jueves, 12 de mayo de 2016

ISHQ. EL COLOR DE LAS GRANADAS de Juan Ramón Moya Montáñez




Hay veces en que la tarea de ponerme a escribir o a reseñar un libro se me presenta como un muro. Quizá más bien como una cuesta enorme que no tienes muy claro si empezar a subir, porque temes no llegar arriba sin perder dignidad, criterio y hasta algún pedazo de ti. O caer rodando si las fuerzas te fallan. Hoy me encuentro ante una cuesta así pero, aun sabiendo a lo que me expongo, me calzo las imaginarias botas de caminar y lleno mi espíritu de alegría porque voy a llegar hasta arriba sin desfallecer. Qué difícil es reseñar la obra de un amigo. No caer en el halago fácil ni en una falsa objetividad crítica por no querer llevarte por el corazón, quedarte en el fiel de la balanza… sólo confío en ser capaz de expresar todo lo que la novela lleva dentro.



“ISHQ. El color de las granadas” ha resultado finalista en el certamen Vuela la Cometa organizado por Arola Editors para escritores menores de 38 años. Un reconocimiento para un libro único, intenso y de los que llegan al alma por muchos motivos pero sobre todo por lo que hacen sentir.



EL AUTOR: JUAN RAMÓN MOYA MONTÁÑEZ




Melillense de nacimiento, a sus 34 años “ISHQ. El color de las granadas” no es su primer libro
pero sí el primero publicado por un sello editorial. Anteriormente se decidió por la autopublicación para “Noche y niebla”. Gran relatista, magnífico dibujante y hombre de muchas facetas, muchos de sus escritos aun pueden disfrutarse en la web Ciao. es, en la que dejo abundantes muestras de su talento durante varios años. Allí, bajo el nick de John Andy, no sólo consiguió una buena legión de seguidores sino que se hizo con el primer puesto en bastantes certámenes literarios que se convocaban por y para los usuarios de la página. 




EL AMOR LATE EN LOS VERSOS DE RUMÍ




Me enorgullece decir que hoy cuento con Juan Andrés como un gran amigo. Por eso, como os decía antes, se me complica aún más la tarea de reseñar su novela porque no quiero que se pueda pensar que mis conclusiones me son dictadas por mis sentimientos. Como decían los romanos “audaces fortuna iuvat” (la fortuna favorece a los audaces) así que, sin más trámites, vamos a sumergirnos en el universo único, vital, colorido y fragante de “ISHQ”. Y dejémonos llevar. Es un libro que, fundamentalmente, se siente.



Nuruddin es el príncipe heredero del gran imperio mogol. Un imperio vasto, casi inabarcable, que ha de ser gobernado con mano de hierro y fuerte carácter. Pero Nuruddin no aspira al poder, ni a conquistar más pueblos y territorios. Sabe que ese es su destino, pero quiere apartarlo de sí mismo como un insecto molesto. Subyugado por la poesía de Rumí, poeta sufí del siglo XIII, se deja acariciar por sus versos, perdido sólo en sus palabras, olvidando obligaciones y hasta el tiempo. Lo tiene todo y nada le llena. La pasión y el amor que destilan los poemas de Rumí le envuelven pero nadie parece compartir su emoción.


Hasta que un día, mientras se baña asistido por una esclava, ésta, Anarkali, comienza a susurrar los versos amados. El espacio se hace palabra y el tiempo se detiene y Nuruddin descubre en Anarkali no sólo a alguien que parece conocer hasta el fondo de su alma y con quien compartirla, sino que antes de mirarla una segunda vez ya sabe que es amor lo que le llena por completo. Un amor que arrasa por completo sus convicciones, su ánimo, su corazón que ya creía agostado e incomprendido. Anarkali, de igual manera, arde desde el primer momento por amor a Nuruddin. Sus ojos se encuentran tras desgranar los versos del poeta y es consciente de que jamás podrá amar a nadie más.


Pero ninguno es libre para amar. Nuruddin porque su deber le impele a casarse con alguien de su nivel para compartir el trono. Anarkali porque es una esclava a la que todo le está vedado, incluso vivir si así se lo exigen. Ambos son como dos esferas que estaban condenadas a no haberse encontrado jamás pero que, al chocar, saltan esquirlas y fuegos que las hacen unirse. La ilusión por Anarkali cambia el carácter de Nuruddin. Parece más feliz, mas despierto, más real. Para su madre, la reina Mariam, tal hecho no pasa desapercibido y trata de acelerar el posible compromiso de su hijo con alguna de sus candidatas, aunque no acierta a comprender del todo qué es lo que ocurre. Anarkali, presa de un amor desesperado que sabe imposible pero que le llena por completo con una felicidad desconocida, también tiene miedo. Miedo de que un príncipe, alguien inalcanzable por definición para alguien como ella, haya puesto sus ojos en ella. Intenta guardar su desbocado sentimiento pero todo es en vano.


Nuruddin buscará cualquier excusa para acercarse a Anarkali y escuchar de nuevo en sus labios los versos del poeta, para perderse en sus ojos, para llenarse de su olor y el calor de su piel. Los dos saben que arriesgan mucho, pero la necesidad de tenerse cerca es más poderosa. Nuruddin se plantea tomar decisiones porque ha hallado lo que buscaba: un amor completo y único, el mejor para él, el que le hace mejor y le complementa. Pero Anarkali es un ser casi infecto a ojos de la corte, alguien indeseable, indigno siquiera de tener atención. La reina Mariam, al conocer lo que sucede, tratará de todas las formas posibles de impedir lo que ya parece no poder pararse. Y sobre todo, que el rey no conozca lo que sucede. Pero por vez primera su hijo se le enfrenta. El amor de Nuruddin y Anarkali amenazará con poner en jaque una dinastía y un imperio.



UNA LECTURA CON LA QUE VIAJAR




Ya os lo decía antes: el modo de escribir de Juan Andrés es trabajado, lleno de adjetivos que incrementan las sensaciones de lo que lees, casi barroco en su concepción de cómo han de contarse las historias. No es una lectura para quienes sólo aspiran a una trama sencilla contada de modo habitual. Pero a medida que te vas dejando invadir por las palabras ya no puedes escaparte. Ni quieres. 

A nivel personal lo primero que me llamó la atención fue el modo de tratar los paisajes, los espacios, los colores. Qué fácil era sentir el calor ardiente del exterior y entrar en las estancias del palacio para apenas sentirlo, tamizado por las telas y los mármoles. Todo queda retratado de tal modo que podemos sentir la suavidad de las sedas, el olor de las esencias, los pasos leves en las estancias. Juan Andrés nos deleita con descripciones preciosistas y detalladas, manejando el lenguaje hasta retorcerlo para no caer en lo común. Pero cuando lo lleva al extremo y nos presenta a los protagonistas no podemos más que sentirlos propios. Y empezar a seguir su historia con una mezcla de esperanza y temor.


Para quienes jamás los dioses del amor nos han sido propicios y sólo hemos podido asomarnos levemente a lo que debe ser en cortos periodos felices, el de Nuruddin y Anarkali se nos muestra tan avasallador, tan intenso, tan dulce que casi esconde la agonía que encierra. Agonía por saber que a pesar de que sus corazones y almas ya son uno, ninguno de los dos es dueño de su destino y ninguno puede decidir qué hacer con lo que siente. Convierten cada encuentro en un momento único, especial, ajeno a lo que les rodea y a las conveniencias. Pero al dejar de verse, la realidad cae como una losa. La reina Mariam no está dispuesta a que el heredero del reino se deje seducir por una esclava. Es una ignominia, una infamia, un insulto al trono y a su padre el rey. Salima, la esclava de confianza de la reina, se debate entre el deber a su señora, a la que lleva años sirviendo, o ayudar a una jovencita enamorada que sabe que su amor puede costarle muy caro.




Capítulo a capítulo nos llegan a los ojos y casi a los oídos las cenas de espléndido lujo en el palacio, las tensiones entre Nuruddin y su madre que, consciente de su posición preeminente entre las concubinas por haber concebido el hijo varón, no va a consentir que sus planes de futuro se tuerzan. Juan Andrés nos dará hasta los detalles más pequeños del brillo de los metales y del sabor de los manjares. Pero también de los sentimientos que inundan el alma de Nuruddin y, sobre todo, de Anarkali, tan pequeña e indefensa, sola con un amor inmenso que casi es incapaz de concebir, pero por el que está dispuesta a lo que sea. Incluso a renunciar a él si con ello su amado es feliz.


Realmente ¿qué pueden hacer? Viven en un mundo en que las obligaciones mandan. En que por haber nacido en un palacio o en una casita de adobe marcan ya los pasos de la vida. Y palacios y adobe no deben mezclarse. Simplemente tal cosa no se concibe porque es el pecado más grave. Pero ¿hay posibilidad de cambiar ese destino ya escrito en el nacimiento? ¿podrá el príncipe convencer al dueño de un imperio y a una madre dominante que el amor puede cambiar toda la costumbre basada en la estirpe y la sangre noble? ¿o podrá una humilde y pequeña sierva elevarse para dejar atrás su origen y, simplemente, encontrar su lugar entre los brazos de quien ama?


Si bien los primeros capítulos parecen transcurrir más lentos, a medida que la acción se va desarrollando adquieren más ritmo. Pero no puede hablarse de una novela de acción o en la que las prisas puedan al autor. Paso a paso, de forma inexorable, el amor de Nuruddin y Anarkali se va haciendo más grande. También su sufrimiento. Juntos o separados, no podremos dejar de mirar hacia uno y hacia otro tratando de saber qué harán, cómo buscarán un nuevo momento único, cuánto pasará hasta que podamos verles juntos. Quizá queremos siempre que las cosas salgan como deseamos. No siempre es así.


ISQH en urdú significa amor. Y la historia que cuenta Juan Andrés en su novela está basada en un hecho que, al parecer, sucedió realmente y que llegó a occidente de boca de un británico dedicado al comercioEsta historia no podía estar contada de otra manera. Nuestro John Andy nos trae un manifiesto sobre el amor, ese que está por encima de todo y que nos absorbe por completo. Pero también nos trae la duda: ¿quién es más esclavo? ¿Anarkali por su condición de nacimiento que no puede ser cambiada o Nuruddin que, con todo su poder, ni siquiera tiene permitido amar a quien desee?


Hoy día aun encontramos historias parecidas. Los humanos preferimos plegarnos a las conveniencias y a las normas encapsuladas autoimpuestas que dejarnos atravesar de lado a lado por un sentimiento capaz de mover el mundo. No es la historia del libro de Juan Andrés una historia alegre, pero sí esperanzadora. El amor de verdad no muere. El amor de verdad espera. El amor de verdad regresará a ti aunque creas que ya todo ha acabado. Merece la pena quedarse con este mensaje y confiar en su certeza. Siempre.

4 comentarios:

  1. Qué reseña tan maravillosa, como no podría haber sido de otro modo. No sabes lo honrado que me siento. "ISHQ - El Color de las Granadas" es una historia muy particular y sé que exige un estado de ánimo muy específico, pero realmente me halaga saber que has sentido aquello que yo sentí durante su construcción. La novela, además, no habría existido como tal de no ser por tu enorme ayuda e inspiración. Eres una parte fundamental de ella. Muchísimas gracias y un besazo!!! :)

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  2. ¡Hola Yolanda! Me ha encantado la entrada, cuanto detalle de tu reseña!

    Aquí me quedo, te sigo!

    Me gustaría que te pases por mi blog para ver qué te parece y si te gusta, sígueme por favor.

    http://buscandotelibro.blogspot.com.ar/

    http://pensamientosenelahora.blogspot.com.ar/

    Un abrazo y muchísimas gracias.

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  3. Hola Yolanda.
    Gracias por pasarte por mi blog, yo no sabia que habías abierto uno, alguna vez he leído tus impresiones, creo que en el blog de Ana o a traves de Facebook o Ciao, no recuerdo bien... Bueno pues ya me quedo por aquí!
    La reseña es estupenda pero ahora tengo mucho pendiente, así que anoto el título para más adelante.
    Un beso

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