martes, 24 de septiembre de 2019

EL ATENIENSE de Pedro Santamaría

Para los que hicimos el Bachillerato por la rama de letras puras, la asignatura de Griego resultaba peculiar. Si en COU te decidías por otra optativa, solo se impartia en tercero y, durante ese año, al menos en mi caso, dimos declinaciones, alfabeto, algo de vocabulario y formación de frases y, sobre todo, historia de la Grecia clásica. Y mitología, bastante mitología. Fue a nuestra profesora de Griego a la que primero escuché hablar de Alcibíades, al que ella definía con mucha gracia como "todo un pieza", y de sus idas y venidas. Aunque en su día me interesó lo que nos contó de él, no había vuelto a recordarle muy a menudo (para mi vergüenza) hasta que llegó a mis manos El ateniense, escrito por Pedro Santamaría, que nos trae un retrato del personaje y de la época histórica digno de los paladares más exigentes. Una novela que se devora y se disfruta, que hace viajar en el tiempo sin dificultad y que resulta apasionante no solo por lo que cuenta, sino por cómo lo cuenta. La Grecia de Pericles, la guerra con Esparta, los filósofos que hoy estudiamos, el teatro, la vida en las calles, la alta política y la vida más popular en las calles... todo se nos presenta en color, con un planteamiento brillante y una manera de narrar vital y yo diría que poderosa sin parecerlo. ¿Me acompañáis a visitarla?

EL PERRO DE ALCIBíADES NO TIENE RABO


Os contaré al final de la reseña el porqué de este título, que refleja muy a las claras el espíritu del personaje que es el protagonista principal de la novela, pero que jamás se muestra como tal. Corre el año 432 a.d.C y Grecia entera bulle ante una guerra de Atenas con Esparta que se antoja inevitable. Las dos ciudades aspiran a hacerse con el control absoluto de la región y esto les llevará a treinta años de conflicto de los que ninguna de las dos saldrá siendo lo que era.

El ateniense, como os decía, es la historia de Alcibíades, un personaje amado y odiado por igual, tremendamente controvertido, capaz de los hechos heroicos más nobles y de las traiciones más bajas. Platón llegó a hablar de él en alguna de sus obras. Un hombre que lo tenía todo para ser una figura preponderante en su momento: sobrino de Pericles, amigo personal de Sócrates, gran estratega y orador, rico, valiente, gran guerrero... y también implacable, cínico, maquinador y cruel. Poseedor de una belleza extraordinaria y de una gran inteligencia, era el prototipo y el ejemplo de aquella Grecia que aún hoy asombra al mundo y que sentó las bases de nuestra actual sociedad.

El gran acierto de Pedro Santamaría en El ateniense ha sido no poner a Alcibíades como voz principal. Él es el hilo conductor de la novela, sí, pero iremos conociéndole y reconstruyendo su vida, sus decisiones y sus muchos vaivenes a través de los ojos de otros. Como un caleidoscopio, en el que las piezas son siempre las mismas pero, según cómo lo movamos, toma una forma u otra. Le veremos desde los ojos de amigos, enemigos, gente del pueblo, soldados o políticos. Incluso desde ciudadanos de a pie que se cruzan con él y asisten a algún hecho concreto. Presente siempre y siendo protagonista sin hacerlo con voz propia, un reto que Pedro Santamaría ha superado con nota.

Alcibíades es un hombre de su tiempo. Lo tuvo todo y jugó sus cartas siempre para su propio beneficio. Sirvió a Grecia, a Esparta y a Persia, cayó en desgracia varias veces y de todas ellas salió de nuevo triunfante, pero no es lo que podríamos considerar un personaje histórico muy edificante porque, a pesar de sus buenas cualidades, era un gran cínico, alguien a quien sus coetáneos consideraron un traidor ( y traicionó mucho y bien) y al que la moral y las normas le importaban más bien poco a no ser que le beneficiasen. Pero se ha convertido en un mito. Conocerle es apasionante.

A pesar de ser una novela de casi quinientas páginas no se hace larga ni pesada en absoluto. Y eso también es mérito del autor, que ha sabido narrar cada capítulo con gran agilidad y de manera realmente amena, con descripciones fantásticas que no abruman nunca pero que nos hacen imaginar sin dificultad las calles de Grecia, los palacios, los campos de batalla. Y respecto a esto, a las batallas que se relatan, resultan completamente reales, mantienen una tensión que a mí, como lectora, ha llegado a emocionarme. En una novela en que encontramos a colosos históricos como Pericles, Platón o Sócrates, que generalmente los tenemos en mente como estatuas de mármol o como entelequias perfectas pero sin alma. Y aquí se nos muestran brillantemente vivos, con sus alegrías y sus miedos, con sus deseos, con sus conversaciones. Al igual que en la presentación que nos hace de la época y los escenarios, es evidente que la labor de documentación que el autor ha llevado a cabo ha sido inmensa y rigurosa, pero no nos la hace árida ni pretenciosa.  Todo en El ateniense fluye, sin muros narrativos que entorpezcan.

La figura camaleónica de Alcibíades se erige en todo momento como referente, pero, junto a él, todo lo que le rodea, todos quienes le conocen, todo lo que se cuenta, conforman un dibujo espléndido de esa Grecia clásica que fue el faro de tantas civilizaciones (y lo sigue siendo) pero que también contaba con sus cuartos oscuros y sus esquinas no tan limpias. El ateniense es un libro que se disfruta desde la primera página y que, cuando cerramos, parece que salimos de una burbuja de tiempo, como cuando se vuelve de un viaje lleno de momentos únicos. Cuesta dejarlo atrás, creedme.

Respecto a lo que os decía al principio del perro de Alcibíades, es un claro ejemplo de su cinismo. La anécdota nos la contó aquella profesora de Griego y creo que, en aquel momento, no la entendimos demasiado bien. Contaba Plutarco (el gran historiador griego) que Alcibíades solía pasearse por las calles de Atenas con un perro hermosísimo que lucía una soberbia cola. La gente admiraba el porte del can y era la comidilla de la ciudad. Hasta que un día Alcibíades ordenó que se le costase la cola al perro y, cuando lo vieron, le llovieron las críticas por haber hecho tal cosa. Pero él, en su línea, y sin alterarse lo más mínimo, dijo que mientras todo el mundo estaba pendiente de la cola de su perro no se daban cuenta de su mal gobierno. Con un par.

Incluso si no sois muy entusiastas de la novela histórica, dadle una oportunidad a esta novela porque os va a sorprender y, estoy segura, os va a fascinar como a mí. Creo que Pedro Santamaría, que ya era un extraordinario escritor de novela histórica, ha dado un largo salto de calidad y madurez literaria, se nota en cada página y en el resultado final. Hacía tiempo que no volvía a Grecia y ha sido un auténtico placer descubrirla de nuevo de su mano.









jueves, 19 de septiembre de 2019

DESAJUSTE DE CUENTAS (STORYTEL) de Benito Olmo

Es curioso, pero no soporto que me lean en voz alta. Y digo que es curioso porque de siempre he sido mucho de radio, quizá, de lejos, el medio que más me gusta. Además ya tengo una edad y puedo recordar perfectamente el sonido de las radionovelas de mi infancia, llenas de amores, traiciones y mucho drama, que todo el mundo escuchaba con auténtico deleite aunque tuviesen centenares de capítulos. Me encantaba cuando mi madre, por las mañanas, llenaba la casa con la voz de Luis del Olmo y hasta tengo su imagen en la memoria cosiendo en la mesa camilla con el consultorio de Elena Francis o el programa de Encarna de fondo. Supongo que el que no me guste que me lean en voz alta se debe a que no es fácil encontrar a quien lo haga entonando, poniendo intención, consiguiendo que no suene todo a folleto de antibióticos.

Por eso la página de de audiolibros de Storytel nunca me había llamado la atención. Bueno, ni esa ni ninguna otra. Con lo que me gusta leer en papel, lo que disfruto con ello aunque tenga que cargar con un libro en el bolso en mi día a día, ponerme los auriculares para escuchar una narración me daba una pereza enorme. Sumando, además, el gasto mensual que supone, que no es mucho, es verdad, pero en mi caso todo hace montón. Pero claro, encontré un motivo poderoso para agachar la cerviz y decidirme a darle una oportunidad a Storytel: Benito Olmo había escrito un audiolibro para la plataforma titulado Desajuste de cuentas, que no estaba (ni estaría) en papel. Benito me ganó para su causa con La maniobra de la tortuga  y, desde entonces, ando siempre a la espera de sus nuevos títulos. Así que me dispuse a escucharlo y a día de hoy puedo decir que, como de costumbre, su modo de contar historias ha vuelto a envolverme por completo y que he disfrutado muchísimo de una historia negra de crimen y venganza, de esas que son capaces de dejarte sin aliento. Es la primera vez que reseño un audiolibro, a ver cómo sale.

NI OLVIDO NI PERDÓN


Carla Cobos es una joven detective privado que hace poco que trabaja por su cuenta, después de un tiempo haciéndolo en una agencia. Sus casos suelen ser de poca monta, sobre todo referidos a infidelidades matrimoniales. Por eso le sorprende la visita de Elvira, una trabajadora de un geriátrico, que llega a su despacho por encargo de uno de los ancianos a los que atiende. Elvira le explica que quiere contratar sus servicios porque el hijo de este hombre ha desaparecido, ha dejado de visitarle en la residencia y no hay forma de contactar con él. Carla le insiste en que este tipo de casos no entra en su campo de acción pero cuando Elvira le dice quién es la persona desaparecida la curiosidad empieza a abrirse camino: se trata de Baldomero Cadalso, un hombre que había salido de la cárcel hacía poco tras cumplir condena por el asesinato y violación de Eva Garcia, una adolescente que había sido alumna suya. Sin terminar de aceptar el caso pero movida por lo peculiar de la situación, Carla decide investigar un poco por su cuenta ayudada por un veterano periodista de sucesos. 

Lo que Carla no sabe es que Cadalso hace unos días que despertó en una celda que en nada se parece a la que dejó atrás semanas antes. No recuerda cómo ha llegado allí ni quién le ha encerrado. Tampoco los motivos. Pero es el inicio de una terrible tortura física y mental de la que no va a poder escapar.

Estos son los puntos de partida de Desajuste de cuentas, una historia oscura, intensa y a veces cruel, en la que vamos a descubrir hasta dónde es capaz de llegar alguien cuando está devorado por el dolor, la rabia y la certeza de que ya lo ha perdido todo.  Benito nos lleva de nuevo a las calles y barrios de Cádiz que nada tienen que ver con la imagen festiva y luminosa de la ciudad, con sus playas eternas llenas en verano o sus carnavales. Calles habitadas por gentes que apenas tienen ilusión ni esperanza.

Narrada en dos voces (y esta vez es literal), escucharemos a Arturo López en las partes dedicadas a Cadalso, contadas en tercera persona, y a Ana Isabel Rodríguez, cuando la acción pasa a estar protagonizada por Carla Cobos, en primera persona. Son diez capítulos de menos de una hora de duración creados para mantener, sin fisuras, la atención de quien los escucha. Y tengo que reconocer que hubo días en que me los ponía en el altavoz de teléfono móvil mientras me duchaba o preparaba la cena porque necesitaba saber qué sucedía a continuación.

Imagino que es muy diferente escribir una novela "tradicional" que un relato para ser escuchado (aunque Storytel ofrece la posibilidad de descargar el libro electrónico). Sobre todo a la hora de perfilar a los protagonistas ya que, quienes somos lectores habituales, tendemos a poner rostro y voz a los personajes según vamos leyendo. Aquí hay una parte que ya se nos da, por eso es tan importante el modo en que nos lo cuenten y la tensión narrativa y en eso creo que Benito Olmo ha hecho un gran trabajo. 

Llevar a los personajes al límite, mostrarnos cómo el dolor y el desgarro pueden convertirnos en lo peor como seres humanos, es una de las grandes líneas argumentales de Desajuste de cuentas. Y, como buena novela negra, contiene una feroz crítica social que toca palos tan actuales como la justicia o el periodismo de sucesos. Sigue también la línea habitual del autor de tener ese trasfondo de la novela negra más tradicional, esa en la que los detectives, el humo y los bares de barrio tienen una cierta pátina de cine en blanco y negro. Vamos a descubrir a un Benito Olmo mucho más oscuro que en sus obras anteriores, capaz de llevar a los protagonistas a límites casi inhumanos. Nietzsche decía que "cuando miras largo tiempo al abismo, el abismo también mira dentro de ti" y en este relato varios de sus protagonistas viven ya con ese abismo incrustado en sus almas.

No es una obra muy coral, apenas siete personajes  llevando el peso de la acción y una protagonista en elipsis, Eva García, cuya muerte provocó la ruina vital y el descenso a los infiernos de su familia. Pero bastan para llevarnos hasta el fondo de una narración que no para de crecer en intensidad a cada capítulo, capaz de dejarnos con la respiración contenida, incluso sobrecogidos cuando descubrimos hasta dónde podemos llegar cuando ya lo hemos perdido todo y solo nos mueve la venganza y el deseo de ver sufrir a quien consideramos causante de nuestra devastación.

¿La recomiendo? Por supuesto, sobre todo a quienes os gusta la novela negra y disfrutáis con historias contundentes y personajes llenos de aristas y esquinas en las que no entra el sol. Además Storytel permite un periodo de prueba gratuito de quince días, suficientes para disfrutar de Desajuste de cuentas con calma, aunque ya os aviso que no querréis parar de escuchar. Incluso tendréis tiempo de elaborar teorías acerca de algunos hechos que os van a ir saliendo al paso. Particularmente, sigo fascinada con la elección de Cadalso como apellido. Cuántas connotaciones permite... Contadme después qué os ha parecido.





jueves, 12 de septiembre de 2019

JOSÉ MANUEL GARCÍA DURÁN, GANADOR DEL III CERTAMEN "LETRAS I DIEZMO"

Ya son tres ediciones del Certamen Literario de Relato Corto "Letras I Diezmo", organizado por el maravilloso Hotel Rural La Casa del Diezmo, ubicado en Buitrago (Soria)  como impulso a la creación literaria. Y tres ediciones en las que he tenido el honor de participar como jurado, lo que me ha permitido conocer de primera mano, en primer lugar, que hay mucho talento escondido y esperando una oportunidad como esta para salir a la luz y que merece mucho la pena atravesar las palabras escritas para conocer a quien está detrás de ellas. Un privilegio como este se lo debo a José Ramón, mi amigo del alma y propietario (junto con Emilio) del hotel, a quienes nunca me canso de dar las gracias por su cariño, su complicidad y su hospitalidad.

Este año se han superado todas las expectativas en cuanto a presentación de relatos, que han llegado, incluso, desde el otro lado del océano. Las únicas reglas a seguir eran la temática y la extensión. Respecto a la primera, los autores debían ponerse en la tesitura de, siendo mujer, despertar siendo hombre y viceversa y, en cuanto a la extensión, no superar las trescientas palabras. Dejando al margen que hay quien no debe leer bien las bases o que decide tirar por la vía de enmedio con tal de que le lean, obviando las reglas (incluidas las ortográficas) por completo, lo cierto es que tanto al organizador como a los jurados nos dejaron agradablemente sorprendidos tanto el volumen de relatos presentados que sí cumplían las normas como la originalidad de la mayoría de ellos

Ser jurado no es sencillo en absoluto. Pero, en mi caso, busco siempre un relato bien escrito, bien estructurado y que tenga algo diferente al resto. Curiosamente, los tres jurados coincidimos en las mismas apreciaciones sin haber hablado previamente ni hacernos ninguna consulta durante el proceso de selección y premio, cosa que me parece también fundamental para preservar la limpieza del proceso. 

Este año la finalista fue A las cinco, de Elena Olivella, con un relato capaz de erizar la piel por su trasfondo. Y el ganador, al que os traigo hoy encantada de que le conozcáis, fue José Manuel García Durán con Ocho palabras y dos tetas. Muy original, casi transgresor, muy bien llevado en su brevedad y con tres frases finales que son una delicia por la sorpresa que provocan al lector, considero que es el mejor ganador posible.


Aquí os lo dejo para que lo disfrutéis. Y a continuación, una pequeña nota biográfica del autor y una breve entrevista para que le conozcáis mejor. Ha sido todo un placer, como siempre.

OCHO PALABRAS Y DOS TETAS


Fariseo, el viejo loro del que me hice cargo tras la muerte de Doña Vicenta, fue el primero que se dio cuenta de que algo había cambiado. Al principio no entendí (o no quise entender) lo que aquel pajarraco graznaba: "¡Tetas! ¡Tetas!", parecía que dijera.

Y sí, allí estaban, como si fueran dos cebollaso, más bien, dos gritos. Como dos lunas recién amanecidas.

Me vendé los pechos para tratar de disimularlos y, desconcertado aún, terminé de abotonarme la camisa. Un tañido broncíneo se coló por mi ventana, en poco más de treinta minutos todo el mundo clavaría sus ojos en mí, en mis gestos y en mis palabras. Cogí el mismo libro de todas las mañanas y aparentando una seguridad que no sentía, me dirigí a la "oficina".

Busqué las calles menos concurridas por temos a cruzarme con alguien que me conociera. En realidad, todos nos conocíamos, resultaba imposible el anonimato en un pueblo de ocho mil almas. Pero nadie sabía que tenía tetas. ¡Tetas!, con todo lo que yo había despotricado de las mujeres... "La boca es mu castigá", decía siempre mi madre.

Conforme me acercaba al atril, seguido de mi ayudante, el silencio se fue adueñando de la sala como si fuera una mala hierba. Decidí iniciar mi discurso con toda la naturalidad del mundo, como lo venía haciendo desde hacía más de cincuenta años, con la Fórmula Trinitaria:

- In nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti...

 Al alzar mis brazos para hacer la señal de la cruz, sentí que las vendas cedían y dejaban libres mis pechos recién nacidos. Iba a ser un día duro, también sería duro lo que me restaba de vida. Y más aún, después de haber dicho lo que había dicho durante más de medio siglo desde aqul mismo lugar...

BIOGRAFÍA DE JOSÉ MANUEL GARCÍA DURÁN


José Manuel García Durán es natural de Aracena aunque, circunstancialmente, nació en Minas de Riotinto, localidad protagonista de su primera novela: “Tierra de Cobre y Sangre” (CHIADO EDITORIAL. 2016), donde describe todo lo ocurrido en la Cuenca Minera de Riotinto, en la provincia de Huelva, desde la llegada de la compañía inglesa hasta el estallido de la Guerra Civil.

Tras su primera novela, con muy buena aceptación por parte del público y de la crítica, y después de obtener el primer premio en el III Concurso Literario organizado por la asociación “El Doblao” con su relato corto: “Locomotora 51”, saca a la luz “El cementerio de las tumbas vacías” (APULEYO EDICIONES. 2018), su segunda novela, una interesante historia que aborda el robo de Mona Lisa en 1911 y que nos traslada al bullicioso París de principios del siglo XX.

En abril del presente año, su relato “Sarmientos”, fue merecedor de una mención especial en el I Concurso de Relatos “Orgullo Rural”, igual que su microrrelato “Superar la velocidad de la luz” en el concurso organizado por ZOES, que quedó como cuarto clasificado en un concurso donde participaron casi ochocientos textos.

En mayo de 2019, su relato “Ocho palabras y dos tetas” fue distinguido con el primer premio en el concurso de relatos “Letras i Diezmo”, organizado por la Casa del Diezmo de Buitrago, en la provincia de Soria.En el mes de julio del presente año, fue galardonado con el primer premio en el III Concurso LGTB de Terrassa por su relato “La Carri, reina de España”. El mismo reconocimiento obtuvo en en el Concurso de Relatos ¿Quién fue William Martin? (actividad enmarcada en la Semana Negra de Punta Umbría para conmemorar el 75 aniversario de “William Martin, el legado ingles”) por el relato “Un ramillete de malvas”.También fue reconocido con el primer premio en el VII Concurso Internacional “María Eloísa García Lorca”, convocado por la Unión Nacional de Escritores de España, por su relato “El general vive dentro de una caja de música”.

José Manuel García es Licenciado en Ciencias  Biológicas por la Universidad de Sevilla. Trabaja como guía turístico en la Gruta de las Maravillas, en Aracena, lugar donde reside. Amante de la vida sencilla, vive en el campo, compaginando su afición por la escritura con el cultivo de su huerto y una pequeña viña que, de alguna forma, se ha convertido en la protagonista de su nuevo proyecto literario: Sarmientos.

¿ME PERMITES UNAS PREGUNTAS? 


- ¿De dónde viene tu pasión por escribir? ¿En qué momento fuiste consciente de que te gustaba contar historias?
Yo  creo que todos tenemos un escritor dentro. Que todos, alguna vez, escribimos en un papel lo que nunca nos atrevimos a decirle a alguna chica de nuestra clase, en el colegio. Yo empecé a escribir así, en secreto, algo parecido a poemas que nunca vieron la luz y que se fueron acumulando en los cajones de mi escritorio.
Lo de lanzarme a publicar lo que escribía, fue más tardío. Todo empezó cuando terminé de leer una novela de Andrés Vidal que se titulaba “La herencia de la tierra” y que narraba de manera excepcional el inicio de la revolución industrial en Barcelona y la lucha de un hombre por conseguir sus sueños. Aquella historia me hizo preguntarme si de mi tierra, la provincia de Huelva, podría haberse escrito una historia similar. No tardé en descubrir la importancia que tuvo la industria minera en la provincia, sobre todo, una vez que una poderosa compañía inglesa se puso al frente de las explotaciones de Riotinto. Cuando empecé a indagar en la historia de la cuenca minera comprobé que muchos de los hechos que ocurrieron en aquella comarca no eran muy conocidos. Así, con ansias de gritar los silencios que aquella tierra guardaba y después de documentarme durante más de seis años, decidí sacar a la luz mi primera novela, “Tierra de Cobre y Sangre”, en la que desgrano todo lo que aconteció en la tierra que me vio nacer desde la llegada de los ingleses, en 1873 hasta el estallido de la Guerra Civil, en julio de 1936.
Mi intención no fue otra que sacar a la luz una historia apasionante y compleja que parecía oculta y callada. Escribir la historia que a mí mismo me hubiera gustado leer sobre este tema, en definitiva. Hoy, más de tres años después de aquella primera aventura, me siento muy satisfecho por la acogida que tuvo mi historia y por los elogios recibidos por parte de algunos de los historiadores y especialistas en la historia de las Minas de Riotinto.
Allí empezó todo, sacando a la luz una historia no muy conocida que merecía ser contada. Siempre digo que yo escribí la primera frase de “Tierra de Cobre y Sangre” y que después de aquellas primeras palabras, fue la historia de la cuenca minera la que se valió de mí, para ser contada; algo como aquello del cazador cazado...

- Cuando vas a comenzar una novela o un relato ¿lo tienes todo estructurado y planificado o te dejas llevar un poco por lo que vas escribiendo?
En las dos primeras novelas que publiqué y en la que estuve trabajando hasta comienzos de este año, utilicé el mismo modus operandi. Una idea llama mi atención, investigo sobre el tema y voy anotando datos y fechas importantes e ideas que puedan encajar en la historia que va tomando forma en mi cabeza. Una vez que tengo información y material suficiente, es como si estuviera haciendo un puzzle y voy hilvanando las ideas para que vayan encajando en la historia. Tanto en “Tierra de Cobre y Sangre”, como en “El cementerio de las tumbas vacías” (mi segunda novela publicada), una vez que la idea tomó forma en mi cabeza, tracé mi mapa cronológico y fui encajando en dicho mapa las ideas que se me ocurrían durante el proceso de acopio de información. En ambos casos estaba todo estructurado, sabía qué iba a pasar y, por supuesto, el final estaba medianamente definido. Aún así, por más que planifiques, siempre surgen ideas, personajes y situaciones que no imaginaste y que consigues encajar en la historia cuando realmente merecen la pena. Si me preguntas si soy un escritor de mapa o de brújula, soy más de mapa, al menos hasta ahora.
De la misma forma actúo cuando escribo un relato: idea-documentación-mapa-historia.
No obstante, pese a todo lo dicho, en el nuevo proyecto que tengo entre manos, actúo más como escritor de brújula. Se trata de un trabajo muy distinto, más íntimo y personal. Aún así, tengo muy claro qué va a pasar y un final más o menos definido.


- El relato ganador del Certamen "Letras y Diezmo" nos sorprendió a los miembros del jurado por la originalidad del planteamiento y su final. ¿Cómo te surgió la idea?
Colaboro semanalmente en la sección de opinión en un diario de Huelva. Uno de los artículos que escribí hacía referencia a las víctimas de violencia de género. Nunca quise escribir aquellas cien palabras que hacían referencia a la víctima número mil desde que se tenían registros. ¡mil mujeres asesinadas! Me conmocionó aquella cifra, me revolvió las tripas y, de alguna forma empaticé con la causa como nunca lo había hecho. Sigo pensando que muchos problemas de la sociedad se solucionarían con educación, pero también pienso que muchos de los problemas que tenemos se deben a la alienación y la manipulación a la que estamos sometidos. De ahí salió el relato “Ocho palabras y dos tetas” que, de alguna forma viene a ser una crítica a esa alienación, a ese machismo consentido y, tristemente, aceptado.

¿Cuáles son tus libros de referencia, esos a los que vuelves de cuando en cuando porque te han marcado de alguna manera especial?
Los clásicos siempre son un buen refugio: Víctor Hugo, Dickens, Jane Austen, Stendhal, Tolstoi, Dostoyevski, Mark Twain, Julio Verne, Unamuno, Lorca, Juan Ramón, Cernuda, Neruda, Whitman, Shelley,... y, por supuesto, los que terminarán siéndolo: García Márquez, Cortázar, Saramago, Hemingway, Borges, Juan Rulfo, Murakami,... (seguro que me dejo a muchos)
Tengo debilidad por “Los miserables” de Víctor Hugo, y por cualquier texto del “Gabo”. De todas formas, también me atrae la escritura de autores desconocidos porque muchas veces encuentras verdaderas joyas, como me pasó con Yann Martel, autor de “Vida de Pi” la novela con el final más espectacular que leí nunca.

- ¿Cuál sería tu consejo para alguien que quiere lanzarse a escribir y no supiese por dónde empezar?
Leer y abrir los ojos, y sentir, y no ser indiferente a lo que ocurre en el mundo. Pero sobre todo, leer y volver a leer y, siempre que pueda, llevar encima una libretita y un boli, porque la historia más hermosa del mundo puede estar en cualquier rincón de la vida y conviene tener a mano lo imprescindible para hacer un bosquejo de ella.
Y, cuando tenga delante la historia más hermosa del mundo, que escriba lo que le hubiera gustado leer a él mismo sobre ella.

¿Puedes adelantarme, sin desvelar nada, en qué proyectos estás ahora, qué tienes pensado para el futuro próximo?
Tengo varios proyectos entre manos pero cada uno necesita su “tiempo de cocción y de fermentación”. Tenía muy avanzada una historia acerca del levantamiento militar que tuvo lugar en Sevilla en 1936, tan avanzada estaba que faltarían no más de cuarenta páginas para ponerle el punto final (evidentemente, sé cómo termina). No obstante, a principios de año sentí cierto bloqueo y, para no perder hábito de escritura decidí comenzar a escribir relatos. Pues de uno de estos relatos surgió una idea que es la que me tiene ocupado desde entonces, una historia radicalmente distinta a todo lo que escribí hasta ahora y en la que estoy disfrutando como si fuera un niño (y eso es bueno). Todo empezó cuando me fije en el mensaje que me mostraba la pantalla rota de mi teléfono móvil al equivocarme en el patrón de desbloqueo: “Volver a intentarlo”. De estas tres palabras salió un relato, y de este relato mi último proyecto:“Sarmientos”, una historia que me está encantando escribir (y eso también es bueno).


lunes, 2 de septiembre de 2019

LA FUENTE DE LOS SIETE VALLES de Félix G. Modroño

Desde que leí La sangre de los crucificados, no puedo negar que cada aviso de la publicación de una nueva novela de Félix G. Modroño me hace esbozar una sonrisa. Y no solo por simpatía personal, que también, sino porque tengo la certeza de que voy a volver a caer dentro de una historia de esas que acogen y hacen que te sientas como en casa. Supongo que es por el modo de escribir de Félix, por la manera en que teje sus tramas, haciéndolas cálidas para el lector. O por su prosa elegante y a la vez natural que te lleva de la mano a épocas y ciudades que conoces pero que, bajo sus ojos, toman un color nuevo.

Si ya en La ciudad de los ojos grises nos recreó el Bilbao de principios del siglo XX, consiguiendo que pudiésemos imaginarla hasta en sus más pequeños detalles y dibujándola con una pátina de hermosa melancolía, en La fuente de los siete valles viaja unos años más atrás, al último tercio del XIX, y a Logroño y La Rioja. Paisajes que tengo la suerte de conocer y que siempre me fascinan por sus contrastes y por esa especie de naturaleza salvaje que se deja domesticar en forma de viñas y vino. Además tengo la fortuna de contar con un amigo riojano, enólogo y apasionado de su tierra, capaz de explicarme hasta la especial composición del suelo y cómo eso, entre otras cosas, hace sus caldos tan especiales. Y, para más felicidad, le acompañaremos hasta el Monasterio de San Millán de la Cogolla, la cuna del castellano y un lugar fascinante por lo que fue y lo que es.

AROMA DE VINO Y LIBROS VIEJOS


Corre el año 1878. Pablo Santos vuelve a su Logroño natal tras pasar casi veinte años trabajando en el Vaticano y en su Archivo Secreto. Pablo tomó los hábitos siendo muy joven y la ciudad, como él, también ha cambiado aunque conserve la esencia y muchos de los lugares que recuerda bien. Pero su regreso no es una decisión personal: viene con el encargo de recuperar, en el mayor número posible, los libros de la biblioteca de San Millán de la Cogolla, que se han ido perdiendo y desapareciendo a raiz de las desamortizaciones y las guerras. Volver implica, también, recuperar recuerdos, sensaciones, antiguas amistades y, aunque le cueste reconocer lo que sentía, encontrarse con su amor de juventud, Lucía Garay.

Hoy conocemos un San Millán de la Cogolla renacido y brillante, pero en aquellos años el monasterio estaba casi abandonado y desmontado. Pablo comienza sus investigaciones para tratar de devolver el esplendor pasado al lugar, y más en ese momento en que, pasados unos pocos meses, habrá de nuevo actividad cultural en él. Gracias a la ayuda de Agustín, un hombre del lugar que se encargaba de la guadia y custodia del monasterio, su trabajo empieza a dar sus primeros frutos y es entonces cuando Pablo descubre la existencia de un extraño grimorio que estuvo en la biblioteca y desapareció. A la misión que está llevando a cabo se unirán la curiosidad y el afán por hallar ese libro en concreto y descubrir su contenido.


No vamos a encontrar en La fuente de los siete valles acción a raudales ni un ritmo vertiginoso. Todo transcurre de forma calmada, lo que no significa que no nos haga mantener el interés, porque Félix tiene una maestría creando historias que, cuando quieres darte cuenta, te ha hechizado por completo y llevas más de la mitad del libro. No necesita bruscos giros argumentales para seducirte con una historia en la que los paisajes, los diálogos y los personajes hacen que te sientas dentro y parte de ella. 

Escrita en primera persona, es Pablo Santos quien pone la voz principal a la novela. No es un recurso sencillo porque, en ocasiones, puede resultar un tanto parcial. Pero gracias a esa manera de narrar, conoceremos de primera mano los pasos que el protagonista va dando, sus sentimientos, sus conclusiones. Y son muy creíbles. Como lo son el resto de personajes, a los que Félix ha dotado de personalidades marcadas y muy humanas: desde su amigo de juventud, David, hasta Esther, la dueña de la pensión en la que se aloja. Desde Lucía, por supuesto, que siempre es una presencia cálida, hasta personajes históricos auténticos como el general Espartero o el Marqués de Murrieta, el militar que obtuvo su título gracias a sus trabajos para obtener excelentes vinos en La Rioja. Todos ellos hacen la novela mucho más cercana, más real apoyándose, además, en unos diálogos naturales y brillantes, sin artificios.

Sin trampas y sin sacar conejos de la chistera, Félix G. Modroño nos ha regalado una novela muy bien documentada (pero sin hacer alarde de ello y sin llenar al lector de datos innecesarios) y maravillosamente escrita, en la que te quedas dentro desde la primera página porque consigue envolverte por completo. No sé describirlo mejor. Ha creado una historia que atrapa al lector sin prisa pero haciendo de la lectura un goce; como los buenos vinos, que han de paladearse con sosiego y disfrutando de cada matiz.

En nada llega la vendimia. Un motivo más para recomendaros que os perdáis por La Rioja y en cada capítulo de La fuente de los siete valles. Hay mucho por descubrir.


jueves, 29 de agosto de 2019

ANTES DE LOS AÑOS TERRIBLES de Víctor del Árbol

Con las novelas de Víctor me pasa siempre, al menos en lo que a las últimas publicadas se refiere. Es tal la expectación que levanta con el anuncio de sus obras y, posteriormente, con la publicación que todo a su alrededor se convierte (y con razón) en una explosión de alegría, de comentarios, de opiniones, de frases entresacadas de sus páginas. Confieso que me cohibe y suelo esperar a que baje un poco la marea para contemplar mucho mejor el horizonte. Como cuando vas a ver amanecer en la playa y en la arena solo estáis tú y las gaviotas poniendo la banda sonora: parece que el sol sale exclusivamente para ti. Algo así.

Este mes de agosto he podido dedicarle la calma que merece. Porque Antes de los años terribles necesita leerse metiéndote en sus páginas y, más que nunca, dejando que la historia que contiene se vaya filtrando poco a poco hasta conseguir que todo tú seas campo abonado y fértil para comprender y entender. Para terminar levantando la vista y darte cuenta de que las cosas no son como creías saberlas, que tras el decorado que levantan los periódicos y los informativos la realidad es inmensamente compleja y dura. Que somos afortunados, a pesar de todo, por poder levantarnos cada mañana sin preguntarnos hacia dónde tenemos que seguir huyendo.

Quiero ser fiel a la petición que Víctor del Árbol nos hizo en la presentación de esta novela en Madrid: no contar lo que hay dentro de ella. Dejar que cada lector la haga suya sin interferencias. Solo una pequeña introducción que nos abra ligeramente la puerta a un camino que debemos transitar solos. Confío en ser capaz de ello.

"UNA VEZ QUE EMPIEZA, EL SUFRIMIENTO DEL HOMBRE NO CONOCE LÍMITES" 


Isaías Yoweri tiene un taller de bicicletas en Barcelona, una pareja, Lucía, a la que ama y un hijo al que le quedan pocos meses para nacer. No necesita más para ser feliz, aunque hay pesadillas y recuerdos de fuego y muerte que le acosan. Originario de Uganda, un lugar que prefiere no recordar a menudo, recibe la visita de un antiguo conocido que le ofrece volver para dar su testimonio en un encuentro que se va a celebrar sobre la reconciliación histórica en su país. Volver significaría enfrentarse de nuevo a todos sus demonios y a un pasado terrible, pero quizá sea la manera de mirar a los ojos al niño que fue y perdonarse por fin. 

A partir de aquí, como decía antes, la historia de Isaías será la de cada lector que llegue a ella, no es necesario contar más. Solo dejar que te cale y te cambie.

Tengo la sensación de que, a veces, cuando leo, una parte de mi cabeza va por libre y ciertos pensamientos se van quedando enredados en lugares inesperados. Leyendo Antes de los años terribles se me repetían en bucle unos versos de Miguel Hernández: "¿Quién salvará a este chiquillo / menor que un grano de avena? / ¿De dónde saldrá el martillo / verdugo de esta cadena?". Pero incluso el niño yuntero del inmortal poeta, a pesar de nacer ya "como la herramienta, a los golpes destinado", tendrá algún recuerdo que le hará feliz. El calor de su madre, los juegos con algún amigo, en dulce especial en su cumpleaños. Ese es uno de los mensajes que Víctor del Árbol ha querido dejar en las páginas de su novela: que la infancia es la patria de cada uno, un lugar al que volver para encontrar refugio cuando la vida se vuelve dolor y caos. Incluso cuando te la arrancan de cuajo y el niño que eres deja de existir.

Sí, Antes de los años terribles habla de los niños soldado. Del terror impuesto por Joseph Kony que sigue teniendo terribles secuelas. De los enfrentamientos entre tribus y etnias en Uganda. Pero sobre todo es una poderosa llamada de atención que nos zarandea de arriba a abajo cuando, leyéndole, somos conscientes de que en realidad no sabemos nada de lo que allí sucede. Que cuando hay una hambruna o un espanto de muertes miramos hacia allí unos días y lanzamos campañas, proclamas, mensajes de sms buscando recaudar dinero para vacunas y alimentos. Pero pasa el impacto inicial y volvemos a girarnos hacia cualquier cosa brillante que nos llame la atención, satisfechos de nuestra solidaridad, mientras cambiamos de canal. Allí se quedan el sufrimiento, la enfermedad, las guerras, el llanto y la desesperación. Tenemos otras cosas en las que pensar.

África no es una postal ni el idílico paisaje de los safaris para ricos. Es un continente que se desangra mientras el resto del mundo mira para otro lado. Solo somos conscientes cuando esa realidad nos llega en barcos, en pateras, en olas de rostros desdibujados por el horror que huyen de la muerte. Cualquier cosa que encuentren aquí será un pequeño paraíso comparado con lo que dejan a su espalda. Pero nosotros nos quejamos. A veces arrugamos nuestra nariz desde nuestra supuesta superioridad. La novela de Víctor abre los ojos a quien quiera ver (que de todo hay) poniendo ante esas mismas narices lo que preferimos no ver.

Pero Antes de los años terribles es también una historia de recuerdos felices, esos que son capaces de crearte una burbuja de alegría cuando caes en ellos. Cada uno de nosotros, incluso quienes han (hemos) vivido una infancia dura y triste, somos capaces de encontrar rincones de felicidad en ella, aunque solo sea ese rato jugando en un pasillo soleado mientras oyes la radio de tu abuela. Es, de igual modo, una historia de amor a la familia, a los hermanos, a los amigos de verdad. De amor de adolescencia y amor maduro. De amor mal entendido también. De la necesidad de protección.

Por encima de todo, y esta es únicamente mi opinión personal, es un relato de cómo podemos ser capaces de adaptarnos a lo que nos llega, aunque sea lo más espantoso que podamos imaginar. De cómo cuando nos lo quitan todo, cuando somos más vulnerables que nunca, aceptamos el cobijo y las palmadas en el hombro de quien nos ha llevado hasta allí, porque nos convence de que ya no tienes a nadie más. Y porque, sobre todo cuando eres niño, necesitas con desesperación una familia o lo más parecido a ella.

Habiendo leído todos los libros de Víctor de Árbol que ha publicado hasta la fecha, el salto hacia adelante en madurez narrativa y en intensidad que ha dado con esta novela es enorme. Creo que es la historia que siempre había querido contar y que se quedaba en algunos capítulos y personajes de otras de sus novelas, esperando su oportunidad. Parece que, por fin, ha conseguido arrancársela del alma para hacerla visible y que nosotros, leyéndole, tomemos conciencia de una realidad despiadada que existe aunque no queramos verla. Si todas las historias de Víctor te dejan un poso difícil de olvidar, esta, además, te sacude la conciencia y te cambia muchas perspectivas que creías firmes certezas. Porque, en realidad, no sabemos nada (ni nos interesa) de lo que hay detrás de esa piel negra que nos ofrece un collar en la playa. No sabemos por qué está aquí, delante de nosotros, quitándonos el sol. Merece la pena pararse a pensar un momento  qué cosas habrá vivido, qué fantasmas le siguen rondando, qué desesperación le ha llevado a terminar caminando por la arena arrastando kilos de quincalla. Después de leer Antes de los años terribles me he dado cuenta de que, ahora, sí me lo pregunto. Todas las posibles respuestas duelen, pero son necesarias.

Esta es la historia de Isaías Yoweri, de Joel Chango, de Lawino y de tantos y tantos hombres y mujeres de África que sufrieron y siguen sufriendo espantos que ni siquiera podemos imaginar y que son capaces de reinventarse y renacer. De volver a vivir agarrándose fuerte a las raíces de su infancia en forma de recuerdos felices, los que sean. Personalmente me ha dado la vuelta con fuerza en mi modo de ver muchas cosas. Quizá por eso, hace unos días, no pude evitar una sonrisa cómplice compartida con un niño africano que, sentado junto a su madre en el Cercanías (ella con uno de esos vestidos tan de su tierra, lleno de estampados casi imposibles), con la noche ya cerrada, acariciaba como un tesoro un librillo de colorear y una pequeña caja de pinturas. Tenía las deportivas ajadas y la camiseta acumulaba mil lavados y le quedaba grande, pero parecía tan feliz que eso era lo de menos: me miró y nos sonreímos a la vez, supongo que por motivos distintos. Pero brilló el sol por un momento dentro del vagón.

Gracias, Víctor.



viernes, 23 de agosto de 2019

SOLEDAD de Carlos Bassas del Rey

No, no ha sido fácil enfrentarme a la lectura de este libro. Venía advertida, pero ha dado igual. Y es que Soledad es una de estas novelas que no admiten etiquetas (con esa manía que tenemos de etiquetarlo todo, es un alivio), de las que a medida que avanzas en los capítulos van saliendo capas y capas de historias, de sentimientos, de dolor. Y, a la vez, el lector se va también desnudando por dentro, reconociendo tantas cosas, tantas noches similares, tantas preguntas sin respuesta que, cuando se llega a la última página te das cuenta de que has estado conteniendo el aliento. O quizá tragándote más de una lágrima. De esas que es complicado digerir.

Soledad se articula desde una muerte, la de una niña de 14 años. Y partiendo de ella, de la investigación que comienza y de las preguntas que se hacen, la historia se va haciendo más grande, mucho más intensa. A veces llega a doler. Entonces tienes que levantar la vista de sus páginas por un momento y respirar hondo, siendo consciente de que hay soledades a las que todos, de una manera u otra, nos vamos a enfrentar. O nos hemos enfrentado ya. Nos reconocemos en muchos párrafos. Por eso se nos queda tan dentro.

LA MADRE MUERTA DE UNA NIÑA MUERTA


En un parque de un barrio obrero aparece el cadáver de Abigail, de 14 años, que había salido la noche anterior de fiesta con su mejor amiga. Dos llamadas de teléfono con la noticia van a cambiar la vida de Soledad, la madre de Abigail, y de Romero, el inspector encargado del caso. ¿Cómo enfrentarse a la muerte de una hija? ¿Cómo lidiar con la pena, con el desgarro, con la dolorosa sensación de culpa y rabia que consumen a Soledad? ¿Cómo va Romero a encarar una investigación cuando muchos pedazos de sí mismo han ido quedando por el camino y su presente se está derrumbando en silencio? Los testigos y las pruebas lo que más claro dejan es que Abigail tenía una vida de la que su familia no sabía nada. Que con 14 años creía ser adulta. Que su crimen puede tener varios culpables. 

Carlos Bassas ha creado dos voces narrativas en Soledad. En segunda persona para la madre de Abigail aunque en realidad sean su propia memoria y su dolor los que hablan. Y en tercera para Romero y la investigación que se pone en marcha para averiguar quién mató a la nena y por qué. Soledad, arrasada, se echa la culpa de la muerte de su hija por todo: por consentirla, por ceder, por aceptar lo que le pidiese con tal de que estuviese contenta. Abigail era su única alegría y su único logro. Su matrimonio es una cárcel en el que ella solo es la criada para su marido, un parásito maltratador que no trabaja, y la madre de este, dos personajes aborrecibles de los que iremos conociendo su auténtica dimensión a través de los recuerdos de Soledad. Inmigrante, mujer, sin estudios... Soledad mantiene su casa y carga con el peso de todo. Aguanta desprecios y humillaciones aunque aprendió a callarse, a soportar, a ahogar su rabia. Ahora la muerte de su hija abrirá una grieta en las compuertas con las que ha cerrado todo que se va a ir haciendo cada vez más grande.

Para Romero, encargarse del crimen de la nena también supone un doloroso reto personal. Tratar de descubrir la verdad acerca de quién la mató le lleva a tener que lidiar con su propio infierno personal y con otra muerte que no puede sacarse de dentro. Su matrimonio se ha convertido en un desierto silencioso, ni siquiera le queda el recurso de hablar y desahogarse cuando vuelve a casa. A medida que Romero va haciendo preguntas a la mejor amiga de Abigail y a su entorno, es consciente de que hay una parte importante de la vida de la nena de la que su familia no sabe nada y de la que sus amigos tampoco quieren hablar mucho.

No hay frases complejas ni párrafos largos en Soledad. No son necesarios. Pero funcionan como caminar sobre cristales: se clavan sin remedio. Carlos ha escrito esta novela de tal modo que todo es frío y gris aunque el sol brille en lo alto, usando una gama de sensaciones acerca del duelo, del dolor y del vacío que acabas por hacer tuyas, porque cualquiera de nosotros, en algún momento, las hemos sufrido. Soy madre, tengo una hija, y este último año me he enfrentado a la pérdida y a la muerte, así que muchas veces era como mirarme en un espejo.

Siendo una novela breve, de apenas 180 páginas, no es una novela ligera. Saber quién ha matado a la nena se convierte en imprescindible porque, al igual que Soledad y Romero, necesitamos a alguien el quien volcar nuestra ira por una muerte tan innecesaria. La nena solo había comenzado a vivir. Con ella se va el único motivo que Soledad tenía para seguir adelante. Ya no es la madre de Abigail, es la madre de una niña muerta y ya nada importa, nada volverá a ser igual. Solo queda su cuarto vacío , tan vacío como ella misma.

Con una prosa directa y dura en ocasiones, pero llena de frases de demoledora y triste belleza, Soledad también nos habla de esos barrios obreros en los que los niños crecen demasiado deprisa, de canchas de baloncesto en las que no se juega o garitos con música machacona en los que todos se conocen pero nadie ve nada. Nos habla de inmigración, de sueños rotos, de tragar sapos a diario para poder comer. De policías que, aunque ya lo hayan visto todo, se quiebran cuando tienen delante una nena muerta con su vestido de flores y sus primeros tacones.

Con todo ese dolor, creo firmemente que hay que leerla. No tengáis miedo a enfrentaros a ella. La historia lo merece desde la primera frase. Araña el alma, es verdad, pero la literatura en ocasiones ha de ser así. Ha de mostrarnos esa realidad que está ahí, aunque pensemos que jamás nos va a tocar. Y porque saber quién mató a la nena también se nos vuelve necesario a nosotros, aunque saberlo pueda abrir la puerta a una oscuridad aún más profunda.