jueves, 29 de septiembre de 2022

EL NARANJAL Y LA GARZA de Neus Arqués

Creo que a fecha de hoy no hay nadie que me conozca que no lo sepa: la reina Juana es uno de mis personajes históricos favoritos. Su historia siempre me ha causado un respeto imponente, porque, a pesar de todo por lo que tuvo que pasar, vivió hasta una edad avanzada para la época, tuvo seis hijos completamente sanos que llegaron todos a ser reyes y reinas, era inteligente, tenía una formación exquisita (ya se ocupó su madre de ello, al igual que hizo con sus hermanas) y una cultura considerable. Pero también llevaba algo roto en su interior. Sé que seguramente mi opinión no está bien vista, pero el tan de moda "revisionismo histórico" a veces se empeña en no tomar en consideración las fuentes originales, los datos, los documentos... y se centran en teorías que se adapten a lo políticamente correcto o a lo que piensan que es verdad. De Juana se ha escrito de todo basándose supuestamente en documentación original, aunque buena parte de esos testimonios son posteriores a su muerte. Dejando todo esto a un lado, yo sí considero que Juana era una enferma mental cuyos males se agravaron tras el traslado a Flandes. Allí todo era extraño: desde el clima a las costumbres. Y el marido que le tocó en suerte era cualquier cosa menos buena persona. 

A Neus Arqués tuve la suerte de conocerla cuando ganó el Premio Mont Marçal, organizado por Roca Editorial, con su novela Caída libre, que muy poco tiene que ver con la que os traigo hoy. Porque El naranjal y la garza es una novela histórica (la del premio era narrativa contemporánea) que nos lleva a conocer los años menos visibles y conocidos de Juana en la corte borgoñona. Me llamó poderosamente la atención desde que vi la portada (preciosa) y leí el resumen y me he encontrado con una lectura con muchos aspectos positivos y otros que no me han convencido tanto, Así que mejor vamos a adentrarnos en sus páginas.

CASTILLA, POR LA REINA DOÑA JUANA

Tras despedirse de su madre y sus hermanos en Laredo, la infanta Juana se dirige a Flandes para casarse con el archiduque Felipe de Habsburgo. Como regalo especial, la reina Isabel le ha regalado el juego trobado, una baraja de cartas que retratan a las damas que la acompañan y a los conocidos de Juana. Cada carta cuenta con cuatro suertes: un árbol, un ave, un refrán y un romance. La carta de Juana contiene el naranjo, en alusión a su próxima boda, y la garza, que exalta su belleza. Con ella viajan dos de sus damas más queridas: doña María Manuel, hija del embajador de los Católicos en Flandes, y doña Ana de Beaumont, de una noble familia caída en desgracia en Navarra. Tras un viaje caótico, con pérdida de algunas naves (incluso la que contenía el ajuar de la infanta) arriban a Flandes.

La novela nos va relatar las vicisitudes de las tres mujeres y de otros miembros de séquito de Juana y de la corte borgoñona hasta el nombramiento, en el año 1500, de Juana como heredera de Castilla y Aragón. En esos cinco años tiempo habrá de todo y el juego trobado les sirve de entretenimiento, consuelo e, incluso, de pequeño oráculo doméstico de lo que está por llegar. Pero la corte borgoñona es un hervidero de intrigas y maquinaciones. El esposo de Juana, Felipe, es partidario de alianzas con Francia, algo que los Católicos no van a tolerar. Para Felipe, ambicioso y maquinador, se propone usar a su esposa para oponerse a la voluntad de sus suegros. Son años decisivos para la joven infanta y más cuando la muerte de sus hermanos la convierta en heredera. 

El planteamiento que nos trae Neus Arqués es original e interesante, porque todos, de alguna manera, conocemos los avatares de la reina Juana una vez que vuelve a Castilla. Pero se sabe bastante poco de lo que vivió en Flandes. Y de lo que padeció, que fue mucho. Llegó para casarse con apenas dieciseis años y con el orgullo de ser hija de quien era, para encontrarse con un auténtico impresentable cuya única hermosura (no hay más que ver los cuadros) era justear, cabalgar y bailar bien. Y la erótica del poder, claro. Pero la que era guapa era Juana y a los hechos me remito: cuando por fin se encuentran, después de demoras de todo tipo, Felipe queda tan impactado que exige la bendición de un sacerdote en ese mismo instante para poder consumar el matrimonio saltándose el protocolo, la liturgia y lo que se le hubiese puesto por delante.


Hay una cosa que no puedo dejar de mencionar: Neus Arqués no habla en ningún momento de los problemas mentales de Juana, ni siquiera de su "ánimo taciturno". Nos la muestra como una jovencita recién casada, que se engancha sin remedio a las artes amatorias de su esposo. He echado en falta algo más de profundidad psicológica en el personaje, aunque imagino que ha decidido hacerlo así para evitar caer en posibles estereotipos. Sí me ha gustado mucho cómo nos narra el aislamiento que Felipe y su corte la imponen, dejándola sin dinero y sin capacidad para pagar los sueldos, aislándola. El no poder contar con el consejo de su madre tampoco ayuda. Sí, la nueva corte es brillante, luminosa, alegre, llena de fiestas, pero ella y sus damas han de batallar por cada moneda. Y Juana no recibe las rentas que se suponía que debían llegarle según las actas de matrimonio.

También me ha sorprendido el, para mí, exceso de sexo a lo largo de toda la novela. Cierto es que las damas castellanas habían de buscar el modo de poder pagar sus trajes y accesorios, pero María Manuel, por ejemplo, no tiene ese problema y decide emplear todas sus armas de mujer. Vamos a encontrar también a una sobrina de la mismísima Beatriz de Bobadilla (dama de confianza y amiga personal de la reina Isabel) convertida en ama dominante. Y no solo ellas: hay escenas de cama de la propia Juana, de Felipe, hay forzamientos de damas en los pasillos, tríos... y hasta el momento de la pérdida de virginidad de Juana. Quiero pensar que esto también es buscado por la autora, que no está puesto porque sí, pero personalmente quizá lo hubiese reducido un poco, aunque respeto la decisión de Neus, por supuesto.

La vida de Juana en Flandes se nos va contando con detalle, incluyendo cómo ciertos miembros de su séquito se pasan al "bando" de Felipe quien, junto a su padre, intenta saltar por encima de las aspiraciones de los Católicos Felipe cuenta con espías en Castilla y Aragón y sabe lo que sucede allí con una presteza casi insólita. La opulencia de la que se ve rodeada Juana contrasta mucho con la sencillez con la que se ha criado. Hasta los constantes días nublados se le hacen complicados de soportar. Y a su alrededor no hacen más que crecer las víboras. El juego de cartas de su madre es su asidero y su alegría. Los romances que aparecen en los naipes pertenecen al Cancionero General de Hernando del Castillo y son realmente hermosos, lo que me ha parecido un acierto por parte de Neus.

Lo que más me ha entristecido, dentro de una novela que he leído con agrado y que creo que aporta muchas cosas buenas, es que no reconozco a Juana. Es como si no me hablase de ella. Me parece bien que Neus no quiera posicionarse acerca de su salud mental, pero ya antes de partir a Flandes había tenido comportamientos "peculiares", como su alejamiento de la religión y lo que se denominaban "estados crepusculares". Que algo le ocurría era evidente a ojos de su madre, por eso no la dejó sola ni un minuto antes de embarcar ni dejó de repetirle consejos. Por eso sufrió en sus carnes ataques de ira terribles de Juana cuando ella viajó a Castilla. Por eso dispuso lo que dispuso en su testamento. También era evidente para su padre y para el resto de familiares pero, con los años, unos y otros usaron sus desequilibrios (o los negaron) para su propio interés. 

Y unas notas curiosas (me perdonáis que me explaye un poquito, ¿verdad?): me hizo ilusión descubrir que uno de los personajes a los que más se hace referencia es Martín de Moxica (o Martín de Mújica), el tesorero de la reina Juana, uno de los que acabó comiendo de la mano de Felipe. Pero luego me di cuenta de que, por las fechas en que se enmarca la novela, su famoso diario no iba a aparecer. Y es que en 1504, cuando Juana vuelve a Flandes tras una estancia larga en Castilla, era tal su desequilibrio que Felipe le encarga a Moxica llevar un diario en el que se detallase con precisión el día a día de Juana para usarlo en su contra. Y, si hiciese falta, utilizarlo para incapacitarla y hacerse con el trono en solitario cuando llegase el momento. El diario se perdió, aunque hay testimonios que manifiestan que Fernando el Católico llegó a leerlo y sufrió enormemente. Aquí me gustaría hacer constar que no creo que el padre de Juana desease ningún mal para su hija. Su segundo matrimonio y su deseo de descendencia, en mi opinión, eran para darle un heredero a Aragón y dejar que en Castilla se despedazasen.

El naranjal y la garza es una novela ambiciosa y, como os decía, llena de detalles, bien documentada y que se lee con agrado. Mis peros son casi personales y, desde luego, no empañan el conjunto de un libro que merece la pena que descubráis. Quien sabe, quizá alguna de las cartas del juego trobado os definan u os marquen el camino. Pero Juana es siempre una apuesta segura. Mi señora doña Juana.


 

 



lunes, 26 de septiembre de 2022

OLIMPIA de Laura Mas

Acabado el verano, que ha tenido, en mi caso, mucho de atípico, con noticias muy felices y otras no tanto pero que, al final, parece que quedan en un sustillo, por fin mi cabeza deja de parecer un desierto y me animo a escribir. Además, en nada estaré en Úbeda, disfrutando de su maravilloso Certamen de Novela Histórica y estoy poniéndome al día en lecturas, preparando presentaciones e inmersa por completo en libros de temática histórica, con los que es muy fácil viajar y mirar con otros ojos lo que nos rodea.  Si a eso unimos que hace muy poco tuvimos en el Club de Lectura LL un encuentro vía Zoom con Laura Mas, podríamos decir que los astros se han alineado. Porque Laura fue la primera autora con la que tuvimos un encuentro de ese tipo después de los peores meses de la pandemia y, de alguna manera, es una bonita manera de cerrar el círculo traer aquí su nueva novela en el "inicio de curso".

Si ya con La maestra de Sócrates, su anterior novela, nos llevaba a conocer a Diotima, una mujer sabia que llegó a impresionar y a influir en el filósofo del título, adelantada a su tiempo y capaz de reescribir, de algún modo, la historia de la filosofía, en Olimpia mantiene la misma línea: contar la vida de otra mujer poderosa, fuerte y llena de matices cuya influencia no fue sobre un filósofo, sino con uno de los grandes generales y conquistadores de la Historia: Alejandro Magno. Nos vamos al siglo IV a.C. a conocerla.

SERÉ LA MADRE DE UN DIOS

En el año 357 a.C., Mírtale, una joven princesa de Epiro, contrae matrimonio con Filipo, el rey de Macedonia. Filipo ya tiene otras esposas, pero elige a Mírtale como su favorita. Mírtale tiene sueños premonitorios y un "consejero", Diocles, capaz de interpretarlos. En uno de ellos se le anuncia que su futuro hijo lo será también del mismo Zeus. Su afición por las serpientes, a las que trata como animales domésticos, no es del agrado de su esposo y, tras el nacimiento de su hijo, esto, sumado a su condición de extranjera, le granjeará el rechazo de muchos.

Si bien es cierto que no se conoce demasiado de la vida de la madre de Alejandro Magno, Laura utiliza los datos ciertos con una narración en primera persona para crear una historia tan apasionante y luminosa como cruel y oscura a veces. Mírtele, que cambiará su nombre por Olimpia cuando nazca su hijo, se verá envuelta en intrigas palaciegas y cortesanas que esconden interesadas luchas de poder. Su hijo ha desplazado como heredero a otro niño, la tensión es constante a su alrededor. Pero Olimpia tiene un carácter férreo, es inteligente y sabe usar sus armas. Además cuenta con la autoridad moral que le otorga ser madre del futuro heredero de Filipo de Macedonia. Si hay que luchar contra el mundo entero, Olimpia lo hará. Por su hijo.

Podría decirse que Alejandro Magno llegó a ser quién fue por la influencia directa de su madre. Y aquí escuchamos desde la primera línea la voz de Olimpia contando su vida, desgranando sus certezas y sus miedos, con un estilo muy directo que no abunda en largas descripciones; tampoco hay en Olimpia una narración densa y detallada, de hecho se producen constantes saltos en el tiempo, a veces breves, a veces un poquito más largos, que lo que consiguen es agilizar la acción y llegar a los puntos fundamentales que Laura Mas marca como más importantes en la vida de la protagonista. 

Y aún así, siendo ella quien narra, en ningún momento se ocultan a lector las esquinas más oscuras de Olimpia, las cosas a veces terribles que hubo de hacer para conseguir que su hijo llegase a trono. En ningún momento Laura trata de "blanquear" al personaje, nos la muestra con todas sus luces pero también con todas sus sombras. Olimpia fue capaz de lo mejor para encumbrar a su hijo, pero también de lo más terrible en una época en la que la vida no estaba garantizada y menos en los salones de los palacios. No se dulcifica al personaje, aunque sí se muestra un amor casi sobrehumano por su hijo, algo que, a pesar de que Olimpia lo considera normal, no parece demasiado natural a nuestros ojos.

En el libro van a aparecer secundarios de lujo, como el propio Filipo de Macedonia, Aristóteles o Platón. Y se mencionan muchos aspectos de la filosofía clásica y la mitología llevada a la literatura del momento, como La Iliada. Eso hace que la ambientación, sin contar con elaboradas descripciones ni dar todo lujo de detalles, sea muy real, nos transporta con facilidad a la época y al modo de pensar de Olimpia. A sus decisiones. Ella no se justifica, hace lo que considera que debe hacer, aunque eso signifique mancharse las manos de sangre.

Me ha resultado muy interesante la correspondencia que Alejandro y su madre mantenían cuando él estaba lejos.Se sabe que esas cartas existieron, pero Laura, en este caso, utiliza la ficción para dotarlas de contenido, al igual que lo hace para llenar los huecos que existen en la biografía de Olimpia. En todo caso, esa ficción es verosimil y se sostiene sin dificultad porque mantiene la lógica de pensamiento de la protagonista y se sujeta bien a los hechos que sí se conocen. Es obvia, incluso hoy día, con tantos siglos por medio, la influencia que tuvo Olimpia en la vida de su hijo, en las decisiones que tomó y en la mayoría de sus actos.

Sin desvelar nada del final, por supuesto, sí puedo contaros que la novela no termina con la muerte de Olimpia o con sus últimos días. He tenido la sensación de que el sol que la iluminaba se pone y su vida se tiñe por completo con la oscuridad del ocaso; hay mucho de melancolía en las páginas finales. 

Animaos a conocer a Olimpia. Escucharla es también escuchar la voz de un mundo que ya no existe, pero que fue el faro de una civilización. Un eco de lo que fue y se perdió, aunque sigue resonando fuerte, constante, recordándonos que estamos sostenidos por sombras de gigantes.