lunes, 2 de diciembre de 2019

GUERRA DE IMPERIOS de Ben Kane

Si ya asistir al Certamen Internacional de Novela Histórica de Úbeda es un regalo y una oportunidad única de disfrutar de la literatura y del trato directo con los autores, imaginaos la emoción que me produjo que su director, Pablo Lozano, me pidiese que presentase allí, y con el autor, el último libro de Ben Kane, Guerra de Imperios. Superado el shock inicial, estuve durante días con una mezcla de sentimientos: por un lado la responsabilidad, porque Kane es un autor que cuenta con miles de seguidores, las ventas de sus libros alcanzan cifras altísimas y me aterraba la posibilidad de hacer el ridículo; por otro, estaba emocionada por la oportunidad que se me daba y me propuse hacerlo lo mejor posible. Ante todo quiero, desde aquí, volver a dar las gracias a Pablo y al certamen por la confianza y a Ben Kane por ponérmelo tan fácil, por la complicidad y por el buen rato que nos hizo pasar a todos, en especial a sus muchos fans congregados en la presentación. 

Antes de Guerra de Imperios solo había leído dos libros de este autor: La legión olvidada y Aníbal: Enemigo de Roma. Y de eso hace ya unos años. De ellos lo que más recordaba eran las batallas, que estaban narradas con brío y pocas medias tintas y, desde luego, la labor de documentación que debían llevar detrás, aunque todo fluía de tal modo que no lo parecía. Cierto es que los personajes quedaban un tanto eclipsados por la acción, pero eso es algo que ha mejorado y mucho, como os comentaré más adelante. Guerra de Imperios es una novela muy intensa, que no se hace pesada en absoluto a pesar de su buen número de páginas (560) y que nos traslada sin dificultad a una época bastante desconocida de la Historia, con todas sus luces y sus sombras.

AMBICIÓN Y GUERRA


En el año 202 antes de Cristo y después de dieciséis sangrientos años de guerra contra los cartagineses, Roma derrota a las tropas del gran Aníbal en las llanuras de Zama. Eso la convierte, de hecho, en el imperio más poderoso del mundo anticipando ya la gloria de tiempos posteriores. Pero la calma parece que no va a durar mucho porque, en el norte de Grecia, el rey Filipo V de Macedonia se ha propuesto reconquistar el esplendor que el reino tuvo en tiempos de Alejandro Magno. Filipo es un gran líder, su pueblo y sus tropas le siguen sin la menor duda, pero también es implacable y buen estratega. Su intención es unir a toda Grecia contra Roma y pelear por esa posición de privilegio que las victorias contra Cartago han dado a los romanos.

En Roma, mientras tanto,  Tito Quincio Flaminino, joven y ambicioso senador, aspira a convertirse en cónsul y convertirse en un gran líder militar de la República. Los tiempos de guerra parecen haber terminado, han sido largos años de batallas y pérdida de vidas, pero Tito Quincio sabe que la expansión Roma y el poder territorial pasa por el Mediterráneo. Tiene puestas sus miras en Grecia y Macedonia, pero hay que convencer al senado y al pueblo de Roma de que vuelva a embarcarse en otra gran guerra. Y está dispuesto a todo para conseguirlo.

 La novela tiene un prólogo de acción trepidante, ambientado trece años antes del inicio real de lo que se nos va a contar. En ese prólogo, que incluye un impactante abordaje naval, se descubre que Filipo, rey de Macedonia, envía misivas pidiendo aliarse con Aníbal y Cartago. La intervención romana intercepta los documentos, dejando en el aire la cuestión de qué habría pasado si esa petición hubiese llegado a buen puerto. ¿Aníbal habría aceptado? Con dos potentes frentes ¿Roma habría sido capaz de vencer? Pero la petición de Filipo jamás llegó a las manos de Aníbal.

Trece años después asistimos, desde una perspectiva de espectadores privilegiados, al inicio de la "guerra relámpago" de Filipo, que intenta hacerse con cuantos más territorios y ciudades mejor (recordemos que Grecia era una pléyade de ciudades estado y pequeños reinos) para afianzar su poder. Y, por otro lado, al final de la batalla de Zama, vista a través de los ojos de Felix y Antonius, hermanos y princeps de la legión romana, soldados experimentados y hechos a la lucha. La descripción de la batalla, en la que participan también los famosos elefantes adiestrados del ejército cartaginés, es, incluso, brutal. Nada hay de "romántico" en la narración: todo es sangre, miedo, olor a muerte, brutalidad. Es demoledoramente visual y terrible en su realidad.

Alternando los dos escenarios principales, lo que está sucediendo en Macedonia y la Propóntide (región del este de la actual Turquía, frente a Grecia, en la que había ciudades griegas como Samos, Lesbos o Rodas) y la tensión política creciente en Roma, Ben Kane nos dibuja un paisaje apasionante de una época muy poco conocida. Usa para ello no solo a los personajes principales, Filipo y Tito Quincio Flaminino, sino que se ayuda de unos secundarios de lujo: por el lado romano, los ya mencionados hermanos Felix y Antonius y, por el lado macedonio, Demetrios, un remero libre de uno de los barcos del rey Filipo. Sus destinos van por caminos muy diferentes: mientras que Felix y Antonius van a ser licenciados con deshonor por el ejército de Roma debido a un error monumental (que no desvelo), Demetrios conseguirá dejar de ser remero para integrarse en una falange del ejército macedonio, la gran ilusión de su vida.

Esta es la diferencia, en cuanto al tratamiento de personajes, que os comentaba al principio. Si bien en las primeras novelas de Ben Kane los personajes no quedaban demasiado perfilados y casi quedaban tapados por la acción, en Guerra de Imperios se nota la evolución como narrador del autor y aquí los protagonistas, tanto centrales como secundarios, tienen personalidades marcadas, sentimientos, miedos, angustias y alegrías. En ese sentido creo que Kane ha dado un gran paso para redondear aún más sus novelas.

Al cambiar el escenario en cada capítulo, la novela adquiere una viveza y una agilidad que facilitan mucho que el lector se apasione, porque además siempre deja los capítulos "en alto", para no perder nuestra atención. Tendremos muchas y variadas descripciones de batallas, tanto terrestres como navales, y en todas, como ya os mencionaba con la de Zama, la realidad se impone a lo "políticamente correcto". Me han parecido duras pero también me han gustado muchísimo, porque lo que en ellas se cuenta es extremadamente real. Cada herida, cada tajo, incluso desmenbramientos... y los olores, que Ben Kane describe de maravilla: el sudor, la orina, la sangre, la putrefacción.

No son las únicas escenas violentas de la novela. Pero no nos equivoquemos, no se hace apología de la violencia y de la guerra, se nos cuentan las cosas como sucedían y es necesario que así sea, porque no hay nada hermoso en la guerra. La descripción del castigo del fustuarium, que se aplicaba a los legionarios romanos por deserción o abandono de sus deberes, también está contada con toda su violencia pero con todo su rigor. O las escenas de las ciudades arrasadas por Filipo. Debemos dejar de mirar la Historia con los ojos del hoy: los hombres de entonces actuaban de acuerdo a sus tiempos, a sus necesidades, a sus ambiciones. No podemos juzgarles, es un tremendo error.

En Roma, asistiremos al juego político, a la corrupción, la compra de votos para ser cónsul, las artimañas, regalos y prebendas que garantizaban ese voto, las sesiones de senado. Parece mentira que a día de hoy todo se repita. Incluso el modo de manejar al pueblo para conseguir la aprobación y el aplauso con argumentos que calan pero que esconden otros no tan claros. En eso no hemos evolucionado mucho. La recreación que Kane hace de la ciudad de Roma es brillante, tanto de las mansiones de los más pudientes como las calles más oscuras y de mala reputación.

Al principio de la novela, para ayudar a la localización geográfica de las ciudades griegas y macedonias, se han incluido dos mapas que realmente facilitan mucho para seguir las andanzas y las batallas de Filipo. Al final de la novela hay una larga nota del autor explicando muchos de los extremos históricos y también un glosario de términos realmente útil para terminar de sumergirnos por completo en la época. Una época en la que Roma acababa de pasar de potencia regional a superpotencia y en la que Macedonia buscaba enfrentarse a ella y vencer.

Guerra de Imperios es una gran novela. Nos permite conocer un periodo histórico del que no se ha escrito apenas nada, pero que resulta apasionante. Todo en ella está medido y contado para resultar una lectura intensa, de las que te sumergen hasta el cuello en su argumento y, cuando sales, tardas en secarte y en olvidar lo que has leído. En esta ocasión, aún siendo saga, Ben Kane nos confesó que solo habría un libro más sobre ella (se queda en bilogía) antes de ponerse a escribir sobre Ricardo Corazón de León, un giro copernicano en su narrativa pero que pinta muy bien.

Merece, sin duda, la pena viajar al pasado a través de las páginas de Ben Kane. Os garantizo muchas horas de pasión lectora.


jueves, 28 de noviembre de 2019

EL JARDÍN DE LOS ENIGMAS de Antonio Garrido

El Londres victoriano tiene un encanto innegable. Quizá es por esa visión "romántica" (dicho sea con las reservas pertinentes) que siempre lo adorna. Los carruajes, la moda, las costumbres, las mansiones señoriales rivalizando con los barrios más oscuros, la niebla envolviéndolo todo, ese cierto halo de misterio... Desde luego, parece el escenario ideal tanto de tramas negras al estilo Jack el Destripador como de romances caballerescos con hermosas damas, envueltos en modales y cortejos impecables. Luces y sombras. Y, en la literatura, las sombras son mucho más atrayentes.

Lamentablemente y por imponderables personales, me perdí el encuentro con el autor que se celebró esta semana en Madrid y me quedé con ganas de haber compartido con él algunas refñexiones y hacerle un par de preguntas. Porque, leyendo El jardín de los enigmas me retrotraía en muchos de sus pasajes a la fantástica Tus magníficos ojos vengativos cuando todo ha pasado (rebautizada como Londres, 1861): los peores barrios y las peores calles, los tétricos teatros de variedades en los que se exhibían "monstruos" de todo tipo y condición... y un personaje principal que se mueve con facilidad en los bajos fondos. Pero vamos por partes.

LA VENGANZA ENVUELTA EN OLOR DE FLORES


Londres, 1950. Rick Hunter trabaja como cazarrecompensas al margen de la ley en las calles más lúgubres de la ciudad. Junto a su socio, Joe Sanders, un individuo de la peor calaña, se encarga, por un precio, de solucionar "problemas" y atajarlos sin demasiados escrúpulos. Rick arrastra tras de sí un pasado terrible y doloroso que quedó en Calcuta y parece rendido a su suerte, hasta que una emboscada en la que casi pierde la vida le lleva casi por casualidad a una curiosa floristería. Su dueña se ha granjeado la confianza de burgueses y aristócratas e, incluso, va a participar con arreglos florales en la Gran Exposición Universal que se celebrará al año siguiente en la ciudad. La necesidad de esconderse y de trazar un plan para librarse de quienes le persiguen, le llevará a comenzar a trabajar en el negocio, ganándose la confizanza de la propietaria. Pero este será solo el inicio de una trama de crímenes, intrigas políticas y mensajes encriptados en la que se verá envuelto y, en cuyo centro, parece hallarse la hermosa Daphne Loveray, una mujer tan fascinante como misteriosa y de la que Rick no sabe realmente qué pensar.

La historia en sí misma resulta muy atrayente para el lector. Es sencillo dejarse llevar por lo que Antonio Garrido nos va contando y perdernos en esas calles peligrosas y muy poco recomendables en las que se mueve lo peor de la sociedad. La ambientación, sin duda, es lo más brillante especialmente cuando salta de esos lugares sórdidos a los barrios más pudientes, los de las grandes mansiones y las fiestas de lujo. O para describirnos las obras que, a marchas forzadas, tratan de acabar las obras del imponente Crystal Palace, en Hyde Park que, en menos de un año, mostrará todo el progreso de todo el mundo y los avances industriales que no dejan de surgir.

El personaje de Daphne Loveray está basado en Ada Lovelace, hija del poeta Lord Byron y de la matemática y activista política Anne Isabella Byron, una mente brillante que avanzó el funcionamiento de los ordenadores y que creó el primer algoritmo para ser procesado por una máquina de cálculo. Daphne y Rick ponen el toque romántico y apasionado a una historia que es mucho más de lo que parece. Lo que en principio parece una trama orquestada contra Rick y su pasado se va complicando hasta tocar las más altas esferas, incluido el Foreing Office.

Interesante descubrir el lenguaje que las flores pueden tener para enviar determinados mensajes y que el autor ha sabido contar con precisión pero sin abrumar con datos (similar, salvando las distancias, al de los abanicos, que es todo un arte). Y mucho más interesante, en mi opinión, es esa convivencia de dos mundos tan diferentes en la misma ciudad, como si se tratase de un primer piso luminoso y un sótano oscuro y húmedo. Las peleas ilegales, los individuos de la peor calaña, la prostitución y los fumaderos de opio (a los que acudían también gentes de buena posición buscando "relajarse") están dibujados en la novela con maestría hasta el punto de que te parece estar en ellos. También me ha gustado especialmente, dentro de ese paisaje por el que se mueven los protagonistas, el caos reinante dentro del Crystal Palace, en el que todo son prisas, ir y venir, obreros, cajas y desorden en una carrera contra reloj para que nada empañe la inauguración del gran evento que está por llegar.

Ya conocéis mi facilidad para encontrar paralelismos y, además de los que os mencionaba al principio con la novela de Juan Ramón Biedma (si bien esta es mucho más gótica, más tenebrosa y, si me apuráis, cruel y sórdida, en el estilo de su autor que ya sabéis cuánto me gusta) hay en la historia personal de Rick Hunter una reminiscencia del protagonista de El fugitivo que no voy a explicar para no hacer spoilers. Y, quizá, un levísimo toque a lo James Bond en sus maneras. Siendo una novela que me ha gustado, hay una escena concreta en un den (fumadero de opio) a la que no le he encontrado demasiada lógica (y que me hubiese encantado comentar con el autor) pero que no afecta al conjunto en absoluto.

Los personajes, en general, están bien diseñados y son coherentes con el argumento de la novela aunque, en ocasiones, reporten sorpresas inesperadas que favorecen la intriga. El rico filántropo Lord Bradbury, que ayudó a la dueña de la floristería a reflotar su negocio; Gustav Gruner, a quien desde el primer momento cogeremos una manía importante porque se ve que no es trigo limpio, y el misterioso Karum, sibilino y peligroso, cumplen perfectamente con su misión de mantenernos interesados en cada capítulo. Aunque mi secundario favorito, sin duda, es Memento, el gran amigo de Rick Hunter, todo un robaescenas, un ser extraño que vive por decisión propia en un manicomio y que es un auténtico genio. Es a través de él como el autor nos llevará a una moda muy en boga en esa época: las fotografía de difuntos. Una costumbre fascinante que hoy, quizá, vemos terrible y que consistía en hacer fotografías de los recién fallecidos como si estuviesen vivos para que las familias tuviesen un recuerdo de su ser querido.

El jardín de los enigmas es, pues, una novela de las que te hacen viajar hasta un pasado que no está tan lejano en el tiempo pero que resulta muy evocador. Plantea una intriga creciente, con acción, algunos giros argumentales y sospechas que van tomando forma. Lo que en principio parece solo una historia de venganza se va transformando en una conspiración que puede afectar al propio gobierno de Inglaterra. Bien escrita y desarrollada, manteniendo el interés hasta el final, alternando escenas de gran acción con otras en que el suspense se adueña de todo y con un sólido argumento que no deja cabos sueltos, El jardín de los enigmas ha llegado para darnos muy buenos ratos de lectura. ¿Viajamos al Londres de 1850?

viernes, 22 de noviembre de 2019

CERTAMEN INTERNACIONAL DE NOVELA HISTÓRICA DE ÚBEDA 2019

Este post me va a salir mucho más extenso de lo habitual, pero creo que la ocasión lo merece. Si hay un certamen que ha crecido de forma exponencial en los últimos años, es el de Novela Histórica de Úbeda que este año cumplía su octava edición. Un proyecto que nació a base de ilusión y ganas, sin apoyos, y que, paso a paso, ha ido superándose y convirtiéndose en un referente a nivel nacional. La ilusión, las ganas y el trabajo bien hecho siguen siendo sus banderas y lo que más suele maravillar a los que tenemos la suerte de poder estar allí es el ambiente que se crea, de completa camaradería entre organizadores, autores y medios. Poder conversar, compartir anécdotas e, incluso, tomarte una cerveza con algunos de tus escritores favoritos es un regalo que pocas veces tenemos ocasión de disfrutar. Estar en Úbeda, en este certamen, es sentirte como en casa.

Antes de nada, quiero agradecer de nuevo a la organización y en especial a Pablo Lozano por su invitación para asistir de nuevo este año. Si ya el pasado me supuso toda una alegría y un soplo de aire fresco por las tristes circunstancias personales por las que pasaba, este año puedo asegurar que he vivido cada minuto de mi estancia allí como un regalo. 

En la edición de este año se han llevado a cabo, además, actividades fuera de la ciudad de Úbeda para ampliar el campo de acción en cuanto a hacer llegar la cultura y la historia a colegios, con charlas con algunos de los autores invitados, y en actos en bibliotecas para que llegase al mayor número de personas posible. Ya en los días centrales del certamen, durante el fin de semana, la sala habilitada para las presentaciones en el Hotel Palacio de Úbeda acostumbraba a estar llena, lo que deja constancia del interés que despierta el evento. Por no hablar de la cantidad de gente que se reunió para la recreación histórica de la batalla de Isandhlwana en la Plaza Vázquez de Molina, un público participativo y feliz que se tomó (nos tomamos) muy a pecho el papel de zulús acorralando al ejército inglés.

Las actividades con autores comenzaron el martes 12 de noviembre con la presentación de la novela Fierro, de Francisco Narla en el salón de actos de la UNED, lugar en el que también, en los dos días siguientes, presentaron Carlos Bardem su Mongo Blanco, Mercedes Santos su última novela, Sitiados, y Julio Alejandre la obra que resultó finalista en este certamen: Las islas de poniente. Pero, como suele ser habitual, el mayor número de actos y presentaciones se concentran en el fin de semana, días en que también periodistas, blogueros y diferentes medios acudimos en mayor número.

VIERNES 15 DE NOVIEMBRE

 Y en este contexto, el viernes por la tarde nos reunimos en la librería Libros Prohibidos de la calle Bétula de Úbeda para asistir a dos mesas muy interesantes. La primera con Claudia Casanova, presentada por Pedro Pablo Uceda, en la que se desgranó Historia de una flor, su cuarta novela. En ella ha abandonado la Edad Media, época en la que centraba las tres anteriores, para irse al siglo XIX y crear una historia que "no es épica ni trepidante, pero que invita a una conversación agradable cuando se lee". Basada en la vida de la primera mujer botánica española, Blanca Catalán de Ocón, pero sin ser más que una inspiración, Claudia ha creado una novela reposada y tranquila con unos personajes femeninos fuertes y llenos de matices, que se salen del camino establecido para buscar el suyo propio. "No pretendía reescribir la historia de Blanca, sino enriquecerla y rodearla de cosas y hechos que no existieron. Aunque la base es una vida real, no era mi intención escribir una biografía, solo inspirarme en ella." El estilo es suave y sutil, con escenas breves a veces cargadas de lirismo y se da mucha más importancia a los personajes, a su interior y relaciones entre ellos, que a la acción que transcurre en la Sierra de Albarracín.

La segunda mesa se dedicó al escritor José Zoilo Hernández y a su trilogía Las cenizas de Hispania (pocas veces el regalo de un ordenador tuvo un resultado tan interesante), presentado por Eva Martín, del blog La Historia en mis libros, que narra las vicisitudes de Attax, un alano que, por circunstancias duras, acaba recorriendo buena parte del territorio de la Hispania del siglo V. Zoilo hizo mucho hincapié en que no quería caer en incongruencias y escribir algo que él, como lector, quisiera leer. Es la de su trilogía una época poco conocida y documentada, aunque encontró inspiración en la crónica del obispo Idacio, un hombre cultivado que llegó a viajar a Jerusalem y que, a su vuelta, recogió con detalle lo que era la vida en aquellos años convulsos. También nos contó que prefirió usar la primera persona para narrar para ponerse en el lugar del protagonista en todo momento, sobre todo a la hora de contar una época en que todo parecía derrumbarse y en la que se pensaba que en el año 500 llegaría el Anticristo.

SÁBADO 16 DE NOVIEMBRE


A las diez y media de la mañana se hacía entrega del VIII Premio de Novela Histórica Ciudad de Úbeda a Alan Pitronello, que ha resultado ganador por unanimidad con La segunda expedición. Alan nos regaló, en primer lugar, unas palabras que emocionaron y maravillaron a partes iguales hablando de lo orgulloso que se sentía de nuestra lengua, que ha de servir siempre como punto de unión. Nos explicó que había querido aportar su granito de arena contra la leyenda negra y devolver la épica a nuestra historia común con América, una épica que nos han "robado" desde el mundo anglosajón. Habló de las ciudades creadas allí, de las universidades que se fundaron, de las villas que dieron riqueza, del mestizaje que es único porque ninguna otra nación lo ha llevado a cabo. Posteriomente, acompañado de David Yagüe en una presentación vital y muy entretenida, nos desgranó su pasión por la Historia y por el siglo XVI. Del respeto inmenso que tenía ante la figura de Hernán Cortés (que ni era un genocida ni nada de lo que se cuenta en ciertos círculos), por lo que tardó casi dos años en darle una sola línea de diálogo. Y remarcó cómo hoy día se ha perdido el concepto de honra, el orgullo de pertenencia a una familia y a un nombre. Quienes fueron a América era eso solo lo que tenían y, al llegar al nuevo mundo, no había marcha atrás.
  
La segunda expedición es una gran novela de aventuras, épica e intensa, con escenas de batallas y duelos a espada narrados con detalle y brío. Su protagonista, Martín del Castillo, realiza el viaje universal de toda persona de niño a adulto en un mundo nuevo y lleno de peligros. Y Alan ha sabido dibujarlo reflejando al hombre del siglo XVI: impulsivo, arrebatado, que ha de batirse para demostrar su valor o defender su honra.

En la siguiente mesa Pedro Santamaría nos trajó su última novela, El ateniense, en la que se nos narra de una manera muy especial la vida y la figura de Alcibiades, un hombre que despertó en su día tantos afectos como odios, pero que incluso los romanos tomaron como ejemplo. Era "un pieza de cuidado" para quien solo valía lo que él desease y ganar a toda costa. "Bello como Apolo", rico, inteligente, formado, gran soldado, un seductor a todos los niveles "pero un perfecto hijo de puta", describía Pedro. Capaz de cambiar de bando como el que se cambia de camisa y consiguiendo granjearse enemigos en Atenas, en Persia y en Esparta casi sin despeinarse. Lo original de El Ateniense es que veremos a Alcibiades desde los ojos de otros (cada capítulo pertenece a un personaje distinto), nunca desde él mismo, conformando un brillante caleidoscopio de un personaje fascinante. La presentación de Pedro Santamaría fue realmente divertida, de las que se recuerdan con una sonrisa.

A mediodía todos los participantes del certamen y los habitantes de Úbeda estábamos invitados a la recreación de la batalla de Isandlwana, que tuvo lugar en 1879 en el territorio zulú de Sudáfrica. Más de 20.000 soldados zulúes les dieron las suyas y las de un bombero (que diría mi admirado Reverte) a 1800 integrantes del ejército británico. Magníficamente uniformados, a cañonazo limpio y con descargas continuas de fusilería, los ingleses recibieron a los zulúes (ejército formado, a falta de originales, por el público que asistíamos en gran número al espectáculo, guiados por un entregado Pablo Lozano, que nos instruyó en gritos de guerra y en la táctica envolvente) y cayeron en masa, tal como cuenta la Historia. Hubo algunos niños del público que se tomaron muy a pecho su papel y se lanzaron a empujar a los soldados ingleses con brío y fervor guerrero. Fue un rato fantástico, con muchas risas y un puro disfrute visual. Qué gran trabajo del Grupo de Recreación Histórica.

Ya por la tarde llegó el turno de Ben Kane... y el mío. Desde que Pablo Lozano me comunicó que iba a presentarle, me invadían dos sentimientos: emoción (por la gran oportunidad que suponía) y pavor en cantidades industriales. Pero tras un comienzo titubeante (el mío, no el de Ben, que mostró encanto y tablas a raudales) la charla corrió agradable y muy interesante.  Guerra de Imperios, su último libro, es el inicio de una nueva saga que, finalmente, solo va a constar de dos entregas y se enmarca en el periodo de la guerra entre Roma y Macedonia, no demasiado conocido pero apasionante. Nos confesó que próximamente piensa abordar la figura de Ricardo Corazón de León pero que más tarde o más temprano volverá a sus romanos. Y destacó que mirar los hechos históricos desde nuestra perspectiva es un error enorme, porque los hombres de entonces vivían y sentían de forma muy diferente a los actuales.


La última mesa del sábado le correspondió a Baptiste Touverey, que presentó su novela Constantinopla acompañado de Javier Velasco, de Todoliteratura. Fue una alegría reencontrarnos con Baptiste, con quien tuvimos un encuentro a principios de año en Madrid. Constantinopla nos habla de Roma, pero de la Roma oriental, cuando ya la Roma occidental había caído. Un mundo que comenzaba a desintegrarse por la fuerza de otras civilizaciones con más empuje y que está descrito con energía, casi de forma cinematográfica. La Constantinopla que se nos muestra es enorme, cosmopolita, pero también decadente y llena de esquinas oscuras, con corrupción y luchas de poder. Baptiste nos explicó que de esa época hay pocas novelas y que quiso centrarla en ella porque le fascinó. También nos contó que está trabajando en dos novelas mas, que prometen grandes emociones lectoras.

DOMINGO 17 DE NOVIEMBRE


Los actos del domingo, más reducidos, eran recibidos con nubes bajas, lluvia y bastante frío. En primer lugar se entregó el Premio Cerros de Úbeda a la mejor novela histórica publicada en 2018. En esta ocasión la galardonada fue Valkirias, de Iñaki Biggi, que nos ofreció a continuación una presentación llena de buen humor y sentido del humor. Valkirias nos narra una ficción basada en un hecho real: cuando los vikingos llegaron a Sevilla remontando el Guadalquivir. Biggi aseguró que intenta siempre dar naturalidad a lo que escribe y que aunque las protagonistas son en su mayor parte mujeres, no ha pretendido forzar un mensaje feminista: las cosas suceden así porque es como tenían que suceder, sin más. Al documentarse descubrió cosas muy curiosas como que la llegada de los vikingos en dos expediciones diferentes cambió hasta la fisonomía de la ciudad, porque llegaron a levantarse murallas para defenderse de ellos. Una sorpresa muy agradable esta novela, de un autor al que habrá que seguir de cerca.

Y para finalizar las mesas dedicadas a escritores, le tocó el turno a Emilio Lara y sus Tiempos de esperanza, acompañado en la mesa por el también escritor Sebastián Roa y Jesús Úbeda. Fue una charla especial, de esas en las que se aprende muchísimo y en la que se abordaron cuestiones muy interesantes como si el hecho de que una novela sea entretenida es malo o bueno. En palabras de Emilio Lara "el entretenimiento es el lubricante para una buena relación entre novela y lector", porque de nada sirve que un libro esté lleno de datos y más datos, por muy exactos que sean, si esos datos rigurosos se comen el resto de la novela y provocan el aburrimiento de quien llega a sus páginas. Tiempos de esperanza "habla del presente a través del pasado", explicó Emilio, antes de que Sebastián Roa apostillara que hay quienes se empeñan en "convertir la novela histórica en un peñazo por ese afán de poner los datos históricos por encima de la trama o los personajes".

Fue una lástima que las recreaciones programadas para este día, incluyendo una lucha de gladiadores y la recreación de la batalla de Rorke's Drift, que se produjo apenas unas horas después de la de Isandhlwana, porque la lluvia y el frío las hacían imposibles. Una pena que tras tantos ensayos y trabajo no pudiesen llevarse a cabo, pero la seguridad de los recreadores está por encima de todo.

El domingo por la tarde, con la luz ya cayendo en picado, el tren nos devolvía de nuevo a Madrid, a la rutina. Pero los tres días pasados en Úbeda, llenos de buena literatura, de Historia, rodeados de ese ambiente único y mágico que Pablo Lozano y los suyos son capaces de crear para unirnos como una familia movida por el mismo interés, han sido un paréntesis fabuloso que ha merecido la pena vivir. "Larga vida a la ficción histórica" titulaba el gran David Yagüe en su Blog de 20 Minutos. Me gustaría añadir algo más: Larga vida al Certamen de Novela Histórica de Úbeda. Y ojalá nuestros caminos se sigan cruzando.





martes, 29 de octubre de 2019

TRES PISOS de Eshkol Nevo

Hay veces que, sin esperarlo, un libro te agarra con fuerza y se niega a soltarte hasta que no has llegado a su última página. Esa es la magia de la lectura, llegar a autores a quienes no conoces y que, de pronto, sientas que lo que escriben podría ser tuyo. O podrías ser tú quien está en esas líneas contando pedazos de tu vida. Esto es lo que ha conseguido el israelí Eskhol Nevo con su libro Tres pisos: ha creado tres historias que suceden en un edificio, en tres pisos diferentes, historias que nada tienen que ver una con otras pero que, en menos de cinco líneas, consiguen que te quedes allí, escuchando, confiando en que no paren de hablar. Como cuando en la mesa de al lado de la tuya en cualquier restaurante escuchas a alguien narrar algo inesperado, quizá un poco aterrador, y tratas de oir todo como sea. En realidad las tres historias que se nos presentan en Tres pisos son un poco eso: confesiones de hechos que han ido saliendo al paso de sus protagonistas y que son mucho más de lo que a priori pudiesen parecer.

En el encuentro que tuvimos en Madrid, en Sefarad (la Casa de Israel ), Eshkol Nevo nos contó que el germen de este libro le surgió en la temporada en que tuvo que dejar su coche y utilizar el transporte público. En los trenes que cogía a diario eran muchos los viajeros que hablaban por el móvil sin ningún recato, contando cosas personales que podían ser escuchadas por cualquiera. Recordaba una en especial en que una chica le explicaba a una amiga que tenía su boda prevista en pocos días pero que había decidido no casarse y anularla, aunque nadie lo sabía. Ni el novio, ni las familias... nadie. Y en esa conversación, para sorpresa de Nevo, lo que más le importaba a la chica era qué iba a pasar con el vestido de novia. Como si todo lo demás no existiese. Pensar en la cantidad de hechos que podemos pasar o sufrir en nuestra vida y cómo necesitamos contarlos a alguien fue lo que le encendió la chispa.

VIVIR EN COMUNIDAD Y EN COMPLETA SOLEDAD


En Tres pisos se nos narran tres historias diferentes y cada una sucede en uno de los apartamentos de un edificio en Israel. Un edificio normal en un barrio normal habitado por familias y personas que, a primera vista, también son muy normales. Los tres relatos, muy distintos entre sí, tienen un factor común: la soledad. Esa soledad que nos hace no atrevernos a decir lo que nos da miedo o lo que nos preocupa porque pensamos que nadie nos va a entender o nos van a juzgar.

El primer piso (y primera historia) cuenta con dos viviendas. En una viven Arnon, que es quien le cuenta a un amigo escritor todo lo que le está sucediendo, su esposa Ayelet y sus dos hijas. Justo enfrente, un matrimonio anciano, Ruth y Hermann, encantadores y amabilísimos que cuidan a la hija mayor de Arnon y Ayelet de cuando en cuando a un precio muy módico. Para el joven matrimonio es un alivio contar con ellos y para Ruth y Hermann una alegría ya que su familia vive lejos y apenas ven a sus nietos. Pero Arnon empieza a ver cosas que no le gustan. O quizá no las ve pero se las imagina. Y se queda solo en esa sospecha porque nadie le da la razón, ni siquiera su mujer. De las tres historias es la que más me ha gustado por la tensión con la juega el autor y por la vuelta de tuerca final que te descoloca y te hace elaborar muchas teorías sobre ella.

En el segundo piso otro matrimonio, Hani y Asaf, con sus hijos aunque Asaf es el eterno ausente. Viaja constantemente por trabajo y Hani se siente sola y sobrepasada por cargar siempre con todo y por sentirse un cero a la izquierda. Hani escribe a su amiga de toda la vida, Neta, sobre su hartazgo de vida, de rutinas, de no poder mantener conversaciones "de adultos" con nadie porque las mamás del colegio de sus hijos no comparten ni una sola de sus inquietudes o sus gustos. La soledad es algo tangible y desesperante. Es como si la casa y la vida se le viniesen encima. Hasta que un día alguien llama a la puerta...

El tercer y último piso está habitado por Débora, una juez ya retirada que enviudó hace poco. Por azar, y mientras recoge cosas de su difunto esposo, encuentra un antiguo contestador automático en el que está grabada la voz de él... y Débora comienza a dejar mensajes grabados como si estuviese hablando con su marido. Ella está sola, también sola. Su único hijo hace años que rompió relaciones con ellos (ni siquiera asistió al funeral por su padre) y desapareció de sus vidas y ahora, con tiempo y vida por delante, Débora se siente como un naúfrago en alta mar. El relato que Débora va desgranando a ese contestador, en el que se deslizan su historia en común, sus nuevos intereses y hasta algunos reproches me recordó lejanamente a la magistal Cinco horas con Mario... con sus enormes distancias, claro.

Las tres historias, como veis, están narradas en primera persona. Son confesiones, quiza desahogos y necesidad de ser escuchados. Y se confiesan con tres personas que están pero a quienes apenas conoceremos más que en pequeños esbozos:  el escritor conocido de Arnon, en quien él busca que le ayude a buscar respuestas; la amiga de Hani, que vive en Estados Unidos, y que siempre estuvo ahí para echarle una mano; el marido ausente ya para siempre de Débora, que nunca podrá contestar. Los tres protagonistas están muy solos porque no hay soledad más terrible que cuando no podemos compartir lo que nos pasa. Cuando nos guardamos lo que sentimos porque sabemos que nos juzgarán, nos regañarán o se escandalizarán. Muchas veces lo único que necesitamos es que nos escuchen, solo eso. Y es lo que los tres protagonistas hacen.

También son tres historias que nos demuestran que lo cotidiano y el día a día pueden convertirse en regiones oscuras. Que las sonrisas amables pueden ser los dientes de un depredador. Que la imaginación, los deseos y la tristeza son la madera seca que mejor arde cuanto todo en nosotros parece convertirse en una hoguera que abrasa nuestras certezas. Que las apariencias ocultan esquinas que no se han limpiado hace mucho.

Eshkol Nevo ha dibujado en estos tres relatos un desgarrador mapa de la soledad y de lo que callamos, pero lo hace también desde una perspectiva esperanzadora. Incluso con puntos de humor ligero que descargan un poco lo que nos pone ante los ojos. Lo hace, además, con un estilo aparentemente sencillo, en el que es fácil dejarse caer y con el que nos hace empatizar con cada uno de los protagonistas. Los vamos a juzgar, claro que sí. Pero también los vamos a escuchar, que es realmente lo que quieren. Lo que necesitan. Nos vamos a sentir, en más de una ocasión, muy identificados porque ¿quién no ha necesitado poder desahogarse y no ha encontrado a nadie que le escuche? ¿Cuántas veces nos hemos guardado secretos, sospechas o pensamientos que se nos han enquistado y convertido en piedras pesadas en el alma por no ser capacer de pedir ayuda?

Ya lo dice el autor en boca de uno de sus personajes: "Y si no hay nadie que escuche, entonces ni siquiera hay historia. Si no hay nadie a quien revelarle secretos, contarle recuerdos y con quién consolarse, entonces estamos hablando con un contestador automático". Y, pensándolo bien, es realmente triste que pase.

¿Venís a conocer a los vecinos de este edificio? Os aseguro que no os van a defraudar.

martes, 22 de octubre de 2019

ANTES MUEREN LOS QUE NO AMAN de Inés Plana

Recuerdo perfectamente cómo me impactó el inicio de la anterior (y primera) novela de Inés Plana, Morir no es lo que más duele, y cómo me sorprendió su manera de narrar, su modo de meter al lector en una historia oscura y que se complicaba a cada capítulo. Cómo dibujaba los personajes y nos los mostraba incluso desde su vertiente más vulnerable. Tratándose de una primera obra, el resultado era estupendo y, aun siendo autoconclusiva, había un par de cabos ondenado el viento que merecían ser resueltos y atados.  Y ahora ya tenemos la continuación, Antes mueren los que no aman, y, en ella, Inés da un salto de calidad importante a la hora de plantear las historias, en su modo de ir entrelazando unas tramas con otras manteniendo siempre una tensión creciente y obligándote a querer seguir leyendo casi con una necesidad imperiosa.

No es sencillo enfrentarse a algunas de las cosas que Inés nos describe en esta novela. Aunque sepamos que pasan, que existen, nos ponemos de perfil o directamente de espaldas para no verlas. Pero en cuanto rascamos un poco descubrimos que las tenemos más cerca de lo que pensamos. Y, a veces, nos sentimos profundamente identificados con los sentimientos de los personajes, humanos imperfectos, como todos. Llenos de miedos, de dudas y de costuras mal cosidas que dejan escapar pequeñas gotas de lo que quieren mantener oculto. Antes mueren los que no aman se queda en el lector después de cerrarla y nos ronda durante días, señal inequívoca de que ha sabido sacudirnos con fuerza.

EL DOLOR ES MÁS OSCURO CUANDO SE ENVUELVE EN SILENCIO


Han pasado dos años desde el final de la novela anterior. Estamos en 2009 y España se halla sumida en una crisis económica brutal que afecta incluso a quienes se creían a salvo de cualquier imprevisto. Son vísperas de Navidad y en una oficina de la Seguridad Social, sin motivos aparentes, una funcionaria es empujada contra una cristalera por otra mujer, con la mala fortuna de que el cristal se rompe y le secciona la cabeza. La culpable huye y nadie es capaz de dar con ella. De caso va a encargarse Julián Tresser, el teniente de la Policía Judicial de la Guardia Civil, que sigue buscando algún indicio que le lleve al paradero de Luba, la niña desaparecida dos años atrás. Inesperadamente surge una pista que le activará todas las alarmas, pero el caso de la funcionaria asesinada requiere también toda su atención y debe enfrentarse a un dilema doloroso.

Luba ha escapado de un sórdido mundo de prostitución y maltrato. Es como un animalito herido que solo busca cómo esconderse y acabará por encontrar refugio en una casa de un pequeño pueblo castellano, en la que viven dos mujeres que esconden en sus conciencias un hecho terrible que les puede arruinar la vida. Luba se esconde en su sótano pero no se atreve a pedir ayuda, aterrada ante la posibilidad de que vuelvan a hacerle daño.

Como puntos de arranque son poderosos, no se puede negar. Ahí te quedas ya, anclada, queriendo saber cuál va a ser el próximo paso de Tresser, qué hará Luba, pero también quién es la misteriosa atacante de la funcionaria y por qué hizo lo que hizo. Lo fascinante es que, cuando crees que tienes la línea argumental puesta ante tus ojos, Inés la hace saltar en pedazos complicándolo todo del modo más inesperado, introduciendo fichas para subir la apuesta y endureciendo la historia. Nos mueve por diferentes escenarios, llevándonos incluso a Galicia donde el cabo Coira, ayudante de Tresser, ha decidido pasar unas vacaciones con su familia y se tropezará con algo que le cuesta concebir. Y el Águila, un personaje turbio, oscuro, envuelto en una ficción de hombre exitoso que tapa lo podrido de todo lo que hace realmente, sobrevuela constantemente buena parte de las páginas dejando a su paso terribles muestras de su crueldad.

Son cuatro tramas intensas, que ya por separado podrían tener empaque suficiente para ser contadas de forma única, pero aquí están engarzadas en un auténtico encaje de bolillos en el que no se escapa ni un punto. Cada una de ellas nos va dejando sin aliento por motivos diferentes y, como lector, notas ese nudo en la boca del estómago que te impele a seguir adelante porque necesitas, imperiosamente, saber qué demonios está pasando. Ese es uno de los grandes méritos de esta novela. El otro, en mi opinión, son los personajes. Todos, de alguna manera, están rotos por dentro. Con relaciones familiares complicadas, a veces insoportables. Con pérdidas que no se superan, con recelos, con silencios creados con la pretensión de no hacer daño pero que solo hacen más profundo el agujero de la soledad. Sin embargo también en todos ellos hay una pequeña luz que brilla marcando el camino. En Julián Tresser, por ejemplo, es esa ternura desconocida que se ha descubierto hacia Luba, la necesidad de encontrarla y darle cobijo, cuidarla, quererla. Y también en el reencuentro con Adelaida, que le da otra buena sacudida en su línea de flotación cuando ya pensaba que su destino en cuanto a relaciones era seguir yendo a la deriva.

Muy visuales, pero sin caer en un exceso de datos vacíos, son las descripciones de los lugares por los que transcurre la acción. Puedes sentir el frío de los campos nevados de Castilla, con su invierno mordiente que hace crujir hasta el aire. Las calles del pueblo de la familia de Coira, con su olor a mar y su pequeño puerto, que tanto me han recordado a aquel de la costa de Lugo en el que pasé varios veranos. El Madrid de la crisis, de los barrios, en los que las luces de navidad suenan a excusa. Hay muchos matices de gris en esas imágenes de Madrid.

A pesar de que en la novela se cuentan hechos terribles, algunos de difícil digestión (el tema de la prostitución de Luba llega a ser desgarrador), Inés ha revestido todo de elegancia, en un intento de no regodearse en lo peor. Lo cuenta, pero no lo convierte en algo gore ni innecesariamente descriptivo aunque sea capaz de helarnos el alma en algunos pasajes. 

Inés siempre cuenta que la música le sirve como inspiración al escribir y, sin embargo, yo lo que escuchaba al leer eran los sonidos de la calle, el silencio del campo, el ruido del motor del coche, la musiquita infame de las máquinas de monedas de los bares, el mar rompiendo en la costa, una televisión encendida. Como la banda sonora de fondo de una película que podría ser, perfectamente, en blanco y negro.

Reitero lo que decía más arriba: Antes mueren los que no aman es un gran paso adelante en la carrera de escritora de Inés Plana. Se ha enfrentado al reto de superarse y lo ha hecho de forma brillante, con valentía. Julián Tresser volverá, eso seguro, pero disfrutemos añora de una novela que nos lleva a conocer lo peor del ser humano y también lo mejor. Leerla a veces duele, pero la realidad puede ser aún peor. Ya me contaréis.




martes, 24 de septiembre de 2019

EL ATENIENSE de Pedro Santamaría

Para los que hicimos el Bachillerato por la rama de letras puras, la asignatura de Griego resultaba peculiar. Si en COU te decidías por otra optativa, solo se impartia en tercero y, durante ese año, al menos en mi caso, dimos declinaciones, alfabeto, algo de vocabulario y formación de frases y, sobre todo, historia de la Grecia clásica. Y mitología, bastante mitología. Fue a nuestra profesora de Griego a la que primero escuché hablar de Alcibíades, al que ella definía con mucha gracia como "todo un pieza", y de sus idas y venidas. Aunque en su día me interesó lo que nos contó de él, no había vuelto a recordarle muy a menudo (para mi vergüenza) hasta que llegó a mis manos El ateniense, escrito por Pedro Santamaría, que nos trae un retrato del personaje y de la época histórica digno de los paladares más exigentes. Una novela que se devora y se disfruta, que hace viajar en el tiempo sin dificultad y que resulta apasionante no solo por lo que cuenta, sino por cómo lo cuenta. La Grecia de Pericles, la guerra con Esparta, los filósofos que hoy estudiamos, el teatro, la vida en las calles, la alta política y la vida más popular en las calles... todo se nos presenta en color, con un planteamiento brillante y una manera de narrar vital y yo diría que poderosa sin parecerlo. ¿Me acompañáis a visitarla?

EL PERRO DE ALCIBíADES NO TIENE RABO


Os contaré al final de la reseña el porqué de este título, que refleja muy a las claras el espíritu del personaje que es el protagonista principal de la novela, pero que jamás se muestra como tal. Corre el año 432 a.d.C y Grecia entera bulle ante una guerra de Atenas con Esparta que se antoja inevitable. Las dos ciudades aspiran a hacerse con el control absoluto de la región y esto les llevará a treinta años de conflicto de los que ninguna de las dos saldrá siendo lo que era.

El ateniense, como os decía, es la historia de Alcibíades, un personaje amado y odiado por igual, tremendamente controvertido, capaz de los hechos heroicos más nobles y de las traiciones más bajas. Platón llegó a hablar de él en alguna de sus obras. Un hombre que lo tenía todo para ser una figura preponderante en su momento: sobrino de Pericles, amigo personal de Sócrates, gran estratega y orador, rico, valiente, gran guerrero... y también implacable, cínico, maquinador y cruel. Poseedor de una belleza extraordinaria y de una gran inteligencia, era el prototipo y el ejemplo de aquella Grecia que aún hoy asombra al mundo y que sentó las bases de nuestra actual sociedad.

El gran acierto de Pedro Santamaría en El ateniense ha sido no poner a Alcibíades como voz principal. Él es el hilo conductor de la novela, sí, pero iremos conociéndole y reconstruyendo su vida, sus decisiones y sus muchos vaivenes a través de los ojos de otros. Como un caleidoscopio, en el que las piezas son siempre las mismas pero, según cómo lo movamos, toma una forma u otra. Le veremos desde los ojos de amigos, enemigos, gente del pueblo, soldados o políticos. Incluso desde ciudadanos de a pie que se cruzan con él y asisten a algún hecho concreto. Presente siempre y siendo protagonista sin hacerlo con voz propia, un reto que Pedro Santamaría ha superado con nota.

Alcibíades es un hombre de su tiempo. Lo tuvo todo y jugó sus cartas siempre para su propio beneficio. Sirvió a Grecia, a Esparta y a Persia, cayó en desgracia varias veces y de todas ellas salió de nuevo triunfante, pero no es lo que podríamos considerar un personaje histórico muy edificante porque, a pesar de sus buenas cualidades, era un gran cínico, alguien a quien sus coetáneos consideraron un traidor ( y traicionó mucho y bien) y al que la moral y las normas le importaban más bien poco a no ser que le beneficiasen. Pero se ha convertido en un mito. Conocerle es apasionante.

A pesar de ser una novela de casi quinientas páginas no se hace larga ni pesada en absoluto. Y eso también es mérito del autor, que ha sabido narrar cada capítulo con gran agilidad y de manera realmente amena, con descripciones fantásticas que no abruman nunca pero que nos hacen imaginar sin dificultad las calles de Grecia, los palacios, los campos de batalla. Y respecto a esto, a las batallas que se relatan, resultan completamente reales, mantienen una tensión que a mí, como lectora, ha llegado a emocionarme. En una novela en que encontramos a colosos históricos como Pericles, Platón o Sócrates, que generalmente los tenemos en mente como estatuas de mármol o como entelequias perfectas pero sin alma. Y aquí se nos muestran brillantemente vivos, con sus alegrías y sus miedos, con sus deseos, con sus conversaciones. Al igual que en la presentación que nos hace de la época y los escenarios, es evidente que la labor de documentación que el autor ha llevado a cabo ha sido inmensa y rigurosa, pero no nos la hace árida ni pretenciosa.  Todo en El ateniense fluye, sin muros narrativos que entorpezcan.

La figura camaleónica de Alcibíades se erige en todo momento como referente, pero, junto a él, todo lo que le rodea, todos quienes le conocen, todo lo que se cuenta, conforman un dibujo espléndido de esa Grecia clásica que fue el faro de tantas civilizaciones (y lo sigue siendo) pero que también contaba con sus cuartos oscuros y sus esquinas no tan limpias. El ateniense es un libro que se disfruta desde la primera página y que, cuando cerramos, parece que salimos de una burbuja de tiempo, como cuando se vuelve de un viaje lleno de momentos únicos. Cuesta dejarlo atrás, creedme.

Respecto a lo que os decía al principio del perro de Alcibíades, es un claro ejemplo de su cinismo. La anécdota nos la contó aquella profesora de Griego y creo que, en aquel momento, no la entendimos demasiado bien. Contaba Plutarco (el gran historiador griego) que Alcibíades solía pasearse por las calles de Atenas con un perro hermosísimo que lucía una soberbia cola. La gente admiraba el porte del can y era la comidilla de la ciudad. Hasta que un día Alcibíades ordenó que se le costase la cola al perro y, cuando lo vieron, le llovieron las críticas por haber hecho tal cosa. Pero él, en su línea, y sin alterarse lo más mínimo, dijo que mientras todo el mundo estaba pendiente de la cola de su perro no se daban cuenta de su mal gobierno. Con un par.

Incluso si no sois muy entusiastas de la novela histórica, dadle una oportunidad a esta novela porque os va a sorprender y, estoy segura, os va a fascinar como a mí. Creo que Pedro Santamaría, que ya era un extraordinario escritor de novela histórica, ha dado un largo salto de calidad y madurez literaria, se nota en cada página y en el resultado final. Hacía tiempo que no volvía a Grecia y ha sido un auténtico placer descubrirla de nuevo de su mano.









jueves, 19 de septiembre de 2019

DESAJUSTE DE CUENTAS (STORYTEL) de Benito Olmo

Es curioso, pero no soporto que me lean en voz alta. Y digo que es curioso porque de siempre he sido mucho de radio, quizá, de lejos, el medio que más me gusta. Además ya tengo una edad y puedo recordar perfectamente el sonido de las radionovelas de mi infancia, llenas de amores, traiciones y mucho drama, que todo el mundo escuchaba con auténtico deleite aunque tuviesen centenares de capítulos. Me encantaba cuando mi madre, por las mañanas, llenaba la casa con la voz de Luis del Olmo y hasta tengo su imagen en la memoria cosiendo en la mesa camilla con el consultorio de Elena Francis o el programa de Encarna de fondo. Supongo que el que no me guste que me lean en voz alta se debe a que no es fácil encontrar a quien lo haga entonando, poniendo intención, consiguiendo que no suene todo a folleto de antibióticos.

Por eso la página de de audiolibros de Storytel nunca me había llamado la atención. Bueno, ni esa ni ninguna otra. Con lo que me gusta leer en papel, lo que disfruto con ello aunque tenga que cargar con un libro en el bolso en mi día a día, ponerme los auriculares para escuchar una narración me daba una pereza enorme. Sumando, además, el gasto mensual que supone, que no es mucho, es verdad, pero en mi caso todo hace montón. Pero claro, encontré un motivo poderoso para agachar la cerviz y decidirme a darle una oportunidad a Storytel: Benito Olmo había escrito un audiolibro para la plataforma titulado Desajuste de cuentas, que no estaba (ni estaría) en papel. Benito me ganó para su causa con La maniobra de la tortuga  y, desde entonces, ando siempre a la espera de sus nuevos títulos. Así que me dispuse a escucharlo y a día de hoy puedo decir que, como de costumbre, su modo de contar historias ha vuelto a envolverme por completo y que he disfrutado muchísimo de una historia negra de crimen y venganza, de esas que son capaces de dejarte sin aliento. Es la primera vez que reseño un audiolibro, a ver cómo sale.

NI OLVIDO NI PERDÓN


Carla Cobos es una joven detective privado que hace poco que trabaja por su cuenta, después de un tiempo haciéndolo en una agencia. Sus casos suelen ser de poca monta, sobre todo referidos a infidelidades matrimoniales. Por eso le sorprende la visita de Elvira, una trabajadora de un geriátrico, que llega a su despacho por encargo de uno de los ancianos a los que atiende. Elvira le explica que quiere contratar sus servicios porque el hijo de este hombre ha desaparecido, ha dejado de visitarle en la residencia y no hay forma de contactar con él. Carla le insiste en que este tipo de casos no entra en su campo de acción pero cuando Elvira le dice quién es la persona desaparecida la curiosidad empieza a abrirse camino: se trata de Baldomero Cadalso, un hombre que había salido de la cárcel hacía poco tras cumplir condena por el asesinato y violación de Eva Garcia, una adolescente que había sido alumna suya. Sin terminar de aceptar el caso pero movida por lo peculiar de la situación, Carla decide investigar un poco por su cuenta ayudada por un veterano periodista de sucesos. 

Lo que Carla no sabe es que Cadalso hace unos días que despertó en una celda que en nada se parece a la que dejó atrás semanas antes. No recuerda cómo ha llegado allí ni quién le ha encerrado. Tampoco los motivos. Pero es el inicio de una terrible tortura física y mental de la que no va a poder escapar.

Estos son los puntos de partida de Desajuste de cuentas, una historia oscura, intensa y a veces cruel, en la que vamos a descubrir hasta dónde es capaz de llegar alguien cuando está devorado por el dolor, la rabia y la certeza de que ya lo ha perdido todo.  Benito nos lleva de nuevo a las calles y barrios de Cádiz que nada tienen que ver con la imagen festiva y luminosa de la ciudad, con sus playas eternas llenas en verano o sus carnavales. Calles habitadas por gentes que apenas tienen ilusión ni esperanza.

Narrada en dos voces (y esta vez es literal), escucharemos a Arturo López en las partes dedicadas a Cadalso, contadas en tercera persona, y a Ana Isabel Rodríguez, cuando la acción pasa a estar protagonizada por Carla Cobos, en primera persona. Son diez capítulos de menos de una hora de duración creados para mantener, sin fisuras, la atención de quien los escucha. Y tengo que reconocer que hubo días en que me los ponía en el altavoz de teléfono móvil mientras me duchaba o preparaba la cena porque necesitaba saber qué sucedía a continuación.

Imagino que es muy diferente escribir una novela "tradicional" que un relato para ser escuchado (aunque Storytel ofrece la posibilidad de descargar el libro electrónico). Sobre todo a la hora de perfilar a los protagonistas ya que, quienes somos lectores habituales, tendemos a poner rostro y voz a los personajes según vamos leyendo. Aquí hay una parte que ya se nos da, por eso es tan importante el modo en que nos lo cuenten y la tensión narrativa y en eso creo que Benito Olmo ha hecho un gran trabajo. 

Llevar a los personajes al límite, mostrarnos cómo el dolor y el desgarro pueden convertirnos en lo peor como seres humanos, es una de las grandes líneas argumentales de Desajuste de cuentas. Y, como buena novela negra, contiene una feroz crítica social que toca palos tan actuales como la justicia o el periodismo de sucesos. Sigue también la línea habitual del autor de tener ese trasfondo de la novela negra más tradicional, esa en la que los detectives, el humo y los bares de barrio tienen una cierta pátina de cine en blanco y negro. Vamos a descubrir a un Benito Olmo mucho más oscuro que en sus obras anteriores, capaz de llevar a los protagonistas a límites casi inhumanos. Nietzsche decía que "cuando miras largo tiempo al abismo, el abismo también mira dentro de ti" y en este relato varios de sus protagonistas viven ya con ese abismo incrustado en sus almas.

No es una obra muy coral, apenas siete personajes  llevando el peso de la acción y una protagonista en elipsis, Eva García, cuya muerte provocó la ruina vital y el descenso a los infiernos de su familia. Pero bastan para llevarnos hasta el fondo de una narración que no para de crecer en intensidad a cada capítulo, capaz de dejarnos con la respiración contenida, incluso sobrecogidos cuando descubrimos hasta dónde podemos llegar cuando ya lo hemos perdido todo y solo nos mueve la venganza y el deseo de ver sufrir a quien consideramos causante de nuestra devastación.

¿La recomiendo? Por supuesto, sobre todo a quienes os gusta la novela negra y disfrutáis con historias contundentes y personajes llenos de aristas y esquinas en las que no entra el sol. Además Storytel permite un periodo de prueba gratuito de quince días, suficientes para disfrutar de Desajuste de cuentas con calma, aunque ya os aviso que no querréis parar de escuchar. Incluso tendréis tiempo de elaborar teorías acerca de algunos hechos que os van a ir saliendo al paso. Particularmente, sigo fascinada con la elección de Cadalso como apellido. Cuántas connotaciones permite... Contadme después qué os ha parecido.