lunes, 17 de septiembre de 2018

SE LLAMABA MANUEL de Víctor Fernández Correas

Creo que ya lo he dicho en alguna otra ocasión, pero siento una especial fascinación por los libros que me "hacen burbuja". Esos que por lo que cuentan, por cómo lo cuentan y por lo que te hacen sentir al leerlos te llevan por completo dentro de la historia. Estás leyendo y lo ves. Ya no son sólo imágenes que te llegan, es que estás allí. Sientes el frío o el calor, la lluvia, el barro en los zapatos. Hueles, incluso, a comida al pasar ante un restaurante junto al protagonista. Notas el tejido de una manta en la punta de los dedos. Es complicado de explicar, aunque seguramente a muchos os pasa lo mismo. Y con Se llamaba Manuel he tenido mi burbuja particular desde la primera página. La inspiración y el talento de Víctor Fernández Correas han sido capaces de llevarme a ese Madrid de 1952 sin necesidad de equipaje. Mi memoria familiar, en especial la de mis abuelos, ha completado el conjunto. Me he dejado llevar, sin más, por una historia que no necesita de grandes efectos especiales ni detalles técnicos para captar la atención del lector sin dificultad. Una historia, sobre todo, de vidas y de supervivientes. Pero también de muerte y de la necesidad de conocer la verdad. Del pasado y de cómo puede marcar el presente. 

EL AUTOR: VÍCTOR FERNÁNDEZ CORREAS

 

Nacido por azar y por la inmigración en Saint Denis, en los alrededores de París, pero extremeño decorazón y estirpe, lleva años trabajando alrededor del periodismo y la información. Su primera novela, tras algunos premios de relato en su tierra, fue   La conspiración de Yuste en 2008. En 2012 publicó La tribu maldita, cambiando por completo de registro. En 2016 colaboró con un relato en la antología Cervantes tiene quien le escriba. Su actividad escritora está siempre en marcha, como podéis comprobar en su blog y en redes sociales. Se llamaba Manuel ha sido editada por Versátil Ediciones.


EN BLANCO Y NEGRO


Es complicado hacerse una imagen mental del Madrid de 1952 sin verla en blanco y negro y con una extensa gama de grises perdiéndose en un horizonte que ya no reconocemos. También el resto de España, que aun no terminaba de coserse las heridas de una guerra fratricida. Se decía que volvía a amanecer, que todo recomenzaba. Pero la pobreza, el hambre y las ruinas seguían siendo dueñas de todo. En ese Madrid, mitad ciudad, mitad pueblo de calles polvorientas, la mañana de Nochebuena aparece el cadáver apuñalado de Manuel Prieto en el Cerro Garabitas, uno de los puntos más elevados de la Casa de Campo. El inspector Gonzalo Suárez, de la comisaría de la calle Leganitos, se hace cargo de la investigación ayudado por Julián Ordóñez, un joven policía sevillano casi recién llegado a Madrid. 

Este es el punto de partida de una narración que tiene mucho de poliedro: varias caras que conforman una única figura. No solo seguiremos las pesquisas del inspector Suárez para saber qué sucedió para que Manuel Prieto acabase muerto y quién pudo ser el culpable. También seremos testigos de las maquinaciones del teniente Arturo Saavedra, que trata de llevar adelante las negociaciones que permitan a España albergar bases estadounidenses, con la contrapartida económica que eso supondría. Y los pasos en la sombra de Margarita Uriarte, comunista convencida, que trata de averiguar, junto con otros compañeros, qué se esconde detrás de esas negociaciones. Tres hilos argumentales que, a priori, parecen no tener nada que ver pero que acaban entrecruzándose en ese tapiz que Víctor Fernández Correas ha tejido con mimo.

Suárez, de quien nos sentimos muy cerca a lo largo de las páginas, es íntegro y sólido aunque guarde muchas preguntas dentro de sí. No quiere aceptar que el asesinato de Manuel sea tratado como algo sin importancia porque, a medida que investiga, se da cuenta de que hay muchos rincones oscuros. Marga Uriarte, fría, incapaz de amar, vive sostenida por un odio que casi se ha convertido en lo único que la mantiene en pie. Una mujer resuelta y valiente, a su modo, capaz de enfrentarse a cualquiera en un momento en que la figura de la mujer era solo válida en las cocinas y en los salones. Arturo Saavedra es un arribista que no duda en utilizar a su familia para llegar a donde quiere. Creo descubrirle un cierto matiz de psicópata de manual, incapaz de sentir empatía por nadie y sólo pendiente de lo que quiere y lo que desea. Ni siquiera su propio hijo es capaz de arrancarle un gesto de ternura.  Ellos tres llevan el peso de las tres historias que se cruzan en la novela, tres historias que no están tan alejadas unas de otras como parece.


No son ellos los únicos protagonistas. Hay mucho de coral en esta novela, con "secundarios" de lujo que completan el conjunto: Liborio Solís, el Canelita, confidente de la policía cuando le conviene y capaz del más absoluto silencio si es necesario. Un hombre al que su condición sexual, en esa época, ponía en el punto de mira de mucho y un personaje que se acaba convirtiendo en imprescindible. Con su puntito histriónico, hay en la novela una escena especialmente divertida (que no destripo para que descubráis) que me recordó a una del mismo corte de la genial película RocknRolla, que aprovecho también para recomendaros. Joao, el "malo" más clásico, al que casi podemos poner rostro. Rosa Prieto, la madre de Manuel, tan sola en su desgarro y en su pobreza. Tica Sainz, la mano que ayuda y sostiene con la calidez de quien ha conocido bien en frío. Inés, el refugio de Gonzalo Suárez, aun cuando él no deje negarse la entrada. Y como no, Manuel. Ese gran protagonista en elipsis que está en cada página y a la vez no está. Alguien a quien iremos descubriendo desde la perspectiva de otros pero que nadie parece haber conocido del todo. Él es el gran puzle y el que da encaje a todas las piezas de Se llamaba Manuel.

El gran acierto de Víctor, con un estilo absolutamente reconocible, es dotar a la novela de un escenario completamente creíble y que acaba por envolvernos sin remedio. Un Madrid que trataba de levantarse a pesar de las heridas y en el que los locales de lujo y la bonanza de ciertos sectores de la sociedad escondían, en la parte de atrás, barrios enteros sin luz ni agua, de calles sin asfaltar, de infraviviendas. El frío acaba siendo casi real al leer. Incluso el propio hogar de Gonzalo Suárez, un funcionario de carrera, sufre la carencia, muchos días, de una buena cena o del calor necesario. La documentación, sin duda, ha sido tratada con mimo, cuidada al máximo.

Con los años y ese olvido que los españoles solemos tener para nuestra propia historia, ha sido más que interesante recordar aquellas conversaciones entre los gobiernos español y estadounidense para albergar bases militares de los EEUU en nuestro territorio. Era una manera de conseguir dinero para las arcas nacionales, mermadas hasta por debajo del mínimo, y a las que no ayudaban ni las terribles sequías ni el bloqueo al que se nos sometía por parte de Europa. Pero también era una manera de volver a contar en los escenarios internacionales, conseguir una puerta que, al menos, se mantuviese entreabierta. Para las clases más pudientes, también era una ocasión de hacer planes o alegrarse. Para el resto ni siquiera tenían importancia. Importante era comer todos los días.

Se llamaba Manuel es un reflejo fantástico de una época que no es tan lejana y de la que aun, muchos, guardan recuerdos. Una historia que arranca con un asesinato y que se va complicando e cada capítulo, marcado con una fecha y un lugar. Un retrato fiel de cómo éramos en 1952 y que nos permite comprobar que, en muchas cosas, o hemos cambiado demasiado. Pero sobre todo es una lectura que te hunde en líneas, te acoge y te transporta. Animaos a saltar.







viernes, 7 de septiembre de 2018

LA MALA SEMILLA de Toni Aparicio

Tuve la suerte de conocer a Toni Aparicio en la pasada Feria del Libro de Madrid y aproveché para que me firmase el libro que hoy os traigo, La mala semilla. He tardado en ponerme con él, como con otros que tenía y tengo pendientes, porque necesitaba que cesara el ruido que tenía en la cabeza, normalizar mi vida y alcanzar cierta paz. Pero una vez que comencé, lo terminé en apenas dos tardes. Toni Aparicio nos presenta un thriller muy eficaz, que mantiene el interés sin dificultad y que resulta rabiosamente actual. Hay algunos pequeños detalles, que comentaré después, que me han hecho torcer un poco el gesto, pero en ningún caso empañan el conjunto. La mala semilla es una lectura que te sujeta a sus páginas y va creando una expectación creciente hasta el final y lo hace sin abusar de situaciones enrevesadas y sin exceso de tramas paralelas complicadas.

EL AUTOR: TONI APARICIO


Nacido en Albacete, desde muy joven se sintió atraído por la literatura, el cine y la música. Estudió diseño gráfico y publicidad y llegó a tocar la guitarra en un grupo de rock. Como director, ha llevado a la pantalla varios cortos y un largometraje y dio el salto a la literatura con El secreto de Elisa Lecrerc. Posteriormente publicó Buenaventura, también con Suma de Letras como esta, que es su ultima obra: La mala semilla.

REGRESO A ALBACETE


La teniente de la UCO, Beatriz Manubens, atraviesa la peor etapa de su vida. En una intervención en la que participó unos meses atrás, por accidente, acabó con la vida de un niño y arrastra un terrible sentimiento de culpa y una depresión severa que le lleva a seguir una senda autodestructiva, abusando tanto de los tranquilizates recetados por su psiquiatra como del alcohol. Ha vuelto a Albacete, a refugiarse en casa de sus padres, y se encuentra suspendida en sus funciones por lo que su rutina es, básicamente, dormir, beber en exceso y volver a dormir. No hay nada que parezca sacarla del pozo.

En el hermoso paraje del nacimiento del río Mundo, en Riópar, aparece el cadáver de Anabel Ramos, que se alojaba en una cabaña turística cercana. El asesinato se complica cuando la Guardia Civil descubre que Anabel tenía un hijo, Adrián, que no aparece por ningún sitio por lo que la investigación debe seguir dos vías: encontrar al asesino de Anabel y localizar a Adrián, para lo que empieza una carrera contra el reloj.

Cuando Beatriz sabe de la noticia, descubre aturdida que la asesinada, Anabel, fue buena amiga suya en sus años de adolescencia y, a pesar de estar suspendida, se pone en contacto con el brigada Cebreros, que se encuentra a cargo de la investigación para tratar de saber más y, si es posible, ayudar. Para Cebreros es una gran noticia: admira y respeta a Beatriz por su trabajo y no duda un momento en pornerle al tanto de todo.

La muerte de Anabel, además, reencontrará a Beatriz con otros dos amigos de juventud, Javier y Alberto, que siempre han vivido en Albacete y con los que ya no tenía contacto. Alberto despertará en ella sentimientos que ya pensaba que no podía tener y se va a convertir en un gran apoyo personal en su vida desgarrada. 

Como os decía al principio, el argumento es muy eficaz. Sabe crear el interés desde las primeras páginas y va dejando pistas, indicios y declaraciones que nos pueden llevar a sospechar de todo el mundo. Porque Anabel había vuelto a Albacete, a Riópar, muy poco tiempo antes y nadie de su entorno sabía que estaba allí. ¿Quién podía tener motivos para matarla y hacer desaparecer a su hijo? A medida que la investigación avanza, la vida de Anabel se nos va mostrando con su caída a los infiernos y sus intentos de salir adelante. Pero sobre todo seremos testigos del devenir de Beatriz Manubens, a la que investigar sobre el caso le va a servir para salir de la situación personal en el que está metida. 

Toni Aparicio nos va introduciendo en la trama a base de capítulos no demasiado largos introducidos por fechas que van del 17 de octubre al 19 de noviembre, un mes intenso que va a cambiar, y mucho, las vidas de quienes rodean el caso de la muerte de Anabel. Hay muchas esquinas oscuras a las que hay que dar luz y algunas esconden hechos terribles. Al mismo tiempo, iremos conociendo la relación de Javier con su mujer, Laura, hija de un importante empresario; una relación compleja y lastrada por el desgaste aunque Javier siga perdidamente enamorado de Laura. También podremos odiar concienzudamente al capitán Carmona, antiguo superior de Beatriz en la UCO, que acude a Albacete a hacerse cargo de la investigación del asesinato y la búsqueda de Adrian. El vínculo entre Carmona y Beatriz, sus malas relaciones y los motivos de estas, se irán desvelando con más de una sorpresa. 

La desaparición de Adrián, para mi sorpresa, acaba pasando casi a un segundo plano, convirtiendose en una suerte de "macguffin", ese elemento que hace que el argumento avance pero que no tiene relevancia en si mismo. No es exactamente así porque, evidentemente, saber qué ha ocurrido con el niño tiene importancia, pero es cierto que todo se centra más en la muerte de Anabel. No hay descripciones de una búsqueda intensa y en ese aspecto, en mi opinión, falta un poco de tensión. Sí me ha gustado mucho cómo el autor nos descubre Albacete como ciudad, una ciudad que yo recordaba como plana, gris y llena de semáforos y que ahora se me muestra moderna y llena de vida. Muy buenos son también algunos secundarios, bien dibujados, como Cebreros en su integridad o la madre de Anabel, con todo el rechazo que provoca.

En cuanto a las cosas que no me han convencido del todo, aunque, como os decía al principio, no afectan en exceso al argumento son, por ejemplo, las repeticiones en cuanto al atuendo de los protagonistas. Son constantes las apariciones de "plumífero", "chándal", "sudadera" y "mallas", incluso más de una vez en cada capítulo, como si no existiesen otras prendas en los armarios. También se insiste mucho en el atractivo y belleza de Beatriz Manubens, algo que, personalmente, no me parece necesario. Incluso en boca de una niña de seis años suena excesivo ("Puedo llamar a mi papá por radio y decirle que una chica guapísima ha venido a verlo" y, a las pocas líneas, "Qué guapa eres"), aunque lo cierto es que toda la escena de Beatriz con esa niña suena un poco a cartón piedra, muy poco natural, porque la pequeña no se expresa como corresponde por su edad. Otro detalle que me parece excesivo es el odio feroz que profesa Carmona a Beatriz que le hace caer en reacciones muy poco profesionales (es todo un capitán de la UCO, con todo lo que conlleva) y en obsesionarse más por acabar con la carrera de ella que en el caso en sí.

El final queda cerrado y no hay cabos cueltos pero algunos de ellos, en última instancia, parecen atados de forma un tanto precipitada, pero esto es una apreciación muy personal. El autor sabe finalizar todas las tramas abiertas dándoles una resolución certera y lógica y hay mucho de redención en algunas. Sobre todo el lo que se refiere a Beatriz: cómo una muerte, algo tan doloroso, puede ayudarle a salir a la luz y a la vida. 

La mala semilla ofrece una lectura ágil, interesante y que mantiene la tensión hasta el final, una novela que nos saca de las grandes urbes para centrarse en una ciudad pequeña y un entorno natural maravilloso porque también en ellas se esconde lo mejor y lo peor del ser humano. Os animo a que la descubráis.









viernes, 10 de agosto de 2018

LOS HÉROES SENTIMENTALES: ENTREVISTA A RODRIGO MURILLO BIANCHI

Desde hacía un tiempo estaba un poco desencantada con la literatura iberoamericana porque las novelas que había ido leyendo no terminaban de llenarme. Y lo cierto es que no supe que el autor de Los héroes sentimentales era peruano hasta que tuve el libro en mis manos pero no tuve un segundo de duda: fue leer las primeras páginas y quedarme completamente enganchada de una historia poderosa y dura, llena de matices, con personajes inolvidables. Además sucede en un momento bastante reciente de la historia del Perú que aun tiene muchas y dolorosas cicatrices allí: la guerra interna desatada en los años 90 por la presencia de Sendero Luminoso, el grupo subversivo maoísta, que sembró el país de cadáveres y de terror. Lo que aquí nos ha llegado de lo que fueron aquellos años sangrientos no es ni la mitad de lo que realmente sucedió y esta novela abre los ojos no solo a lo que no sabemos sino a cómo lo vivió la población. Lo hace mostrándonos a varios protagonistas de diferentes capas de la sociedad y al modo en que se enfrentaron a lo que sucedía. Pero también nos detalla cuáles son las motivaciones por las que actúan como lo hacen, en una trama en la que todo encaja sin fisuras.

Personalmente os recomiendo su lectura porque os va a impactar y a sorprender. Es la narración de años terribles de violencia y muerte en Perú, una historia que, sin duda, merece ser conocida.

Los héroes sentimentales es la primera novela de Rodrigo Murillo Bianchi y ha sido la ganadora del Premio José Ángel Mañas de la Editorial Nuevos Talentos. Rodrigo nació en Perú en 1986. Estudió Derecho pero no encontró mucha satisfacción personal en su ejercicio, por lo que se licenció en Historia. Viajó a Europa y se convirtió en politólogo y periodista. Tiene un máster en Política Internacional y otro en Historia.

Gracias a la Editorial Nuevos Talentos tuve la oportunidad de entrevistar a Rodrigo el pasado 17 de julio. Acabó siendo una apasionante charla no solo sobre la novela, sino también sobre historia y la situación política de Perú durante la época de Sendero Luminoso y sus consecuencias hoy día. Os aseguro que conversar con Rodrigo Murillo es apasionante y os invito a leer esta entrevista porque muchas de las cosas que me contó os van a sorprender.



"Cuando la ideología se vuelve un fin en sí misma deja de ser ideología"

P.- La historia que narras en Los héroes sentimentales es dura, más si pensamos en todo lo que sucedió en la realidad. ¿Por qué eliges esa parte de la historia reciente de Perú? ¿Qué te empujó a escribirla?
R.- Estudié una maestría en Historia en el pasado y un libro que por entonces me fascinó fue 2666 de Roberto Bolaño: son cinco historias distintas pero su eje conductor es el mismo, Ciudad Juárez que en la novela se llama Santa Teresa. Lo que quería hacer en este libro es que lo que escribo se traduzca como un reflejo de la sociedad. Para encontrar esa sociedad tenía que encontrar también personas emblemáticas de ella: los militares, la iglesia y las clases altas y bajas. De ahí salen Santiago Ferrer y el capitán Alfonso Jenkins, el héroe y el villano de la historia; Basilio, el sacerdote jesuíta comedido cuyo origen es muy humilde y que trata de ayudar siempre a los más desfavorecidos, y, finalmente, Maximiliano Prado, el millonario que esconde un conflicto interno enorme. 

P.- ¿Con alguno de estos personajes te identificas más a nivel personal? ¿A alguno le has dado algo más personal tuyo?
R.- Con quien más tengo que ver es con Santiago Ferrer porque cuando era joven quise ser marino, alistarme en la Marina. Finalmente no lo conseguí pero sí lo hizo un gran amigo mío. En mi familia hay algunos militares, como mi abuelo. En el Perú ha habido gente muy buena y muy capaz en el ejército pero nunca han podido marcar la diferencia. Santiago Ferrer es así: es bueno pero no puede marcar la diferencia porque las decisiones que toma en base a su humanidad le llevan por un camino equivocado. Sin embargo el villano, Alfonso Jenkins, acaba saliendo bastante bien parado, esa es la paradoja de la historia. A veces tengo la sensación de que los malos siempre ganan. El capitan Jenkins puede hacer que te plantees muchas cosas, pero no era un loco. Y seguramente todos hemos conocido a alguien así: pragmático, violento, pero quién sabe cómo reaccionarían si fuesen puestos a prueba. Pero sobre todo busqué que incluso en las páginas más tristes de la novela quedasen plasmadas las motivaciones últimas de los personajes.

P.- Tu manera de narrar resulta sumamente envolvente y me ha recordado en cierto modo a la tradición narrativa más clásica de hispanoamérica. ¿Qué autores son tus referentes o cuáles te han influído más?
R.- Cuando escribí esta novela a quien más había leído era a Vargas Llosa y Bryce Echenique. Además tenía una gran pasión por Roberto Bolaño pero no creo que mis influencias vengan de ellos. También he leído a autores españoles como Blasco Ibáñez, al que admiro como enorme narrador, y Chávez Nogales, que en sus libros sobre la Guerra Civil Española habla de los dos bandos como heroícos, equivocados pero valientes, con personalidad muy española. Los españoles son muy apasionados y retadores: retan mucho a la muerte. También admiro a Arturo Pérez Reverte porque no tiene miedo a meterse y a hablar de la Historia y no hace perder el tiempo al lector. En el mundo de la literatura hay un prejuicio muy cerrado de que los escritores que venden mucho y están en las listas de best sellers no son literatos a admirar. Hay que ser muy bueno para escribir algo que interese a tanta gente.


P.- Aquí en España solemos preguntar si se es escritor de mapa o de brújula. ¿Tú cómo te defines?
R.- (Se ríe cuando se lo explico) Soy mucho más de brújula. Me hago un documento de Excel con los personajes y el desenlace y a medida que los voy creando descubro algunas voces que aparecen de la nada y esas voces pueden cambiar el final o el devenir de los protagonistas.

P.- ¿Se te "desmandan" los personajes?
R.- Eso es increíble. Una vez leí una entrevista con un famoso autor norteamericano que decía que tenía que escribir todos los días porque si dejaba de hacerlo los personajes se le iban para otro lado. Y a mí me pasa.

P.- Tu novela se encuadra en el género histórico-político, pero también contiene intriga y situaciones dramáticas. ¿Te has planteado escribir otros géneros, otro tipo de novela?
R.- No soy muy partidario de las etiquetas o los géneros. Mi gran sueño es hacer una "novela total" al estilo de las novelas-río pero sin perder al lector en cosas triviales. Mezclar thriller político, novela histórica, algo de novela negra enmedio, pero sin una etiqueta con qué catalogarlo. Sobre todo no perder la temática política, que es lo que me impulsa a escribir.

P.-Me han llamado la atención algunos pasajes de la novela en los que pones voz a una mujer de una zona rural casi perdida del Perú. Su manera de hablar el castellano, tan peculiar, aprendido tarde por tener el quechua como lengua materna es fascinante. ¿Es así realmente?
R.- Es algo que me han comentado más lectores. En una etapa de mi vida yo viajaba bastante a comunidades rurales muy aisladas para practicar el quechua, aunque no lo hablaba fluido. Entendí muy bien esa manera de hablar el castellano. Pero lo que me sorprende es que en la larga historia literaria del Perú nunca antes haya habido un libro en el que sus personajes hablen como se habla en zonas muy amplias del país. Es posible que, al leerme, haya gente del propio Perú que me cuestionen ese modo de hablar, pero es mi memoria fidedigna de cómo lo hacen.

P.- ¿Cómo fue para la población de Perú, cómo se vivió el terror de Sendero Luminoso?
R.- Es un tema verdaderamente traumático. Se trataba de un movimiento subversivo maoísta que, además, tenía una variante muy poco moderna de pensamiento. El trasfondo de esta lucha estaba nutrido de viejos odios sociales del país. Los testimonios de la gente que participó en esta historia tan triste han sido tan dramáticos y la violencia tan excepcional que actualmente no se habla del tema. En el libro de Chaves Nogales, A sangre y fuego, sobre la Guerra Civil Española, el autor cuenta que las historias de violencia por parte de los dos bandos eran tan terribles que la nacionalidad española, durante años, se consideró un agravio, una vergüenza. Yo creo que pasó igual en el Perú y prefieren que este horror no salga a la luz porque la violencia es tan desgarradora que se siente vergüenza de tu propio país.

P.- La llegada al poder de Fujimori con sorpresa en la segunda vuelta de las elecciones incluída, supuso el principio del fin de Sendero Luminoso. ¿Cómo consiguió un perfecto desconocido que casi ni hablaba castellano con fluidez ganar esas elecciones? ¿Y cómo sonsiguió un apoyo tan fuerte incluso después de dar un golpe "de facto" durante su mandato?
R.- Todo el mundo le apoyó. Ahora ocurre, y ha pasado con casi todos los dictadores, que una vez que dejan el poder pretenden explicarles en base a conceptos como la maldad o la corrupción pero sin explicarles a ellos. En este caso lo cierto es que los peruanos aceptamos darle el poder a Fujimori. Tras ganar las elecciones en 1990, da un golpe de estado en 1992 y curiosamente la población del Perú, en muchas encuestas y estudios, le apoyaban mayoritariamente. Fujimori utilizó la guerra contra Sendero Luminoso como excusa para tener el poder y el estar acabando con los subversivos le reportaba ese gran apoyo popular. Sólo después salió a la luz la enorme corrupción del régimen. Para entender lo que pasó hay que entender las circunstancias de lo que estaba ocurriendo entonces: a pesar de todos los escándalos de corrupción de Fujimori, la gente recuerda su lucha para acabar con Sendero Luminoso. Quizá por eso su hija, en las últimas elecciones, quedó a un solo punto porcentual de ser presidenta del Perú.

P.- Quizá la primera sorpresa de Fujimori fue vencer en las elecciones de 1990 sin que nadie lo esperase.
R.- Esa llegada al poder y el apoyo masivo que recibió en la segunda vuelta es muy sorprendente para los no peruanos. Era japonés (aunque con la nacionalidad peruana también), apenas sabía hablar español...y enfrente tenía a Vargas LLosa, que es una gran figura tanto en el Perú como a nivel internacional. Era la primera vez que en unas elecciones había un candidato con una proyección tan respetada internacionalmente. Todo el mundo pensó que ganaría sin problemas. Pero en una elección muy rara y absolutamente inesperada Fujimori se hace con la victoria de forma apabullante. Fundamentalmente porque se mostró ante la gente como un técnico puro que iba a mejorar la economía y a pacificar el país.

P.- ¿Y actualmente cuál es la situación en Perú? ¿Qué queda de aquellos años terribles, plagados de atentados y muertes?
R.- Es un Perú que a nivel de cifras marcha muy bien. Económicamente es uno de los mejores países de América Latina pero, lamentablemente, también es uno de los más corruptos. Sendero Luminoso supuso un gran trauma en la población en lo que se refiere a la izquierda como proyecto político capaz de regir un país. Sendero Luminoso y sus integrantes eran ultraextremistas y retrógrados pero la gente se ha quedado con la impresión, entre el trauma y la violencia que ejercieron, de que la izquierda no trae nada bueno. A ello le ha sucedido no hace mucho la experiencia de Venezuela. Hoy día hay casi 400.000 venezolanos exiliados en el Perú y en Colombia más de millón y medio y de ellos, muchos están en la calle pidiendo limosna o aceptando trabajos degradantes para poder sobrevivir. Eso en el Perú ha terminado de deslegitimar por completo a la izquierda. Actualmente la gente está muy desencantada de la política y eso ha generado que empresarios poderosos  sin escrúpulos y muchos condenados por corrupción estén sentados en el Congreso. Y esto lo digo con gran tristeza y con gran vergüenza. Fujimori ha dejado un legado inmenso de corrupción y sus portavoces siguen ahí. Fue condenado y estuvo en prisión pero en 2017 obtuvo el indulto porque la gente le sigue recordando como el gran luchador contra Sendero Luminoso y de ser el artífice de la pacificación del Perú. La población está acostumbrada a la corrupción pero no a la guerra y con Fujimori se consiguió la paz. Ya no había miedo a salir, a que te pusiesen una bomba en una esquina.

Muchas gracias a la Editorial Nuevos Talentos y a María Penedo por descubrirme este libro y a este autor. Y millones de gracias a Rodrigo Murillo por su amabilidad y por la grata conversación. Aprendí mucho y descubrí cosas inesperadas.


martes, 17 de julio de 2018

LA TRAGEDIA DEL GIRASOL de Benito Olmo

No es sencillo volver a la normalidad. O al menos a algo parecido a ella. Por fin he podido encontrar la concentración para retomar la lectura, para meterme en mi burbuja de historias y páginas y, gracias a ella, conseguir un refugio que tiene mucho de bálsamo curativo. Leo, sí, pero me está costando enormemente sentarme a escribir y reseñar, como si un peso invisible tirase de mí hacia el silencio, hacia dejar todas las páginas en blanco. Como si me hubiese quedado sin nada qué decir que no esté dicho ya. Y, sin embargo, quiero hacerlo. Me apetece hacerlo porque me ilusiona y me llena. Quizá por eso he decidido volver a mi actividad bloguera con la reseña de un libro muy especial para mí: La tragedia del girasol de Benito Olmo. Tuve el honor y la suerte de poder leer el manuscrito original casi un año antes de su publicación porque Benito así me lo pidió, regalo que siempre le agradeceré por la confianza, no sé si merecida, que me demostró. Nadie supo que lo estaba leyendo, guardé el secreto con fidelidad casi perruna, pero tuve la certeza de que estaba ante una novela que iba a dar mucho que hablar, como así ha sido y espero que siga siendo.

Cuando leí La maniobra de la tortuga, la anterior y primera novela con Manuel Bianquetti como protagonista, me atrapó cómo estaba narrada. Sin alardes innecesarios, sin grandes giros sorpresa en el argumento, sin golpes de efecto de última hora, pero con una historia sólida y solvente, absolutamente real. Y también absolutamente negra, con un toquecito de los clásicos del género, un fondo innegable de denuncia social y, sobre todo, un personaje principal de los que dejan huella. Como yo, muchos lectores de esa novela deseábamos una nueva entrega y aquí la tenemos.

LAS HOJAS QUEMADAS DEL GIRASOL


Hace un año que Manuel Bianquetti está sin trabajo y sin sueldo debido a la suspensión que sufre. Trata de buscarse la vida como detective privado pero apenas consigue encargos. El único que tiene por ahora es localizar a una prostituta llamada Regina y su carácter, ya de por sí complicado, se va agriando por momentos. Silva, su antiguo compañero de la policía, le ofrece participar como miembro de la seguridad privada de Carlos Ferraro, un poderoso y acaudalado empresario que visita Cádiz por unos días acompañado de su nuera Mary. A regañadientes y poniendo por delante su poco comvencional personalidad, acepta el trabajo. Lo que parecía una labor sencilla se complica cuando Ferraro es asesinado por un francotirador en el estadio Ramón de Carranza durante un partido de fútbol. Bianquetti sospecha desde el principio de que detrás de que ha sucedido hay mucho más y se propone sacarlo a la luz, aunque quizá esta determinación le acabe costando cara.

EL CIEGO SOL, LA SED Y LA FATIGA...


                  "Mantenga su rostro al sol y no verá la sombra. Es lo que hacen los girasoles"
                                                                                                                                    Hellen Keller

Muchas han sido las reseñas que se han publicado ya de La tragedia del girasol, señal de que el nuevo libro de Benito Olmo ha despertado interés y curiosidad. Y casi todas inciden en los mismos puntos:  que es una novela negra de corte clásico, el carácter irreverente de Manuel Bianquetti y la presencia de una "femme fatàle" de manual. Estoy de acuerdo con todos ellos, pero esta novela es mucho más. Hay un fondo oscuro tamizado por las nubes grises que cubren el cielo de Cádiz en muchas páginas, alejando la ciudad de su imagen soleada y llena de luz. Hay un dibujo preciso de lo que se mueve por debajo y a los lados de la sociedad. Y también una feroz crítica a la impunidad de los poderosos, a los que el dinero hace intocables aunque pisoteen todas las leyes.

Obviamente sí que hay algo de clásico en el fondo y en la forma de La tragedia del girasol. Una investigación, un protagonista con problemas personales que no cumple ni con las normas ni con los cánones del buen policía, crímenes, bajos fondos. Pero insisto en que eso es sólo el envoltorio de una trama muy bien elaborada en la que todo cuadra sin trampas y sin sacar conejos de la chistera a última hora. Como en La maniobra de la tortuga, Cádiz vuelve a ser el escenario de la novela. Pero no nos moveremos por sus playas ni por geografía más conocida, sino por lugares que están ahí y no solemos mirar porque no los queremos ver, como si la imagen conocida de esta ciudad fuese un decorado que oculta la desagradable parte trasera. En esta ocasión también visitaremos junto a Bianquetti restaurantes de lujo, urbanizaciones suntuosas a pie de playa y el mismísimo estadio Ramón de Carranza, pero incluso en estos casos estaremos viendo sólo el recargado telón que esconde todo lo demás.


Manuel Bianquetti sigue siendo el gigante con malas pulgas de la anterior entrega, pero acumulando dentro de sí más amargura y sensación de fracaso. Lleva un año suspendido de empleo y sueldo intentando ganar dinero a base de anunciarse como detective privado. Pero hablamos de Cádiz, una ciudad devastada por el paro y en la que contratar ese tipo de servicios es casi impensable. Bianquetti podría buscar nuevos cotos de caza, volver a Madrid... pero no lo hace. Cristina le ata allí sin cuerdas, sólo con su presencia, su cariño y su piel aunque sea incapaz de decirle cuánto le importa, lo que siente por ella. Bianquetti, en las malas, aguanta los golpes y se levanta una y otra vez de la lona pero se rinde sin remedio ante quien quiere. Tiene un código moral único y personal que puede ser aterrador, pero que cumple a rajatabla aunque también, al contrario que el Cádiz por el que transita, bajo su aspecto esconde lo mejor. No pide ayuda, no quiere que quienes le importan sepan lo que hace, pero quizá le convendría.

De nuevo la narración transcurre de forma lineal,  sin fuegos artificiales que oculten lo fundamental. Un argumento poderoso, más de lo que parece, en el que saca a la luz ese Cádiz que se esconde tras  las playas y el turismo; el de las calles oscuras en las que no entra el sol, el del paro, la prostitución, los descampados y los polígonos semiabandonados, el que cierra los ojos a la corrupción y al narcotráfico. Benito Olmo hace descripciones que en realidad se basan en simples percepciones pero que retratan a la perfección lo que nos quiere mostrar. Nos da dos pinceladas y lo demás vuela en la imaginación del lector. Es más que evidente en el contraste entre las zonas brillantes, lujosas y excesivas de los ricos y los barrios más humildes, como el de Manuel o el de Cristina. O los lugares por los que transita Regina, arrastrando una vida que no quiere pero de la que no puede escapar.

El amor también está presente, aunque de formas muy diversas. El que hace girar la trama es el amor que destruye, el que impide ver más allá del ser amado y mantiene preso a quien lo siente. El amor del girasol por el sol, como bien deja claro el título de la novela. Jamás dejará de mirarlo aunque se abrase y se consuma. Pero también está el amor de un padre por su hija perdida. El de una mujer por el marido muerto por una mala decisión y que no entiende los motivos ni los quiere entender. El del propio Bianquetti por su hija Sol y por Cristina, aunque la mayor parte de las veces no sea capaz de exteriorizarlo. Aquí podría hablar de esa mujer fatal, Mary, el sol que abrasa a quien pone sus ojos en él, toda belleza, frialdad y estilo, que sabe usar como nadie el mostrarse desvalida, pero que esconde un carácter y una determinación pétreos. Hasta a Bianquetti es capaz de convencerle para que, durante un tiempo, baile a su son. Personalmente siempre me llama la atención que este tipo de mujeres sean capaces de derribar hasta a los hombres más curtidos, cuando lo cierto es que se las ve venir de lejos. Puede que sea, como decía un buen amigo mío, puritita envidia. Y de la mala.

El estilo de Benito Olmo muestra, en esta novela, una clara evolución con respecto a la anterior. Para mi gusto ha mejorado sustancialmente su manera de narrar. Marca perfectamente el "tempo" de la acción con capítulos cortos que mantienen de forma constante el interés del lector, sabe ir haciendo crecer la tensión pero sin retorcer el argumento. Mide de maravilla hasta dónde puede llevar las escenas más violentas para que sean reales y no caer en el "gore" ni en el exceso y las cuenta, además, de un modo muy visual. Hay mucho más oficio de escritor en La tragedia del girasol: no chirría ni un solo engranaje. No caigamos en el error de pensar que por escribir de manera fluida y sencilla, sin perderse en circunloquios, esta novela está poco elaborada: todo en ella está calculado y trabajado al milímetro. No hay problema si no habéis leído La maniobra de la tortuga, esta novela puede leerse de forma independiente. Dije en su momento que Benito Olmo y Manuel Bianquetti habían llegado para quedarse en el panorama de la mejor novela negra patria y hoy son una poderosa realidad. Dejadles que os seduzcan, os aseguro que va a ser toda una experiencia.


lunes, 21 de mayo de 2018

LA MEMORIA DE LA LAVANDA de Reyes Monforte

Qué complicado, qué doloroso es asumir la ausencia de quien ha sido todo tu mundo, cuando parece que ese mundo, sin su mano para acompañarte, ya no es más que una impostura. Que no existe. Que se ha vuelto hostil y frío. Quizá este podría ser, perfectamente, el resumen de esta novela aunque me quedaría corta y con todas las costuras sin coser. No he podido evitar recordar otro libro, La ridícula idea de no volver a verte de Rosa Montero, una de mis mejores lecturas de los últimos años a pesar de lo que me arañó el alma y me la dejó hecha jirones. La memoria de la lavanda, aun tocando el mismo tema, lo envuelve, además, en una historia de amistad de años, de fidelidad, de familia, de hechos del pasado que han quedado sin resolver. Y es, también, una explosión de color y olores, como un canto a que la vida sigue y se abre camino aun cuando tú estés devastada por el dolor y la pérdida. Una novela que sabe acogerte y hacerte cómplice de lo que cuenta.

LA AUTORA: REYES MONFORTE


Periodista y escritora, ha desarrollado buena parte de su carrera en el mundo radiofónico durante más de 15 años. También ha participado en programas de televisión de diferentes cadenas tanto como colaboradora como presentadora. En 2007 su libro Un burka por amor se convirtió en un gran éxito de ventas y tras él ha publicado Besos en la arena, La infiel o Una pasión rusa.

NUESTRO REFUGIO EN EL MUNDO AZUL


Han pasado poco más de dos meses de la muerte de su marido, Jonas, y Lena, aunque el mundo se le ha convertido en algo hostil, gris y terrible, decide que ha llegado el momento de cumplir la última voluntad de su amor y llevar sus cenizas a Tármino, el pueblo de su familia. Sabe que regresar allí va a despertar aun más los recuerdos y casi se siente incapaz. En Tármino continúa la que fue la casa familiar de él y que luego los dos hicieron propia. Las calles por las que pasearon. Los inmensos campos de lavanda perdiéndose en el horizonte. Los amigos de Jonas, tan cercanos y cómplices, tan parte de él también. Sólo existe una pieza suelta: Marco, el Zombi, el hermano de Jonas, por el que todo el mundo siente un profundo desprecio. Lena sabe que no va a perder ocasión de dar la nota incluso en un momento tan especial y doloroso como éste.

La memoria de la lavanda, narrada en primera persona por Lena, es la historia de ella y de Jonas. Su viaje a Tármino nos va a ir abriendo páginas de sus vidas en común. Pero lo hace sin un orden concreto, sin una sucesión lineal, al igual que nos pasa a nosotros cuando recordamos. Serán, en general, escenas puntuales, esbozos de momentos, pedazos de conversaciones. Como para mostrarnos cómo era pero sin permitirnos invadir del todo una intimidad que les pertenecía a ellos y a nadie más. Jonas, reputado cardiólogo, y Lena, fotógrafa profesional, formaban una pareja completa, cálida, sin fisuras. Ni siquiera la diferencia de edad (Jonas era más mayor que Lena) provocaba siquiera un arañazo en el bloque compacto que habían construído.

La llegada de Lena a Tármino provoca que sea aun más consciente de su soledad, aun cuando allí la espera Daniel, primo y mejor amigo de Jonas, por quien siente un inmenso cariño. Daniel es el sacerdote de Tármino y un hombre comprometido y cabal. Y allí también están Roberto, Hugo y Lola, Aimo, los amigos de siempre, su colchón para evitar caerse y los hombros en los que llorar si es necesario. Además llegará Carla a acompañarles, amiga de Lena y un pequeño terremoto mejicano al que a veces le fallan los filtros, pero que nadie puede negar su lealtad.

El festival de la lavanda de Tármino se va a producir también en esos días y el pueblo es una explosión de color y olor. La novela de Reyes Monforte es sumamente sensorial, no sólo por las descripciones de los campos de lavanda y del pueblo, sino por cómo nos va llevando hasta los olores de la panadería, a las comidas que preparan juntos, en la miel de Aimo, a la calma de la noche cuando Lena pasea sola, al silencio lleno de sonidos del campo; incluso al aroma de Jonas impregnado en la ropa de la que Lena no ha querido deshacerse y que la acompaña al dormir. Hasta las conversaciones que los amigos mantienen nos resultan acogedoras, como si nosotros también perteneciéramos a ese grupo unido y fiel.


No serán sólo los recuerdos y los tranquilos ratos de complicidad con los amigos los que irán brotando en la estancia de Lena en Tármino. El Zombi, el hermano de Jonas, buscará su minuto de gloria comportándose del único modo que sabe: siendo un perfecto miserable. Y en el idílico paisaje que es Tármino en aquellos días, las historias familiares, los viejos rencores, pequeños secretos, van saliendo a la luz para completar un paisaje que Lena nunca había terminado de conocer y que va adquiriendo toda su perspectiva. Los que vivimos en la ciudad muchas veces olvidamos que en los pueblos todo se sabe y todo se recuerda, aunque esté dormido por el peso de los años. Y, sin que nadie lo espere, un oscuro suceso sacudirá a Tármino tras el funeral de Jonas y removerá hechos del pasado, algunos terribles, que quedaron sin resolver.

Aun siendo Lena quien narra todo, quien realmente carga con el peso del protagonismo es Jonas. Lo es: absoluto y en elipsis porque ya no está pero realmente está en todo. Un hombre al que, a través de los ojos de Lena y de las confidencias de sus amigos, iremos descubriendo y admirando y hasta empapándonos con la tristeza de su pérdida. Jonas no está sólo en Lena, en sus amigos, en los recuerdos. Jonas está en Tármino también en el hospital que fundó, en el cariño de sus gentes, en la casa familiar. Está en las películas que compartía con Lena, en las fotografías que ella le hacía, en las dos alianzas que, ahora, luce en su dedo anular, en la ausencia de su mano y su voz cuando se despierta por la noche.

Tármino no existe, pero sí existe Brihuega, nuestra Provenza de la Alcarria, aunque el nombre del pueblo sea lo de menos. En La memoria de la lavanda vamos descubriendo por encima de todo la historia de amor de Lena y Jonas y la profunda amistad que él mantuvo siempre con sus amigos. Descubriremos al hombre enamorado, al profesional comprometido, su sentido del humor, su pasión por la vida, la valentía con la que se enfrentó a la enfermedad que le devoraba. En realidad la novela es Jonas y lo demás, cada suceso, cada momento, trascienden a través de él. Lo mejor, desde mi punto de vista, es que Reyes Monforte que lo hace sin empalagar, sin almíbares excesivos, simplemente narrándolo con la calidez que merece. Personalmente, he disfrutado de forma especial trasladándome a Tármino, ese microcosmos lleno de vida y también de habladurías, de historias familiares, de secretos, de odios más o menos escondidos. Un pueblo como otro cualquiera, cierto, pero que en este libro se hace nuestro por completo y lo añoramos cuando partimos.

La memoria de la lavanda sabe tocarnos en las fibras más sensibles porque todos, de una manera u otra, hemos tenido que enfrentarnos a la pérdida de alguien amado. Cada uno intentamos gestionarlo a nuestra manera, pero podemos reconocernos en la mayoría de las reflexiones de Lena. Incluso en sus lágrimas y en su sensación de orfandad absoluta. Y también hay un poco de nostalgia, si me permitís la veleidad, o un mucho de añoranza porque alguien como Jonas hubiese tocado nuestra vida aunque fuese de refilón. El duelo de Lena acaba siendo también el nuestro. Sin embargo no puedo decir que La memoria de la lavanda sea una novela triste. Tiene su parte de tristeza, sí, pero también sabe mantener el interés, crear tensión, deseos de revelar y sacar a la luz lo que permanece detrás de las puertas.

Es posible que todos, alguna vez, queramos volver a Tármino. Y perdernos entre la lavanda.





martes, 8 de mayo de 2018

MI PECADO de Javier Moro

Tengo un amigo que es un gran entendido en cine. Sobre todo en cine clásico, en blanco y negro, en películas que ya ni se recuerdan por el paso del tiempo. Fue él quien me habló por primera vez de Conchita Montenegro, contándome que antes del desembarco de Sara Montiel, a quien muchos consideran la pionera española en Hollywood, ella ya brilló en el cine al nivel de las mejores. Al nivel de una auténtica diva, una estrella absoluta. Os confieso que esa es una de esas informaciones que suelo guardar en el disco duro de mi memoria (que a veces es una maldición por lo que es capaz de conservar) y jamás había vuelto a pensar en ello hasta que asistí a la lectura del veredicto del jurado del Premio Primavera de este año. La noticia de que el ganador era Javier Moro, su presentación de la novela y el dosier de prensa que nos facilitaron sacaron del cajón todo lo que estaba ahí guardado.  Mi pecado, título de la novela ganadora, era la historia de Conchita Montenegro. Y la historia de su éxito, su vida, sus amores y su ocaso.

Ese día Javier Moro me convenció de que estábamos ante un libro especial, lleno de anécdotas de aquella época dorada. La forma en que nos habló de ella nos enamoró a todos los presentes como ocurrió también, poco después, en la presentación oficial en el Círculo de Bellas Artes. Su pasión era patente y fácilmente contagiosa. Así que la he leído con muchísimas ganas. Y sí, es una historia apasionante, aunque con algunas cosillas que no han terminado de engancharme. Ahora os cuento con detalle.

EL AUTOR: JAVIER MORO


Periodista, escritor, historiador y antropólogo. es conocido por sus novelas ambientadas en paisajes exóticos con grandes dosis de historia. Colaborador en diversos medios y revistas especializadas de viajes, también ha trabajado en el mundo del cine como productor, aunque es la literatura a la que se dedica casi en exclusiva. Ganó el Premio Planeta en 2011 con El imperio eres tú y ha alcanzado gran éxito con novelas como Era medianoche en Bhopal y Pasión india.


AROMAS DE RECUERDO


La memoria olfativa, y es algo de lo que siempre he estado convencida, es la más poderosa de todas las memorias que poseemos. Un olor nos puede transportar a la infancia, a aquellas vacaciones que tanto significaron, a un abrazo especial, a casa de tus abuelos, a las noches en que no había relojes ni obligaciones. Mi pecado, título de esta novela, es el nombre de un perfume que Leslie Howard solía regalar a Conchita Montenegro mientras estuvieron juntos. Una relación intensa y clandestina, aunque terminase siendo un secreto a voces incluso para la esposa de Howard. Conchita guardó todos los frascos, ya vacíos, incluso después de que todo terminase. Como recuerdos envasados a los que acudir si era necesario.

Mi pecado es la historia, como os decía antes, de Conchita Montenegro. Una vida de la que apenas conocemos nada y que merece ser sacada a la luz. La vida de una jovencita que con apenas 19 años llega a Hollywood para ser actriz, acompañada de su hermana, y que consiguió hacerse un hueco por plantarle cara al mismísimo Clark Gable en un casting. En una época en la que las grandes productoras de cine tenían que grabar varias veces la misma película en diferentes idiomas porque no existía el doblaje, Conchita supo jugar sus cartas y a base de talento y de simpatía natural, conseguir jugosos contratos y no parar de trabajar.

Según vamos leyendo, descubrimos a una Conchita Montenegro sumamente moderna (incluso aprendió a pilotar avionetas), bellísima, con talento, independiente... pero con una fuerte necesidad interna de tener a alguien al lado. Se enamoraba con facilidad, aunque sólo fuese durante una semana, y de la misma manera sabía pasar página. Conoció a las grandes estrellas del cine estadounidense y mundial, a los grandes directores y productores, acudió a las mejores fiestas en las que corría el lujo y el derroche aunque el resto del mundo estuviese sacudido por una crisis global terrible. Europa veía cómo, sin remedio, llegaba II Guerra Mundial y España se encaminaba a nuestra terrible Guerra Civil, pero el Hollywood del momento brillaba y derrochaba sin medida.

Unida al numeroso grupo de actores españoles que en ese momento rodaban y vivían allí, se relacionó con Charles Chaplin y con Greta Garbo. Y conoció a Leslie Howard... de quien se enamoró por completo y con quien mantuvo una larga relación a pesar de que él estaba casado. Cierto que él ya había tenido (y tuvo después de Conchita) varias amantes. Y ese amor acabará por tener consecuencias años después, con Conchita ya viviendo en la España franquista, cuando nuestro país era un complicado tablero de ajedrez en el que jugaban nazis y fuerzas aliadas.


La novela comienza a principios de la década de los 40, cuando Conchita ya ha regresado a España ante la falta de trabajo en Hollywood y está rodando algunas películas aquí. Con una vida acomodada y prometida con un diplomático, la proyección de Lo que el viento se llevó despierta en ella los recuerdos y la pasión que sintió por Leslie Howard y, con ella, Javier Moro nos lleva a trece años antes, cuando Conchita Montenegro triunfaba y era admirada por millones de personas.

La novela de Javier Moro es un prodigio de documentación, de anécdotas, de detalles, la mayor parte de ellos absolutamente desconocidos. Nos pone ante los ojos a actores, escritores y productores que ya son clásicos y les da voz y movimiento, acostumbrados como estamos a verles sólo en fotografías. Mi pecado es la historia de Conchita Montenegro pero también de una época, de un modo de vida. Y, en la parte dedicada a su regreso a España, es el reflejo fiel de un país arrasado por una guerra civil, sin recursos, gris y anodino, en el que unos pocos disfrutaban de un nivel de vida vedado por completo al resto de la población. A lo que había que sumar las tensiones políticas de los dos bandos europeos, que trataban de atraer al gobierno de Franco: unos para que declarase su neutralidad total y otros para que se posicionase a su favor.

Narrada con una fluidez que delata su experiencia como escritor, Javier Moro nos va introduciendo en todos esos escenarios con facilidad. Las descripciones son muy visuales, por lo que no es complicado imaginar qué veía Conchita, qué comía, cómo se vestía, cómo eran los rodajes. Pero hay algo que he echado mucho de menos: más pasión. En muchos momentos parece que estamos asistiendo a un hermoso documental, perfectamente montado, lleno de color y de contenido, pero, quizá, frío. Hasta en las historias más apasionadas de Conchita con sus amantes o conquistas la narración es, simplemente, correcta. Puede que se nos cuente su desgarro o su ilusión, pero para mi gusto le falta intensidad. No puedo negar que, como lectura, es muy entretenida y que está llena de datos y detalles más que interesantes. Sin embargo me ha faltado más implicación. Un poco menos mirar desde fuera y más profundidad en los personajes, sobre todo en Conchita.

Es innegable su corrección, su fantástica manera de narrar, su estilo, pulido y brillante. Es sólo que he echado de menos que Javier se metiese más a fondo dentro de los personajes. Y eso hace que, en muchas situaciones, no haya conseguido empatizar con Conchita ni con Leslie Howard, por ejemplo, porque algunas de sus reacciones, al contarlas como vistas desde fuera, me han resultado frías, aprovechadas y buscando sólo un beneficio. Quizá, metiéndose más en la piel de ellos, esa sensación se hubiese minimizado. Pero, como os digo, esta es sólo mi opinión de un aspecto del libro. En general es una lectura muy interesante que viene llena de hechos históricos que merecen la pena ser conocidos.

A pesar de esta apreciación, creo que Mi pecado es una novela recomendable por todo lo que aporta para conocer una época y un mundo, el del cine de aquellos años, que hoy nos resulta absolutamente desconocido. Y por poner rostro a Conchita Montenegro, tan injustamente olvidada, y con una biografía apasionante.

El perfume de Mi pecado en, en general, atractivo y luminoso. Conocerlo merece la pena. 


jueves, 19 de abril de 2018

CONOCIENDO NUEVOS AUTORES: JOSÉ LUIS FERNÁNDEZ JUAN

Hace unas semanas recibí un correo en el mail de este blog en el que José Luis Fernández Juan se ponía en contacto conmigo para presentarme su libro Pinceladas de Harmonía. Me ofreció conocerlo y se puso a mi disposición para traerlo a todos vosotros, cosa que hago encantada por la confianza que me otorgó como por la originalidad de su libro.

José Luis Fernández Juan es valenciano y de siempre ha manifestado una gran curiosidad por el arte. Ha participado en diferentes proyectos de cine, teatro y publicidad. El libro que hoy os presento, Pinceladas de Harmonía, autoeditado, vio la luz por primera vez en 2014 y, desde entonces, ha encadenado cuatro ediciones con la editorial Círculo Rojo. Actualmente acaba de publicar su segundo libro, El Diccionario de JLFJ en el que, como en el anterior, juega con el idioma, las metáforas y los diferentes estilos literarios. José Luis es profesor de Lengua y Literatura Castellana para alumnos de ESO y Bachillerato en el Colegio de Nuestra Señora del Pilar en Valencia.

Pinceladas de Harmonía intenta llevar a la literatura conceptos tan diferentes como la psicodelia, el conceptismo y hasta el culteranismo y lo hace a través de 17 peculiares relatos. Muy cerca de las vanguardias literarias, tan en boga a principios del siglo XX en Europa, hay mucho en esos relatos de surrealismo pero también de un benéfico buen humor que no es el habitual, sino más inteligente, más para hacer pensar, para sonreir mientras lo asimilamos. El propio autor, en diferentes entrevistas, ha manifestado que esta obra bien puede servir para sus propios alumnos para potenciar el conocimiento de la lingüística y la semántica y cree que es un canto a lo sencillo y a lo fácil que puede resultar llevarse bien con los demás y con lo que nos ocurre. 

Una vez leído el libro, José Luis me contestó a unas breves preguntas en las que nos aclara la intención que subyace bajo las páginas de su libro, sobre los motivos que le impulsaron a escribirlo. Y también contestó a preguntas más "incómodas" ya que, leyéndolo, me hizo preguntarme si realmente podía considerarse una lectura apropiada para los alumnos, debido a la complejidad del vocabulario y de las figuras retóricas que utiliza en él. Aquí os las dejo para que conozcáis mejor a José Luis Fernández Juan y sus Pinceladas de Harmonía.

JOSÉ LUIS FERNÁNDEZ JUAN Y SUS PINCELADAS DE HARMONÍA


- ¿De dónde surge la idea de este libro? ¿Qué te llevó a escribirlo?

Surge por una necesidad vital de experimentar con las palabras y con las ideas. Me seduce la idea de construir a partir de los referentes literarios que han marcado mi vida. Experimentar la fusión con el momento, con la estética, con la emoción, con las imágenes y con la pasión me pareció una motivación suficientemente atractiva como para embarcarme en la creación de una obra literaria.
Pinceladas de Harmonía es un cielo, cada episodio es un viento y cada palabra, una nube. Yo estoy contiguo a esta realidad. Les doy libertad de acción, los observo y me dejo llevar.
El acto de escribir me posibilita llegar a una nueva realidad más enérgica y valerosa. Para mí, escribir es la rebeldía de la exaltación de lo inédito.

- ¿Cuáles son tus influencias a la hora de escribir? ¿Qué autor que te ha marcado especialmente?

Preferentemente los autores del Siglo de Oro y los de la primera mitad del siglo XX. En estos dos períodos literarios podemos encontrar la esencia de nuestros valores literarios.
Me gusta implementar figuras literarias en la prosa para consustanciar el idealismo con el realismo y poder así meditar con más enjundia sobre los avatares de nuestra existencia. Esto se lo debo fundamentalmente a Cervantes.
Por otro lado, el placer por la experimentación riesgosa me viene de movimientos literarios como el Modernismo o el Surrealismo. En Pinceladas la huella de Darío o Lorca es más que evidente. El anhelo de naturalizar el mundo, el ir más allá, la liberalización total o la pretensión de provocar acciones son rasgos que aparecen en cada página.
La influencia de estos movimientos y autores ha moldeado definitivamente el estilo literario de Pinceladas de Harmonía y ha traspasado los lindes de su invención.


- En alguna entrevista te he leído que este libro es un “recurso didáctico” para alumnos de la ESO y Bachillerato, pero ¿crees que son relatos comprensibles para ellos, dado el lenguaje que usas en ellos? ¿Aciertan a entender por completo su esencia?

En Pinceladas de Harmonía podemos hallar los rasgos arquetípicos del Conceptismo, Culteranismo, Modernismo y Surrealismo. Estos movimientos son los más enrevesados (y más seductores) de nuestra literatura. La dificultad de sus dispositivos retóricos genera la necesidad de tener que acompañar muy de cerca a los alumnos para que estos puedan asimilarlos con tino.
La Fábula de Polifemo y Galatea de Góngora o algunos Sonetos de Quevedo o Lorca no son recomendables (por su extrema dificultad) para interpretar la inherencia de estos movimientos que se han de estudiar porque están en los programas educativos de ESO y Bachillerato. Han de seleccionarse con sagacidad otro tipo de textos para comentarlos; bien de estos mismos autores, bien de otros. De lo contrario, podemos cometer el error de que los alumnos lleguen a aborrecer estos períodos tan jugosos como complejos.

Una alternativa interesante para absorber, descifrar y comprender estos contenidos sería elegir como opción de lectura Pinceladas de Harmonía. Aquí aparecen todos los sesgos de estas corrientes literarias, pero de una forma más afable y complaciente. El contexto de la obra se desarrolla en esa sociedad tecnológica y moderna en la que los alumnos se desenvuelven de forma cotidiana. La identificación con el pueblo Harmonía es inmediata. Si además vehiculamos el humor como motivo permanente de seducción, la simpatía hacia la lectura de la obra queda garantizada.
Descifrar los significados patentes y latentes de las frases de Pinceladas se convierte en un solaz motivante y cautivador. Conseguir que el alumno aprenda jugando es el reto que me marco. Leer Pinceladas de Harmonía equivaldría a mirar de forma caleidoscópica una realidad con idioma propio.

- ¿Qué opinas de las lecturas obligatorias en esas edades? Siendo profesor de lengua y literatura ¿cuáles son las que tú recomendarías?

Las lecturas obligatorias (aunque no me agrada el adjetivo calificativo) se convierten en una necesidad perentoria para que el alumno mejore su vocabulario, su velocidad lectora, su comprensión, su creatividad y su imaginación. Además con la lectura de estos libros seleccionados potenciará su capacidad reflexiva y crítica, así como su autoestima, seguridad y determinación.
Conocer obras como La Celestina, La vida es sueño, El lazarillo de Tormes,  Don Juan Tenorio, Tres sombreros de copa o la Antología poética de Machado o de la Generación del 27 son algunas obras que yo recomiendo en mi colegio y que considero imprescindibles para la formación intelectual de nuestros discentes. Estas lecturas lejos de ser aburridas, son un arma de construcción masiva para vencer a los juegos antipedagógicos que las nuevas tecnologías han traído para estrechar el buen juicio y entendimiento de nuestros alumnos. Tendrían que inventarse juegos digitales en donde la lectura total o parcial de estos clásicos “enganchase” al alumnado y les expandiera la mente. Invertir en leer (no importa si en digital o en papel) mejora la empatía, alivia el estrés y favorece la concentración. La lectura de un libro es un beneficioso viaje artístico y vital al que ningún alumno tiene que renunciar; sea obligada o de libre elección.

- En tu trabajo ¿qué dificultades sueles encontrar a la hora de impartir tus asignaturas? ¿Cómo consigues mantener el interés de tus alumnos en unas edades en las que suelen “dispersarse” con facilidad?

La mayoría de los adolescentes estudia por inercia. Sus centros de atención poco tienen que ver con estudiar las asignaturas que impartimos. Nosotros intentamos revertir esta realidad.
Para que los alumnos estén “centrados” considero fundamental que en las primeras clases todos tengamos diáfano cuáles son nuestros roles en el aula. Hay rutinas y procedimientos fijos que se han de asimilar y mantener a lo largo del curso. Intento ser más maestro que profesor. Más que aprendan los temas de una materia (que también), me interesa que se formen como personas. En cuanto puedo relaciono cualquier contenido con el espacio-tiempo de los chavales para que ejerciten la reflexión. Las clases suelen ser activas; interactuamos permanentemente con actividades pragmáticas en donde empleamos recursos digitales y trabajos cooperativos. Ellos siempre son los auténticos protagonistas; forman parte de los contenidos transferidos.

Fomentar el sentido de pertenencia resulta clave en este tipo de educación inclusiva y emocional que defiendo y que, por supuesto, aparece en Harmonía.
Por otro lado, piensa que yo sigo aprendiendo con la literatura; es apasionante. Esa pasión se la intento transmitir a los alumnos para que vean en la asignatura una razón de ser.

- Leyendo el libro aprecio un uso del lenguaje realmente rico, a veces rozando lo barroco. También abundantes metáforas e, incluso, párrafos que pueden rozar el surrealismo de las vanguardias ¿Actualmente crees que este tipo de literatura es accesible, en este tiempo de mensajes de whatsapp y vocabulario cada vez más escaso?

Constatas lo que te he comentado antes. Intento proponer un estilo diferente como alternativa a la realidad digital que ha generado la adicción a las TIC. Las habilidades verbales se han depauperado con la comunicación cibernética.
La “escritura” de mensajes por móvil con faltas de ortografía, frases sesgadas, carencia de signos gráficos o abreviaturas se ha convertido en una infausta realidad. La involución comunicativa lleva a una regresión cultural altamente preocupante.
El estilo de Pinceladas sería una apuesta “alternativa” por la comunicación culta y placentera; Una apuesta entre los mensajes cincelados y polisémicos frente a los mensajes inmediatos carentes de profundidad. Tú eliges.
La literatura “trabajada” de Pinceladas de Harmonía es atractiva porque se interpreta como un juego de búsqueda, acertijo y placidez, y… ¿a quién no le gusta jugar?
La moda de la TICdependencia pasará; Pinceladas de Harmonía siempre te estará esperando.

- Son 17 relatos en los que impera el positivismo en un mundo idílico, en los que hay un esfuerzo por el triunfo del buen humor ¿Crees que la literatura actual adolece de ese buen humor?

El humor en la literatura siempre ha existido: Cervantes, De la Serna, Tomeo, Quevedo, Macías, Valle-Inclán… Pinceladas continúa con la tradición.
Con el humor aprendemos a comprender mejor el mundo; y si este mundo está en crisis, mejor que mejor. Aporta la delicadeza del saber con la mirada del percibir.
Pinceladas es una obra divertida que garantiza el entretenimiento. El humor tiene valor literario. Si nuestra sociedad es absurda, el humor es sensato. Garantiza la lógica y rigor que falta para poder entender mejor las relaciones entre los humanos. El humor siempre ha volado por la literatura. En Pinceladas se posa y descansa en una propuesta absolutamente intransferible.

- ¿Qué es lo mejor que te han dicho sobre tu libro?

Que es diferente. Esta frase es lo más a lo que puede aspirar un autor.

- He leído algunas reseñas publicadas sobre Pinceladas de Harmonía ¿Hasta qué punto crees que han acertado con el contenido de tu libro? ¿Te sientes comprendido?

Las reseñas que he leído hasta ahora han sido muy positivas; estoy muy contento. La crítica literaria ha emergido con el avance de las nuevas tecnologías y muchas revistas literarias y medios de comunicación se han hecho eco de la publicación de obras literarias.
Yo, como autor, agradezco cualquier opinión que ayude a difundir el valor de un libro. Cuantas más opiniones se den, más se conocerá una obra y más lectores podrás ganar.
Particularmente no me marco como reto que Pinceladas obtenga una difusión inmediata y masiva. Prefiero que se vaya descubriendo y saboreando poco a poco. De momento vamos por la cuarta edición. Con el tiempo espero tener más. Como te he comentado antes, Pinceladas es un libro siempre te estará esperando.

- ¿Estás trabajando en algún otro proyecto actualmente? ¿Puedes adelantar algo?

Acaba de salir mi segunda obra: El diccionario de JLFJ; un repertorio de palabras con significados distorsionados y exprimidos. Te avanzo algunos:
Abundespués: Copioso en el futuro tanto como en el pasado.
Caramar: Cefalópodo comestible con rostro de ponto.
Diatribu: Discurso ultrajante realizado por un grupo uniforme con tierra propia.
Grabitación: Atracción mutua que sobreviene en un cuarto.
Jorlnada: Día sin niños.
Numeroso: 8245913706073195428.
Procastinar: Postergar el proceso de selección para elegir al elenco del espectáculo.
Santurrón: Dulce gazmoño navideño.
Trenquete: Frontón cerrado por vagones móviles engarzados.
Vencemento: Plazo que la arcilla y demás materiales calcáreos disponen para una vez cocidos y molidos se puedan mezclar con el agua y consigan convertirse en una masa compacta, sólida y dura.

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