jueves, 30 de mayo de 2019

CÓMO VIVIR UNA ENFERMEDAD INCURABLE de Carolina Torres Fernández

El mejor regalo, sin duda, que me dejaron los años que estuve participando y dejando opiniones en la página de Ciao! fue conocer a tanta gente maravillosa con los que, aún hoy y después de que la página se cerrase tras una larga agonía, sigo teniendo contacto y amistad. De todos ellos, una de las más especiales es mi querida Conxi, que siempre es una luz que ilumina cualquier oscuridad y una de las personas más generosas y estupendas que conozco. Hace unos meses Conxi me habló de su amiga Carolina y del libro que esta había escrito después de pasar por una etapa terrible de su vida. Carolina era un ejemplo de superación y me pidió que le hiciese un huequito en este blog para darlo a conocer. Y aquí estoy, dispuesta a cumplir mi promesa y a presentaros un libro que, creo, puede ayudar a muchas personas a encarar no solo enfermedades incurables, como la de Carolina, sino otras que nos incapacitan temporalmente o que nos hacen someternos a tratamientos largos y desesperantes. 

He tenido la suerte, además, de que Carolina me explicase de primera mano qué quería conseguir con este libro, como veréis al final de este post.

Cómo vivir una enfermedad incurable nos trae en primera persona lo que le sucedió a la propia Carolina con su salud. Falta de aire, vértigos, síncopes que la dejaban sin conocimiento durante horas... los médicos achacaban todo a un tema psicológico, alegando que estaba somatizando el dolor por la pérdida de su hermana pocos meses antes. Los síntomas fueron a peor, incluso llegó a estar dos días tirada en el suelo de su casa, recuperando la consciencia a cada rato pero sin poder moverse. Se queja, con razón, en las primeras páginas de la actitud de los médicos y los servicios de urgencias que la tildaban de loca y le recetaban ansiolíticos mientras ella sabía que todo iba mal y que agonizaba. Finalmente fue diagnosticada de hipertensión arterial pulmonar, una enfermedad silenciosa y muy grave. Los especialistas tuvieron que pedirle disculpas por no haberla detectado a tiempo, lo que acortaba su esperanza de vida, pero Carolina, deportista, vital y valiente, decidió no rendirse e iniciar una vida renovada a pesar de todo.

Hoy día, con una bomba de perfusión pegada a su cuerpo, Carolina solo quiere vivir y hacerlo de la manera más plena y feliz posible, de ahí este libro. Un libro en el que da consejos de todo tipo para que la enfermedad no se adueñe de todo tu ser, para que no dejes de ser tú y de seguir haciendo, de alguna manera, lo que te gusta. Para alejarte de los días oscuros o, al menos, ser capaz de sobrellevarlos, para organizar tus propias escalas de valores sin importar el qué dirán, para gestionar el estrés. Pero también hay consejos de alimentación, de ejercicios, de posturas cuando estás postrado en la cama y para aumentar y mejorar la autoestima. Una lectura que es un canto a la vida y a las ganas de seguir adelante a pesar de todo.

Y aquí os dejo las palabras de la propia Carolina, que son la mejor carta de presentación.

1. ¿Qué me motivó a escribir el libro?

Me motivó mi vivencia. El proceso de estar muriéndome sin saberlo y llegar a ingresar en la Unidad de Curas Intensivas (UCI) muy grave y con pocas esperanzas de sobrevivir. Ver que no podía irme sin aprender a amar de verdad y a disfrutar de mi existencia, sentir el placer y la paz de ser feliz simplemente porque estaría viva. Si moría, no habría cumplido con este cometido. Tuve experiencias cercanas a la muerte y entendí que podía vivir una segunda oportunidad independientemente de cómo quedase físicamente. Solo quería saber vivir mejor de lo que había vivido. Automáticamente vi un cilindro de luz muy denso y potente que me atravesaba el corazón y los pulmones. Empece a llorar de felicidad. Sentí una paz que nunca había sentido, me sentí salvada. A medida que pasaban los días en la UCI iba mejorando. Los médicos también lo dieron todo, confiaron en que algo mágico también podía ocurrir y respetaron mis necesidades en cambios de protocolo o directrices. El líquido que llenaba mis pulmones y corazón fue disminuyendo, en un mes ya había desaparecido por completo, en tres semanas pude levantarme de la cama, en dos meses me quitaron el suministro externo de oxígeno, en tres salí del hospital… y ahora que han pasado dos años puedo andar hasta 7 km en un dia.

Cuando intuyes que puedes vivir y quieres tomar la enfermedad como camino de aprendizaje, existe una fuerza sobrenatural y un acompañamiento incondicional. Este camino y esta experiencia, pensé que debía estar descrita para dar esperanza a otras personas que están en situaciones graves e intentan vivir para ser mejores a pesar de lo que les haya sucedido. Esta experiencia que te hace evolucionar como persona también puede repercutir en el físico, yo me estoy recuperando de una enfermedad cardiopulmonar grave, progresiva y mortal.

2. ¿Qué espero de él y de sus enseñanzas?

Que ayude a todas  las personas, enfermas y no enfermas, porque es un canto a la vida. Mi libro está lleno de mensajes y aprendizajes para todo ser humano. Debemos entender que lo único importante es qué alma entregamos en el momento de morir, no que cuerpo vamos a dejar. Debemos entregar algo mejor de lo que se nos fue dado al nacer.
Con el método flowing health descrito en el libro, el cual significa fluir en tu estado de salud, las personas enfermas pueden aprender a ejercitarse cuando están en la cama hospitalaria y en casa sin poder moverse mucho. También incluye tres meditaciones imprescindibles para vivir cualquier proceso de recuperación o vital, funcionan! Puedes vivir cualquier proceso con más serenidad y confianza, en ti mismo y en la situación.
El método que he creado a partir de mis conocimientos y aprendizaje personal me ha salvado la vida y me está ayudando día a día (estoy mejorando físicamente y a pesar de mi diagnóstico, vivo feliz!).

Un abrazo,
Carolina Torres.






lunes, 27 de mayo de 2019

EL EDÉN DE LAS MANITAS DE CERDO de Enrique Pérez Balsa

Lo cierto es que en los últimos años el Premio Wilkie Collins de Novela Negra me está trayendo muchas alegrías. En general las obras ganadoras son un soplo de aire fresco en el género, arriesgan, se salen de los cánones habituales. Ya hace dos años quedé completamente impactada con Ya no quedan junglas adonde regresar, de Carlos Augusto Casas, una historia oscura, dura, sin concesiones, con un plantel de personajes entre los que ninguno destacaba, precisamente, por su bondad y que fue una de mis mejores lecturas del año. Hoy día la sigo recomendando y más después de saber que Netflix ya tiene los derechos para llevarla a la pantalla. 

Este año el ganador ha sido Enrique Pérez Balsa, con una novela de título sorprendente y contenido más sorprendente aún, El edén de la manitas de cerdo, con la que reconozco que he disfrutado una barbaridad. No solo por la originalidad del planteamiento y de la historia, sino por algunos episodios que me han hecho, literalmente, llorar de risa. Y seguramente la pregunta sea si caben esas carcajadas en una novela negra: la respuesta es que sí, sin duda, porque no están forzadas ni son un intento de hacer la trama más ligera para ganarse al lector y porque la risa, al fin y al cabo, forma parte también de nuestra realidad.

ELEGÍ UN MAL DÍA PARA CAMBIAR DE VIDA...


Luis lleva una vida anodina y absolutamente gris. Divorciado, con una relación tensa con su ex mujer, dos hijos adolescentes, con un sueldo del que la mitad se le va en pensiones y harto de todo y de todos. En su trabajo tampoco las cosas van mejor, porque su jefe parece experto en ponérselo todo muy difícil. Aún puede contar con sus padres, que siempre están para lo que necesite, pero el resto de su mundo es un completo desastre. El tema del dinero es el que más le escuece porque sabe que no puede comprar a sus hijos lo que le piden ni permitirse ninguna "alegría" a nivel personal. Sigue comiendo más o menos bien porque su madre le surte de tápers pero hay poco más de lo que pueda sentirse feliz.

Sin esperarlo, una puerta parece abrirse: el contable de su empresa, en la comida de Navidad, le habla de la posibilidad de un negocio seguro y muy lucrativo que, además, le pondrá al día en sus apolillados asuntos sexuales: inscribirse en una web de citas como "acompañante" de mujeres que lo solicitan. A pesar de las comisiones que debe pagar de lo que cobre y de saber más bien poco acerca de lo que se va a encontrar, Luis ni se lo piensa. Dinero y sexo fácil. Un chollo. Pero no todo iba a ser tan sencillo, claro. Las mujeres que solicitan sus servicios no son las sumisas muñecas que aparecen en las películas porno: exigen, saben lo que quieren, reclaman, sin complejos, que su dinero sirva para cumplir lo que desean, sea lo que sea y Luis se ve enmedio de un mundo en el que no sabe que esperar. Un mundo en el que hay proxenetas violentos y una peligrosa red delictiva que le van a exigir los pagos debidos y no precisamente de forma amable. Por si fuera poco, un crimen inesperado pone a Luis en el punto de mira de la policía y todo comienza a torcerse y a volverse muy turbio.

Narrado en todo momento en primera persona por Luis con un lenguaje sencillo, coloquial, a veces coloquial y vulgar sin llegar a ser chabacano, El edén de las manitas de cerdo consigue algo fundamental en una lectura: agarrarte con fuerza desde la primera página. Es fácil empatizar con el protagonista: un antihéroe absoluto rendido ante las circunstancias de su vida y que pocas veces se atreve a decir lo que piensa de verdad, aunque dentro de su cabeza tenga respuestas para todo:

" - ¡Qué bastardo más simpático!, como te pille en un callejón sí que vas a parecer que te has caído por un barranco, pero después te ha sepultado un alud y luego te han roído las alimañas. Y podías tener un mínimo de respeto, ya que vienes a comer por la gorra, que, por cierto, como no te quites esa gorra de mierda, te la meto por el culo y te la saco por el aro ese que tienes en la oreja...
   - Papá - me interrumpe mi hija - ¿qué te pasa? Te has quedado sonriéndole a Nano y murmurando algo que no hemos entendido."

Un tipo gris, sin demasiadas ilusiones, que de repente cree que se le abren las puertas del paraíso, que va a tener sexo a destajo y que, encima, le van a pagar por ello. Que podrá comprar el ordenador y el móvil que le piden sus hijos. Que va a ser un triunfador. Hasta que la cruda realidad se impone y las sucesivas citas que va teniendo son cualquier cosa menos noches de gozo de macho dominante. Y que, para colmo, las comisiones que debe abonar a la organización en la que ha entrado le son exigidas con métodos muy poco cordiales. El miedo se va imponiendo y más cuando se ve involucrado en un crimen del que no puede dar muchas explicaciones.

Como os decía arriba, hay pasajes realmente hilarantes no solo por lo que se cuenta en ellos sino por cómo se cuenta. Los efectos de una sobredosis de viagra, las peticiones de algunas de sus "clientas", los resultados de alguna cita que no son los esperados... he llegado a tener serios problemas para contener ataques de risa en el metro. Pero también, como buena novela negra, además del crimen, de la investigación y de la tensión que se va incrustando en la vida de Luis, hay una fuerte carga de denuncia social, empezando por esas páginas de citas que esconden trastiendas escabrosas de las que nadie te habla.

El Madrid más popular sale a la palestra, el de los barrios y los bares de toda la vida, para ser el escenario de las peripecias de Luis y su entorno. La narración es dinámica, muy ágil, sin perderse en largas descripciones. Enrique Pérez Balsa sabe ir dosificando la tensión haciéndola crecer en cada capítulo, pero sin salirse del peculiar modo que tiene Luis de contar las cosas, intercalando incluso conversaciones de whatsapp o correos electrónicos. Su vida, tal como la conoce, está a punto de volar por los aires y él no sabe desde dónde le va a llegar el próximo golpe o el siguiente mal rato. Por más que intenta controlarlo todo hay demasiadas cosas que se le escapan y cada vez va más a la deriva, pero sin perder su singular modo de pensar y actuar. Y eso es lo que hace esta novela tan especial.

Definitivamente El edén de las manitas de cerdo es una novela que os invito a conocer porque sé, positivamente, que la vais a disfrutar y que encontraréis en ella una propuesta original y diferente dentro del género negro. Una apuesta ganadora, sin duda.


lunes, 22 de abril de 2019

NO MENTIRÁS de Blas Ruiz Grau

Conocí a Blas Ruiz Grau en las redes sociales, como creo que le ha pasado a casi todo el mundo. Me han llamado siempre la atención su frescura al escribir, su coraje, su amor por la vida y por los suyos y le sigo a menudo en los artículos que publica en Zenda. Pero, y aquí agacho las orejas con cierta vergüencilla, jamás había leído ninguna de sus novelas. Compré para mi Kindle Siete días de marzo cuando se publicó en Amazon y allí se quedó, porque el Kindle decidió dejar de funcionar de un día para otro. Y regalé ¡Que nadie toque nada! a mi sobrina, aprovechando que estaba a punto de acabar la carrera de Criminología. La noticia de que Blas daba el salto de la autoedición a una editorial de peso, como es Ediciones B, me alegró porque es de estos autores que se les ve el empeño y la ilusión que ponen en lo que hacen. Tuve la suerte, además, de que nos programasen un encuentro con él antes de su presentación en Madrid, para poder conocer pormenores de la novela.

Hoy, con la novela ya leída, tengo una sensación extraña, como una especie de irritación efervescente. La empecé con ganas, la historia prometía y el arranque parecía el inicio de una estupenda aventura lectora. Y aunque el argumento tiene su intriga y buenas dosis de misterio, hay muchas cosas que me han sacado por completo del libro e, incluso, tuve que dejarlo un par de días porque empecé a enfadarme mucho y necesitaba darme un respiro. Blas me cae muy bien, me parece un tipo fantástico, por eso esta reseña me cuesta tanto. Pero, honestamente, creo que tengo que hacerla con todo lo que conlleve. Solo espero ser capaz de explicarme correctamente.

PUEBLO PEQUEÑO, INFIERNO GRANDE


Carlos Lorenzo es un brillante abogado de éxito que ejerce en Madrid y que jamás deja nada al azar o a la improvisación. Cumple a rajatabla los estrictos horarios que se ha marcado y todas y cada una de las rutinas creadas por él en las que se siente cómodo. Por eso recibir una llamada de la policía en la que le comunican que su padre, Fernando, se ha suicidado, hace tambalear todos los cimientos de su tan ordenada existencia. Carlos se ve obligado a desplazarse a Mors, un pequeño pueblo de la provincia de Alicante en el que su padre residía, para hacerse cargo de los trámites. El problema es que hace casi veinte años que Carlos no sabía nada de él, desde que les abandonó a su madre y a él para no volver nunca. Completamente descolocado intenta, simplemente, pagar lo que haga falta a la funeraria y dejar el tema zanjado para volver a Madrid cuanto antes. No quiere saber nada, no quiere complcaciones.

Pero no va a ser tan sencillo. Mors, un pueblo tranquilo (en el que nunca pasa nada, como repiten sus habitantes a menudo) que también se encuentra sacudido por la noticia y por la negra novedad, va a convertirse, muy a su pesar, en el lugar en el que Carlos ha de permanecer más tiempo del que le gustaría. Un mensaje oculto de su padre en una pieza de ajedrez, un inexplicable y terrible suceso en el tanatorio y la aparición de un segundo cadáver, esta vez asesinado, son el inicio de una espiral de muertes y sospechas. Nicolás Valdés, un inspector novato, es el encargado de una investigación que se va complicando a cada hora que pasa y que parece no tener fin. 

En otras ocasiones ya he comentado cuánto me gustan las novelas negras o los thrillers ambientados en el mundo rural. Aquí es donde los odios más enquistados pasan de generación en generación, como las herencias y donde nadie, al parecer, olvida. Ni lo bueno ni lo malo, especialmente esto último. En No mentirás nos encontramos un pueblo pequeño, en el que todos se conocen y parecen saber la vida entera de los demás, y en el que sucesos como los que comienzan a ocurrir hacen que se sospeche hasta del aire que respiran. Nadie se siente seguro y cualquiera es un posible asesino.


Es cierto que la novela de Blas se lee con rapidez, que es intensa y te lleva de un escenario a otro sin pausa, sin dejarte apenas respirar. También es cierto que ha intentado crear una trama enrevesada y hasta cruel, con un asesino en serie que va cambiando su modo de actuar en cada crimen haciendo que toda la investigación se complique muchísimo. Y, para quienes han leído los libros anteriores de Blas con Nicolás Valdés como protagonista, La verdad os hará libres y La profecía de los pecadores, seguro que encuentran un aliciente extra en conocerle cuando era un novato lleno de dudas y, muchas veces, superado por los acontecimientos y un hecho del pasado que no deja de martirizarle. Asimismo encontramos diálogos rápidos, naturales, sin ninguna impostación, que hacen que nos parezca estar escuchando a los protagonistas.

Y ahora vamos con la parte que hubiese preferido no tener que escribir. Por encima de todo quiero dejar claro que Blas me parece un tipo fantástico que pone mucho corazón en lo que hace. Y, en ningún caso, querría que tomase lo que voy a decir como un ataque personal ni como un intento de boicotear su novela. Respeto y admiro profundamente el trabajo de los autores y creo que me conocéis lo suficiente para saber que hacer "sangre" gratis no es mi estilo.

¿Por qué la novela no me ha convencido¿ ¿Por qué tengo esta sensación (y perdón por la expresión) de cabreo? Supongo que algunos recordaréis el post que escribí hace unos días quejándome del poco mimo en cuanto a corrección y edición que parece haber últimamente. Para los que no, lo podéis leer aquí. En más de una ocasión he estado tentada de dejar la lectura de No mentirás porque era tal el cúmulo de errores que se iban apilando, página tras página, que me salía por completo de lo que estaba leyendo. Repeticiones innecesarias, palabras mal usadas, frases impersonales mal construídas, loísmos constantes... Puedo entender, y lo dije en el post que antes mencionaba, que un autoeditado caiga en estas cosas pero ¿una novela publicada por una editorial de prestigio se puede permitir estos lujos? ¿Dónde está la corrección del texto, dónde la labor de la editora y la editorial?

Puedo poner muchos ejemplos, pero solo voy a hacer mención a los más flagrantes o los que de peor humor me han puesto. Una de ellas, que llama mucho la atención y más teniendo en cuenta que Blas ha publicado un libro dedicado a la investigación forense, es que en un determinado momento habla del departamento de DACTILOGRAFÍA (palabra que define la técnica de escribir a máquina) en lugar de hacerlo del de DACTILOSCOPIA. Bueno, quiero pensar que puede tratarse de un fallo de transcripción, aunque digo yo que en las correcciones del propio autor y las de la editorial deberían haberse percatado del error y haberlo corregido. Aunque lo que más me ha dolido es el constante mal uso de la palabra PERTINAZ porque, además, aparece en varias ocasiones. Me temo que Blas ha confundido este adjetivo con PERTINENTE. Por ejemplo en la novela se dice que "lo etiquetó de manera pertinaz", "tras el pertinaz saludo" o "tras las pertinaces explicaciones". En esos momentos me sentí realmente mal como lectora. Quizá puede ser que Blas no tenga claro el significado del adjetivo pero ¿de verdad no lo ha visto nadie más? ¿Nadie ha podido explicarle que se había equivocado?

Lo del lenguaje malsonante puedo llegar a perdonarlo en función de la tensión creciente que los protagonistas van viviendo, pero me ha parecido excesivo en bastantes ocasiones. En un mismo párrafo podemos encontrar la palabra puto/a en tres ocasiones y no hablemos ya de una página entera. Pero, como digo, es una licencia que, con buena voluntad, se puede dejar pasar en función de la naturalidad de los diálogos que, como os decía antes, son directos y sin florituras, aunque ya os digo que, personalmente, a mí llegaba a sobrarme. Las repeticiones de ciertas frases sí que me hicieron caminar a trompicones: brazos en jarras, con pelos y señales, jugar a jueguecitos, prueba dubitada (por señalar los más habituales) eran como agujeros en los que me caía constantemente. Tampoco es que el estilo de Blas sea muy ortodoxo, y eso no es malo en sí mismo, pero sí que le hace caer en una redacción pobre, con una sintaxis que, lo digo desde el respeto y el cariño, debería haber revisado con calma y con varios pares de ojos ajenos que repasasen y retocasen lo que él, como autor y desde dentro, seguramente ya no acierta a ver

Respecto al final del que, obviamente, no voy a contar nada, tampoco he quedado demasiado contenta. Demasiadas cosas en el tintero o sin explicar. Sobre todo sin explicar. Además de ser tremendamente enmarañado, trata de liquidarlo en apenas tres páginas dejándome con la sensación de que se han quedado muchas preguntas sin respuesta o, las que les da, no me han resultado muy plausibles. Según nos explicó Blas, se trata del primer volumen de una trilogía, quizá haya que esperar a las próximas entregas para tenerlo todo claro. Y eso tampoco me consuela.

Supongo que esta reseña va a ser una voz discordante entre tantas buenas opiniones que está cosechando No mentirás pero, ante todo, he querido ser sincera. Estoy convencida de que Blas irá puliendo estilo, vocabulario y redacción y confío en que la editorial que ha apostado por él le ayudará en la tarea. Escribir es una carrera de fondo, lo que importa es la distancia recorrida y sentirse satisfecho al final, a pesar del cansancio. Así pues, a seguir adelante y a seguir disfrutando con lo que haces, Blas.






viernes, 12 de abril de 2019

EL ÚLTIMO BARCO de Domingo Villar

Tengo un especial cariño a la ría de Vigo, una atracción que viene de largo, desde que siendo bastante pequeña conocí la historia de la Batalla de Rande. Mi abuelo y mi tío hablándome de los galeones hundidos, de un supuesto tesoro perdido, hacián que casi escuchase el eco de los cañonazos sonando en mi imaginación. O que viese al capitán Nemo con su Nautilus aprovisionándose con los restos de la batalla que quedaban en el fondo, como Julio Verne contó en 20.000 leguas de viaje submarino. También ha sido el escenario de algunos de los veranos más divertidos de mi juventud, cuando los amigos que aún somos alquilábamos un piso en Moaña y disfrutábamos de mañanas de playa, tardes de paseos descubriendo la zona y de noches en garitos acogedores y cómplices. La lectura de El último barco me ha llevado de nuevo allí, he reconocido calles, lugares, paisajes. He vuelto a cruzar la ría, como entonces, en el barquito que lleva a Vigo. Y he disfrutado de una novela redonda, cuidada, pensada, magnífica.

Domingo Villar ha tardado ocho años en volver a la primera línea y, con él, ha vuelto Leo Caldas en una trama que se desarrolla en menos de una semana y que te va envolviendo hasta que acabas formando parte de ella. Sus setecientas páginas pueden echar atrás antes de empezarla, pero, una vez dentro, ya no puedes escapar y los capítulos vuelan. Ha merecido la pena la espera, sin duda.

"ES LO QUE HACEN LOS BARCOS: ZARPAN Y SE VAN" (UN OCÉANO ENTRE NOSOTROS, 2018)


A Leo Caldas, en principio, no le hace demasiada gracia el encargo de su superior: que investigue la desaparición de Mónica Andrade, hija de un prestigioso cirujano de Vigo. A todas luces lo que parece es que Mónica ha decidido irse sin más, incluso faltan algunas cosas personales en su casa. Incluso hay testigos que la vieron en su bicicleta, a primera hora de la mañana del día que desapareció, camino al puerto de Moaña para coger el barco que cruza a Vigo. En ese puerto sigue su bicicleta atada con un candado, su casa de Tirán, parroquia perteneciente a Moaña, no está revuelta ni hay indicios de nada extraño. Pero Mónica no acudió a las clases de cerámica que impartía en la Escuela de Artes y Oficios de Vigo. Tampoco a la cita a comer que tenía dos días después con su padre. Nadie ha vuelto a verla.

Caldas y Rafael Estévez, el inspector aragonés que le acompaña desde las entregas anteriores (Ojos de agua y La playa de los ahogados) comienzan a trabajar sobre el terreno: la casa de Tirán, los alrededores, la escuela en la que Mónica daba clases, los vecinos, amigos, profesores... Ninguno parece explicarse los motivos por los que pueda haberse ido aunque algunos hablan de un inglés con el que ella solía pasear y que, al parecer, también se ha marchado. Estévez cree firmemente que se han ido juntos, pero a medida que van recogiendo piezas se dan cuenta de que la imagen que se forma con ellas no acaba de estar clara. La presión constante del padre de Mónica tampoco ayuda. El principio del hilo de toda esta madeja parece estar en el barco, ese último barco que Mónica Andrade cogió antes de desaparecer por completo.



Como os decía al principio El último barco impresiona, según ves el ejemplar, por su tamaño. Pero que no os engañe. Termina haciéndose corta e impresionando por lo que vamos leyendo. Domingo Villar ha dado un salto de calidad, en mi opinión, realmente largo, digno de record, creando un argumento que se va retorciendo y complicando delante mismo de nuestros ojos. Pero lo hace casi en tiempo real, poniéndonos como espectadores de lujo de lo que Caldas va viendo, investigando, preguntando. Solo el primer día de investigación ya ocupa 203 páginas y os aseguro que no sobra ninguna. Todo, en especial en la primera mitad de la novela, se va desarrollando de forma pausada, casi metódica porque cada dato cuenta, pero impregnando al lector de una inquietud creciente y bastante desasosegante que te empuja a seguir leyendo sin parar.

No solo El último barco es la historia de la desaparición de Mónica Andrade, aunque este sea el hilo conductor de todo. Descubriremos a un Leo Caldas más maduro y más humano, muy pendiente de su padre (un pedazo de personaje que cada vez que aparece llena por completo el espacio) aunque él no esté muy por la labor de "tener miedo de vivir" cuando su hijo le aconseja poner rejas o llevar el teléfono encima. Y es que esta novela toca muchas formas de paternidad y cómo nos enfrentamos a ella: la inquietud de Caldas por su padre, la ansiedad del padre de Mónica por lo que haya podido pasarle aunque su relación no fuese, ni de lejos, la mejor, el amor de Rosalía por su hijo Camilo a pesar de que él no pueda corresponderle, la ternura que Rafael Estévez deja traslucir ante su futura paternidad. También hay una acerada crítica a la crisis social y económica que se ha llevado por delante vidas y ciudades. Ahí está Napoleón, otro pedazo de personaje, el mendigo que acostumbra a sentarse junto a la puerta de la Escuela de Artes y Oficios  y que cuenta con un bagaje cultural impresionante, pero que no le sirvió para escapar del desastre. O los carteles que se han ido colocando en ciertas calles de Vigo mostrando los edificios históricos que cayeron bajo la piqueta para construir horrores arquitectónicos.

Estévez, a pesar de su carácter arisco (aunque se le ha suavizado un poco gracias al embarazo de su chica), te gana sin remedio. Al menos a mí, aunque ya me tenía ganada en las novelas anteriores. A pesar del tiempo que hace que llegó a Galicia sigue siendo un recién llegado. Y es de él de quien se sirve Domingo Villar para mostrarnos o explicarnos cosas que allí dan por sentadas y que, para alguien de fuera, son diferentes. Casi extraordinarias. Es Estévez el que busca respuestas que también lo sean para el lector, como qué es una nasa, una batea, el nombre de la planta de flores naranjas que ven en Tirán. Es él quien se sigue asombrando de los paisajes y de las costumbres, el que mantiene una mirada más "limpia" de lo que les rodea. Sigue siendo un cascarrabias y los perros le odian (hay alguna escena sobre esto con la que no puedes evitar sonreir de oreja a oreja) pero a mí me resulta casi adorable.


La Escuela de Artes y Oficios, que existe y es una fértil realidad en Vigo, está descrita con la minuciosidad que dan la admiración por lo que se enseña allí y el cariño que los profesores ponen en lo que hacen. Un lugar en el que se respira calma y que parece estar al margen del caótico mundo que queda fuera de sus paredes, un reducto ajeno a las prisas y muy distinto al trabajo que podemos considerar "normal".

Los diálogos son uno de los ingredientes fuertes de la novela, en los que se entra con facilidad porque jamás suenan impostados o fuera de tono. Se adaptan a cada situación, a cada persona, a cada necesidad de la narración. Fluyen maravillosamente y participan con brillantez de ese camino que Domingo ha trazado para llevarnos por él hasta la última página. Son 151 capítulos que comienzan con una palabra polisémica y sus diferentes acepciones en el diccionario de la RAE, una palabra que aparecerá en algún momento de ese capítulo.

El último barco es una gran novela de principio a fin que sabe dosificar e ir incrementando la inquietud del lector acerca de lo que ha pasado o ha podido pasar, pero que no se queda solo en eso. Los personajes están trazados de forma fabulosa, incluso los que apenas tienen una pequeña aparición y son ellos los que más nos van a sacudir dentro, los que más nos van a llegar. Una novela que hace que nos preguntemos cómo reaccionaríamos nosotros ante ciertas situaciónes y que no juzga a los personajes por ello. Está llena, igualmente, de compasión, de redención, de la crueldad de los que opinan sin saber, de dolor, de amor y de esperanza. Pero sobre todo está llena de barcos, esos últimos barcos que, por un motivo u otro han de coger los protagonistas antes de que zarpen.



viernes, 29 de marzo de 2019

LA CIUDAD DEL REY de Marcelino Santiago. RESEÑA Y ENTREVISTA

La ciudad del rey fue la novela ganadora, a finales del pasado año, del VII Premio de Novela Histórica Ciudad de Úbeda, un premio que, como ya he ido contando tanto aquí como en mis redes sociales, va adquiriendo cada vez más empaque. La entrega del galardón se realizó en noviembre, en el marco del Certamen de Novela Histórica que cada año se celebra en Úbeda, y allí tuve la suerte de poder compartir una interesante y reposada charla con Marcelino Santiago, su autor, que me avanzó parte del argumento de su obra y me transmitió su amor por la Historia y la literatura. Hoy os traigo al blog una novela histórica muy bien escrita, muy bien hilada y muy cuidada que nos traslada a una época fascinante. Una novela ambientada en Ciudad Real a finales del siglo XV, en una Castilla socialmente convulsa, llena de tensiones religiosas y políticas que van a estallar tras la muerte del rey Enrique IV y que, en muchos momentos, nos hará pensar que hay hechos y situaciones que parece que nos empeñamos en repetir una y otra vez.

IN CIVITATE REGIA


A principio de octubre de 1474 se produce en Ciudad Real un sangriento saqueo contra los judíos conversos que viven en la ciudad. Este progromo, más habitual de lo que las crónicas acerca de la buena convivencia de religiones en la época nos cuentan, provoca que Alonso de Carrillo, arzobispo de Toledo, encargue a Tomás de Cuenca una investigación sobre lo sucedido y, por encima de todo, acerca de los judíos que se esconden bajo la conversión para seguir con sus ritos. Debe descubrir a esos falsos conversos y entregarlos para que sean juzgados. El arzobispo otorga a Tomás de Cuenca las credenciales de juez delegado inquisidor, que le darán plenos poderes para sus investigaciones y le abrirá todas las puertas. 

Tomás de Cuenca viaja a Ciudad Real y, medida que va conociendo los hechos, empieza a sospechar que tras aquel progromo se esconden intereses muy diferentes a lo que en principio parecía y que no se trata solamente de un tema religioso. Las férreas convicciones de Tomás acerca de la religión y la política se comenzarán a tambalear al integrarse en la sociedad de la ciudad y entrevistarse y conocer cada vez mejor con muchos de los implicados. Además, para terminar de enrarecer el clima político reinante, muere el rey Enrique IV y comienzan las hostilidades entre los partidarios de Isabel de Trastamara, hermana del rey y futura Isabel la Católica, y los de Juana, hija del rey, a la que muchos niegan su paternidad apodándola "la Beltraneja".


La Orden de Calatrava, por su parte, va a buscar hacerse con el control de Ciudad Real, ya que la consideran suya por un documento que lo avala desde hace doscientos años. La situación se va complicando cada vez más y todos los protagonistas de la novela se verán obligados a tomar decisiones y a moverse en una especie de tablero de ajedrez muy inestable. 

Reconozco que con La ciudad del rey me mueve mucho la pasión. La época histórica en la que transcurre es una de mis favoritas y en la novela he descubierto una ambientación fabulosa de aquellos años, sobre todo al nivel del pueblo más llano. Su modo de vida, sus casas, la forma en que interactuaban, sometidos tanto al poder político como al de la iglesia pero sobreviviendo y trabajando por los suyos y su bienestar. Me ha fascinado de modo especial la descripción que Marcelino hace de esa Ciudad Real medieval, con sus calles estrechas a veces y con muchos edificos a medias, levantándose o restaurándose, con su impresionante muralla que, por desgracia para todos, ya no existe. Y me ha fascinado porque lo hace de un modo tan real que es sencillo imaginarla mientras caminamos junto a Tomás de Cuenca en sus pesquisas.

Fantásticos son también los retratos de los personajes, llenos de humanidad, con sus defectos y virtudes, pero siempre creíbles, sin estridencias. Las intrigas políticas, tan presentes en la trama, las vemos desde los propios actores que las manejaban. Conocer de la mano del autor algunos de los ritos judíos que se conservaban en la intimidad de muchos hogares es como abrirse la puertas a un mundo que desconocemos. Y resulta inquietantemente actual esa costumbre de culpar siempre a los mismos de las desgracias que suceden, como si por ser judíos, en este caso, tuviesen el poder de convocar hasta los desastres naturales.

Hay una escena en el capítulo 10 que me hizo esbozar una sonrisa, cuando Tomás de Cuenca visita la iglesia de Santiago y encuentra al maestro de obras discutiendo con un clérigo acerca de los plazos que había para terminar un fresco que ha de decorar una de las paredes. Inmediatamente recordé la gran película El tormento y el éxtasis, cuando el papa Julio II discutía a voces con el irascible Miguel Ángel acerca de cuando terminaría de pintar la Capilla Sixtina. Es que hay cosas que no puedo evitar...

La narración se agiliza gracias a capítulos breves que hacen querer seguir leyendo. Además va ganando en intensidad a medida que avanzamos, con una tensión creciente que consigue mantener al lector siempre interesado y cómplice de lo que sucede. Partiendo de los hechos reales que se produjeron en su momento, mostrando que Marcelino Santiago se ha documentado mucho y bien, La ciudad del rey es una novela apasionante, intensa y vital que nos traslada sin dificultad a una época llena de luces y sombras, complicada, interesante y políticamente enrevesada. Aunque, conociendo la Historia de nuestro país, qué epoca no lo ha sido... 

Os la recomiendo sin duda. Es un gran modo de viajar en el tiempo.

ENTREVISTA CON MARCELINO SANTIAGO


Aunque nacido en la localidad toledana de Corral de Almaguer, Marcelino Santiago vive y trabaja en Ciudad Real. Licenciado en la especialidad de Historia Medieval por la Universidad Complutense de Madrid, es funcionario de la Escala Ténica de la Universidad de Castilla-La Mancha. 

Quiero agradecerle, de corazón, su generosidad a la hora de contestar esta pequeña entrevista y su más que buena disposición desde el primer momento. 

- En primer lugar, quisiera volver a felicitarte por haber resultado ganador de VII Premio de Novela Histórica Ciudad de Úbeda con “La ciudad del rey”. ¿Cómo conociste la noticia? ¿La esperabas?
Supe que la novela había pasado el primer filtro y que había quedado entre las tres finalistas del concurso y aquello me pareció un logro importante porque las otras dos novelas que seleccionó la comisión lectora tenían muy buena calidad literaria. Cuando, poco después, me comunicaron el fallo del jurado, tuve una gratificante y extraña sensación, mezcla de incredulidad y euforia.

- ¿Era el primer certamen de novela en el que participabas o ya habías probado suerte en otros?
Antes de presentar “la Ciudad del Rey” al certamen de novela histórica de Úbeda, la presenté al Premio Círculo de Lectores de Novela, en el que la obra también fue seleccionada entre las tres finalistas que después se sometieron al dictamen del jurado de lectores.

 
- Después de tu estancia en Úbeda para recibir el premio ¿qué te pareció el certamen que se organiza allí cada año?
Desde mi estancia en Úbeda no he parado de contar maravillas sobre la fantástica organización del certamen de novela histórica que se viene realizando cada año, porque es realmente sorprendente el gran dinamismo que le confiere a la ciudad. Para el visitante que se acerca a Úbeda en esas fechas es más que manifiesto el entusiasmo y el buen ambiente de los participantes en todos los órdenes: organización, recreación histórica, presentaciones literarias, encuentros con los autores, etc.

- ¿Cuáles crees que son los méritos fundamentales de tu novela, aquellos de los que te sientes más orgulloso?
Aunque los méritos no me corresponden a mí valorarlos, creo que es una novela sencilla de leer, con capítulos cortos, no es excesivamente extensa para lo que suele ser el promedio de páginas en el género de novela histórica. Por otro lado, el peso de las diferentes tramas lo llevan varios personajes a la vez, con potencia argumental suficiente para mantener la atención del lector, mientras alternan su aparición.

- Siglo XV. Ciudad Real. Un inquisidor. La Orden de Calatrava. La guerra de sucesión entre Juana la Beltraneja y la futura Isabel la Católica como fondo. Con estos cebos tan atractivos ¿cómo recomendarías la lectura de tu novela a quienes se acercan por primera vez a ella?
Aunque el contexto histórico en el que transcurre la novela es algo complicado, por el conflicto sucesorio tras la muerte de Enrique IV, y además impregna las diferentes tramas que se desarrollan,  hay que advertir que el verdadero interés radica en lo que sucede a los personajes, a sus relaciones entre ellos, a sus motivaciones personales, a su trayectoria vital incluso. El contexto histórico se va dosificando en la novela para no saturar al lector con excesivos datos históricos y creo que resulta bastante comprensible.

- ¿Cuál fue el origen de la historia que narras en “La ciudad del rey”? ¿Qué hecho o qué idea fueron los que te hicieron “saltar la chispa” para crearla?
Te revelaré algo que creo que no he comentado hasta ahora. La chispa de la que hablas y que puso en marcha la historia, es la coincidencia en el tiempo de dos acontecimientos históricamente inconexos y totalmente independientes uno de otro, pero que puestos en relación adrede, en un plano literario, daban mucho juego argumental. El día 4 de octubre de 1474 falleció don Juan Pacheco, el privado de Enrique IV, el hombre más poderoso de Castilla después del rey, quien en esta época ya apoyaba sin fisuras a la princesa Juana como sucesora al trono (aunque años atrás, cuando se encontraba enfrentado al rey Enrique, atribuyera su paternidad a Beltrán de la Cueva, por lo que se ganó el sobrenombre de la “Beltraneja”). Por otro lado, dos días después de su muerte, el 6 de octubre de 1474, se produjo un violento pogromo contra los judíos conversos de Ciudad Real. Aunque ambos sucesos no se encuentran relacionados históricamente, sin embargo, el escritor, con mayor amplitud de miras, supo imponerse al historiador para plantearse que ocurriría si realmente existiera una conexión entre ambos acontecimientos. 

- La labor de documentación es fundamental para la novela histórica y después llega el trabajo de la escritura ¿Cuánto tiempo te llevó terminar tu novela? ¿Hubo algún momento de bloqueo o todo fluyó de acuerdo a lo que te habías planteado?
El trabajo de documentación fue un proceso largo. Como historiador conocía e incluso había investigado algunos aspectos sobre Ciudad Real referidos a la Edad Media, sin embargo, el proceso de escritura como tal siempre había quedado relegado para momentos de mayor inspiración, hasta que decidí abordar el proyecto en serio y en un par de años la tuve acabada. En cuanto al proceso de creación, aunque existe una planificación inicial, es cierto que la trama te conduce por caminos insospechados y, como escritor novel que era, no tuve la disciplina de ceñirme a la escaleta y me dejé llevar en muchos casos en la exploración de nuevas líneas argumentales.

- A la hora de crear los personajes ¿cómo los imaginas? ¿Eres capaz de ponerles voces, gestos, fisonomía? ¿Buscas inspiración en personas conocidas o de tu entorno?
Hay que diferenciar entre los personajes históricos y los personajes literarios. Respecto a los  primeros, tenemos en muchos casos diversas formas de aproximarnos a ellos, a lo que hicieron y a los diferentes aspectos de su biografía. De algunos de ellos, incluso ha quedado testimonio de su aspecto físico, en cuadros y pinturas o en las descripciones que aparecen en las crónicas, aunque en muchos de estos casos su imagen puede encontrarse distorsionada dependiendo de su relación con el personaje que la costeaba. Para los personajes literarios o incluso los personajes históricos sobre los que tenemos noticias muy escasas, la inspiración es muy variada. A la hora de construir los personajes hay que dotarlos de una vida, de una historia personal, de unas motivaciones que impulsen sus acciones y que será más o menos compleja dependiendo del grado de protagonismo que tengan.

- Una cuestión que suele repetirse cuando se habla de novela histórica es dónde están los límites a la hora de escribir sobre ella. Si pueden permitirse licencias sobre lo que se cuenta, sobre la época o los personajes, inventar situaciones, conversaciones, personalidades… ¿Cuál es tu opinión sobre este tema?
Creo que el escritor de novela histórica tiene un compromiso con la Historia como disciplina, como ciencia, ya que los lectores esperan encontrarse con un relato fiel a la realidad histórica. El relato literario debe superponerse al contexto histórico como una transparencia sobre un paisaje, sin que el primer plano oculte los elementos del fondo. El escritor puede permitirse las licencias literarias que estime convenientes siempre que no transmute la realidad del pasado en el que transcurre la acción, o puede decantarse por la versión de los hechos que mejor convenga a la trama cuando no exista unanimidad al respecto. Los escritores también deben hacer uso de una cierta moderación narrativa para no convertir en héroes o villanos a personajes que no lo fueron, porque simplemente convenga al argumento.

- Y al hilo de la anterior pregunta: ¿qué opinas de esa corriente empeñada en revisar y juzgar hechos del pasado con los criterios de hoy día?
Para comprender correctamente la historia política, social y económica de cualquier época debe ponerse en relación con la historia de las mentalidades del momento. El comportamiento de los hombres a lo largo de los siglos siempre ha estado condicionado por los valores de la época, por la moralidad imperante y por el entorno que condiciona y determina las motivaciones personales. Descontextualizar determinados acontecimientos, aislándolos del momento histórico en el que se produjeron, desvirtúan la realidad histórica en sí.

- A la hora de escribir ¿prefieres tenerlo todo planificado previamente o eres más de trazar ciertas líneas e ir dejándote llevar?
Me gusta confeccionar un guion con las tramas, tener los personajes principales preparados para actuar, pero confieso que soy poco disciplinado a la hora de escribir y no sigo el orden establecido y que, la mayoría de las veces, me dejo llevar para ver donde me conducen determinadas ideas que surgen sobre la marcha. Tengo que reconocer que en ocasiones he encontrado algún filón  interesante pero que en otras ocasiones he tenido que corregir el tiro.

- En los últimos tiempos parece que la novela histórica se está reivindicando como género y son cada vez más los títulos que se publican, además de obtener premios importantes como el Planeta conseguido este año por Santiago Posteguillo ¿Cuál crees que es el motivo? ¿Auguras un buen futuro?
Creo que la novela histórica ya hace tiempo que se deshizo de los viejos lastres que la caracterizaron durante una época desde que surgió allá por el siglo XIX. Este género ha evolucionado igual que lo ha hecho la novela en general. Ya no se escribe como se hacía en el romanticismo o  como hace 50 o 60 años. Creo que el éxito de la novela histórica se debe a que en este género tienen cabida todos los demás, como el thriller, el suspense, la novela de aventuras, la novela psicológica, la novela romántica, etc. Además este género se retroalimenta con la adaptación al cine o la televisión de los grandes best sellers que siempre atraen y captan la atención de más público.

- ¿Qué te gusta leer? ¿Hay algún autor o alguna novela a la que vuelves de cuando en cuando porque te hace sentir especialmente bien?
Pues como era de esperar, suelo leer novela histórica escrita por autores nacionales, ambientadas en épocas y escenarios que me resultan más familiares y cercanos. No soy muy aficionado a releer novelas que ya he leído, hay tanto por leer, pero sí me gusta repetir autores con los que he disfrutado leyendo sus historias.

- Hasta donde puedas contar y desvelarme: ¿en qué nuevo proyecto estás embarcado ahora?
Me encuentro trabajando en una novela ambientada también en la Edad Media. Con la gran proliferación de novela histórica surgida durante estos años se ha cubierto gran parte del espectro cronológico  y es difícil encontrar acontecimientos y personajes relevantes sobre los que no se haya novelado. Creo que gran parte de los personajes de la primera línea política en la historia se encuentran agotados y quizás ha llegado el momento de volcarse sobre aquellos otros que adquirieron gran protagonismo en su época pero permanecieron en un segundo plano y son más desconocidos para el público en general.

Un millón de gracias, Marcelino. Mucha suerte con tu novela y con las que están por venir.