes con personalidades bien definidas que causan sentimientos en el lector. Datos y hechos históricos más o menos conocidos a los que se da una vuelta de tuerca. Tensión creciente, riego, pasión, lujo, paisajes urbanos bien descritos. Relaciones complejas, amor entendido en muchas facetas, violencia, recuerdos que duelen o que se esconden porque avergüenzan las cicatrices. 

¿Algún pero? Sí, ya me conocéis. Al moverse los protagonistas en un ambiente elitista, son constantes las referencias al atuendo de Artigas y Misia, a lo que visten, a las joyas, a los relojes, incluso a los perfumes. En ocasiones tanta mención a marcas de lujo agota un poco, sobre todo para quienes apenas las conocemos de refilón. Igual que la descripción detallada de la ropa que visten. Imagino que están escritas con un propósito, quizá la de concretar el mundo al que ellos pertenecen. Pero pueden resultar pesadas. Al igual que un par de descripciones excesivamente detalladas de libros, bibliotecas o casas, aunque todo esto está más patente en la primera parte de la novela y luego se diluye hasta casi desaparecer. El desenlace, quizá (y sólo quizá porque esto es sólo una apreciación personal) se precipita un poco, pero cierra todos los círculos.

Olvidaos de las etiquetas y juzgad por vosotros mismos. Creo que A menos de cinco centímetros os va a sorprender y que son muchos más sus pros que sus contras. Acercaos, despacito, echad un vistazo. Seguro que encontráis motivos para quedaros.

Gracias a Marta Robles y la Editorial Espasa por el ejemplar de la novela.

viernes, 10 de febrero de 2017

CUCHILLO DE PALO de César Pérez Gellida

Mi madre me lo repetía mucho. Que había veces que yo llegaba tarde y apedreando, expresión muy de nuestra familia y del barrio madrileño en que me crié. Vamos, que me pillaba el toro. Lo del apedreamiento nunca he terminado de tenerlo claro. Y con las novelas de Gellida me pasa mucho, lo confieso, aunque no tenga una explicación brillante para ello. No es porque no las lea en cuanto caen en mis manos: las devoro con pasión. Pero como suelen dejarme pensando, tardo en reaccionar. Cuando me quiero dar cuenta ya hay setecientas reseñas estupendas y, entonces, con mi habitual miedo escénico, comienzo a preguntarme qué demonios tengo yo que aportar ante semejante despliegue. Y claro, doy un paso atrás, dejo el libro en una especie de barbecho pensante y, de cuando en cuando, voy escribiendo notitas sobre él en una agenda. Ahora se me echa encima la tercera parte de la trilogía, A grandes males, y he tenido que reaccionar. Sí, es posible que mi reseña no aporte nada nuevo. Y sí, seguramente mi visión esté una y mil veces repetida, pero vamos a probar. Remedando a Sancho, con todo respeto, nunca es tarde si la dicha es buena.

EL AUTOR: CÉSAR PÉREZ GELLIDA


Vallisoletano de nacimiento, actualmente vive en Buenos Aires. Es Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Valladolid y posee además un Máster en Dirección Comercial y Márketing de la Cámara de Comercio de Valladolid.
 
Profesionalmente dirigió sus pasos durante bastante tiempo al márketing, la dirección comercial y la comunicación de empresas vinculadas al mundo de la telecomunicación y la industria audiovisual. En 2011 de trasladó con su familia a Madrid para dedicarse en exclusiva a escribir.

Ha sido galardonado con varios prestigiosos premios como el Racimo de Oro de Literatura, la Medalla de Honor de la Sociedad Española de Criminología y Ciencias Forenses y el Premio Piñón de Oro en 2014. Desde febrero de 2014 colabora con una columna semanal en el periódico "El norte de Castilla", en la sección de cultura, llamada "La cantina del calvo".

El próximo 9 de marzo sale a la venta A grandes males, tercera parte de la trilogía "Refranes, canciones y rastros de sangre", a la que han precedido Sarna con gusto y Cuchillo de palo.

LA DISTANCIA ES SI NO VOLVEMOS (Alejandro Sanz)


Después del terrible resultado del secuestro del que fue su último caso en Valladolid y aun lastrado por el recuerdo de todo lo ocurrido con Augusto Ledesma, Ramiro Sancho ha sido apartado de sus funciones como policía. Arrastrando sus pesares, recalará en Galicia, tratando de hundir su memoria en alcohol, en camas ajenas y en drogas. A pesar de todo, parece que la desventura no deja de perseguirle.

De forma paralela, Ólafur, Erika Lopategui y el arcangel "renegado" Uriel siguen con su misión de persecución de los miembros de la Congregación de los Hombres Puros. Quieren llegar como sea a quienes están en la cima de la organización criminal y acabar con toda la infraestructura, aunque ésto les va a suponer unos riesgos inmensos y enfrentarse a peligros insospechados.

Ni siquiera el asidero de una mujer especial y un par de nuevos amigos parecen poder frenar el descenso en picado de Sancho. El fondo del pozo ni siquiera se intuye.

VIVIR ERA IR MURIENDO DÍA A DÍA, POQUITO A POCO, INEXORABLEMENTE (Miguel Delibes)


Personalmente, tengo siempre algunas reticencias con las segundas partes de las trilogías. Por norma general suelen ser las más flojas en cuanto a acción (no digo que sea obligatoriamente así) porque son una especie de valle, de tránsito entre la primera y la tercera: deben explicar algunas cosas, avanzar otras, levantar puentes que enlacen.  Pero en este caso la compleja situación por la que atraviesa Ramiro Sancho y la investigación de Erika, Ólafur y Uriel no nos dan tregua. No hay valle. Ni transito. La acción nos golpea con la misma intensidad que en Sarna con gusto y como, estoy segura, nos golpeará en A grandes males.

Es duro, como imagino para todos los seguidores de Ramiro Sancho, verle en la situación en la que él mismo ha decidido enterrarse. Ha puesto tierra de por medio, se ha instalado en Galicia y ha decidido trabajarse el olvido abusando de la bebida y drogándose. También en los brazos de Juliet, una prostituta nigeriana, con la que ha acabado por tener algo más que sexo:

Sancho se frotó la barba, dubitativo.
- Me gustas más tú que tu forma de follar - aseguró él
Juliet se detuvo en seco.
- Muchas gracias, hijo de puta. - La mala pronunciación de la jota, aspirada en vez de consonante fricativa, delataba su procedencia.
- Era un cumplido o por lo menos pretendía serlo.
- Un piropo de mierda.
- Te lo diré de otra forma: me encanta follar contigo, pero me gustas más tú.

A pesar de no relacionarse demasiado con nadie, sí ha trabado una buena amistad con Santiago, un camarero del club de alterne, que le incia en el geocoaching y le hace partícipe de la verdadera identidad de Cristóbal Colón. Pero también llamará la atención de los nigerianos que regentan el local. En Valladolid, Peteira, el compañero de Sancho, no se resigna a la falta de noticias sobre él e intentará localizarle del modo que sea. Mientras, en Alemania, Erika, Uriel y Ólafur han localizado a un miembro importante de la Congregación de los Hombres Puros e intentan sacarle toda la información posible.



Esta vez César no se queda en Valladolid y en sus calles. Lleva a los personajes por diferentes ciudades y escenarios, casi por medio mundo. Ramiro acabará viajando a Nigeria y el trío de Erika hasta Budapest, pero para conocer los motivos debéis viajar con ellos. Mis labios están sellados. O más bien, estando Sancho por medio, en boca cerrada no entran moscas. Sea como sea, de nuevo todo es muy visual. Es sencillo imaginar los escenarios, los paisajes, los edificios, incluso los olores porque nos los pone delante de los ojos como si se tratase de una película. Es lo más fascinante del estilo de Gellida: cómo nos introduce en los lugares y nos hace caminar al lado de los personajes y también cómo nos hace sentir lo que ellos sienten. La profundidad psicológica de la que les dota es brutal.

Es sencillo, en todo lo que se refiere a la Congregación de los Hombres Puros, no recordar las tramas de Dan Brown. Es algo buscado a propósito, tal como César ha manifestado en más de una ocasión. Personalmente no tengo demasiadas simpatías por el señor Brown por esa manía que demostró, en su famosísima El Código Da Vinci, de apropiarse de ideas ajenas y vendernos, como algo novedoso y de su propia cosecha, las conclusiones a las que allí llegaba. Hubo denuncia de plagio por parte de los autores de El enigma sagrado y se salvó de ser condenado por un tecnicismo, no porque no hubiese motivos. Pero le reconozco el mérito de saber hechizar con sus libros. En Cuchillo de Palo avanzaremos más en el conocimiento de qué se esconde dentro de la Congregación, de su organización, conoceremos a más miembros y de lo que son capaces.

Hay escenas bastante duras, rozando la crueldad, en este libro. Es sello Gellida no da concesiones en ese sentido al lector y creo que es de agradecer que no se ande con medias tintas. Los temas que toca no son amables, por lo que sus consecuencias tampoco pueden serlo. La brutalidad humana, que no entiende de razas ni de países ni de sexos, está muy patente en las páginas de Cuchillo de Palo y a veces puede llegar a producir escalofríos. Pero César es consecuente en su planteamiento: que no lo veamos o que miremos hacia otro lado no hace que desaparezca y ahí está él para darnos un buen golpe de realidad.

La acción va saltando de unos escenarios a otros, no hay tregua en ningún momento. Habrá sorpresas inesperadas, giros en el argumento que nos dejen impactados, momentos más cómplices. El carácter de Sancho, socarrón e irónico, saldrá a relucir en muchas ocasiones sobre todo en esos diálogos endiablados que César sabe crear como nadie. Nunca hay acartonamiento en ellos, nada teatral. Son los que podríamos escuchar si estuviésemos asistiendo como espectadores, sin filtros. Y como siempre, está la música, tan presente en la vida de Ramiro Sancho, y que verá ampliada su colección gracias al dueño de la tienda Elepé. Merece la pena escuchar los temas al tiempo que él lo hace. Nos hace sentirnos aun más cerca de él.

En Cuchillo de palo ya conocemos a los personajes principales, pero jalonan sus páginas un buen puñado de actores nuevos que colaboran al caleidoscipio humano del mundo Gellida. Cada uno tiene un papel muy concreto y deja su impronta de un modo u otro. Ninguno está por azar o por rellenar páginas. Pero sin duda Sancho vuelve a ser la estrella de la novela, marcándola a fuego con lo que le sucede, con sus palabras, con sus momentos tranquilos y sus desgarros. Un gigante rojo, como lo es Aldebarán en la constelación de Tauro, en el universo Gellida.

Para terminar me gustaría hacerle un regalo a César. Con todo mi respeto y admiración, por supuesto. Pero si Sancho es refranero, en Madrid somos muy de dichos. Y hay algo que nos une: Valladolid y Madrid hemos sido capitales del mismo imperio. Resumiendo: que aunque el comienzo de la novela no parezca anticiparlo, se va a montar una movida y un dos de mayo curiosos. Sancho volverá a demostrar que es más chulo que un ocho ante situaciones que convierten ciertos lugares en la casa de Tócame Roque. Mientras que el trío de Erika se irá coscando de que hay mucho menda indeseable escondido en las sombras, porque ya se sabe que de noche todos los gatos son pardos. Quizá por todo eso esta novela es la fetén.




lunes, 6 de febrero de 2017

ENCUENTRO VÍA SKYPE CON AVE BARRERA

Los encuentros con escritores son siempre apasionantes. Y actualmente tenemos la suerte de que las nuevas tecnologías se alíen con nosotros para que puedan producirse incluso desde el otro lado del océano. Esto sucedió hace pocos días con la escritora mexicana Ave Barrera, con la que pudimos charlar vía Skype: ella desde Ciudad de México y nosotros desde Madrid. Para ello Pepa, de Qué locura de libros, y la Editorial Alianza, editora del libro de Ave en España, nos convocaron en un lugar con una magia especial. Se trataba de La Plaza de Poe, un espacio de creación literaria y musical en Madrid, que combina un cierto encanto bohemio con el acogedor ambiente de la cultura de base, esa que empuja a los grandes creadores hacia arriba. 


Ave Barrera es una joven escritora nacida en la ciudad mexicana de Guadalajara en 1980. Estudió la Licenciatura en Letras Hispánicas en la universidad de su lugar de nacimiento, un máster en Letras Modernas Portuguesas en la UNAM y realizó un curso de Formación de Editores en la Universidad Complutense de Madrid. Ha trabajado como editora durante varios años en Oaxaca. Con su libro Puertas demasiado pequeñas ganó el Premio Latinoamericano de Primera Novela Sergio Galindo de la Universidad de Veracruz en 2013, libro que ha sido editado en España por Alianza Editoral. También ha publicado varios libros infantiles y colaboró con el proyecto 21.000 princesas, en coautoría con Lola Hörner, en el que aborda el tema de los feminicidios en México. Con él ganó  el primer premio en el Concurso Internacional de Libro de Artísta Lía en 2015.


Puertas demasiado pequeñas es una obra de ritmo vertiginoso, cuyos temas principales son, en palabras de la autora, "el silencio, el arte y Juan Rulfo". En él se nos cuenta cómo José Federico Burgos malvive en Guadalajara como copista de cuadros del Renacimiento y es abordado por un excéntrico y embaucador anticuario para falsificar una pintura del artista flamenco Gossaert Mabuse, del siglo XVI. Consiente en hacerlo con la esperanza de hacer realidad su sueño de dedicarse en cuerpo y alma a su propia pintura. Confinado en la finca del tiránico coleccionista, comienza una particular aventura metafísica e iniciática en la que deberá sortear extrañas y perturbadoras peripecias.

EL ENCUENTRO

 


Antes de conectar con Ave, quienes asistíamos al encuentro comentamos cuánto nos había gustado el libro. Es un texto diferente, con toques de realismo mágico, y que alberga una historia original y muy intensa. Además los modismos del lenguaje mexicano la hacen cercana y en ningún caso empañan la lectura ni la hacen complicada, sino que le dan un toque muy personal, especial.

Hechas las presentaciones, la primera cuestión fue cómo surgió la idea de escribir Puertas demasiado pequeñas. Ave nos confesó que es una historia especialmente entrañable porque todo tiene que ver con su padre. "En esta novela meto a mi padre y también le doy vida", aseguró. La relación con él nos la definió como algo complicada, pero él, como el protagonista, es escultor y anticuario, con esa diferencia de salir de la nada como artista. Él fue quien la inció en las artes plásticas. Pero realmente la historia surge de una casa, una casa real, la del arquitecto e ingeniero mexicano Luis Barragán. Este hombre fue muy importante para la construcción de la identidad mexicana por unir modernidad y tradición. Ave conoció la casa de Luis Barragán  y vivió en ella, por lo que pudo curiosear por todos sus rincones y fue un lugar que le marcó mucho. 

Además se unió a esa idea inicial el tiempo que ella llevaba fuera de Guadalajara, su ciudad de nacimiento. Guadalajara es complicada para vivir, pero en la distancia pudo reconciliarse con ella, con los recuerdos que tenía de ella y con la identidad tapatía. Se denomina tapatíos a los nacidos en Guadalajara, que es la capital del estado de Jalisco. Con todo ello comenzó a idear el argumento partiendo de la casa hacia la ciudad, con todas sus peculiaridades. Respecto a las expresiones puramente mexicanas que jalonan la novela, Ave cree que el idioma se enriquece cuando se usan dentro del contexto adecuado, porque se amplían tanto la cultura como el horizonte del lector. 

Se planteó la cuestión de las posibles similitudes que algunos de nosotros habíamos encontrado en su novela con alguna de Eduardo Mendoza, sobre todo refiriendose al detective encerrado en un manicomio y sin nombre, protagonista de algunos de sus libros más famosos como El misterio de la cripta embrujada. Ave reconoció no haber leído nada de Mendoza pero le llamó poderosamente la atención ese detalle y se mostró muy interesada en conocer a un personaje que mezcla la picaresca con la figura del detective al que la vida ha dado muchos revolcones.

Comentamos también que Puertas demasiado pequeñas es una auténtica explosión sensorial, sobre todo en la magnífica descripción de sabores y olores, tan gráfica y colorista. Ave aseguró que escribir esta novela le obligó a utilizar loc cinco sentidos y se ha dado cuenta de que ese tratamiento de la vista y el olfato se han convertido en una especie de seña de identidad. Muchas veces la novela muestra lo que ocurre sin necesidad de largas explicaciones y cree que merece la pena explorar este tipo de escritura. 

Respecto al tiempo que tardó en escribir la novela, nos explicó que le había dedicado unos tres años. En los primeros borradores ni siquiera sabía a dónde quería ir realmente y, de hecho, la primera idea nada tenía que ver con el resultado final del libro. Una vez que tuvo claras las ideas en la cabeza, sólo las desarrolló. Lo que sí quería en todo momento es que los diálogos no fuesen demasiado explicativos y poner en escena y en primer plano las emociones de los personajes. 


En cuanto a éstos, a los personajes, quiso dejarnos claro que la casa en que se desarrolla la novela es una protagonista en sí misma. Hay cambios en lo que era la casa real. Por ejemplo en el estudio de Luis Barragán, con sus vigas de madera. O el muro que da hacia el jardín, que realmente era un ventanal. En ese jardín existe realmente una gruta a la que se accede desde él y dentro de ella hay un esqueleto de caballo, pero el hecho de que exista una gruta en la casa original de Ciudad de México de Luis Barragán es un elemento narrativo propio, ya que en la casa de Guadalajara, dónde se ambienta la novela, no existe. 

Los toques de realismo mágico que aparecen a lo largo de Puertas demasiado pequeñas tienen mucho que ver con la presencia de Barragán como algo sobrenatural a lo largo de las páginas, una presencia que sobrevuela toda la historia. Necesitaba algo que le diese soporte a esa presencia y de ahí la aparición de ciertos aspectos del realismo mágico. Cuando escribe, nos contó Ave, siempre empieza por lo más obvio y le cuesta muchas vueltas llegar a donde quiere. Hizo muchos cambios, muchísimas correcciones. La primera versión de la novela está escrita a mano y sólo contenía las acciones más representativas. Desde ese manuscrito es desde donde empezó a escribir realmente. Y lo hace por capas: el lenguaje, la sonoridad, las imágenes... Después del primer borrador el trabajo es con personas de su círculo de confianza: ellas leen el resultado  y, con sus opiniones, empieza a pulir el texto. La edición definitiva supone haber pasado por varias revisiones, de ahí el tiempo que le dedicó.


Realmente fue un encuentro apasionante y muy revelador. La novela de Ave Barrera me ha parecido una pequeña delicia, una lectura diferente que apasiona y atrapa. Conocer a su autora y hablar con ella me ha permitido arrojar más luz a pequeños detalles en los que, quizá, no había reparado. Os recomiendo Puertas demasiado pequeñas porque os va a sorprender con una trama distinta y un modo de narrar que nos sumerge por completo en la historia. Reitero mi agradecimiento a Qué locura de libros y a Alianza Editorial por hacer posible una tarde estupenda y a La Plaza de Poe por su hospitalidad.

jueves, 2 de febrero de 2017

LA CARNE de Rosa Montero

Ni siquiera recuerdo el motivo por el que me empeñé en leer esta novela. Quizá porque La ridícula idea de no volver a verte me gustó tanto que me apetecía volver a Rosa Montero y a su prosa. Puedo anticiparos que ha sido una lectura fascinante, diferente. Una historia que aunque no me ha removido del modo que lo hizo la anterior (aunque por motivos muy personales), sí que te hace cómplice y te lleva de la mano de situaciones que puedes reconocer, con sentimientos que sabes que están ahí aunque no sean tuyos.

La carne nos habla de ruptura y de dolor, de deseos de venganza, de decisiones tomadas en caliente, de amor, de desamor, de personas que se cruzan por casualidad y esa casualidad se convierte en algo más. También de pasión, de miedos, de proyectos, de pasados que marcan, de verdades completas o a medias. Y te quedas en sus páginas a gusto, preguntándote siempre qué ocurrirá a continuación.

LA AUTORA: ROSA MONTERO


Nacida el 3 de enero de 1951, Rosa Montero es periodista y escritora y trabaja desde 1976 en El País de forma continuada, habiéndose hecho cargo en determinados momentos como redactora jefe de su suplemento dominical. En su juventud colaboró con grupos de teatro independientes y en 1979 publicó su primer libro, Crónicas del desamor. Tanto como periodista como escritora ha ganado importantes premios como el Premio Nacional de Periodismo o el Premio Primavera de Novela. Estaba casada con el periodista Pablo Lizcano, que falleció en 2009 víctima del cáncer y que está muy presente en La ridícula idea de no volver a verte, de 2013. El peso del corazón, de 2015 es su última novela antes de La carne

LA CARNE


Soledad contrata a un escort (un acompañante masculino) para acudir una noche a la ópera con la intención de darle celos a su ex amante. Pero un suceso violento e imprevisto lo complica todo y marca el inicio de una relación extraña pero aparentemente satisfactoria. Ella tiene sesenta años y el escort 32. Soledad, que hace lo posible y lo imposible para mantenerse atractiva y joven, se mueve entre la rabia y la desesperación por la llegada de la vejez. Adam, su acompañante por dinero, intenta escapar de una vida complicada. Y parecen entenderse bien.

Una intriga emocional en la que se habla el paso del tiempo, el fracaso sentimental, de la necesidad de amar. Pero también de la gloriosa tiranía del sexo de la vida entendida como un lance fugaz en la que devorar o ser devorado

¿EN QUÉ MOMENTO SE PIERDE UN SER HUMANO?


La vida es un pequeño espacio de luz entre dos nostalgias: la de lo que aun no has vivido y la de lo que ya no vas a poder vivir.

Soledad hierve de rabia. A pesar de que parece haber encajado bien la ruptura con Mario, su último amante, dentro de ella siente los dientes del desamor y la pérdida. Por si fuera poco, la esposa de Mario está embarazada y Soledad tiene la certeza de que ese detalle ha sido definitivo para que él la deje. Llega su cumpleaños, su temido cumpleaños en el que llegará a los sesenta años, y había conseguido entradas para Tristán e Isolda, una ópera que Mario y ella habían compartido de forma muy íntima. Pero ya no podrá ir con él. Con Mario. Mario que, mediante whatsapp, le ha dicho que también tiene entradas para la representación y que irá con su mujer. Ahora apenas puede lidiar los mordiscos de su rabia dolorosa, esa que le va llagando el alma, y ha tomado una decisión: contratar un escort, un prostituto, lo más guapo posible para acompañarla a la ópera. Ojalá se cruce con Mario. Ojalá consiga que él se sienta mal, incluso que se ponga celoso. Ojalá...


La novela está escrita en tercera persona, pero de un modo tan intenso y tan detallado que te sumerges en ella como en aguas bravas: sin pensar. Es complicado definir a Soledad, porque es un personaje con muchos matices y con muchos recovecos, algunos sumidos en la oscuridad. Va a cumplir los sesenta y se mantiene atractiva, se cuida, tiene un buen trabajo... pero sus relaciones nunca son fáciles ni suelen terminar bien. Esta última decepción es especialmente dura, no sólo por la cercanía de su cumpleaños sino también porque considera que la asistencia de Mario a la ópera que tanto significaba para ellos (o eso creía Soledad) es toda una traición.

El caso es que la ruptura con Mario había sido difícil pero por otra parte comprensible. Como en todas las relaciones de Soledad , el final estuvo en el horizonte desde el primer momento.

Quizá la reacción de Soledad ante esto tiene bastante de pataleta, un poco un "y yo más", un deseo irrefrenable  de hacer ver a su ex amante que ha pasado página y que le ha sustituído por alguien más joven y atractivo. Pero ¿es sólo despecho o es que amaba a Mario más de lo que quiere reconocerse a sí misma? ¿O es ese pavor a la vejez, a estar sola, a no volver a amar?. Allí está, delante del ordenador, mirando fotografías de hombres por horas y rumiando sus recuerdos cuando aparece la imagen de Adam, al que se define en la novela como una mezcla formidable de pianista romántico cruzado con musculoso trapecista. No es un capricho barato, pero acaba por contratarle. Acudirán juntos a la ópera pero lo que debía haber terminado ahí se complica por un suceso inesperado. Y ese será el principio de una historia compleja en la que los dos tienen intereses que el otro puede satisfacer. 


Adam es ruso y huye de una vida dolorosa y llena de privaciones. Y ambos parecen entenderse bien a pesar de la diferencia de edad, a pesar de cómo se han conocido. A todo ello se une una segunda trama, basada en una exposición en la que Soledad trabaja, basada en escritores malditos. Se van intercalando datos de algunos de los elegidos, de sus vidas, como si Soledad fuese aspirando su esencia. Sus choques constantes con Marita, otra de las encargadas del montaje, más joven y con ganas de destacar, minan su seguridad más de lo que quiere reconocer.

Como me ocurrió con La ridícula idea de no volver a verte, la prosa de Rosa Montero ha conseguido que no pudiera dejar de leer. No es demasiado largo y se lee con facilidad a pesar de que no siempre Soledad resulta un personaje acogedor ni fácil de entender. Parece que su nombre ha marcado su vida, al igual que a su hermana, Dolores, con un destino aun más triste. El miedo a la vejez y a quedarse completamente sola está siempre presente en cada paso que da, en cada despertar cada mañana. Adam es una oportunidad con la que no contaba y, aunque les separan muchos años, se comprenden, encajan, comparten en ocasiones esa carne que puede resultar gloriosa.

La forma de narrar de Rosa Montero puede parecer sencilla, pero cada detalle está colocado con precisión. No son necesarias grandes metáforas para contarnos una historia como la de Soledad y Adam y, sin embargo, se nota el gran trabajo que hay detrás. Cómo están articulados los personajes, cómo van evolucionando, cómo dibuja las situaciones, cómo nos va deslizando dentro de la vida de Soledad para acabar comprendiendo muchas cosas. La intriga se va entregando en pequeñas dosis, sutilmente, componiendo una tela de araña que al principio es muy sutil y que se va enmarañando, atrapando al lector sin remedio.

Personalmente he disfrutado de la lectura de La carne sobre todo por ser una novela tan distinta a lo que vengo leyendo últimamente. Y porque, cuando todo parece ser de una manera, es de otra. Ese factor de sorpresa siempre me fascina. Os recomiendo su lectura y su disfrute. Porque la carne, aunque sufra los estragos de la edad, siempre está dispuesta al goce.