Esta novela es la ganadora del X Premio Alexandre Dumas de Novela Histórica, convocado por MAR editor, que, en su fallo, recalcó que el jurado valoró muy positivamente que no se tratase de la típica historia de la II Guerra Mundial llena de datos bélicos, sino que se centrase en lo cotidiano, en el día a día de la gente y en cómo se vivía en Dresde. Con estas premisas, nos vamos al 13 de febrero de 1945.
"¿CÓMO SABES SI LA TIERRA NO ES MÁS QUE EL INFIERNO DE OTRO PLANETA?" - ALDOUS LEONARD HUXLEY
Es martes de Carnaval en Dresde. A pesar de la situación que se vive en Alemania y del estado de guerra en el que se encuentran inmersos, los habitantes de la ciudad tratan de vivir con cierta normalidad, a pesar de que las carencias de lo más esencial son la constante habitual. El mercado negro existe, pero pocos pueden pagar los precios que se piden. Los protagonistas de la novela (muy coral, de lo que os hablaré después) intentan seguir adelante, sin sospechar que en pocas horas los bombarderos aliados arrasarán calles, plazas, edificios...
La novela transcurre en 24 horas. A pesar de que el régimen de Hitler parece herido de muerte, aún no se ha rendido y los aliados plantean el "bombardeo de saturación": arrasar ciudades sin diferenciar militares o civiles y eso incluye a Dresde, la conocida como "la Florencia del Elba" por sus monumentos y la cantidad de obras de arte que atesora. Quieren, con ello, obligar al régimen nazi a capitular, aunque suponga llevarse por delante a miles de ciudadanos.
Como os decía antes, la novela es muy coral. En un pequeño encuentro que mantuvimos varias amantes de la novela histórica en Madrid con la autora y su editor, ella nos comentó que todos y cada uno son reales. Con sus testimonios levantó el argumento de la novela. Los relatos en primera persona que le hicieron a Vic Echegoyen le han servido para articular lo que ocurrió aquel día. Cada uno de ellos conforma la pieza de un puzle que se va formando y, al final, nos permite contemplar la imagen completa. Conoceremos a una antigua bailarina, Gret Palucca, que ya no puede enseñar su arte por haber sido depurada; a Wilhelm Rudolf, un pintor al que también se le niega su arte y se ha condenado al ostracismo; a los trabajadores de zoo de Dresde, que tratan de seguir cuidando a los animales como buenamente pueden, a pesar de no disponer apenas de comida para ellos; a los chicos del coro de la iglesia de la Cruz; a un matrimonio y una familia de "indeseables" que en cualquier momento van a ser deportados; a los prisioneros de guerra, cuya vida pende de un hilo. Incluso a los miembros del gobierno municipal y de la Gestapo, empeñados en dirigir la ciudad con la rigidez de la normas que imperan en todo el Reich.
Ese martes de Carnaval, los habitantes de Dresde tratan de alegrarse con funciones de circo o de cine (autorizadas por el régimen) y los niños cuentan con una tarde festiva. Pero nosotros, como lectores, y un poco como en la genial novela de García Márquez, sabemos que la muerte se acerca a pasos agigantados. Intercalados entre la narración de lo que se vive en Dresde, tendremos los planes para bombardear la ciudad, cómo y cuándo se va a hacer, la frialdad de los números y las decisiones militares.
En Dresde, a pesar de la relativa calma en la que viven, no todos pueden contar la misma historia. Los hay que tienen que caminar casi escondidos y con la cabeza baja, porque están señalados. Otros buscan salir adelante como sea, vendiendo incluso lo que no quieren. Vic Echegoyen ha conseguido hacernos sentir dentro de las casas y las calles, incluso dentro de la mente de los protagonistas, peones en un tablero en el que quienes ostentan el poder no dudan en sacrificar, amparándose en motivos más importantes.
El horror del bombardeo, que se inicia con los llamados "árboles de Navidad" (paracaídas con bengalas de magnesio que se lanzaban por los aviones aliados para iluminar la ciudad, sometida a un estricto oscurecimiento nocturno), cae sin previo aviso. Las bombas de fósforo arrasan con todo y se llevan por delante edificios y personas. La autora nos va llevando a vivirlo junto a cada uno de los protagonistas, por lo que sentimos su impotencia, el pánico, el dolor de las quemaduras, la angustia por dejar atrás cosas importantes. Especialmente doloroso es contemplar lo que sucede en el zoo, con los animales aterrados que escapan como pueden, mueren o sufren terribles heridas y a quienes hay que sacrificar. Siempre me ha resultado curioso que, como lectora, me duela más el sufrimiento de los animales que el de las personas.
Quienes han ordenado el bombardeo saben que va a ser la población civil la que más lo sufra y lo consideran un mal necesario. Quienes ostentan el poder en Dresde, al verse sobrepasados por lo que sucede, toman decisiones en las que esa misma población civil está al final de la lista para ser ayudada.
El estilo de Vic Echegoyen, tan personal, con la ausencia total de adjetivos (puede parecer imposible, pero os aseguro que así es y funciona), aumenta el efecto dramático y nos lleva a pensar en cuántos otros conflictos bélicos, incluso actuales, la población civil es siempre la más perjudicada. El paradigma de que la guerra debía ser entre ejércitos, como sucedió en la I Guerra Mundial, cambió por completo en la II. Sumir al enemigo en el desánimo, el luto y el miedo funcionaba mucho mejor, por desgracia.
Os recomiendo la lectura de Blitz. La destrucción de Dresde sin ninguna duda. No es una novela más sobre la guerra, es la guerra a pie de calle, la que cualquiera podríamos padecer llegado el caso. Y eso provoca bastante inquietud.
* Blitz es una palabra alemana que significa rayo o relámpago. En la guerra, describe un ataque militar rápido, intenso y sorpresivo.












