martes, 17 de julio de 2018

LA TRAGEDIA DEL GIRASOL de Benito Olmo

No es sencillo volver a la normalidad. O al menos a algo parecido a ella. Por fin he podido encontrar la concentración para retomar la lectura, para meterme en mi burbuja de historias y páginas y, gracias a ella, conseguir un refugio que tiene mucho de bálsamo curativo. Leo, sí, pero me está costando enormemente sentarme a escribir y reseñar, como si un peso invisible tirase de mí hacia el silencio, hacia dejar todas las páginas en blanco. Como si me hubiese quedado sin nada qué decir que no esté dicho ya. Y, sin embargo, quiero hacerlo. Me apetece hacerlo porque me ilusiona y me llena. Quizá por eso he decidido volver a mi actividad bloguera con la reseña de un libro muy especial para mí: La tragedia del girasol de Benito Olmo. Tuve el honor y la suerte de poder leer el manuscrito original casi un año antes de su publicación porque Benito así me lo pidió, regalo que siempre le agradeceré por la confianza, no sé si merecida, que me demostró. Nadie supo que lo estaba leyendo, guardé el secreto con fidelidad casi perruna, pero tuve la certeza de que estaba ante una novela que iba a dar mucho que hablar, como así ha sido y espero que siga siendo.

Cuando leí La maniobra de la tortuga, la anterior y primera novela con Manuel Bianquetti como protagonista, me atrapó cómo estaba narrada. Sin alardes innecesarios, sin grandes giros sorpresa en el argumento, sin golpes de efecto de última hora, pero con una historia sólida y solvente, absolutamente real. Y también absolutamente negra, con un toquecito de los clásicos del género, un fondo innegable de denuncia social y, sobre todo, un personaje principal de los que dejan huella. Como yo, muchos lectores de esa novela deseábamos una nueva entrega y aquí la tenemos.

LAS HOJAS QUEMADAS DEL GIRASOL


Hace un año que Manuel Bianquetti está sin trabajo y sin sueldo debido a la suspensión que sufre. Trata de buscarse la vida como detective privado pero apenas consigue encargos. El único que tiene por ahora es localizar a una prostituta llamada Regina y su carácter, ya de por sí complicado, se va agriando por momentos. Silva, su antiguo compañero de la policía, le ofrece participar como miembro de la seguridad privada de Carlos Ferraro, un poderoso y acaudalado empresario que visita Cádiz por unos días acompañado de su nuera Mary. A regañadientes y poniendo por delante su poco comvencional personalidad, acepta el trabajo. Lo que parecía una labor sencilla se complica cuando Ferraro es asesinado por un francotirador en el estadio Ramón de Carranza durante un partido de fútbol. Bianquetti sospecha desde el principio de que detrás de que ha sucedido hay mucho más y se propone sacarlo a la luz, aunque quizá esta determinación le acabe costando cara.

EL CIEGO SOL, LA SED Y LA FATIGA...


                  "Mantenga su rostro al sol y no verá la sombra. Es lo que hacen los girasoles"
                                                                                                                                    Hellen Keller

Muchas han sido las reseñas que se han publicado ya de La tragedia del girasol, señal de que el nuevo libro de Benito Olmo ha despertado interés y curiosidad. Y casi todas inciden en los mismos puntos:  que es una novela negra de corte clásico, el carácter irreverente de Manuel Bianquetti y la presencia de una "femme fatàle" de manual. Estoy de acuerdo con todos ellos, pero esta novela es mucho más. Hay un fondo oscuro tamizado por las nubes grises que cubren el cielo de Cádiz en muchas páginas, alejando la ciudad de su imagen soleada y llena de luz. Hay un dibujo preciso de lo que se mueve por debajo y a los lados de la sociedad. Y también una feroz crítica a la impunidad de los poderosos, a los que el dinero hace intocables aunque pisoteen todas las leyes.

Obviamente sí que hay algo de clásico en el fondo y en la forma de La tragedia del girasol. Una investigación, un protagonista con problemas personales que no cumple ni con las normas ni con los cánones del buen policía, crímenes, bajos fondos. Pero insisto en que eso es sólo el envoltorio de una trama muy bien elaborada en la que todo cuadra sin trampas y sin sacar conejos de la chistera a última hora. Como en La maniobra de la tortuga, Cádiz vuelve a ser el escenario de la novela. Pero no nos moveremos por sus playas ni por geografía más conocida, sino por lugares que están ahí y no solemos mirar porque no los queremos ver, como si la imagen conocida de esta ciudad fuese un decorado que oculta la desagradable parte trasera. En esta ocasión también visitaremos junto a Bianquetti restaurantes de lujo, urbanizaciones suntuosas a pie de playa y el mismísimo estadio Ramón de Carranza, pero incluso en estos casos estaremos viendo sólo el recargado telón que esconde todo lo demás.


Manuel Bianquetti sigue siendo el gigante con malas pulgas de la anterior entrega, pero acumulando dentro de sí más amargura y sensación de fracaso. Lleva un año suspendido de empleo y sueldo intentando ganar dinero a base de anunciarse como detective privado. Pero hablamos de Cádiz, una ciudad devastada por el paro y en la que contratar ese tipo de servicios es casi impensable. Bianquetti podría buscar nuevos cotos de caza, volver a Madrid... pero no lo hace. Cristina le ata allí sin cuerdas, sólo con su presencia, su cariño y su piel aunque sea incapaz de decirle cuánto le importa, lo que siente por ella. Bianquetti, en las malas, aguanta los golpes y se levanta una y otra vez de la lona pero se rinde sin remedio ante quien quiere. Tiene un código moral único y personal que puede ser aterrador, pero que cumple a rajatabla aunque también, al contrario que el Cádiz por el que transita, bajo su aspecto esconde lo mejor. No pide ayuda, no quiere que quienes le importan sepan lo que hace, pero quizá le convendría.

De nuevo la narración transcurre de forma lineal,  sin fuegos artificiales que oculten lo fundamental. Un argumento poderoso, más de lo que parece, en el que saca a la luz ese Cádiz que se esconde tras  las playas y el turismo; el de las calles oscuras en las que no entra el sol, el del paro, la prostitución, los descampados y los polígonos semiabandonados, el que cierra los ojos a la corrupción y al narcotráfico. Benito Olmo hace descripciones que en realidad se basan en simples percepciones pero que retratan a la perfección lo que nos quiere mostrar. Nos da dos pinceladas y lo demás vuela en la imaginación del lector. Es más que evidente en el contraste entre las zonas brillantes, lujosas y excesivas de los ricos y los barrios más humildes, como el de Manuel o el de Cristina. O los lugares por los que transita Regina, arrastrando una vida que no quiere pero de la que no puede escapar.

El amor también está presente, aunque de formas muy diversas. El que hace girar la trama es el amor que destruye, el que impide ver más allá del ser amado y mantiene preso a quien lo siente. El amor del girasol por el sol, como bien deja claro el título de la novela. Jamás dejará de mirarlo aunque se abrase y se consuma. Pero también está el amor de un padre por su hija perdida. El de una mujer por el marido muerto por una mala decisión y que no entiende los motivos ni los quiere entender. El del propio Bianquetti por su hija Sol y por Cristina, aunque la mayor parte de las veces no sea capaz de exteriorizarlo. Aquí podría hablar de esa mujer fatal, Mary, el sol que abrasa a quien pone sus ojos en él, toda belleza, frialdad y estilo, que sabe usar como nadie el mostrarse desvalida, pero que esconde un carácter y una determinación pétreos. Hasta a Bianquetti es capaz de convencerle para que, durante un tiempo, baile a su son. Personalmente siempre me llama la atención que este tipo de mujeres sean capaces de derribar hasta a los hombres más curtidos, cuando lo cierto es que se las ve venir de lejos. Puede que sea, como decía un buen amigo mío, puritita envidia. Y de la mala.

El estilo de Benito Olmo muestra, en esta novela, una clara evolución con respecto a la anterior. Para mi gusto ha mejorado sustancialmente su manera de narrar. Marca perfectamente el "tempo" de la acción con capítulos cortos que mantienen de forma constante el interés del lector, sabe ir haciendo crecer la tensión pero sin retorcer el argumento. Mide de maravilla hasta dónde puede llevar las escenas más violentas para que sean reales y no caer en el "gore" ni en el exceso y las cuenta, además, de un modo muy visual. Hay mucho más oficio de escritor en La tragedia del girasol: no chirría ni un solo engranaje. No caigamos en el error de pensar que por escribir de manera fluida y sencilla, sin perderse en circunloquios, esta novela está poco elaborada: todo en ella está calculado y trabajado al milímetro. No hay problema si no habéis leído La maniobra de la tortuga, esta novela puede leerse de forma independiente. Dije en su momento que Benito Olmo y Manuel Bianquetti habían llegado para quedarse en el panorama de la mejor novela negra patria y hoy son una poderosa realidad. Dejadles que os seduzcan, os aseguro que va a ser toda una experiencia.


lunes, 21 de mayo de 2018

LA MEMORIA DE LA LAVANDA de Reyes Monforte

Qué complicado, qué doloroso es asumir la ausencia de quien ha sido todo tu mundo, cuando parece que ese mundo, sin su mano para acompañarte, ya no es más que una impostura. Que no existe. Que se ha vuelto hostil y frío. Quizá este podría ser, perfectamente, el resumen de esta novela aunque me quedaría corta y con todas las costuras sin coser. No he podido evitar recordar otro libro, La ridícula idea de no volver a verte de Rosa Montero, una de mis mejores lecturas de los últimos años a pesar de lo que me arañó el alma y me la dejó hecha jirones. La memoria de la lavanda, aun tocando el mismo tema, lo envuelve, además, en una historia de amistad de años, de fidelidad, de familia, de hechos del pasado que han quedado sin resolver. Y es, también, una explosión de color y olores, como un canto a que la vida sigue y se abre camino aun cuando tú estés devastada por el dolor y la pérdida. Una novela que sabe acogerte y hacerte cómplice de lo que cuenta.

LA AUTORA: REYES MONFORTE


Periodista y escritora, ha desarrollado buena parte de su carrera en el mundo radiofónico durante más de 15 años. También ha participado en programas de televisión de diferentes cadenas tanto como colaboradora como presentadora. En 2007 su libro Un burka por amor se convirtió en un gran éxito de ventas y tras él ha publicado Besos en la arena, La infiel o Una pasión rusa.

NUESTRO REFUGIO EN EL MUNDO AZUL


Han pasado poco más de dos meses de la muerte de su marido, Jonas, y Lena, aunque el mundo se le ha convertido en algo hostil, gris y terrible, decide que ha llegado el momento de cumplir la última voluntad de su amor y llevar sus cenizas a Tármino, el pueblo de su familia. Sabe que regresar allí va a despertar aun más los recuerdos y casi se siente incapaz. En Tármino continúa la que fue la casa familiar de él y que luego los dos hicieron propia. Las calles por las que pasearon. Los inmensos campos de lavanda perdiéndose en el horizonte. Los amigos de Jonas, tan cercanos y cómplices, tan parte de él también. Sólo existe una pieza suelta: Marco, el Zombi, el hermano de Jonas, por el que todo el mundo siente un profundo desprecio. Lena sabe que no va a perder ocasión de dar la nota incluso en un momento tan especial y doloroso como éste.

La memoria de la lavanda, narrada en primera persona por Lena, es la historia de ella y de Jonas. Su viaje a Tármino nos va a ir abriendo páginas de sus vidas en común. Pero lo hace sin un orden concreto, sin una sucesión lineal, al igual que nos pasa a nosotros cuando recordamos. Serán, en general, escenas puntuales, esbozos de momentos, pedazos de conversaciones. Como para mostrarnos cómo era pero sin permitirnos invadir del todo una intimidad que les pertenecía a ellos y a nadie más. Jonas, reputado cardiólogo, y Lena, fotógrafa profesional, formaban una pareja completa, cálida, sin fisuras. Ni siquiera la diferencia de edad (Jonas era más mayor que Lena) provocaba siquiera un arañazo en el bloque compacto que habían construído.

La llegada de Lena a Tármino provoca que sea aun más consciente de su soledad, aun cuando allí la espera Daniel, primo y mejor amigo de Jonas, por quien siente un inmenso cariño. Daniel es el sacerdote de Tármino y un hombre comprometido y cabal. Y allí también están Roberto, Hugo y Lola, Aimo, los amigos de siempre, su colchón para evitar caerse y los hombros en los que llorar si es necesario. Además llegará Carla a acompañarles, amiga de Lena y un pequeño terremoto mejicano al que a veces le fallan los filtros, pero que nadie puede negar su lealtad.

El festival de la lavanda de Tármino se va a producir también en esos días y el pueblo es una explosión de color y olor. La novela de Reyes Monforte es sumamente sensorial, no sólo por las descripciones de los campos de lavanda y del pueblo, sino por cómo nos va llevando hasta los olores de la panadería, a las comidas que preparan juntos, en la miel de Aimo, a la calma de la noche cuando Lena pasea sola, al silencio lleno de sonidos del campo; incluso al aroma de Jonas impregnado en la ropa de la que Lena no ha querido deshacerse y que la acompaña al dormir. Hasta las conversaciones que los amigos mantienen nos resultan acogedoras, como si nosotros también perteneciéramos a ese grupo unido y fiel.


No serán sólo los recuerdos y los tranquilos ratos de complicidad con los amigos los que irán brotando en la estancia de Lena en Tármino. El Zombi, el hermano de Jonas, buscará su minuto de gloria comportándose del único modo que sabe: siendo un perfecto miserable. Y en el idílico paisaje que es Tármino en aquellos días, las historias familiares, los viejos rencores, pequeños secretos, van saliendo a la luz para completar un paisaje que Lena nunca había terminado de conocer y que va adquiriendo toda su perspectiva. Los que vivimos en la ciudad muchas veces olvidamos que en los pueblos todo se sabe y todo se recuerda, aunque esté dormido por el peso de los años. Y, sin que nadie lo espere, un oscuro suceso sacudirá a Tármino tras el funeral de Jonas y removerá hechos del pasado, algunos terribles, que quedaron sin resolver.

Aun siendo Lena quien narra todo, quien realmente carga con el peso del protagonismo es Jonas. Lo es: absoluto y en elipsis porque ya no está pero realmente está en todo. Un hombre al que, a través de los ojos de Lena y de las confidencias de sus amigos, iremos descubriendo y admirando y hasta empapándonos con la tristeza de su pérdida. Jonas no está sólo en Lena, en sus amigos, en los recuerdos. Jonas está en Tármino también en el hospital que fundó, en el cariño de sus gentes, en la casa familiar. Está en las películas que compartía con Lena, en las fotografías que ella le hacía, en las dos alianzas que, ahora, luce en su dedo anular, en la ausencia de su mano y su voz cuando se despierta por la noche.

Tármino no existe, pero sí existe Brihuega, nuestra Provenza de la Alcarria, aunque el nombre del pueblo sea lo de menos. En La memoria de la lavanda vamos descubriendo por encima de todo la historia de amor de Lena y Jonas y la profunda amistad que él mantuvo siempre con sus amigos. Descubriremos al hombre enamorado, al profesional comprometido, su sentido del humor, su pasión por la vida, la valentía con la que se enfrentó a la enfermedad que le devoraba. En realidad la novela es Jonas y lo demás, cada suceso, cada momento, trascienden a través de él. Lo mejor, desde mi punto de vista, es que Reyes Monforte que lo hace sin empalagar, sin almíbares excesivos, simplemente narrándolo con la calidez que merece. Personalmente, he disfrutado de forma especial trasladándome a Tármino, ese microcosmos lleno de vida y también de habladurías, de historias familiares, de secretos, de odios más o menos escondidos. Un pueblo como otro cualquiera, cierto, pero que en este libro se hace nuestro por completo y lo añoramos cuando partimos.

La memoria de la lavanda sabe tocarnos en las fibras más sensibles porque todos, de una manera u otra, hemos tenido que enfrentarnos a la pérdida de alguien amado. Cada uno intentamos gestionarlo a nuestra manera, pero podemos reconocernos en la mayoría de las reflexiones de Lena. Incluso en sus lágrimas y en su sensación de orfandad absoluta. Y también hay un poco de nostalgia, si me permitís la veleidad, o un mucho de añoranza porque alguien como Jonas hubiese tocado nuestra vida aunque fuese de refilón. El duelo de Lena acaba siendo también el nuestro. Sin embargo no puedo decir que La memoria de la lavanda sea una novela triste. Tiene su parte de tristeza, sí, pero también sabe mantener el interés, crear tensión, deseos de revelar y sacar a la luz lo que permanece detrás de las puertas.

Es posible que todos, alguna vez, queramos volver a Tármino. Y perdernos entre la lavanda.





martes, 8 de mayo de 2018

MI PECADO de Javier Moro

Tengo un amigo que es un gran entendido en cine. Sobre todo en cine clásico, en blanco y negro, en películas que ya ni se recuerdan por el paso del tiempo. Fue él quien me habló por primera vez de Conchita Montenegro, contándome que antes del desembarco de Sara Montiel, a quien muchos consideran la pionera española en Hollywood, ella ya brilló en el cine al nivel de las mejores. Al nivel de una auténtica diva, una estrella absoluta. Os confieso que esa es una de esas informaciones que suelo guardar en el disco duro de mi memoria (que a veces es una maldición por lo que es capaz de conservar) y jamás había vuelto a pensar en ello hasta que asistí a la lectura del veredicto del jurado del Premio Primavera de este año. La noticia de que el ganador era Javier Moro, su presentación de la novela y el dosier de prensa que nos facilitaron sacaron del cajón todo lo que estaba ahí guardado.  Mi pecado, título de la novela ganadora, era la historia de Conchita Montenegro. Y la historia de su éxito, su vida, sus amores y su ocaso.

Ese día Javier Moro me convenció de que estábamos ante un libro especial, lleno de anécdotas de aquella época dorada. La forma en que nos habló de ella nos enamoró a todos los presentes como ocurrió también, poco después, en la presentación oficial en el Círculo de Bellas Artes. Su pasión era patente y fácilmente contagiosa. Así que la he leído con muchísimas ganas. Y sí, es una historia apasionante, aunque con algunas cosillas que no han terminado de engancharme. Ahora os cuento con detalle.

EL AUTOR: JAVIER MORO


Periodista, escritor, historiador y antropólogo. es conocido por sus novelas ambientadas en paisajes exóticos con grandes dosis de historia. Colaborador en diversos medios y revistas especializadas de viajes, también ha trabajado en el mundo del cine como productor, aunque es la literatura a la que se dedica casi en exclusiva. Ganó el Premio Planeta en 2011 con El imperio eres tú y ha alcanzado gran éxito con novelas como Era medianoche en Bhopal y Pasión india.


AROMAS DE RECUERDO


La memoria olfativa, y es algo de lo que siempre he estado convencida, es la más poderosa de todas las memorias que poseemos. Un olor nos puede transportar a la infancia, a aquellas vacaciones que tanto significaron, a un abrazo especial, a casa de tus abuelos, a las noches en que no había relojes ni obligaciones. Mi pecado, título de esta novela, es el nombre de un perfume que Leslie Howard solía regalar a Conchita Montenegro mientras estuvieron juntos. Una relación intensa y clandestina, aunque terminase siendo un secreto a voces incluso para la esposa de Howard. Conchita guardó todos los frascos, ya vacíos, incluso después de que todo terminase. Como recuerdos envasados a los que acudir si era necesario.

Mi pecado es la historia, como os decía antes, de Conchita Montenegro. Una vida de la que apenas conocemos nada y que merece ser sacada a la luz. La vida de una jovencita que con apenas 19 años llega a Hollywood para ser actriz, acompañada de su hermana, y que consiguió hacerse un hueco por plantarle cara al mismísimo Clark Gable en un casting. En una época en la que las grandes productoras de cine tenían que grabar varias veces la misma película en diferentes idiomas porque no existía el doblaje, Conchita supo jugar sus cartas y a base de talento y de simpatía natural, conseguir jugosos contratos y no parar de trabajar.

Según vamos leyendo, descubrimos a una Conchita Montenegro sumamente moderna (incluso aprendió a pilotar avionetas), bellísima, con talento, independiente... pero con una fuerte necesidad interna de tener a alguien al lado. Se enamoraba con facilidad, aunque sólo fuese durante una semana, y de la misma manera sabía pasar página. Conoció a las grandes estrellas del cine estadounidense y mundial, a los grandes directores y productores, acudió a las mejores fiestas en las que corría el lujo y el derroche aunque el resto del mundo estuviese sacudido por una crisis global terrible. Europa veía cómo, sin remedio, llegaba II Guerra Mundial y España se encaminaba a nuestra terrible Guerra Civil, pero el Hollywood del momento brillaba y derrochaba sin medida.

Unida al numeroso grupo de actores españoles que en ese momento rodaban y vivían allí, se relacionó con Charles Chaplin y con Greta Garbo. Y conoció a Leslie Howard... de quien se enamoró por completo y con quien mantuvo una larga relación a pesar de que él estaba casado. Cierto que él ya había tenido (y tuvo después de Conchita) varias amantes. Y ese amor acabará por tener consecuencias años después, con Conchita ya viviendo en la España franquista, cuando nuestro país era un complicado tablero de ajedrez en el que jugaban nazis y fuerzas aliadas.


La novela comienza a principios de la década de los 40, cuando Conchita ya ha regresado a España ante la falta de trabajo en Hollywood y está rodando algunas películas aquí. Con una vida acomodada y prometida con un diplomático, la proyección de Lo que el viento se llevó despierta en ella los recuerdos y la pasión que sintió por Leslie Howard y, con ella, Javier Moro nos lleva a trece años antes, cuando Conchita Montenegro triunfaba y era admirada por millones de personas.

La novela de Javier Moro es un prodigio de documentación, de anécdotas, de detalles, la mayor parte de ellos absolutamente desconocidos. Nos pone ante los ojos a actores, escritores y productores que ya son clásicos y les da voz y movimiento, acostumbrados como estamos a verles sólo en fotografías. Mi pecado es la historia de Conchita Montenegro pero también de una época, de un modo de vida. Y, en la parte dedicada a su regreso a España, es el reflejo fiel de un país arrasado por una guerra civil, sin recursos, gris y anodino, en el que unos pocos disfrutaban de un nivel de vida vedado por completo al resto de la población. A lo que había que sumar las tensiones políticas de los dos bandos europeos, que trataban de atraer al gobierno de Franco: unos para que declarase su neutralidad total y otros para que se posicionase a su favor.

Narrada con una fluidez que delata su experiencia como escritor, Javier Moro nos va introduciendo en todos esos escenarios con facilidad. Las descripciones son muy visuales, por lo que no es complicado imaginar qué veía Conchita, qué comía, cómo se vestía, cómo eran los rodajes. Pero hay algo que he echado mucho de menos: más pasión. En muchos momentos parece que estamos asistiendo a un hermoso documental, perfectamente montado, lleno de color y de contenido, pero, quizá, frío. Hasta en las historias más apasionadas de Conchita con sus amantes o conquistas la narración es, simplemente, correcta. Puede que se nos cuente su desgarro o su ilusión, pero para mi gusto le falta intensidad. No puedo negar que, como lectura, es muy entretenida y que está llena de datos y detalles más que interesantes. Sin embargo me ha faltado más implicación. Un poco menos mirar desde fuera y más profundidad en los personajes, sobre todo en Conchita.

Es innegable su corrección, su fantástica manera de narrar, su estilo, pulido y brillante. Es sólo que he echado de menos que Javier se metiese más a fondo dentro de los personajes. Y eso hace que, en muchas situaciones, no haya conseguido empatizar con Conchita ni con Leslie Howard, por ejemplo, porque algunas de sus reacciones, al contarlas como vistas desde fuera, me han resultado frías, aprovechadas y buscando sólo un beneficio. Quizá, metiéndose más en la piel de ellos, esa sensación se hubiese minimizado. Pero, como os digo, esta es sólo mi opinión de un aspecto del libro. En general es una lectura muy interesante que viene llena de hechos históricos que merecen la pena ser conocidos.

A pesar de esta apreciación, creo que Mi pecado es una novela recomendable por todo lo que aporta para conocer una época y un mundo, el del cine de aquellos años, que hoy nos resulta absolutamente desconocido. Y por poner rostro a Conchita Montenegro, tan injustamente olvidada, y con una biografía apasionante.

El perfume de Mi pecado en, en general, atractivo y luminoso. Conocerlo merece la pena. 


jueves, 19 de abril de 2018

CONOCIENDO NUEVOS AUTORES: JOSÉ LUIS FERNÁNDEZ JUAN

Hace unas semanas recibí un correo en el mail de este blog en el que José Luis Fernández Juan se ponía en contacto conmigo para presentarme su libro Pinceladas de Harmonía. Me ofreció conocerlo y se puso a mi disposición para traerlo a todos vosotros, cosa que hago encantada por la confianza que me otorgó como por la originalidad de su libro.

José Luis Fernández Juan es valenciano y de siempre ha manifestado una gran curiosidad por el arte. Ha participado en diferentes proyectos de cine, teatro y publicidad. El libro que hoy os presento, Pinceladas de Harmonía, autoeditado, vio la luz por primera vez en 2014 y, desde entonces, ha encadenado cuatro ediciones con la editorial Círculo Rojo. Actualmente acaba de publicar su segundo libro, El Diccionario de JLFJ en el que, como en el anterior, juega con el idioma, las metáforas y los diferentes estilos literarios. José Luis es profesor de Lengua y Literatura Castellana para alumnos de ESO y Bachillerato en el Colegio de Nuestra Señora del Pilar en Valencia.

Pinceladas de Harmonía intenta llevar a la literatura conceptos tan diferentes como la psicodelia, el conceptismo y hasta el culteranismo y lo hace a través de 17 peculiares relatos. Muy cerca de las vanguardias literarias, tan en boga a principios del siglo XX en Europa, hay mucho en esos relatos de surrealismo pero también de un benéfico buen humor que no es el habitual, sino más inteligente, más para hacer pensar, para sonreir mientras lo asimilamos. El propio autor, en diferentes entrevistas, ha manifestado que esta obra bien puede servir para sus propios alumnos para potenciar el conocimiento de la lingüística y la semántica y cree que es un canto a lo sencillo y a lo fácil que puede resultar llevarse bien con los demás y con lo que nos ocurre. 

Una vez leído el libro, José Luis me contestó a unas breves preguntas en las que nos aclara la intención que subyace bajo las páginas de su libro, sobre los motivos que le impulsaron a escribirlo. Y también contestó a preguntas más "incómodas" ya que, leyéndolo, me hizo preguntarme si realmente podía considerarse una lectura apropiada para los alumnos, debido a la complejidad del vocabulario y de las figuras retóricas que utiliza en él. Aquí os las dejo para que conozcáis mejor a José Luis Fernández Juan y sus Pinceladas de Harmonía.

JOSÉ LUIS FERNÁNDEZ JUAN Y SUS PINCELADAS DE HARMONÍA


- ¿De dónde surge la idea de este libro? ¿Qué te llevó a escribirlo?

Surge por una necesidad vital de experimentar con las palabras y con las ideas. Me seduce la idea de construir a partir de los referentes literarios que han marcado mi vida. Experimentar la fusión con el momento, con la estética, con la emoción, con las imágenes y con la pasión me pareció una motivación suficientemente atractiva como para embarcarme en la creación de una obra literaria.
Pinceladas de Harmonía es un cielo, cada episodio es un viento y cada palabra, una nube. Yo estoy contiguo a esta realidad. Les doy libertad de acción, los observo y me dejo llevar.
El acto de escribir me posibilita llegar a una nueva realidad más enérgica y valerosa. Para mí, escribir es la rebeldía de la exaltación de lo inédito.

- ¿Cuáles son tus influencias a la hora de escribir? ¿Qué autor que te ha marcado especialmente?

Preferentemente los autores del Siglo de Oro y los de la primera mitad del siglo XX. En estos dos períodos literarios podemos encontrar la esencia de nuestros valores literarios.
Me gusta implementar figuras literarias en la prosa para consustanciar el idealismo con el realismo y poder así meditar con más enjundia sobre los avatares de nuestra existencia. Esto se lo debo fundamentalmente a Cervantes.
Por otro lado, el placer por la experimentación riesgosa me viene de movimientos literarios como el Modernismo o el Surrealismo. En Pinceladas la huella de Darío o Lorca es más que evidente. El anhelo de naturalizar el mundo, el ir más allá, la liberalización total o la pretensión de provocar acciones son rasgos que aparecen en cada página.
La influencia de estos movimientos y autores ha moldeado definitivamente el estilo literario de Pinceladas de Harmonía y ha traspasado los lindes de su invención.


- En alguna entrevista te he leído que este libro es un “recurso didáctico” para alumnos de la ESO y Bachillerato, pero ¿crees que son relatos comprensibles para ellos, dado el lenguaje que usas en ellos? ¿Aciertan a entender por completo su esencia?

En Pinceladas de Harmonía podemos hallar los rasgos arquetípicos del Conceptismo, Culteranismo, Modernismo y Surrealismo. Estos movimientos son los más enrevesados (y más seductores) de nuestra literatura. La dificultad de sus dispositivos retóricos genera la necesidad de tener que acompañar muy de cerca a los alumnos para que estos puedan asimilarlos con tino.
La Fábula de Polifemo y Galatea de Góngora o algunos Sonetos de Quevedo o Lorca no son recomendables (por su extrema dificultad) para interpretar la inherencia de estos movimientos que se han de estudiar porque están en los programas educativos de ESO y Bachillerato. Han de seleccionarse con sagacidad otro tipo de textos para comentarlos; bien de estos mismos autores, bien de otros. De lo contrario, podemos cometer el error de que los alumnos lleguen a aborrecer estos períodos tan jugosos como complejos.

Una alternativa interesante para absorber, descifrar y comprender estos contenidos sería elegir como opción de lectura Pinceladas de Harmonía. Aquí aparecen todos los sesgos de estas corrientes literarias, pero de una forma más afable y complaciente. El contexto de la obra se desarrolla en esa sociedad tecnológica y moderna en la que los alumnos se desenvuelven de forma cotidiana. La identificación con el pueblo Harmonía es inmediata. Si además vehiculamos el humor como motivo permanente de seducción, la simpatía hacia la lectura de la obra queda garantizada.
Descifrar los significados patentes y latentes de las frases de Pinceladas se convierte en un solaz motivante y cautivador. Conseguir que el alumno aprenda jugando es el reto que me marco. Leer Pinceladas de Harmonía equivaldría a mirar de forma caleidoscópica una realidad con idioma propio.

- ¿Qué opinas de las lecturas obligatorias en esas edades? Siendo profesor de lengua y literatura ¿cuáles son las que tú recomendarías?

Las lecturas obligatorias (aunque no me agrada el adjetivo calificativo) se convierten en una necesidad perentoria para que el alumno mejore su vocabulario, su velocidad lectora, su comprensión, su creatividad y su imaginación. Además con la lectura de estos libros seleccionados potenciará su capacidad reflexiva y crítica, así como su autoestima, seguridad y determinación.
Conocer obras como La Celestina, La vida es sueño, El lazarillo de Tormes,  Don Juan Tenorio, Tres sombreros de copa o la Antología poética de Machado o de la Generación del 27 son algunas obras que yo recomiendo en mi colegio y que considero imprescindibles para la formación intelectual de nuestros discentes. Estas lecturas lejos de ser aburridas, son un arma de construcción masiva para vencer a los juegos antipedagógicos que las nuevas tecnologías han traído para estrechar el buen juicio y entendimiento de nuestros alumnos. Tendrían que inventarse juegos digitales en donde la lectura total o parcial de estos clásicos “enganchase” al alumnado y les expandiera la mente. Invertir en leer (no importa si en digital o en papel) mejora la empatía, alivia el estrés y favorece la concentración. La lectura de un libro es un beneficioso viaje artístico y vital al que ningún alumno tiene que renunciar; sea obligada o de libre elección.

- En tu trabajo ¿qué dificultades sueles encontrar a la hora de impartir tus asignaturas? ¿Cómo consigues mantener el interés de tus alumnos en unas edades en las que suelen “dispersarse” con facilidad?

La mayoría de los adolescentes estudia por inercia. Sus centros de atención poco tienen que ver con estudiar las asignaturas que impartimos. Nosotros intentamos revertir esta realidad.
Para que los alumnos estén “centrados” considero fundamental que en las primeras clases todos tengamos diáfano cuáles son nuestros roles en el aula. Hay rutinas y procedimientos fijos que se han de asimilar y mantener a lo largo del curso. Intento ser más maestro que profesor. Más que aprendan los temas de una materia (que también), me interesa que se formen como personas. En cuanto puedo relaciono cualquier contenido con el espacio-tiempo de los chavales para que ejerciten la reflexión. Las clases suelen ser activas; interactuamos permanentemente con actividades pragmáticas en donde empleamos recursos digitales y trabajos cooperativos. Ellos siempre son los auténticos protagonistas; forman parte de los contenidos transferidos.

Fomentar el sentido de pertenencia resulta clave en este tipo de educación inclusiva y emocional que defiendo y que, por supuesto, aparece en Harmonía.
Por otro lado, piensa que yo sigo aprendiendo con la literatura; es apasionante. Esa pasión se la intento transmitir a los alumnos para que vean en la asignatura una razón de ser.

- Leyendo el libro aprecio un uso del lenguaje realmente rico, a veces rozando lo barroco. También abundantes metáforas e, incluso, párrafos que pueden rozar el surrealismo de las vanguardias ¿Actualmente crees que este tipo de literatura es accesible, en este tiempo de mensajes de whatsapp y vocabulario cada vez más escaso?

Constatas lo que te he comentado antes. Intento proponer un estilo diferente como alternativa a la realidad digital que ha generado la adicción a las TIC. Las habilidades verbales se han depauperado con la comunicación cibernética.
La “escritura” de mensajes por móvil con faltas de ortografía, frases sesgadas, carencia de signos gráficos o abreviaturas se ha convertido en una infausta realidad. La involución comunicativa lleva a una regresión cultural altamente preocupante.
El estilo de Pinceladas sería una apuesta “alternativa” por la comunicación culta y placentera; Una apuesta entre los mensajes cincelados y polisémicos frente a los mensajes inmediatos carentes de profundidad. Tú eliges.
La literatura “trabajada” de Pinceladas de Harmonía es atractiva porque se interpreta como un juego de búsqueda, acertijo y placidez, y… ¿a quién no le gusta jugar?
La moda de la TICdependencia pasará; Pinceladas de Harmonía siempre te estará esperando.

- Son 17 relatos en los que impera el positivismo en un mundo idílico, en los que hay un esfuerzo por el triunfo del buen humor ¿Crees que la literatura actual adolece de ese buen humor?

El humor en la literatura siempre ha existido: Cervantes, De la Serna, Tomeo, Quevedo, Macías, Valle-Inclán… Pinceladas continúa con la tradición.
Con el humor aprendemos a comprender mejor el mundo; y si este mundo está en crisis, mejor que mejor. Aporta la delicadeza del saber con la mirada del percibir.
Pinceladas es una obra divertida que garantiza el entretenimiento. El humor tiene valor literario. Si nuestra sociedad es absurda, el humor es sensato. Garantiza la lógica y rigor que falta para poder entender mejor las relaciones entre los humanos. El humor siempre ha volado por la literatura. En Pinceladas se posa y descansa en una propuesta absolutamente intransferible.

- ¿Qué es lo mejor que te han dicho sobre tu libro?

Que es diferente. Esta frase es lo más a lo que puede aspirar un autor.

- He leído algunas reseñas publicadas sobre Pinceladas de Harmonía ¿Hasta qué punto crees que han acertado con el contenido de tu libro? ¿Te sientes comprendido?

Las reseñas que he leído hasta ahora han sido muy positivas; estoy muy contento. La crítica literaria ha emergido con el avance de las nuevas tecnologías y muchas revistas literarias y medios de comunicación se han hecho eco de la publicación de obras literarias.
Yo, como autor, agradezco cualquier opinión que ayude a difundir el valor de un libro. Cuantas más opiniones se den, más se conocerá una obra y más lectores podrás ganar.
Particularmente no me marco como reto que Pinceladas obtenga una difusión inmediata y masiva. Prefiero que se vaya descubriendo y saboreando poco a poco. De momento vamos por la cuarta edición. Con el tiempo espero tener más. Como te he comentado antes, Pinceladas es un libro siempre te estará esperando.

- ¿Estás trabajando en algún otro proyecto actualmente? ¿Puedes adelantar algo?

Acaba de salir mi segunda obra: El diccionario de JLFJ; un repertorio de palabras con significados distorsionados y exprimidos. Te avanzo algunos:
Abundespués: Copioso en el futuro tanto como en el pasado.
Caramar: Cefalópodo comestible con rostro de ponto.
Diatribu: Discurso ultrajante realizado por un grupo uniforme con tierra propia.
Grabitación: Atracción mutua que sobreviene en un cuarto.
Jorlnada: Día sin niños.
Numeroso: 8245913706073195428.
Procastinar: Postergar el proceso de selección para elegir al elenco del espectáculo.
Santurrón: Dulce gazmoño navideño.
Trenquete: Frontón cerrado por vagones móviles engarzados.
Vencemento: Plazo que la arcilla y demás materiales calcáreos disponen para una vez cocidos y molidos se puedan mezclar con el agua y consigan convertirse en una masa compacta, sólida y dura.

Web del autor:




jueves, 12 de abril de 2018

LA TRAGEDIA DEL GIRASOL: ENTREVISTA CON BENITO OLMO


Hoy, 12 de abril, se pone a la venta La tragedia del girasol, la nueva novela de Benito Olmo tras el gran éxito y el soplo de aire fresco para el género negro que supuso La maniobra de la tortuga. De nuevo tendremos a Manuel Bianquetti como protagonista, las calles de Cádiz como paisaje y una trama potente, actual y con mucho más de lo que promete el resumen. Bianquetti , tras esta segunda aparición, va camino de convertirse en un referente de la novela negra. 

Tengo que agradecer de una manera muy especial a Benito Olmo por su generosidad conmigo, por su complicidad y por haberme puesto las cosas tan fáciles en esta entrevista. Y por facilitarme la fotografía que la ilustra, realizada en el pasado Tenerife Noir. Desde aquí sólo puedo desearle a Benito toda la suerte del mundo en esta nueva aventura del inspector Bianquetti. Os recomiendo, convencida, leer La tragedia del girasol. Sé que los amantes del género la vais a disfrutar muchísimo. Y los que no conozcáis a Benito Olmo, dejaos llevar por esta novela y por su estilo, por su manera de narrar. Os seducirá sin remedio.



«Lo que tenía ante él respondía más bien a un sentimiento enfermizo, que colapsaba la parte más racional de su cerebro y le nublaba el juicio y la capacidad de pensar por sí mismo, convirtiéndolo en un títere en manos de aquella mujer. "Como un girasol -se dijo-, condenado hasta el final de sus días a seguir el movimiento del sol que le da la vida; el mismo sol que al cabo de unas semanas se la quitará, achicharrándolo".»
Suspendido de empleo y sueldo, el exinspector de policía Manuel Bianquetti se ve obligado a malvender sus servicios como investigador privado hasta que recibe un encargo aparentemente sencillo: proteger a un importante empresario durante su estancia en la ciudad.
Sin embargo, lo que parece un trabajo rutinario desembocará en un reguero de muertes que obligará a Bianquetti a dar rienda suelta a su instinto de investigador para sobrevivir, llevándole a descubrir que, a menudo, el sol que más calienta también es el que más quema.

ENTREVISTA A BENITO OLMO


- Hoy se pone a la venta “La tragedia del girasol” protagonizada, como tu anterior novela, “La maniobra de la tortuga”, por el poco convencional policía Manuel Bianquetti. ¿Esperabas, cuando se publicó la anterior, el éxito que ha tenido y recuperarle como protagonista?
No esperaba tanta repercusión, para nada, pero te puedo asegurar que lo di todo en la escritura de aquella novela. Es un gustazo que los lectores hayan querido recompensar el esfuerzo.
Creé a Bianquetti con la intención de utilizarlo en varias novelas, con la entidad de un personaje de saga, pero claro, en realidad esa decisión no era mía. Los lectores son los que deciden y si el personaje no cala, no gusta o pasa desapercibido, está claro que no tiene sentido darle continuidad. Por fortuna, son muchos los que me están demandando más aventuras de Bianquetti.

-   ¿Qué nos vamos a encontrar los lectores en “La tragedia del girasol”?
Una novela negra con ritmo de thriller. Un tipo enamorado hasta el absurdo, capaz de hacer cosas terribles por amor. Un monstruo disfrazado de persona respetable. Corrupción. Caos. Bianquetti.

-   Bianquetti ha calado hondo en los lectores de “La maniobra de la tortuga”. Aun yendo siempre a contracorriente y saltándose muchas normas, es imposible que no caiga bien, que no se le acabe admirando. Pero ¿quién es Manuel Bianquetti realmente? ¿Qué hay detrás de su fachada dura, de su carácter? ¿Te inspiraste en alguien concreto para crearle?
Bianquetti es ese boxeador sonado que, por más golpes que se lleve, siempre vuelve a por más. Tiene un cometido, una misión en la vida; un ideal de justicia que no siempre se corresponde con esa otra justicia, la que está basada en leyes y convenciones sociales. Está convencido de que las segundas oportunidades hay que ganárselas y no concibe que los criminales puedan quedar sin castigo.
Mi personaje tiene mucho del Flanagan de Andreu Martin y Jaume Ribera, del Harry Bosch de Michael Connelly y del Marv de Frank Miller. Admiro a estos autores por su capacidad para crear unos personajes tan sólidos.

-   A fecha de hoy, “La maniobra de la tortuga” se sigue vendiendo en sus diferentes formatos y sigue contando con reseñas y opiniones muy positivas. ¿Cuál crees que ha sido el secreto de esa gran aceptación?
La honestidad, sin duda. A día de hoy, y obviando los gustos de cada cual, nadie me ha llegado a decir que mi novela está mal escrita, mal rematada o que no se creen alguna escena. Los lectores se quedan satisfechos después de leerla. Creo que la consecuencia lógica de esta aceptación es la fidelidad de esos lectores.


-   ¿Cómo se consigue algo así?
 Pues trabajando duro. No hay otra.

-   La ambientación en las calles de Cádiz, mostrando la parte más oscura de la ciudad, la que no aparece en las guías de turismo, otorga a la narración mucha carga de realismo.
Es que ese es el Cádiz real: Una ciudad con desempleo, con problemas de drogas, con delincuencia y con muchas sombras. Evidentemente, esos factores no se muestran cuando se trata de vender la ciudad al turismo. A los ojos del forastero, Cádiz aparece como si todo fuera luz, playa y carnaval. Sólo un idiota puede creerse algo así.

-   Jesús Cañadas, gaditano también y autor de “Las tres muertes de Fermín Salvochea”, dice que, en su caso, quería mostrar la ciudad que nadie conoce, la de las nieblas y las calles peligrosas. ¿Te sientes más cómodo en paisajes conocidos, en tu ciudad? ¿Coincides con esa apreciación de Cañadas?
Coincido con Jesús y, además, creo que los lectores agradecen que se les hable de lugares reales con toda su crudeza.
Disfruto recorriendo los lugares sobre los que escribo, sintiendo a pie de calle todo lo que luego tengo que trasladar al lector. Escribir así es difícil, pero también muy satisfactorio.

-   La maldad en el ser humano está presente tanto en “La maniobra…” como en “La tragedia…” ¿Cuáles son los comportamientos que más te asustan o los que más te indignan?
Me aterra la impunidad. Ese tipo de impunidad de la que sólo disfrutan los poderosos. Las cárceles están llenas de pringaos, mientras los verdaderos delincuentes están esquiando en Baqueira o disfrutando de las vistas de sus áticos pagados con dinero negro.

-   ¿Hay algún motivo para el paralelismo entre los dos títulos de estas novelas?
El paralelismo es deliberado. Quiero que los lectores identifiquen este tipo de títulos, que cuentan más de lo que dicen, y los relacionen con Bianquetti.
Esto añade una dificultad todavía mayor a la hora de buscar títulos, lo que ya de por sí es una tarea bastante ardua. No soy bueno bautizando novelas. Siempre recurro a mi amigo César Pérez Gellida, que es un genio y tiene una imaginación cojonuda.

-   ¿Dónde buscas la inspiración? ¿Te basas en algún hecho real, en alguna noticia? ¿De dónde parte la idea del argumento de “La tragedia del girasol”?
Hay muchas cosas que me han llevado a escribir esta novela, pero por encima de todas está el amor. El amor es tan complejo que podría pasarme la vida escribiendo sobre él.
Pero ojo, que no me refiero al amor sano, natural. Hablo de ese otro amor. El sentimiento tóxico, enfermizo, que nos lleva a hacer cosas terribles y es capaz de anular a cierto tipo de personas. Uno de los personajes de la novela sufre ese tipo de enamoramiento. De ahí el título: los girasoles están condenados a seguir durante su corta existencia al sol, allá donde vaya. El mismo sol que terminará abrasándolos sin piedad.

 -   A la hora de planificar tus novelas ¿cómo es tu proceso de creación? ¿Tienes todo estructurado y detallado o dejas paso a la improvisación si es necesario?
Aproximadamente un 50% mapa y un 50% brújula. Al comenzar a escribir preparo un esquema a grandes rasgos de lo que va a ser la novela, pero mientras la desarrollo improviso mucho. Me rompo los esquemas a mí mismo a cada momento, para añadir sorpresas y que el lector no se vea venir ciertas cosas.
Luego está la reescritura, claro, que es lo que convierte un manuscrito en una novela decente.  

-   ¿Corriges mucho?
Reescribo y corrijo mucho, en ocasiones capítulos enteros, y quito toda la información accesoria. Escribo bajo la premisa de que todo es mejorable.
Para que te hagas una idea, el borrador original de ‘La tragedia del girasol’ tenía casi 600 páginas. Después de corregir y podar todo lo que me parecía prescindible, se ha quedado en unas 400. 

-   Lorenzo Silva me dijo en una ocasión que narrar escenas de sexo explícito a veces le daba la sensación de estar describiendo ejercicios de gimnasia sueca. En tu caso ¿qué escenas te resultan más complejas de narrar?
Las más aburridas. Cuando un investigador recaba información, navega en internet en busca de pistas, realiza llamadas para confirmar coartadas... Son escenas necesarias, pero me abruma la posibilidad de aburrir al lector. Quiero que quien me lea esté atento a lo que sucede en todo momento.
Por eso en mis novelas no hay descripciones enrevesadas, parrafadas sin sentido ni nada accesorio. En cada capítulo sucede algo. ¿Sabes eso que dicen algunos magos? «Si pestañeas, te perderás el truco». No quiero dar tregua a mis lectores

-.César Pérez Gellida utiliza un secador encendido para concentrarse mientras escribe. Eloy Moreno se pone sonidos de lluvia. ¿Tienes alguna manía a la hora de escribir?
El silencio. Necesito silencio absoluto para escribir. Y si me pongo música tiene que ser instrumental, porque si no me lanzo a cantar y se va al garete la concentración. 

-   ¿Qué opinión te merece el “mestizaje” dentro de la novela negra, la mezcla de estilos y de géneros?
Creo en el mestizaje y me encanta que se enriquezca el género con apuestas arriesgadas. Es lo que hacen David Llorente, Paco Gómez Escribano y Claudio Cerdán, por ejemplo.
Lo que no soporto es el oportunismo. No se debería llamar novela negra a lo que no lo es. Muchos se apuntan al carro de la novela negra porque es el género que más vende ahora mismo, y de esto tienen gran parte de culpa muchos editores que quieren hacer caja a toda costa. Presentadores, actores, youtubers... Luego veo a esos autores en algunos festivales de novela negra y se me revuelven las tripas.
Le tengo especial odio a la denominación «Domestic noir». Me parece una mamarrachada. 

-   ¿Crees que la novela negra actual debe usarse también como una forma de reivindicación social, de reflejo de la sociedad actual?
Más allá del puro entretenimiento, la novela negra «debe» ser una forma de reivindicación y denuncia social. Los autores tenemos un privilegio, en ocasiones inmerecido: hay gente que nos lee. Por eso estoy convencido de que debemos aprovechar esa circunstancia para hablar de todo aquello que nos parece mal y que creemos que se puede mejorar. Por desgracia, el papel del escritor está bastante denostado en la actualidad.

-   Ya sean clásicos o modernos ¿cuáles son tus autores de referencia? ¿Hay algún libro o alguna novela que te haya marcado de manera especial, que te guste releer?
Tengo muchos autores de referencia, pero voy a citar solo a tres que me han marcado profundamente: Raymond Chandler, Andreu Martín y César Pérez Gellida.
La novela que me convirtió en lector, y más tarde en escritor, fue ‘Todos los detectives se llaman Flanagan’, de Andreu Martín y Jaume Ribera. La he leído tantas veces que la tengo destrozada.

-   ¿Qué personaje de ficción es tu favorito?
Batman.

- Ahora que por fin ve la luz, ¿qué esperas de “La tragedia del girasol, qué te gustaría que se pensase de ella? Y sobre todo ¿cómo la recomendarías?
Espero que haga disfrutar a los lectores, tanto a los adictos al género negro como a los que no suelen acercarse a la narrativa policiaca. Quiero que se queden con un buen sabor de boca. El resto llegará solo.
En lugar de recomendarla, voy a lanzar un desafío: Estimado lector, hágase con un ejemplar de ‘La tragedia del girasol’ y lea las primeras páginas. Después pare de leer, si puede.