Creo que ya conocéis mi opinión sobre los premios literarios (al menos los más importantes) en general y es que, en los últimos años, los lectores nos estamos teniendo que comer muchos sapos que cuentan con la escarapela de PREMIO en su portada. Alguna vez aciertan, es verdad, sigo enamorada de Los ingratos, de Pedro Simón, que fue Premio Primavera y que considero una de las mejores novelas que he leído en años. El Premio Ateneo aún parece reducto de calidad, aunque se pueda discrepar, por supuesto, y, en su última edición se alzó con el galardón la novela que hoy os traigo: El ángel y la muerte, ambientada en la Sevilla del siglo XVII. Un thriller histórico con un misterioso asesino, crímenes atroces y un investigador que no quería serlo en una ciudad llena de claroscuros, en la que el arte y la historia se entrecruzan.
¿Dispuestos a investigar? Pues allá vamos...
"NADA ES MÁS NOCIVO PARA LA CREATIVIDAD QUE EL FUROR DE LA INSPIRACIÓN" - UMBERTO ECO
Después de pasar los últimos años de su vida en el Nuevo Mundo, el franciscano fray Diego de Luna regresa a Sevilla, la ciudad que le vio nacer. El que fue su antiguo superior, el hermano guardián Gaspar Valdés, requiere su presencia, aunque para fray Diego es una tortura interna el regreso. En la carta, Gaspar ha utilizado, a sabiendas, el único señuelo que podría traer a fray Diego a la ciudad, aunque su intención es otra. Lo que le pide es que investigue un extraño y cruel crimen que ha tenido lugar y le informa de que también el pintor Bartolomé Esteban Murillo, conocido de fray Diego, también ha solicitado su ayuda. Fray Diego no quiere verse involucrado, de hecho ni siquiera quiere estar allí, pero por deferencia a Gaspar va a visitar a Murillo y este le explica que han detenido a un joven de su escuela de arte como sospechoso, alguien mente de niño, pero con gran talento para el dibujo al que permitía estar allí por generosidad y al que había cogido cariño.
Fray Diego acepta visitar al reo ya que, al parecer, cuando lo detuvieron estaba muy cerca del cadáver y cree que pudo haber visto algo. En la prisión, un lugar tétrico e insalubre, conoce a Rafael, un jovencito que, aunque está preso por algunos temas de poca monta, parece espabilado y dispuesto. Poco es lo que consigue del prisionero debido a su triste debilidad mental, pero sí hace un dibujo del supuesto asesino, un dibujo que deja a fray Diego muy sorprendido. Finalmente aceptará investigar y se llevará a Rafael como ayudante. Pero los crímenes comienzan a sucederse y Sevilla se llena de miedo y de sospechas. La Semana Santa se acerca y es imperativo que todo aquel horror acabe. Pero, ¿llegarán a tiempo?
Lo primero que me llamó la atención en esta novela es el dibujo que el autor hace de la Sevilla de la época, una ciudad a la que llegaban los barcos desde América, con un puerto lleno de actividad y con hermosos edificios y familias influyentes. Pero también, detrás de ese telón de opulencia, se esconde otra ciudad más oscura y peligrosa, maloliente y sucia, llena de esquinas tenebrosas en las que puede pasar de todo. La narración nos va a llevar principalmente por esta Sevilla menos luminosa, aunque de la mano de los protagonistas también visitaremos la catedral, la Torre del Oro o los grandes palacetes que la jalonan.
Fray Diego, aunque fraile y franciscano, también tiene un pasado y es ese pasado el que le ha empujado lo suficiente para volver, a pesar de que jamás lo creyó posible. Hay una herida que no terminó de cerrar y que, a lo largo de las páginas, se va descubriendo. Sin embargo, la urgencia por acabar con los asesinatos que aterrorizan a la ciudad es más imperante y fray Diego utiliza el conocimiento que tiene de las calles y de determinados lugares para investigar. Su experiencia en el Nuevo Mundo también le va a ser útil para ello. Rafael, a su lado, se va dando cuenta de que existe otro mundo, otra manera de ver la vida. Tiene una mente rápida e inteligencia natural y se da cuenta de que, quizá, la vida pueda girarse a su favor gracias a la oportunidad que le ha dado fray Diego.
El lector va descubriendo pistas y nombres al mismo tiempo que los protagonistas. Óscar Soto sabe mantener el ritmo y va creando un ambiente opresivo y tenso que obliga a querer saber más, a necesitar que el culpable sea detenido y sus motivos expuestos. No es fray Diego hombre que se amilane con facilidad y, una vez inmerso en el caso, hará todo lo humanamente posible para ello. Cuando las sospechas parecen centrarse en un nombre concreto, buscará el modo de demostrarlo. No quiere dejar nada al azar.
El ángel y la muerte es una novela que atrapa y que sabe muy bien cómo mantenerte pegada a sus páginas. Sí tengo que ponerle un pero, aunque pequeñito: creo que hay una trama a mitad de la novela, en la que se ve envuelto Rafael que, quizá, podría no ser necesaria. Pero tengo la impresión de que el autor la ha incluido para introducirnos aún más en la Sevilla que recrea, llevándonos a lugares menos conocidos como la Torre de la Plata, y para seguir poniendo en juego la sagacidad de fray Diego. ¿La novela funcionaria igual sin ella? Seguramente. Pero es cierto que, durante esas páginas, la tensión no deja de crecer y te las bebes, literalmente.
Lo cierto es que me lo he pasado francamente bien leyendo El ángel y la muerte. Es de dominio público que la novela histórica es mi género favorito y que si, además, tiene "muertis", me gana por completo. Así que solo me resta recomendarla, porque os aseguro que os la vais a disfrutar tanto como yo. ¿Volverá fray Diego a protagonizar nuevas aventuras? Quien sabe...


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