martes, 6 de abril de 2021

EL GRAN ROJO de Benito Olmo

Los que me conocéis sabéis bien de mi lealtad a mis amigos. Incluso a quienes lo fueron y, por circunstancias de la vida y las más de las veces por mi culpa, ahora no lo son. Seguro que habrá alguien que no lo crea, pero jamás traicionaré la confianza de quien la depositó en mí, en eso soy rocosa. Desde que leí La maniobra de la tortuga, me hice fan de Benito Olmo y de su Bianquetti, el grandullón con pinta de comerse a los tigres sin pelar pero con un fondo más amable y tierno de lo que su aspecto anticipa. Me encantó, como en la siguiente, La tragedia del girasol, ese ambiente medio patibulario de la soleada Cádiz, alejado de las playas y las cervezas en los chiringuitos, en el que se movían gentes de todo pelaje y condición. Y, sobre todo, ese tono de novela negra más clásica, de tabaco, alcohol y antros oscuros, de pasados que pesan. A raiz de ellas conocí a su autor, a quien hoy tengo la suerte de poder llamar amigo, y haber podido leer su nueva novela es un regalo.

Sigue habiendo mucho de esa pátina negra más "académica" en El gran rojo. Esta vez lleva la ambientación a Frankfurt, una ciudad cosmopolita y multicultural, que Benito conoce bien por llevar viviendo en ella ya una larga temporada, y está protagonizada por un español que se busca la vida como detective privado y una adolescente inmigrante de origen turco, con más años en el alma de los que jamás marcará su partida de nacimiento, que necesita averiguar cómo y por qué murió su hermano mayor. Pocos alemanes de pura cepa vamos a encontrar. Y pocos puntos geográficos de lo que se recomiendan en las guías de viajes, porque nos vamos a pasear por las calles más peligrosas de la ciudad. Vamos allá.

RASCACIELOS DE CRISTAL Y CALLES EN SOMBRA

Mascarell lleva tiempo pateándose las calles de Frankfurt atendiendo encargos de poca monta para ir saliendo adelante. Conoce bien las narcosalas, las plazas en las que se trapichea con droga, las calles que hay que transitar para conseguir lo que pueda hacer falta, los tipos a los que preguntar cuando es necesario. No le va demasiado mal, pero su situación no es para tirar cohetes aunque se ha labrado cierta reputación. Y esa reputación es la que le hace recibir un encargo peculiar, muy bien pagado: encontrar a un joven desaparecido del que apenas le darán información.

De forma paralela conoceremos a Ayla, que a sus dieciseis años ya ha vivido mucho y poco bueno. Inmigrante, con su padre enfermo de Alzheimer y un hermano mayor que acaba de morir en circunstancias no muy claras, su única obsesión en saber qué le ocurrió y en qué estaba metido para haber acabado así. Ayla también es una experta en caminar por el filo de la navaja y tendrá que hacer muchos y peligrosos equilibrios en su búsqueda de la verdad.

Quizá algunos de vosotros recordéis las columnas que Benito Olmo fue colgando en Zenda contando sus experiencias cuando llegó a Frankfurt a vivir. Aquel Proyecto Mainhattan está muy presente en las páginas de El gran rojo, en su mirada a los lugares menos recomendables, en sus esfuerzos por adaptarse a las costumbres y al idioma, en el contraste abismal entre la zona financiera de gigantes de acero y cristal y las calles más sórdidas. Todas las ciudades tienen un puñado de calles así, esas que apenas miramos a reojo cuando pasamos cerca porque seguramente no nos gustará lo que veamos. Pero están vivas. Y a veces muerden. El paisaje que Benito Olmo nos pone ante los ojos no es el del turista asombrado, sino el del desencanto, la suciedad, los críos que aprenden a ganar dinero fácil jugándose incluso su porpia integridad, el de los olvidados.

Para darle aún mayor viveza a la narración, Benito va alternando dos narradores: utiliza la primera persona para Mascarell, un tipo que querría estar de vuelta de todo pero que sigue anclado, de muchas maneras, al motivo que le llevó a Frankfurt. Iremos sabiendo muchas cosas de él, pero poco a poco, calándonos como la lluvia fina, para entenderle. Mascarell, a pesar de su sarcasmo y su ironía, cae bien al lector. Nos va a sacar más de una sonrisa, especialmente con su habilidad de tocar las narices incluso en los peores momentos. Una máscara que oculta muchas cicatrices, tanto físicas como del alma. Vive enganchado al Omeprazol, fuma sin parar y, a pesar de todo, tiene su propio código de honor.

La tercera persona narrativa está en todos los capítulos en los que Ayla es protagonista. Un chiquilla que ha tenido que crecer demasiado deprisa y a la que el mundo y la vida le dan todas las patadas posibles. Pero mantiene intacta su capacidad para querer, para cuidar de su padre enfermo y para hacer cualquier cosa con tal de saber la verdad sobre la muerte de su hermano, que no está nada clara. Está tan acostumbrada a recibir palos que el hecho de que alguien quiera ayudarla la pone a la defensiva, le cuesta un mundo confiar en nadie. Es una superviviente y no se para ante nada. Y, al igual que Mascarell, sabe moverse en los peores lugares de Frankfurt.


A lo largo de cuatro jornadas intensas, Mascarell y Ayla se mueven sobre el tablero que es la ciudad de Frankfurt de forma paralela. Y a cada paso que dan, las respuestas que buscan se esconden detrás algo que no deja de crecer y que ni siquiera imaginan hasta dónde llega. El peligro se acerca cada vez más porque ninguno de los dos es consciente de dónde se están metiendo. Este es otro de los grandes valores de la novela: cómo toda la trama se va enrevesando y oscureciendo ayudada por unos secundarios que, aún cuando sus apariciones sean cortas, saben darle el matiz justo, la frase adecuada. No vamos a encontrar descripciones físicas detalladas, son sus actos, sus frases, lo que hacen y no hacen los que nos dan un mapa completo de su personalidad.

Todo en El gran rojo acaba siendo mucho peor de lo que podíamos intuir al principio y Benito Olmo ha ido encajando piezas en cada capítulo para no dejarse nada en el tintero. A lo largo de sus páginas podremos, incluso, sentir los olores, ser conscientes de cómo cambia la luz entre los edificios, y caminar a la espalda de los protagonistas intentando, con ellos, hallar una solución, respuestas a las preguntas. La forma de escribir de Benito Olmo ha dado un salto adelante, ha adquirido mucha más fluidez, más ritmo, dosifica muy bien la información y la tensión de las escenas más intensas

El gran rojo es un estupendo thriller que nos mantiene en tensión hasta el final y en el que muchas de las cosas que demos por sentadas van a saltar por los aires cuando menos lo esperemos. Tiene el poso del género negro más clásico pero llevándolo a la actualidad y al hoy, manteniendo cierto encanto crepuscular en la figura de Mascarell y todo lo que le rodea. Dejaos llevar en ese viaje a Frankfurt, seguro que os lleváis más de una sorpresa.

"Y supo que por muy mal que anduvieran las cosas, siempre hay tiempo para un abrazo". Aquí va el mío, Benito.

 



lunes, 22 de marzo de 2021

CON ESTO Y UN BIZCOCHO de Amara Castro Cid

Hay libros cuyo título no ayuda en absoluto a discernir qué es lo que nos vamos a encontrar entre sus páginas. Además ya conocéis mi habitual manía de no leer nunca los resúmenes o las contraportadas de los libros, porque me he pegado algunos talegazos importantes en forma de decepciones o por aquello de "demasiada información", que acaba por destrozarte la lectura. Por eso, cuando tuve entre mis manos Con esto y un bizcocho (mentalmente completaba la frase sin poder evitarlo) tuve un momento de duda terrible: el título no me ofrecía información ¿Qué hacía? ¿Leía el resumen? Resistí como una jabata y me lancé a la lectura sin más armas que mi buena disposición y la esperanza de toparme con una historia redonda. 

Como creo que nos pasa a muchos en estos tiempos extraños: mi ánimo no está para echar cohetes. Muchas facetas de mi vida han dejado de existir, la falta de contacto con mi familia y amigos me acabará convirtiendo en una especie de ermitaña feroz y el tema laboral mejor lo obviamos para no llorar. Supongo que por todo eso me quedé pegada desde la primera página a Con esto y un bizcocho, porque no es más (ni menos) que el relato del día a día de una familia que tiene que enfrentarse a lo bueno, a lo malo y a lo regular pero contado de un modo tan cómplice y tan acogedor que acabas sintiéndote parte de ellos. Es positividad pura, esperanza, superación de las cosas que la vida no pone de cara... pero sin lecciones de moral ni frasecitas de autoayuda. Y ambientada en Vigo, donde pasé uno de los mejores veranos de mi vida y bajo cuyo puente de Rande descansan unos galeones de los que puede que os hable algún día. Venid, que os cuento.

COMO UN CALDO CALIENTE EN UN DÍA DE VERANO

Mariana Nogueira regresa a la casa familiar de Vigo tras una temporada de trabajo y vida en Madrid. Un terrible accidente de coche ha dejado en ella muchas secuelas físicas de las que tiene que recuperarse, aunque la herida más profunda la lleva en el alma: el chico que conducía el coche en el que ella tuvo el accidente falleció y se siente tremendamente culpable. La vuelta a su casa, a sus orígenes, al cariño de su padre y sus hermanos, que se van a desvivir por ella, son la mejor ayuda que puede tener pero, además, su padre la animará a visitar a un psicólogo, el doctor Ventura, para que también sanen las llagas del alma. El camino va a ser largo, pero Mariana, incluso dentro de la felicidad que le supone estar con los suyos, no deja de perderse en la pena y la culpa por lo sucedido. Paso a paso las nubes de su cabeza comienzan a disiparse, pero una llamada a su móvil le removerá acontecimientos del pasado. Sin embargo, lo que parecía un paso hacia el abismo se convertirá en el asidero más importante para querer volver a vivirlo todo.

Así en frío y a priori puede que parezca una historia sin demasiada "chicha", ¿verdad? Lo que la convierte en especial es el modo en que Amara Castro Cid lo cuenta. No se recrea en el sufrimiento, ni en la pena, ni trata de dar consejos, ni nos lanza frases motivadoras. Es la vida pasando ante nuestros ojos. Y he de confesarlo: mientras leía esta novela me he sentido como la pequeña cerillera del cuento de Andersen. Seguro que la recordáis: esa niña pequeña que vendía cerillas la noche de Nochebuena, con un frío atroz en la calle y, buscando calentarse, se sentó y comenzó a encender los fósforos. En la luz de cada uno imaginó un hogar caliente y acogedor, una familia amorosa, el amor, los abrazos. Pues esa era yo, sin su triste final, leyendo Con esto y un bizcocho. Miraba a través de las ventanas la felicidad ajena, el amor incondicional de un padre, las amigas que siempre están, la seguridad de un hogar y, qué le voy a hacer, he añorado muchísimo lo que nunca tuve.

Mariana es la pequeña de cuatro hermanos. Con apenas 24 años no deja de ser, en cierto modo, una niña. A pesar de que ha vivido independiente en Madrid, toda su familia y Cecilia, la mujer que la ha cuidado desde pequeña, hacen lo imposible por ampararla, protegerla. Iremos conociendo a todos los miembros de la familia, a los que Amara describe siempre con cierta luz y con toques muy inteligentes de sentido del humor. Cada uno tiene sus problemas, luchan sus pequeñas batallas diarias, pero juntos son invencibles. No es una novela en la que pasen grandes cosas, ni en la que los personajes se vean forzados a ser héroes. Es un día a día. Familiar, entrañable y positivo.

También hay momentos duros: la culpa de Mariana y su pena, las páginas pasadas en la vida de alguno de los personajes que duelen por lo reconocibles, esas tristezas cotidianas que todos vamos acumulando, que nos miman y nos quitan la tierra bajo los pies. Pero el amor y la familia tamizan esos momentos oscuros que acaban siendo los de cualquiera. 

Supongo que el mensaje principal de Con esto y un bizcocho es que el pasado está ahí y nada lo puede cambiar, aunque sea el más terrible del mundo. Pero lo que sí podemos hacer es mirarlo desde una perspectiva diferente, tomar otros caminos para rodearlo y que no nos embista como un Vitorino loco. Aceptarlo y asumirlo, procurar que nos haga el menor daño posible y perdonarnos... qué fácil parece y qué complicado es en realidad ¿verdad? Mariana va a transitar esos caminos paralelos y acabará por ir de la oscuridad a la luz (la metáfora del portal en el que tiene su consulta el doctor Ventura tiene mucho de esto) pero, como os decía arriba, sin ánimo moralizante, sin dar lecciones.

La forma en que Amara Castro Cid nos cuenta esta historia es como una mantita en el sofá una tarde de lluvia. O como esa taza de caldo caliente en un día de verano: parece que no es la mejor idea, pero nos entona, nos hace dejar de sudar y, al final, tenemos mucho menos calor. Esto lo aprendí en Egipto con las infusiones de karkadé. En el encuentro Zoom que tuvimos con la autora nos dijo que ella no puede hacer gran cosa por mejorar en mundo, pero sí que algunas personas se sientan mejor después de leer su libro. Y lo consigue, os lo aseguro.

Cada uno de los personajes, incluso los que al conocerlos se nos hacen más antipáticos, acaban demostrando que son cercanos, que acompañan, que luchan sus propias batallas personales pero están cuando se les necesita. La vida tiene futuro, siempre. Que la familia no son solo lazos de sangre sino que se puede construir de muchas maneras, pero todos necesitamos a alguien que nos sujete cuando sopla el vendaval.

He acabado Con esto y un bizcocho tan sorprendida como emocionada y un poco dolorida (aunque esto último es puramente personal). No esperaba que una novela de este tipo de gustase tanto ni que me hiciese sentir tanto. Y si bien es verdad que ha conseguido que vuelva a echar en falta lo que ni tuve, ni tengo, ni tendré, mi corazón agradece haberlo leído. Dadle una oportunidad, es una novela perfecta para "despejarnos" y para sonreir al acabarla.



viernes, 19 de marzo de 2021

GUÍA DEL MADRID MÁGICO de Clara Tahoces

Hay momentos concretos en que me doy cuenta de que ya voy teniendo una edad, sobre todo cuando tiro de recuerdos y soy consciente de que dentro de ellos hay personas que ya no están, afectos que se diluyeron y hasta lugares que ya no lo son o que han cambiado tanto que cuesta reconocerlos. Cuando supe de la reedición de esta Guía del Madrid Mágico por parte de la Editorial Luciérnaga, algo feliz se me removió en el interior. Porque, como he contado en otras ocasiones, yo me crié con los programas de Jiménez del Oso, con los misterios de la revista Más Allá y los libros de la Colección Otros Mundos. A todo ello me aficionó mi tía la mediana, que se nos fue demasiado pronto. Además, mis abuelos vivían muy cerca de la estación de metro de Tirso de Molina, con sus extrañas voces y su misterio y en su casa, como cualquier miembro de mi familia puede corroborar, siempre hubo un fantasma. Una señora, concretamente. 

La Guía del Madrid Mágico de Clara Tahoces no es un simple manual de fantasmas de Madrid. En absoluto. De hecho, casi puede funcionar como una estupenda guía turística porque contiene más de 150 lugares, repartidos entre la capital y toda la provincia, que son interesantes por diferentes motivos. Muchos por leyendas de aparecidos, cierto, pero también hay muchísimos más que destacan a nivel arqueológico, histórico, por alguna curiosidad concreta, por una tradición peculiar o por haber sido noticia en algún momento. Así que empecemos a caminar.

DE MADRID AL CIELO

La primera edición de la Guía del Madrid Mágico es de 1998 y la reedición que nos ofrece la Editorial Luciérnaga es una delicia; no solo por esa portada "gatuna" tan expresiva, sino también por el buen tamaño de letra, algo que he agradecido mucho (redundando en lo de que ya tengo una edad). Esta guía se ha convertido, por derecho propio, en un pequeño clásico para conocer nuestra ciudad guapa y sus alrededores porque está estructurada en itinerarios muy prácticos y muy fáciles de seguir para hacerse a pie. Sobre todo, este libro nos permite disfrutar de la ciudad con otros ojos y respirando, con calma, olvidándonos de las prisas y recreándonos en detalles que a diario se nos pasan desapercibidos.

Cada itinerario parte de un monumento, un edificio o un lugar que tenga un pasado misterioso, mágico o simplemente curioso y nos va llevando hacia otros destinos cercanos contándonos su historia y sus peculiaridades. Incluso la decoración de las fachadas de algunos edificios, a la que no solemos prestar nunca demasiada atención.

Por poner un ejemplo: en el capítulo dedicado a la Zona 2 (se ha parcelado Madrid por zonas) encontramos la ruta que parte del Palacio de Linares. ¿Quién no recuerda todo lo sucedido en aquel palacio, sus fantasmas, su niña Raimunda vagando desconsolada por los corredores y más de un "listillo" tratando de sacar tajada del asunto? Clara Tahoces hace un resumen de los hechos, de la famosa "leyenda negra" del edifico, y, desde allí nos cruza a la fuente de la Cibeles, de la que nos contará su simbología y los diferentes lugares por los que pasó. Subiendo la calle Alcalá llegamos al Café Lyon, muy conocido por los amantes del mundo OVNI ya que en sus sotanos tuvieron lugar las tertulias del famoso y oscuro affaire UMMO, que comenzó con supuestos avistamientos, siguió en plan secta y acabó fatal con acusaciones de abusos sexuales (investigad, investigad). Y finalmente acabamos en la Puerta de Alcala, de la que también se cuenta su historia, y nos anima a mirar con detalle la cara norte  para descubrir las señales de los disparos que acabaron con la vida de Eduardo Dato en un atentado.

Al inicio del libro tenemos una crónica de los orígenes de Madrid contada de forma breve pero con muchos detalles, una cronología y un par de mapas de la región en los que se señalan diferentes yacimientos o restos arqueológicos muy interesantes: restos romanos, visigodos, castillos, atalayas, que nos pueden servir para planificar excursiones y conocerlos de primera mano. 

Además las rutas no son solo dentro de la ciudad, sino que Clara nos lleva a toda la geografía madrileña para descubrir las que parten, por ejemplo, del castillo de San Martín de Valdeiglesias, de San Lorenzo del Escorial, de la Cueva de la Luna en Titulcia, del castillo templario de Santorcaz... En estas rutas no solo visitaremos los lugares con historia o misterio, sino que se nos cuentan leyendas, tradiciones que se pierden en la noche de los tiempos, ritos de ayer y de hoy. Paseos fantásticos que pueden hacerse a pie o con la imaginación, pero que nos van a sorprender porque son grandes desconocidos.

Por supuesto que se habla de lugares famosos por sus fantasmas o apariciones, como el ya mencionado Palacio de Linares, el Museo Reina Sofía o la Casa de las Siete Chimeneas, pero también nos va desgranando sucesos o leyendas que aún se escuchan por algunas esquinas como la de la cabeza parlante de la calle del Soldado, los fraudes de la "beata Clara" que tenía su casa en la calle Lope de Vega, el cementerio encontrado al excavarse la estación de metro de Tirso de Molina, que pertenecía al Convento de la Merced, y que allí sigue, tras los muros. Las casas de malicia, los toros de Guisando, las endamoniadas del Convento de San Plácido, la sangre de San Pantaleón...cada página es un feliz hallazgo.

Para facilitar la movilidad y ayudar a desplazarse a quienes quieran seguir cualquiera de estas rutas, al final del libro hay detalles de transporte público y accesos por carretera desde diferentes puntos de la región.

Escrito de un modo muy ameno, sin resultar en absoluto excesivamente didáctico, Clara Tahoces nos regala una visión fantástica de lo que nos rodea. Un libro que ya ha enamorado a miles de lectores y que va a seguir haciéndolo, porque simplemente como lectura es una delicia, un descubrimiento en cada página, decenas de curiosidades que se nos pasan por alto y que harán que bajemos el ritmo de nuestros pasos para mirar y hasta emocionarnos. Así que cojamos la mochila de paseo, un buen calzado para caminar y la Guía del Madrid Mágico bajo el brazo y perdámonos en esa cara más oculta de Madrid y sus alrededores. Os aseguro que os vais a llevar muchas sorpresas.

Y sí, de Madrid al cielo. Siempre. Y un agujerito para verlo.

****Clara Tahoces es madrileña lleva más de veincinco años dedicada a la investigación de temas insólitos y misteriosos. Redactora y reportera, es diplomada en Grafopsicología y Especialidades Grafológicas y autora de catorce libros, tanto ensayos como novelas. Su último libro es 'El jardín de las brujas', una novela publicada en 2020.

martes, 16 de marzo de 2021

SPICULUS de Juan Tranche

Lo he contado ya, pero lo que me ha pasado con este libro y con su autor es una de esas felices casualidades que convierten una lectura en algo muy especial. Me enamoré de la portada y del resumen que apareció en el catálogo de Suma de Letras, cosa nada extraordinaria ya que, como muchos sabéis, lo mío con Roma y los gladiadores viene de lejos. Y hablando de la novela con mi librero de cabecera, él me contó que habían ido varios clientes para preguntar si ya lo tenía a la venta porque, al parecer, el autor y su familia vivían aquí, en mi mismo municipio. Así que me lancé, contacté con Juan Tranche a través de Facebook y en efecto: no solo vivía relativamente cerca de mi casa sino que nos organizamos para vernos en territorio ventilado, con mascarillas y toda la parafernalia. Pasé más de dos horas de puro disfrute, porque Juan muestra una pasión tremenda por su "criatura" y por todo el periodo histórico en el que la ha colocado. Y, además de la entrevista que llevaba esbozada, hablamos de clásicos, de cine, de personajes, de las calles de Pompeya y hasta de un tal Máximo Décimo Meridio, del que ambos nos declaramos rendidos admiradores. 

Sorprende que, siendo una primera novela, esté tan cuidada y tan bien escrita. Y sobre todo, como os detallaré ahora, haya conseguido una ambientación tan real y tan cercana, en la que hasta los olores están presentes y con una recreación tan brillante de Pompeya cuando era la gran ciudad cosmopolita, una de las grandes urbes romanas. En esta entrada voy a ir intercalando mis sensaciones como lectora con respuestas que él me dio, porque creo que merece la pena "escuchar" al autor hablando de los detalles. 

UN INFAME PARA LA ETERNIDAD

En la Pompeya del siglo I d.C. dos niños, de muy diferente condición mantienen una amistad fuerte y cómplice: Lucio, hijo de Publio Valerio, importante patricio pompeyano, y el pequeño esclavo Ronet, que sirve en la domus Valeria. Aunque los papeles de ambos están bien delimitados por ser quienes son, ambos disfrutan  de sus aficiones, sus juegos y comparten sueños. Los dos sienten gran admiración por los gladiadores, a pesar de no haber visto un combate en su vida, pero una noche, durante una cena organizada por Publio Valerio, tendrán ocasión de contemplar, a escondidas, cómo dos de ellos de baten para entretenimiento de los invitados. La travesura traerá consecuencias para ambos, mucho más duras para Ronet. La suma de acontecimientos que suceden a continuación y la llegada de Nailah, una jovencita esclava egipcia, marcarán y cambiarán el curso de sus vidas. 

En Roma, Nerón se enfrenta a las conspiraciones contra él mientras se ve dividido entre sus asesores más sensatos, Séneca y Burro, y la constante intromisión en cualquier aspecto de su vida de su amante Popea. La madre de Nerón, Agripina, sigue siendo un referente constante para su hijo, pero sus movimientos dentro de la corte no acaban de gustar y todo comienza a girar demasiado rápido en una ciudad que está más cerca del desastre de lo que parece.

"Tenía miedo de que Nerón recordase en exceso al de Quo Vadis. De hecho bauticé a uno de los personajes como Crotón en homenaje a esa novela. He intentado mostrar al Nerón según lo cuentan las fuentes clásicas, no al Nerón que yo creo que fue, para ser lo más riguroso posible. Dentro de la cabeza del emperador debía haber una auténtica bomba de relojería. Sí hubo una parte buena en su reinado, los añós en que se dejó asesorar por Séneca y Burro, tomando decisiones muy correctas. Pero cuando ellos se alejan de su lado es cuando pierde las riendas. Se da cuenta de que tiene el poder de decidir sobre la vida de otros, acaba creyendo que es un dios, se vuelve completamente histriónico...psicológicamente no debía de estar muy bien y la presencia constante de su madre no le ayudaba, precisamente."

Spiculus es una novela que pone como protagonistas principales a los gladiadores. Un mundo del que hay referencias pero poco conocimiento. Sí, se sabe cómo funcionaban los ludus, los lugares de entrenamiento de los gladiadores. Se sabe que solían ser esclavos . Pero de sus vidas nada en absoluto porque eran infames, lo más bajo de la sociedad. Estaban para entretener, para divertir y sus vidas importaban poco. Sin embargo Spículus llegó a ser el gladiador favorito de Nerón y vivió en la opulencia, consiguiendo las mismas posesiones y prebendas que los generales del ejército romano. 

"Si preguntamos por nombres de gladiadores reales, mucha gente habla de Máximo Décimo Meridio, que es un personaje de ficción, o de Espartaco. Pero Espartaco se hace famoso por liderar una rebelión de esclavos, no sabemos si era o no buen gladiador y mucho menos de sus combates en la arena porque no existen referencias. Pero de Spiculus sí las hay y eso es lo extraordinario, ya que, siendo un infame, lo lógico es que no quedase ni el recuerdo. No es que sean numerosas, en el libro están detalladas al final, pero existen. En cuanto le descubrí fue un flechazo. Estoy convencido de que fue uno de los mejores gadiadores de todos los tiempos."

Como os decía antes, la ambientación es uno de los platos fuertes de esta novela. Además de trasladarnos a las calles de Pompeya y de Roma, podemos oir y oler lo que sus habitantes oían y olían. La mezcla de hedores de los talleres texiles y las heces lanzadas a la calle cada mañana por parte de muchos vecinos se unen con el aroma del pan recién horneado. En las correrías de Lucio y Ronet por Pompeya, será fácil distinguir edificios que existieron y que ya han sido excavados y contemplar la magnificencia de una ciudad única, con sus espacios comunes, sus domus, su anfiteatro, su vida bullendo cada amanecer. Igual sucede cuando el autor nos traslada a Roma, tanto al palacio de Nerón como a los barrios que la conformaban. Las imágenes se nos dibujan con precisión al leer.

"Quería que la ambientación no estuviese idealizada, que fuese lo más real posible. Utilicé mucho la imaginación, desde luego, pero las herramientas actuales, como el Street Wiew, me permitieron pasear por las calles de Pompeya antes de visitarlas. Para mí era muy importante qué veían, qué oían y qué olían y tratar de trasladarlo a la novela. Cuando tuve la suerte de visitar Pompeya, no podía dejar de imaginar a Lucio y a Ronet corriendo por allí."

Las imágenes que tenemos de los gladiadores muchas veces no se acercan a la realidad en cuanto a su indumentaria o su aspecto. En Spiculus, Juan Tranche es fiel a los tipos de gladiadores, describiendo con detalle la panoplia de cada uno, las armas que utilizaban, cómo combatían, sus técnicas y sus tácticas. Lo hace como si fuese una lección a Lucio y a Ronet por parte de Arrio, que ejerce la función de maestro y "hombre para todo" en la domus Valeria. Es en la única ocasión en que el autor se permite ser didáctico y, puede que un poco puntilloso, pero lo hace para que el lector tenga claro cómo eran y cómo actuaban.


 "Un consejo que Christian Gálvez me dio fue que matase al profesor. Me dijo: 'Tú no eres profesor, tienes que entretener, no dar una lección'. La información que ofrezco sobre los gladiadores la considero necesaria. Saber qué es un tracio o un murmillo, por eso la expuse dentro de una conversación de niños. Pero lo que más me interesaba era mostrar en todo momento qué era la infamia, que el lector actual entendiese que un gladiador era un infame. Cualquier persona cuyo cuerpo se destinaba a entretener a los demás era un infame."

Hay magníficos secundarios de lujo en esta novela, tanto reales como imaginarios, pero uno brilla con luz propia aunque solo aparezca en un capítulo: Agripina, la madre de Nerón.

"Agripina es mi personaje favorito del mundo romano. Me enamoré de ella tras leer el ensayo de Emma Southon, untexto que considero fundamental y completísimo de la vida de esta mujer. Lo fue todo en Roma y se atrevió a pisar esferas de poder que estaban reservadas en exclusiva a los hombres. Sí, mató a dos maridos, era manipuladora y hasta cruel... pero en el tiempo que le tocó vivir, con el papel que la mujer tenía reservado únicamente como matrona y en su casa, ella se plantó y dijo: 'aquí estoy yo'. Nerón siempre estuvo obsesionado con su madre y a él no se le entiende sin ella."

Partiendo de un periodo histórico concreto, de los pocos datos que hay sobre Spiculus, de una documentación detallada y con una narración poderosa que va envolviendo al lector por completo, Juan Tranche nos ha regalado una novela emocionante y épica, con todos los argumentos para resultar atractiva y que nos mantiene pegados a sus páginas hasta la última línea. Amaremos y odiaremos a los personajes, asistiremos en primera línea a las intrigas cortesanas, a la vida en las ciudades, a las luchas en la arena, al amor, a la pérdida, a la amistad. Han pasado muchos siglos, pero hay emociones y sentimientos humanos que siguen presentes y muy vivos. Animaos a descubrirlos.

"Para entender el pasado hay que irse a ese pasado y contar lo que sucedió. Las comparaciones con el presente se pueden hacer, pero son injustas. Es como quienes se empeñan en comparar futbolistas actuales con los gladiadores... y no se puede porque hay que entender cómo se vivía allí, cómo era la realidad de los gladiadores. El lector debe entender que lo que está leyendo no es cien por cien como ocurrió. Las conversaciones, los gestos, todo eso es ficción. La novela histórica más peligrosa es la que pone en boca de personajes históricos ideas o pensamientos actuales porque confunde al lector. Y hay que entender que una novela histórica no es un manual de nada, aunque sí puede servir para despertar nuestra curiosidad. Ya de nosotros depende si queremos seguir profundizando"

VALE

jueves, 11 de marzo de 2021

ANÍBAL de Gisbert Haefs

A pesar de que esta novela se publicó por primera vez en 1989, nunca había caído en mis manos. Por derecho propio se ha convertido casi en un clásico de la novela histórica y, desde el momento de su publicación, las ventas y las buenas críticas la han acompañado. Ahora es la Editorial Pàmies quien vuelve a traerla, para disfrute de quienes no la habíamos leído, con el glosario y la cronología en las últimas páginas para no perder detalle.

Aníbal es uno de esos personajes históricos que están siempre en el imaginario colectivo. Supongo que la potencia de su imagen, cruzando Pirineos y Alpes con los elefantes, traspasa épocas y, como decían en aquella película, "atraviesa océanos de tiempo". Un hombre de su época, un gran militar y estratega, inteligente y con desarrollado talento diplomático, su biografía es apasionante. Y en esta novela vamos a conocerle de la mano de un amigo y mentor, que le acompañó hasta sus últimos días. Vayamos, pues, a Cartago.

"ENCONTRAREMOS UN CAMINO, Y SI NO LO CREAREMOS". (ANÍBAL BARCA)

En el siglo III a.C. Cartago mantiene una feroz lucha con Roma para preservar sus derechos en el Mediterráneo. Roma es ya una gran potencia emergente y el enfrentamiento entre ambas pondrá sobre el tapete de la Historia algunas de las batallas más sangrientas de todos los tiempos, en las que las bajas de ambos bandos serán inmensas. En medio de este conflicto emerge la figura de Aníbal Barca, el gran general cartaginés, militar de talla y creador de tácticas militares que, hoy día, se siguen estudiando y que sorprendieron a sus enemigos. Aníbal se niega a ceder la hegemonía de Cartago y amenaza el poder de Romar cruzando Pirineos y Alpes con un ejército que contaba con los temibles elefantes de guerra. Venció en las batallas de Trebia, Trasimeno y Cannas de forma amplia y contundente. El terror se apoderó de Roma y sus habitantes. Antígono, banquero y consejero de la familia Barca, de origen griego y asentado en Cartago, nos contará en primera persona y bajo su perspectiva, todo lo sucedido y su visión de las guerras púnicas desde el punto de vista de los vencidos.

En Aníbal encontramos no solo una magnífica del general cartaginés sino también una perspectiva clara de cómo eran la sociedad, la política y la economía de la época en esa zona del Mediterráneo occidental. La biografía de Aníbal está perfectamente trazada a través de las páginas de la novela. Sus primeros pasos como comandante, bajo las órdenes de su padre, el asentamiento en Hispania, en la actual Cartagena, y, por supuesto, la narración de las batallas tras el paso de los Alpes hasta el fin de la batalla de Zama frente a Escipión el Africano. Siendo completamente fiel a la Historia, el modo en que Haefs narra es muy sugerente porque nos transporta sin dificultad a aquellos momentos, a las riberas del Mediterráneo, con una descripción fantástica de las ciudades y sus gentes.


La cosmopolita Cartago cobra también protagonismo, con visuales descripciones de sus barrios, edificios, el puerto... y también las luchas de poder que se vivián en su seno. En ocasiones, es cierto que el autor puede resultar excesivamente meticuloso en ellas, pero nunca pierde la coherencia ni convierte los escenarios en un plano teatral. Los personajes son profundamente humanos, muy alejados de los estereotipos, y es muy sencillo darnos cuenta de que los intereses y las emociones que movían a los hombres de entonces son muy parecidos a los actuales.

Hay alguna mención a ciertas leyendas que rodean a los cartagineses, como su posible llegada a América, una opción imposible y ya descartada por los expertos. Es cierto que la novela es parcial: cuenta cada hecho, cada paso de Aníbal desde la perspectiva de los cartagineses y más en concreto desde la mirada de Antígono, que pertenece al bando púnico. Roma es el enemigo y así es retratada.

Gisbert Haefs utiliza un lenguaje sencillo con algunos toques de humor que aligeran la lectura, por lo que la narración, aún tratándose de un periodo tan complejo, se sigue sin dificultad. No hay abrumadoras sucesiones de datos militares, biográficas o geográficas, todo fluye para convertirse en una novela estupenda para disfrutar. Aníbal es una novela ambiciosa por el amplio periodo de la Historia Antigua en la que se mueve y por los escenarios, que también son grandiosos. Hay escenas muy dramáticas, algunas que llegan a ser crueles, pero estas se compaginan muy bien con viajes, ciudades por conocer, paisajes diferentes. 

En esa lucha entre Cartago y Roma, Haefs no las trata como iguales, como dos potencias hegemónicas en un choque de titanes, sino que, para él, defendían principios distintos. Roma se dibuja como mucho más tiránica, una apisonadora que arrollaba todo a su paso; por contra, Cartago y su política eran mucho más tolerantes, ya que lo que en realidad buscaban era un imperio comercial y no tanto político. 

Con todos estos argumentos, por supuesto que recomiendo su lectura. Aníbal relata de forma formidable la gesta del general cartaginés, pero también conoceremos su faceta más humana. Y la ambientación es fabulosa, consigue hacernos viajar hasta allí sin dificultad. He disfrutado cada capítulo y cada página y me ha servido para aprender cosas que desconocía. Solo por eso vale la pena leer esta novela. Echar la vista atrás nos sirve, muchas veces, para comprendernos y comprender nuestro hoy.

jueves, 4 de marzo de 2021

EL TAXISTA ASESINO de Miguel Ángel de Rus

Hacía mucho que no tenía la ocasión de leer un libro de relatos. Es un género que me encanta, desde siempre, quizá porque de adolescente me enamoré perdidamente de los cuentos y relatos de Julio Cortázar, esos mundos especiales que viven en un universo único. Por eso, y por otras razones que os detallaré un poco más adelante, me lo he pasado tan bien con los que contiene El taxista asesino, de Miguel Ángel de Rus. Conocí la editorial MAR Editor el año que Carlos Augusto Casas ganó el premio Wilkie Collins, convocado por ellos, con Ya no quedan junglas adonde regresar. Sus libros tienen un formato diferente, llaman la atención, y ya no he dejado de seguirles la pista. 

En El taxista asesino me he encontrado con lo mejor de los relatos. Condensar la vida, un hecho, una situación, un amor o todas las sensaciones posibles en apenas tres o cuatro páginas me parece un arte. Y si, además, también hay un fondo de crónica negra en algunos y muchas frases que merecen la pena, incluso que te llegan a sacar una sonrisa en los momentos más tensos, ya me ha ganado por completo. Desde ahora mismo os recomiendo esta colección de relatos, os aseguro que vais a mirar el mundo y la realidad con otros ojos.

HAY OTROS MUNDOS, PERO ESTÁN EN ESTE (PAUL ÉLUARD)

"En El taxista asesino encontramos el mundo como representación; nada es real, todo es falso, recreación de un decorado, un montaje para entretenernos. El ser humano es esclavo de su deseo, de la voluntad ciega de vivir. Para los personajes la vida es un anhelo y un tormento; en algunos textos el drama se analiza desde el humor, y en otros desde la introspección. Las dos pulsiones dominantes en esta obra son el amor y el odio; de su equilibrio nace eso que llamamos sociedad."

Son dieciocho los relatos que componen El taxista asesino. Dieciocho pequeños bocados de realidad pero pasados por un tamiz en el que a veces hay mucho del género negro, a veces algún toquecito distópico o ucrónico (nada que chirríe, porque, además, están ahí muy bien engrasados y colocados). Incluso ciertos regustos del llamado "realismo mágico" sin serlo del todo. Todos ellos son un retrato muy fiel de la sociedad actual, pero no fotografías. Hay mucha ironía, mucho humor de todos los colores, mucha sátira (incluso, a veces, girando un poquito al esperpento) y, sobre todo, una visión muy particular del autor de lo que nos rodea. En alguno de los relatos, incluso, se habla, sin hacerlo directamente, de los inicios de la situación actual. 

Una buena parte de las narraciones están escritas en primera persona y son muy potentes a la hora de describir sentimientos profundos. Y si bien es cierto que la mayoría tienen ese componente negro que, a mí, particularmente, me ha enamorado, otros son un puro canto al amor, a la melancolía, al pasado perdido, a las ocasiones que no vuelven. Nos vamos a ver reflejados, a nosotros o a nuestro entorno, en un caleidoscopio de situaciones que son perfectamente reconocibles.También lanza torpedos a la línea de flotación de este "buenismo" imperante, que convierte lo que hacemos y lo que decimos en una ofensa aún cuando nada en nuestro ánimo vaya en esa dirección. Hay mucho, muchísimo, de crítica social en el conjunto de la obra. A veces narrada con desgarro, a veces de forma brutal y otras con una luminosa acidez. Porque la sociedad actual tiene esa habilidad: provocarnos una acidez constante que no se alivia con medicación. Puede que solo el humor nos salve.

En El taxista asesino descubriremos, entre otros, a un taxista (que da nombre al conjunto) enamorado hasta las trancas de chica sencilla y bonita que, de repente, descubre su vocación de actriz. Un pueblo que celebra con algarabía la amnistía por Nochebuena de un vecino violador. El amor que llega como un vendaval a través de las redes sociales y que se diluye sin apenas dejar poso. La dureza de la inmigración que se deja vidas miles de vidas en el camino pero que no siempre trae concordia ni buenos deseos. Descubrir cuanto tienes ya cincuenta años que a quien amaste, de pronto, vuelve a estar delante de ti y es pero no es. Una pléyade de escenarios, de hechos, de personajes fascinantes.

Y lo que os decía, a pesar del filtro especial que Miguel Ángel de Rus ha puesto en sus pedacitos literarios, la crítica social es demoledora y, a la vez, brillantemente satírica, con poderosas cargas de profundidad llenas de ironía. No se puede menos que esbozar una media sonrisa cuando reconocemos personas o situaciones, incluso cuando se parecen demasiado a algunas que nos haya tocado vivir. Pero también sabe tocarnos el corazoncito es muchos párrafos preñados de nostalgia, de melancolía y de recuerdos de lo que fue y no pudo ser. De la vida pasando y llevándose demasiadas cosas.

Quiero dejaros algunas frases, de las muchas que no he podido evitar ir señalando, para que os hagáis una idea del tono y del estilo de Miguel Ángel de Rus:

- "Pero él seguía enamorado, porque Eros (o Cupido) cuando aprieta, ahoga pero bien; y hay amores malditos que bien administrados dan para destrozarte la vida entera."

- "En ocasiones se planteaba que le hacía falta algo, más preocupaciones quizá, una mujer, hijos, algo. Hay edades malas en las que uno no sabe."

- "Europa se hunde igual que se hundió el Imperio Romano, mientras se mira su oronda barriga y reparte consignas bienintencionadas y bobas sobre lo bello que es todo y que el mal es algo siempre lejano y ajeno, incluso cuando irrumpe en tu vida y la destroza."

- "La bondad depende de que no te toque el mal. El dolor de los demás no lo comprenden, prefieren sentirse buenos perdonando a quien nada les ha hecho...a ellos."

Todo un hallazgo este libro de relatos. Descubridlos, no os van a dejar indiferentes.

 

viernes, 26 de febrero de 2021

EL BUEN PADRE de Santiago Díaz

Recuerdo perfectamente que, cuando la primera novela de Santiago Díaz, Talión, llegó a mis manos y la empecé, me tuvo completamente colgada de sus páginas hasta el final. Además me vino muy bien, a nivel personal estaba pasando una de los peores momentos de mi vida y aquella trama me permitía olvidarme de todo durante un rato. Talión resultaba novedosa y provocaba que los lectores nos hiciésemos muchas preguntas, sobre todo a nivel ético. Por eso la publicación de El buen padre me llenó de alegría. Una buena intriga siempre es una buena lectura, en mi opinión.

El buen padre saca un gran partido a la tensión. Santiago Díaz es guionista de cine y televisión y sabe perfectamente cómo hacerlo, cómo cerrar los capítulos en alto para mantener la atención del lector, cómo llevarte hasta una esquina en la que no ves lo que hay detrás y, allí, hacerte girar de golpe para que te topes con lo que no esperas. En eso me ganó con Talión y ha vuelto a conseguirlo ahora. Sí que hay un par de cosas en esta novela que necesitarían una explicación detallada, algo que comentamos con el autor en el encuentro vía Zoom que tuvimos con el Club de Lectura LL y que nos reconoció. Lo explico un poco más adelante, aunque ya os anticipo que su importancia es relativa para la acción, si bien para mí, reconocida tiquismiquis, me chirriarron un poquito. Como una puerta que no cierra bien en un piso nuevo.

EL FINAL DE LA CUENTA ATRÁS

Hace un año, Gonzalo Fonseca fue detenido en su casa, completamente cubierto de la sangre de su mujer. A su lado estaba el cuchillo, arma del crimen, con sus huellas. Se encontraba en estado de shock y parecía no entender nada de lo que le estaba pasando. Doce meses después, Ramón Fonseca, el anciano padre de Gonzalo, se entrega en una comisaría asegurando que ha secuestrado a tres personas que van a morir en las tres semanas siguientes si no se consigue detener al verdadero asesino de su nuera. Ramón tiene la certeza de que su hijo no cometió el crimen por el que está en prisión y ha cargado las culpas contra el abogado que le defendió, la jueza que lo juzgó y una joven testigo cuyas palabras en la vista fueron fundamentales, aunque Ramón dice que mintió. Los tres morirán si la policía no averigua la verdad.

Por si eso fuera poco, exige que sea la inspectora Indira Ramos quien se haga cargo de la investigación, una mujer con un código ético único e inquebrantable, pero que se encuentra en el punto de mira de todos sus compañeros por haber denunciado a otro policía cuando descubrió que había falseado pruebas para incriminar a un sospechoso. Indira, además de la firmeza de sus convicciones, tiene una feroz fobia a los microbios y al desorden debido a un hecho de años atrás que la marcó para siempre. Ella y su equipo serán los encargados de reabrir y resolver un caso que está completamente cerrado y sentenciado y evitar tres muertes en las tres siguientes semanas.

¿Qué no haría un padre por su hijo? Todos los que somos madres o padres sabemos que, por un hijo, somos capaces de cualquier cosa. Pero ¿esta premisa es estrictamente cierta? ¿Cuántos de nosotros seríamos capaces que quitar la vida a alguien? Es la desesperación la que ha llevado a Ramón Fonseca a tomar decisiones terribles y a urdir un plan que puede acabar con tres muertes, pero él lanza la responsabilidad a la policía. En manos de los agentes está ahora salvar a los secuestrados. Ramón se niega a dar pistas, solo exige una solución que exonere a su hijo. Y el reloj ya ha empezado a correr.


A base de capítulos cortos y de una creciente tensión, que va tomando velocidad como un motor diésel bien engrasado, el equipo de Indira Ramos se ve abocado a transitar dos caminos que parecen dirigirse directamente al abismo: por un lado, tratar de salvar a los tres secuestrados; por otro, volver a examinar las pruebas del caso de Gonzalo Ramos y comprobar si hay algo que se pasó por alto. Al tiempo, Santiago Díaz va introduciendo capítulos dedicados al abogado, a la jueza y a la testigo: en unos los vemos en su encierro, en otros sabremos más de sus vidas y de cómo quedaron vinculados al caso de Gonzalo Ramos. Paso a paso descubriremos que no todo es lo que parece y que hay muchas sombras en las esquinas de las vidas de los tres.

Indira Ramos es un descubrimiento como personaje. A su carácter firme, de mujer que ha conseguido llegar a donde ha llegado por su propia valía, a su ética acerada que le hace ir contra cualquier cosa que sea ilegal, aún cuando la haga un compañero, se suman sus fobias que ha aprendido a controlar a duras penas. Su equipo la mira con bastante prevención y cierta manía, consideran que traicionó a uno de los suyos, pero al tiempo no pueden evitar un poso de admiración que irá creciendo a lo largo de las dos investigaciones que llevan a cabo. Es cierto que hay escenas de Indira lidiando con su trastorno que podrían haber sido un dechado de extravagancia, pero Santiago las reviste de un cordial sentido del humor que consigue que empaticemos con ella y sonriamos levemente. No convierte sus fobias en una parodia, las hacer parte de Indira, les da carta de naturaleza. La relación estrecha con sus compañeros y, en especial, con el subinspector Ivan Moreno hace que se vaya "humanizando", aunque sin perder jamás su peculiar forma de ver la vida.

Nota muy personal: el contraste entre Marta Aguilera, la protagonista de Talión, e Indira Ramos. La primera deja a un lado por completo la ética, la culpabilidad, las normas y opta por castigar a su modo a quien ha escapado del castigo legal; Indira es todo lo contrario. La noche y el día.

Y sí, como os decía al principio, hay un par de cosas que no terminan de encajar por completo. Es verdad que no afectan al desarrollo de la acción ni le restan un ápice de interés, pero yo no he podido evitar tropezarme con ellas mientras corría al ritmo que Santiago Díaz me marcaba. La ubicación del Polígono de los Ángeles, en Getafe, va a acabar siendo una broma recurrente entre el autor y el club, pero se puede obviar por completo. No así, y no quiero dar demasiados detalles, la edad de Ramón Fonseca, un dato que es fundamental para cualquiera que se pare un poquito a pensar acerca de lo que podría o no hacer. Igualmente, y conociendo el sistema procesal español, me parece que un año es un plazo excesivamente corto para que se haya producido una condena (con su investigación policial, el sumario, la calificación de pruebas y la vista oral) y que Gonzalo Fonseca ya lleve un tiempo en la cárcel.  Eso sí, todas pueden ser pasadas por alto si se quiere, pero están.

El buen padre es un thriller intenso, oscuro en algunos momentos, que toca temas terribles como la prostitución de lujo, la vida de los presos en la cárcel, la soledad y la rabia de quien lo ha perdido todo, la presunción de inocencia cuando esta no es tal, la lucha contra los demonios que algunas personas llevan detro. Pero es, sobre todo, una apasionante carrera contra el reloj en la que el premio son vidas humanas. Y hay aquí otro dilema moral: ¿valen más unas vidas que otras? ¿hay personas que merecen morir por lo que hicieron o por lo que decidieron no hacer?

La verdad, en muchas ocasiones, está más cerca de lo que creemos y no siempre es la que podemos aceptar. En El buen padre tenemos un ejemplo poderoso de todo ello. Y parece que Indira Ramos ha llegado para quedarse. Va a ser muy interesante seguirle los pasos. De momento, venid a conocerla, os garantizo varias horas de lectura con el corazón desbocado.