lunes, 6 de mayo de 2024

LA MESA HERIDA de Laura Martínez Belli

 

Conocí esta novela y a Laura Martínez Belli en el marco del último Certamen de Novela Histórica de Úbeda, gracias a la iniciativa de traer autores hispanoamericanos de novela histórica para conocer cómo escriben y encaran el género allí. Puedo asegurar que la presentación que hizo Laura de esta novela fue fascinante. Aún no estaba publicada en España, pero se nos anunció su pronta llegada y los ejemplares de la edición mexicana que allí se pusieron a la venta se agotaron rápidamente. Y es que algo hay en Frida Khalo que siempre nos hace prestar atención. Quizá su pintura no nos guste, pero ella tiene un aura diferente, como una energía que nos atrae, que casi hipnotiza. Frida hizo de su sufrimiento, arte, es cierto, pero también tuvo una biografía intensa, apasionante, plena...y, en muchos momentos, complicada de entender, sobre todo en su relación con Diego Rivera.

La mesa herida es también el título de un cuadro perdido de Frida Khalo. Desapareció en Varsovia en 1955 y, desde entonces, nada se ha vuelto a saber de él. Este misterio permite a Laura Martínez Belli crear una novela en dos tiempos y dos voces, conocer a Frida casi desde dentro, desde su desgarro y su dolor, tanto físico como emocional y conocer a Olga Simonova, una amante del arte que trabaja dentro y para el Partido Comunista de la Unión Soviética. Dos historias unidas por un cuadro y una pasión. ¿Vamos?

"NINGÚN LUGAR ES MÁS TRISTE QUE UNA CAMA VACÍA" - FRIDA KHALO

En 1935, Frida descubre que su marido, Diego Rivera, la ha engañado con su hermana Cristina y queda devastada. Con el alma rota, usará la mesa sobre la que descubrió a los amantes para pintar un cuadro que cuente todo el dolor que siente, toda la traición, toda la pena. Un cuadro enorme, comparado con el tamaño de los que ella solía pintar y que acabó donando a la Unión Soviética. Jamás volvió a verlo. Años después, en 1947, Olga Simonova, secretaria en la Sociedad para las Relaciones Culturales con el Exterior en Moscú, que ha arrinconado en el fondo de su corazón su amor por el arte para llevar una vida gris bajo la burocracia del Partido Comunista, contempla por primera vez La mesa herida, que se encuentra almacenada y casi olvidada. El hecho de que la pintura sea considerada "fea" y, además, contraria a lo que allí y entonces debía pintarse y exponerse, provoca que se de la orden de que el cuadro sea quemado y olvidado. Pero Olga sabe que tiene que hacer algo para evitarlo y decidirá arriesgarse para conseguir salvarlo.

A través de las dos líneas temporales, veremos como Frida y Olga son dos mujeres unidas por el arte, pero también por el dolor. Estamos ante un misterio histórico real, la desaparición de La mesa herida, y Laura Martínez Belli crea una deslumbrante novela alrededor de este misterio, mezclando realidad y ficción como si fuese un perfecto encaje de bolillos.

Es curioso, sobre todo, y muy visual el contraste de color entre ambas tramas. Frida Khalo y el México del momento estaban llenos de colores y matices, de olores, de flores y tejidos deslumbrantes y así era también su pintura; sin embargo, cuando la acción pasa a Olga, toda la narración se tiñe de gris, se apaga, el ambiente se vuelve frío y monocromático. Hasta los sentimientos son escondidos bajo la ropa y la piel. Olga es una mujer con un gran bagaje cultural, que habla varios idiomas y ama el arte profundamente, aunque los años que lleva como prudente y sumisa secretaria de un alto cargo han sepultado, de alguna manera, ese amor. Su marido partió a la guerra cinco años atrás y jamás ha vuelto a saber nada de él. Vive en un piso compartido con Valentina, una mujer mayor que ella que ha perdido a sus hijos en esa misma guerra. La visión del cuadro de Frida Khalo provoca una revolución en su interior, como si algo volviese a la vida dentro de ella. 

Frida Kahlo, en sus capítulos, se nos muestra de una forma más intimista y personal, alejándola del mito. Es una mujer traicionada por quienes más ama y ese dolor se suma a los muchos que padece desde que el accidente en un tranvía estuvo a punto de costarle la vida. Su cuerpo jamás se recuperó del todo, sufrió infinidad de operaciones y perdió tres embarazos, algo que la marcó profundamente. Su relación con Diego Rivera es compleja, para Frida supone casi una dependencia absoluta, también a nivel económico. Un lazo dañino que es más obsesión que otra cosa. Un amor desesperado que casi nunca encuentra respuesta con la misma intensidad.

Las dos tienen mucho en común. Olga ha perdido a su marido, o eso parece, pero no puede olvidarlo. También ha perdido un hijo a poco de la partida de él a la guerra. Y, como se verá en la novela, tampoco corresponde a Olga con el amor y la fidelidad que ella le profesa. Frida, a pesar de todo, es alegre y parlanchina; Olga lo sería si tuviese ocasión. A las dos las une su pasión por el arte y lo que una creó, la otra trata de salvarlo de quienes solo lo conciben como instrumento ideológico.

La mesa herida es una novela maravillosa, llena de matices, escrita con elegancia y gusto, con un lenguaje cuidado y una ambientación extraordinaria. Nos hace interesarnos, una vez más, por la figura de Frida Kahlo, tan caleidoscópica y casi irresistible, y a conocer cómo se movían las altas esferas soviéticas para imponer su discurso único, algo que, en ocasiones, da cierto escalofrío por parecerse un poco a situaciones actuales. Hay, además, diez capítulos finales, narrados en primera persona con la voz de Frida Khalo que nos habla desde el más allá tras su muerte, y que son bellísimos y muy reveladores.

Laura Martínez Belli ha escrito una novela única, de las que se quedan contigo después de acabarla y que nos despierta las ganas de investigar y saber. Hay lecturas que te llenan el alma y La mesa herida es una de ellas. A veces es necesario ver, y no solo mirar, para darnos de bruces con lo extraordinario. Aquí tenéis un buen ejemplo.

jueves, 18 de abril de 2024

EL ASESINO DE LOS CARAMELOS DE VIOLETA de Susana López Rubio y Javier Holgado

 

En Madrid, es bastante normal que todos recordemos, de una manera u otra, quien nos daba caramelos de violeta de niños, cómo nos aficionamos a ellos. En mi caso era mi abuela paterna, que solía venir todos los jueves a comer a casa y en muchas ocasiones nos traía a mi hermana y a mí una cajita de esos caramelos. Cada vez que vuelvo a comerlos, me llegan imágenes de entonces: la mesa camilla en casa de mi madre, la radio puesta, la luz de la tarde reflejándose en el edificio de enfrente, el costurero abierto, los cuadernos con los deberes a medias. Y claro, fue ver la portada de esta novela en el catálogo de Espasa y maravillarme, tanto por el título como por saber que una de sus dos autores era mi querida Susana López Rubio, a quien conocí gracias a sus novelas anteriores: El Encanto y Flor de sal. La estética, además, es de lo más atrayente, con esa pareja a la moda sesentera y el color verde (o azul) turquesa, aunque una figura embozada y oscura asoma por la derecha, como anticipo de que el asesino del título, va a estar muy presente.

La novela lleva un pequeño subtítulo, "Un caso de Lucio Garza", y eso me hace pensar que, con suerte, podría haber más historias futuras con ese protagonista, al que acabamos cogiendo cariño sin remedio, A él, a su numerosa familia y a Félix, su compañero de aventuras. Ambientación, personajes, asesinatos y Madrid y sus rincones componen un paisaje muy especial en el que nos perdemos sin remedio y queremos seguir leyendo tanto por saber quién o quiénes son los asesinos, como por estar al tanto de las vicisitudes de la familia Garza, que acaban siendo como de casa de toda la vida. Estamos en 1968 y hay ciertos aires de cambio que parecen ventilar un poco el solar patrio. Vamos a conocer a Julio Garza.

"LA MUERTE ES DULCE; PERO SU ANTESALA, CRUEL" - CAMILO JOSÉ CELA

A finales de la década de los 60, con la dictadura de Franco ya en sus últimos años, Madrid está viviendo una serie de muertes de mujeres que, de un modo u otro, han acabado siendo catalogadas de suicidio o accidente. Ninguna de ellas ha llamado especialmente la atención a la policía, pero Lucio Garza, un médico forense más sagaz que la mayoría, descubre algo que va a relacionarlas todas. Todas tienen algo en común, algo muy concreto y especial. Además Garza descubrirá también que el asesino utiliza un método realmente atroz para cometer sus crímenes. Al principio nadie presta atención a sus conclusiones: sus superiores no quieren remover demasiado el tema y la policía no parece muy dispuesta a admitir que un asesino en serie (de los que en España no se escuchaba hablar) pueda estar campando a sus anchas por las calles de Madrid. Por suerte, Lucio va a contar con la ayuda de Félix, un policía a quien sus jefes no tienen en cuenta y que se pasa la vida en el archivo, y de su familia: su esposa, Teresa, una mujer formada e inteligente, gran lectora, y sus siete hijos, que están encantados de poder ayudar en lo que sea. A medida que van descubriendo detalles, todo parece volverse más turbio y extraño y las coincidencias entre las víctimas se multiplican. Además, el asesino parece ser extremadamente cuidadoso. Lucio y Félix necesitarán de todo su ingenio para encontrar un hilo del que tirar.

No me gustan las etiquetas, creo que ya lo he dicho en más de una ocasión. A esta novela le han puesto la de "cozy crime" o "misterio acogedor", en el que no hay ni sexo ni violencia y acostumbra a ser protagonizado por un investigador aficionado. Incluso suelen tener lugar en comunidades o localidades pequeñas, algo como lo que solía ocurrir en las novelas de Miss Marple, de Agatha Christie. Madrid no es una localidad pequeña, pero estamos a finales de los 60 y aún no había sufrido la expansión que aún conocemos y en los barrios prácticamente todo el mundo se conocía. 

Lucio Garza va a tener que enfrentarse no solo a los crímenes, cuyas víctimas acaban en su mesa de la morgue, sino también a los muchos recelos que despierta su teoría de que hay un asesino capaz de matar a varias mujeres sin dejar ninguna prueba. Recelos no ya solo entre sus jefes en el Anatómico Forense, sino también en la policía, que sigue anclada en que son suicidios o terribles accidentes. En aquel momento, el concepto de asesino en serie no se concebía. Su soledad en cuanto a sus conclusiones se verá paliada por la ayuda de Félix, un policía de la brigada de investigación criminal. Realmente Félix es un don nadie en ella, apenas se ocupa del papeleo y el archivo, y tiene cierta fama de ser un poco "corto". De hecho sus compañeros le llaman Garbancito, porque necesita un hervor. Y, por suerte, Lucio también cuenta con el apoyo incondicional de su familia, que no dudan de que está en lo cierto.

La novela es bastante coral. En el centro está la investigación que Lucio y Félix llevan a cabo, pero ella les lleva a tratar a posibles sospechosos, a personas que conocieron a las víctimas, incluso a personajes reales como el marqués de Villaverde (yernísimo de Franco) o el gran Chicho Ibáñez Serrador. A su vez, iremos descubriendo a la familia de Lucio: a Teresa, su mujer, que estudió, aunque cuando se casó se dedicó a su marido e hijos, y a todos ellos, tan diferentes entre sí, pero siempre unidos. También a los suegros de Lucio, un matrimonio de la "vieja escuela", cuyos constantes reproches y críticas veladas al modo de vida y la forma de educar a sus hijos acaban, casi siempre, con la paciencia de la pareja. 

Conocer a los hijos de Lucio y Teresa es también conocer cómo respiraba la sociedad del momento, ya que cada uno aporta un matiz de lo que se movía en Madrid a nivel de calle. Todos fueron bautizados con nombres de escritores famosos (Ágata, Arturo, Edgar, Julio, Benito, Patricia y Roberto Luis) y forman una piña muy unida, aunque cada uno con sus propios intereses e inquietudes. Con ellos vamos a ver cuál era el papel de la mujer en el periodismo, los movimientos comunistas dentro de la universidad, los encontronazos con los "grises", la homosexualidad, la oposición a lo que estaba impuesto por la iglesia o la costumbre, los entresijos del ejército, incluso la fe ciega en que todo estaba bien y ordenado. Y los autores lo hacen con tanta naturalidad, que acabas sintiéndote parte de sus charlas de sobremesa.

Igualmente es una delicia cómo han recreado el Madrid de la época. De la mano de los protagonistas, vamos a caminar por sus calles, a coger autobuses y metro, a visitar locales, cafeterías y restaurantes (algunos de los cuales aún siguen en activo), a conocer el modo del vida del momento, más pausado que el actual. Para todo se necesitaba tiempo y era lo que más tenían. La televisión estaba casi aún en pañales, las radios se enseñoreaban de cada casa, para llegar de un sitio a otro, a veces, había que dedicar varias horas. Quizá eso favorecía la paciencia, cosa que hemos perdido, creo. Interesante es también saber cómo eran los métodos policiales y forenses, tan distintos a los de hoy día. Es, en mi opinión, lo más conseguido de la novela: poner al lector en aquel paisaje de Madrid, en aquellos años, hacerle sentir no solo en sus calles, sino en ese tiempo. A muchos les resultará muy conocido, incluso habrá más de un momento de nostalgia. Yo, que nací cuando empieza la novela, hay cosas que, al leerlas, me han traído imágenes y olores de mi niñez, como aquel bar al lado de casa de mis abuelos que freían gallinejas y entresijos los fines de semana. 

El asesino de los caramelos de violeta es una estupenda novela de misterio y también una maravillosa inmersión en aquellos años y en aquella sociedad. Es muy visual y está narrada con agilidad, gracias a capítulos cortos y a saber mantener la tensión y el interés en todo momento, incluso en las situaciones más familiares de Lucio y los suyos. Es evidente que el trabajo como guionistas de sus autores hace mucho por ello: haciendo una versión reducida, Javier ha creado series como Hospital Central o Los misterios de Laura, además de ser guionista para las adaptaciones de La templanza o El desorden que dejas; Susana ha escrito series como Policías, Acacias 38 o Física o química y ha coincidido con Javier en varios proyectos, además de participar en adaptación de El tiempo entre costuras y Entre tierras.

Haceos con esta novela, porque os lo va a hacer pasar en grande. Tiene todo para que no queráis dejar de leer y, como yo, os haréis fans de Lucio Garza y su familia, que acaban recordando un poco, con las lógicas diferencias, a aquella gran familia que perdía a Chencho en la Plaza Mayor en plena Navidad. Y, por favor, si aún no las habéis probado, pasaos por La Violeta, en la Plaza de Canalejas, al ladito de la Puerta del Sol, y compraros una cajita de caramelos de violeta. O regaladla. Quizá dentro de unos años os recuerden por ello.



lunes, 8 de abril de 2024

BAJO TIERRA SECA de César Pérez Gellida

 

Pues sí, lo cierto es que me alegré mucho del Premio Nadal a César Pérez Gellida, aunque no pude evitar tener esa sensación de "fichaje", de la que ya os hablé en mi post acerca de cositas varias del mundo literario y que podéis leer AQUÍ. Me alegré porque es un autor al que sigo desde hace tiempo, a quien conozco y que me cae muy bien. Respecto a la novela, me interesó escuchar que era un cambio respecto a las anteriores, tanto en temática como en estilo, y también me alegré porque he de confesar que sus tres últimos libros no terminaron de llenarme. No sé si es por la presión que supone sacar un título al año (no soy escritora y solo puedo imaginar lo que debe suponer en cuanto a creación de trama y personajes), pero tenía la sensación de que en muchas cosas se repetía, que caía en algunos clichés y que había optado por la senda de lo brutal, un poco al estilo Carmen Mola pero con su sello, lo que, quizá, hacía una sombra demasiado larga que tapaba el resto de la historia. Como digo, esta es una opinión completamente personal, no un dogma de fe, y sé que muchos de mis amigos lectores disfrutaron mucho de esos títulos.

Siempre he sentido fascinación por las novelas negras, sean "maridadas" con las históricas o no, que se ambientan en el mundo rural. Lo he comentado otras veces en este blog: en los pueblos, en las zonas más apartadas, los odios se enquistan durante generaciones, creciendo y desarrollándose hasta que acaban, muchas veces, explotando de manera terrible, incluso cuando ya se ha olvidado el motivo original que los creó. Y me gustó mucho saber que la novela de César se ambientaba en ese entorno. Terminó de seducirme cuando asistí a la presentación de la novela en el Espacio Fundación Telefónica y hoy os puedo asegurar que Gellida ha vuelto por sus fueros. Al menos, por los que a mí me ganaron con sus primeras novelas y, como lectora, me ha hecho muy feliz. Nos vamos a 1917, a ese momento prepandemia de gripe que asoló Europa, y a Extremadura. Vamos a conocer a Antonia Monterroso.

VENENO, CERDOS Y DIAMANTES

(Perdón por la licencia y la similitud con la fantástica película de Guy Ritchie en el título de la reseña, mas adelante la explico)

El 17 de abril de 1917, en la estación de tren de Zafra, es detenido Jacinto Padilla, capataz de una de las haciendas más importantes de la zona, con una bolsa llena de joyas propiedad de su patrona, Antonia Monterroso. Un incendio ha devastado la casa y la explotación porcina para la que trabajaba Padilla y Antonia ha desaparecido sin dejar rastro. Todas las sospechas recaen sobre el capataz, aunque él se defiende alegando que el incendio lo provocó por orden de ella y que le entregó las joyas, porque tenían un plan para escapar juntos, pero nada parece cuadrar. Antonia Monterroso es conocida por todos como la Viuda, ya que ha enterrado a dos maridos, y también son conocidos sus muchos encantos femeninos, entre los que destaca una envergadura fuera de lo común, tanto en altura como en proporciones.

El teniente Martín Gallardo, de la Guardia Civil, se desplaza desde Almendralejo para hacerse cargo de la investigación junto al sargento Pacheco. Gallardo había recibido, unos días atrás, una denuncia de Antonia contra Jacinto Padilla, asegurando que le temía y estaba amenazada por él. En el interrogatorio al que le somete, Padilla va a confesar una serie de sangrientos crímenes de los que nadie sabe nada. Culpa a Antonia de ellos, aunque no oculta su colaboración para esconderlos. Gallardo, como la mayoría de los habitantes de la región, conoce a la Viuda y las habladurías que ha habido siempre sobre ella, pero lo que no sabe es que su investigación va a abrir muchos frentes con los que no contaba y que la violencia se va a desatar a su alrededor.

Cuando hace unos días Eva, del blog La Historia en mis Libros, y yo comentamos esta novela en el podcast del Certamen de Novela Histórica de Úbeda, una de las cosas que remarqué es que esta novela es Gellida, pero sin ser él. Se reconoce su estilo, sí, pero hay algo más, como un salto adelante, Bajo tierra seca tiene un desarrollo más pausado de lo que es habitual en él (que no quiere decir lento ni mucho menos), pero con una marcha más de madurez en el estilo. Nunca dejan de pasar cosas y utiliza el recurso de los flasbacks para contarnos la vida de Antonia Monterroso y explicarnos cómo se ha llegado a ese momento. 

En la presentación que os comentaba, César nos explicó que su Antonia está basada (y lo explica en la nota final de la novela) en Belle Gunnes, una mujer que, a finales del siglo XIX, en el norte de Indiana, fue considerada una de las mayores asesinas en serie de la historia. Una viuda negra que captaba a sus víctimas mediante anuncios de prensa buscando marido y que llegó a matar a dos esposos y a varios de sus hijos para cobrar el dinero de los seguros de vida. Oficialmente no hay una cifra concreta de sus víctimas, aunque se cree que fueron más de sesenta. En su charla, César contó que el caso le había impactado y que, en esta novela, trató de "españolizarlo" pero, sobre todo, intentar hacer entender cómo Antonia Monterroso tomó ese camino, por qué es como es y hace lo que hace. Pero sin juzgar, lo que es un ejercicio muy interesante.

Antonia es, durante la mayor parte de la novela, una protagonista "in absentia": solo la vemos cuando la narración nos lleva atrás en el tiempo y seguimos sus pasos. Pero su sombra sobrevuela constantemente todo lo que sucede. Una mujer dura, sin piedad, que sabe bien cómo manejar a los hombres, a los que odia casi en su totalidad, y cuya obsesión mayor es el dinero. Cuanto más, mejor. No es fácil de entender, aunque esa sea la intención de César. Su ambición está por encima de todo y no le tiembla el pulso cuando llega el momento, pero también sabe manipular como nadie, hacerse la víctima o seducir a quien se lo proponga. 

Martín Gallardo sí que consigue apoderarse de nuestra atención, la buena, desde el primer momento. Un personaje lleno de matices, a la vez sólido y vulnerable; un veterano de la guerra de Filipinas en la que acabó prisionero en condiciones terribles y de la que trajo una fuerte adicción al opio. Sin embargo, ni en los peores momentos de abstinencia se aparta de su deber y sus convicciones. Su código ético es rocoso, sabe lo que tiene que hacer y cómo hacerlo, aunque también hay un corazón latiendo bajo su apariencia implacable. César ha sabido componer un protagonista de esos a los que te encantaría conocer en persona.

Cada uno de los personajes que desfilan por la novela están dibujados con precisión. De todos vamos a saber algo que los ha colocado exactamente donde están. Y de todos nos da referencias, a veces breves pero muy bien dirigidas, para que los conozcamos: Acevedo, el poderoso cacique de la zona, que se cree intocable y por encima del bien y del mal; Patricio Carvajal, el hombre para todo de Acevedo, capaz de lo que sea por cumplir las órdenes de su patrón; Rosario, a la que la vida ha golpeado de muchas maneras, pero que conserva un fondo de ternura al que pocos tienen acceso; el sargento Pacheco, segundo de Gallardo, leal, honrado e íntegro.

La ambientación resulta impecable en esa Extremadura de 1917, en la que la diferencia de clases era un abismo y donde los ricos terratenientes parecían poder hacer lo que les diese la gana, incluso matar, sin tener ningún castigo. Hay mucho de western en Bajo tierra seca: una tierra sin ley, hombres de gatillo o cuchillo fácil y un representante de la justicia enfrentado a todos ellos. El calor, la sequedad del terreno, las calles oscuras de Zafra... todo compone un escenario perfecto para lo que nos está contando. Es verdad que las andanzas de Antonia Monterroso nos llevarán a Sevilla o Badajoz, por ejemplo, aunque de manera puntual y por motivos muy concretos. Los campos que rodean Zafra son un escenario poderoso.

¿Qué me ha convencido? En general, todo. El ritmo, la atmósfera, los personajes, el goteo de información acerca de lo que pasaba en la finca de Antonia Monterroso (y que en un momento concreto tiene un muy cercano parecido a lo que solía hacer El Ladrillo en la genial Snatch: cerdos y diamantes) y las andanzas de esta, tanto antes de llegar allí como cuando ya estaba instalada, los giros de guion, las escenas a tiro limpio. Y los diálogos, siempre uno de los fuertes de César, que nos hacen sentir como si estuviésemos siendo testigos presenciales de lo que ocurre. Es cierto, pero esto ya es problema mío, que hubo un par de cosas que me imaginé, pero por más que lo he intentado no he conseguido entender a Antonia Monterroso. Lleva la maldad en el ADN y, aunque en su biografía hay motivos de sobra para haberse convertido en lo que es, me ha erizado mucho la piel su manera de ser juez y parte cuando le conviene, dictando sentencia bajo su único criterio y convenciendo a otros para tapar sus crímenes. Es posible que lo que yo no lleve bien sea la manipulación en todas sus facetas.

Algún conejito sacado de la chistera a última hora sí que hay, pero redondean bien un final en el que todo queda explicado y en el que hay un poco de justicia poética para algunos protagonistas. ¿Cerrado? Bueno, eso tenéis que descubrirlo vosotros, porque el mal a veces se filtra por las brechas más pequeñas o se topa con uno mayor. Sea como sea, Bajo tierra seca es una estupenda novela que, creo, puede ser un punto de inflexión importante, y no solo por el premio, en la carrera de César Pérez Gellida. Estaré esperando.




 


viernes, 22 de marzo de 2024

LA ÚLTIMA RELIQUIA de Rodrigo Costoya

 Muchas veces lo he dicho aquí y, siempre que me preguntan, me ratifico: la literatura, los libros y todo lo que les rodea me han regalado, además de ratos de viajes maravillosos entre sus páginas, conocer a autores fantásticos que, en muchas ocasiones, me premian con su amistad. Y eso, os lo aseguro, lo llevo muy a gala. Como el autor de la novela que hoy os traigo, Rodrigo Costoya, a quien conocí en noviembre de 2020, ese año negro y terrible, cuando su novela, El custodio de los libros, obtuvo el prestigioso Premio Ciudad de Úbeda en el certamen de esa preciosa ciudad. Aquellos días, por motivos sanitarios, teníamos que recluirnos en el hotel a las seis de la tarde y ello colaboró para poder mantener muchas y variadas charlas entre autores y medios entre cafés y copas. Allí Rodrigo nos habló mucho sobre la teoría (y su certeza) del origen gallego de Colón y nos fascinó con una pequeña exposición que llevaba en su ordenador.

Casi cuatro años después, con otros dos libros publicados por medio, Portosanto e Hijos de Gael, Rodrigo Costoya ha vuelto a "su casa", Ediciones Pàmies, con una historia ambiciosa y compleja en la convergen varias tramas y que, además, se permite buscar la complicidad del lector cuando plantea determinadas cuestiones. Le hace pensar. Internamente, yo me he posicionado, aunque os confieso que tuve la fortuna, si bien entonces no supe que era la trama de su novela, de pasear por las calles de Santiago de Compostela con Rodrigo y que me mostrase eso que no se ve y que está. Incluso estaba antes. Hasta aquí puedo leer, porque tenéis que descubrirlo vosotros. Seguro que os quedáis tan boquiabiertos como yo.

"UNA CIUDAD CONSTRUIDA SOBRE MENTIRAS Y SUEÑOS"

Tras la victoria en Lepanto, Felipe II, que reina, poderoso, sobre el inmenso imperio español, pone en marcha dos operaciones secretas. Una es más de índole personal y ciertamente delicada, que recae sobre fray Ambrosio de Morales, hombre de su absoluta confianza y un gran erudito. El Escorial, centro de aquel imperio, está lleno de reliquias que el rey ha ido atesorando, traídas desde todos los puntos cardinales. Pero hay una que anhela de forma casi febril, la más valiosa de la cristiandad. El encargo de fray Ambrosio es conseguirla y, para ello, cuenta con sus plenos poderes, por lo que parte a Compostela con sus dos jóvenes ayudantes, Mundo y Cándido, y el alma llena de dudas.

Su otro plan es derrotar de una vez por todas y de forma incontestable a la reina Isabel de Inglaterra. El plan es organizar una flota de tal envergadura y poderío que consiga rendir Londres de una vez y para siempre. Será la conocida como Armada Invencible, que desde sus comienzos parece estar llena de problemas. La muerte del gran Álvaro de Bazán la ha dejado sin el mejor almirante posible, las rutas a seguir son discutidas y los ministros del rey no se ponen de acuerdo con el plan final.  Lo que no podía esperar el rey era que aquella misión se viese truncada de forma tan desastrosa y que ello provocase el contraataque inglés sobre las costas españolas.Y ahí, de nuevo, como otras tantas veces en nuestra Historia, la heroica defensa de una ciudad será clave para detener a los invasores.

Dos líneas argumentales que parecen muy separadas entre sí, ¿verdad? Pues acabarán convergiendo y de una forma bastante inesperada, pero eso lo tenéis que descubrir vosotros. Personalmente creo que es la mejor novela de Rodrigo Costoya, que ha ido ganando en madurez y ritmo narrativo. La complejidad de la trama existe, pero en ningún momento perdemos el hilo ni resulta difícil de seguir, a pesar de los diferentes escenarios. Mucho mérito en ello tienen los capítulos cortos, que mantienen siempre la atención lectora, y que nos van trasladando de un lugar a otro fácilmente.

Los personajes, como suele ser marca de la casa, están llenos de luces y sombras, son creíbles porque no son perfectos ni en su bondad ni en su maldad. Fray Ambrosio regresa a Compostela quince años después de su primera visita, una experiencia que le dejó marcada el alma de forma indeleble. Aunque el arzobispo de Santiago es su propio sobrino, sabe que la misión que lleva le va a meter en un avispero. Felipe II, en gran monarca, está profundamente humanizado. Si bien discrepo del carácter un tanto fanatizado con el que le ha dibujado Rodrigo, reconozco que es así para que sea coherente con lo que nos pretende contar. Con él conoceremos pormenores de lo sucedido con la princesa de Éboli y el asesinato de Escobedo, por ejemplo, porque son pesadumbres que el rey lleva muy dentro. 

Este es otro de los méritos de La última reliquia: que se nos van a relatar muchos hechos históricos tangenciales, aunque de forma más breve, que nos permiten completar el cuadro hasta la última esquina: el origen de Compostela, el sepulcro de Santiago, la obligación del reino de Castilla de aportar dinero a la sede compostelana y la oposición que se empieza a mostrar, el origen del hoy conocido como Hostal de los Reyes Católicos en la plaza del Obradoiro, el negocio de las reliquias para multiplicar las dádivas de los fieles...Todo ello resulta apasionante para cualquier lector con un mínimo de interés en la Historia y en su "cara B", esa que no siempre está a la luz

La línea de lo que sucede con la Gran Armada está también llena de tensión. En ella conoceremos a otro personaje fundamental, Manuel de Poulo, que va creciendo poco a poco hasta convertirse en un protagonista fundamental con quien es muy fácil empatizar. Hay escenas de batallas navales realmente bien coreografiadas y descritas, con toda la crudeza necesaria, y es muy interesante la descripción que hace acerca de cómo era la vida dentro de los navíos, algo que no siempre se tiene en cuenta.

Me gustaría destacar los diálogos que van jalonando toda la novela por su naturalidad. No hay impostura ni afectación, sobre todo porque también seguimos la línea de pensamiento de quienes están en cada escena y somos conscientes de lo que quieren y lo que no, lo que callan y lo que quisieran gritar. Eso los redondea y los hace creíbles, porque nos interpelan directamente, nos hacen tomar partido. Y otro acierto son los "cameos" que van apareciendo de personajes históricos que tuvieron importancia en muchos de los hechos que van transcurriendo ante nuestros ojos: Miguel de Cervantes, Francis Drake, María Pita o el arzobispo Sanclemente, solo por poner algunos ejemplos. Esta mezcla de personajes reales con los ficticios está perfectamente contrapesada y los motivos de comportarse como lo hacen quedan siempre claros. 

Los aportes históricos, algunos muy poco o nada conocidos, me cautivaron por completo, como los motivos de los Reyes Católicos para levantar el Hospital (hoy Hostal) justo donde lo hicieron, ciertos documentos del archivo de la catedral que justifican (o no) determinados ingresos, la posibilidad de falsificaciones en algunos de ellos (lo del Codex Calixtinus es mucho más que fascinante) o los discutibles manejos de las autoridades de la catedral. Para cualquier amante de la Historia, como os decía antes, todo esto es un verdadero regalo. Se plantean muchas dudas, aunque Rodrigo se queda siempre y por encima de todo con la fe, la esperanza y el corazón de quienes, realmente, han hecho grande Santiago de Compostela y, aún hoy, siguen peregrinando hasta allí. Da igual el motivo.

Si tenéis ocasión no dejéis escapar La última reliquia porque vais a ver muchas cosas con otros ojos. Y, sobre todo, además de disfrutar de una lectura que te sumerge completamente en la época, os van a surgir un montón de dudas respecto a ciertas certezas. O, al menos, seguro que os va a apetecer profundizar un poco más en determinados temas. Y eso, no me digáis que no, es toda una aventura. Buen camino a todos.



martes, 19 de marzo de 2024

EGILONA, REINA DE HISPANIA de José Soto Chica

 

En los últimos años parece que ha crecido el interés por los siglos de reinado visigodo en España, una época que, hasta no hace demasiado, pasaba un poco sin pena ni gloria en nuestra literatura. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, se ha publicado un buen número de novelas sobre ese periodo. Muchas se centran en su final, en aquel reinado de don Rodrigo que acabó de manera trágica al ser traicionado por los hijos de su antecesor, Witiza, en la conocida como Batalla de Guadalete, cuando luchaba contra los musulmanes. Nuevas investigaciones han determinado que dicha batalla no tuvo lugar donde siempre se había pensado y, en esta novela, José Soto Chica da la situación geográfica exacta, mucho más cerca de Tarifa. Lo novedoso de la apuesta del autor en este libro es que centra la acción en torno a la figura de Egilona, esposa de don Rodrigo y reina, una mujer de la que apenas se sabe nada y que permite crear una ficción histórica bien armada y levantada sobre fuentes reales.

Si bien mis conocimientos del reino visigodo se centraban, sobre todo, en parte de su cuerpo de leyes (Código de Eurico, Breviario de Alarico y, sobre todo, el Liber Iudiciorum del año 654) y en la famosa lista de reyes, siempre he tenido un rincón en mi corazoncito para aquella maravillosa Flor nueva de romances viejos, una recopilación de romances que orquestó Ramón Menéndez Pidal, en la que aparecía el que contenía la historia de la Cava y don Rodrigo, explicando que las causas de la pérdida de Hispania fueron la pasión del rey por la bella Florinda, la Cava. Obviamente no fue así, pero es una bonita leyenda. José Soto Chica hace de sus protagonistas hombres y mujeres terrenales y reales y recrea una ambientación fabulosa de la época. Vamos a conocer a Egilona, os aseguro que va a ser toda una sorpresa.

"AQUÍ ACABÓ EL REY RODRIGO, AL CIELO DERECHO SE IBA" - ROMANCE DEL REY DON RODRIGO, ANÓNIMO

Don Rodrigo, duque de la Bética, regresa a sus tierras tras haber sido obligado a rendir pleitesía a Witiza, el nuevo rey. Ha sido un duro trance, ya que Witiza asesinó a su hermano Favila, pero Rodrigo sabe que la venganza ha de servirse fría y ahora solo puede acatar y servir. En el camino, cerca de Córdoba, hace una parada para descansar en una casa noble y allí conoce a Egilona. de apenas quince años, de cabello pelirrojo y piel blanca. Se enamora perdidamente y esa misma noche la convierte en su mujer. Nueve años más tarde, en aquel infausto 711, muy cerca de Tarifa, las huestes de son Rodrigo, ahora rey, se disponen a tratar de parar el avance del afán conquistador del imperio Omeya. Al mando de las huestes musulmanas está Tariq ibn Ziyad, enviado por Musa para esta misión. Con Tariq viaja su fascinante concubina, Umm Hakim, una fascinante mujer, y Abd al-Aziz, uno de los hijos de Musa. La orden es entrar y salir, una incursión en toda regla como toma de contacto. Pero en la batalla Abd al-Aziz mata a don Rodrigo y allí, en pleno campo de batalla, ve a Egilona, que ha acompañado a su marido en la lucha. Y queda fascinado por la belleza altiva de la reina. Este es el comienzo de una historia en la que se cruzan dos caminos, dos formas de ver el mundo, dos religiones y también el inicio de una nueva etapa de nuestra Historia.

La novela de José Soto Chica nos lleva a descubrir a un personaje histórico prácticamente desconocido como Egilona. Recuerdo que José Ángel Mañas mencionaba a la esposa de don Rodrigo en su novela ¡Pelayo!, pero creo que no llegaba a decir su nombre. Era apenas una mención . Mañas, como expliqué en su día cuando reseñé su novela, se había basado en la Crónica Rotense, que muchos creen redactada por el rey Alfonso III (que vivió a caballo entre los siglos IX y X). Sin embargo, Soto Chica se ha centrado en la Crónica Mozárabe del año 754, mucho más próxima a los hechos históricos. La narración es bastante lineal y llega hasta el 716, aunque hay saltos en el tiempo en los que se nos detalla cómo se llegó a cada situación.

La figura de Egilona, capaz de acompañar a su esposo en batalla y que está a su lado en momentos muy complicados, es también una mujer a la que mueve principalmente el poder. La muerte de don Rodigo nunca llega a superarla del todo, sin embargo se une a Abd al-Aziz porque no solo es atractivo y culto: también es poderoso. La recreación de la batalla contra los musulmanes está muy bien contada. Según nos explicó Soto Chica en el encuentro que tuvimos con él, sabemos por las fuentes originales cómo combatían ambos bandos, que los árabes no disponían de caballería y que las tropas visigodas pudieron haber vencido de no producirse la deserción de los hijos de Witiza, que comandaban las dos alas del ejército. 

Hay un elegante erotismo en algunas escenas de la novela y el amor y la pasión se nos muestran como un arma usada por las mujeres en un momento en que esas "artes" eran las que les convenían para conseguir lo que deseaban. Egilona y Umm Hakim son dos caras de la misma moneda, dos mujeres fuertes que permanecen al lado de sus hombres incluso en los peores momentos. Sin embargo a Egilona la mueve más la ambición propia y Umm Hakim se centra en Tariq, en cuidarle, protegerle, agradecida por haberle dado una segunda oportunidad en la vida sin pedirle nada a cambio. Egilona, sin embargo, no tuvo que renacer tras la muerte de don Rodrigo, ella siguió siendo reina y amó tanto a Rodrigo como a Abd al-Aziz, pero principalmente por su poder. Sin este, el amor no basta.

Egilona, Reina de Hispania es una novela muy amena y muy visual en la que la ambientación nos lleva hasta a que seamos capaces de "contemplar" los detalles de la ropa, los trajes, las armas, las viviendas. Soto Chica reconstruye el escenario y, como nos explicó, lo que pretende es lleva al lector de viaje y presentar a unos personajes que piensen y sientan como debieron hacerlo en ese momento, no disfrazar a personas del siglo XXI con ropajes de visigodos. La narración es muy creíble en todo momento, porque el autor ha conseguido una mezcla entre ficción y realidad muy sólida.

Estamos ante una novela más que entretenida, intensa, con una base histórica fuerte y con unos personajes humanos, reales y muy vivos en la que, además, vamos a descubrir que hechos y fechas que creíamos inamovibles no lo son. Merece mucho la pena dejarse llevar por las páginas de Soto Chica y viajar, como él pretende, hasta aquellos años complicados y duros que supusieron el choque de dos modos de ver la vida, la religión y la sociedad y que abrieron una etapa de nuestra Historia muy diferente al resto de Europa.

viernes, 15 de marzo de 2024

LA ÚLTIMA NOCHE CON EDU de Enrique Pérez Balsa

Os he hablado anteriormente de este autor y tengo que volver a traerlo. Enrique Pérez Balsa tiene la fascinante habilidad de hacer que me olvide del resto del mundo mientras leo sus novelas y ni siquiera soy capaz de explicar el porqué. Quizá porque sus protagonistas son, en general, un desastre a los que nunca nada les sale bien y, si les sale, sabes que la bofetada posterior va a ser antológica. Ya con El edén de las manitas de cerdo, con la que obtuvo el Premio Wilkie Collins de Novela Negra, me ganó para los restos. Hacía mucho, entonces, que no me reía así con una novela y eso que al pobre protagonista (un tipo sin un duro, con un divorcio a la espalda en muy malos términos y dos hijos casi adolescentes con muchos gastos) le pasaba de todo cuando, para ganar algo de dinero, decide hacerse "hombre de compañía" aconsejado por un compañero de trabajo. Os aseguro que llegué a llorar de risa en muchas páginas a pesar de la trama negrísima que se iba desarrollando. En su siguiente novela, Prohibido, nos llevaba al sórdido mundo de la prostitución masculina y las adicciones, consiguiendo, también, sacarme más de una carcajada, algo realmente sorprendente en semejante submundo.

Y ahora llega La última noche con Edu y otro submundo tan pútrido o más que los anteriores: el de los periodistas del corazón, capaces de lo que sea con tal de vender una noticia o unas fotos, aunque sepan que lo que muestran o cuentan está, como poco, tergiversado. O es simplemente mentira, que también. Nuestro protagonista es un sujeto a quien te dan ganas de asesinar con saña y con quien, a la vez, empatizas de una forma peculiar. Por bocazas, borde, borracho y putero...y desgraciado, porque es un especialista en meterse en charcos cada vez más grandes. Agarraos al sofá, que La última noche con Edu viene fuerte.

"SIEMPRE ES MEJOR HACER LAS NOTICIAS QUE LEERLAS" - WINSTON CHURCHILL

Ramos está casi en la cincuentena y es adicto a muchas cosas: principalmente a la bebida (se bebe las cervezas de ocho en ocho) y al tabaco. Come de pena, sus horarios son un caos, pero hay una droga que le consume de forma especial: el dinero. Sería capaz de cualquier cosa por él. Ramos es periodista o, al menos, eso quiere creer y eso pone en su tarjeta de visita, y es capaz de lo que sea para publicar los trapos sucios de los famosos. Le importa muy poco cómo consiga las fotos o la información, lo que cuenta es que, con cada reportaje, se lleva un buen dinero al bolsillo. Su otra perdición son las mujeres. Resumiendo mucho: todas le vienen bien y para todas tiene una frase grosera o una propuesta subida de tono. Ramos cree, y lo cree de verdad, que son piropos y no entiende los cabreos que provoca. Además, cuando bebe más de lo que es habitual para él (que ya es mucho), se transforma por completo y es capaz de liarlas muy gordas.

A pesar de este currículum, Ramos mantiene su trabajo para una revista porque es capaz de conseguir fotografías o historias de famosos realmente comprometidas. La directora no le soporta, pero sabe que con él tiene un filón. Y también mantiene a sus amigos de toda la vida, Edu, Jaime y Alejandro, con los que, de cuando en cuando, de reúne para comer y ponerse ciegos de copas hasta la madrugada. Es uno de estos días cuando la cosa se tuerce y, lo que empieza con la tradicional comida con sobremesa etílica, acaba con Ramos, Edu y dos chicas en casa de este. Y lo peor es que entre el alcohol y otras sustancias muy poco legales, cuando ambos se despiertan, la casa es un campo de batalla, ninguno recuerda lo que ha pasado, Ramos tiene la nariz rota y les han robado. Este es el inicio de una peculiar bajada (aún más) a los infiernos de Ramos. En su búsqueda de saber qué les ha ocurrido y de tratar de localizar a las ladronas, se verá envuelto en un asunto muy turbio y en una espiral de problemas y violencia con la que no contaba.

M.A.R Editor, la editorial que publica esta novela, señala en su contraportada: "Si alguien pensaba que el realismo sucio estaba muerto, que abra estas páginas" y, desde luego, es una gran carta de presentación. Al leer la contraportada, lo que no suelo hacer, aunque en este caso me pudo la curiosidad, por un momento pensé que iba a encontrarme algo del estilo a La senda del perdedor, de Charles Bukowski y bueno, algo de eso hay, pero siempre con la seña de identidad de Enrique Pérez Balsa: su brillante humor negro, capaz de hacerte reír en las situaciones más tremendas.

Ramos, como los protagonistas de sus novelas anteriores, es un personajazo. Tiene todo para resultar aborrecible, pero, al mismo tiempo, mientras estás deseándole las siete plagas de Egipto, también quieres que algo le salga bien de una buena vez. Es un alcohólico que no quiere dejar de beber a pesar de darse cuenta de que se está matando, no le hace ascos a las drogas si llega el caso, no tiene moral ni principios, para él lo único que importa es que le dejen en paz, seguir ganando dinero con una actividad que hace daño a muchos y, siempre que sea posible, acostarse con cuantas mujeres pueda. No acepta consejos, parece incapaz de sentir nada por nadie y todo en su vida es sucio: desde su piso, en el que la limpieza ya ni siquiera es un recuerdo, hasta su profesión, en la que todo vale por dinero, aunque sea destrozando la vida de quien se le ponga por delante. 

Hay en esta novela una crítica despiadada hacia la sociedad actual en general y la prensa amarilla en particular. Los valores y los principios han caído a un plano inferior y lo que prima es el interés, lo económico y conseguir, como sea, momentos efímeros de supuesta felicidad. Los sentimientos, el amor, los afectos quedan desdibujados bajo capas de desencanto, egoísmo y apariencias. La historia que se nos cuenta no es extraordinaria, no hay nada en ella que destaque si no es por su sordidez, aunque tal y como nos la cuenta Enrique, desde la personalísima voz en primera persona del incombustible Ramos, hay momentos en que no puedes evitar reírte. El retrato de nuestra actualidad resulta un tanto descarnado, cierto, y seguramente muchos podemos pensar que algo así no nos sucedería nunca. Pero, ¿estamos seguros de ello?

La última noche con Edu es una novela que de ninguna manera deja indiferente. Sabe manejarse perfectamente entre el "lo sabía, te lo dije" y el "pobre, tampoco se merece tantos palos" y cuenta con un personaje central que te desespera, a quien puedes odiar concienzudamente y, al tiempo, te dan ganas de hacer algo para redimirle de sus muchos y diferentes vicios. Es un locuaz metepatas al que el alcohol le hace pensar que todo le va a salir bien incluso cuando la peor realidad le parte la cara. Literalmente. 

Personalmente, creo que una de las mejores cosas que tiene esta novela, además de su protagonista, son los diálogos. Son tan auténticos, tan reales, que parece que estás en la mesa de al lado escuchando. Lo cierto es que toda la novela es de una naturalidad aplastante y eso consigue que el lector se quede mirando, que se muera de curiosidad por ver hasta dónde le va a llevar todo lo que está pasando al "bocachancla" de Ramos. Aunque os parezca mentira, habrá hasta un momento en que demuestre que hay algo dentro de su pecho que no son litros de cerveza.

Estamos ante una novela capaz de hacer brillar las situaciones más grises y oscuras, en la que viviremos junto a Ramos momentos muy tensos, de los que no se pueden resolver a plena luz, sino en algún rincón que la sociedad en general prefiere no conocer. La pregunta que nos hacemos mientras leemos es si todo lo que le va a caer encima a Ramos servirá para que se de cuenta de que ha de cambiar. O, al menos, le dará algo en lo que pensar. ¿Hacemos una apuesta?


martes, 12 de marzo de 2024

OLVIDO Y CRUELDAD de Álvaro Lozano

 Conocí la narrativa de Álvaro Lozano con Irene de Atenas, cuando la presentó en el Certamen de Novela Histórica de Úbeda. Y me gustó mucho su voz, cómo se la daba a la propia Irene para que contase su historia y la dureza de todo lo que rodeó su vida. Sorprendía aquella novela por su extensión, ya que lo normal en novela histórica es que sean volúmenes gorditos, pero Álvaro conseguía redondear una trama completa y apasionante en poco más de trescientas páginas. Con Olvido y crueldad lo vuelve a hacer, demostrando que se puede escribir una maravillosa novela histórica siendo más breve. Porque esta novela no admite otro calificativo: es maravillosa. Y lo tiene todo, como os voy a contar en esta reseña.

Olvido y crueldad lleva por subtítulo Las mujeres del rey don Pedro, haciendo referencia a Pedro el Cruel y, de nuevo, se le da el protagonismo a la mujer. O más bien a las mujeres que, de una manera u otra, rodearon al rey o influyeron en su vida del modo que fuese. Desde la primera página nos sumerge en una parte de nuestra historia muy compleja y también violenta vista casi desde dentro. Haciendo que nos sintamos allí, junto a los protagonistas. Una delicia que se bebe casi del tirón, pero que deja el regusto de los buenos vinos y que apetece releer y comentar. ¿Viajamos?

PÁGINAS DE SANGRE Y LEYENDA

Como se expone en la contraportada del libro, esta no es una novela sobre el rey don Pedro, sino sobre sus mujeres. Sobre reinas que lo fueron incluso abandonadas por sus esposos y amantes que las superaban en poder e hijos. Sobre guerras fratricidas que pudieron cambiar el curso de la historia. Álvaro Lozano estructura su novela alrededor de esas figuras femeninas que han quedado desdibujadas o que han sido muy maltratadas por las crónicas y rompe por completo la narración lineal para hablarnos de cada una de ellas de un modo tan real y, al mismo tiempo, tan hermoso que acabamos por sentirlas a todas muy cerca. En un mundo regido por los hombres, en el que las mujeres eran tratadas como moneda de cambio o apenas contaban, ellas supieron hacer uso de su ingenio y de capacidad de adaptación para ir sorteando todas las trabas con las que se fueron encontrando.

El primer capítulo, dedicado a Urraca Ossorio, madre de uno de los muchos enemigos del rey don Pedro es, como poco, impactante. Su sentencia a morir en la hoguera se va a cumplir ante los ojos de una multitud enardecida. Solo por ese primer capítulo, desgarrador, la novela ya merece la pena. Podemos sentir el miedo y también la resignación de Urraca, su esperanza de que el humo la ahogue antes de que las llamas la devoren, el calor que aplasta Sevilla, el hedor que la rodea, los gritos de la muchedumbre que asiste a la ejecución. Estamos allí, lo vemos todo y no podemos evitar un escalofrío muy real. A partir de este momento ya es imposible salir. 

Álvaro Lozano nos va a contar el doloroso caminar de Leonor de Guzmán, la que fue amante de Alfonso XI durante casi toda su vida y madre de diez de sus hijos, tras el carro que transporta los restos del amor de su vida, muerto de peste negra en el asedio de Gibraltar. Leonor lo ha sido todo y ahora sabe que son muchas las hienas que la cercan, ya que el heredero será Pedro, el hijo legítimo de Alfonso con María de Portugal. Leonor también sabe que la muerte del rey supone la muerte en vida para ella, pero es madre y hará lo imposible por proteger a sus hijos y darles el lugar que merecen, al precio que sea. 


Blanca de Borbón, a la que casaron con el rey don Pedro, se hace enorme dentro de su tragedia. Ella se ve obligada a casarse con un hombre que ni desea el matrimonio ni va a ofrecerle respeto ni afecto ninguno. Ni siquiera como reina. Repudiada, enclaustrada y lejos de todo lo que conocía, a pesar de ello lucha por su posición y su matrimonio,. Es imposible no sentir una profunda pena por ella. María de Padilla, que se convierte en amante del rey don Pedro (en un curioso paralelismo con la vida de su padre) y que soporta a lo largo de años las idas y venidas de este, que acostumbra a engancharse en cuantas faldas se le cruzan. Siempre vuelve a ella y, aunque goza de privilegios, rentas y una vida cómoda, la soledad es su más leal compañera. Su fidelidad al rey y su apoyo constante, quizá inmerecido, la muestran como una mujer fuerte y convencida de quién es y a qué puede aspirar.

Conoceremos a María Coronel y los hechos que la convirtieron en leyenda cuando fue capaz de usar aceite hirviendo para huir de los requiebros del rey. Y a su hermana Aldonza, que creyó ser capaz de domarle y penó por su error.

Todas las mujeres que, de un modo u otro, compartieron camino con el rey don Pedro, aparecen vivas, reales, llenas de matices, de sentimientos, de certezas y dudas. En muchas ocasiones, el deber y el querer chocan frontalmente, se ven obligadas a elegir incluso en contra de sus propias creencias (no hay que olvidar el papel de la religión en la época y cómo la fe y el obligado cumplimiento de sus preceptos eran los que regían la vida). Hay momentos tan personales en la novela, tan profundos e íntimos dentro del pensamiento de cada una de ellas, que las sentimos muy próximas. Muy "nuestras". Los sentimientos, al margen de la época histórica en la que estemos, siempre son los mismos: el amor, el odio, la responsabilidad, el ansia de venganza, el cuidado, la protección, la soledad, el desgarro, la pena, el abandono...Ellas nos los muestran todos. Ahí está la magia.

Magia es también lo que Álvaro Lozano hace con su escritura. Leerle es empaparse por completo de buena literatura, de páginas que nos llenan de emoción, de descripciones tan profundamente sensoriales que hasta se pueden oler. Su estilo, cuidado y a la vez natural, combina de forma brillante pasajes históricos inolvidables con la emoción, el dolor, la tristeza, la pasión o la ternura. La novela está llena de frases memorables, de esas que te mueres por subrayar o conservar en la memoria. Aunque lo que de verdad te deja es la cálida sensación de que has leído una joya que se queda contigo durante mucho tiempo. O siempre. Es, sin duda, una de las mejores novelas históricas que he leído últimamente (y leo muchas, os lo aseguro)  y solo puedo pediros que os dejéis llevar por ella, que os empapéis como yo con lo que en ella se cuenta. Las mujeres del rey don Pedro os esperan para susurraros que, a pesar del tiempo transcurrido, hay cosas que nunca cambian.