El autor, Javier Pérez Bolet, nos trae esta novela después de haber escrito una tetralogía sobre la Primera Cruzada, titulada Deus Vult. Vuelve a interesarse por una época en la que la guerra, la ambición, el poder, la religión y el linaje están profundamente unidos. Tres siglos de diferencia y sigue habiendo muchos puntos en común, a pesar de que ni el escenario ni los protagonistas tengan nada que ver. Así pues nos vamos a la Castilla del siglo XIV y al ascenso al trono de Pedro I. ¿Venís?
NI QUITO NI PONGO REY...
En una fragmentada península ibérica, Castilla es el epicentro de una lucha despiadada por el poder. Pedro I asciende al trono tras la muerte de su padre, Alfonso XI, siendo solo un adolescente. Pronto se dará cuenta de que se enfrenta a un reino dividido, en el que las intrigas de la nobleza le ponen muchos palos en las ruedas. Además debe enfrentarse a las maniobras de su hermanastro, Enrique de Trastámara, para arrebatarle el poder. Pedro intentará mantener el control utilizando tanto la diplomacia como la mano dura, pero su relación con María de Padilla y el rechazo a su esposa, Blanca de Borbón, le enfrentan aún más frontalmente contra la aristocracia. Esta situación provoca que sus más allegados le traicionen y se vuelvan contra él, obligándole a gobernar con dureza.
Enrique de Trastámara, tras permanecer exiliado en Francia y tejer allí fuertes alianzas, regresa a Castilla para hacerse con el trono en mitad de la guerra con Aragón. El conflicto entre ambos hermanos pronto desbordará lo dinástico y se convertirá en internacional.
Y es que el enfrentamiento entre Pedro I y Enrique de Trastámara ofrece un guion perfecto para El Fratricida. Traiciones, venganzas, batallas y fidelidades cambiantes van a alterar el rumbo del reino de Castilla y Javier Pérez Bolet consigue hacernos sentir allí, posicionarnos... y también dudar de nuestras propias certezas respecto a lo que sabíamos o creíamos saber. Aunque, personalmente, creo que lo más interesante de la novela no está en lo que cuenta, sino en cómo lo cuenta, porque a lo largo de toda la narración lo que subyace es la idea de que, aunque creamos conocer bien los hechos, quizá no todo es lo que parece.
Siglos después de su muerte, Pedro I sigue soportando el peso de ser llamado Pedro el Cruel y esta etiqueta, quizá, condiciona a quienes se acercan a su figura. El autor ha tratado de enfrentarse a ello y buscar el mejor modo de contarnos cómo se llegó a tal punto. Lo cierto es que el enfrentamiento entre los hermanos Pedro y Enrique por el trono de Castilla fue cualquier cosa menos moderado. Ambos fueron capaces de lo peor para conseguir sus fines. La diferencia en esta novela es que se aleja del estereotipo de Pedro como "malo de la película" y de Enrique como perfecto "reivindicador" de sus derechos. Los dos fueron capaces de ejercer la violencia en pos de imponer sus derechos sobre el trono de Castilla. Sí, Pedro I es el rey legítimo, pero no por ello todo lo que decide y todo lo que hace es justo; Enrique es el que tiene la posición más débil, pero tampoco sus actos le convierten en alguien más honesto.
La guerra entre ambos comenzó dentro de su propia familia y acabó implicando a todo un reino.Pedro era hijo de Alfonso XI y de su esposa legítima, María de Portugal. Pero cuando ese matrimonio se celebra, Alfonso ya llevaba años de relación con Leonor de Guzmán, con quien tuvo diez hijos. Pedro se crio sin su padre, apartado de la corte, mientras Leonor y sus hijos disfrutaban de ella como si les perteneciese por completo. En mi opinión, lo más interesante de la novela es cómo el autor se aleja de esta idea de que todo se produjo por una rivalidad entre hermanos: su enfrentamiento acabó arrastrando a la nobleza, a las ciudades, a la Iglesia e, incluso, a potencias extranjeras. No son solo dos hermanos que se disputan un trono, sino que cada uno de ellos va a atraer a su lado a una parte de la sociedad castellana, polarizando así todo el reino. Y se llega a una guerra civil.
Como os decía antes, las mujeres tienen gran importancia en la novela. La influencia que pueden ejercer sobre los principales protagonistas, sus movimientos en la sombra, su abandono (el de Blanca de Borbón fue especialmente doloroso), el modo en que articulan sus familias y gestionan la relación con ellos son fundamentales. Lo fueron en su día y aquí Javier Pérez Bolet lo hace sobresalir de forma especial, sobre todo por el panorama que Alfonso XI deja a sus hijos, tanto el legítimo como a los ilegítimos, y a quienes fueron su esposa y su amante. La guerra que tendrá lugar entre Pedro y Enrique viene de aquí: de los agravios y la legitimidad. De los afectos.
El ritmo de la novela no decae, aunque haya momentos "valle" que sirven para enlazar otros de más tensión. De alguna manera siempre está pasando algo, siempre hay algún detalle que nos mantiene anclados a la lectura. La documentación que el autor ha utilizado se nota, pero no abruma. No es una mera sucesión de batallas y fechas, sino que nos presenta los hechos que sucedieron causados por las decisiones de unos protagonistas que están muy lejos de ser estatuas parlantes. Tienen carácter, sentimientos, aman, odian, se equivocan, aciertan y arrastran con ellos sus propios conflictos personales.También los diálogos son naturales, nada impostados, y se adaptan perfectamente a contexto en el que se producen.
Otro acierto es la visión que nos ofrece el autor de la época. Sabe contarnos muy bien las luchas por el poder o por posicionarse cerca de él, los matrimonios concertados, la violencia, las enfermedades que diezmaban la población, los cambios de opinión de una nobleza movida solo por sus intereses. Estamos en una sociedad en la que la violencia es una manera de hacer política y, a su vez, de cambiar la legitimidad.
Después de leerla quizá, como lectores, cambiéis de opinión respecto a lo que sabíais o creíais saber. O quizá no, pero seguro que os surge más de una duda o consigue que os replanteéis alguna. Sea como sea, El Fratricida es una estupenda novela para disfrutar de un momento histórico apasionante.

No hay comentarios:
Publicar un comentario