lunes, 12 de febrero de 2018

ENCUENTRO CON WALTER RISO Y SU "PIZZERÍA VESUBIO"

El pasado 31 de enero la Editorial Espasa nos convocó al Club de Lectura a un encuentro con Walter Riso en el Hotel de las Letras de Madrid. Se trataba de presentar la que es la primera novela de este autor, después de un buen número de libros de divulgación en los que ha intentado mejorar la calidad de vida y la salud mental a través de terapias comunes. Walter Riso es doctor en psicología y especialista en terapia cognitiva y bioética además de profesor universitario y colaborador en diferentes medios de comunicación. Pizzería Vesubio es su estreno en la narrativa, una novela que nos lleva de la mano de su protagonista, Andrea, descendiente de una familia napolitana que emigró a Buenos Aires. Contada en primera persona, Andrea, tras muchos errores, peripecias y algún idilio, terminará descubriendo que su auténtica patria es la pequeña Pizzería Vesubio, en el corazón del barrio napolitano de su niñez.


Walter es brillante, no sólo en su manera de expresarse (ese acento argentino mezclado con toda la gracia mediterránea napolitana se vuelve irresistible), que consigue atraparte por completo desde el primer momento, sino por la fortaleza de sus convicciones, por el modo en que parece atrapar la vida en sus palabras y lanzártela para que la cojas fuerte. Y si además le unimos su profunda humanidad y su manera de conseguir sin esfuerzo que en su compañía estés cómodo, os podéis imaginar que la conversación con él fue una auténtica burbuja en la que olvidamos "hasta la cuenta de los días", como decía mi admirado Cortázar. 

Walter Riso nos confesó que este libro tiene muchos tintes autobiográficos, que hay mucho de su propia vida en él. Y también que escribirla le supuso una catarsis personal y un encuentro consigo mismo al tiempo que Andrea, el protagonista, buscaba su identidad. Andrea no quiere ser napolitano, se rebela ante esa realidad, porque en realidad no quiere ser hijo de su padre sino de su padrino rico.  Entre risas confesó que muchas partes de la novela las escribió de forma "interactiva", probando o haciendo las mismas cosas que narraba en ella, de la misma manera que toda la música que va apareciendo en algunas de sus páginas es también la música que escucha o ha escuchado. 

La novela, aseguró (y puedo dar fe de ello) es muy sensorial, llena de sabores, olores y colores que se pueden saborear, oler y ver sin dificultad. Concibió el libro de tal manera en que cada capítulo tuviese un cierre aunque la historia siguiese adelante e, incluso, las recetas del libro las ha hecho él en su cocina para poder transmitir todo lo que quería, esa cocina como centro del hogar con capacidad hasta para cambiar el humor o como sanadora de enfermedades.  Pero la novela también habla de la nostalgía. A través de la experiencia vital de Andrea y de su viaje de vuelta a su ciudad natal, nos hablará de la nostalgia en Argentina, en Barcelona y en Nápoles. Walter nos remarcó que la nostalgia no depende del recuerdo sino que está en el cuerpo y en cada lugar se vive y se guarda dentro de una manera. Puso un ejemplo: en Buenos Aires la gente suele silbar por la calle sin problema; en Nápoles cantan, incluso a gritos; pero en Barcelona no hacen ninguna de las dos cosas aunque el sentimiento sea parecido. 


Hay tres líneas argumentales en Pizzería Vesubio: en primer lugar esa nostalgia de la que nos hablaba anteriormente. De hecho el título original de la novela era Nostalgia de emigrante, pero la pizzería tenía demasiada entidad propia. La segunda es la gastronomía, la comida como remedio para tantas cosas y como punto de reunión. Y la tercera la relación padre-hijo, con todas las dificultades, desencuentros y acercamientos que puede tener a lo largo de la vida. En todo ello hay trocitos de él, de su vida y de sus relaciones.

Escribiéndola se daba cuenta de que en algunos pasajes sucedían cosas curiosas que podrían acercarse al realismo mágico, pero no es eso lo que buscaba a priori. Desde luego están ahí y son adecuadas en el argumento y en ciertas situaciones, pero Pizzería Vesubio no puede enclavarse en ese género. Son sólo destellos. 

Actualmente, además de su trabajo docente y profesional, está escribiendo la que va a ser la segunda parte de Pizzería Vesubio y tiene el argumento ya casi completamente esbozado. Nos aseguró que no era algo buscado pero que fue su mujer la que le planteó el típico "¿qué pasaría después?". Y claro, ya no pudo sustraerse a pensarlo y a plasmarlo. Ante todo concibe la escritura para divertirse y para que la gente, al leerle, se divierta también, que no se queden indiferentes

Con muchas anécdotas de su profesión y de su vida personal aderezando toda la conversación, la hora y poco que teníamos para hablar con él se nos pasó en un suspiro. Tenía que marcharse sin falta y por eso el encuentro fue más breve que en otras ocasiones. Pero nos dejó un maravilloso sabor de boca, no sólo por las riquísimas recetas que nos detalló (y que están en la novela) sino por la sensación de haber compartido un rato sumamente acogedor con un hombre excepcional.

Gracias a Espasa Editorial y a Pepa Muñoz por organizarlo y por regalarnos un rato tan especial.





viernes, 2 de febrero de 2018

LOS VIKINGOS NO TENÍAN CUERNOS de David Botello y Lorenzo Gallardo

Que me apasiona la Historia, así, con mayúsculas, creo que no es un secreto para nadie que me conozca un poco. Que me suelen tocar las narices (por decirlo con elegancia) las teorías revisionistas, en las que algunos optan por juzgar hechos del pasado con varas de medir del presente, también es de dominio público. Pero si hay algo que me gusta de manera especial, y yo lo he puesto en práctica en mis años de clases, es contar la Historia de manera que pueda sacar hasta sonrisas o yéndome al cotilleo de la época. Mi experiencia me dice que gracias a lo accesorio (las anécdotas) se recuerda lo esencial (la política matrimonial de los Reyes Católicos, por poner un ejemplo) y así conseguí que aprobasen alumnos completamente desahuciados de la asignatura.

Conocí a David Botello cuando publicó Felipe el Hermoso. Anatomía de un crimen. El libro, que si no habéis leído os recomiendo con pasión, me fascinó por completo. No sólo por la apabullante documentación histórica que tenía detrás, sino por su estilo un poco irreverente, contando los hechos con una naturalidad pasmosa y consiguiendo sacarte más de una carcajada al leerlo. Tuve la suerte de coincidir con él en la Feria del Libro, me lo firmó y charlamos un rato. Desde entonces le he seguido, hemos coincidido y admiro profundamente su amor por la Historia y su manera de contarla.

En Los vikingos no tenían cuernos ha contado como coautor con Lorenzo Gallardo y tiene la colaboración de Francisco Molina. Lorenzo ha compartido con él la presentación del programa de Telemadrid El punto sobre la historia, una delicia para los que amamos Madrid, en el que se nos contaban crónicas de la villa, biografías de personajes ilustres, historias de palacios, casas y monumentos, anécdotas, leyendas y hechos históricos acaecidos en mi ciudad guapa. Y lo hacían con ese punto de humor que les caracteriza, consiguiendo que mucha gente se interesara y desease conocer más, lo que creo que es un mérito innegable.

LOS AUTORES: DAVID BOTELLO Y LORENZO GALLARDO (CON LA COLABORACIÓN DE FRANCISCO MOLINA)


David Botello, madrileño y Licenciado en Imagen, lleva una larga trayectoria profesional a sus espaldas, tanto en televisión como en teatro y en el mundo literario, siendo guionista, escritor y storyteller (el arte de contar historias de una manera diferente) . Ha participado en el guión de series de ficción como   La pecera de Eva o Frágiles. Además del libro sobre Felipe el Hermoso, que contó como coautor con Jose María Rodríguez, es autor de Luis Alfonso de Borbón. Un rey sin trono. Como dramaturgo, es autor de Más allá del puente. En televisión su carrera contiene trabajos muy diversos: desde oficial de información de los Juegos Olímpicos de Barcelona a coordinador de contenidos del primer Gran Hermano, además de guionista y director de varios documentales y reportajes de actualidad tanto en cadenas nacionales como autonómicas.


Lorenzo Gallardo es escritor, comunicador y guionista de radio y televisión además de presentador. Co-responsable de El punto sobre la Historia, concebido como un proyecto multiplataforma de divulgación histórica, es también un apasionado de los viajes y se define, entre otras cosas, como "loco por aporrear malamente un piano". Es autor del libro Esto no estaba en mi libro de Historia de la Literatura, publicado por Almuzara.

ESAS ESQUINAS DE LA HISTORIA, TAN DESCONOCIDAS...


Seguro que pocos sabéis que la mozarella la creó la mismísima Lucrecia Borgia. O que la reina Isabel la Católica  le tenía una manía importante al ajo. Seguramente tampoco sospecháis que los vikingos conquistaron Sevilla y acabaron por echarles a gorrazos o que hay una teoría que dice que Napoleón perdió en Waterloo por un ataque de hemorroides. Y que para magnicidios de presidentes, en España nos llevamos la palma con cinco, reíros de JFK. ¿Os habéis preguntado alguna vez de dónde surge la palabra "guiri", con la que llamamos a los extranjeros? Pues así se llamaba a los liberales que lucharon en las guerras carlistas y de ahí nos llega el término. Incluso seguro que os interesa leer las apasionantes entrevistas al ojo, al antebrazo destrozado y a la pierna amputada del gran Blas de Lezo o conocer los detalles de la vida del Cid Campeador que no son tan brillantes.


Contar la Historia, conocerla, no tiene por qué ser aburrida ni una árida sucesión de fechas, reyes o guerras. La Historia es algo vivo que resulta apasionante cuando saben ponértela delante con colores, con diálogos, con personas de carne y hueso que vivieron esos momentos y que, son nuestra proverbial mala memoria histórica, muchas veces ni conocemos. Qué daño han hecho las leyendas negras creadas por ingleses, franceses e historiadores "sesudos", pardiez. Y eso es lo que intentan en este libro David y Lorenzo: mostrarnos que la Historia no sólo es interesante sino que puede resultar un ejercicio divertido enterarnos de todos sus recovecos. Incluso de los cotilleos de alcoba de quienes vivieron antes que nosotros.
 
Los vikingos no tenían cuernos desmonta muchas de las cosas que en Historia creíamos tener seguras y sabidas. Y lo hace teniendo detrás una documentación apabullante pero sin tirarte los tomos de la enciclopedia a la cara para que sepamos el trabajo que ha llevado escribirlo. No, lo que hacen sus autores es contarnos con un envidiable e irónico sentido del humor (en ocasiones casi surrealista, pero brillante en cualquier caso) esos hechos que no salen en los libros. Ponen luz en las esquinas oscuras para que las veamos bien y comprendamos el porqué las cosas fueron como fueron y son como son. Para que no nos olvidemos de lo que fuímos y entendamos quienes somos. Si no tenemos todo eso, realmente no somos nada. 
 
El hecho de que se haya dado a este libro un tono gracioso y muy ocurrente no tiene que hacer pensar que no se han tomado la Historia en serio. Al contrario. En cada página, en cada capítulo, son evidentes el trabajo y las horas que David y Lorenzo han debido dedicarles. Nada hay accesorio o que sobre y lo que es mejor: consiguen que sonrías o que (a mí me ha pasado en pleno Metro de Madrid) sueltes una carcajada al leer ciertos detalles. No es un estilo el suyo ortodoxo ni al uso, pero nos hace no querer parar de leer, nos crea una burbuja gozosa en la que es difícil no olvidarse de todo mientras estamos entre sus páginas. Haciendo un repaso de nuestra Historia desde los vikingos hasta la Guerra Fría (con un último capítulo dedicado a detalles de la saga Star Wars que es una feliz curiosidad) nos vamos a enterar de tantas anécdotas, de tantos hechos que mantenemos en el olvido, de tantos detalles que ni siquiera imaginábamos, que, quizá, nos apetezca seguir indagando. Y eso es ya en sí mismo un regalazo a nosotros mismos. 

Pero también este libro tiene un tono reivindicativo, como bien queda señalado en este párrafo: 
 
"Lo que pasa es que nos han escrito una leyenda negra y nos la hemos creído (...) Por eso estudiamos la catástrofe naval de Felipe II y llamamos Armada Invencible a la Grande y Felicísima Armada, y la gesta de Blas de Lezo no aparece en los libros de texto. Por eso nos hemos olvidado de tantos héroes nacionales. Porque nadie se ha preocupado de contar nuestra historia y hemos dejado que nos la cuenten los ingleses (...) O sea, que un pueblo que no conoce su historia es un pueblo sin identidad, un pueblo que no sabe quién es. Dicho esto, a nosotros nos parece que si no sabes quién eres, ni sabes de dónde vienes, ni sabes hacia dónde vas, tienes un problema."

Quizá sí. Quizá sea ese nuestro problema. Que hemos olvidado nuestra historia y vivimos acomplejados cuando deberíamos levantar la cabeza y reivindicar todo lo que nos hizo grandes. Y dejarnos de demagogias y buenismos o de contarla según nos convenga o maquillarla y cambiarla según dónde vivamos, porque eso no nos lleva a ninguna parte. Hacerlo como se hace en este libro, poniendo el humor por delante, puede ser un buen comienzo.

"Cuenta lo que fuimos, Íñigo", le pide Sebastián Copons a Íñigo Balboa en la película Alatriste, cuando los Tercios españoles se negaron a rendirse en Rocroi a pesar de saber que no había nada que hacer, a pesar de tener la certeza de que iban a morir. Yo se lo pido desde aquí a David, a Lorenzo y a Francisco: seguid contando lo que fuimos y seguid consiguiendo que la Historia, con mayúsculas, siga viva.


miércoles, 24 de enero de 2018

POR ENCIMA DE LA LLUVIA de Víctor del Árbol

Cerrarlo, darme un tiempo y volver a empezar. Esto es lo que hice con el último libro de Víctor del Árbol después de tenerlo en mis manos y de la alegría que me supuso su publicación. Y lo cerré no porque no me gustase ni porque no estuviese en el momento adecuado para leerlo, es que se estaba produciendo mucho ruido alrededor. La publicación de cada libro de Víctor es tan esperada por sus muchos lectores que, cuando sus páginas ven la luz, se crea una especie de vórtice emocionado en el que todos hablan, se identifican y se maravillan con él. Con toda la razón, es cierto, pero no puedo evitar que me supere. Veo las fabulosas reseñas, los comentarios tan acertados, las mejores frases extrapoladas en redes... y me quedo sin nada que decir porque considero que ya está todo dicho y mucho mejor de lo que podría hacerlo yo jamás. Por eso cerré el libro y esperé la calma. Leer a Víctor, para mí, requiere silencio y mirar en una sola dirección: la que va de sus letras a mi corazón. Ha merecido la pena volver a coger Por encima de la lluvia de la estantería y abrirlo por la primera página de nuevo, como si fuésemos, con todos los abismos de distancia, dos antiguos amantes que se reencuentran en un abrazo.

A estas alturas, reiterar la biografía del autor y el resumen del libro puede resultar algo cargante, así que esta reseña va a salir menos "ortodoxa" (dicho sea esto con la ironía que merece) y más personal. O diferente, al menos. Porque cuando un libro te llega tan dentro considero que lo mejor es dejarse llevar por eso y no por formalismos estéticos. Encorsetar sentimientos es imposible: se te escapan hasta por las costuras. Justo lo que sucede cuando te lanzas a seguir las vidas de Miguel y Helena, de Yasmina, de Gövan y Sture; de Natalia y Gustavo. De ese camino a su lado, escuchando sus pensamientos, mirando lo que ellos ven y soportando con ellos lo que llevan a la espalda, no puedes salir indemne. Nunca se sale indemne de un libro de Víctor del Árbol. Pero esa es su grandeza. La vida no es fácil, ni siempre de color rosa. Y hay quienes se ganan su lugar en ella a mordiscos, peleando, dejándose jirones de sí mismos en cada paso. Quienes admiramos profundamente la narrativa de Víctor sabemos que nos va a llevar hasta el lado más afilado del dolor, ese que te corta las yemas de los dedos cuando llegas a él y que, aunque retires la mano rápido, ahí quedan las heridas para recordarte lo que pasó. Pero es un dolor gozoso, siempre lo he dicho. 

De todas maneras, si queréis consultar los datos de libro y autor los tenéis aquí.

"POR ESO ESCRIBO. PORQUE SUEÑO"


Estas dos frases tan breves, pero que encierran un mundo, están en la dedicatoria que el propio Víctor me escribió en la primera página de mi ejemplar de Por encima de la lluvia.  Un ratito antes nos había confesado a los presentes que ésta es su novela más personal, en la que más hay de él. También están algunos de los temas recurrentes de sus libros: ese arranque intenso y duro que, en este caso, marca para siempre a Helena. Las infancias rotas y oscuras en algunos de los personajes. El amor que lo mueve todo, aunque acabe corrompido o convertido en un motivo para sufrir dolor o provocarlo. El amor a los hijos y la eterna pregunta de hasta dónde seríamos capaces de llegar por ellos. También el amor que llega cuando ya no esperamos nada ni lo creemos posible. La maldad en muchas de sus facetas en escenas y capítulos que erizan la piel y el alma.

Es también una novela de últimas oportunidades que devienen en primeras porque jamás se han vivido. De esperanza en que la vida, de vez en cuando, nos regale lo mejor de sí misma. Esa vida de la que no tengamos que arrepentirnos al llegar al final, conscientes de haberla apurado al máximo.

Miguel y Helena están y se sienten solos. En una residencia de ancianos de Tarifa hay poco espacio para lo que no está en los horarios. Miguel, tan cuadriculado, tan formal, tan poco dado a las sorpresas o a improvisar, no puede evitar sentir una enorme curiosidad por Helena, que parece de vuelta de todo y que se salta las normas a su antojo. En lo único que son iguales es en que están solos en una especie de territorio hostil, sin apenas relación con sus hijos (el intento de Miguel de vivir con su hija y su odioso yerno fue un desastre) y que pueden hablar de cosas diferentes a la medicación diaria o los achaques. Cuando el interno más extravagante de la residencia, Marqués, por quien Helena sentía gran afecto, se suicida eligiendo así su día y modo de morir, Helena y Miguel deciden que es mejor que la muerte, si ha de venir, tenga que correr para alcanzarles. Que aun les quedan vida, tiempo y energía. Y parten en un viaje con algunas metas y ninguna certeza, pero suyo al fin y al cabo.

Miguel, además, sabe que está en la fase inicial del alzheimer y es consciente de que sus recuerdos se diluirán cada vez más, que a quienes ama se convertirán en extraños, y el viaje con Helena le va a ayudar a recorrer el pasillo de su vida e ir cerrando puertas que estaban atascadas para poder salir por la última y mirar al sol de cara antes de que todo se apague. Helena busca, en cierto modo, cerrar un círculo al que le falta un trozo, pero está dispuesta a quemar primero las etapas que Miguel desea. Su vida, aunque más intensa que la de Miguel, tampoco está exenta de goteras dispuestas a empapar y enmohecer sus recuerdos y su presente.

Yasmina, viviendo a miles de kilómetros, en Mälmo, trata también de encontrar su lugar. Hija de emigrantes marroquíes, se ve obligada a pagar con su cuerpo una deuda que no le pertenece. Despreciada por su madre y por su abuelo, un fanático religioso, ella sólo aspira a salir de toda esa sordidez y tomar las riendas de su vida. Tiene como amante ocasional a Gövan, un subcomisario de la policía sueca, y goza de la pretendida protección de Sture, un sueco casado con una portuguesa, cuyos negocios nada claros pueden terminar con cadáveres en el puerto. Yasmina no lo sabe, como tampoco Miguel y Helena, pero las vidas de los tres están enlazadas por hechos del pasado.

A medida que se alejan de lo que parecía que iba a ser su último hogar, Miguel y Helena no sólo descubren que hay cosas que pueden cambiar: también ellos cambian y comienzan a mirarse con otros ojos. A descubrir que no están tan marchitos por dentro como creían. Y descubren algo más: que los recuerdos no son siempre como están en nuestra memoria y que el que Miguel guarda de la única vez que se salió de su cuadrícula es ya sólo una fotografía antigua en la que todo ha cambiado. Un hermoso recuerdo pero un hoy extraño y que nos cuesta reconocer.


Dividida en siete capítulos que corresponden a siete meses de 2014, entre febrero y agosto, más un prólogo y un epílogo, en cada uno de ellos nos acercaremos tanto al presente de los protagonistas como a su pasado, a sus recuerdos. Conoceremos la tristeza miserable que enmarca la vida de Yasmina, que cumple con todo lo que le piden hacer, y que se niega la posibilidad de que Gövan esté enamorado de ella. La niñez sórdida de Miguel que le convirtió en el hombre que es, alejado de la pasión y de su propio corazón. Lo que esconde la feroz ironía de Helena, los terribles crímenes en Mälmo , la desgarradora vida de Natalia. Vamos a odiar hasta la rabia a Gustavo y a conocer a Erick, a Iván, a Carmen y a Louise, con sus luces y sus sombras. De nuevo Víctor del Árbol ha dibujado con precisión y maestría la psicología de cada personaje: ninguno hay completamente blanco ni completamente negro; la gama de grises es inmensa y cada uno despierta en el lector algo diferente pero igual de intenso. Nos llegan y se quedan. Quizá por eso al cerrar el libro también cierras los ojos queriendo recomponerte un poco.

La historia de Por encima de la lluvia es, sobre todo, una historia de esperanza, de luchar por lo que nos ilusiona aunque creamos que ya no nos quedan fuerzas. Es una historia de amor en la edad en la que el amor parece vedado. Pero también es la historia de los recuerdos que duelen y no se superan, de esas cicatrices que todos llevamos en el alma mejor o peor curadas. Hay en ella escenas y capítulos que escuecen y te llevan como caminando sobre cristales rotos, porque Víctor sabe ponernos ante hechos atroces que están ahí y preferimos no ver. Pero es que la vida hiere de muchas maneras. Por eso, si la vida acostumbra a hacernos daño, quizá la moraleja es que intentemos ser felices, como sea. Que la edad, el tiempo y la rutina no nos quiten la ilusión. O para que el día que nos toque partir lo hagamos sabiendo que lo hemos intentado. Que hemos luchado. Que plantamos cara. O para que lo último que recordemos sea el rostro de quien amamos y nos amó.

"Aquí estoy para vivir 
mientras el alma me suene
y aquí estoy para morir,
cuando la hora me llegue,"
  - Miguel Hernández



viernes, 19 de enero de 2018

ENCUENTRO CON INÉS PLANA Y "MORIR NO ES LO QUE MÁS DUELE"

Hace pocos días un grupo de blogueras tuvimos la suerte de poder reunirnos con Inés Plana, autora de Morir no es lo que más duele, la nueva y potente apuesta de Espasa. Gracias a Laura Fernández, del Grupo Planeta y a Pepa de Qué locura de libros nos reunimos en la Taberna Restaurante El Caldero, donde siempre nos reciben de maravilla y nos facilitan un ambiente genial para una charla tranquila y cómplice. 

Inés Plana es periodista y nació en la localidad oscense de Barbastro, aunque toda su carrera profesional se ha desarrollado en Madrid. Ha trabajado en diversos medios de prensa escrita y también en el terreno editorial, creando y coordinando colecciones de títulos relacionados con la divulgación de la historia y del arte. Actualmente es directora del periódico-magacín Vivir bien. Morir no es lo que más duele es su primera novela.


Un hombre aparece ahorcado en un pinar en las afueras de Madrid con los ojos arrancados de cuajo. En uno de sus bolsillos se halla un papel con el nombre y la dirección de una mujer: Sara Azcárraga, que vive a pocos kilómetros de allí. Frágil, solitaria, bebedora de vodka en soledad, Sara rehuye cualquier contacto con otras personas y trabaja desde casa. El teniente de la Guardia Civil Julián Tresser se hace cargo del caso asistido por el joven cabo Coira, que se enfrenta por primera vez a una investigación criminal. Una investigación difícil, sin apenas pistas y con demasiados enigmas. A medida que el teniente Tresser avance en sus investigaciones, descubrirá unos hechos que darán un trágico vuelco a su existencia y le conducirán a un viaje a los infiernos que marcará su vida para siempre. 

EL ENCUENTRO

 

La primera y casi obligada pregunta era cómo había llegado a Espasa con su primera novela, cómo había empezado toda esta aventura.

- De una forma bastante insólita - nos reconoció - Yo siempre he partido de la base de que en las editoriales no hay enchufe que valga. Te pueden recomendar pero en el fondo es un negocio, uno de los más bonitos que existen, desde luego, pero negocio. Todo sucedió de una manera sorprendente porque yo acabé el manuscrito y se lo di a leer a una amiga mía periodista, Amparo Mendo, que le entusiasmó. Me preguntó qué pensaba hacer con él y le contesté que enviarlo a algunas editoriales y ver qué pasaba. 'Pues vamos a lo grande', me animó. Ella tenía un contacto en el Grupo Planeta en el área de Espasa pero hacía mucho que no hablaban. Así que escribió un mail  recomendando mi novela como una novela diferente y que valía la pena leer. Pero la persona a la que iba dirigido ese mail ya no trabajaba en ese departamento, así que alguien lo reenvió y, sin que yo tenga claro cómo, acabó en manos de Belén Bermejo, mi actual editora. Ella se fijó no sólo en la recomendación sino en el mail que yo también había escrito. Se dio cuenta de que estaba bien redactado, algo que yo considero fundamental cuando esa es tu carta de presentación. Debes cuidarla con mimo. Quizá jugué con la ventaja de que por mi trabajo como periodista escribo correctamente. Es verdad que dentro del mundo de periodismo hay de todo en cuanto a la habilidad para redactar, pero mi trabajo me ha permitido mantenerme cerca de la escritura porque siempre he querido escribir y me ha ayudado. 

Le pasaron la novela a un lector para que hiciese una valoración previa a la lectura de la propia Belén y cribarla un poco. Al cabo de un mes y pico me llamaron para decirme que el informe del lector era muy bueno así que imaginaos mi alegría, me puse a pegar botes por casa. Apenas una semana después mi editora me llamó para asegurarme que le encantaba y que Espasa la iba a publicar. Yo volvía a Madrid desde Barbastro y me tuve que parar para coger el teléfono... fue tal mi emoción que el coche se llenó de vaho. Así empezó todo. 


Algo que a todas nos interesaba era saber cómo va surgiendo la historia, si Inés ya tenía todo organizado en su cabeza antes de ponerse a escribir o las ideas le iban saliendo al encuentro.

- Fue surgiendo poco a poco en mi cabeza porque tenía poco tiempo para escribir y era ahí dónde iba guardando la información y las ideas. Entre sesión y sesión de escritura reflexionaba y tomaba notas. Por eso cuando llegaba al folio en blanco ya llegaba con la trama más o menos hecha. Me he planteado cada capítulo como una novela en sí, con apertura y cierre aunque luego los personajes y la acción continúen. Quería tratarlos de una manera artesanal, con el escenario muy determinado, enriqueciéndolo todo mucho por eso iba cerrando las tramas de capítulo en capítulo de tal manera que uno me llevaba a otro. Tenía una trama general, una base en la cabeza, pero luego la novela te va llevando porque es un ente vivo, tienes que dejarte llevar. Igual sucede cuando la propia novela te cierra puertas y hay ideas que tenías que por más que lo intentas no salen; entonces sabes que algo has hecho mal y debes replanteártelas desde otro punto de vista. Las situaciónes me iban llevando a otras situaciones: tenía un hombre ahorcado en un pinar con el nombre de una mujer en el bolsillo, una mujer que vive cerca. Desde ahí era ir tirando del ovillo y aprovechar ese crimen para contar vidas que es lo que, en el fondo, a mí me resulta más gratificante y con lo que más he disfrutado. Sobre todo porque son personajes a los que la vida les da un hachazo brutal.

Sara, por ejemplo, es un personaje que, según me van contando, ha impactado mucho, que causa mucha empatía y que tiene en su vida muchos rincones oscuros. Para llegar a Sara me fijé en personas que lo habían pasado muy mal, que son personajes del dolor. Y a Sara le tocó sufrir, fue así. Su evolución en la novela me ha creado muchos problemas pero me ha dado también muchas satisfacciones. A veces es más fácil recrear la vida de alguien moviéndonos en los arquetipos más normales pero hay que meterse en el alma de todos. También para ella me fijé en cuántas veces estamos en la encrucijada de un problema y somos incapaces de salir. O vemos a alguien a quien queremos no querer salir de una situación dura o complicada porque prefiere quedarse donde está. Dar un paso para remontar les supone un esfuerzo porque han de elaborar una nueva vida y no siempre se está dispuesto a ello. Por eso opté por poner a Sara en la tesitura de no querer asumir lo que ocurrió y no querer cambiar. Lo cierto, para mí, es que no siempre hay finales felices en los que la gente remonta, apoyados por familia y amigos que les aplauden. La realidad suele ser muy distinta.

 Lo que más trabajo me costó fueron los saltos en el tiempo, ir hacia atrás, porque para explicar cada vida quería ir al pasado y traerlo al presente. Quería construir un relato de todos ellos que fuera encajando poco a poco. Los 'seres brutales' son, en el fondo, cutres y así los quería retratar porque, para mí, la brutalidad es suciedad. No me creo esas personas malas que son también refinadas y amantes de la música, por ejemplo. Hay gente que nace con ese gen de la maldad pero que crece y vive en un entorno que hace que no desarrollen esa faceta. Y hay otros que nacen con la ira prendida y a partir de ahí sólo empeoran. Yo creo que sí se nace malo, aunque tu entorno puede favorecer o no que desarrolles la maldad que llevas dentro.


Respecto a los capítulos ambientados en el pueblo, se le planteó a Inés el ambiente agobiante que suele haber en ellos y cómo ella lo había resuelto tan bien.

- Yo también soy de un pueblo, de Barbastro, aunque ya tiene 16.000 habitantes. Cuando era pequeña Barbastro se limitaba a lo que era el centro y la plaza. Estamos al lado de los Pirineos y mi padre tenía una tienda muy grande de ropa de todo tipo: de caballero, de señora, de niños... y era la que sutía a toda la comarca del Somontano y también a toda la zona de la montaña. La gente bajaba a comprar a la tienda los sábados y todos decíamos 'ya vienen los montañeses'. Eran personas extrañas, rarísimas, nada empáticas y para la novela recordé a este tipo de gente. Imaginé que si en su entorno les pasara lo que pasa en la novela serían igual de crueles, porque en la novela hay un pasaje que sucede en el pueblo que es de una gran crueldad. Si hubiesen preguntado, hubiesen sabido, pero allí nadie preguntó, se limitaron a imaginarlo todo.

La conversación fue derivando hacia el resto de los personajes y a pequeños detalles que terminaron de perfilar la novela e Inés no dejó cabos sueltos:

- Todos ellos tienen muchos matices porque no todo es blanco ni todo es negro. He querido que sea el lector el que se posicione incluso en los conflictos personales que tienen. Sí, es verdad que quedan algunos cabos sueltos en algunos de ellos al final de la novela (aunque la trama se cierre) pero espero solucionarlo en la siguiente novela. Mi intención es que evolucionen y solucionen sus batallas internas. No he escrito escenas de sexo explícito en esta novela - nos confió Inés - aunque hoy día es raro que no las haya, pero lo cierto es que no me gustan. Además los personajes son, por sí mismos, solitarios, que viven a su manera sin nadie más. 

 Es verdad que la idea para la novela me surgió por haber visto, hace años, desde las ventanillas del tren, un ahorcado. Tengo la certeza de que era un hombre, vestía chaqueta y pantalones. Fue un impacto total, algo que se me quedó clavado y que es, sin duda, lo que me abrió el argumento de la novela. 

El título lo hemos elegido la editorial y yo. Originariamente se llamaba 'Maldad' porque realmente es un libro que trata sobre el mal. Pero al ir a publicarlo, en la fase de edición, el título surgió en unos versos de Emily Dickinson, autora que aparece en la novela, y que dicen 'No es morir lo que más duele: es vivir, se sufre más'. Realmente hay personajes en la novela que querrían estar muertos. 

Tras las firmas en nuestros ejemplares y tiempo para las fotos, nos despedimos de Inés con un estupendo sabor de boca por el gran rato compartido. Aprovecho para recomendaros la novela, que reseñaré próximamente, porque os va a tener en vilo hasta la última página. Gracias de nuevo a Espasa por darnos tantas facilidades.






martes, 9 de enero de 2018

LAS TRES MUERTES DE FERMÍN SALVOCHEA de Jesús Cañadas

Tras el parón navideño, más por falta de motivación que por ninguna otra cosa, me hace ilusión regresar a la actividad con la reseña de Las tres muertes de Fermín Salvochea, una novela que si he de definir con una sola palabra es sorpresa. Sorpresa en el mejor sentido, porque a medida que vas leyendo te va sumergiendo cada vez más en un Cádiz que tiene poco que ver con esa ciudad luminosa que conocemos. Que mezcla leyendas y realidad. Que nos habla de maldad, de seres oscuros, de algo que duerme bajo las calles con la fuerza de tres mil años de historia pero también de amistad, del poder del cariño y la lealtad, del valor para enfrentarse a lo que nos aterra. Es cierto que quizá (y digo quizá con todas las reservas) haya lectores que no comulguen con la historia que este libro trae por ese punto de fantasía, de terror gótico, de leyendas, de monstruos y de vampiros pero os pido que apartéis prejuicios para disfrutar de una lectura poco habitual, sí, pero absolutamente absorbente. De las que te enamoras de ciertos personajes y ríes y sufres con ellos. Y, sobre todo, por los cuatro niños protagonistas quienes, a pesar de carecer casi de todo, son capaces de lo que sea por sus amigos.

EL AUTOR: JESÚS CAÑADAS


Gaditano y técnico informático por la Universidad de Cádiz, cuenta también con varias titulaciones de las Universidades de Granada, Deusto, Gotinga y Osaka. En 2003 se trasladó a Italia y allí comenzó a cultivar la literatura de género, publicando su primer cuento en la revista Asimov Magazine. En 2011 publicó El baile de los secretos, su primera novela y en 2013 Los hombres muertos momento en el cual se le empieza a considerar una de las voces más originales y de referencia en la novela de aventuras y ciencia ficción. Su tercera novela fue Pronto será de noche, en 2015, un thriller apocalíptico y asfixiante que obtuvo muy buenas críticas por los amantes del género. También es co-guionista de la serie de televisión Vis a vis. Tenéis todos los datos en su web de autor: www.jesuscanadas.com.

EL ALCALDE FERMÍN SALVOCHEA


1907. La noticia de la muerte en extrañas circusntancias del que fuese legendario alcalde de Cádiz, Fermín Salvochea, sacude a la ciudad. Juaíco, un barbero ya viejo y borracho que había trabajado en su día para el alcalde, decide contar a su hijo Sebastián la historia de Salvochea y las cosas que vivieron juntos. Son días agitados en Cádiz: acaba de llegar un enigmático teatro de los horrores dirigido por un tal Edgardo A. Poe y brutales asesinatos empiezan a llenar de sangre las calles más oscuras y pobres. Sólo Sebastián y sus amigos, el Pani, Candela y Julieta, podrán encontrar la verdad que se esconde tras la historia contada por Juaíco y proteger a Cádiz del mal antiguo que anida en sus entrañas.

1873. El joven Juaíco, barbero, bebedor, putero y tarambana, empieza a trabajar para Fermín Salvochea durante su primera semana como alcalde. Una muerte en un burdel les embarcará en una aventura llena de misterios, magia negra y venganza más allá de la tumba en un Cádiz en que las leyendas son mucho más reales de lo que jamás hubiesen imaginado.

NIÑOS Y MONSTRUOS


Fermín Salvochea, como figura histórica, es apasionante. Procedente de una familia adinerada, su estancia en Londres para estudiar le sirvió para tomar contacto con las ideas anarquistas y federalistas por lo que, al volver a España, se involucró de modo muy activo en la política. Fue alcalde de Cádiz durante la Primera República y, como tal, impulsó medidas que limitasen el poder de la iglesia y los nobles en la ciudad, lo que le granjeó muchos enemigos. El pueblo llano, sin embargo, le admiraba sin paliativos porque hizo lo posible por mejorar sus condiciones de vida. Salvochea es el protagonista constante en esta novela, pero no el único ni el más importante a pesar de su presencia incluso cuando no aparece. Y es que el mítico alcalde, Bigote como le llaman los gaditanos, se ha convertido con el paso de los años en una leyenda de la que Jesús Cañadas se nutre para crear un personaje que oculta una segunda vida al amparo de la noche. Una segunda vida qe también incluye lucha, pero contra otro tipo de poder. Contra el mal.

La novela se mueve en dos líneas argumentales en dos momentos de tiempo diferentes: 1873 y 1907, aunque la primera está muy presente en la segunda. La historia de Juaíco, que entra a trabajar como barbero del nuevo alcalde, Salvochea, se va desgranando en diferentes capítulos a medida que se la cuenta a su hijo, Sebástián. Juaíco es cualquier cosa menos un tipo recomendable aunque, a mi pesar, tenía detalles que me hacían sacar más de una sonrisa: casado con Antonia, una mujer trabajadora, tranquila y que le consiente y perdona todo, Juaíco bebe en exceso, juega en exceso, está lleno de deudas, tiene compañías muy poco recomendables y pasa muchas noches en el burdel. Ni siquiera las amenazas ni saber que su mujer (y años después también su hijo) pasan todo tipo de necesidades le hace cambiar un ápice. De ser simplemente el barbero de Salvochea, pasará a acompañarle en el "trabajo" nocturno del alcalde, que incluye tratar de exterminar a los "mojarras", vampiros que se han enseñoreado de Cádiz y que amenazan con un baño de sangre.


He de confesar que de las dos líneas, me quedo sin dudar con la de 1907, la de Sebastián y sus amigos, cuatro niños pobres, cada uno con sus miedos y su vida hecha de retales pero leales y unidos hasta en los peores momentos. Un grupo de niños que, por momentos, me ha recordado a otras que me han hecho muy feliz en la literatura o en el cine, como Los Cinco, la pandilla de amigos de It o Los Goonies. Tan semejantes pero también tan distintos... Sebastián vive casi en la miseria, consiguiendo algún dinero trabajando en la botica, mientras su madre cose y su padre se gasta el poco dinero que tienen en el juego o bebiendo. El Pani, vecino de Sebastián, tan pobre como él y, además, soportando a un padre violento y maltratador. Candela, criada y viviendo en el hospicio, con una de sus piernas inútil y sostenida por arneses metálicos, pasando frío y hambre, pero con más coraje que nadie. Y Julieta, que llega al hospicio y se une a ellos gracias a Candela y sus constantes fugas del orfanato. La Conejera, una casa abandonada y medio en ruinas, es su lugar de reunión, su refugio y donde guardan las cosas que son importantes para ellos.

No son sólo los vampiros y los seres oscuros contra los que luchaba Salvochea en su momento y que aun se mantienen ocultos bajo las piedras de Cádiz, los que dan miedo en este libro. Hay monstruos muy reales a los que los chicos tendrán que hacer frente sacando valor y fuerzas de donde no saben que las tienen: el padre del Pani, un miserable aborrecible que machaca sistemáticamente a su mujer simplemente porque sí; el padre Abel, director del hospicio (la frase "eso nos lo ha hecho a todas" de Candela a Julieta es demoledora) y las monjas que "cuidan" de los niños. Conseguir ese valor para enfrentarse a los monstruos, los cotidianos y los que van a descubrir, les hará madurar, crecer, unirse aun más.

El gran mérito de Jesús Cañadas es haber convertido Cádiz no ya en un personaje más de la novela, por la importancia que tienen sus gentes y sus calles en la acción y en todas sus páginas, sino en una ciudad desconocida a pesar de saber casi todo de ella. Cádiz, con su luz maravillosa, con su apararente alegría para el visitante, aquí se nos muestra oscura, llena de rincones tenebrosos, a veces incluso fría y llena de niebla. De las leyendas que se siguen transmitiendo de padres a hijos, Cañadas crea una mitología única. El hombre-pez, los túneles que se dice que recorren todo el subsuelo de Cádiz, la Bella Escondida, el teatro romano del que apenas hay unas gradas excavadas... y esos vampiros que, al morir, se deshacen en agua de mar adquieren ante nuestros ojos un carácter nuevo y aterrador.

¿Es una novela de vampiros? Sí y no. Hay vampiros, desde luego. Y hay un personaje histórico con una vida oculta que lucha contra ellos. Pero es sobre todo una historia de amistad y de su poder, de valores, de cómo conseguir enfrentarnos a nuestros miedos. Y también de perdón, de redención en quienes parece que jamás van a arrepentirse de nada. De esperanza.

Narrada con un ritmo muy ágil, dosificando la tensión para que vaya creciendo, haciéndonos cómplices, Jesús Cañadas, como os decía al principio, me ha sorprendido de forma muy grata. Es verdad que siento debilidad por las historias oscuras y con su punto gótico (Juan Ramón Biedma es uno de mis referentes, como bien sabéis) y traer una así a un paisaje conocido y tan poco proclive a lo tétrico como es Cádiz es un hallazgo. Además ha sabido mantener mi interés hasta el final y ha conseguido emocionarme en muchos momentos, porque es muy difícil no sentirse muy cerca de los cuatro amigos y reir, llorar o pasar miedo con ellos.

Quizá el género fantástico no sea vuestro favorito, pero dadle una oportunidad a Las tres muertes de Fermín Salvochea y disfrutad dejandoos llevar por lo desconocido. Es toda una experiencia, os lo aseguro.


miércoles, 27 de diciembre de 2017

ESCRITA EN TU NOMBRE de Amelia Noguera


Allá por el año 2012, gracias a una iniciativa de un "libro viajero" conocí Escrita en tu nombre y a su autora, Amelia Noguera. Una vez que terminabas la lectura, había que dejar un pequeño comentario y la firma en las páginas de inicio. Escrita en tu nombre era una novela entonces autoeditada. La versión en papel la "fabricaba" la propia Amelia en una imprenta cerca de su casa. Recuerdo que el primer comentario que leí fue "Yo también me he enamorado de Omid" y también recuerdo que sentí un cierto escalofrío porque tenía puestas muchas esperanzas en el libro y de pronto pensé que era romántico... No tengo nada en contra de la literatura romántica, al contrario, leer es siempre maravilloso, pero a mí no me convence. Ya conocéis mis gustos. Y no. Sí, había amor en ella. Una historia de amor maravillosa, pero no era sólo eso como espero saber transmitiros. Ahora la Editorial Almuzara ha apostado por la novela y la ha publicado y ha sido emocionante volver a encontrarme con Malena y Omid, con sus vidas. Casi no hay diferencias con la edición original excepto algunas páginas suprimidas y pequeños añadidos que no cambian en absoluto la historia.

De nuevo me he encontrado arropada, cómoda, como visitando la casa de alguien a quien de verdad quieres y que te acoge y te cuenta cómo le va la vida. He podido escuchar en cada una de sus líneas a los protagonistas, ver en cada párrafo los mismos lugares que ellos pisaban, hasta oler el paisaje y las calles de Madrid. Siempre me han fascinado los libros que “cuentan cosas”, aquellos en los que puedes sumergirte sin miedo porque crean un universo paralelo lleno de vida, de experiencias, de sucesos que se van enlazando, en los que cada capítulo te aporta más y más. Quizá por eso me encanta releer de vez en cuando Cien años de soledad o Cinco horas con Mario, dos de los ejemplos más claros de ese tipo de libros. Es difícil de explicar, pero no pierdo nada con intentarlo ¿verdad?.

Escrita en tu nombre ha conseguido eso. Me ha subyugado, literalmente. Y he disfrutado tanto de su lectura como la primera vez, aunque ahora lo tengo muy, muy complicado para tratar de transmitiros esa fascinante sensación. Pero bueno, como dice el aforismo latino “audaces fortuna iuvat” (la fortuna favorece a los audaces), así que vamos allá.

LA AUTORA: AMELIA NOGUERA


Después de cinco años, de varios encuentros, conversaciones, confidencias y hasta torrijas con un café en Starbucks, considero a Amelia mi amiga. Madrileña, Ingeniera Informática y graduada en Humanidades, hizo un poco de todo en su vida profesional: editora, traductora, profesora y hasta directora de publicaciones editoriales. Después de convertirse en un éxito de ventas en Amazon, en 2014 Roca Editorial publicó su novela La marca de la luna. Posteriormente Suma de Letras publicó en 2015 La pintora de estrellas y en 2016 la novela corta Prométeme que serás delfín.  Hay una frase de Amelia que me encanta: “Mis novelas son yo misma y no pienso abandonarlas, a pesar del mercado, a pesar de las crisis. Hay que seguir creyendo en lo que te hace ser mejor, hasta el final.”

MAGDA, MALENA, MAGDALENA… Y OMID


No sabía qué me iba a encontrar cuando, en su momento, me llegó el libro. Pero empecé a leerlo con mucha curiosidad y algo de prevención (lo confieso) cuando vi, como os contaba, el primer comentario que habían dejado en él. Pero decidí olvidar frases y sumergirme en él sin salvavidas alguno. No me avergüenza confesar que me ahogué en él y hasta se me escapó más de una lágrima emocionada y alguna sonrisa cómplice, pero es que entendía tan bien a las mujeres de este libro... Ahora he vuelto a ahogarme con gusto, a perderme en los miedos de Malena, en el pasado de Omid, en lo que les une sin remedio.

Podría parecer, por el título de este epígrafe, que es una novela de tres mujeres pero realmente sólo es una. Tan complicada como solemos serlo todas, que parece que tenemos una capacidad asombrosa para cambiar o para amoldarnos. O para convencernos a nosotras mismas de que siendo como otros quieren tendremos más posibilidad de que nos amen. Siempre he creído que esa es una maldición que nos está costando superar, porque nunca acabamos de estar contentas con nosotras mismas y nos boicoteamos constantemente, más pendientes de la aprobación de los que nos rodean, del bienestar de los que viven con nosotras, olvidando que también merecemos, simplemente, que nos quieran. Así de simple. Que nos quieran por ser nosotras, por existir. Y cuando ocurre, no nos lo creemos. Qué paradoja.

Magdalena, la protagonista de Escrita en tu nombre, lleva el nombre de una tía suya, algo muy habitual en las familias españolas. Su tía nunca tuvo una vida fácil ni feliz y tuvo un triste final, por lo que Magdalena siempre piensa que ese estigma lo lleva con ella, como una cicatriz perpetua que se inició en la insripción en el registro. Pero la vida le irá aportando más cicatrices en el alma que apuntalarán esa idea que tiene de sí misma. Nacida en una familia humilde pero muy trabajadora, con un padre que hace más horas de las que puede para mantener a su numerosa prole, Magdalena, que es la mayor, se echa a la espalda la responsabilidad de ser la hija perfecta, la que no de problemas, la que consiga brillar en sus estudios para conseguir las becas que le permitan ir a la universidad.

La novela, contada en tiempo actual y narrada alternativamente por las voces de Malena y de Omid (con algunos capítulos cortos que hacen referencia a otros personajes) , va haciendo constantes flashbacks. Primero en la vida de Magdalena, a la que nunca llaman por ese nombre. Generalmente es Magda y así es como la conocen sus primeras amistades en el instituto... y Mario, por el que pierde la cabeza desde que le ve por primera vez. Con el paso del tiempo, y tras algunos desencuentros, la relación con Mario se formaliza pero de forma extraña. El nunca busca acercamientos, nunca parece desearla, se limita a preparar sus oposiciones y consolidar un noviazgo gris, con la idea básica de que ambos gocen de una vida saneada y tranquila en el futuro. Magda, ciega ante Mario, con la voluntad anulada y convencida de que todo es como debe ser, le defiende hasta en lo indefendible y ello provocará hasta terminar con su mejor amiga. Tras el matrimonio nada cambia, pero Magda sigue pensando, resignada, que eso es lo normal hasta que una noche todo salta por los aires del modo más inesperado. Es Mario quien crea a Magda, quien la convierte en alguien que se conforma con las migajas que le van arrojando, a quien puede manejar a su antojo, convencido de que ella jamás protestará porque está segura de no tener razones para ello.

Magdalena, Magda, también será Malena, un nombre que no tiene un inicio demasiado feliz, ya que surge por un triste incidente. Pero Malena parece enfrentarse a las cosas con más coraje y , sobre todo, con más corazón que Magda. Es como si el nuevo nombre trajese a una nueva mujer que trata con todas sus fuerzas de ahogar la vocecita regañona y rendida de Magda cada vez que toma una decisión. Malena conocerá a Omid, un músico iraní exiliado de su país siendo niño tras la caída del Sha, y que ha vivido una sucesión de pérdidas y de tristezas que podrían haberle convertido en un vegetal en cuanto a sentimientos. Pero Omid es luminoso. No sólo porque es atractivo a rabiar, sino porque sabe disfrutar de cada minuto que le da vida como si fuese un milagro, un regalo que abrir con ilusión. Y tras los primeros encuentros con Malena se irá enamorando profundamente y tratará de llevarle a su terreno, que sea feliz. Pero ese viaje también estará lleno de curvas, túneles y baches.

SUS NOMBRES, SUS ALMAS


Una de las cosas que más me llega de Escrita en tu nombre es que a lo largo de sus capítulos se nos van regalando, durante algunas páginas, pedazos de las vidas de las personas que comparten, de algún modo, el camino de Malena y Omid. Es como abrir pequeñas ventanas esquineras que nos permiten ver mundos paralelos al que estamos siguiendo. Y en todas esas páginas, en cada esbozo de vida, vamos a encontrar auténticas joyas, porque el gran mérito de Amelia es lo bien que nos dibuja a los personajes aunque parezcan secundarios o poco importantes. A todos les dota de tanta humanidad y nos son tan reconocibles que no puedes por menos que sentir cariño por ellos. Hasta en el caso de Mario, a pesar de todo, aunque con él en lo que caes es en la compasión cuando comprendes lo que ocurre. 

La presencia de Omid en la vida de Malena es un revulsivo. Ella trata de defenderse de todo lo que va sintiendo por él porque está harta de sufrir, harta de pensar que no es digna de ser amada, harta de haber sido siempre una segundona porque su mejor amiga era la guapa, la ingeniosa, la que se llevaba a los chicos de calle. Y ella nunca merecía una segunda mirada. No os imagináis cómo me he sentido de identificada con ella, pero esa es, desde luego, otra historia. Y a pesar de que Omid rodea a Malena de cariño, de experiencias hermosísimas y de seguridad, ella jamás acaba de estar convencida, sigue teniendo un miedo atroz a enamorarse del todo y que él la deje por otra más guapa y mejor. Un miedo que tomará forma en la figura de la exmujer de Omid, con la que él terminó definitivamente dos años atrás, una mujer hermosísima, sensual, irresistible, empeñada en recuperarle a toda costa.

Magda brotará ahí como una catarata, acallando a Malena y retomando su odioso “ya te lo dije”. Visto así casi podría pensarse que hay algo que no va bien en la mente de Malena, pero no es eso. A todas nos pasa. Tenemos esa dichosa conciencia culpable, ese odioso Pepito Grillo que nos repite que no podemos, que no debemos, que no nos conviene, que no lo merecemos. Y aquí se llama Magda. Tan sencillo como eso y tan complicado.

Las vidas de Omid y Malena se nos van contando desde diferentes tiempos: su infancia, sus familias, su juventud, su presente incluso cuando no están juntos. Y también Amelia nos trae sus momentos de unión, sus paseos, sus noches y sus mañanas sin caer jamás ni en la pornografía ni en el mal gusto, sin contar detalles. Sólo insinuando lo que ha sido tan intenso. Ambos se nos hacen tan familiares y les tomamos tanto cariño, que cuando termina la novela te quedas un poco huérfana. Te da una pena inmensa que acabe cuando has compartido tanto con ellos y has sido su confidente en todo momento. No, no es una novela de amor, pero sí trata de él y del modo en que personas tan distintas y tan necesitadas de él se encuentran. Pero sobre todo es una novela de vidas, de amistad, de retos superados; de redención, quizá. 

Personalmente creo que es la mejor novela de Amelia Noguera. Sobre todo por cómo hace sentir al lector a medida que se pierde en sus páginas. Te consideras parte de la historia, espectadora provilegiada no sólo de las vidas de Malena y Omid, sino porque puedes sentirte identificada al ponerte, con sus palabras y su modo de narrar, un espejo bien bruñido delante en el que reconocerte. Con un lenguaje fácil y un estilo que impresiona por su fluidez, nos hace disfrutar enormemente de la lectura. Y era cierto lo que ponía en la primera página, en la dedicatoria anterior a la mía ¿recordáis?: yo también me he enamorado de Omid. Qué difícil es no hacerlo. Pero cómo me gustaría contar en mi vida con alguien como Malena para cerrarle el pico de una vez a mi Magda particular.

martes, 12 de diciembre de 2017

YA NO QUEDAN JUNGLAS ADONDE REGRESAR de Carlos Augusto Casas

Llegué a esta novela por recomendación de dos amigos que de novela negra saben mucho. Muchísimo. Los dos me insistieron en que iba a encontrarme una historia de las que dan de lleno en el estómago. Uno es Juan Ramón Biedma, escritor casi inclasificable pero capaz de crear universos oscuros, góticos y aterradores y a quien admiro profundamente, tanto por su obra como por ser el maravilloso hombre que es. El otro, mi librero de cabecera y confianza, José Carlos García, que en todo lo que sea policiaca y negra tiene un criterio fabuloso y que me premia, además, con su cálida amistad. Así que con semejantes referencias tenía que hacerme con él y gracias a José Carlos, que lo encargó para mí, Ya no quedan junglas adonde regresar cayó en mis manos. Poco después tuve la fortuna de conocer al autor, Carlos Augusto Casas, en un encuentro de novela negra que el propio José Carlos organizó en Getafe y pude compartir impresiones con él.

Y es que con sólo 196 páginas, Ya no quedan junglas adonde regresar hila una trama negra, dura y sin concesiones. Un asesinato, una venganza, un asesino a sueldo, prostitución en pleno centro de Madrid, un proxeneta sin escrúpulos, una investigación policial, una inspectora con su vida personal cayéndose a pedazos pero profesional y capaz. Y todo en un ambiente sórdido, el que ampara la prostitución y a sus clientes, hombres de todos los estratos sociales, y unos diálogos con frases que a veces son como puñaladas. ¿Cómo podría no quedarme pegada a sus páginas?

EL AUTOR: CARLOS AUGUSTO CASAS


Madrileño, escritor y periodista, comenzó su carrera en Diario 16 para pasar después a la Agencia Efe  y algunos medios locales. Ejerció como periodista de investigación para TVE, Antena3, Cuatro y Telecinco. Hoy día compagina el periodismo (es subdirector del programa Víctimas del misterio en TVE) con la dirección de la colección de novela negra Estrella Negra. Ha participado en varias antologías de relatos de género negro y fue finalista del Premio Pata Negra de Novela de la Universidad de Salamanca. Con Ya no quedan junglas adonde regresar, su primera novela, ha obtenido el premio Wilkie Collins de Novela Negra este año. 

SOLO ME QUEDA LA VEJEZ... ¿O NO?


Teo, un anciano al que apodan el Gentleman, con una vida vacía y llena de olvidos y tristeza, sólo encuentra ilusión cada jueves en su cita con Olga, una prostituta que "trabaja" en la calle Montera de Madrid. Pero no hay sexo en sus encuentros. Los dos huyen de sus rutinas inventándose vidas paralelas felices y triunfadoras, comen juntos, hablan. Durante ese rato son felices a su modo. Pero un día Olga aparece brutalmente asesinada y los sospechosos son cuatro abogados de alto nivel que la contrataron para pasar la noche con ellos. El anciano, tras el dolor inicial, decide que está harto de que la vida le robe lo que ama y se arma con una sola certeza: quiere venganza. Y es que el hombre más peligroso es el hombre que no tiene nada que perder porque ya lo ha perdido todo. 

PORQUE DONDE NO HAY JUSTICIA APARECE LA VENGANZA


Esta frase, que me parece redonda, me la escribió Carlos Augusto Casas al firmarme este libro. Un libro que, como os decía al principio no da ninguna concesión al lector. No es amable, no hay personajes "buenos" porque todos son malos o peores... y sin embargo, en esa oscuridad, te sientes muy cerca de algunos incluso cuando sabes de lo que son capaces. Incluso cuando los has visto matar. Ese es uno de los méritos de Ya no quedan junglas adonde regresar, pero no el único.

Estamos ante una novela negra con muchos ingredientes habituales pero también otros muy distintos: hay un asesinato y una investigación policial, sí, pero los protagonistas se salen por completo de los cánones. El Gentleman, que pasa ya de los 70, casi se ha abandonado por completo. Viudo desde hace años, con un hijo viviendo muy lejos y que no tiene tiempo ni para hablar con él por teléfono, con una vida gris en la que sólo quedan recuerdos y decadencia, la única luz está en los jueves de su calendario. En sus citas con Olga, la prostituta de la calle Montera explotada y controlada por un proxeneta, el Tigre, que acepta el dinero del Getleman no por irse a la cama con él sino para, durante una hora, ser otro hombre y otra mujer, inventarse una biografía, trabajos, aficiones. Los dos saben que han creado un mundo falso con hora de finalización, pero es su manera de olvidarse de todo. Su manera de tenerse cariño. Cuando se despiden, el mundo vuelve a ser inhóspito y lóbrego. Casi inhabitable.

"Ella no quería volver a la boca con sabor a plástico y espermicida, a los hombres pequeños que se hacían grandes con gritos y exigencias, a tapar la podredumbre con maquillaje. Y él no quería regresar a la caja de pastillas con sus seis compartimentos, a las horas muertas mirando la tele sin entender nada, a mendigar palabras por la calle a desconocidos que le rehuían."

El atroz asesinato de Olga despierta una rabia desconocida en el Gentleman, que buscará el modo de vengarse de quienes le han arrebatado la única alegría de su vida. Con la ayuda de Tina, otra prostituta amiga de Olga, y de un tipo marginal que se mueve bien por internet, buscará el modo de localizar a los cuatro abogados que, sin género de dudas, mataron a su amiga. Y vengarse sin ninguna piedad.

La investigación oficial de la muerte de Olga está a cargo de Inés Iborra, una inspectora catalogada como una "hija de puta" por compañeros y subalternos. Es competente, capaz, inteligente y dura. Ha de serlo en una profesión dominada por los hombres y no duda en abrirles expedientes por comentarios machistas. Su profesionalidad no se ve empañada por su particular drama personal: su marido se ha ido de casa y no le coge el teléfono, por lo que va dejándole mensajes en el buzón de voz tratando de buscar respuestas. Tendrá como compañero al subinspector Puertas y, aunque choquen en muchas cosas, juntos trabajan bien. Llegar a los abogados es tarea fácil porque Olga, como protección, había mandado la matrícula del coche en el que se subió a su amiga Tina. Pero otra cosa es que los abogados sean fáciles de acusar.

La tercera pieza en este puzle es Pedro Bustos, un hombre atractivo y aparentemente triunfador, que vive en un chalet con su pareja y el hijo de ésta. Una familia perfecta y feliz... en apariencia. Porque Pedro Bustos es en realidad un asesino a sueldo "durmiente" apodado Herodes. Y su jefe le pide que salga de su tranquila existencia cuando la venganza del Gentleman empieza a tomar forma, ya que uno de los abogados implicados en la muerte de Olga trabaja para él.

La calle Montera de Madrid tiene también su protagonismo. Una calle en pleno centro, que conecta la Puerta del Sol con la Gran Vía, tristemente famosa desde hace décadas por la prostitución que pasea por ella. Actualmente es fácil ver a las prostitutas si nos fijamos un poco. Pero la verdad es que son invisibles para la mayoría. O quizá es que no las queremos ver. En la novela vemos como sus clientes habituales son hombres mayores como Mazas, amigo del Gentleman, o el Residuos, habitual del bar de esa calle que los tres frecuentan. El Residuos resulta ser repugnante en su trato a estas mujeres, un tipo que prefiere quedarse sin comer y gastarse el dinero en un polvo triste con cualquiera de ellas.

"Pero qué cojones, por un polvo se hace lo que sea. Si tengo que tirarme un mes buscando comida en la basura, pues lo hago. Soy un tío ¿no? Y qué hacemos los tíos, follamos. ¿Y sabes lo que más me gusta de follarme a las putas? Notar que no les gusto, que les doy asco, que no soportan mi olor. Pero como tengo la pasta tragan y lo hacen. Es como si las jodiera dos veces."

A eso me refería antes al decir que los diálogos son como puñaladas. El autor, desde luego, no busca el buenismo ni las medias tintas. Con un ritmo trepidante, que no baja en ningún momento, vamos a asistir a asesinatos en directo narrados con descarnada realidad, casi con crudeza. Matar nunca es limpio ni sencillo. Conoceremos esas esquinas oscuras y sórdidas que no vemos de la zona más visitada de Madrid y lo que se esconde detrás del sexo por dinero. Alternando escenas con los diferentes personajes, Carlos Augusto Casas nos introduce en una historia dura que va ganando en intensidad y crueldad a medida que avanzamos.Sin embargo el amor también está presente, aunque sea un amor desvirtuado por las circunstancias: el de Teo el Gentleman por Olga, la mujer que logra que se olvide de su soledad y de sus miserias durante una hora a la semana; el de la inspectora Iborra por su marido ausente, un amor desgastado, lleno de agujeros y reproches pero real; el de Herodes por Lidia y su hijo, que se han convertido en una especie de redención en su vida de la que sabemos poco, pero es aterradora.

Ya no quedan junglas adonde regresar ha sido todo un descubrimiento. Una novela que te arrastra a través de sus páginas en una espiral creciente de violencia y tensión pero narrada con fuerza, con un ritmo endiablado y que cuenta con personajes poderosos. Ninguno, como decía antes, puede ser catalogado de "bueno" aunque gozan de un carisma innegable, lo que hace que acabes por posicionarte a su lado. A pesar de todo. Si os gusta la novela negra de verdad, ésta os va a impactar. Porque la venganza, por mucho que James Bond dijera que se sirve fría, suele brotar de la rabia y el dolor.