viernes, 19 de octubre de 2018

LA MALA SUERTE de Marta Robles

Recuerdo perfectamente el momento en que Marta Robles me dijo que finalmente se había animado y estaba casi finalizando su primera novela negra. Y lo recuerdo bien porque fue charlando tras la mesa de presentación de Obscena. Trece relatos pornocriminales en Getafe Negro, del que en esta semana estamos disfrutando de su XI edición. A los pocos meses publicaba A menos de cinco centímetros y nos presentaba a Toni Roures. Quienes leímos la novela supimos que era un personaje con recorrido, de los que nos iban a traer nuevas alegrías lectoras. Aquí le tenemos de nuevo en La mala suerte: más hecho como protagonista, más sólido, más centro de atención... y esto lo explicaré más tarde porque creo que es una de las grandes señas de identidad de esta historia. 

Personalmente he disfrutado mucho de la lectura de La mala suerte no solo por la historia en sí, sino por las muchas preguntas que plantea y que te hacen pensar. Marta solo las lanza, es tarea del lector encontrar su propia respuesta a cada una de ellas, pero resulta sorprendente cómo algunas nos remueven y nos hacen contemplar nuestras certezas con otros ojos. O quizá es que las dábamos por sentadas y ni siquiera nos las habíamos planteado.

"NUESTROS PECADOS SON TESTARUDOS, NUESTROS ARREPENTIMIENTOS COBARDES" - CHARLES BAUDELAIRE


Decía Cormac Maccarthy en No es país para viejos que "Nunca sabes de qué suerte peor te ha salvado tu mala suerte". En ocasiones esa puede ser una realidad palmaria, pero para los personajes de La mala suerte no lo es tanto porque todos parecen señalados por una suerte aciaga que les marcó de un modo u otro. Sobre todo para Lucía Peña, una jovencita, casi una niña de 18 años, que desaparece volviendo a casa después de una fiesta de verano en Mallorca. Dos años después no hay ni un indicio, ni una sola prueba de lo que pudo sucederle, a pesar de que la UCO ha removido cielo y tierra para encontrarla. Incluso son muchas las voces que, sin pruebas físicas que lo sustenten, aseguran que Lucía no puede estar viva. Amanda Varela, su madre, no se rinde y decide contratar a Toni Roures para que trate de encontrar algún indicio, algo, lo que sea, que le permita volver a abrazar a su hija. Está convencida de que Lucía sigue viva en algún sitio. Roures acepta el caso y se traslada a la isla para tratar de mirar de otra manera lo que sucedió, lo que contaron los testigos, la familia, los amigos de Lucía. Ver de primera mano dónde ocurrió, hacerse un mapa mental y, con suerte, hallar alguna pista, un cabo suelto que se haya quedado sin atar flotando en el viento.

Toni Roures ha crecido como personaje en La mala suerte. En esta novela adquiere un protagonismo mucho más robusto que el que tenía en A menos de cinco centímetros, en la que se veía en parte tapado por la sombra fría y sofisticada de Armando Artigas. Ahora toma el mando y se muestra resolutivo y mordaz a pesar de que sus miedos y sus pesadillas siguen muy vigentes. También vamos a conocer a parte de su familia y de su historia personal que, como la de todos, guarda secretos y conversaciones pendientes. Roures sabe escuchar, lo hace de maravilla, pero sobre todo sabe escuchar lo que otros no han sabido oir. Domina el arte de pulsar las teclas necesarias, creando un ambiente de confianza, para que la sinceridad brote en algunos de los amigos de Lucía Peña. Pero también tiene un arte especial para tocar las narices cuando es necesario y tensar la cuerda lo suficiente para que alguien tropiece con ella. Como protagonista, Toni Roures es un motor diesel que ya ha adquirido la velocidad y las revoluciones necesarias para dejar huella. Y a pesar de todo, y para su alegría (por qué no decirlo) es capaz de caer de rodillas como un adolescente frente a una mujer que, como suele decir mi admirado Pérez-Reverte, "le pone a marcar el paso".

Y es que las mujeres de esta novela son fuertes de muchas maneras, incluso después de haber estado hundidas, como es el caso de Amanda Varela. Tienen carácter, saben tomar las riendas. Y Marta les da el empaque suficiente para hacerlas protagonistas no solo de sus vidas sino de las que les rodean. Las mujeres de La mala suerte están llenas de matices porque, como la autora ha reiterado en varias entrevistas, ya es hora de que veamos como normales en las mujeres roles que parecen ser en exclusiva de los hombres. Las mujeres pueden ser buenas, malas, regulares, ambiciosas, duras, dinámicas, capaces de tomar decisiones, hasta las peores. Y aquí la mayoría se salen de los estereotipos habituales, lo que es muy de agradecer.

La protagonista absoluta de la novela, incluso cuando no está presente, es Lucía. Alta, guapa, llamaba la atención. Parecía tenerlo todo para ser feliz y, sin embargo, su vida era un gran infierno que se iba complicando a cada paso. Quienes habían de cuidarla por encima de todo, sus padres, están perdidos en un mar de odio. Se detestan y la guerra que mantenían (y aun mantienen) entre ellos les impidía ver nada más. Ser diferente hacía que apenas tuviese amigos, que sufriese acoso en el colegio. Y cuando encontró a alguien que parecía quererla, se dio de bruces contra un monstruo: uno de esos "chicos bien" tan normales, educados y encantadores, capaces de lo peor cuando su egoísmo manda. A Lucía nadie la cree, nadie la escucha y, quienes lo hacen, están marcados como indeseables por su familia.

La tragedia de los familiares de los desaparecidos está también muy presente en la historia. No solo han de sufrir la incertidumbre y la angustia, sino saberse en el punto de mira del entorno, de la policía, de los medios de comunicación si el caso se vuelve mediático. Ese querer saber qué ha ocurrido y, al mismo tiempo, no querer para no enfrentarse a lo inevitable. La lucha continua, a pesar de todo, por encontrar a quien ya no está pero podría volver a estar.

La galería de personajes de La mala suerte está perfectamente diseñada para que podamos empatizar con ellos u odiarlos concienzudamente. Javier Peña, el padre de Lucía, por ejemplo, y su nueva pareja son de esos protagonistas a los que esperas que les caigan las siete plagas de Egipto. Su catadura moral, su deseo de hundir a Amanda al precio que sea, les convierte en miserables. La familia de Javier vive de apariencias y de considerarse superiores y mejores por dinero y relaciones, aunque tengan los pies de barro. Carlota, la juez que lleva el caso de Lucía, una mujer de bandera que cumple con su trabajo con una eficacia y profesionalidad fuera de toda duda y que tiene una vida personal cuanto menos peculiar, llena por completo las páginas en las que aparece. El protagonista que más ternura acaba despertando es Carlos, el hermano pequeño de Lucía, que en los peores momentos del matrimonio de sus padres se refugió en los videojuegos. El niño que parece que no se entera de nada y que es ajeno a todo, pero que guarda mucho en su interior. Que sabe más de lo que nadie imagina pero se ve abocado a hacer cosas para las que no está preparado ni nadie debería pedirle.

Resulta muy enriquecedor en la novela que no conocemos directamente a los personajes por la única descripción del narrador omnisciente, sino por cómo les ven los otros personajes. Podemos verlos a través de los ojos de otros y eso hace que el caleidoscopio de sus personalidades alcance matices mucho más intensos.

Como os decía al principio, la historia de la desaparición de Lucía y la investigación de Roures son la base de la novela pero importantes son también las preguntas que Marta Robles nos pone ante los ojos. ¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar por ser padres o madres? ¿Se es mejor persona por tener hijos, estamos más completos como seres humanos? ¿Por qué se mira con cierto recelo a las parejas que no los tienen? ¿Por qué hay quienes hipotecan vida y hacienda para conseguir tener un predacito de sí mismos en los brazos? ¿Es la generosidad la que los mueve o es el deseo de perpetuarse, de conseguir una versión mejorada de sí mismos? ¿Los hijos nos otorgan carta de naturaleza, nos convierten en buenos, sabios y sensatos? 

La sangre tira, es un hecho. Nos guste más o menos, no deja de ser una realidad. Y los hijos son de tu sangre o, al menos, así es la mayor parte de las veces, por lo que son mayoría los que creen que nos da derecho a manejarlos a nuestro antojo. Pero ¿y cuando no lo son? ¿Los hijos adoptados son menos hijos? ¿Y los engendrados con otro semen, con otros óvulos? ¿Qué ocurre con los miles de embriones congelados, perdidos en un limbo legal durante años, vidas en potencia a la espera de germinar? 

Que cómo es posible que el inquietante caso de la desaparición de una adolescente desemboque en todas estas preguntas y en algunas más es algo que debéis descubrir vosotros. Con La mala suerte Marta Robles da un paso más en ese enriquecedor mestizaje de la novela negra con la realidad social, incluso con la que menos nos gusta pero que está ahí aunque no queramos verla. Asomaos a ella y disfrutad de La mala suerte. Hay mucho más de lo que parece por descubrir.




viernes, 5 de octubre de 2018

GOLPES de Pere Cervantes

Si hay algo que creo que caracteriza a Pere Cervantes es su capacidad para reinventarse en cada novela que escribe. Siempre hay un factor sorpresa en cada título que publica, un giro nuevo, una vuelta de tuerca que jamás deja indiferente. A nivel personal, he de confesar que disfruto una barbaridad con esos cambios porque si algo admiro en la literatura es que me sorprendan y Pere es valiente en ese aspecto. No se queda en una zona de confort, arriesga y gana. Si en No nos dejan ser niños y La mirada de Chapman se inclinaba por una pareja de policías e investigaciones más "al uso", si es que esa definición se le puede aplicar, en Tres minutos de color se adentraba en un mundo mucho más complejo, el de las experiencias cercanas a la muerte, aunque sin dejar de lado ni la novela negra ni el misterio de hechos por resolver.

Ahora con sus Golpes nos vuelve a dejar noqueados con una historia que, de nuevo, no se parece a nada que hayamos leído. Podemos reconocer el estilo de Pere, su modo de narrar directo y sin concesiones que, en esta ocasión, lo es aun más no sólo por la brevedad de la novela sino por el propio carácter de Alfa, su protagonista, más acostumbrado a un revés directo que a las metáforas. Golpes ha sido galardonana con el Premio Letras del Mediterráneo 2018 y está dando muchas alegrías a sus lectores.


"NO SEAS NUNCA UN IRRESPONSABLE. ESO ES DE MEDIOCRES"


Lo decía Jack LaMotta, el mítico boxeador, el Toro Salvaje: "Todo lo que me ha pasado en la vida, bueno o malo, siempre ha carecido de término medio.". Y creo, sinceramente, que es una sentencia que puede aplicarse perfectamente a Alfa, el protagonista de Golpes, porque nada hay en su vida que se quede en el gris. En su carrera como policía ha bordeado con las puntas de los pies el filo de la navaja en pos de conseguir que, quienes lo merecen, paguen. Eso le ha granjeado más de un enemigo y. finalmente, una investigación interna le manda a prisión provisional.

Durante 444 días, que son como 444 clavos en la tapa de un ataúd del que no puede escapar, Alfa tiene tiempo de pensar, de conocer a peculiares compañeros de encierro y de hacer memoria sobre su vida. También de, aunque se lo quiera negar hasta a sí mismo, de desesperarse porque nadie parece estar dispuesto a querer verle de nuevo en la calle. Finalmente consigue quedar en libertad a la espera de juicio para encontrarse suspendido de empleo, con un sueldo mínimo y todo el tiempo del mundo con el que no sabe qué hacer. Hasta que le proponen pasarse al otro lado, ese al que muchos creen que ya se trasladó hace tiempo, y hacerse con cincuenta kilos de droga. Alfa no quiere resignarse a una existencia gris y acepta. Dos días, su experiencia como policía y salir corriendo, es lo único que necesita. Antes, querrá despedirse de las personas a las que ama. Pero nunca se puede estar seguro al cien por cien en algo tan arriesgado con un polígono industrial aparentemente vacío como escenario.

Pere Cervantes ha basado sus Golpes en un hecho real, dividiendo la novela en doce "rounds" de un combate de boxeo que Alfa, en primera persona y con su propio modo de ver y vivir la vida, nos desgrana. Porque Alfa, que fue púgil durante una etapa de su vida, sigue manteniendo la disciplina y el espíritu inculcados entonces. Los golpes se encajan y hay que volver a levantarse para intentar ser tú quien aseste el siguiente. Y, si el castigo es duro, refugiarse en tu esquina en la que alguien a quien confiarías hasta tu propia vida te restaña las heridas y te dice al oído lo que necesitas escuchar.

Alternando la narración de sus días en la cárcel con la planificación del robo de la cocaína y sus recuerdos, Alfa nos lleva a conocer tanto a quienes lleva en su corazón como a quienes propiciaron su caída. Sin perderse en un discurso grandilocuente y sin dar excusas, nos lo pone todo delante. Su amor por su hija, por quien está dispuesto a todo. Por su padre, siempre en la esquina salvadora. La relación con las mujeres de su vida: la que quizá le conviene, Maca, y la que es capaz de volverle del revés, la Gata. Algunos amigos leales, de los que nunca le fallan, permitiendo incluso un "cameo" del propio autor de la novela. Alfa no está hecho para rendirse ni para quedarse vegetando en una vida anodina. Escucharle es comprender sus motivaciones y aprender a respetarle, aunque en ocasiones sientas la tentación, en mi caso muy femenina aunque suene políticamente incorrecto, de tratar de enmendarle la plana y zarandearle para que no pierda más afectos por el camino.

La acción se va desarrollando sin pausa, con las descripciones justas para que puedas sentir el frío y la humedad del polígono industrial que dormita ajeno a las celebraciones de la Nochebuena. También la cierta inquietud que envuelve a Alfa mientras vigila y calibra cuando es el mejor momento para actuar. No precisa Pere Cervantes de demasiadas frases, lanza dos pinceladas y basta para que te veas allí, al lado del protagonista. Y algo que, a mí, me ha parecido revelador: esa realidad paralela y oscura que la gente normal no vemos porque hay quienes nos la mantienen a raya y velan porque no nos salpique, aunque a veces les suponga ponerse en peligro o el descrédito.

Golpes es una novela que se bebe casi de un trago, un trago de esos que raspan la garganta pero dejan un regusto liberador. A veces pasarse al otro lado no significa que pierdas tu identidad, es solo que la vida tiene esa maldita manera de sacarte de sitio. Hay quienes se resignan a los golpes, arrinconados contra las cuerdas, acostumbrándose al dolor y a la derrota. Y hay quienes jamás dejan de pelear, usando incluso los puñetazos más sucios, con tal de que esa vida sea la que se rinda a lo que quieren. Alfa es de estos últimos. Y piensa pelear duro.















jueves, 27 de septiembre de 2018

ENCUENTRO CON NEUS ARQUÉS, AUTORA DE "CAÍDA LIBRE"

El pasado martes 25 de septiembre los miembros del Club de Lectura (aunque en este caso la sección masculina no pudo asistir por problemas de horario) pudimos compartir una agradable conversación con Neus Arqués, ganadora del Premio Mont Marçal 2018 organizado por Roca Editorial con su novela Caída libre. Este es un premio dirigido en exclusiva a escritoras y, desde hace años, ha premiado a novelas de gran calidad. En el Hotel Villa Real de Madrid, en un ambiente distendido y de gran complicidad femenina, Neus contestó a todas nuestras preguntas y nos preguntó también a su vez, haciendo que la conversación fluyese e, incluso, llegase a generarse un interesante debate.


Caída libre cuenta la historia de tres mujeres muy diferentes. Ángela es una editora en la cuerda floja cuyo autor estrella, por el que había apostado fuerte para que el sello que ella dirige en la editorial no desaparezca y ella vaya a la calle, desaparece. Para encontrarlo, deberá adentrarse en el mundo de las mafias inmobiliarias de la mano del comisario Jotapé Castillejos. Carolina se juega la promoción profesional cuando un amante despechado la amenaza con divulgar pruebas de su exuberancia sexual. Luisa lo dejó todo por una historia de amor que ahora le pasa factura en forma de "mobbing". Las tres viven en el barrio barcelonés de Gracia. No saben a dónde van pero sí saben que no llegarán donde iban, porque el camino trazado ha desaparecido. Sus crisis privadas se cruzan entre sí y con la crisis socioeconómica general.

En lo que todas coincidimos es en que, de una manera o de otra, nos habíamos visto reflejadas en muchos aspectos de la novela. Son mujeres que han comenzado a alcanzar esa edad en la que, de muchas maneras, nos volvemos invisibles. Como si no existiéramos. Se nos niega la capacidad de ser atractivas, incluso de ser triunfadoras, como si tuviésemos que quedarnos con lo que nos quieran dar. Y Neus hace un gran trabajo en esta novela para darnos visibilidad. Nos contó que tardó casi seis años en terminar esta novela y que su germen se produjo cuando, con su marido, buscaba piso en Barcelona. Invitados a una fiesta, una persona les ofreció uno contándoles una historia acerca de un bloque de viviendas lleno de pakistaníes que iban a echar en bloque. Ahí fue donde conoció de primera mano el tema de las mafias inmobiliarias que campan bastante a sus anchas en Barcelona y también en otras ciudades. 


El primer personaje que creó para Caída libre fue Ángela, una mujer que ha perdido a su marido, el amor de su vida, poco tiempo atrás, con una hija que está a punto de dejar de vivir con ella para irse a vivir con su novio y con su puesto de trabajo como editora en el punto de mira, porque su sello no alcanza las ventas que la editorial considera suficientes. Cada mujer de esta novela son también muchas mujeres distintas, mujeres que, de una manera u otra, todos podemos reconocer.

Nos confesó Neus que había conocido, al escribir esta novela, un nuevo término: sextorsión, la extorsión que se produce contra alguien al amenzarle con hacer salir a la luz fotografías, mensajes o vídeos de contenido sexual en los que aparece. Carolina va a padecerla a manos de un amante puntual que comienza a acosarla hasta un punto casi insostenible lo que, mezclado con la tensión por el ascenso que sabe que merece pero por el que tiene que pelear, hace que su vida se convierta casi en un infierno.

Comentamos que Carolina era el personaje más triunfador pero también más "masculino", lo que dio pie para comentar lo descorazonador que es que una mujer tenga que adquirir caracteres masculinos para triunfar. Carolina, tanto en su vida profesional como personal, hace y deshace a su antojo, es dura y resolutiva aunque mantiene una muy buena relación con sus subordinados. Sexualmente elige, "caza" y no se compromete. Pero esas características que en un hombre son valoradas al alza, en una mujer no están bien vistas. 

Luisa es el personaje más vulnerable, con el que empatizas con facilidad aunque a veces te dan ganas de zarandear para que reaccione. Comentamos que Luisa había agotado su capacidad de valentía y arrojo cuando decidió abandonar a su marido y su vida estable para irse con Danny, un rockero de pelo largo que no deja de ser un niño grande, y, además, embarazada. Danny la adora, pero todo el peso de la economía familiar y las responsabilidades recaen sobre ella. A eso hay que sumar su situación laboral: sigue trabajando en la misma empresa que su exmarido y la situación es insostenible. Los compañeros, al igual que sus amigos comunes, han optado por posicionarse al lado de él y ella se ve niguneada, apartada y maltratada. Luisa parece ser incapaz de reaccionar, sólo tiene claro que ama a quien ama y que sus hijos (Gabriel, de su primer matrimonio, al que su ex y su nueva pareja quieren retirarle la custodia, y Lola, la que tuvo con Danny) son lo más importante. A eso se agarra. Agotó toda su rebeldía cuando se separó y parece no quedarle nada de ella en la recámara.

Con esos tres paisajes vitales tan desoladores, preguntamos a Neus si, a pesar de todo, había esperanza. Para ellas y para tantas mujeres que podemos llegar a pasar por lo mismo. Nos confirmó que sí, que todas, de una manera u otra, acabamos sacando la cabeza. En la novela seremos testigos de ello.


Acerca de si es un libro feminista, Neus afirmó que sí, que se trataba de hacer visibles a las mujeres que, al margen de su edad y sus experiencias vitales, siguen siendo válidas, inteligentes, valientes y un puntal fundamental en todos los ámbitos. Que no por llegar a ciertas etapas de la vida hay que desaparecer. Y, con risas, nos comentó: "he escrito un libro feminista sin escribir ni una sola vez la palabra patriarcado". 

Hubo tiempo para que la propia Neus nos preguntase con cuál de los personajes nos identificábamos más y los motivos. Y ello dio motivo para un divertido cruce de opiniones acerca de las características que reconocíamos en ellas y las que nos gustarían o no tener. 

Finalmente tuvimos ocasión de que Neus nos firmase nuestros ejemplares y hacernos las fotos de rigor. Las sonrisas estuvieron presentes hasta el final.

Caída libre es una lectura muy recomendable y no solo para lectoras. Los hombres pueden entender muchas cosas y sentirse más cerca de nosotras. Quizá todas, en algún momento, nos hemos sentido así, en una angustiante caída libre, pero siempre habrá algún asidero al que agarrarse. Vamos a por él.

lunes, 17 de septiembre de 2018

SE LLAMABA MANUEL de Víctor Fernández Correas

Creo que ya lo he dicho en alguna otra ocasión, pero siento una especial fascinación por los libros que me "hacen burbuja". Esos que por lo que cuentan, por cómo lo cuentan y por lo que te hacen sentir al leerlos te llevan por completo dentro de la historia. Estás leyendo y lo ves. Ya no son sólo imágenes que te llegan, es que estás allí. Sientes el frío o el calor, la lluvia, el barro en los zapatos. Hueles, incluso, a comida al pasar ante un restaurante junto al protagonista. Notas el tejido de una manta en la punta de los dedos. Es complicado de explicar, aunque seguramente a muchos os pasa lo mismo. Y con Se llamaba Manuel he tenido mi burbuja particular desde la primera página. La inspiración y el talento de Víctor Fernández Correas han sido capaces de llevarme a ese Madrid de 1952 sin necesidad de equipaje. Mi memoria familiar, en especial la de mis abuelos, ha completado el conjunto. Me he dejado llevar, sin más, por una historia que no necesita de grandes efectos especiales ni detalles técnicos para captar la atención del lector sin dificultad. Una historia, sobre todo, de vidas y de supervivientes. Pero también de muerte y de la necesidad de conocer la verdad. Del pasado y de cómo puede marcar el presente. 

EL AUTOR: VÍCTOR FERNÁNDEZ CORREAS

 

Nacido por azar y por la inmigración en Saint Denis, en los alrededores de París, pero extremeño decorazón y estirpe, lleva años trabajando alrededor del periodismo y la información. Su primera novela, tras algunos premios de relato en su tierra, fue   La conspiración de Yuste en 2008. En 2012 publicó La tribu maldita, cambiando por completo de registro. En 2016 colaboró con un relato en la antología Cervantes tiene quien le escriba. Su actividad escritora está siempre en marcha, como podéis comprobar en su blog y en redes sociales. Se llamaba Manuel ha sido editada por Versátil Ediciones.


EN BLANCO Y NEGRO


Es complicado hacerse una imagen mental del Madrid de 1952 sin verla en blanco y negro y con una extensa gama de grises perdiéndose en un horizonte que ya no reconocemos. También el resto de España, que aun no terminaba de coserse las heridas de una guerra fratricida. Se decía que volvía a amanecer, que todo recomenzaba. Pero la pobreza, el hambre y las ruinas seguían siendo dueñas de todo. En ese Madrid, mitad ciudad, mitad pueblo de calles polvorientas, la mañana de Nochebuena aparece el cadáver apuñalado de Manuel Prieto en el Cerro Garabitas, uno de los puntos más elevados de la Casa de Campo. El inspector Gonzalo Suárez, de la comisaría de la calle Leganitos, se hace cargo de la investigación ayudado por Julián Ordóñez, un joven policía sevillano casi recién llegado a Madrid. 

Este es el punto de partida de una narración que tiene mucho de poliedro: varias caras que conforman una única figura. No solo seguiremos las pesquisas del inspector Suárez para saber qué sucedió para que Manuel Prieto acabase muerto y quién pudo ser el culpable. También seremos testigos de las maquinaciones del teniente Arturo Saavedra, que trata de llevar adelante las negociaciones que permitan a España albergar bases estadounidenses, con la contrapartida económica que eso supondría. Y los pasos en la sombra de Margarita Uriarte, comunista convencida, que trata de averiguar, junto con otros compañeros, qué se esconde detrás de esas negociaciones. Tres hilos argumentales que, a priori, parecen no tener nada que ver pero que acaban entrecruzándose en ese tapiz que Víctor Fernández Correas ha tejido con mimo.

Suárez, de quien nos sentimos muy cerca a lo largo de las páginas, es íntegro y sólido aunque guarde muchas preguntas dentro de sí. No quiere aceptar que el asesinato de Manuel sea tratado como algo sin importancia porque, a medida que investiga, se da cuenta de que hay muchos rincones oscuros. Marga Uriarte, fría, incapaz de amar, vive sostenida por un odio que casi se ha convertido en lo único que la mantiene en pie. Una mujer resuelta y valiente, a su modo, capaz de enfrentarse a cualquiera en un momento en que la figura de la mujer era solo válida en las cocinas y en los salones. Arturo Saavedra es un arribista que no duda en utilizar a su familia para llegar a donde quiere. Creo descubrirle un cierto matiz de psicópata de manual, incapaz de sentir empatía por nadie y sólo pendiente de lo que quiere y lo que desea. Ni siquiera su propio hijo es capaz de arrancarle un gesto de ternura.  Ellos tres llevan el peso de las tres historias que se cruzan en la novela, tres historias que no están tan alejadas unas de otras como parece.


No son ellos los únicos protagonistas. Hay mucho de coral en esta novela, con "secundarios" de lujo que completan el conjunto: Liborio Solís, el Canelita, confidente de la policía cuando le conviene y capaz del más absoluto silencio si es necesario. Un hombre al que su condición sexual, en esa época, ponía en el punto de mira de mucho y un personaje que se acaba convirtiendo en imprescindible. Con su puntito histriónico, hay en la novela una escena especialmente divertida (que no destripo para que descubráis) que me recordó a una del mismo corte de la genial película RocknRolla, que aprovecho también para recomendaros. Joao, el "malo" más clásico, al que casi podemos poner rostro. Rosa Prieto, la madre de Manuel, tan sola en su desgarro y en su pobreza. Tica Sainz, la mano que ayuda y sostiene con la calidez de quien ha conocido bien en frío. Inés, el refugio de Gonzalo Suárez, aun cuando él no deje negarse la entrada. Y como no, Manuel. Ese gran protagonista en elipsis que está en cada página y a la vez no está. Alguien a quien iremos descubriendo desde la perspectiva de otros pero que nadie parece haber conocido del todo. Él es el gran puzle y el que da encaje a todas las piezas de Se llamaba Manuel.

El gran acierto de Víctor, con un estilo absolutamente reconocible, es dotar a la novela de un escenario completamente creíble y que acaba por envolvernos sin remedio. Un Madrid que trataba de levantarse a pesar de las heridas y en el que los locales de lujo y la bonanza de ciertos sectores de la sociedad escondían, en la parte de atrás, barrios enteros sin luz ni agua, de calles sin asfaltar, de infraviviendas. El frío acaba siendo casi real al leer. Incluso el propio hogar de Gonzalo Suárez, un funcionario de carrera, sufre la carencia, muchos días, de una buena cena o del calor necesario. La documentación, sin duda, ha sido tratada con mimo, cuidada al máximo.

Con los años y ese olvido que los españoles solemos tener para nuestra propia historia, ha sido más que interesante recordar aquellas conversaciones entre los gobiernos español y estadounidense para albergar bases militares de los EEUU en nuestro territorio. Era una manera de conseguir dinero para las arcas nacionales, mermadas hasta por debajo del mínimo, y a las que no ayudaban ni las terribles sequías ni el bloqueo al que se nos sometía por parte de Europa. Pero también era una manera de volver a contar en los escenarios internacionales, conseguir una puerta que, al menos, se mantuviese entreabierta. Para las clases más pudientes, también era una ocasión de hacer planes o alegrarse. Para el resto ni siquiera tenían importancia. Importante era comer todos los días.

Se llamaba Manuel es un reflejo fantástico de una época que no es tan lejana y de la que aun, muchos, guardan recuerdos. Una historia que arranca con un asesinato y que se va complicando e cada capítulo, marcado con una fecha y un lugar. Un retrato fiel de cómo éramos en 1952 y que nos permite comprobar que, en muchas cosas, o hemos cambiado demasiado. Pero sobre todo es una lectura que te hunde en líneas, te acoge y te transporta. Animaos a saltar.







viernes, 7 de septiembre de 2018

LA MALA SEMILLA de Toni Aparicio

Tuve la suerte de conocer a Toni Aparicio en la pasada Feria del Libro de Madrid y aproveché para que me firmase el libro que hoy os traigo, La mala semilla. He tardado en ponerme con él, como con otros que tenía y tengo pendientes, porque necesitaba que cesara el ruido que tenía en la cabeza, normalizar mi vida y alcanzar cierta paz. Pero una vez que comencé, lo terminé en apenas dos tardes. Toni Aparicio nos presenta un thriller muy eficaz, que mantiene el interés sin dificultad y que resulta rabiosamente actual. Hay algunos pequeños detalles, que comentaré después, que me han hecho torcer un poco el gesto, pero en ningún caso empañan el conjunto. La mala semilla es una lectura que te sujeta a sus páginas y va creando una expectación creciente hasta el final y lo hace sin abusar de situaciones enrevesadas y sin exceso de tramas paralelas complicadas.

EL AUTOR: TONI APARICIO


Nacido en Albacete, desde muy joven se sintió atraído por la literatura, el cine y la música. Estudió diseño gráfico y publicidad y llegó a tocar la guitarra en un grupo de rock. Como director, ha llevado a la pantalla varios cortos y un largometraje y dio el salto a la literatura con El secreto de Elisa Lecrerc. Posteriormente publicó Buenaventura, también con Suma de Letras como esta, que es su ultima obra: La mala semilla.

REGRESO A ALBACETE


La teniente de la UCO, Beatriz Manubens, atraviesa la peor etapa de su vida. En una intervención en la que participó unos meses atrás, por accidente, acabó con la vida de un niño y arrastra un terrible sentimiento de culpa y una depresión severa que le lleva a seguir una senda autodestructiva, abusando tanto de los tranquilizates recetados por su psiquiatra como del alcohol. Ha vuelto a Albacete, a refugiarse en casa de sus padres, y se encuentra suspendida en sus funciones por lo que su rutina es, básicamente, dormir, beber en exceso y volver a dormir. No hay nada que parezca sacarla del pozo.

En el hermoso paraje del nacimiento del río Mundo, en Riópar, aparece el cadáver de Anabel Ramos, que se alojaba en una cabaña turística cercana. El asesinato se complica cuando la Guardia Civil descubre que Anabel tenía un hijo, Adrián, que no aparece por ningún sitio por lo que la investigación debe seguir dos vías: encontrar al asesino de Anabel y localizar a Adrián, para lo que empieza una carrera contra el reloj.

Cuando Beatriz sabe de la noticia, descubre aturdida que la asesinada, Anabel, fue buena amiga suya en sus años de adolescencia y, a pesar de estar suspendida, se pone en contacto con el brigada Cebreros, que se encuentra a cargo de la investigación para tratar de saber más y, si es posible, ayudar. Para Cebreros es una gran noticia: admira y respeta a Beatriz por su trabajo y no duda un momento en pornerle al tanto de todo.

La muerte de Anabel, además, reencontrará a Beatriz con otros dos amigos de juventud, Javier y Alberto, que siempre han vivido en Albacete y con los que ya no tenía contacto. Alberto despertará en ella sentimientos que ya pensaba que no podía tener y se va a convertir en un gran apoyo personal en su vida desgarrada. 

Como os decía al principio, el argumento es muy eficaz. Sabe crear el interés desde las primeras páginas y va dejando pistas, indicios y declaraciones que nos pueden llevar a sospechar de todo el mundo. Porque Anabel había vuelto a Albacete, a Riópar, muy poco tiempo antes y nadie de su entorno sabía que estaba allí. ¿Quién podía tener motivos para matarla y hacer desaparecer a su hijo? A medida que la investigación avanza, la vida de Anabel se nos va mostrando con su caída a los infiernos y sus intentos de salir adelante. Pero sobre todo seremos testigos del devenir de Beatriz Manubens, a la que investigar sobre el caso le va a servir para salir de la situación personal en el que está metida. 

Toni Aparicio nos va introduciendo en la trama a base de capítulos no demasiado largos introducidos por fechas que van del 17 de octubre al 19 de noviembre, un mes intenso que va a cambiar, y mucho, las vidas de quienes rodean el caso de la muerte de Anabel. Hay muchas esquinas oscuras a las que hay que dar luz y algunas esconden hechos terribles. Al mismo tiempo, iremos conociendo la relación de Javier con su mujer, Laura, hija de un importante empresario; una relación compleja y lastrada por el desgaste aunque Javier siga perdidamente enamorado de Laura. También podremos odiar concienzudamente al capitán Carmona, antiguo superior de Beatriz en la UCO, que acude a Albacete a hacerse cargo de la investigación del asesinato y la búsqueda de Adrian. El vínculo entre Carmona y Beatriz, sus malas relaciones y los motivos de estas, se irán desvelando con más de una sorpresa. 

La desaparición de Adrián, para mi sorpresa, acaba pasando casi a un segundo plano, convirtiendose en una suerte de "macguffin", ese elemento que hace que el argumento avance pero que no tiene relevancia en si mismo. No es exactamente así porque, evidentemente, saber qué ha ocurrido con el niño tiene importancia, pero es cierto que todo se centra más en la muerte de Anabel. No hay descripciones de una búsqueda intensa y en ese aspecto, en mi opinión, falta un poco de tensión. Sí me ha gustado mucho cómo el autor nos descubre Albacete como ciudad, una ciudad que yo recordaba como plana, gris y llena de semáforos y que ahora se me muestra moderna y llena de vida. Muy buenos son también algunos secundarios, bien dibujados, como Cebreros en su integridad o la madre de Anabel, con todo el rechazo que provoca.

En cuanto a las cosas que no me han convencido del todo, aunque, como os decía al principio, no afectan en exceso al argumento son, por ejemplo, las repeticiones en cuanto al atuendo de los protagonistas. Son constantes las apariciones de "plumífero", "chándal", "sudadera" y "mallas", incluso más de una vez en cada capítulo, como si no existiesen otras prendas en los armarios. También se insiste mucho en el atractivo y belleza de Beatriz Manubens, algo que, personalmente, no me parece necesario. Incluso en boca de una niña de seis años suena excesivo ("Puedo llamar a mi papá por radio y decirle que una chica guapísima ha venido a verlo" y, a las pocas líneas, "Qué guapa eres"), aunque lo cierto es que toda la escena de Beatriz con esa niña suena un poco a cartón piedra, muy poco natural, porque la pequeña no se expresa como corresponde por su edad. Otro detalle que me parece excesivo es el odio feroz que profesa Carmona a Beatriz que le hace caer en reacciones muy poco profesionales (es todo un capitán de la UCO, con todo lo que conlleva) y en obsesionarse más por acabar con la carrera de ella que en el caso en sí.

El final queda cerrado y no hay cabos cueltos pero algunos de ellos, en última instancia, parecen atados de forma un tanto precipitada, pero esto es una apreciación muy personal. El autor sabe finalizar todas las tramas abiertas dándoles una resolución certera y lógica y hay mucho de redención en algunas. Sobre todo el lo que se refiere a Beatriz: cómo una muerte, algo tan doloroso, puede ayudarle a salir a la luz y a la vida. 

La mala semilla ofrece una lectura ágil, interesante y que mantiene la tensión hasta el final, una novela que nos saca de las grandes urbes para centrarse en una ciudad pequeña y un entorno natural maravilloso porque también en ellas se esconde lo mejor y lo peor del ser humano. Os animo a que la descubráis.









viernes, 10 de agosto de 2018

LOS HÉROES SENTIMENTALES: ENTREVISTA A RODRIGO MURILLO BIANCHI

Desde hacía un tiempo estaba un poco desencantada con la literatura iberoamericana porque las novelas que había ido leyendo no terminaban de llenarme. Y lo cierto es que no supe que el autor de Los héroes sentimentales era peruano hasta que tuve el libro en mis manos pero no tuve un segundo de duda: fue leer las primeras páginas y quedarme completamente enganchada de una historia poderosa y dura, llena de matices, con personajes inolvidables. Además sucede en un momento bastante reciente de la historia del Perú que aun tiene muchas y dolorosas cicatrices allí: la guerra interna desatada en los años 90 por la presencia de Sendero Luminoso, el grupo subversivo maoísta, que sembró el país de cadáveres y de terror. Lo que aquí nos ha llegado de lo que fueron aquellos años sangrientos no es ni la mitad de lo que realmente sucedió y esta novela abre los ojos no solo a lo que no sabemos sino a cómo lo vivió la población. Lo hace mostrándonos a varios protagonistas de diferentes capas de la sociedad y al modo en que se enfrentaron a lo que sucedía. Pero también nos detalla cuáles son las motivaciones por las que actúan como lo hacen, en una trama en la que todo encaja sin fisuras.

Personalmente os recomiendo su lectura porque os va a impactar y a sorprender. Es la narración de años terribles de violencia y muerte en Perú, una historia que, sin duda, merece ser conocida.

Los héroes sentimentales es la primera novela de Rodrigo Murillo Bianchi y ha sido la ganadora del Premio José Ángel Mañas de la Editorial Nuevos Talentos. Rodrigo nació en Perú en 1986. Estudió Derecho pero no encontró mucha satisfacción personal en su ejercicio, por lo que se licenció en Historia. Viajó a Europa y se convirtió en politólogo y periodista. Tiene un máster en Política Internacional y otro en Historia.

Gracias a la Editorial Nuevos Talentos tuve la oportunidad de entrevistar a Rodrigo el pasado 17 de julio. Acabó siendo una apasionante charla no solo sobre la novela, sino también sobre historia y la situación política de Perú durante la época de Sendero Luminoso y sus consecuencias hoy día. Os aseguro que conversar con Rodrigo Murillo es apasionante y os invito a leer esta entrevista porque muchas de las cosas que me contó os van a sorprender.



"Cuando la ideología se vuelve un fin en sí misma deja de ser ideología"

P.- La historia que narras en Los héroes sentimentales es dura, más si pensamos en todo lo que sucedió en la realidad. ¿Por qué eliges esa parte de la historia reciente de Perú? ¿Qué te empujó a escribirla?
R.- Estudié una maestría en Historia en el pasado y un libro que por entonces me fascinó fue 2666 de Roberto Bolaño: son cinco historias distintas pero su eje conductor es el mismo, Ciudad Juárez que en la novela se llama Santa Teresa. Lo que quería hacer en este libro es que lo que escribo se traduzca como un reflejo de la sociedad. Para encontrar esa sociedad tenía que encontrar también personas emblemáticas de ella: los militares, la iglesia y las clases altas y bajas. De ahí salen Santiago Ferrer y el capitán Alfonso Jenkins, el héroe y el villano de la historia; Basilio, el sacerdote jesuíta comedido cuyo origen es muy humilde y que trata de ayudar siempre a los más desfavorecidos, y, finalmente, Maximiliano Prado, el millonario que esconde un conflicto interno enorme. 

P.- ¿Con alguno de estos personajes te identificas más a nivel personal? ¿A alguno le has dado algo más personal tuyo?
R.- Con quien más tengo que ver es con Santiago Ferrer porque cuando era joven quise ser marino, alistarme en la Marina. Finalmente no lo conseguí pero sí lo hizo un gran amigo mío. En mi familia hay algunos militares, como mi abuelo. En el Perú ha habido gente muy buena y muy capaz en el ejército pero nunca han podido marcar la diferencia. Santiago Ferrer es así: es bueno pero no puede marcar la diferencia porque las decisiones que toma en base a su humanidad le llevan por un camino equivocado. Sin embargo el villano, Alfonso Jenkins, acaba saliendo bastante bien parado, esa es la paradoja de la historia. A veces tengo la sensación de que los malos siempre ganan. El capitan Jenkins puede hacer que te plantees muchas cosas, pero no era un loco. Y seguramente todos hemos conocido a alguien así: pragmático, violento, pero quién sabe cómo reaccionarían si fuesen puestos a prueba. Pero sobre todo busqué que incluso en las páginas más tristes de la novela quedasen plasmadas las motivaciones últimas de los personajes.

P.- Tu manera de narrar resulta sumamente envolvente y me ha recordado en cierto modo a la tradición narrativa más clásica de hispanoamérica. ¿Qué autores son tus referentes o cuáles te han influído más?
R.- Cuando escribí esta novela a quien más había leído era a Vargas Llosa y Bryce Echenique. Además tenía una gran pasión por Roberto Bolaño pero no creo que mis influencias vengan de ellos. También he leído a autores españoles como Blasco Ibáñez, al que admiro como enorme narrador, y Chávez Nogales, que en sus libros sobre la Guerra Civil Española habla de los dos bandos como heroícos, equivocados pero valientes, con personalidad muy española. Los españoles son muy apasionados y retadores: retan mucho a la muerte. También admiro a Arturo Pérez Reverte porque no tiene miedo a meterse y a hablar de la Historia y no hace perder el tiempo al lector. En el mundo de la literatura hay un prejuicio muy cerrado de que los escritores que venden mucho y están en las listas de best sellers no son literatos a admirar. Hay que ser muy bueno para escribir algo que interese a tanta gente.


P.- Aquí en España solemos preguntar si se es escritor de mapa o de brújula. ¿Tú cómo te defines?
R.- (Se ríe cuando se lo explico) Soy mucho más de brújula. Me hago un documento de Excel con los personajes y el desenlace y a medida que los voy creando descubro algunas voces que aparecen de la nada y esas voces pueden cambiar el final o el devenir de los protagonistas.

P.- ¿Se te "desmandan" los personajes?
R.- Eso es increíble. Una vez leí una entrevista con un famoso autor norteamericano que decía que tenía que escribir todos los días porque si dejaba de hacerlo los personajes se le iban para otro lado. Y a mí me pasa.

P.- Tu novela se encuadra en el género histórico-político, pero también contiene intriga y situaciones dramáticas. ¿Te has planteado escribir otros géneros, otro tipo de novela?
R.- No soy muy partidario de las etiquetas o los géneros. Mi gran sueño es hacer una "novela total" al estilo de las novelas-río pero sin perder al lector en cosas triviales. Mezclar thriller político, novela histórica, algo de novela negra enmedio, pero sin una etiqueta con qué catalogarlo. Sobre todo no perder la temática política, que es lo que me impulsa a escribir.

P.-Me han llamado la atención algunos pasajes de la novela en los que pones voz a una mujer de una zona rural casi perdida del Perú. Su manera de hablar el castellano, tan peculiar, aprendido tarde por tener el quechua como lengua materna es fascinante. ¿Es así realmente?
R.- Es algo que me han comentado más lectores. En una etapa de mi vida yo viajaba bastante a comunidades rurales muy aisladas para practicar el quechua, aunque no lo hablaba fluido. Entendí muy bien esa manera de hablar el castellano. Pero lo que me sorprende es que en la larga historia literaria del Perú nunca antes haya habido un libro en el que sus personajes hablen como se habla en zonas muy amplias del país. Es posible que, al leerme, haya gente del propio Perú que me cuestionen ese modo de hablar, pero es mi memoria fidedigna de cómo lo hacen.

P.- ¿Cómo fue para la población de Perú, cómo se vivió el terror de Sendero Luminoso?
R.- Es un tema verdaderamente traumático. Se trataba de un movimiento subversivo maoísta que, además, tenía una variante muy poco moderna de pensamiento. El trasfondo de esta lucha estaba nutrido de viejos odios sociales del país. Los testimonios de la gente que participó en esta historia tan triste han sido tan dramáticos y la violencia tan excepcional que actualmente no se habla del tema. En el libro de Chaves Nogales, A sangre y fuego, sobre la Guerra Civil Española, el autor cuenta que las historias de violencia por parte de los dos bandos eran tan terribles que la nacionalidad española, durante años, se consideró un agravio, una vergüenza. Yo creo que pasó igual en el Perú y prefieren que este horror no salga a la luz porque la violencia es tan desgarradora que se siente vergüenza de tu propio país.

P.- La llegada al poder de Fujimori con sorpresa en la segunda vuelta de las elecciones incluída, supuso el principio del fin de Sendero Luminoso. ¿Cómo consiguió un perfecto desconocido que casi ni hablaba castellano con fluidez ganar esas elecciones? ¿Y cómo sonsiguió un apoyo tan fuerte incluso después de dar un golpe "de facto" durante su mandato?
R.- Todo el mundo le apoyó. Ahora ocurre, y ha pasado con casi todos los dictadores, que una vez que dejan el poder pretenden explicarles en base a conceptos como la maldad o la corrupción pero sin explicarles a ellos. En este caso lo cierto es que los peruanos aceptamos darle el poder a Fujimori. Tras ganar las elecciones en 1990, da un golpe de estado en 1992 y curiosamente la población del Perú, en muchas encuestas y estudios, le apoyaban mayoritariamente. Fujimori utilizó la guerra contra Sendero Luminoso como excusa para tener el poder y el estar acabando con los subversivos le reportaba ese gran apoyo popular. Sólo después salió a la luz la enorme corrupción del régimen. Para entender lo que pasó hay que entender las circunstancias de lo que estaba ocurriendo entonces: a pesar de todos los escándalos de corrupción de Fujimori, la gente recuerda su lucha para acabar con Sendero Luminoso. Quizá por eso su hija, en las últimas elecciones, quedó a un solo punto porcentual de ser presidenta del Perú.

P.- Quizá la primera sorpresa de Fujimori fue vencer en las elecciones de 1990 sin que nadie lo esperase.
R.- Esa llegada al poder y el apoyo masivo que recibió en la segunda vuelta es muy sorprendente para los no peruanos. Era japonés (aunque con la nacionalidad peruana también), apenas sabía hablar español...y enfrente tenía a Vargas LLosa, que es una gran figura tanto en el Perú como a nivel internacional. Era la primera vez que en unas elecciones había un candidato con una proyección tan respetada internacionalmente. Todo el mundo pensó que ganaría sin problemas. Pero en una elección muy rara y absolutamente inesperada Fujimori se hace con la victoria de forma apabullante. Fundamentalmente porque se mostró ante la gente como un técnico puro que iba a mejorar la economía y a pacificar el país.

P.- ¿Y actualmente cuál es la situación en Perú? ¿Qué queda de aquellos años terribles, plagados de atentados y muertes?
R.- Es un Perú que a nivel de cifras marcha muy bien. Económicamente es uno de los mejores países de América Latina pero, lamentablemente, también es uno de los más corruptos. Sendero Luminoso supuso un gran trauma en la población en lo que se refiere a la izquierda como proyecto político capaz de regir un país. Sendero Luminoso y sus integrantes eran ultraextremistas y retrógrados pero la gente se ha quedado con la impresión, entre el trauma y la violencia que ejercieron, de que la izquierda no trae nada bueno. A ello le ha sucedido no hace mucho la experiencia de Venezuela. Hoy día hay casi 400.000 venezolanos exiliados en el Perú y en Colombia más de millón y medio y de ellos, muchos están en la calle pidiendo limosna o aceptando trabajos degradantes para poder sobrevivir. Eso en el Perú ha terminado de deslegitimar por completo a la izquierda. Actualmente la gente está muy desencantada de la política y eso ha generado que empresarios poderosos  sin escrúpulos y muchos condenados por corrupción estén sentados en el Congreso. Y esto lo digo con gran tristeza y con gran vergüenza. Fujimori ha dejado un legado inmenso de corrupción y sus portavoces siguen ahí. Fue condenado y estuvo en prisión pero en 2017 obtuvo el indulto porque la gente le sigue recordando como el gran luchador contra Sendero Luminoso y de ser el artífice de la pacificación del Perú. La población está acostumbrada a la corrupción pero no a la guerra y con Fujimori se consiguió la paz. Ya no había miedo a salir, a que te pusiesen una bomba en una esquina.

Muchas gracias a la Editorial Nuevos Talentos y a María Penedo por descubrirme este libro y a este autor. Y millones de gracias a Rodrigo Murillo por su amabilidad y por la grata conversación. Aprendí mucho y descubrí cosas inesperadas.


martes, 17 de julio de 2018

LA TRAGEDIA DEL GIRASOL de Benito Olmo

No es sencillo volver a la normalidad. O al menos a algo parecido a ella. Por fin he podido encontrar la concentración para retomar la lectura, para meterme en mi burbuja de historias y páginas y, gracias a ella, conseguir un refugio que tiene mucho de bálsamo curativo. Leo, sí, pero me está costando enormemente sentarme a escribir y reseñar, como si un peso invisible tirase de mí hacia el silencio, hacia dejar todas las páginas en blanco. Como si me hubiese quedado sin nada qué decir que no esté dicho ya. Y, sin embargo, quiero hacerlo. Me apetece hacerlo porque me ilusiona y me llena. Quizá por eso he decidido volver a mi actividad bloguera con la reseña de un libro muy especial para mí: La tragedia del girasol de Benito Olmo. Tuve el honor y la suerte de poder leer el manuscrito original casi un año antes de su publicación porque Benito así me lo pidió, regalo que siempre le agradeceré por la confianza, no sé si merecida, que me demostró. Nadie supo que lo estaba leyendo, guardé el secreto con fidelidad casi perruna, pero tuve la certeza de que estaba ante una novela que iba a dar mucho que hablar, como así ha sido y espero que siga siendo.

Cuando leí La maniobra de la tortuga, la anterior y primera novela con Manuel Bianquetti como protagonista, me atrapó cómo estaba narrada. Sin alardes innecesarios, sin grandes giros sorpresa en el argumento, sin golpes de efecto de última hora, pero con una historia sólida y solvente, absolutamente real. Y también absolutamente negra, con un toquecito de los clásicos del género, un fondo innegable de denuncia social y, sobre todo, un personaje principal de los que dejan huella. Como yo, muchos lectores de esa novela deseábamos una nueva entrega y aquí la tenemos.

LAS HOJAS QUEMADAS DEL GIRASOL


Hace un año que Manuel Bianquetti está sin trabajo y sin sueldo debido a la suspensión que sufre. Trata de buscarse la vida como detective privado pero apenas consigue encargos. El único que tiene por ahora es localizar a una prostituta llamada Regina y su carácter, ya de por sí complicado, se va agriando por momentos. Silva, su antiguo compañero de la policía, le ofrece participar como miembro de la seguridad privada de Carlos Ferraro, un poderoso y acaudalado empresario que visita Cádiz por unos días acompañado de su nuera Mary. A regañadientes y poniendo por delante su poco comvencional personalidad, acepta el trabajo. Lo que parecía una labor sencilla se complica cuando Ferraro es asesinado por un francotirador en el estadio Ramón de Carranza durante un partido de fútbol. Bianquetti sospecha desde el principio de que detrás de que ha sucedido hay mucho más y se propone sacarlo a la luz, aunque quizá esta determinación le acabe costando cara.

EL CIEGO SOL, LA SED Y LA FATIGA...


                  "Mantenga su rostro al sol y no verá la sombra. Es lo que hacen los girasoles"
                                                                                                                                    Hellen Keller

Muchas han sido las reseñas que se han publicado ya de La tragedia del girasol, señal de que el nuevo libro de Benito Olmo ha despertado interés y curiosidad. Y casi todas inciden en los mismos puntos:  que es una novela negra de corte clásico, el carácter irreverente de Manuel Bianquetti y la presencia de una "femme fatàle" de manual. Estoy de acuerdo con todos ellos, pero esta novela es mucho más. Hay un fondo oscuro tamizado por las nubes grises que cubren el cielo de Cádiz en muchas páginas, alejando la ciudad de su imagen soleada y llena de luz. Hay un dibujo preciso de lo que se mueve por debajo y a los lados de la sociedad. Y también una feroz crítica a la impunidad de los poderosos, a los que el dinero hace intocables aunque pisoteen todas las leyes.

Obviamente sí que hay algo de clásico en el fondo y en la forma de La tragedia del girasol. Una investigación, un protagonista con problemas personales que no cumple ni con las normas ni con los cánones del buen policía, crímenes, bajos fondos. Pero insisto en que eso es sólo el envoltorio de una trama muy bien elaborada en la que todo cuadra sin trampas y sin sacar conejos de la chistera a última hora. Como en La maniobra de la tortuga, Cádiz vuelve a ser el escenario de la novela. Pero no nos moveremos por sus playas ni por geografía más conocida, sino por lugares que están ahí y no solemos mirar porque no los queremos ver, como si la imagen conocida de esta ciudad fuese un decorado que oculta la desagradable parte trasera. En esta ocasión también visitaremos junto a Bianquetti restaurantes de lujo, urbanizaciones suntuosas a pie de playa y el mismísimo estadio Ramón de Carranza, pero incluso en estos casos estaremos viendo sólo el recargado telón que esconde todo lo demás.


Manuel Bianquetti sigue siendo el gigante con malas pulgas de la anterior entrega, pero acumulando dentro de sí más amargura y sensación de fracaso. Lleva un año suspendido de empleo y sueldo intentando ganar dinero a base de anunciarse como detective privado. Pero hablamos de Cádiz, una ciudad devastada por el paro y en la que contratar ese tipo de servicios es casi impensable. Bianquetti podría buscar nuevos cotos de caza, volver a Madrid... pero no lo hace. Cristina le ata allí sin cuerdas, sólo con su presencia, su cariño y su piel aunque sea incapaz de decirle cuánto le importa, lo que siente por ella. Bianquetti, en las malas, aguanta los golpes y se levanta una y otra vez de la lona pero se rinde sin remedio ante quien quiere. Tiene un código moral único y personal que puede ser aterrador, pero que cumple a rajatabla aunque también, al contrario que el Cádiz por el que transita, bajo su aspecto esconde lo mejor. No pide ayuda, no quiere que quienes le importan sepan lo que hace, pero quizá le convendría.

De nuevo la narración transcurre de forma lineal,  sin fuegos artificiales que oculten lo fundamental. Un argumento poderoso, más de lo que parece, en el que saca a la luz ese Cádiz que se esconde tras  las playas y el turismo; el de las calles oscuras en las que no entra el sol, el del paro, la prostitución, los descampados y los polígonos semiabandonados, el que cierra los ojos a la corrupción y al narcotráfico. Benito Olmo hace descripciones que en realidad se basan en simples percepciones pero que retratan a la perfección lo que nos quiere mostrar. Nos da dos pinceladas y lo demás vuela en la imaginación del lector. Es más que evidente en el contraste entre las zonas brillantes, lujosas y excesivas de los ricos y los barrios más humildes, como el de Manuel o el de Cristina. O los lugares por los que transita Regina, arrastrando una vida que no quiere pero de la que no puede escapar.

El amor también está presente, aunque de formas muy diversas. El que hace girar la trama es el amor que destruye, el que impide ver más allá del ser amado y mantiene preso a quien lo siente. El amor del girasol por el sol, como bien deja claro el título de la novela. Jamás dejará de mirarlo aunque se abrase y se consuma. Pero también está el amor de un padre por su hija perdida. El de una mujer por el marido muerto por una mala decisión y que no entiende los motivos ni los quiere entender. El del propio Bianquetti por su hija Sol y por Cristina, aunque la mayor parte de las veces no sea capaz de exteriorizarlo. Aquí podría hablar de esa mujer fatal, Mary, el sol que abrasa a quien pone sus ojos en él, toda belleza, frialdad y estilo, que sabe usar como nadie el mostrarse desvalida, pero que esconde un carácter y una determinación pétreos. Hasta a Bianquetti es capaz de convencerle para que, durante un tiempo, baile a su son. Personalmente siempre me llama la atención que este tipo de mujeres sean capaces de derribar hasta a los hombres más curtidos, cuando lo cierto es que se las ve venir de lejos. Puede que sea, como decía un buen amigo mío, puritita envidia. Y de la mala.

El estilo de Benito Olmo muestra, en esta novela, una clara evolución con respecto a la anterior. Para mi gusto ha mejorado sustancialmente su manera de narrar. Marca perfectamente el "tempo" de la acción con capítulos cortos que mantienen de forma constante el interés del lector, sabe ir haciendo crecer la tensión pero sin retorcer el argumento. Mide de maravilla hasta dónde puede llevar las escenas más violentas para que sean reales y no caer en el "gore" ni en el exceso y las cuenta, además, de un modo muy visual. Hay mucho más oficio de escritor en La tragedia del girasol: no chirría ni un solo engranaje. No caigamos en el error de pensar que por escribir de manera fluida y sencilla, sin perderse en circunloquios, esta novela está poco elaborada: todo en ella está calculado y trabajado al milímetro. No hay problema si no habéis leído La maniobra de la tortuga, esta novela puede leerse de forma independiente. Dije en su momento que Benito Olmo y Manuel Bianquetti habían llegado para quedarse en el panorama de la mejor novela negra patria y hoy son una poderosa realidad. Dejadles que os seduzcan, os aseguro que va a ser toda una experiencia.