lunes, 8 de abril de 2024

BAJO TIERRA SECA de César Pérez Gellida

 

Pues sí, lo cierto es que me alegré mucho del Premio Nadal a César Pérez Gellida, aunque no pude evitar tener esa sensación de "fichaje", de la que ya os hablé en mi post acerca de cositas varias del mundo literario y que podéis leer AQUÍ. Me alegré porque es un autor al que sigo desde hace tiempo, a quien conozco y que me cae muy bien. Respecto a la novela, me interesó escuchar que era un cambio respecto a las anteriores, tanto en temática como en estilo, y también me alegré porque he de confesar que sus tres últimos libros no terminaron de llenarme. No sé si es por la presión que supone sacar un título al año (no soy escritora y solo puedo imaginar lo que debe suponer en cuanto a creación de trama y personajes), pero tenía la sensación de que en muchas cosas se repetía, que caía en algunos clichés y que había optado por la senda de lo brutal, un poco al estilo Carmen Mola pero con su sello, lo que, quizá, hacía una sombra demasiado larga que tapaba el resto de la historia. Como digo, esta es una opinión completamente personal, no un dogma de fe, y sé que muchos de mis amigos lectores disfrutaron mucho de esos títulos.

Siempre he sentido fascinación por las novelas negras, sean "maridadas" con las históricas o no, que se ambientan en el mundo rural. Lo he comentado otras veces en este blog: en los pueblos, en las zonas más apartadas, los odios se enquistan durante generaciones, creciendo y desarrollándose hasta que acaban, muchas veces, explotando de manera terrible, incluso cuando ya se ha olvidado el motivo original que los creó. Y me gustó mucho saber que la novela de César se ambientaba en ese entorno. Terminó de seducirme cuando asistí a la presentación de la novela en el Espacio Fundación Telefónica y hoy os puedo asegurar que Gellida ha vuelto por sus fueros. Al menos, por los que a mí me ganaron con sus primeras novelas y, como lectora, me ha hecho muy feliz. Nos vamos a 1917, a ese momento prepandemia de gripe que asoló Europa, y a Extremadura. Vamos a conocer a Antonia Monterroso.

VENENO, CERDOS Y DIAMANTES

(Perdón por la licencia y la similitud con la fantástica película de Guy Ritchie en el título de la reseña, mas adelante la explico)

El 17 de abril de 1917, en la estación de tren de Zafra, es detenido Jacinto Padilla, capataz de una de las haciendas más importantes de la zona, con una bolsa llena de joyas propiedad de su patrona, Antonia Monterroso. Un incendio ha devastado la casa y la explotación porcina para la que trabajaba Padilla y Antonia ha desaparecido sin dejar rastro. Todas las sospechas recaen sobre el capataz, aunque él se defiende alegando que el incendio lo provocó por orden de ella y que le entregó las joyas, porque tenían un plan para escapar juntos, pero nada parece cuadrar. Antonia Monterroso es conocida por todos como la Viuda, ya que ha enterrado a dos maridos, y también son conocidos sus muchos encantos femeninos, entre los que destaca una envergadura fuera de lo común, tanto en altura como en proporciones.

El teniente Martín Gallardo, de la Guardia Civil, se desplaza desde Almendralejo para hacerse cargo de la investigación junto al sargento Pacheco. Gallardo había recibido, unos días atrás, una denuncia de Antonia contra Jacinto Padilla, asegurando que le temía y estaba amenazada por él. En el interrogatorio al que le somete, Padilla va a confesar una serie de sangrientos crímenes de los que nadie sabe nada. Culpa a Antonia de ellos, aunque no oculta su colaboración para esconderlos. Gallardo, como la mayoría de los habitantes de la región, conoce a la Viuda y las habladurías que ha habido siempre sobre ella, pero lo que no sabe es que su investigación va a abrir muchos frentes con los que no contaba y que la violencia se va a desatar a su alrededor.

Cuando hace unos días Eva, del blog La Historia en mis Libros, y yo comentamos esta novela en el podcast del Certamen de Novela Histórica de Úbeda, una de las cosas que remarqué es que esta novela es Gellida, pero sin ser él. Se reconoce su estilo, sí, pero hay algo más, como un salto adelante, Bajo tierra seca tiene un desarrollo más pausado de lo que es habitual en él (que no quiere decir lento ni mucho menos), pero con una marcha más de madurez en el estilo. Nunca dejan de pasar cosas y utiliza el recurso de los flasbacks para contarnos la vida de Antonia Monterroso y explicarnos cómo se ha llegado a ese momento. 

En la presentación que os comentaba, César nos explicó que su Antonia está basada (y lo explica en la nota final de la novela) en Belle Gunnes, una mujer que, a finales del siglo XIX, en el norte de Indiana, fue considerada una de las mayores asesinas en serie de la historia. Una viuda negra que captaba a sus víctimas mediante anuncios de prensa buscando marido y que llegó a matar a dos esposos y a varios de sus hijos para cobrar el dinero de los seguros de vida. Oficialmente no hay una cifra concreta de sus víctimas, aunque se cree que fueron más de sesenta. En su charla, César contó que el caso le había impactado y que, en esta novela, trató de "españolizarlo" pero, sobre todo, intentar hacer entender cómo Antonia Monterroso tomó ese camino, por qué es como es y hace lo que hace. Pero sin juzgar, lo que es un ejercicio muy interesante.

Antonia es, durante la mayor parte de la novela, una protagonista "in absentia": solo la vemos cuando la narración nos lleva atrás en el tiempo y seguimos sus pasos. Pero su sombra sobrevuela constantemente todo lo que sucede. Una mujer dura, sin piedad, que sabe bien cómo manejar a los hombres, a los que odia casi en su totalidad, y cuya obsesión mayor es el dinero. Cuanto más, mejor. No es fácil de entender, aunque esa sea la intención de César. Su ambición está por encima de todo y no le tiembla el pulso cuando llega el momento, pero también sabe manipular como nadie, hacerse la víctima o seducir a quien se lo proponga. 

Martín Gallardo sí que consigue apoderarse de nuestra atención, la buena, desde el primer momento. Un personaje lleno de matices, a la vez sólido y vulnerable; un veterano de la guerra de Filipinas en la que acabó prisionero en condiciones terribles y de la que trajo una fuerte adicción al opio. Sin embargo, ni en los peores momentos de abstinencia se aparta de su deber y sus convicciones. Su código ético es rocoso, sabe lo que tiene que hacer y cómo hacerlo, aunque también hay un corazón latiendo bajo su apariencia implacable. César ha sabido componer un protagonista de esos a los que te encantaría conocer en persona.

Cada uno de los personajes que desfilan por la novela están dibujados con precisión. De todos vamos a saber algo que los ha colocado exactamente donde están. Y de todos nos da referencias, a veces breves pero muy bien dirigidas, para que los conozcamos: Acevedo, el poderoso cacique de la zona, que se cree intocable y por encima del bien y del mal; Patricio Carvajal, el hombre para todo de Acevedo, capaz de lo que sea por cumplir las órdenes de su patrón; Rosario, a la que la vida ha golpeado de muchas maneras, pero que conserva un fondo de ternura al que pocos tienen acceso; el sargento Pacheco, segundo de Gallardo, leal, honrado e íntegro.

La ambientación resulta impecable en esa Extremadura de 1917, en la que la diferencia de clases era un abismo y donde los ricos terratenientes parecían poder hacer lo que les diese la gana, incluso matar, sin tener ningún castigo. Hay mucho de western en Bajo tierra seca: una tierra sin ley, hombres de gatillo o cuchillo fácil y un representante de la justicia enfrentado a todos ellos. El calor, la sequedad del terreno, las calles oscuras de Zafra... todo compone un escenario perfecto para lo que nos está contando. Es verdad que las andanzas de Antonia Monterroso nos llevarán a Sevilla o Badajoz, por ejemplo, aunque de manera puntual y por motivos muy concretos. Los campos que rodean Zafra son un escenario poderoso.

¿Qué me ha convencido? En general, todo. El ritmo, la atmósfera, los personajes, el goteo de información acerca de lo que pasaba en la finca de Antonia Monterroso (y que en un momento concreto tiene un muy cercano parecido a lo que solía hacer El Ladrillo en la genial Snatch: cerdos y diamantes) y las andanzas de esta, tanto antes de llegar allí como cuando ya estaba instalada, los giros de guion, las escenas a tiro limpio. Y los diálogos, siempre uno de los fuertes de César, que nos hacen sentir como si estuviésemos siendo testigos presenciales de lo que ocurre. Es cierto, pero esto ya es problema mío, que hubo un par de cosas que me imaginé, pero por más que lo he intentado no he conseguido entender a Antonia Monterroso. Lleva la maldad en el ADN y, aunque en su biografía hay motivos de sobra para haberse convertido en lo que es, me ha erizado mucho la piel su manera de ser juez y parte cuando le conviene, dictando sentencia bajo su único criterio y convenciendo a otros para tapar sus crímenes. Es posible que lo que yo no lleve bien sea la manipulación en todas sus facetas.

Algún conejito sacado de la chistera a última hora sí que hay, pero redondean bien un final en el que todo queda explicado y en el que hay un poco de justicia poética para algunos protagonistas. ¿Cerrado? Bueno, eso tenéis que descubrirlo vosotros, porque el mal a veces se filtra por las brechas más pequeñas o se topa con uno mayor. Sea como sea, Bajo tierra seca es una estupenda novela que, creo, puede ser un punto de inflexión importante, y no solo por el premio, en la carrera de César Pérez Gellida. Estaré esperando.




 


1 comentario:

  1. ¡Hola!

    Madre mía, ¡qué reseña más completa! He de decir que conocía esta novela pero no me llamaba especialmente la atención, además de que había intentado leer al autor hace tiempo y no me convenció. Pero es que la trama de esta novela, la ambientación, que está inspirada en un caso real y que notas que el escritor ha dado un paso más en su carrera... ¡Me la apunto! Muchas gracias por tu cuidada reseña.

    Nos vemos entre páginas
    La vida de mi silencio

    ResponderEliminar