martes, 29 de junio de 2021

NOCHE Y NIEBLA EN LOS CAMPOS NAZIS de Mónica G. Álvarez

Retomo el blog, después de unas semanas de puro agotamiento mental, con un libro de esos que, a priori, no elegiría. No porque carezca de interés ni porque no sea un gran ensayo, que lo es, sino porque a mí todo lo que tenga que ver con los campos de concentración me escuece mucho en el alma. Por eso procuro alejarme de ellos en lo posible. Lo que me decidió a leerlo fue que, según vi en el dosier de prensa, eran historias de superación y de esperanza, de once mujeres españolas que consiguieron sobrevivir al horror del campo de Ravensbrück y rehicieron sus vidas. Historias que, en muchos casos, ellas mismas no contaron en primera persona, sino a sus hijos o familiares más cercanos que son sus mejores valedores hoy día. Incluso hubo alguna que procuró no contar gran cosa sobre aquella experiencia terrible y han sido sus descendientes los que han reconstruido lo que sucedió.

Mónica G. Álvarez se ha documentado, ha buscado a las que aún viven o a quienes podían hablar de ellas, ha viajado al propio campo de concentración y se ha empapado del dolor que siguen destilando sus muros. Pero sobre todo ha reconstruido las vidas de once mujeres valientes que supieron superar la peor de las experiencias y cuyo legado debe ser conocido y reconocido. 

EL INFIERNO EMPIEZA AQUÍ

Escuchar los nombres de los campos de concentración provoca un escalofrío muy reconocible en cualquiera con un mínimo de sensibilidad. A mí me sucede siempre. Campos de barracones en los que la labor de matar se convirtió en un engranaje muy bien engrasado: primero se mataba la identidad, la humanidad de los allí recluidos, se les reducía a números y a despojos humanos vestidos a rayas y marcados como a reses, y después se les mataba físicamente. Montañas de muertos. Ni piedad, ni dignidad, ni derecho a nada más que a desaparecer. 

Entre los miles de prisioneros que el Tercer Reich decidió que había que exterminar en aquella "Solución final", que aún espanta por su metódica frialdad, un grupo de mujeres españolas, la mayoría huidas a Francia durante de Guerra Civil (incluso militando en la Resistencia Francesa) acabaron en esos campos. A la mayoría se las registró como Nacht und Nebel, Noche y Niebla, una categoría temida por encima de otras ya que estaban condenadas a la cámara de gas después de vivir en las peores condiciones y de sufrir innumerables humillaciones.

Noche y Niebla en los campos nazis, escrita con vigor periodístico pero sin perder de vista las desgarradoras experiencias de estas mujeres, nos habla de once supervivientes que hicieron lo posible por no perder su propia humanidad, por levantarse una y mil veces, por luchar contra un monstruo enorme y aterrador que las amenazaba día tras día. Es un libro directo, real, tal como merecen sus protagonistas. No se hurtan escenas o situaciones que nos van a erizar la piel, atrocidades médicas, castigos que hoy creemos imposibles, pero es necesario que nada de todo aquello se olvide.


Todo lo que se recoge en este libro debería servir como concienciación, tanto para las nuevas generaciones como para los que ya tienen cierta edad, porque enseña a cómo poder reconocer el odio, darnos cuenta de que ese odio es capaz de transformarnos en lo peor y cometer actos que no parecen humanos. Las once historias que la autora nos trae tienen como base común que todas ellas, las mujeres protagonistas, fueron deportadas desde Francia y, como la propia autora nos confesó en el encuentro que mantuvimos con ella, ninguna de ellas hubiera podido ser contada sin la ayuda de sus familiares, que llenaron los huecos vacíos y hablaron de su vida como madres, esposas y abuelas. 

A fecha de hoy, estas once mujeres, como tantos otros asesinados o supervivientes en los campos, han sido olvidadas. Nunca se las ha reconocido ni se les ha rendido ningún tipo de homenaje. "Al margen de cualquier ideología política", decía Mónica, "deberíamos hacerlo y reconciliarnos. Igual que con todo lo referente a la Guerra Civil, la reconciliación es necesaria para sanar las heridas, no para reabrirlas". 

En el libro se nos cuenta que estas once mujeres hallaron su motivación para resistir en sus convicciones ideológicas, pero Mónica nos aseguró que no creía que esta fuese su razón única. El amor ayudó siempre. Amor a sus semejantes, a sus compañeras de infierno, al marido, a la pareja, a la familia que habían dejado atrás. En los campos de concentración, para sobrevivir, necesitabas agarrarte a algo fuerte. Hubo quienes lo hicieron a su fe, cada asidero era importante. Da igual de qué se tratase.

Cada capítulo y cada biografía van encabezados por una frase que no es de la autora sino de cada una de las protagonistas. Algunas de ellas han podido ser contadas por ellas mismas, pero en otros casos ya no podía ser, por lo que son otros quienes les dan voz, generalmente sus hijos o su familia más cercana. También cada capítulo se inicia con una anécdota curiosa de la protagonista, algo dulce o amable que, al igual que la frase, las represente, nos cuente con una pequeña pincelada cómo eran o como siguen siendo. El orden de las biografías se basa simplemente en el orden cronológico de su llegada a Ravensbrück, porque de eso sí que hay registros. Es realmente complicado no meterse hasta el cuello en cada una de las historias, aunque nos hielen el alma, porque son las víctimas las que hablan.

Noche y Niebla en los campos nazis es una lectura que duele, sí, pero realmente necesaria porque no podemos olvidar nada de lo que sucedió en el holocausto. En un momento histórico en que muchos se empeñan en reconstruir la historia a su gusto, negar realidades o falsear lo que sea necesario, libros como este hacen falta. Mónica G. Álvarez ha hecho un trabajo muy brillante para sacar a la luz once pedazos de Historia con mayúsculas, aunque para ellas sea solo su historia, la de su vida, la de sus recuerdos. Os invito a conocerlas.

jueves, 3 de junio de 2021

AGUA DE LUNA de Juan Ramón Lucas

En nuestro club de lectura siempre recordamos en primer encuentro que tuvimos con Juan Ramón Lucas, tras publicarse su primera novela, La maldición de la casa grande. Se celebró en el Hotel de las Letras, en Madrid, y lo que empezó siendo un encuentro más o menos al uso, se convirtió en una charla distendida y muy divertida en la que hubo tiempo hasta para que Juan Ramón nos enseñase fotos y curiosidades del protagonista de su novela en su propio teléfono móvil. Fueron más de tres horas que se pasaron en un suspiro. La novela, además, nos sorprendió por ser una gran narración de un momento y un lugar de nuestra historia bastante desconocidos. La noticia de la nueva novela de Juan Ramón me supuso una alegría, tenía muchas ganas de ver su evolución como escritor.

Agua de luna no tiene nada que ver con La maldición de la casa grande, hay un cambio sustancial tanto en el tema como en la forma de escribirla, incluso yo diría que, tal vez porque el tema lo requiere, hay mucha más inmediatez, más tensión, más ligereza en la narración y en los diálogos. También es completamente actual y eso requiere adaptarse a los modos, hechos y actitudes de hoy día. Y por qué no decirlo: asusta un poco, algo más a quienes tenemos hijos, al darnos cuenta de lo vulnerables que somos frente a Internet y las redes sociales y a cómo podemos perder lo que más amamos sin darnos cuenta siquiera de qué demonios ha pasado. Una novela que nos da mucho que pensar.

DEL AMOR Y OTROS DOLORES

Julio Noriega y Alicia Lebrato forman un matrimonio triunfador y brillante. Ella es una afamada periodista y él un actor conocido y reconocido. Tienen una hija, Greta, que ya ha cumplido los 18 y que en muchas ocasiones se siente sola. En un viaje a Almería con sus amigas conoce a Khaled Hassani, un hombre de negocios iraquí que, al parecer, se dedica al comercio de fruta y verdura. Greta queda fascinada y, tratando de buscar información sobre él, comienza a indagar en internet y a encontrar páginas relacionadas con el islamismo. Ese es el inicio de la ruptura de la vida presente de Greta, que aspiraba a ser actriz y llevar una existencia parecida a la de su familia. Todo da un vuelco inesperado y amenazante.

Cuando Greta desaparece, su padre inicia también un viaje paralelo al de su hija. Encontrarla se convierte en su único fin, aunque para ello tenga que tratar con personas capaces de matar o morir matando. Los caminos de ambos les llevan a un territorio hostil, peligroso y desconocido en el que el bien y el mal, la verdad y la mentira y el dolor y la esperanza se mezclan de tal modo que pierden su propia naturaleza. Julio Noriega dejará atrás al hombre tranquilo y casi conformista que era, desafiándose a sí mismo, con tal de recuperar a su hija. 

Como os decía antes, esta novela provoca un escalofrío muy reconocible en cualquier lector, pero especialmente a quienes tenemos hijos. Todos hemos temido que, a través de las redes sociales, contacten con cualquier tipo de depredador que pueda destrozarles la vida. Lo que le sucede a Greta en Agua de luna es algo que puede sucederle a cualquiera, nadie está libre de este tipo de cosas. Greta vive un gran desencuentro con sus padres, tiene carencias afectivas que se agravan tras una decisión que afecta a su abuela, con quien tiene una gran confianza y a la que adora. Esta novela, en gran parte, nos habla de cómo pueden saltar las relaciones familiares en pedazos en el momento más inesperado y, en especial, de la falta de comunicación entre padres e hijos.

Cuando la abuela de Greta se va, se lleva con ella también la infancia de la chica. Se va su referente y su ancla emocional. Este es el giro fundamental de la novela porque, aunque el vínculo con su abuela sigue existiendo, ahora hay una distancia física que a Greta se le hace inmensa y es cuando empieza a cambiar. Lo tiene todo, pero no lo que de verdad necesita, que es el afecto de los suyos. Y ahí Juan Ramón es cuando empieza a llevarnos a un terreno inquietante y peligroso: la vulnerabilidad ante el ciberespacio. Ante esos anzuelos que se tienden muy fácilmente, que no parecen inseguros ni dañinos, pero capaces de "pescar" a cualquiera. 

Los integristas usan las redes y ese ciberespacio basándose en el engaño, ofreciendo un mundo que no es real, totalmente idealizado, en el que ofrecen un gran campo de oportunidades a los jóvenes. Usan el lenguaje más adecuado, seducen, convencen... Muchos jóvenes quieren escapar de la realidad que viven habitualmente y se lo creen, creen en ese mundo de color de rosa que les están mostrando aunque detrás esté el mismísimo infierno. Caen en certezas que les graban a fuego, como que son necesarias ciertas muertes para conseguir el ideal de vida y sociedad. Si, además, hay carencias afectivas o problemas familiares, tienen mucho campo abonado.

La familia de Julio, Alicia y Greta, acomodada y conocida, es la manera que tiene Juan Ramón Lucas de hacer que la sociedad en la que viven se conmocione por lo que les está pasando cuando la niña desaparece. Ninguna familia está libre de que algo así le pueda suceder, pero poniendo en el punto de mira a personas famosas, la onda expansiva de la desaparición es mucho mayor. Gracias a ello puede hablar, aunque lo hace de un modo un poco tangencial, del papel de los medios de comunicación en casos como este.

Agua de luna es una novela que impacta, emociona y crea preguntas. Nos hace enfrentarnos a una realidad que está ahí, más cerca de lo que creemos, y lo hace a través de dos hilos argumentales: el de Greta y el de Julio. Dos viajes, dos modos de enfrentarse a la realidad, dos verdades o dos mentiras. A mí me ha provocado más de un escalofrío, pero creo necesarias novelas como esta. A veces la realidad es cruel, dura y nos golpea cuando menos lo esperamos. Os la recomiendo.


martes, 1 de junio de 2021

ESPÍAS DEL IMPERIO de Fernando Martínez Laínez

Si hay una época histórica que me encanta es aquella en la que los Tercios españoles dominaban Europa. Mal pagados y con carencias de todo tipo, sobre todo en el llamado Siglo de Oro, tuvieron en jaque a base de valor (y muchos redaños, que diría mi admirado Reverte) a los ejércitos de todas las potencias del momento, que los temían como a una vara verde. Conocí la escritura de Fernando Martínez Laínez gracias a su fantástica trilogía de los Tercios (Las lanzas, La batalla y El declive), pero su producción es extensa. Posteriormente pude conocerle personalmente en el marco del Certamen de Novela Histórica de Úbeda y guardo un maravilloso recuerdo de mis charlas con él, ya que compartimos mesa y mantel en más de una ocasión. Escucharle es aprender y caminar por la Historia. 

El libro que hoy os traigo, Espías del Imperio, es un ensayo fascinante sobre los servicios secretos en la época de los Austrias escrito, además, con ligereza, de modo casi periodístico y aportando tantos detalles  curiosos, tantas historias no contadas o poco conocidas, que la lectura se vuelve irremediablemente adictiva. Un tributo, como explica el autor, a todos aquellos que arriesgaron su vida para defender los dominios españoles sin esgrimir una espada y a base de información e inteligencia.

GUARDIANES DE SECRETOS

La tan traída y llevada leyenda negra acerca de España, de la Monarquía Hispánica, de nuestros reyes y de los españoles en general ha hecho que, a lo largo de los siglos, nuestros servicios de inteligencia fuesen menospreciados por "especialistas" extranjeros, sobre todo ingleses y franceses. Pero la trascendencia que estos servicios tuvieron en los movimientos políticos de la época y en el desarrollo de las guerras fue importantísima, fundamental... y, como siempre, silenciada y despreciada. Pero es un hecho indiscutible que en la España de los siglos XVI y XVII tuvo los más eficaces y dinámicos servicios de inteligencia, con una amplísima red de agentes que trabajaban sin descanso y que fueron una herramienta decisiva en la toma de decisiones políticas, económicas y militares.

En Espías del Imperio, Fernando Martínez Laínez recoge y expone información sobre cómo actuaron algunos de estos agentes y espías, entre los que sobresalen nombres tan conocidos como Miguel de Cervantes, Francisco de Quevedo, Juan de Idiáquez (espía personal de Felipe II) o Francisco e Aldana. Espías que, con su trabajo y con la información que recogían dieron forma al proyecto gobernante de la Casa de Austria en España y en el mundo. 

Los siglos XVI y XVII fueron los de mayor relevancia de España en el mundo, en un momento en que nuestros territorios ocupaban buena parte de Europa, América y el Mediterráneo, además de otras posesiones. El Imperio Español era el más grande y poderoso, por eso el resto de potencias europeas lo tenían como enemigo, si bien las relaciones comerciales y diplomáticas siempre estaban activas. Fernando, en el encuentro que mantuvimos con el Club de Lectura, nos confesó que este libro nace del cabreo contra la leyenda negra y demostrar que esa insignificancia o chapucería que nos colocan en cuanto a servicios secretos no es más que una falacia creada por las bibliografías inglesa y francesa, que siempre buscan arrimar el ascua a su sardina.


Digan lo que digan estos enemigos históricos de España, nuestra inteligencia fue la más importante, con grandes éxitos que ellos se empeñan en ocultar y que funcionaba como un reloj, magníficamente estructurada y construida. Conoceremos, por ejemplo, la figura de Juan de Idiáquez, maestro de espías y brazo derecho de Felipe II, con quien se entendía muy bien. Él fue fundamental para el desarrollo de nuestros servicios de Inteligencia. 

Espías del Imperio es una obra divulgativa, sí, pero sobre todo es una lectura entretenidísima que nos aporta mucha información sin hacerse pesada. El autor usa un lenguaje sencillo, "engrasando" las partes que pudiesen resultar más densas con jugosas anécdotas, como si se tratase de una crónica periodística al alcance de cualquier lector. Y es que el factor humano era fundamental en aquella época, sobre todo por las distancias y los tiempos necesarios para hacer llegar las noticias. Felipe II, por ejemplo, revisaba todos y cada uno de los documentos que le llegaban y de todo se dejaba constancia, como prueban los archivos de Simancas, Roma o Bruselas. Los mejores correos de la época eran los españoles, de los que se encargaba la familia alemana Thurn y Taxis. ¿Adivináis de dónde viene el nombre de los actuales taxis?

Fernando Martínez Laínez es un gran narrador que conoce, además, muy bien los resortes de la narrativa periodística. Los capítulos, por ejemplo, dedicados a Francisco de Quevedo, que fue el hombre mejor informado de Italia, son una delicia. Y es que muchos de los espías no eran profesionales como tales, sino soldados, de ahí su estupendo conocimiento del terreno. Por su labor militar, en muchas ocasiones debían desempeñar labores de inteligencia y lo hacían por sentido patriótico, no vivían de ello, aunque sí consta, por ejemplo, que a Miguel de Cervantes le pagaron un viaje al norte de África.

Es imposible pensar en una gran potencia como era España en aquel momento sin entender que contaba con un poderoso servicio de inteligencia. Este libro sirve para conocer las bambalinas de la escena principal, la que consta en primer plano en los libros de Historia. Detrás se movían los hilos, los intereses, los movimientos políticos, la guerra secreta. Si no se tienen en cuenta estos aspectos, la Historia está incompleta. Os invito a conocer un poco más esa parte trasera de la Historia, vais a encontrar muchos motivos para sorprenderos.

viernes, 21 de mayo de 2021

CHANKORO de Jesús Salviejo

Recuerdo con cariño las pocas veces que he pisado tierras portuguesas, quizá porque eran tiempos más felices o por esa sensación de que estás en casa de un familiar que te acoge. Tenemos Portugal muy cerca y, sin embargo, nos resulta extrañamente desconocido a pesar de que nuestra Historia, tradiciones y pasado han ido en muchas ocasiones de la mano. No he tenido la suerte de visitar Lisboa, es una de mis ciudades cercanas pendientes, pero quienes han estado siempre me hablan de esa atmósfera especial y antigua, algo melancólica pero luminosa, su manera de mirar al Atlántico como horizonte y fin. 

En Chankoro, de Jesús Salviejo, me he encontrado una mirada un poco más amarga, porque los personajes que la habitan llegan del sufrimiento. Con todo es una novela que me ha sorprendido por su originalidad, por cómo nos presenta el Portugal previo a la Revolución de los Claveles, que hoy nos parece tan lejana y, en realidad, casi fue ayer. Y por unos protagonistas diferentes, que, a pesar de llevar grandes costuras en el alma, quieren seguir adelante, quieren vivir y ser libres.

LA NIÑA DE TODAS PARTES

En el Portugal de 1974 aún se vive bajo la dictadura de Estado Novo, sometido a una gran represión ejercida por la Policía Internacional y de Defensa do Estado. Además es un país en guerra por sus colonias, que todavía viven ancladas en el viejo sistema de gobierno. Stela Soares, huérfana de la guerra de Mozambique, viaja al exilio tras haberlo perdido todo. En ese viaje conocerá a la señora Chan, una "mujer de consuelo" china, superviviente de la matanza de Nanking a manos del Ejército Imperial japonés, y también con el señor Cohen, un viejo anticuario judío que salió con vida de la Pequeña Viena de Shangai, una especie de gheto en esa ciudad para judíos que escapaban del horror del nazismo. Los tres intentan con todas sus fuerzas recuperar sus vidas y tratar de dejar atrás unos pasados que los lastran. El final de su camino es la libertad.

Chankoro es un canto a esa libertad, la libertad que quienes estamos acostumbrados a ella casi ni le prestamos atención. Los tres protagonistas buscan escapar de las cadenas que los ataban y no tener que perdir permiso para vivir. Quieren rehacer sus vidas, quieren curar las heridas de un pasado que aún duele, por eso no dejan de tener esperanza. También es una historia de supervivencia, de agarrarse a lo importante, a la amistad, a la lealtad y al cariño, para seguir dando pasos adelante.

De estos tres personajes principales iremos conociendo sus vidas a lo largo de la novela y también los infiernos particulares de cada uno. Se han cosido como han podido las heridas y lo único a lo que aspiran es al volver a respirar libres y en paz. De los tres nos sentiremos muy cercanos, es fácil encariñarse de ellos, pero Stela, la narradora en primera persona de la novela, quizá es la que nos despierta más ternura.

La recreación que el autor hace de la Lisboa del momento es preciosa. Una ciudad que se nos presenta hermosa incluso en sus peores días, con una atmósfera casi mágica, llena de nostalgia, pero que también nos deja sentir en cada esquina el espíritu de la rebelión que se acerca. Lisboa se prepara, sin saberlo, para una vida nueva, muy diferente de la que sus habitantes conocen, en la que la luz ilumine todo, hasta el último recoveco de un régimen agotado y caduco, basado en la represión y el mantenimiento a cualquier precio de sus colonias. 


Escrita con fluidez, la narración no se atasca en ningún momento. Todo queda engarzado, cerrado, como un regalo bien empaquetado. El estilo de Jesús Salviejo resulta muy cercano para el lector, sabe mantener el interés sin necesitar grandes giros argumentales ni sorpresas de última hora. La historia es poderosa y se sostiene sin dificultad porque sus pilares son fuertes y están muy bien diseñados.

Ese latido revolucionario lo llevan también Stela, la señora Chan y el señor Cohen dentro de sí mismos. Su revolución no es tanto social o política como personal, aunque su ansia de libertad va paralela al ansia de libertad de un país entero. Quieren olvidar lo que han sido para pensar solo en el futuro, en levantarse cada mañana siendo dueños de su destino.  La amistad entre ellos, su capacidad para animarse, para empujarse, para no dejarse caer resulta inspiradora. 

Chankoro es una lectura que me ha sorprendido para bien, que me ha llevado de viaje a Nanking, a Shangai, a Mozambique y a Lisboa de la mano de unos personajes que se acaban quedando con nosotros y cuyas historias de superación llegan a emocionar. Una novela que nos lleva hasta las puertas de un cambio fundamental para Portugal y quizá también para toda Europa pero, sobre todo, a la libertad. Una historia de supervivencia, esperanza y  libertad que se lee con el corazón.

martes, 18 de mayo de 2021

LOS INGRATOS de Pedro Simón (Premio Primavera de Novela 2021)

Hacía mucho que no tenía una sensación tan redonda respecto a un premio literario. Los hay que me han gustado más y otros que no me han parecido para tanto, pero ha llegado Los ingratos y solo puedo admirar, casi de rodillas, una novela tan plena, tan emocionante, de las que te llenan el alma. Sí, a veces pasan estas cosas, que en el momento en que peor estás a nivel lector, cuando las secuelas del "bicho" todavía causan estragos en mí (sobre todo a nivel de concentración), de pronto llega un fogonazo y todo se recoloca. Eso es lo que me ha pasado con Los ingratos, porque me ha hecho reconocerme y reconocer montones de cosas que viví en primera persona o a través de otros, porque me ha traído de nuevo los olores de la infancia, esos olores que tan importantes son en la novela, porque me ha hecho recordar otras lecturas que me acogieron y me cambiaron la perspectiva. Todo en Los ingratos está lleno de recuerdos, de ternura, de familia, de amor, ese amor que nos convierte en lo que somos porque nos lo inoculan de niños y se convierte en una impronta, una marca invisible, aunque con los años y la vida lo tapemos y lo vayamos olvidando.

A pesar de que mi infancia no fue el germen de los buenos recuerdos ni el refugio de nada, leer Los ingratos me ha reconciliado con ciertas imágenes en blanco y negro que tengo en mi mente. Quizá por eso me ha resultado tan visceralmente emotiva, porque he podido verme a mí misma como si yo fuese el protagonista y hubiese sido feliz. Los libros sí que fueron mi trinchera, lo siguen siendo hoy día, y Los ingratos se ha convertido en una gran roca a la que agarrarme. ¿Me dejáis que os lo cuente?

CONMIGO AL LADO, CURRETE

Mercedes es una profesora rural que en 1975 llega a su nuevo destino: un pueblo pequeño de lo que hoy llamamos España vaciada. Va acompañada de sus tres hijos: Vero, Isa y David y su marido, Natalio, irá a verles los fines de semana, ya que su trabajo está en Madrid. En el pueblo, David descubre que, aunque todo alrededor es campo, no puede ir más allá de los almendros. Que la vida consiste en llevar las rodillas llenas de heridas, en organizar trastadas con sus nuevos amigos, en comprar chucherías y cromos en la tienda de ultramarinos. Hasta que Mercedes, la señorita Mercedes para el resto del mundo, desbordada y muy sola, trae a casa una cuidadora para que la ayude con sus hijos y el resto de tareas. La señora Emérita es una mujer del pueblo, sorda, grandota y muy trabajadora, que se encariña rápidamente con David. Con el tiempo, la señora Emérita acabará siendo Eme y de ella David aprenderá que también puede llamarse Currete y que hay cicatrices en el cuerpo y heridas en el alma. Con David, Emérita recuperará los dictados y los deberes, se empeñará en escribir mejor y se convertirá en su sombra y su mano tendida, porque está recuperando algo que perdió hace mucho.

"Veníamos de las paredes de adobe. Íbamos hacia el papel pintado. Aspirábamos a ser gotelé. Veníamos de los hijos que se bañaron en sangre. De esa pintura bélica veníamos. Mis amigos, mis hermanas y yo éramos la mercromina."

Creo que quienes me seguís, lo sabéis: para mí, Delibes es uno de los mejores escritores que hayamos tenido. Nadie como él para crear universos y vidas con apenas tres frases y un paisaje. He releído en muchas ocasiones El camino, Cinco horas con Mario o Los santos inocentes y creo que nadie ha sido capaz de igualar su maestría para describir el mundo rural y la España más alejada de las grandes ciudades. Yo, que nunca tuve pueblo porque mi familia es de Madrid desde generaciones, compartía los de mis amigos, donde me adoptaban como a una más. Algunos los visité; otros me llegaban con sus calles, ruidos y olores a través de las cartas que nos cruzábamos en verano, aquellos veranos eternos, calientes y perezosos.

He encontrado un poquito de Delibes en Los ingratos. En esa manera de narrar en primera persona por parte de David, su continuo discurrir soltándolo todo, contando hasta el detalle más nimio aunque le resulte vergonzoso. En esas "aventuras" de él y sus amigos en el pueblo, en el colegio, con la familia. Y Pedro Simón lo hace con una prosa tan bonita, con unos pensamientos tan bien hilados, con tanta verdad en lo que escribe que es como si viajases hasta allí. Porque Los ingratos es, por encima de todo, un viaje a la infancia, a cuando ser feliz es lo sencillo, aunque no siempre ese viaje de vuelta es dichoso, porque tú ya no eres el que fuiste, ya no existes así. Es como si murieses un poco.

También es una reivindicación de las maestras rurales, que tanto hicieron y hacen por la educación de los niños en condiciones muchas veces muy precarias. Y por supuesto de las mujeres de los pueblos que no pudieron estudiar porque su vida se inmolaba trabajando y cuidando a los demás, pero que tenían muchas habilidades y mucha curiosidad por saber, que leían, que se interesaban por las cosas. 

Hay muchos olores a lo largo de Los ingratos. Olores de personas, de casas, de lugares, de la tienda de ultramarinos, de libros nuevos, de fuego. Quizá porque la memoria olfativa es muy poderosa y capaz de llevarnos de vuelta a lugares insospechados, perdidos en nuestros recuerdos. También es una novela de silencios, los de dentro y los de fuera, como dice Eme. Ella puede soportar su silencio interior, debido a su sordera, pero el que la destroza es el silencio de fuera: la casa vacía y escrupulósamente limpia, sin niños, sin risas, sin alboroto, sin trastos por medio. Y escuchamos silencios que no lo son: el crujir de las brasas, el tic tac del reloj, la lluvia fuera o en los cristales.

Los ingratos habla de la necesidad de decir las cosas a tiempo, de mostrar lo que sentimos porque no sabemos si dentro de un rato tendremos ocasión de hacerlo. La novela tiene mucho que ver con los afectos, con esos besos que dejamos de dar o con el olvido cuando otras obligaciones nos alejan. Decía Pedro Simón, en el encuentro que tuvimos vía Zoom con el Club de Lectura que "tenemos la fontanela sin cerrar en lo afectivo" y que nuestro ADN tiene mucho de lo rural, aunque este se vaya extinguiendo. Los cementerios de los pueblos están llenos de gente como Emérita, bien porque jamás llegaron a irse o bien porque volvieron después de partir.

En los pueblos españoles de los 70 había muchas cuidadoras que facilitaron el viaje de las mujeres que querían mejorar, progresar, tener una profesión y que enseñaron a sus hijos austeridad, educación, modales, a ser más con menos. Y Los ingratos es un maravilloso homenaje a ellas.  

Por favor, hacedme caso y dejaos envolver por Los ingratos. Pocas veces os emocionaréis con una lectura como con esta novela, sobre todo porque nos hace ser conscientes de nuestra propia fragilidad y de cómo todo se puede ir al garete en un momento sin que hayamos podido decir a la persona que se va que la queremos, que nos importa, que no deje de abrazarnos. "Todos estamos a una llamada de teléfono de que nos jodan la vida", nos dijo Pedro Simón. Y esa es una verdad tan inmensa que deberíamos tatuarla en cada esquina de nuestra vida.


 


miércoles, 5 de mayo de 2021

LA SANGRE DE BACO de Luís Manuel López Román

Vaya por delante que cuando leí Oscura Roma, la anterior novela del autor, me lo pasé en grande. La mezcla entre novela histórica y de misterio con toques de terror me pareció un hallazgo feliz. Era fresca, atrevida y, al mismo tiempo, nos llevaba sin dificultad a una ciudad que creíamos conocer bien (al menos en teoría) y que nos mostraba su cara menos amable, fuera de los grandes monumentos y la magnificencia. La presentación que de ella se hizo en el Certamen de Novela Histórica de Úbeda, además, fue de las que se recuerdan, no solo por lo bien que nos transmitió el autor su pasión por Roma, sino por el maravilloso espectáculo de presentador y presentado vestidos con togas romanas. Un éxito.

La sangre de Baco es la segunda entrega de las aventuras de Marco Lemurio, un personaje que ha llegado para quedarse. Un tipo con carisma, que vive al día a base de hacerse pasar por hechicero (aunque mucho de eso sí tiene por herencia de su madre) y con una habilidad asombrosa para encontrarse dentro de asuntos turbios. Pero también tiene su corazóncito, algo que ya intuímos en Oscura Roma y que en esta novela es aún más evidente. Vayamos, pues, a la Subura... parece que hay malas nuevas.

CIVIS ROMANUS SUM

Marco Lemurio regresa a Roma en pleno verano tras haber aceptado un trabajo que le ha mantenido fuera de la ciudad. Y se encuentra con que algo oscuro recorre las calles de la Subura, el barrio en el que vive. Muchos niños están desapareciendo y nadie sabe quién es el responsable. No hay pistas, solo se habla de encapuchados misteriosos que llegan por la noche. Marco se ve metido en medio del ojo del huracán por su fama, un tanto tenebrosa, de hechicero ya que hay quienes le culpan de estar detrás de los raptos. Por si fuera poco, su joven esclavo, Céfiro, ha organizado una especie de albergue nocturno en el piso que comparten para poner a salvo a niños que viven en la calle y que están en peligro de ser secuestrados. Un compromiso sellado con hogazas de pan como pago con el panadero, cuyo hijo ha desaparecido, pondrá a Marco Lemurio a investigar, pero no va a olvidar en ningún momento que lo que ansía es encontrar a quienes asesinaron a su madre, Neóbula. En un momento de gran crisis para Roma, con enfrentamientos políticos, hambre y violencia, el misterio, la brujería y las criaturas ocultas se enseñorean de las calles más pobres de la ciudad.

Ya os decía antes que Oscura Roma me pareció una novela brillante y diferente. Valiente, en cualquier caso. La sangre de Baco, que, como la anterior, es autoconclusiva, sí que mantiene algunos hilos argumentales con la primera y lanza algunos que se irán atando en las siguientes. Porque Marco Lemurio tiene aspiraciones de convertirse en saga y, sinceramente, creo que nos lo vamos a pasar muy bien. Lo cierto es que esta segunda entrega se nota mucho más trabajada: tanto el modo de narrar de Luís Manuel como los personajes han evolucionado, hay bastante más madurez como escritor en sus páginas. Unos personajes fuertes, bien perfilados, con carácter, pero siempre adaptados al momento histórico en el que se encuentran. El ritmo es constante y creciente, mantiene la atención del lector hasta el final.

La Subura, el barrio popular de Roma, vuelve también a convertirse en escenario y protagonista indiscutible. Sus calles, sus olores, sus tabernas, su jaleo constante están tan bien descritos que es muy sencillo sentirse allí a medida que leemos. La Subura no es la Roma que conocemos, allí no hay grandes monumentos ni los políticos se preocupan por lo que pase en ella, pero es el paisaje ideal para las idas y venidas de Marco Lemurio y para tropezarse con lo peor del ser humano o con seres de las tinieblas. Porque todo el asunto de las desapariciones de niños tiene un fondo tenebroso que se va a ir oscureciendo a lo largo de las páginas. 


Marco Lemurio, como personaje, es más sólido y nos va a permitir conocer más detalles de su pasado y de lo que esconde tras su fachada hermética y poco sociable. Esa coraza que se ha impuesto a sí mismo para que no le hieran tiene resquicios que muestran su interior: su relación casi de hermano mayor con Céfiro, la generosidad que acaba demostrando con los niños que se esconden en su casa (aunque proteste, rezongue y ponga el grito en el cielo) y las escenas con Ulises, un perro sin amo, nos demuestran que sí hay algo tierno dentro de él

La magia vuelve a estar muy presente en La sangre de Baco, perfectamente entretejida en la trama para que no chirríe y que tampoco se convierta en lo único destacable. Luís Manuel "juega" con las desapariciones de niños y con el vacío que existe sobre ese tipo de cosas en los registros históricos, sobre todo los niños de los barrios más humildes. La mortalidad infantil debía ser aterradora y muchos de ellos tendría que buscarse la vida en la calle, con todo el peligro que eso implica. Céfiro podría haber sido uno de esos niños de la calle y, aunque en muchas cosas lo es (si bien ha madurado mucho y muy pronto), la protección de Marco le otorga otro estatus. Hay que mirarle con los ojos de la época, de cómo debía arrancarle a la vida hasta el pan que come. En La sangre de Baco comienza a tomar conciencia de lo que debe hacer, va madurando poco a poco.

De nuevo, la gran protagonista en elipsis en Neóbula, la madre de Marco Lemurio asesinada años atrás. Muchos de los pasos que Marco da en esta novela se mueven en dirección a conocer más sobre ella. Necesita saber quién era realmente y cuánto de ella hay en él. También la figura de su padre está ahí, en el horizonte, pero Neóbula es un misterio y, aunque irá conociendo algunos detalles, quedan muchas cortinas por descorrer. 

Estamos una época de enorme crisis social, muy bien explicada en conversaciones o reflexiones de los personajes, con el hambre recorriendo hogares y calles. El mundo de la política se refleja en la novela como ajeno por completo a las necesidades de los habitantes de Roma. En cierto modo es un espejo en el que podría mirarse la política actual. Los políticos del momento habían perdido el control de las calles y no les importaba lanzar a unos ciudadanos contra otros. Luís Manuel siente una gran pasión, y así lo manifiesta siempre, por la Roma de la República, la que se desarrolló antes de Augusto porque "es dónde están todas sus esencias" como ciudad y como imperio. 

La sangre de Baco es una novela entretenidísima, con misterio, Historia, hechos y lugares tenebrosos, personajes ficticios y reales (ese Cicerón, de quien me tocó traducir sus Catilinarias al completo en COU...), intrigas políticas, tensión y mucha vida en las calles de la Subura. Merece la pena perderse en ellas y acompañar a Marco Lemurio, os aseguro emociones fuertes.

lunes, 26 de abril de 2021

CRUZADOS de Agustín Tejada

Conocí a Agustín Tejada en el marco del Certamen de Novela Histórica de Úbeda, cuando acudió a presentar la segunda entrega de su trilogía sobre la Hispania Romana, el general Sertorio y Kalaitos, el celtíbero. Nos habló de El último celtíbero con pasión contenida, metiéndonos en la época y en las luchas de poder que existían en aquel momento. Para mí fue un descubrimiento, porque nunca había leído nada de este autor, aunque no tardé en ponerme al día. La publicación, tiempo después y también con la Editorial Pàmies, de la tercera parte, Hispania. El sueño de un rebelde, trajo a Agustín a Madrid para su presentación. Eran otros tiempos, que ahora parecen casi de otra era (aunque los atesoro con cariño), y hubo casi lleno en la sala del Centro Riojano, donde se celebró. Y tuve el honor y la responsabilidad de presentarle por auténtica casualidad: quien debía encargarse de esta tarea tuvo un compromiso ineludible de última hora y el autor me lo pidió. Por suerte, Agustín tiene recursos suficientes para salir de estas situaciones y, al final, creo que el acto no quedó nada mal.

La noticia de que había decidido cambiar de época para su nueva novela, yéndose hasta la Edad Media, me alegró. La época siempre me resulta fascinante y la narrativa de Agustín tiene fuerza de sobra para el reto. Además Pàmies lo editó con una portada maravillosa, cosa que en ellos es ya marca de la casa, que la convertía en irresistible. Lo cierto es que la novela es de las que crean afición entre los amantes de la histórica, yo la he disfrutado hasta el final, y hoy quiero compartirlo con vosotros.

DEUS VULT

En el año 1096 y desde Toledo, parten cuatro hombres y una mujer hacia la Primera Cruzada, pero cada uno lo hace por motivos muy diferentes. Para Alonso de Liébana volver como un héroe supondría salvar la vida de su padre y hermanos, acusados de vender caballos a los infieles. A fray Genaro, maestro de novicios de San Servando, el obispo le ha encargado la misión de traer reliquias de Tierra Santa y a él se va a unir, sin que el obispo lo sepa, Moraima, su amante, una joven mudéjar que solo busca escapar de la miseria. La protección del grupo recae en Hervé, un caballero de pocas palabras pero de increíble habilidad con la espada, que carga a la espalda con un pasado oscuro. El quinto expedicionario es Hameth, esclavo que ha de atender las necesidades de todos.

Pero los planes trazados por el grupo se van al traste al cruzar Francia, ya que fray Genaro pierde a los dados el dinero, más que suficiente, que el obispo le había entregado para el viaje y avituallamiento del grupo. Volver en esas circunstancias a Toledo sería un deshonor, por lo que al monje se le ocurre la idea de que todos de enrolen en las huestes de Pedro el Ermitaño, el predicador y visionario de Amiens que ya ha reclutado a más de cincuenta mil fieles en la llamada Cruzada de los pobres, y está dispuesto a recuperar Jerusalem antes que los príncipes y nobles de Europa.

Con este arranque es difícil decir que no a una novela. Ya en la trilogía anterior me había gustado especialmente el carisma del que había dotado Agustín a Kalaitos y Sertorio y lo fácil que hacía la narración de la época. En Cruzados el contexto histórico es rotundamente distinto, con otras complejidades y lleno de hechos que, cada uno por su lado, darían para más de un libro. Personalmente creo que la Edad Media, en muchos casos, ha sido injustamente maltratada por quienes la consideran oscura, analfabeta, llena de pobreza, violencia y de enfermedades. Pero aunque mucho de eso hubiera, fueron también siglos de belleza, de cultura, del nacimiento de lenguas, libros y leyendas, de desarrollo, de luz. 

Agustín nos lleva al momento en que Urbano II llama a la Cruzada para recuperar Jerusalem de manos de los infieles. Pero esta llamada, al igual que llega a gobernantes, reyes y nobles, alcanza también a los más pobres, cuya fe es lo único que los mantiene en pie. Pedro el Ermitaño era un clérigo francés de Amiens que recogió el mensaje y consiguió exaltar y reclutar a miles de cristianos con rumbo a Constantinopla para conseguir tomar la ciudad santa. No eran nobles, apenas tenían nada más que sus propias ropas y, desde luego, nada que perder. Ni siquiera estaban formados militarmente, pero escapaban de las sequías, la pobreza y la hambruna y estaban dispuestos a cualquier cosa por defender Jerusalem. La intención podía ser buena, pero no dudaron en saquear y asesinar para conseguir armas, comida, dinero y todo lo necesario para el viaje, con el visto bueno de Pedro el Ermitaño.


El protagonista principal es Alonso de Liébana, un joven al que su padre obligó a profesar como novicio en el monasterio de San Servando, lugar que le es completamente extraño y al que no consigue adaptarse. La acusación a su padre y hermanos de vender caballos a los infieles da con ellos en prisión y la única opción para salvarles la vida y su honor es regresar victorioso de la Cruzada. Alonso, que comienza la novela con la inocencia típica de un chico de su edad, irá madurando y endureciéndose para convertirse en un soldado de Cristo. Fray Genaro, por el contrario, es ruin y desalmado. Tiene en su haber todos los pecados y las malas prácticas en las que podían caer los religiosos de la época y solo busca su beneficio. Tener una amante, aunque fuese una mudéjar no bautizada como Moraima, era casi la menor de sus faltas.

Moraima, a pesar de vivir sometida y usada por fray Genaro, es un personaje con una gran fortaleza y una ideas muy claras. A lo largo de la novela tendremos ocasión de comprobar su valentía y determinación, porque ser mujer embarcada en la locura violenta y llena de sangre en la que se convirtió la Cruzada de los pobres es ya una heroicidad en sí misma. Quiere mantenerse viva, como sea. Hervé, el caballero misterioso y de oscuro pasado, es, sin embargo, el prototipo del caballero medieval y por quien no he podido evitar sentir una gran admiración y simpatía. Aunque ya sabéis cómo me gusta a mí un buen caballero de férreas convicciones. Y Hameth es la sorpresa, el en apariencia secundario que se va comiendo escena tras escena y va creciendo en importancia y en personalidad. Musulmán pero muy crítico con las religiones, llega a asegurar en un momento que tanto Mahoma como Cristo son inventos de los hombres para enfrentarse entre ellos, para levantar guerras. Viaja con la intención de conseguir dinero para su libertad y demuestra, a lo largo de toda la novela, que la amistad y el amor son sentimientos que están por encima de cualquier consideración.

Narrada en primera persona por Alonso de Liébana, Agustín nos va llevando a buen ritmo por toda la historia gracias a capítulos cortos, que te hacen querer seguir leyendo, y a diálogos vivos y reales, en los que es fácil ponerse en el lugar de los personajes. La recreación de la época es brillante, con todas sus luces y sus sombras. La fe enfrentada a los desmanes más terribles, el honor, la amistad, quedan grabadas a fuego en el lector. Como también los olores, los paisajes, la brutalidad, las batallas... todo está descrito con detalle pero sin resultar pesado o innecesario. Me ha encantado también el dibujo que hace de la sociedad del momento y de la religión. De cómo contrapone lo mejor y peor del ser humano.

Encontraremos a lo largo de la novela, como o puede ser de otra manera, a personajes históricos reales, como Bernardo de Seridac, obispo de Toledo; el propio Pedro el Ermitaño que, aunque Agustín no se recrea en su figura (y tampoco la cuestiona ni la ensalza), resulta fascinante. Alejo I, el emperador bizantino y Kilij Arslan, el sultan turco, tienen gran protagonismo en la segunda parte de la novela, al igual que Anna Commeno, hija de Alejo I, una mujer inteligente y muy formada y también muy desconocida, cuyos escritos son la mejor fuente para conocer los detalles de la llegada de los ejércitos de Europa a aquellas tierras.

Aventuras, saqueos, amistad, batallas, crueldad y amor, todo tiene cabida en Cruzados, una estupenda novela llena de Historia, con mayúsculas, y de pequeñas historias que nos hablan de hombres y mujeres de la época, de fe, de sangre derramada y de lo peor del ser humano; pero también de lo mejor: el honor, el valor y el poder de la amistad. Una novela viva y apasionante de luz y oscuridad. Solo puedo recomendarla, preparaos para disfrutarla.