miércoles, 20 de julio de 2022

LA ÚLTIMA CABAÑA de Yolanda Regidor

No sé vosotros, pero a mí este calor me impide hasta pensar. Desventajas de no poder permitirme instalar aire acondicionado en casa, que seguro que mejoraba mucho el asunto. Y atrincherarme en la sección de sofás de El Corte Inglés, por aquello del fresquito, con un libro no creo que les hiciese mucha gracia. Con todo, voy sacando adelante lecturas que tenía pendientes, porque la opción de vivir sin leer me mata. Gracias a eso llegué a La última cabaña, de Yolanda Regidor, y os confieso que ha sido una estancia increíble porque me ha aportado intensidad, luz y recuerdos. Es una novela, en mi opinión, difícil de catalogar. Básicamente son los diarios de un hombre que ya lo ha perdido todo y que ha decidido retirarse a una cabaña alejada del mundo, considerando muy seriamente que esos sean sus últimos días de existencia. Pero la naturaleza, el instinto de supervivencia, la solidaridad inesperada y un amigo peludo al que cuidar le van limando las aristas, moldeándolo, dándole un nuevo perfil que ya no se clava, sino que se adapta. 

Contado así, a toda prisa, quizá suene un poco a libro de superación personal y demás. Pero no, os lo aseguro. La última cabaña es una novela que contiene una historia dura, de pasados rotos, heridas del alma y recuerdos que aún sangran narrada de tal modo que tienes que quedarte allí. Te crea la necesidad de continuar al lado del protagonista que se desnuda ante nuestros ojos mientras elije nuevas ropas con las que salir de nuevo al mundo. Una historia maravillosa en su crudeza en la que, seguro, encontramos similitudes con nosotros mismos. ¿Venís? La puerta está abierta...

"...Y SE FUE A VIVIR AL ESTE DEL EDÉN"

El Escolta, que es como acaban todos llamándole, se instala en una cabaña en las afueras de un pueblo en medio de la montaña. Llega con el alma y el corazón rotos y su único deseo es dejarse llevar, que sus días terminen cuanto antes. Si es necesario, autodestruirse. La cabaña tiene lo necesario para vivir de forma relativamente cómoda, una estantería con libros, herramientas. El bosque que la rodea surte al Escolta de madera para la chimenea. En un cajón encontrará unos cuadernos en blanco que le servirán para contar su día a día, pero también para volcar parte de sus recuerdos. Rabia, soledad, dolor, el desconsuelo del desamor que arrastra desde niño... y todo lo nuevo que le rodea, a lo que se irá enfrentando, quemando etapas y pedazos de pasado, plantando cara, sin haberlo previsto, a los fantasmas que le persiguen, a los muertos que aún lleva en el fondo de los ojos. 

La última cabaña obtuvo el Premio Jaén de Novela y es, a pesar de la oscuridad de la que parte, un canto desgarrado y liberador de la búsqueda de la felicidad aún sin esperarlo ni quererlo, de la soledad. Y también de la vida salvaje, libre, hermosa, a veces brutal en su equilibrio instintivo. Cuando el Escolta llega a la cabaña lo hace con todas las costuras del alma rotas y pensando que es un buen sitio para terminar con una existencia que se le hace insoportable. En los tres cuadernos que escribe y que componen la novela, nos contará sus días allí, los recuerdos que le sacuden, su hartazgo, su desolación... pero también las pequeñas alegrías cotidianas de las que en principio no es muy consciente: la primera nevada, una noche sin pesadillas, la sonrisa de la dependienta del supermercado del pueblo, una visita con pastel de calabaza. 

En ningún momento se nos dice dónde estamos, ni en qué momento, ni el nombre del Escolta. Al estar escrito en primera persona en forma de diario este último extremo es lógico. Cada amanecer supone un nuevo reto para el protagonista que, aunque tiene claro que quiere desaparecer para siempre, su instinto de supervivencia le hace demorarlo cada vez más. Será un pequeño y desvalido cachorro de lobo, al que bautiza como Böcklin, el que le marcará por vez primera una meta: si el lobezno sobrevive, él también. Ahora tiene una misión: cuidar y proteger al cachorro. Será Böcklin el que arranque las primeras risas en mucho tiempo al Escolta, el que haga crecer su instinto protector aún sabiendo que es un animal salvaje y, seguramente, acabará buscando su lugar en el bosque.

La soledad elegida por el Escolta en un paisaje tan alejado de todo lo conocido le va a ir sirviendo como terapia, no solo para silenciar los gritos de su pasado, sino para empezar a valorar la compañía. El anciano que le visita, con su tranquila filosofía de vida, será un bálsamo y una forma de empezar a considerar a la gente a la que va conociendo. En sus escritos iremos viendo su evolución, cómo va yendo hacia adelante ya no solo recosiéndose las costuras rotas, sino revestido de nuevas convicciones. Se reconstruye. Incluso con cimientos llenos de lodo y podredumbre, se puede volver a levantar un edificio nuevo.

Es fácil sentirse identificado con muchas de las cosas que el Escolta va escribiendo en sus cuadernos. Los sentimientos que describe, incluso los peores, son fácilmente reconocibles. Todos nos hemos sentido abandonados, no queridos, llenos de miedos, con algún secreto enquistado en lo más profundo. Pero esta novela nos muestra cómo es posible dejar atrás incluso lo peor de nosotros mismos, aún cuando creamos que ya no es posible seguir adelante. La naturaleza humana empuja a sobrevivir, a levantarnos por muchas veces que nos caigamos, a buscar la compañía de otros que nos complementen. El Escolta lo va descubriendo con cada amanecer, con cada día que sigue vivo, con cada "excusa" puesta para no quitarse de en medio. con cada "misión" que se va imponiendo para completar antes de que todo acabe. Sin darse cuenta, todos son pasos hollando un nuevo camino

Hay mucha simbología en este libro. Cada personaje simboliza algo fundamental en la vida: la amistad, la inocencia, el amor puro, la redención... y, personalmente, me encantó el paralelismo con el gran Pepe Calvalho cuando el Escolta elige libros o páginas de algunos de ellos para encender la chimenea. 

La última cabaña es una novela para degustar con calma, respirando sus líneas. La vida la damos por sobrentendida, que muchas cosas nos llegan por azar, por culpa de otros, por culpas impuestas, por lo que nos hacen y nos hacemos. Y seguramente sea más sencillo que todo esto, aunque cada uno debemos descubrirlo a nuestro modo. Como nos dijo Yolanda Regidor, la autora, en el encuentro que mantivimos para el Club de Lectura LL: el infierno real es no existir para nadie. Cambiemos eso. Vivamos. Elijamos nuestra última cabaña y abramos las ventanas para que entre el sol.


miércoles, 6 de julio de 2022

DOS HERMANAS PARA UN REY de Isabel Stilwell

Como fan y seguidora declarada de la novela histórica, reconozco que mis referentes suelen ser autores españoles. En mi opinión, el género brilla con luz propia y goza de una salud excelente a lo que ayuda también, como he comentado dentro de la novela negra, el "mestizaje" (tan nuestro) con otros géneros. Otra cuestión sería si hay más títulos de ficción histórica que de novela histórica pura, pero en ese jardín no voy a meterme hoy porque es denso y requiere argumentos de peso. Y aunque en ocasiones he leído novelas históricas de autores extranjeros, especialmente ingleses o italianos, nunca me había enfrentado a la lectura de una historia escrita en Portugal, nuestro vecino de península. 

Por favor, no me interpretéis mal, ya sabéis que no leo los resúmenes de los libros antes de ponerme con ellos, pero la portada me sorprendió. Quizá porque se aleja bastante de los estándares habituales en las editoriales españolas (algunos se repiten hasta la saciedad, también es cierto) y me recordaba a una imagen de promoción de alguna serie histórica de televisión, como Los Tudor, por ejemplo. Lo cierto es que es la misma que salió en la edición portuguesa, salvo que allí el fondo es verde y no rojo. También el título me gusta más en la versión portuguesa, porque allí es Manuel I y el subtítulo Dos hermanas para un rey, lo que me parece más acertado y menos proclive a hacer pensar a posibles lectores qué se van a encontrar dentro. Obviando todo esto, nos encontramos ante una novela histórica sólida, muy bien narrada y sumamente entretenida que nos va a hacer aprender muchas cosas de la historia portuguesa pero también de la nuestra vista desde su lado. 

ISABEL Y MARÍA DE ARAGÓN

Manuel, duque de Beja, no había nacido para ser rey. Pero a finales del siglo XV el destino y los hados conspiraron para que se convirtiera en el heredero de Juan II y que acabase siendo apodado "el Afortunado". Tuvo un reinado próspero, sus naves llegaron a la India y a Brasil y Lisboa se convirtió, en los años de su reinado, en el centro del próspero comercio de las especias. Pero un rey necesita una esposa e Isabel, hija de los Reyes Católicos, que en aquel momento era viuda tras la muerte de Alfonso, el hijo de Juan II, era la candidata perfecta. Isabel no quería volver a casarse, pero hubo de plegarse a la voluntad de sus padres. Desde que puso sus ojos en ella, Manuel estuvo decidido a hacerla suya. Pero el matrimonio se truncó de forma dramática: Isabel murió de parto tras alumbrar a Miguel de la Paz, un niño que Manuel decidió dejar al cuidado de sus abuelos maternos, los Reyes Católicos. Fue jurado heredero de Portugal, Castilla y León y Aragón, pero, tristemente, falleció sin haber cumplido los dos añós de edad. Había llegado el momento de María, la hermana de Isabel, de ocupar el lugar que ella dejó como esposa de Manuel I.

Como os decía antes, Dos hermanas para un rey es una gran novela histórica que recoge hechos sucedidos tanto en Portugal como en Castilla, en un momento en que todos los reinos peninsulares podrían haber quedado unidos. Muestra en todo momento un equilibrio perfecto entre la rigurosidad de los hechos históricos con el entretenimiento, lo que hace que sus 750 páginas nos vuelen en las manos. Ante nuestros ojos pasarán reyes portugueses, castellanos y aragoneses, príncipes y princesas, personajes ilustres de ambas cortes y nombres tan conocidos como Juana la Bertraneja, Bartolomé Días o Vasco da Gama. 

La novela tiene un arranque potente, con un primer capítulo que impacta. He de decir que nunca había leído algo semejante en relación con la Beltraneja y el modo en que fue recluida en un convento; la escena es tan visual como emocionante. A partir de ahí conoceremos a Manuel desde su infancia y formación, en la que tuvo papel preponderante su madre, Beatriz de Portugal. Se nos va desarrollando su figura como un rey ecuánime, con la cabeza muy bien amueblada, un gran estadista, pero también un hombre enamorado y sensible que admiraba profundamente a Fernando el Católico, especialmente en su faceta batalladora, y también a Isabel la Católica por su inteligencia.

Iremos descubriendo la vida de un rey que marcó la historia de Portugal y, a su lado, conoceremos cómo se desarrollaban las cosas en Castilla y Aragón y lo hace con rigor, sin machacarnos con la tan desesperante leyenda negra, demostrando que la ficción no puede estar por encima de los hechos históricos. Su matrimonio con Isabel y el dolor por su pérdida y la posterior unión con María, que fue sólida y fructífera (tuvieron diez hijos) están narrados con viveza y naturalidad. Manuel encontró en María su más fervoroso apoyo en sus proyectos como rey. 

Dos hermanas para un rey es una gran novela que lo tiene todo para fascinar a los amantes de la novela histórica. Desde el modo en que las hijas de los reyes eran usadas como "moneda de cambio" para conseguir uniones políticas hasta intrigas políticas y palaciegas, pactos, tratados, amor y poder en una época apasionante que iba a cambiar el mundo tal como se conocía. El estilo de Isabel Stilwell es ameno e intenso, en ocasiones muy sensorial. Sabe cómo conseguir que la narración no decaiga en ningún momento.

Siempre he mantenido que la muerte tan prematura de Miguel de la Paz privó a los reinos peninsulares de una unión que hubiese podido durar siglos. Su desaparición supuso que su tía Juana, casada con el impresentable de Felipe el Hermoso, pasase a ser la heredera de Castilla, León y Aragón, pero no del trono de Portugal. Y, con su estirpe, llegó la casa de Habsburgo: los Austrias. Curioso el destino ¿verdad? Disfrutad de la lectura y contadme qué os ha parecido.

lunes, 4 de julio de 2022

EL LEVIATÁN de Rosie Andrews

He dedicado las últimas semanas a "recomponerme" un poco después de casi un año que me ha consumido las energías mentales hasta la extenuación.  Me he visto sobrepasada, con el cerebro escaso de revoluciones, sin ganas de leer, ni de escribir, ni de nada. Una mala racha, es verdad, pero es que se me están empezando a acumular y no quiero. Así que busco refugio en los mios, en los amigos, en lo que me llena y en libros que me sorprendan y me atrapen. Y gracias a una sugerencia de Pedro Pablo Uceda, buen amigo y con el que comparto espacio en el podcast del Certamen de Novela Histórica de Úbeda, llegué al libro que hoy os traigo: El leviatán, la primera novela de la inglesa Rosie Andrews y publicada por Atico de los libros, una editorial que suele apostar por títulos de este estilo: poderosos, originales y diferentes.

Como no suelo leer los resúmenes de las contraportadas (ya he explicado alguna vez que o cuentan demasiado o te despistan por completo) no estaba segura de lo que me iba a encontrar. Y os reconozco que durante las cincuenta primeras páginas no sabía muy bien qué me estaban contando, pero no podía parar. El modo de narrar de Rosie Andrews te absorbe y te deja poca escapatoria y lo hace sin un ritmo trepidante y sin golpes de efecto, solo contando lo que el protagonista, Thomas Treadwater, se va encontrando a su regreso a casa en medio de un invierno helado y hostil. Cuando la terminé, me había ganado por completo. Y es de las que se te quedan dentro, mi memoria no deja de volver a ella. Hay todo un mundo embriagador y siniestro en este libro.

ALGO OSCURO HA DESPERTADO

La mañana del día de Navidad de 1643, Thomas Treadwater regresa a casa después de combatir con las tropas parlamentarias en la primera Guerra Civil Inglesa. Vuelve herido y desanimado y con una carta de su hermana Esther en el bolsillo con un tono muy preocupante. En ella le habla de los problemas de la granja familiar, de la enfermedad de su padre y le previene muy seriamente contra Chrisa Moore, la nueva criada de la casa, que parece haberse hecho con el control total incluso de la voluntad del dueño de la hacienda. Preocupado, Thomas atraviesa un paisaje intensamente nevado y solitario y, al llegar a las tierras de su propiedad, todo es muerte y desolación: el ganado muerto, los campos descuidados. En la casa nada es mejor. Su padre ha sufrido una apoplejía que le ha dejado completamente inmóvil y sin reaccionar a los estímulos. Esther, en medio de todo ese terrible panorama, le explica que Chrisa Moore está en prisión acusada de brujería.

El relato que va componiendo Esther está lleno de inconsistencias, a Thomas ni siquiera le parece la misma jovencita que dejó al partir a la guerra y se da cuenta de que su odio por Chrisa Moore es casi enfermizo. Por si eso fuera poco, la aparición en la granja de John Rutherford, conocido cazador de brujas, para solicitar el testimonio de Esther hace que, con la declaración de esta, la sirviente más joven de la casa, Joan, y su madre acaben también en prisión. Thomas está sobrepasado y trata de buscar respuestas en las autoridades. Chrisa Moore no habla, no se defiende. Solo afirma estar embarazada del padre de Thomas y Esther, algo que no se concibe posible a pesar de las insinuaciones de Esther al respecto. 

Frío. Eso es lo primero que me llegó al empezar a leer El leviatán. Porque Rosie Andrews nos mete en él de cabeza desde el primer momento. El regreso de Thomas a su casa, atravesando paisajes helados; su hogar, antes cálido y acogedor, se ha vuelto gris, oscuro, casi glacial. Siempre hubo una mesa a la que sentarse y comida de la que disfrutar, ahora todo es escaso, insípido, sin alma. Como si algo tenebroso se hubiese enseñoreado de aquellos muros. Os decía antes que, en las primeras páginas, me despistaron ciertos capítulos que se trasladaban unos años adelante, a un lugar indefinido en el que un matrimonio parecía vivir una situación extraña e inquietante. Es a mitad de la novela cuando encajas las piezas y entonces la novela adquiere sus matices mas sombríos y lo que vamos averiguando provoca un cierto escalofrío.

Particularmente no creo que sea una novela histórica "canónica", sino de una ficción histórica realmente brillante, que utiliza unos marcos de hechos históricos reales y concretos para inscribir en ellos la acción. Sabemos en qué año y en qué época nos movemos por lo que Thomas, que nos narra lo que sucede en primera persona, nos detalla. Pero sí es un magnífico retrato de la sociedad rural en la Inglaterra del siglo XVII, con la religión imponiéndose en casi todas las facetas de la vida y un concepto del mal como algo real, capaz de imponirse y emponzoñarlo todo.

El misterio de Chrisa Moore, encerrada en la prisión del pueblo a la espera de que la naturaleza confirme o no su embarazo, es cada vez mayor. Cuando Thomas consigue el permiso para visitar a las prisioneras, solo obtiene de ella un nombre de mujer y una dirección en Norwich; la visita a Joan y su madre tiene un desenlace más trágico. A medida que avanzamos en la narración de Thomas, la presencia del mal se va haciendo cada vez más evidente. Hay algo muy cercano a él capaz de matar, de arruinar su casa y sus vidas. No le quedará más remedio que acudir a su antiguo tutor, el poeta John Milton, para enfrentarse juntos a lo desconocido.

Lo racional va a enfrentarse con algo oscuro y antiguo. El leviatán contiene un misterio tan fascinante como aterrador en una historia de cosas imposibles. Rosie Andrews utiliza una prosa elegante y atrayente, que te va sumergiendo cada vez más en unos hechos que sobrepasan a los protagonistas. Como os decía antes, sin un ritmo trepidante y sin grandes "efectos", consigue que te sea muy difícil escapar de sus páginas porque necesitas saber qué hay tras el misterio y si, finalmente, se resolverá. Una mezcla magnífica de novela histórica, el mito del mal y el realismo en una lectura que impacta y se te cuela por los poros, como ese frío siempre presente en cada página. Un deleite, a pesar del escalofrío.