lunes, 12 de agosto de 2019

LA CORDURA DEL IDIOTA de Marto Pariente

Generalmente cuando mi amigo José Carlos, librero y apasionado de la novela negra, me recomienda un título le hago mucho caso. Tiene un alto porcentaje de aciertos. Y aprovechando que íbamos a pasar una tarde a Guadalajara en Negro, el certamen de novela negra que se celebra en esa ciudad, y a conocer a Marto Pariente, me aseguró que no podía dejar de leer La cordura del idiota. Hablando después con Marto, por si no estaba ya convencida, se me multiplicaron las ganas de hacerme con ella y fue el propio autor quien hizo las gestiones para que me llegase un ejemplar a casa. Su lectura ha corroborado que, como suele ser habitual, José Carlos tenía razón. Me la fui bebiendo en tragos cortos, porque me la llevé en la maleta de vacaciones, y allí la iba disfrutando a poquitos, como los buenos vinos.

Que me lo he pasado en grande leyéndola no es un secreto, se lo cuento a todo el mundo. Una ambientanción rural creíble y visual, una trama que parte de un hecho en apariencia sencillo y que se va retorciendo y unos personajes que son un hallazgo, crean un conjunto sólido en el que no queda ni un solo cabo suelto, aunque para ello haya que atarlos fuerte. Y Marto lo hace. Claro que también ata al lector a sus páginas, confío en saber transmitirlo. 

SE ACERCAN DÍAS DE TORMENTA


Ascuas es un pequeño pueblo que dormita en la provincia de Guadalajara, tranquilo y anodino. Toni Trinidad es el policía local, el único, un tipo grandote que parece no alterarse por nada, que jamás se ha enfrentado a un peligro real y que se desmaya si ve una simple gota de sangre. Su debilidad y su cariño son para su hermana Vega, una mujer derrotada por la vida, el alcohol, los recuerdos y sus muchos demonios interiores, que quiere dejar atrás todo eso y mirar al mar de frente. Ascuas, rodeado de campos de labor y de un desguace, en el que trabaja Vega, tiene sus propias historias, odios y afectos. Y, como todos los pueblos pequeños, tiene ojos y oídos en cada esquina.

La calma de Ascuas y de Toni Trinidad se rompen de forma trágica cuando el Triste, el loco oficial del pueblo y buen amigo de Toni, aparece ahorcado. Sin otros signos de violencia ni ninguna sospecha oficial, se da por buena la conclusión de que se ha suicidado. Pero a Toni no le cuadra. Y menos sabiendo que era el único habitante del pueblo que se había negado a vender sus tierras a una constructora, pero no hay pruebas que sustenten lo contrario. Además, aunque Toni no lo sabe todavía, Vega ha decidido conseguir una vida mejor, lejos de todo y de todos, trazando un plan para robarle una buena cantidad de dinero al Colmenero, un tipo muy peligroso, narcotraficante y prestamista usurero, que controla la zona y todo lo que se mueve en ella.

Marto Pariente, a partir de este inicio, va desarrollando una trama en la que se mueve un buen número de personajes de todo tipo y condición, aunque la mayoría cuenta con una biografía cuanto menos peculiar. Y lo hace sin elaboradas descripciones, le bastan tres o cuatro pinceladas o unas líneas de diálogo para que sepamos, más que de sobra, cómo son y qué podemos esperar de ellos. El Colmenero, que ya tiene unos años, no ha perdido ni un ápice de su poder de intimidación y maneja los hilos desde la sombra dejando que sean otros los que se manchen las manos. Y ahí es donde aparecen los Maquénroe, uno moreno y uno rubio (como en la zarzuela), vascos y con un manejo del bate espectacular, amantes de las canciones de Mecano y leales cumplidores de lo que el Colmenero ordene. O Cejónidas Trejo, otro de los fieles del usurero, que juega a dos bandas y que le pasa información a Rocha, un inspector de la UDYCO de vestir un tanto hortera y con muchas ganas de medrar.

Marto tampoco se pierde en largas introducciones. En apenas dos breves capítulos te mete dentro de Ascuas y de todo lo que se está moviendo allí, aunque en la superficie, en la vida corriente de los vecinos, apenas se note nada. Además es valiente y se permite escribir con tres voces narrativas diferentes que aportan mucha más profundidad a los personajes y al trasfondo de la historia, que se va oscureciendo por momentos. En primera persona para Toni Trinidad, con sus pensamientos, conclusiones, recuerdos y deseos. En segunda para Vega, una suerte de conciencia que a veces grita y que nos va llevando a descubrir lo que hay dentro de ella. Y en tercera para el resto de personajes, tanto policías como matones. El caleidoscopio es fascinante por la riqueza de matices.

La cordura del idiota es una novela brillante que ha sabido mantenerme pegada a sus páginas desde el primer momento. Todo en ella nos resulta inquietántemente cercano y real. Tiene un regusto de guión de cine, pero eso solo la hace más visual y creíble. He leído en el prólogo que hay un poco de Fargo y otro poco de Tarantino en ella y es verdad, es posible, pero Marto ha sabido darle una personalidad propia gracias tanto a su modo de escribirla como a a los diálogos, que fluyen naturales y frescos, sin artificios. Y, desde luego, gracias a ciertas escenas que consiguen sacarte más de una sonrisa a pesar de la violencia que encierran. También sabe tocar la fibra cuando nos transporta a los recuerdos de infancia de Toni y Vega, en los que se esconde una historia terrible. Debo decir que me ha hecho una gracia especial descubrir que comparto apellido con uno de los protagonistas, aunque nos parezcamos lo que un huevo a una castaña. Al menos eso espero.

Estoy encantada de haber llegado a La cordura del idiota. Es un soplo de aire fresco muy especial dentro del género, está muy bien escrita y destila un inteligente sentido del humor irónico y tirando a negro, sin caer ni en lo chabacano ni en los excesos. Una novela que, cuando la terminas, solo puedes sonreir y pensar "pero qué buena, demonios" porque, como regalo añadido, cuenta con una serie de geniales epílogos breves que acaban colocando todo en su sitio. Todo encaja. Hasta lo que ya pensábamos resuelto y resulta que no lo estaba.

Id a visitar Ascuas y a conocer a Toni Trinidad. Y contadme lo que os ha parecio. Yo seguiré recomendándola, os aseguro que merece, y mucho, la pena.












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