jueves, 12 de febrero de 2026

LA ESTIRPE DEL ÁGUILA de Sebastián Roa

Que Sebastián Roa se ha convertido en uno de mis autores de referencia en novela histórica no es ningún secreto. Me gusta cómo plantea sus tramas, cómo da vida a sus personajes, como te involucra en la lectura, consiguiendo que formes parte de ella. Y en La estirpe del águila, si se me permite la expresión, se ha coronado. Al cerrarla, me quedó una cierta congoja al pensar qué iba a leer después que me llegase tanto, así que va por delante mi agradecimiento por hacérmelo pasar tan bien...y tan mal, que de todo ha habido. Gracias a esta novela he recolocado, al menos parcialmente, la genealogía de reyes de Pamplona y los futuros de Aragón, que la tenía un tanto dispersa, pero, sobre todo, me la he bebido a tragos largos, deleitándome, buscando ratos de donde fuera para volver a ella. Hacía tiempo que no me ocurría y, pardiez, cómo he disfrutado. 

Todo en La estirpe del águila pudo ocurrir así, esa es la magia de la novela histórica, porque no se nos debe olvidar lo esencial: se trata de ficción basada en hechos más o menos contrastados. Lo he dicho muchas veces: quienes buscan en la novela histórica datos enciclopédicos o certezas absolutas se equivocan. Sí, puede conseguir que te intereses en una época o por un personaje y, después, buscar información, documentos, lo que sea. Pero a fecha de hoy nadie sabe, por ejemplo, si Fernando el Católico dormía con camisón o sin nada; si Felipe II tenía la voz aflautada o si gustaba de entonar madrigales por las ventanas de El Escorial o si Agustina de Aragón se desayunaba cada mañana con vino caliente. ¿Importa todo eso? Para un ensayo no, desde luego, sería objeto de críticas y con razón, pero la ficción nos permite hacer esas cosas y en esta magnífica novela Sebastián Roa despliega todo su talento para que la Historia cobre vida. Y a mí, lo confieso sin ambages, me ha ganado por completo.

ÁGUILAS Y LOBOS. JUSTICIA, LEALTAD, VENGANZA Y HONOR.

Ramiro, hijo bastardo del rey Sancho III de Pamplona, es consciente de que jamás obtendrá poder alguno ni gobernará territorios, como sus otros hermanos de padre. Es algo que ha aceptado con naturalidad, al igual que acepta las órdenes que su padre le da y lo que dispone para él. Y eso es lo que toca: obedecer, realizando una peligrosa incursión en territorio musulmán y matar con oficio. Sin embargo el destino parece haber marcado su nombre para un futuro inesperado. La muerte del rey de León, Alfonso V, en combate, sienta en el trono a su joven hijo, Bermudo, en una corte llena de suspicacias y lealtades que cambian de bando. Sancho III opta por apoyar al joven rey, para, también, para defender los intereses de Pamplona en el reino de León. Para ello, una de sus armas será una muy pensada política matrimonial que garantice los pactos y la estabilidad.

Uno de esos matrimonios será el de la jovencísima hermana de Bermudo, Sancha, la Princesita, con el conde de Castilla, García Sánchez. Pero el novio, el mismo día de la boda, es asesinado de forma atroz cuando está a punto de llegar a la iglesia. Esta muerte va a provocar que todo salte por los aires y que comiencen años de traiciones, mentiras, muertes, batallas y comienzos. Dos reinos se acercan por el horizonte...


Creo que me conocéis de sobra: si hay crímenes de por medio, la novela me tiene ganada por completo. Y en esta los hay y la mayoría son de una crueldad importante, pero es que la realidad siempre supera a la ficción. Sebastián Roa ha creado, partiendo de los cimientos de los datos que se conocen, toda un edificio robusto y firme, en el que los personajes históricos se vuelven reales; tanto, que consiguen posicionarnos a su lado o en su contra con la misma pasión. En esto, Roa es un maestro. Nos pone delante personas reales, con sus miedos, sus dudas, sus sentimientos, su capacidad para amar y para matar. Ramiro se erige como el gran protagonista, sí, pero no es el único. A través de lo que se sabe y de lo que se intuye en las fuentes originales, Roa crea un universo sólido, llenando los huecos de manera magistral y poniéndonos en un contexto que resulta verosímil y, por qué no, creíble.

Todas las naciones y los pueblos tienen sus mitos fundacionales. Aquí parece que nos gusta más demolerlos que tomarlos en consideración. La estirpe del águila tiene mucho de eso. ¿Importa si las fuentes no dejan claro si Ramiro fue un bastardo o no? Personalmente opino que no, porque lo que importa es lo que llegó a ser y, de siempre, la estirpe de los reyes, especialmente en aquellos siglos, tiene su punto de leyenda. ¿Importa si los Vela (Vélaz en la novela) fueron realmente tan brutales y despiadados? No, pero cualquier novela que se precie debe contar con uno o varios "malos" a los que te gustaría ver cómo les llega su final. Y vaya "malos" que Sebastián Roa se ha sacado de la chistera. Basados en los hermanos Vela reales, acumulan rencor y deudas pendientes por cuestiones de vasallaje. De entre ellos, Diego, apodado Matalobos, se convierte en el peor enemigo de Ramiro y le acabamos odiando con ganas. Un punto más en el haber de la novela.

El amor está, como no puede ser de otra manera, muy presente en la novela. Si bien la mayor parte de los matrimonios se concertaban, el amor siempre, como la vida, sabe abrirse camino. Ramiro y Munia tienen la historia más intensa de la novela, pero sin pasteleces ni exceso de azúcar. La de Arnau y Arsenda tiene, además, un componente especial que os animo a descubrir. Pero también hay amor por los hijos, por una idea, amor no correspondido que emponzoña el alma, amor perdido antes de nacer. No sé si es lo que mueve el mundo, pero en La estirpe del águila es poderoso y determinante en muchos momentos. 

¿Y qué hay de los mitos, de las brumas de las leyendas? Pues también están presentes. Roa aprovecha creencias de la época para presentar algunos, envolviendo las escenas en las que aparecen para transportarnos, si se me permite la licencia, a historias como las del mítico Arturo. La dama de la que Arnau Mir de Tost, amigo y aliado de Ramiro, se enamora, aparece envuelta en cierto aire de misterio, vestida de blanco y cerca del agua. El juicio de Dios en forma de combate para salvar a la reina de la acusación de adulterio también me recordó, con toda la distancia posible, al que tuvo que afrontar Ginebra. Lo cierto es que sí hubo esta acusación, pero Roa la solventa como cree mejor y os aseguro que es uno de los capítulos más intensos. Hubo algún momento en que recordé, que una ya tiene una edad, los míticos cómics de Harold Foster sobre el Príncipe Valiente como caballero del rey Arturo y lo reconozco: se me escapó más de un suspiro emocionado.

La novela también cuenta con momentos bélicos importantes, como la batalla de Tamarón y la de Tafalla (con su famosa "Arrancada") y la narración que se hace de ellos es tan poderosa y visual, que nos es fácil sentirnos con el polvo en la garganta y el olor de la sangre en la ropa. Aprovecha el autor para hablarnos de tácticas de guerra, del modo en que las caballerías se lanzaban al ataque, de cómo se portaban las lanzas, escudos o espadas. Incluso se atreve a describir la muerte en combate de algunos protagonistas históricos importantes. Y qué queréis que os diga: que sí, que ahí estaba yo animando a "los míos" con fervor. Eso es lo que consigue la narrativa de Sebastián Roa.

Por supuesto, hay espacio para contarnos, con detalle, lo que sucedía en las taifas musulmanas, en las que las rencillas, las traiciones y los cambios de bando estaban tan a la orden del día como entre los cristianos. De nuevo, Roa utiliza a personajes reales para orquestar un libreto en el que todo está engarzado, todo tiene sentido, todo se explica y, además, se siente. 

Después de todo esto, y creo que me quedo corta, solo me resta pediros que leáis La estirpe del águila, porque os vais a sumergir hasta el cuello en el siglo XI y va a ser una inmersión gozosa. Necesitaba algo así para volver a coger ritmo lector y no os hacéis idea de cuánto agradezco a Sebastián Roa ser capaz de hacerme disfrutar tanto. Viajad con él y partid para conocer a Ramiro, que ahora, como para Munia, también es mi Ramiro.

 



jueves, 29 de enero de 2026

EL ÁNGEL Y LA MUERTE de Óscar Soto Colás

 Desde la publicación de La sangre de la tierra, he seguido la trayectoria literaria de Óscar Soto Colás con atención, porque ya en aquel inicio de su carrera como escritor había muchos y buenos detalles. Con Rojo veneciano dio un salto cualitativo importante, de hecho estuvo considerada como una de las mejores novelas históricas del año para los componentes del podcast del Certamen de Novela Histórica de Úbeda. La historia de la pintora Juana de Castro resultó ser todo un descubrimiento, con una ambientación fantástica y una galería de personajes de los que se quedan con el lector. 

Creo que ya conocéis mi opinión sobre los premios literarios (al menos los más importantes) en general y es que, en los últimos años, los lectores nos estamos teniendo que comer muchos sapos que cuentan con la escarapela de PREMIO en su portada. Alguna vez aciertan, es verdad, sigo enamorada de Los ingratos, de Pedro Simón, que fue Premio Primavera y que considero una de las mejores novelas que he leído en años. El Premio Ateneo aún parece reducto de calidad, aunque se pueda discrepar, por supuesto, y, en su última edición se alzó con el galardón la novela que hoy os traigo: El ángel y la muerte, ambientada en la Sevilla del siglo XVII. Un thriller histórico con un misterioso asesino, crímenes atroces y un investigador que no quería serlo en una ciudad llena de claroscuros, en la que el arte y la historia se entrecruzan.

¿Dispuestos a investigar? Pues allá vamos...

"NADA ES MÁS NOCIVO PARA LA CREATIVIDAD QUE EL FUROR DE LA INSPIRACIÓN" - UMBERTO ECO

Después de pasar los últimos años de su vida en el Nuevo Mundo, el franciscano fray Diego de Luna regresa a Sevilla, la ciudad que le vio nacer. El que fue su antiguo superior, el hermano guardián Gaspar Valdés, requiere su presencia, aunque para fray Diego es una tortura interna el regreso. En la carta, Gaspar ha utilizado, a sabiendas, el único señuelo que podría traer a fray Diego a la ciudad, aunque su intención es otra. Lo que le pide es que investigue un extraño y cruel crimen que ha tenido lugar y le informa de que también el pintor Bartolomé Esteban Murillo, conocido de fray Diego, también ha solicitado su ayuda. Fray Diego no quiere verse involucrado, de hecho ni siquiera quiere estar allí, pero por deferencia a Gaspar va a visitar a Murillo y este le explica que han detenido a un joven de su escuela de arte como sospechoso, alguien mente de niño, pero con gran talento para el dibujo al que permitía estar allí por generosidad y al que había cogido cariño. 

Fray Diego acepta visitar al reo ya que, al parecer, cuando lo detuvieron estaba muy cerca del cadáver y cree que pudo haber visto algo. En la prisión, un lugar tétrico e insalubre, conoce a Rafael, un jovencito que, aunque está preso por algunos temas de poca monta, parece espabilado y dispuesto. Poco es lo que consigue del prisionero debido a su triste debilidad mental, pero sí hace un dibujo del supuesto asesino, un dibujo que deja a fray Diego muy sorprendido. Finalmente aceptará investigar y se llevará a Rafael como ayudante. Pero los crímenes comienzan a sucederse y Sevilla se llena de miedo y de sospechas. La Semana Santa se acerca y es imperativo que todo aquel horror acabe. Pero, ¿llegarán a tiempo?


 Lo primero que me llamó la atención en esta novela es el dibujo que el autor hace de la Sevilla de la época, una ciudad a la que llegaban los barcos desde América, con un puerto lleno de actividad y con hermosos edificios y familias influyentes. Pero también, detrás de ese telón de opulencia, se esconde otra ciudad más oscura y peligrosa, maloliente y sucia, llena de esquinas tenebrosas en las que puede pasar de todo. La narración nos va a llevar principalmente por esta Sevilla menos luminosa, aunque de la mano de los protagonistas también visitaremos la catedral, la Torre del Oro o los grandes palacetes que la jalonan. 

Fray Diego, aunque fraile y franciscano, también tiene un pasado y es ese pasado el que le ha empujado lo suficiente para volver, a pesar de que jamás lo creyó posible. Hay una herida que no terminó de cerrar y que, a lo largo de las páginas, se va descubriendo. Sin embargo, la urgencia por acabar con los asesinatos que aterrorizan a la ciudad es más imperante y fray Diego utiliza el conocimiento que tiene de las calles y de determinados lugares para investigar. Su experiencia en el Nuevo Mundo también le va a ser útil para ello. Rafael, a su lado, se va dando cuenta de que existe otro mundo, otra manera de ver la vida. Tiene una mente rápida e inteligencia natural y se da cuenta de que, quizá, la vida pueda girarse a su favor gracias a la oportunidad que le ha dado fray Diego.

El lector va descubriendo pistas y nombres al mismo tiempo que los protagonistas. Óscar Soto sabe mantener el ritmo y va creando un ambiente opresivo y tenso que obliga a querer saber más, a necesitar que el culpable sea detenido y sus motivos expuestos. No es fray Diego hombre que se amilane con facilidad y, una vez inmerso en el caso, hará todo lo humanamente posible para ello. Cuando las sospechas parecen centrarse en un nombre concreto, buscará el modo de demostrarlo. No quiere dejar nada al azar.

El ángel y la muerte es una novela que atrapa y que sabe muy bien cómo mantenerte pegada a sus páginas. Sí tengo que ponerle un pero, aunque pequeñito: creo que hay una trama a mitad de la novela, en la que se ve envuelto Rafael que, quizá, podría no ser necesaria. Pero tengo la impresión de que el autor la ha incluido para introducirnos aún más en la Sevilla que recrea, llevándonos a lugares menos conocidos como la Torre de la Plata, y para seguir poniendo en juego la sagacidad de fray Diego. ¿La novela funcionaria igual sin ella? Seguramente. Pero es cierto que, durante esas páginas, la tensión no deja de crecer y te las bebes, literalmente.

Lo cierto es que me lo he pasado francamente bien leyendo El ángel y la muerte. Es de dominio público que la novela histórica es mi género favorito y que si, además, tiene "muertis", me gana por completo. Así que solo me resta recomendarla, porque os aseguro que os la vais a disfrutar tanto como yo. ¿Volverá fray Diego a protagonizar nuevas aventuras? Quien sabe...



martes, 13 de enero de 2026

EL ÚLTIMO CONCIERTO DE VIENA de Martín LLade

 Vuelvo al blog después de varias reseñas en Instagram y un mes de diciembre movidito en lo personal (con boda de mi hijo incluida, varios compromisos y una Navidad un tanto peculiar), para hablaros de la nueva novela de Martín Llade, el conocido y carismático locutor del Concierto de Año Nuevo de Viena que yo no me suelo perder, aunque sea en pijama y con un café tardío. He tenido la suerte de coincidir con Martín tanto en el Certamen de Novela Histórica de Úbeda como en otros eventos literarios y me fascina la pasión con la que vive la música, pero también su sentido del humor, su fina ironía y su cordial humanidad...además de esa voz tan maravillosa que gasta. Si con su anterior novela, El misterio Razumovski, ponía a Beethoven como protagonista principal, ahora nos lleva a Viena y a su concierto fetiche, que tan bien conoce, para adentrarnos en una trama tan desconocida como sorprendente y que aporta una nueva luz a quienes sabemos poco (o nada) de lo que aquí se cuenta.

Porque hasta en momentos tan oscuros y tétricos como lo fue la época nazi hay luces que iluminan y dan esperanza. La historia que Martín Llade nos regala en El último concierto de Viena relata una de esas luces que llegó en forma de música, quizá uno de las mejores medicinas para el alma. Id cogiendo sitio en la sala, el concierto va a empezar.

"SI LA MÚSICA ES LA COMIDA DEL AMOR, DAME UN EXCESO DE ELLA" - WILLIAM SHAKESPERARE

A finales de 1944, el régimen nazi se encuentra atrapado entre dos frentes y parece acorralado en la guerra que él mismo provocó. Su intención es iniciar un contraataque de cara a salir de esa situación y, en esta complicada tesitura, Clemens Krauss prepara un concierto de año nuevo. Viena se encuentra sometida al poder implacable del Tercer Reich y hasta allí llega un oficial de las SS con la misión de desenmascarar a enemigos de Adolf Hitler. Visita a Krauss, a quien tiene en el punto de mira a pesar de que para Hitler es su director de orquesta favorito. Esta llegada hace que Krauss empiece a cuestionarse sus ideas y hasta sus lealtades; además no tendrá más remedio que hacer frente a episodios oscuros de su pasado; incluso el concierto parece estar en la cuerda floja. 

El último concierto de Viena se mueve entre la novela histórica y el thriller, uniendo ambos géneros y engarzándolos con naturalidad. La narración nos lleva a la década que va de 1935 a 1945, aunque hay algún salto adelante, a los años posteriores a la caída del nazismo. El auge y la caída del régimen nazi están en el trasfondo histórico de la novela y marca todo lo que en ella se nos cuenta.

El protagonista indiscutible es Clemens Krauss, director de orquesta que cuenta con el beneplácito de Hitler, y, junto a él, su pareja, la soprano Viorica Ursuleac. Krauss, impulsor y creador del Concierto de Año Nuevo en Viena, parece contar con el apoyo incondicional del régimen y tiene amigos poderosos dentro de él, pero la llegada de Erich Krenn, un oficial de las SS, hace que sus alarmas comiencen a sonar. Junto a Krauss, conoceremos a las hermanas Ida y Louisa Cook, que en su momento llevaron a cabco casi una treintena de operaciones encubiertas para poner a salvo a judíos de diferentes nacionalidades. 

La columna vertebral de la novela es el famoso concierto del uno de enero, pero hay muchas historias detrás que se van desarrollando y que mezclan con buena mano personajes reales y ficticios. Aparecerán importantes figuras históricas como Hitler, Goebbles o Goëring, pero lo realmente brillante, en mi opinión, es cómo Martín Llade ha conseguido recrear la vida bajo el régimen nazi de la gente de a pie, el día de día de tantas personas que nunca saldrán en los libros de historia, pero que tuvieron que vivirlo y sobrellevarlo del modo que pudieran. 

Krauss se nos muestra como un personaje muy poliédrico, lleno de facetas, algunas más visibles y otras más ocultas. Es ambiguo en ocasiones, un hombre complejo que se tiene que enfrentar a sus propias certezas y cuestionarlas para acabar tomando decisiones que pueden ponerle en un peligro cierto. Erich Krenn provoca escalofríos en cada aparición. Sibilino siempre y sabedor de la incomodidad que despierta en quienes tiene delante, se aprovecha de ello para tratar de conseguir su propósito. El dibujo de los personajes está realizado con cuidado y con realismo. Martín no cae en estereotipos, a pesar de la inquietud que deja en el lector cada aparición del miembro de las SS, y los presenta profundamente humanos, con luces y sombras, con dudas y miedos.

La música se erige también como gran protagonista. Iremos descubriendo piezas en cada capítulo (que merece la pena ir escuchando) y se nos presenta como la belleza frente a la barbarie. La trama para poner a salvo a los judíos se mueve, de alguna manera, bajo sus partituras y nos sirve para descubrir piezas únicas que dan luz a un momento histórico convulso y oscuro.

La labor de documentación del autor ha debido ser inmensa y se refleja en la cantidad de detalles, de situaciones reales poco o nada conocidas. En algún momento puede resultar un poco abrumador el exceso de detalles, pero todo sirve para crear el contexto adecuado para la historia que se está narrando. Además, Martín no se recrea en un estilo complejo ni lleno de figuras retóricas: sabe lo que quiere contar y lo hace sin perderse en circunloquios o llenar el texto de metáforas.

El último concierto de Viena es una estupenda lectura tanto para los amantes de la música, como para los de novela histórica, porque nos hace descubrir hechos que ni siquiera sospechábamos, algo que siempre es de agradecer en una novela de este tipo. Y si bien parece que ya lo sabemos todo del nazismo y de su régimen de terror, en esta historia nos daremos cuenta de que aún hay mucho por conocer.