lunes, 25 de marzo de 2019

CORRECCIÓN, EDICIÓN LITERARIA Y OTRAS HIERBAS

Llevo ya una temporada dándole vueltas. Quizá porque el tema me ha acabado resultando como una piedrecita en el zapato, que no impide caminar pero que ahí está, molestando, arañando un poco. Haciéndome torcer el gesto, en definitiva. El problema es que esta piedrecita no me la puedo quitar porque no depende de mí y, hasta el momento, lo único que puedo hacer es resignarme a necesitar una tirita cada cierto tiempo. Y no es cómodo. También es algo que he comentado con otros blogueros y con lectores impenitentes y hemos coincidido en apreciaciones, aunque cada uno desde su perpectiva, como no puede ser de otra manera. Me refiero a los errores que, con demasiada frecuencia, detecto en los libros que leo. Errores no sólo ortográficos y tipográficos, sino saltos imposibles en la línea temporal, por ejemplo. O referencias a situaciones o cosas que es imposible que el personaje sepa o vea en un determinado momento. O fallos, a veces graves, en lo que se refiere a trámites administrativos, legales o policiales. Voy a intentar explicarme lo mejor posible.

Siempre he creído que un libro, cualquier libro, es un hallazgo feliz y una parte importante de la vida de quien lo escribe. Un regalo. Y, por ello, debe estar cuidado casi con mimo. No solo hablo de una bonita portada, un maquetado perfecto, un buen papel; hablo también del contenido, de lo que se escribe. Escribir bien, sin erratas ni faltas de ortografia, conociendo la gramática y la sintaxis al menos desde su vertiente más básica, es obligatorio si quieres publicar. Informarse y documentarse, fundamental. Buscar ayuda para solventar las dudas, muy importante. Es cierto que una corrección profesional de un texto puede suponer un desembolso que, quizá, el autor no pueda realizar pero ello no le exime de tratar de que su libro llegue a los posibles lectores pulido y lo más brillante posible.

Seguramente lo primero que viene a la cabeza a quien pueda estarme leyendo es que esos errores son más que habituales en autores autopublicados. Pues sí y no. La llegada al mercado digital de gigantes como Amazon (sin ser el único), a quien le importa un higo, literalmente, el contenido de los libros que allí se publican no ayuda a la calidad. Para muchos "autores" es mucho más interesante ver su nombre en una portada y presumir de que han escrito un libro, aunque en toda tu vida no hayas leído ni los folletos del supermercado, que el contenido. De ahí las cosas que se perpetran con la autopublicación. No quiero decir, en absoluto, que todo lo que encontremos allí o en otras plataformas de autoedición sea malo, hay obras muy buenas, algunas extraordinarias, pero el volumen de textos sin calidad, con historias que no se sostienen, mal escritas, mal redactadas, con personajes de cartón piedra y diálogos imposibles es abrumador. Incluso se llegan a publicar plagios de novelas, que están disponibles en otro idioma, traducidas con el Google Translator. Eso ya roza el terror puro y duro. 

A estas alturas de la película, y siento decirlo así, ya no me descargo libros de Amazon a no ser que sean ediciones digitales de alguna novela que me interesa y no tengo presupuesto para la edición de papel. Hasta no hace mucho sí que lo hacía de cuando en cuando, bien porque me llamase la atención el título o porque tuviese buenas críticas. Ahora ni por una cosa ni por otra y creo que me entendéis. Es un tema ya muy tocado y no quiero repetirlo. Pero sí contar, al hilo del tema de los errores, algo que viví en primera persona con una novela autoeditada en Amazon. Me la descargué confiando en el resumen, que estaba bien escrito, y prometía una historia de intriga. Resumiendo mucho para no aburrir: la autora se permitió el lujo de escribir, sin sonrojarse ni nada, que en un pueblo perdido en la montaña, durante la Guerra Civil española, tenían a los enfermos más graves con respiración asistida, además de otras joyas de apariciones paranormales para olvidar. Cuando escribí la reseña, en la página en que lo hacía hace unos años, tanto la autora como su corte de palmeros me pusieron a caer de un burro afirmando que en una ficción vale todo. Pues no, no vale todo.

Dejando a un lado el siempre espinoso tema de la autoedición, mi mayor enfado en este momento es encontrarme errores flagrantes y fallos (en ocasiones clamorosos) en libros publicados por editoriales de renombre. Vaya por delante que respeto y admiro a quienes trabajan en cualquier editorial y mucho más a los editores y editoras que pelean por sus autores, los cuidan y siempre se muestran entusiastas con sus obras. Por eso no lo entiendo. No entiendo, por ejemplo, que el editor o editora de turno asegure haber seguido el proceso de escritura de una novela casi día a día y se le cuelen ciertas inexactitudes o equivocaciones. O los que tienen la suerte de descubrir a un autor que es un diamante en bruto, que se encarguen de su libro para corregirlo, pulirlo y mejorarlo en todo lo posible, y les pasen bajo la nariz fallos de cierto nivel. He tenido la suerte de escuchar a unos cuantos editores hablando acerca del trabajo que hacen, cómo a veces pelean con el autor para acortar una escena, para dar más intensidad a un personaje o cambiar algún capítulo. Me fascina y emociona la pasión que suelen poner en ello. Por eso, insisto, no lo entiendo.

Obviamente no pretendo que un editor sea un absoluto erudito de todos los temas posibles. Para nada, sobre todo porque es imposible. Pero si ese editor se dedica a la novela romántica, por ejemplo, debe estar al cabo de la calle respecto a los recursos narrativos usados en ese género, paisajes, personajes y, si me apuráis, algunos datos históricos básicos sobre la época y el lugar en que se ambiente la novela. Qué sé yo, Escocia por ejemplo. Si el editor es de novela negra (que, quizá, es el asunto que más me escuece), es de esperar que conozca, al menos a nivel general, qué puede hacer un policía y qué no, cómo funciona (aunque sea por encima) la justicia, cuál es el papel de un investigador, de un juez, de un fiscal o cómo se estudian las pruebas. No pido un máster en criminología, ni tres carreras, sólo ser capaz de discernir si lo que el autor ha escrito es correcto. Sí, me pueden decir que no tienen por qué saberlo (de hecho ya me lo han dicho en varias ocasiones) y que se fían de lo que los asesores del autor le han contado. No comprueban. No se cuestionan nada. Y el resultado puede acabar chirriando mucho. Eso es lo que me enfada y, en cierto modo, me indigna como lectora.

Quiero decir que si un autor dice que un análisis de ADN se hace en doce horas, el editor debe saber que no es posible. Que un policía no puede llevarse por las buenas algo que considere una prueba sin más. Que la vida real no es CSI ni las series de abogados estadounidenses. Que nuestro sistema judicial está muy tasado, cuadriculado y reglado. Que no es real que en un juicio los abogados se levanten y caminen por la sala, porque eso en España no se puede hacer. O que se presenten pruebas o testigos sorpresa en medio de un juicio. Que lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible.

Igual ocurre, y también me hace salirme de la lectura y enfadarme lo mío, cuando la línea temporal de la narración salta por los aires, como si el autor no hubiese repasado el texto. Por ejemplo, y es un caso sonado que me viene a la cabeza el primero, que si la protagonista del libro ha tenido un tórrido romance a lo largo de noviembre, no puede decir a continuación que están a 30 de octubre y es su cumpleaños y, un capítulo más allá, estar en enero y ser de nuevo su cumpleaños. El editor o editora de la novela tendría que haberse dado cuenta de ese despropósito y corregirlo porque "cantaba mucho" incluso para un lector poco avezado. Y si hablamos de novela histórica, que es quizá en la que menos errores he detectado, no podemos hacer que los personajes caminen por un lugar que se demolió tiempo antes antes al momento en que sucede la acción.

Puedo comprender que un editor tenga mucho que leer y mucho trabajo con cada libro del que se encarga, sobre todo de cara a la promoción. Es un trabajo minucioso y quiero pensar que muy gratificante. Pero si yo, que no soy experta en el tema, puedo detectar esas cosas ellos, que sí son expertos, que están hartos de leer y de corregir y de aconsejar, deberían verlas a distancia. El motivo por el que se les pasan se me escapa. Quizá, y lo digo con todas las reservas, se deba a que no se especializan en una categoría concreta y eso no tiene que ser malo a priori, pero es que no le encuentro una explicación viendo, como veo, el compromiso que parecen tener con autores y editoriales.

No me considero nadie especial, ni estoy en posesión de una inteligencia fabulosa. Pero sí fui una lectora muy precoz porque los libros se convirtieron en mi refugio cuando mi vida era zona hostil. Siempre he leído mucho y de todo, incluso libros que, en su momento, no llegaba a entender bien. Estudié Derecho, es verdad, y eso me ha dado conocimientos específicos sobre algunos temas. Otros los he investigado por mi cuenta. Siempre he creído que el saber no ocupa lugar y, además, cuento con una aliada fundamental que a veces es una maldición: mi memoria. Por eso puedo estar leyendo un libro y detectar que algo no va bien en la narración, algo que me hace levantar la vista del libro buscando el motivo, hasta que recuerdo algo que pasó en el capítulo 1 y contradice de plano lo que sucede en ese momento.

Que nadie considere este post una crítica frontal al trabajo, innegable y fantástico, que hacen los editores y correctores. Sólo quería manifestar mi extrañeza y compartirla con vosotros. Obviamente los fallos o los errores no están en la inmensa mayoría de los títulos que se publican, que son muchos al año, pero quizá sí en un porcentaje al menos representativo de todos ellos. Me encantaría poder sentarme a charlar con calma con alguno de esos profesionales y que me diese su versión porque, seguro, tendría mucho que aprender y es posible que acabase por entender los motivos. Pero me mantengo en mi tesis: un libro tiene que brillar. ¿Por qué no intentarlo?







15 comentarios:

  1. Pues estoy contigo, yo que soy el rey del mal uso de las comas me chirría como a tí ciertas cosas. De todas formas, creo que lo has dicho alto y claro no todo vale. Excelente aportación.

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  2. Totalmente de acuerdo. No todo vale y hay cosas que chirrían mucho. Lo hacen en los autoeditado digitales que entiendo tienen menos ayuda, pero clama al cielo cuando son grandes editoriales que cobran una pasta por sus libros.
    Lo de los métodos CSI es de traca.
    Un abrazo

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  3. Buenísimo artículo, lleno de verdades. 😘

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  4. Amén !! Si es que no puedo decir más. Yo desespero con estas cosas y, lamentándolo mucho, en más de una ocasión me impiden disfrutar de la lectura por muchas bondades que esta tenga.
    Besos.

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  5. Totalmente de acuerdo, deberían cuidar un poquito más ciertas cosas...
    Besis

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  6. No puedo estar más de acuerdo contigo. Ya lo hemos hablado. A mi se me pueden pasar muchas cosas pero otras son demasiado. Besos.

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  7. Estupendo análisis de lo que, en demasiadas ocasiones, sufrimos los lectores. Por desgracia, la gente que hace su trabajo con desidia, descuido, escasa implicación, nula profesionalidad, abunda cosa mala y tapa el que se hace (o al menos procura hacer) de la mejor forma posible. Ojalá la tendencia empezase a cambiar pronto, pero me da que estos malos usos ya están enquistados y son muy difíciles de extirpar.

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  8. ¡De acuerdo al 100%! Los lectores merecemos más mimo en los libros, más cuidado en los detalles. No todo vale, no hay que publicar por publicar.
    Si logras esa charla y una explicación, avisa que vengo a leerla 😉

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  9. Pues es un tema que nos ronda a todos los lectores por la cabeza de un tiempo a esta parte, a veces encuentras cosas que rozan el absurdo en cuanto a errores de fechas por ejemplo. Y yo me pregunto siempre, dejando a parte a corrector y editor, si el autor no vuelve a leer su novela antes de ser publicada, la versión final digamos, creo que la respuesta es no, están tan contentos porque les van a publicar su libro que se ciegan y se despreocupan totalmente.
    Besos

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  10. Excelente artículo, estoy absolutamente de acuerdo. Ademas de todos estos puntos, personalmente una de las cosas que mas me indignan son los anacronismos, de los que algunos grandes y reconocidos escritores son los reyes. Yo que tengo muchos años y he vivido la posguerra, a veces no se si reír o llorar cuando los protagonistas utilizan ciertos enseres o productos que en aquellas épocas no existían, incluso tardaron décadas en aparecer (sirva de ejemplo: sábanas de niño estampadas con dragones en los años 30 o 40...), o se utilizan en los años 50 o 60 frases o palabras que no se empezaron a utilizar hasta los años 80 o 90 (a lo mejor soy demasiado purista, pero para quien no lo sepa o no lo recuerde, todavía en los años 70, cuando un hombre le hacia el amor a una mujer ni remotamente estaba practicando sexo con ella).
    Besos enormes

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  11. hola Yolanda! coincido contigo en un ciento por ciento, a veces por lanzar al mercado no los leen , eso seguro, amen que muchos estamos mucho mas borricos que hace unos años cuando se enseñaba diferente, ahora todo es rapido y a lo que salga, lastima!

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  12. Un tema interesante, que da para un sustancioso debate y en el que te doy toda la razón. Nadie nace sabiendo, pero hay que saber documentarse para no incurrir en los anacronismos o en "licencias" que son demasiado cantosos. No niego que en más de alguna ocasión me la hayan colado, pero hay temas en los que tengo cierto conocimiento y esos errores son tan graves que me lastran la lectura. Besos

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  13. Lo hemos comentado ya. A mí se me escapan las cuestiones 'técnicas' que solo los que sabéis del tema advertís pero es verdad lo que dices con respecto a otras cuestiones. Yo he dejado de leer libros concreto de una editorial porque me parecía demencial lo que hacían con las publicaciones. Cuando te vea te comentaré con detalle porque es que, además fue el mismo dueño de la editorial el que me dijo con toda la tranquilidad del mundo que pasaba de corregir los textos. Inaudito. Besos

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  14. En los últimos tres años he enviado tres imeils a dos editoriales sobre ediciones de sus libros, imeils que copio a continuación, con la respuesta de las editoriales.


    13-02-16 a Acantilado

    En las cuidadas ediciones de Acantilado —buenas traducciones, por lo general, buena encuadernación, tipo de letra agradable, etc.— encuentro un defecto consistente en que la raya larga (—), en función de paréntesis, debe ir precedida de espacio en blanco y seguida también de espacio en blanco, salvo, en este último caso, que esté seguida por otro signo de puntuación como punto, coma, etc. En este texto puede verse un ejemplo de lo que quiero decir. Sería de agradecer que, en adelante, en las publicaciones de la editorial lo corrigieran. Gracias.


    15-02-16 respuesta (surrealista) de la editorial

    Buenos días,
    gracias por su indicación, pero esta puntuación a la que se refiere forma parte del llibro [sic pos las dos eles. ¿catalanizado?] de estilo de nuestra editorial, con lo cual lo [sic 'lo' por 'la'] damos por correcto [sic 'correcto' por 'correcta'].


    15-02-16 mi respuesta a la respuesta de la editorial

    Pues muy mal por su libro de estilo. El defecto que señalo induce a veces a confusión en la lectura. A mí, desde luego, me resulta muy molesto. Creo que deberían cambiar el estilo en favor de la claridad. En todo caso, lo tendré en cuenta a la hora de adquirir un libro de Acantilado.


    23 01 17 a Acantilado

    Me quedan unas 50 páginas para terminar la lectura de El fin del «Homo sovieticus», de Svetlana Aleksiévich. Calculado a bulto el traductor emplea a lo largo del libro el verbo 'escuchar' unas 200 veces por unas 10 en que emplea el verbo 'oír'. Lo peor, con ser nefasto, no es que don Jorge [Ferrer, traductor] tome por sinónimos dos verbos que en absoluto lo son: lo peor es que 'oír' ha desaparecido prácticamente de la traducción. Irritante. Pues bien, con esto y con la surrealista respuesta que dieron —15/02/2016— a mi imeil anterior me lo pensaré mucho a partir de ahora al comprar un libro de su editorial, de ediciones, por cierto y dicho sea de paso, carísimas.

    [En este caso no hubo respuesta de Acantilado]


    28 07 17 a editorial Alianza

    Estoy leyendo el 5º tomo de En busca del tiempo perdido. Este tomo, así como el 3º y 4º, en la edición de Alianza. Pues bien, en este 5º vol., pero también, recuerdo, en los dos anteriores, hay una cantidad irritante de errores de traducción. ¿Les pongo un ejemplo? Pág. 63 (edición año 2014): 'prestatario' en vez de 'prestamista'. Otro (la última perla hasta lo que llevo leído), aunque también podría ser errata de imprenta: pág. 308, donde dice "Pero mis ojos no encontraron más que la cara, o más bien que las manos, puesto que aquella […]" debe decir "Pero mis ojos no encontraron más que la cara, o más bien que las manos, de madame Verdurin, puesto que aquella […]". Una traducción que lleva 50 años circulando —tan poco acrisolada—, ustedes no la revisan, se limitan a sacar ediciones, con cambios tan esenciales como el de cubierta, con errores que deben de venir de la 1ª edición. Vergonzoso.

    [Respuesta de Alianza: no la hubo]

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