Podría haber escrito esta reseña justo cuando la novela se lanzó al mercado. Sí, podría haberlo hecho, pero me pudo la curiosidad de saber cómo iba dando sus primeros pasitos entre los lectores. No lo puedo remediar, me temo que soy una sentimental, porque a Innocentia la conocí cuando apenas era un primer borrador que Juan Tranche tuvo que reescribir, pulir, borrar y volver a escribir. Era, como en aquella frase de la película Gladiator (de la que Juan y yo somos fans irredentos) algo que "solo podías susurrarlo". Pero creció, dejó de ser susurro y ahora va por el mundo con voz propia, impactando a todos los que la leen, y creedme cuando os digo que esto me hace muy feliz. Quizá porque la vi crecer y, de alguna manera, también la siento un poquito mía...
Ahora acaba de anunciarse la segunda edición y eso es todo un espaldarazo tanto a la historia que Innocentia guarda en sus páginas como al talento de Juan Tranche como escritor, cada vez más asentado y más sólido, con un estilo que se consolida y que es capaz de meternos hasta las trancas en la Roma menos brillante. La Roma de los desfavorecidos, de los perseguidos, de quienes no tienen quien los cuide, de los asesinos, de los crímenes más abyectos, de las falsas apariencias, de los submundos atroces que esconden los poderosos. Estamos ante una novela que pega duro al lector, pero también lo intriga, lo indigna y lo emociona. Así pues, allá vamos.
"LA FUERZA MÁS FUERTE DE TODAS ES UN CORAZÓN INOCENTE"- VÍCTOR HUGO
Estamos en el año 222 d.C. en la Bética romana, durante los primeros tiempos del reinado de Alejandro Severo. Roma está atravesando uno de esos periodos en que el poder parece caminar sobre una superficie de hielo que amenaza con resquebrajarse: conspiraciones, luchas internas, ambiciones y personajes que mueven los hilos desde las sombras son una realidad cotidiana. Pero en la Bética, sin que nadie lo investigue ni mueva un dedo, está desapareciendo niñas de sus propias camas. El miedo se extiende como una gran mancha de aceite, pero las autoridades parecen ponerse de perfil.
Por su parte, Marciano Tauro, un antiguo centurión, ha encontrado reposo y hogar en Emérita Augusta junto a su esposa, Domicia. Tauro tiene un pasado complicado y más de una sombra acechándole, pero no puede quedarse sin hacer nada cuando la hermana de un antiguo compañero de las legiones romanas requiere su ayuda: su hija es una de las secuestradas y nadie parece mover un dedo para averiguar qué está sucediendo. La lealtad de Tauro hacia su antiguo compañero hará que acepte la misión de investigar lo que ocurre, pero no va a ser un camino sencillo. Y hay sombras que pueden volver a seguir sus pasos.
¿Estamos ante una novela negra con contexto histórico? Sí, y esto, creo que ya lo sabéis, me encanta. Pero estamos en una época en que la "investigación policial" era la que era. Imaginaos un mundo sin teléfonos móviles, sin cámaras de seguridad, sin laboratorios de ADN, sin archivos de huellas, sin informes de autopsia... una pesadilla, desde luego, aunque os aseguro que hace 50 años (antes de ayer, vamos) estábamos un poco así. ¿Y qué hace Juan Tranche para solventar todo esto? Utilizar los recursos básicos y siempre vigentes: visitar el lugar de los hechos, moverse en los bajos fondos, preguntar, seguir a sospechosos...y tener a una esposa de inteligencia brillante que es capaz de ir encajando las piezas del puzle a su lado. En cierto modo, Innocentia tiene algo de road movie, con nuestros protagonistas echados a los caminos de la Bética, moviéndose por una Roma alejada de los mármoles y mucho más incómoda, más áspera. Más dura y hostil.
Lo que comienza como una búsqueda concreta de la sobrina de su compañero va a ir abriendo puertas que quizá hubiera sido mejor que permanecieran cerradas. Y es que detrás de las desapariciones hay algo mucho más grande de lo que Tauro esperaba y mucho más terrible, donde los intereses políticos y económicos amparan el crimen incluso entre quienes deberían combatirlo.
Uno de los aspectos más interesantes de Innocentia es el papel de las mujeres en la ápoca y en Roma. Es cierto que Domicia no es simplemente la esposa de Tauro, ni aparece como un personaje ornamental como la mujer que espera, paciente, el regreso de su compañero. Juan Tranche nos va a ir trayendo al primer plano cómo era la vida de las mujeres, cómo se relacionaban entre ellas, qué podían y qué no podían hacer, cómo podían influir en las decisiones de sus maridos. Siendo la sociedad romana profundamente patriarcal, Juan nos muestra y nos recuerda que las mujeres estuvieron mucho más presentes en las estructuras de poder de lo que imaginamos.
Creo que uno de los mayores aciertos de Innocentia es que no intenta decirnos constantemente que el pasado se parece al presente: se limita a mostrarlo y nosotros lo vamos interiorizando. Siguiendo las andanzas de Tauro, Domicia y Dentatus para saber qué ha sucedido con las niñas y a quién benefician sus desapariciones, las preguntas surgen solas. ¿Quién protege a quienes no están cerca de los círculos de poder? ¿Hasta dónde es capaz de llegar la corrupción? ¿Puede la justicia seguir siendo justicia cuando quienes deben impartirla están implicados? ¿Cuántas veces preferimos no saber la verdad, porque conocerla nos obliga a hacer algo, a tomar partido?
Se ha mencionado en casi todas las reseñas que en la novela hay escenas muy duras, pero todas y cada una son necesarias para mostrarnos lo que realmente está pasando en los rincones oscuros del imperio romano. Y la novela duele porque las víctimas son niñas que no pueden defenderse. Si, además, lo unimos al tema del honor familiar, tan profundamente instalado en la sociedad romana, veremos como una mujer víctima de una agresión se convertía en una mancha muy difícil de borrar para la familia y la mujer ultrajada sufría consecuencias sociales tremendas.
Innocentia tiene el corazón de una estupenda novela histórica, pero guarda en sus páginas el pulso acelerado de un thriller. Capítulos cortos que avanzan con rapidez y terminan en alto, para que quieras seguir leyendo, tensión que no deja de crecer, peligros que aparecen cuando menos lo esperas... al leer se tiene la sensación de que detrás de lo que acaba de descubrirse existe algo todavía peor.. La ambientación es brillante, jugando con los contrastes entre las ricas domus y las casas de los menos afortunados. El polvo de los caminos, el viaje de los protagonistas por la Bética, mostrándonos los paisajes, los olores, los colores, la comida... siempre nos llega la sensación de estar allí, acompañando a los protagonistas. Incluso temiendo con ellos lo que les espera o a quienes les persiguen. Por eso, cuando cierras el libro, te das cuenta de que una parte de aquella Roma se ha quedado contigo.








