jueves, 9 de julio de 2026

ALMA DE CASTILLA de Alan Pitronello

 Decía el maestro Miguel Delibes que "si el cielo de Castilla es tan alto , es porque lo levantaron los campesinos de tanto mirarlo". Y yo, que siento debilidad por Delibes y por Castilla, lo secundo: en pocos lugares el cielo parece estar tan arriba, tan azul, tan completo. Quizá por eso me fascinó el título de la última novela de Alan Pitronello, ahora ya con el sello de Edhasa. Además, estaba segura de que Alan iba a dar otro pasito adelante en su manera de escribir. Conozco bien su dedicación y el empeño y cariño que pone en todo lo que crea. 

Esta vez Alan abandona las tierras de Nueva España para retrotraerse a finales del siglo XIII y principios del XIV y centrarse en el Reino de Castilla y en la figura de María de Molina, esposa de Sancho IV, una mujer que luchó por los derechos de su hijo Fernando como heredero al trono, enfrentándose a la nobleza y hasta a la propia ilegitimidad de su matrimonio. Pero, a pesar de que la novela gira en torno a ella, realmente no se trata de una narración al uso: sentimientos, recuerdos, palabras dichas y no dichas, pesar, olvido, cicatrices de guerra, lealtad y aprendizaje son el lecho en el que los personajes se reuestan creando una novela histórica diferente y, en muchos momentos, muy conmovedora.

REY O NADA. LA CORONA O LA MUERTE

Sancho IV, apodado el Bravo, acaba de morir. Su viuda, María de Molina, sabiendo que su heredero, el infante Fernando, puede estar en peligro, al ser muchos los que ansían manejarle o apartarle, decide ponerlo a salvo enviándolo al norte. Para esa misión, tan peligrosa como de final incierto, pone su confianza en Ruy Castro, un soldado veterano, un almogávar marcado y desfigurado por unas cicatrices provocadas en la defensa de Tarifa. Un hombre que ya parece de vuelta de todo, pero que comparte pedazos de su pasado con la reina. Si bien la misión que le encomiendan no es de su agrado, su lealtad a la soberana será determinante.

El infante Fernando, demasiado joven y sin apenas haber salido de la corte, tampoco está muy contento con la escapada. No sospecha que para él ese viaje supondrá también una iniciación a la vida, un cambio en su espíritu y en su manera de ver las cosas. La reina, regente de Castilla, debe sortear conspiraciones y más de una traición. Ruy Castro, a su vez, ha de enfrentarse a su pasado y a lo que el destino le ha puesto delante, en un viaje que no estará exento de peligros.

Cuando os decía antes que estamos ante una novela histórica diferente, tiene mucho que ver con este último párrafo. Sí, se narran hechos ciertos. Sí, hay figuras históricas relevantes que se yerguen ante nuestros ojos y cobran vida. Pero Alma de Castilla es, sobre todo, una novela de recuerdos y de vidas que, quizá, no deberían haber transcurrido como lo hicieron

Su estructura tampoco es la habitual. Un hecho, un pequeño detalle, desata la memoria de los protagonistas, por lo que viajamos con frecuencia al pasado para entender lo que está sucediendo en el presente. María de Molina y Ruy Castro compartieron momentos en su juventud, en Montealegre, antes de que ella se casase con Sancho. Para el almogávar, ella es un recuerdo siempre presente y una herida que no termina de cicatrizar. La reina, a lo largo de la novela, descubrirá que tampoco le había olvidado y que, a veces, mirar juntos al horizonte castellano desde lo alto de un cerro puede unir más que ningún tratado, que ninguna orden. 

Alma de Castilla es una novela que sabe tocar el corazón y, a la vez, sabe mantener la tensión de lo que los protagonistas tienen que vivir. El peligro cierto al que se enfrenta el infante Fernando y la relación que va abriendo con Ruy, al principio tan complicada, le hacen entender que no todo son camas blandas y salones con comida abundante. Que su pueblo es real y debe ganárselo. Que un rey es más que una corona y un trono. Para Ruy, el camino le devuelve en muchos momentos a su pasado, a las decisiones que tomó, a los enemigos que se creó sin pretenderlo, a su propia soledad.

Al no ser una narración lineal, puede que a veces el lector se despiste o no entienda ciertos giros, pero basta con dedicarle un mínimo de atención para descubrir que, como nos pasa a cualquiera de nosotros, un atardecer, una luz, un color o un sonido nos pueden llevar de regreso a cosas vividas, a nuestra infancia, a momentos que casi creíamos olvidados. Este es el recurso que Alan Pitronello utiliza a menudo en la novela y, quizá por eso, resulta tan evocadora.

Los protagonistas principales y los secundarios no son arquetípicos en absoluto, están llenos de matices y nada en ellos los hace perfectos ni inmaculados. Todos tienen luces y sombras, todos tienen mochilas a la espalda que deben cargar. Por eso nos resultan tan cercanos. Eso hace que los diálogos fluyan con naturalidad y que sus reacciones no parezcan impostadas. Si bien tiempos y costumbres han cambiado, hay sentimientos que jamás lo harán y eso queda reflejado en la novela, incluso a veces de forma muy poética. El estilo de Alan ha madurando y se nota. 

No le hacen falta descripciones detalladas ni largos párrafos de contexto histórico para colocarnos en el momento y lugar que quiere. Crea una ambientación más basada en lo que los personajes ven y sienten, en lo que les rodea y, a través de ella, nos traslada a otros puntos de las vidas de los protagonistas, consiguiendo que entendamos cómo y por qué hicieron las cosas que hicieron. El amor de María de Molina por su hijo y su deseo de protegerle a toda costa, la lealtad, el corazón y el valor que Ruy pone por delante de todo a pesar de tener el alma rota, las intrigas palaciegas que buscan hacerse con la voluntad del futuro rey para sus propios intereses, los odios enquistados que no atienden a razones y que buscan cumplida reparación al precio que sea... todo ello convierte a Alma de Castilla en una novela que te acoge y te envuelve. Que emociona y llega dentro. Que la cierras con un suspiro de nostalgia.

Dadle una oportunidad y dejaos llevar por ella. Es toda una aventura para los sentidos.

martes, 19 de mayo de 2026

HE VENCIDO AL MUNDO de Christian Gálvez

 Cuando Christian Gálvez publicó su novela anterior, Te he llamado por tu nombre, ya dije que me parecía un acto de valentía. Sobre todo porque con la polarización y el encono que hay imperando en la sociedad actual, seguro que había mucha gente que no entendía, que lo cuestionaba o que, directamente, lo echaba a los leones. Sigo defendiendo aquella novela, me pareció un estupendo ejercicio literario en el que se ponía el foco en el después, en la duda, en la fe perdida y recuperada, pero sin dar lecciones de nada. Y también en un momento histórico complicado, con una Jerusalén amenazada por lo romanos y rota por dentro. 

En He vencido al mundo, Christian nos regala una precuela para narrarnos solo una semana: la que va del Domingo de Ramos al Domingo de Resurrección. Y sí, claro que Jesús de Nazaret es el centro, pero las voces y los ojos importantes, los que de verdad nos tocan el corazón, son los de su madre, María, y los de Judas, el hombre que, más de dos mil años después, sigue siendo el símbolo de la traición. Hay también otra serie importante de secundarios, como os contaré después, que terminan de tejer un tapiz lleno de matices y humanidad. Hace un par de días leía en el post de una "instagramer" que había dejado el libro casi al principio porque "le contaba lo que ya sabía, la misma historia de siempre y se aburría" y me volví a ratificar en lo de que la comprensión lectora se está perdiendo. Y la lectura, como ejercicio reposado, íntimo, personal y tranquilo, también. Tanta prisa y tanta inmediatez roban la delicia de perderse durante horas en las páginas de un libro. Pero esta es otra historia de la que algún día hablaré. Ahora nos vamos al siglo I.

"LO QUE VAS A HACER, HAZLO PRONTO" - JUAN 13:27

La Pascua está próxima y Jesús de Nazaret sabe bien que sus días sobre la Tierra están contados. Conoce su cercano final y, sin embargo, decide entrar en Jerusalén a pesar de las amenazas del Sanedrín que sobre él se ciernen. Los discípulos no acaban de comprender el mensaje del Maestro y, contemplándolo todo, hay un centurión romano que se debate internamente entre su obligación y lo que el corazón le grita. En medio de la tensión creciente, dos de las personas más importantes en la vida del Nazareno van a cambiar el curso de los acontecimientos: Judas Iscariote, uno de sus mejores amigos, cuya alma se encuentra sacudida por mil tormentas, y María, su madre, que, a pesar de saber de la misión de su hijo, no puede soportar la idea de perderle. La cuenta de los días es implacable y el viernes se acerca.

Antes de meterme en la reseña propiamente dicha, quería contaros que este libro me ha llevado a los fríos días previos a la Navidad de 1988, cuando con tres de mis mejores amigos fui a los Cines Renoir de la Plaza de España de Madrid para ver La última tentación de Cristo. Ahora todo lo que pasó ha caído en el olvido, pero la película fue aborrecida por muchos. Hubo amenazas, pintadas en los cines que la exhibían, grupos de gente que imprecaban a los que acudían a verla... Recuerdo que el cartel de la fachada de los cines estaba lleno de manchurrones de pintura y que los cuatro íbamos con cierta prevención. Al final, en la sala apenas estábamos veinte personas. Pero lo que más recuerdo es cómo me impresionó que, en la película, Jesús le pide a Judas que le venda. Que es necesario para cumplir el propósito para el que ha venido.

He vencido al mundo nos lleva a vivir los últimos días de Jesús de Nazaret, su muerte y su resurrección. Pero no es una narración al uso, no se trata de una relación de hechos conocidos que se van encadenando ante nuestros ojos. Vamos a vivirlos desde dentro de los muros de las casas y desde las calles de Jerusalén pero, sobre todo, vamos a vivirlo desde el interior de los protagonistas. En esta novela los sentimientos están en carne viva y, a pesar de que el final es de sobra conocido, la zozobra y la angustia te van ganando página a página.

Si bien, como os decía, Judas y María son quienes nos marcan el camino, hay otros muchos personajes que nos permiten llegar a entender la carga de profundidad que suponía el mensaje de Jesús de Nazaret para la sociedad del momento. Para el Sanedrín era un blasfemo y alguien que socavaba los cimientos de su poder y sus creencias; para los romanos, a quienes el tema religioso les importaba más bien poco, era un agitador y temían por posibles disturbios, pero tampoco le daban demasiada importancia. Sus discípulos han comenzado a temer lo que sucederá cuando Jesús no esté con ellos y el miedo campa libre en sus corazones.

La figura de Judas, siempre controvertida y siempre, desde entonces, denostada y aborrecida, se nos muestra arrastrando una dolorosa tortura personal interna. Sí, tiene fe en el Maestro y le ama, pero hay cosas que no entiende y que le atañen directamente. La angustia es una serpiente que le va ahogando por dentro. María, por el contrario, se nos muestra como fundamentalmente como madre, una madre que conoce bien quién es su hijo y cuál es su misión, pero que no puede dejar de recordarle siendo un niño, jugando, buscando su abrazo. Sabe que va a enfrentarse a horas terribles y también sufre una angustia demoledora. Ambos son dos caras de una misma moneda, solo que, en este caso, una de las dos cae siempre debajo.

He vencido al mundo es una novela de sentimientos profundos, tanto para lo bueno como para lo malo. El odio visceral que los miembros del Sanedrín y sus seguidores profesan a Jesús les cierra los ojos a la compasión. Se convierten en guardianes de lo que ellos considera la verdad absoluta, de la pureza de la religión y, sin embargo, esconden su cobardía detrás de las lanzas y del poder romano. Pilatos, como cabeza de este poder, no entiende a qué tanta inquina con alguien que se limita a predicar, demostrando que, a su vez, él tampoco comprendía a quienes gobernaba.

A lo largo de las páginas iremos reconociendo objetos y señales y otros aparecen para quedarse con nosotros: las palmas al viento en la entrada de Jesús en Jerusalén, el lienzo que cubrió a Jesús, el paño de la Verónica, la lanza de Longinos, las treinta monedas de plata, la sala de la Última Cena, la corona de espinas, el madero de la cruz... y un burrito de madera que va a simbolizar todo el amor, la esperanza y la certeza. 

Christian Gálvez nos habla de sacrificio y de pesar, pero también de esperanza, de verdad, de confianza. Y lo hace con un lenguaje cuidado, a veces casi preciosista, en el que consigue que sintamos el calor, el polvo, los olores de la ciudad, de la comida. Que veamos la luz con la que despierta Jerusalén y la oscuridad que cae sobre ella. Hay buenas descripciones de edificios y lugares, pero no se recrea en ellas, deja que el lector complete los huecos al meterle dentro de la historia. Tampoco nos describe las torturas previas a la crucifixión que padeció Jesús, solo contemplamos los resultados, y eso me ha parecido un acierto, porque no creo que hiciera falta añadir más dolor ni recrearse en el suplicio. Es importante también cómo reivindica el papel de las mujeres que acompañaban a Jesús, pero siempre desde el respeto a la realidad histórica y a cómo era su vida en aquel momento.

He vencido a mundo nos habla de una historia conocida, sí; con un final sabido por todos. Pero no lo hace desde el dogma ni con la pretensión de dar una lección: nos pone sobre la mesa los sentimientos de quienes iban a perderlo todo y lo hace hablando de compasión y de sacrificio; de piedad, de ternura y pesar; de confianza y de fe. Muchos de nosotros podemos sentirnos identificados con cada uno de los protagonistas, porque, como dijo el propio Christian en la presentación del libro, no hubo ningún apóstol que, de una manera u otra, no traicionara a Jesús. Todos nos equivocamos, negamos, nos escondemos y dudamos en algún momento de nuestros mejores amigos y hasta de miembros de nuestra familia. Somos humanos, al fin y al cabo, como lo fueron ellos

Os animo a que leáis esta novela y a que os dejéis llevar por todo lo que hace sentir. Tanto si sois creyentes como si no, el mensaje de fondo sirve para todos. A veces solo es necesario escuchar.



martes, 12 de mayo de 2026

LA VENGANZA DEL APÓSTOL de Isabel San Sebastián

  Isabel San Sebastián se propuso, hace ya siete libros, narrar a sus lectores lo que supuso la Reconquista y cómo los reinos cristianos fueron recuperando el territorio y el poder perdido desde la invasión musulmana del 711. Y lo ha hecho buscando hitos importantes y fundamentales, ante los que coloca a sus protagonistas, tanto reales como ficticios, para recrear algo más que una época: un sentimiento de unidad perdida que ha de recobrarse, a pesar de las mucha dificultades, guerras, sangre y muerte que se encuentren en el camino. En el fondo, el finísimo hilo de una saga familiar que, aunque se nombre, es como un eco de raíces que no se pierden. Cada una de las novelas puede leerse de forma completamente independiente, pero merece mucho la pena hacer el recorrido completo.

En La venganza del Apóstol, el viaje nos lleva al siglo XIII y vamos a ser testigos de hechos que cambiaron el rumbo de la Reconquista, de otros que supusieron la revancha de un pasado doloroso y, como es habitual, lo haremos de la mano de un personaje central que va creciendo y cambiando ante nuestros ojos, adaptándose a lo que le toca vivir. 

Coged la espada y el escudo, nos adentramos en terreno peligroso.

"VOS Y YO AQUÍ MURAMOS" - ALFONSO VIII DE CASTILLA

Beltrán López de Cazorla es el hijo menor de una familia ligada y cercana al rey Alfonso VIII de Castilla. Su padre luchó en la batalla de las Navas de Tolosa y su hermano mayor, Fadrique, es un portento de fuerza y habilidad guerrera. La sangre de Beltrán arde en deseos de mostrar al mundo y a su padre que es digno de su estirpe, pero la naturaleza no le ha regalado poder físico ni destreza con las armas. A pesar de ello, participa en una cabalgada comandada por Álvar Pérez de Castro para caer herido en el primer encontronazo. El regreso a casa es doblemente triste. Su hermano mayor no deja de zaherirle por su debilidad; su padre parece avergonzarse de él. Y la actitud sobreprotectora de su madre, que opina que su futuro está en la Iglesia, no le ayuda en absoluto. Es tal su humillación, que escapa del hogar familiar dispuesto a encontrar fama y fortuna.

Optará por dirigirse a Martos, al castillo de Álvaz Pérez de Castro, pero su admirado guerrero no está allí. Será uno de sus hombres de confianza, Tello Rodríguez, quien le ofrecerá una solución: ya que el arte de la guerra no parece hecho para él, quizá haya otras labores que pueda llevar a cabo para colaborar en la derrota del enemigo. Y le propone ser espía en Sevilla, para comprobar desde dentro sus defensas y los posibles puntos débiles de la ciudad. A pesar de sus reticencias iniciales, Beltrán acaba aceptando y, con ello, sellará su destino.

Siendo Beltrán el protagonista central de la novela, Isabel San Sebastián aprovecha la figura de su padre para narrarnos, el principio de la novela, el desastre de Alarcos, primero, y, a continuación, la Batalla de las Navas de Tolosa y la importante victoria frente a los almohades de Miramamolín. Particularmente he disfrutado mucho de la escenificación de la batalla, tanto de sus prolegómenos como de su desarrollo: me ha parecido brillante. Cruda y terrible, pero épica. Ese espíritu y ese resultado son los que Beltrán desea para sí mismo, a pesar de sus limitaciones. Aspira al honor y la gloria, a la victoria por las armas, a ser recordado por su valentía.


Beltrán, a lo largo de la novela, va cambiando y dándose cuenta de que puede ayudar sin coger una espada. Si bien al principio la propuesta de Tello Rodríguez le parece ofensiva (hacerse pasar por comerciante lo toma como un insulto personal, ya que los nobles consideraban esa tarea como algo innoble), y solo decide participar de ella como una huida hacia adelante que le lleve a conseguir lo que anhela, poco a poco se dará cuenta de que su misión es trascendental para el bando cristiano. La vida le va moldeando y deja atrás al adolescente rebelde, malencarado y cargado de resentimiento, para convertirse en una pieza muy valiosa en el tablero de la guerra.

La novela también utiliza, como en el caso del padre de Beltrán, a su madre para hablarnos de la reina Berenguela y de su importancia como figura política en la sombra, además de traer al primer plano las intrigas cortesanas, las anulaciones (en ocasiones bastante cogidas con alfileres) matrimoniales por parte del Papa y las luchas de poder. La política en los reinos cristianos vivía en una continua tensión y, si bien es este momento histórico eran los musulmanes los que se encontraban en franco declive, esa tensión influía también en las decisiones que se tomaban. Aparecerán otras figuras históricas importantes, como Fernando III o Ruy Pérez, quien, años después, tendría una importancia capital en la toma de Sevilla.

La ambientación es otro de los puntos fuertes de la novela. Isabel nos regala una recreación del interior de las ciudades de Sevilla y Córdoba fascinante, en la que los colores y los olores, las esquinas menos soleadas, las viviendas, las calles y los edificios públicos se hacen fuertes en nuestra imaginación. Asimismo, el modo de vida de los musulmanes, la mayoría alejados del integrismo salvaje de los almohades, queda reflejado de forma muy auténtica. Es interesante comprobar el contraste de las dos sociedades, la musulmana y la cristiana, y las aspiraciones de una y otra. 

El regreso de las campanas robadas por Almanzor a Santiago de Compostela marca una parte importante de la novela. El viaje, en el que los Caballeros de Santiago cobran una gran importancia, nos lleva a recordar el que el protagonista de Las campanas de Santiago, Thiago, tuvo que sufrir en su día. La afrenta sufrida por los cristianos queda vengada. Y en este punto insisto en que nos olvidemos de mirar al pasado con los ojos de hoy, aunque estoy convencida de que habrá quien lo haga.

Isabel San Sebastián ha ido ganando en fortaleza narrativa a lo largo de esta saga de novelas. El encuadre histórico es sólido, real, lo trabaja y lo conoce perfectamente. Y, además, sabe transmitirlo. Pero la parte ficcionada gana peso, porque de eso se trata en la novela histórica. La humanidad de los personajes, un estilo ágil, con capítulos que terminan en alto, y un ritmo que mantiene hasta el final el interés del lector, convierten la lectura en todo un viaje en el tiempo. Y en toda una aventura a lado de Beltrán. ¿Os embarcáis?

jueves, 30 de abril de 2026

DARÉ EL CIELO POR TI de Jorge Molist

Daré el cielo por ti es la nueva novela de Jorge Molist con el sello de Grijalbo, después de su paso por la Editorial Planeta. Y en ella nos lleva, de nuevo, a una aventura que tiene al Mediterráneo como telón de fondo y que nos hace viajar desde San Juan de Acre hasta la Península Ibérica y las tierras del Ebro. Jorge Molist siempre parte de un contexto histórico sólido y magníficamente documentado en el que introduce a los protagonistas, hombres y mujeres reales que se ven empujados por las circunstancias que la vida y el destino tienen preparadas para ellos. 

En un encuentro previo a la presentación que de su libro hizo Jorge en Madrid, en la Casa del Libro (gracias a Grijalbo por invitarme), nos dio detalles de cuánto había de verdad histórica en este libro (que es bastante) y de las intrigas de poder y políticas que tenían lugar en Aragón en aquel momento. Estamos ante una historia vibrante, que mantiene el interés hasta el final y que esconde más de lo que parece. De la mano de Artal y de quien se convierte en su mentor, Roger de Flor, nos embarcamos en el Halcón...

"APRENDER ES LO CORRECTO, AUNQUE SEA DEL ENEMIGO" - OVIDIO

San Juan de Acre, el último bastión cristiano en Tierra Santa, está a punto de ser tomada a sangre y fuego por los mamelucos. Artal, de dieciséis años, lleva más de media vida bajo la tutela de los caballeros Templarios y llegó a la ciudad, ahora, sitiada, años atrás junto a su tío. Artal ni siquiera es novicio, pero siempre ha estado sometido a las estrictas reglas templarias y, siendo consciente de lo que se le viene encima a San Juan de Acre, su deseo es morir por Dios defendiendo la plaza y alcanzar el paraíso. Pero el destino tiene otros planes para él: el Gran Maestre Templario, Guillaume de Beaulieu, le dice que ha de volver a su casa, en Aragón, porque se ha recibido una carta de su madre pidiendo ayuda. A pesar de sus reticencias, se embarca en el Halcón, la galera templaria capitaneada por Roger de Flor. Y sube a ella con una joven madre, Beatriz, y su hija a las que ha salvado de ser masacradas en el puerto. 


En la travesía hasta Famagusta, Artal y Beatriz comienzan a enamorarse. Para él es algo nuevo y completamente inesperado y sus férreos principios chocan contra sus sentimientos. Al desembarcar en Famagusta, la pasión se desborda y, durante varias semanas, conviven como pareja en un campamento de refugiados. Pero la carta de su madre pesa en el corazón de Artal y se debate constantemente entre su amor por Beatriz y el deseo de regresar a su hogar y saber qué está ocurriendo allí. Será finalmente Roger de Flor quien le obligará a tomar una decisión y cruzarán el Mediterráneo hasta Barcelona. Incluso siendo conscientes de que la carta puede ser una trampa, deciden arriesgarse... pero nada va a ser lo que parecía ni lo que esperaban. Y los peligros se multiplican.

Toda la acción de la novela transcurre en apenas un año. Para Artal, el viaje, desde su inicio escapando de los mamelucos, es un continuo aprendizaje en el que va a tener que cambiar todas sus certezas y su modo de ver la vida. Las lecciones que Roger de Flor le va dando, muchas veces cargadas de ironía y de su experiencia vital, muy amplia y llena de riesgo y aventura, son para Artal una auténtica bofetada de realidad. Jorge Molist conoce bien la figura histórica de Roger de Flor, personaje que ya protagonizó El latido del mar (publicada en 2023) y que cuenta con una biografía realmente apasionante.

Pero también para Artal hay muchas preguntas sin respuesta. Por qué su tío le llevó siendo un niño a San Juan de Acre es la primera. La veracidad de la carta de su madre pende como una espada de Damocles sobre su cabeza. Artal apenas sabe nada del mundo, casi no guarda recuerdos de su familia en Aragón y su modo de ver la vida y de enfrentarse a ella poco tiene que ver con la del resto de los mortales. En este sentido, el viaje de Artal es también una suerte de viaje iniciático, pero para iniciarse en la vida, en sentimientos que no conocía y en responsabilidades que no esperaba.

Si bien al principio la novela se centra más en la lucha por San Juan de Acre, la angustia de la derrota y el amor recién encontrado, es cuando Artal y Roger de Flor llegan a la península cuando, en mi opinión, comienza realmente la aventura para ambos. La aparición de otro personaje histórico importante, Berenguer de Entenza, junto con las disputas que este mantuvo durante años con la Orden del Temple, pone un punto de intriga en la trama. Nada resulta ser como esperaban Artal y Roger, que, sabiendo el peligro que puede correr el primero, han de tomar otras personalidades. En cada etapa de su viaje, las dudas y las preguntas aumentan. Desapariciones, secretos ocultos, rehenes, traiciones, venenos, hijos no reconocidos... nuestros protagonistas deberán poner todo de su parte para entender qué es lo que está sucediendo desde hace años.

Con un ritmo muy ágil, gracias a una estructura de novela organizada en capítulos cortos que mantienen el interés lector en todo momento, Daré el cielo por ti es una muestra más de la maestría de Jorge Molist a la hora de crear tramas vibrantes maravillosamente encuadradas en un marco histórico potente y sin fisuras. Y creo, como comenté con Pedro Pablo Uceda en el podcast del Certamen de Novela Histórica de Úbeda, que es una historia que bien podría tener continuación. Sí, el final es cerrado, pero ¿del todo? ¿O han sido más mis ganas de saber un poquito más de algunas cosas? Dadme vuestra opinión cuando lo leáis. A mí me ha encantado el viaje.


jueves, 16 de abril de 2026

TRAS LAS HUELLAS DEL REY ARTURO de Daniel Fernández de Lis

 

Cuando supe que Daniel Fernández de Lis publicaba este libro, tuve un ataque de felicidad, lo confieso. Conozco a Daniel desde hace tiempo y hemos compartido ratos de conversación tanto en el Certamen de Novela Histórica de Úbeda, como en las Jornadas de Santa Elena. Escuchar a Daniel es una delicia siempre, no solo por todo lo que sabe de Historia, sino por cómo lo cuenta. Recuerdo perfectamente la primera vez que le pregunté acerca del mítico rey Arturo: era temprano por la mañana, desayunábamos en el hotel Álvar Fáñez de Úbeda y me mantuvo embobada hasta que tuvimos que marcharnos a las presentaciones del día. Y es que el rey Arturo ha sido el personaje mitológico que me enamoró de muy jovencita, cuando una profesora del colegio me regaló un libro con varias de las aventuras del Príncipe Valiente, el maravilloso cómic de Harold Foster, el príncipe de Thule que acaba como caballero de la Mesa Redonda. De él salté a los principales libros que hablaban sobre el mítico rey, me bebí sus aventuras, sus referentes, su espíritu. Disfruté inmensamente con la prodigiosa película Excalibur, que es un monumento en sí misma y hasta de aquel despropósito que fue El primer caballero. Hace unos años, la versión de El rey Arturo con Clive Owen me encantó. Y qué demonios: me lo pasé pipa hasta con Merlín el encantador, la peli de Disney.

Mi hijo mayor se llama Arturo por estas y por otras muchas cosas, aunque él mejoró el original: siempre será mi rey. El único. El mejor. 

Pero hoy quiero traeros el magnífico libro de Daniel Fernández de Lis, en el que ha intentado desbrozar entre las leyendas y los silencios para tratar de descubrir quién fue Arturo, el Arturo histórico en el que se basaron los textos que hablan de él. ¿Un celta? ¿Un romano? ¿Un sajón? ¿Un escocés? ¿Un príncipe destronado? ¿Un caballero sármata? Nos vamos al siglo V, a la Época Oscura de Inglaterra.

"ALIMENTÓ A LOS NEGROS CUERVOS EN LA MURALLA DE LA FORTALEZA, AUNQUE NO ERA ARTURO." - Y GODODDIN, POEMA GALÉS

¿Quién no ha oído hablar del rey Arturo, de su espada Excalibur y de sus caballeros de la Mesa Redonda? Sus raíces se hunden en la mitología de Britania y su existencia nos ha llegado envuelta en una suerte de Edad Media fabulosa, llena de magos, batallas, coraje, lealtad y espíritu caballeresco. Pero, ¿hubo un Arturo histórico? ¿Una figura que impactase de tal modo a la memoria colectiva perdida en aquellos siglos oscuros? En este libro, Daniel Fernández de Lis se propone analizar tanto las fuentes primigenias como los diferentes textos que hablaron del rey Arturo, así como los estudios y análisis que se han realizado y se siguen realizando en nuestros días, incluso a nivel arqueológico. Hay expertos que niegan la simple existencia de un Arturo histórico, pero, a pesar de todo, siguen quedando cabos sueltos ondeando al viento. ¿Regresará Arturo de Avalon cuando Britania o el mundo lo necesiten desesperadamente en tiempos de gran oscuridad?

Tras las huellas del rey Arturo nos aparece articulado con gran rigor desde su inicio. Daniel Fernández de Lis comienza a tratar el tema desde sus inicios, tanto en el contexto histórico de los años en que, supuestamente, "vivió" el rey Arturo, como en los textos más antiguos que recogen su nombre de alguna manera. La batalla del Monte Badon se erige como uno de los puntos cruciales para quienes defienden la existencia de una figura histórica cierta detrás del mito. Las fuerzas britanorromanas vencieron a los sajones hacia el final del siglo V (entre el 490 y el 517 d.C.) y Gildas, un monje del siglo VI, recoge lo sucedido, pero no precisa el lugar exacto ni los nombres de los contendientes. Es en el siglo IX cuando la Historia Brittonum, de autor desconocido, atribuye la victoria a Arturo.

El "despertar" del mito de Arturo con la mayor parte de los elementos que conocemos hoy día se debe en gran medida a Geoffrey de Monmouth, a partir del cual la leyenda coge velocidad, llega a buena parte de Europa y Arturo se erige como el gran paladín, el rey por excelencia, el alma del espíritu caballeresco. 

Daniel va desarrollando todas las posibles fuentes y recogiendo las opiniones a favor (las menos) y las que refutan todo (la mayoría), pero incluso en estas siempre queda una especie de eco lejano que no termina de acallarse. Exponiendo los diferentes textos, los estudios realizados, incluso los abundantes trabajos arqueológicos que han buscado y buscan restos que ratifiquen determinados hechos, el libro nos va llevando a través de la historia de la actual Inglaterra, pero también del Imperio Romano y hasta los caballeros sármatas, con su feroz caballería. 

En muchos momentos, las fuentes no resultan fiables ni claras, los nombres se mezclan, hay teorías que complican aún más todo lo que se sabe (o más bien lo que no se sabe), monjes que quisieron arrimar el ascua a su sardina y hasta genealogías casi impronunciables, pero el trabajo realizado por Daniel es impecable, sólido y fundamentado. Da voz tantos a quienes defienden la existencia de Arturo (incluso bajo otro nombre), como a quienes la niegan y lo va exponiendo de forma ordenada, de tal manera que nosotros, como lectores, tenemos la última palabra.

La cantidad de información que ha debido manejar Daniel es ingente, pero el resultado resulta brillante. Es un ensayo para ir paladeándolo con la calma de los buenos caldos y que sorprende y crea interés, que aporta datos desconocidos y que nos lleva hasta una época muy poco tratada y de la que hay escasas fuentes fiables. Resulta curioso que, de ese mismo periodo, en la Europa continental, haya tantos hechos narrados y recogidos en crónicas. No solo eso: hay cuerpos jurídicos (y esto Daniel lo sabe de sobra) como el Código de Eurico o el Breviario de Alarico que son contemporáneos del supuesto Arturo histórico. Y, sin embargo, en Inglaterra todo se pierde un brumas, en quizás y en el es posible. Supongo que esa es la magia del asunto.

Sea como sea, el rey Arturo nunca dejará de permanecer en el imaginario colectivo. Seguramente porque ejemplifica los valores que se han perdido o porque necesitamos figuras a las que admirar, que nos hagan soñar, que nos motiven. Hoy día es imposible probar la tanto la existencia como la inexistencia del rey Arturo, pero para mí seguirá siendo el rey que fue y será. Algo hubo y ese algo seguirá siempre cabalgando contra los enemigos, valiente, osado, el caballero perfecto. Solo por eso permanecerá vivo.

 


lunes, 6 de abril de 2026

LA HIJA DEL FÉNIX de Fernando Bonete

 

Hacía mucho que no me pasaba y os aseguro que es una sensación maravillosa: terminar una novela y no salir de ella. Que se te quede dentro, que sigas recordando momentos, escenas, frases. Y lo que es mejor, porque leyéndola has sido feliz. Cierto es que hay momentos en La hija del Fénix que indignan, que duelen o que nos mantienen en tensión, pero cuando una historia nos sacude por dentro, lo hace fuerte. Al completo. De Lope de Vega creemos que lo sabemos todo y aquí vamos a descubrir que no. Fernando Bonete le pone el foco muy de cerca, especialmente a través de los ojos de su hija Marcela y de un narrador que, en ocasiones, es inclemente. El resultado, como comenté en el podcast del Certamen de Novela Histórica junto a David Yagüe, es una novela muy hermosa y fabulosamente escrita, cuidada y ambientada.

La magnífica serie El Ministerio del Tiempo nos regaló a un Lope crápula, vividor, con más espolones que un gallo de pelea, sin ninguna modestia, encantado de conocerse y que terminaba cayendo muy simpático. No lo podías evitar. Y sí, Lope de Vega fue todas esas cosas, pero también un hombre, con todas sus luces y sus muchas sombras y al que la desgracia persiguió con saña. ¿Que muchas veces se lo buscó? Seguramente, pero en otras ocasiones ni siquiera su genio y su inmenso talento fueron capaces de medir las consecuencias, 

Así pues, vayamos al siglo XVII y al Madrid de los Austrias. Y llevad la espada, que las noches son peligrosas.

"NO SÉ LA RAZÓN DE LA SINRAZÓN QUE A MI RAZÓN AQUEJA" - LOPE DE VEGA

Es agosto de 1635 y ante el convento de las Trinitarias de Madrid pasa el cortejo fúnebre de Lope de Vega. A su puerta, tras una reja, su hija Marcela, que profesa en él, asiste a su paso. Marcela, durante sus años en el convento, se ha convertido en una excelente escritora, la única de todos los hijos de Lope que parece haber heredado su talento, pero a la que su padre no reconoció, a pesar de que era pública su filiación. Hija de Lope y de la actriz Micaela de Luján, se crió con su madre y con su hermano Lopito, quien sí llevó el apellido paterno. Comenzó a aprender los versos de su padre desde la voz de su madre, a quien acompaña cuando debe dejar Madrid tras su ruptura con Lope. Solo la muerte de Micaela la trae de vuelta a la capital junto a su hermano, para quedarse a vivir con su padre, a quien apenas conoce.

Siempre buscará la manera de aprender, de conseguir una educación que se le niega por ser mujer. Escuchará las clases que imparten a su hermano, se colará en el despacho de la casa paterna, aprenderá a leer y escribir. Será testigo de muchos momentos importantes en la vida de Lope de Vega y hasta se convertirá en su "cómplice" epistolar en los encargos que el duque de Sessa hace a su padre. Pero siempre se va a sentir incompleta, con el estigma del abandono en el alma y sabiendo que su progenitor dista mucho de la imagen brillante que tienen los de fuera de su casa. Acabará encontrando la libertad en la clausura, pero ¿encontrará en su corazón el perdón?

La hija del Fénix es, como os decía al principio, una novela muy hermosa, un regalo para quienes disfrutamos de la buena literatura. El autor usa varias voces narrativas para convertir al lector en testigo privilegiado de lo que sucede: están las cartas de Catalina, ama de Juana de Guardo, esposa de Lope de Vega, a su amiga Julia, criada de una familia de buena posición en Sevilla, en las que da detalles de la vida hogareña de la familia y, en muchos momentos, se muestra preocupada por la suerte de los hijos de Micaela de Luján. Hay un narrador omnisciente que parece hablarnos incluso desde el hoy y que nos regala un lenguaje precioso, remedando el habla del siglo XVII. Por momentos, ese narrador se reinventa y se convierte en mero espectador, dejándonos ante los ojos las acciones más directas. 


Lope de Vega se nos presenta bastante alejado del brillo de su genio, de los aplausos. Es su faceta de hombre la que destaca, un hombre a quien detestaremos profundamente, pero que, curiosamente, también nos causará una pena inmensa. Esa es la magia que Fernando Bonete consigue en su novela. Es un hombre incapaz de contener sus impulsos, aun sabiendo que se equivoca. Un hombre que luchará toda su vida por conseguir un puesto que le otorgue notoriedad en la corte e ingresos suficientes, para lo que aceptará hasta lo que no quiere. Un hombre sabedor de su talento y desesperado cuando la suerte le es esquiva y tiene que ver morir a quienes más quiere. 

Marcela, cuando es aceptada en casa de su padre, ya se da cuenta de muchas cosas. Otras las lleva clavadas en el corazón. Y, a pesar de que al principio parece solo una boca más que mantener, Lope se dará cuenta de la valía de su hija, de su capacidad para la escritura...pero para usarla en su provecho. La rebeldía de Marcela se manifiesta queriendo aprender y formarse a toda costa, incluso a escondidas. Su ansia de tener la libertad suficiente para escribir la lleva a tomar una decisión definitiva.

La ambientación del Madrid de la época es increíble. Los palacios y las casas señoriales se desdibujan por la noche en calles oscuras y peligrosas, en las que cualquiera puede acabar herido o muerto. Fernando Bonete aprovecha también para mostrarnos las intrigas de la corte de Felipe III, con la reina enfrentada a los validos de su esposo. El poder del duque de Lerma sobrevuela por encima de cualquier decisión y el duque de Sessa tiene enemigos peligrosos. Lope de Vega intentará moverse siempre al sol que más le caliente, aunque para ello tenga que vender su pluma o humillarse para pedir el dinero que le permita subsistir a él y a su numerosa prole. Por si esto fuera poco, debe escapar de maridos celosos, capaces de meterle un palmo de acero en el cuerpo cuando surge la ocasión.

Hay muchas referencias a personajes importantes del momento, como Góngora o Quevedo y, para mi alegría personal, cameos muy brillantes, sobre todo en la parte final de la novela, que sorprenden felizmente. Y algo fascinante: sin llenar las páginas de descripciones eternas ni demasiado detalladas, Fernando Bonete es capaz de jugar con la luz, con las sombras, con los atardeceres de Madrid, con el tenue fulgor de las velas en una alcoba y conseguir que nos sintamos dentro de lo que nos relata.

Lo llevo diciendo desde que acabé la novela: La hija del Fénix va a ser, para mí, sino la mejor, una de las mejores novelas históricas de este año. Quizá, y en esto me meto en un jardín, se sale por completo de la literatura de "usar y tirar" que tan de moda se ha puesto en los últimos años. Requiere calma, atención, un cierto nivel lector (y que esto no se interprete como clasismo, que nos conocemos), una pausa en nuestra vida acelerada. Siendo la primera novela de Fernando Bonete (aunque ya contaba con otros títulos en el género de ensayo), solo me resta confiar en que siga adelante en esta faceta y que nos regale nuevas aventuras literarias. Por el momento, os vuelvo a recomendar que no dejéis escapar esta novela, porque es de las que llenan y te acompañan. Una joya,




miércoles, 25 de marzo de 2026

BLITZ. LA DESTRUCCIÓN DE DRESDE de Vic Echegoyen

 La II Guerra Mundial, a pesar del tiempo transcurrido, sigue siendo toda una fuente de inspiración para la novela histórica. Creemos que ya lo sabemos todo, pero, en ocasiones, llega un título que, a pesar de tratar de un tema conocido, nos remueve por dentro. Eso es lo que me ha ocurrido con Blitz. La destrucción de Dresde, porque, a pesar de que su tema central es sobradamente conocido (el terrible bombardeo que asoló Desde casi al final de la contienda), la autora ha conseguido que nos sintamos dentro de la ciudad, que vivamos junto a sus protagonistas tanto su aparentemente tranquila existencia previa al bombardeo, como el horror que supuso lo que cayó del cielo. Y digo aparentemente porque Dresde, a pesar de todo, se había librado hasta el momento de incursiones bélicas importantes. La población obedecía a las sirenas e iba a los refugios, aunque era algo que formaba parte de lo habitual. Pero ahí estaban la carencia de alimentos y productos de primera necesidad, el hambre, el miedo de los judíos, la precariedad, la obediencia a pesar de todo. 

Esta novela es la ganadora del X Premio Alexandre Dumas de Novela Histórica, convocado por MAR editor, que, en su fallo, recalcó que el jurado valoró muy positivamente que no se tratase de la típica historia de la II Guerra Mundial llena de datos bélicos, sino que se centrase en lo cotidiano, en el día a día de la gente y en cómo se vivía en Dresde. Con estas premisas, nos vamos al 13 de febrero de 1945.

"¿CÓMO SABES SI LA TIERRA NO ES MÁS QUE EL INFIERNO DE OTRO PLANETA?" - ALDOUS LEONARD HUXLEY

Es martes de Carnaval en Dresde. A pesar de la situación que se vive en Alemania y del estado de guerra en el que se encuentran inmersos, los habitantes de la ciudad tratan de vivir con cierta normalidad, a pesar de que las carencias de lo más esencial son la constante habitual. El mercado negro existe, pero pocos pueden pagar los precios que se piden. Los protagonistas de la novela (muy coral, de lo que os hablaré después) intentan seguir adelante, sin sospechar que en pocas horas los bombarderos aliados arrasarán calles, plazas, edificios... 

La novela transcurre en 24 horas. A pesar de que el régimen de Hitler parece herido de muerte, aún no se ha rendido y los aliados plantean el "bombardeo de saturación": arrasar ciudades sin diferenciar militares o civiles y eso incluye a Dresde, la conocida como "la Florencia del Elba" por sus monumentos y la cantidad de obras de arte que atesora. Quieren, con ello, obligar al régimen nazi a capitular, aunque suponga llevarse por delante a miles de ciudadanos.

Como os decía antes, la novela es muy coral. En un pequeño encuentro que mantuvimos varias amantes de la novela histórica en Madrid con la autora y su editor, ella nos comentó que todos y cada uno son reales. Con sus testimonios levantó el argumento de la novela. Los relatos en primera persona que le hicieron a Vic Echegoyen le han servido para articular lo que ocurrió aquel día. Cada uno de ellos conforma la pieza de un puzle que se va formando y, al final, nos permite contemplar la imagen completa. Conoceremos a una antigua bailarina, Gret Palucca, que ya no puede enseñar su arte por haber sido depurada; a Wilhelm Rudolf, un pintor al que también se le niega su arte y se ha condenado al ostracismo; a los trabajadores de zoo de Dresde, que tratan de seguir cuidando a los animales como buenamente pueden, a pesar de no disponer apenas de comida para ellos; a los chicos del coro de la iglesia de la Cruz; a un matrimonio y una familia de "indeseables" que en cualquier momento van a ser deportados; a los prisioneros de guerra, cuya vida pende de un hilo. Incluso a los miembros del gobierno municipal y de la Gestapo, empeñados en dirigir la ciudad con la rigidez de la normas que imperan en todo el Reich.

Ese martes de Carnaval, los habitantes de Dresde tratan de alegrarse con funciones de circo o de cine (autorizadas por el régimen) y los niños cuentan con una tarde festiva. Pero nosotros, como lectores, y un poco como en la genial novela de García Márquez, sabemos que la muerte se acerca a pasos agigantados. Intercalados entre la narración de lo que se vive en Dresde, tendremos los planes para bombardear la ciudad, cómo y cuándo se va a hacer, la frialdad de los números y las decisiones militares. 


En Dresde, a pesar de la relativa calma en la que viven, no todos pueden contar la misma historia. Los hay que tienen que caminar casi escondidos y con la cabeza baja, porque están señalados. Otros buscan salir adelante como sea, vendiendo incluso lo que no quieren. Vic Echegoyen ha conseguido hacernos sentir dentro de las casas y las calles, incluso dentro de la mente de los protagonistas, peones en un tablero en el que quienes ostentan el poder no dudan en sacrificar, amparándose en motivos más importantes.

El horror del bombardeo, que se inicia con los llamados "árboles de Navidad" (paracaídas con bengalas de magnesio que se lanzaban por los aviones aliados para iluminar la ciudad, sometida a un estricto oscurecimiento nocturno), cae sin previo aviso. Las bombas de fósforo arrasan con todo y se llevan por delante edificios y personas. La autora nos va llevando a vivirlo junto a cada uno de los protagonistas, por lo que sentimos su impotencia, el pánico, el dolor de las quemaduras, la angustia por dejar atrás cosas importantes. Especialmente doloroso es contemplar lo que sucede en el zoo, con los animales aterrados que escapan como pueden, mueren o sufren terribles heridas y a quienes hay que sacrificar. Siempre me ha resultado curioso que, como lectora, me duela más el sufrimiento de los animales que el de las personas. 

Quienes han ordenado el bombardeo saben que va a ser la población civil la que más lo sufra y lo consideran un mal necesario. Quienes ostentan el poder en Dresde, al verse sobrepasados por lo que sucede, toman decisiones en las que esa misma población civil está al final de la lista para ser ayudada. 

El estilo de Vic Echegoyen, tan personal, con la ausencia total de adjetivos (puede parecer imposible, pero os aseguro que así es y funciona), aumenta el efecto dramático y nos lleva a pensar en cuántos otros conflictos bélicos, incluso actuales, la población civil es siempre la más perjudicada. El paradigma de que la guerra debía ser entre ejércitos, como sucedió en la I Guerra Mundial, cambió por completo en la II. Sumir al enemigo en el desánimo, el luto y el miedo funcionaba mucho mejor, por desgracia.

Os recomiendo la lectura de Blitz. La destrucción de Dresde sin ninguna duda. No es una novela más sobre la guerra, es la guerra a pie de calle, la que cualquiera podríamos padecer llegado el caso. Y eso provoca bastante inquietud. 

* Blitz es una palabra alemana que significa rayo o relámpago. En la guerra, describe un ataque militar rápido, intenso y sorpresivo.