martes, 22 de noviembre de 2022

LAS DAMAS DE LA TELARAÑA de Nieves Muñoz



Cuando leí Las batallas silenciadas, la primera novela de Nieves Muñoz, lo primero que me sorprendió fue su ritmo narrativo, relamente ágil y que marcaba perfectamente la intensidad de cada escena. Me gustó descubrir el otro lado de una guerra tan cruel y descagarradora como resultó ser la I Guerra Mundial y verlo desde el punto de vista de las enfermeras que estaban allí, casi en primera línea, tratando de salvar vidas con Irene Curie a la cabeza. Era una novela que, a pesar de todo, trataba de transmitir esperanza y en la que se mostraban fuerzas y debilidades tanto de vencedores como de vencidos. Sí que es verdad que, cuando la comentamos en el podcast del Certamen de Novela Histórica de Úbeda, coincidimos en que había una parte de ella que no nos terminaba de cuadrar, aquella que tocaba el tema de la magia, aunque la autora tuvo la gentileza de explicarnos los motivos. 

Ahora, en Las damas de la telaraña, ese aspecto vuelve a aparecer, pero, quizá porque ya estaba preparada, no me ha resultado tan extraño esta vez. Creo que la historia que nos narra Nieves en esta novela tiene fuerza suficiente para que, si hay algo que no te convence demasiado, quede cubierto por ella. A mí me ha servido para asentarla como autora de novela histórica y para disfrutar de unos personajes que acaban por quedarse contigo, además de meterme por completo en una trama que lleva un crescendo fantástico desde los primeros capítulos. 

"ESTÁBAMOS ENVUELTOS EN ALGODÓN, EN HILOS DE SEDA, EN TELAS DE ARAÑA" ANAÏS NIN

Claudine y Niní son dos amigas inseparables a pesar de su diferente clase social. Las dos tienen un sueño: convertirse en la bailarina principal de la Ópera Garnier de París, pero el destino se confabula contra ellas. Niní pertenece a una buena familia y vive en un buen barrio parisino, pero Claudine malvive en Montmartre con su madre, que, en su día, fue prostituta de lujo. Al menos cuenta con el amor de Adrien y la amistan incondicional de Alain, sus refugios en los días malos y para evitar el peligro de las bandas que se han adueñado de las calles. Sus sueños acaban por romperse y sus caminos se separarán. Claudine se queda en París, pero le va a tocar vivir una auténtica pesadilla. Niní viajará a Togolandia, una antigua colonia alemana en África, lugar en el que va a sufrir lo indecible, pero reaparecerá como una mujer nueva en un hospital de Zurich.

El hilo que las une es mucho más fuerte de lo que pueden pensar. Y seguirán unidas a pesar de que acaben convirtiéndose en algo de lo que siempre quisieron huir: una vendiendo su cuerpo y la otra intentando conseguir los secretos del Imperio en medio de una guerra que empieza a despedazar Europa. Estamos en los albores de la I Guerra Mundial, en una época en la que aún las colonias en África eran una realidad. Vamos a conocer el París más luminoso y también el de los barrios más obreros y asistiremos al desastre que se avecina y que va a consumir buena parte del continente. Pero seremos testigos, sobre todo, de una historia profundamente humana con unos protagonistas capaces de quedarse en el corazón del lector.


 
Las damas de la telaraña es una novela dura, que en muchos capítulos va a conseguir estremecernos. No solo por las historias humanas que contiene, sino porque se nos desgrana el devenir de Alemania a nivel político y social, con las consecuencias que pocos años después tendría para Europa. Hay escenas difícilmente olvidables, que hacen sufrir, que se clavan en el alma. Pero también es una hermosa historia de amistad y lealtad con unos personajes que van creciendo y cambiando a lo largo de la novela, que resultan profundamente humanos, con defectos y virtudes. Junto a los personajes ficticios aparecen otros reales que, actualmente, nos resultan perfectos desconocidos pero que en su momento tuvieron gran importancia, como Rodrigo de Saavedra, diplomatico español de la embajada de España en Bruselas, cuya labor durante la ocupación alemana en Bélgica fue decisiva para salvar muchas vidas, o Edith Cavell, una enfermera británica que cobijó en su hospital de Bruselas a soldados tanto ingleses como alemanes y franceses. También me ha resultado apasionante conocer la red de espionaje de La Dama Blanca, integrada en su mayoría por mujeres.

La acción abarca casi veinte años. Las vidas de Claudine, Niní, Alain y Adrien se van intercalado con la convulsa situación europea y una guerra atroz que llenó el continente de muerte, hambre y pobreza. El estilo narrativo de Nieves, muy cuidado, es capaz de transmitir los sentimientos más nobles y también la crueldad y la crudeza cuando es necesario. Nos ha dejado una hermosa historia de amistad y superviviencia, en la que brillan con luz propia las ganas de vivir de sus protagonistas, de luchar por tener  un día más. La vida en los hospitales también pasa ante nuestros ojos (Nieves es enfermera y sabe de lo que habla) y resulta curioso saber que en Bélgica servían, además, como apoyo a las redes de espionaje, sobre todo por la coincidencia de soldados de diferentes nacionalidades,

Con Las damas de la telaraña, Nieves Muñoz da un salto adelante en su escritura con una novela intensa, dura y real en la que brillan de forma especial sus protagonistas. Quizá esos detallitos de magia ancestral, como en la novela anterior, sean los que menos me convencen, pero Nieves los pone con un propósito muy concreto que, creo, cada lector debe interpretar y valorar. Os recomiendo su lectura, sé que os va a convencer.

jueves, 17 de noviembre de 2022

COVA DONNICA, de Yeyo Balbás

Cuando hablo (o me hablan) de la batalla de Covadonga, no puedo evitar acordarme de mi hermana. Ella, tan poco amante de la Historia, a la que le costaba un mundo aprenderse nombres, fechas, guerras, personajes y todo lo que la asignatura conllevaba, siempre cuenta que sí hubo una cosa que se le grabó a fuego: la frase de uno de sus profesores que les dijo que "la victoria de don Pelayo en Covadonga no fue más que una mera escaramuza". De ahí en adelante no recordaba gran cosa. Es brillante en todo lo que hace, así que ya le voy cubriendo yo los huecos en la materia. Sobre la afirmación del profesor habría mucho que hablar. A estas alturas hay quien niega la mayor y asegura que la batalla de Covadonga no existió, quienes aseguran que militarmente no tuvo ninguna importancia, aunque supusiera el inicio de una rebelíon mayor, y quienes lo elevan a los altares como hito fundamental de la historia de España. ¿Mi opinión? Estoy convencida de que tal batalla existió y que, aunque militarmente no supusiera una gran y rotunda victoria para los astures, sí que abrió camino para seguir empujando, por decirlo de modo coloquial.

Cova Donnica, de Yeyo Balbás, la novela que hoy os traigo, ha sido la ganadora del XI Premio Ciudad de Úbeda de Novela Histórica y se entregó el galardón a su autor a principios de octubre, en el marco del certamen. Allí nos explicó que esta novela puede considerarse la continuación de una anterior suya, El reino imposible, aunque es independiente y como tal puede leerse. Yo desconocía este dato cuando la leí y lo cierto es que no he echado nada en falta ni me ha cojeado por ninguna parte. 

"AUNQUE FUERAIS TRECE VECES TRECE, YO NO ESTARÍA SOLO" - RODRIGO DÍAZ DE VIVAR

Han pasado seis años desde el desembarco de los musulmanes en la península. Corre el año 717 y el nuevo gobernador de al-Ándalus, Al-Hurr, está dispuesto a aniquilar los últimos y escasos focos de resistiencia visigoda. Bajo la despiadada tutela de Opas, el obispo de Toledo que traicionó a don Rodrigo, los principales linajes de lo que fue el reino visigodo han de enviar  rehenes a Córduba. El hijo del duque de Cantabria, Fruela, acude allí para garantizar la lealtad de su gente, pero su verdadero propósito es encontrarse con Pelayo, un noble astur, antiguo espatario del rey Rodrigo, y entregarle una carta que desencadenará una rebelión en las montañas del norte.

A su vez, en el otro lado del Mediterráneo, el imperio bizantino lucha por su supervivencia frente al mayor ejército sarraceno conocido. Mil ochocientas naves de guerra avanzan hacia Constantinopla y nada parece poder detenerlos.

Así, a priori, y leído solo el resumen, puede parecer que Yeyo Balbás está tocando momentos históricos diferentes y que nada tienen que ver uno con otro. Pero no es así, aunque en ocasiones nos parezca que la historia de las diferentes culturas o imperios van por separado. En el mismo momento histórico en que se luchaba en Covadonga, Constantinopla también lo hacía para evitar ser conquistada por los musulmanes. Existe (y creo que esa es la intención del autor) un claro paralelismo entre ambos hechos: victorias conseguidas ante un mismo enemigo más grande, más poderoso y mejor armado que supusieron un cambio, un punto de inflexión.

He de decir que, abstraída como me encontraba en la lectura de los hechos más nuestros, en la península, los saltos hacia lo que estaba ocurriendo en Constantinopla me sacaban un poco de sitio. Quería que transcurrieran rápido para volver aquí. Solo avanzando en la trama me di cuenta del motivo por el que Yeyo los intercalaba. De todas maneras, la novela trata mucho más ampliamente lo que sucede en los restos de la Hispania visigoda que en los del otro lado del Mediterráneo.

Personalmente, creo que es un acierto colocar a Fruela como protagonista. Es un personaje que te gana por completo, con todas sus virtudes y también con todos sus defectos. Seguir sus pasos es  sumergirte en una ambientación perfecta: se puede sentir el frío de las montañas del norte, el mismo que atraviesa el cuerpo de Fruela. El barro, la soledad, la falta de alimento... También resulta fascinante el dibujo que Yeyo Balbás hace de un imperio visigodo en ruinas, completamente devastado, con pueblos que ya son solo cascotes o un recuerdo, con la población mermada o prisionera y con los nobles y autoridades religiosas vendidos al mejor postor: los nuevos "amos" árabes que les conceden privilegios a cambio de traicionar a los suyos. Ese paisaje de mundo venido abajo me ha encantado, porque además se centra no en las grandes decisiones políticas ni en lo que ocurría en los focos de poder, sino que lo hace en la vida cotidiana, en cómo vivía la gente de a pie: sus casas, sus necesidades, sus penurias, sus familias. Todo eso consigue que te transportes allí y te empapes por completo.

También es un acierto haber dotado a los personajes de una humanidad absoluta. No todo es negro o blanco, hay una enorme gama de grises. Sus reacciones son las lógicas en el momento que les tocaba vivir. El ejemplo de Fruela es, quizá, el mejor. Vamos a conocer sus certezas, sus miedos, su valor, su lealtad, sus dudas, pero también su capacidad para amar, la ternura con la que trata a su hija, su deseo de proteger a su familia por encima de todo. Los protagonistas de Cova Donnica no son estatuas colocadas en un desfiladero como recuerdo de lo que fueron: son de carne y hueso, casi podemos escucharles.

Hay escenas de batallas relamente impactantes. No se trata de las grandes batallas que tendrían lugar años después, en campo abierto y con ejércitos más grandes, pero sí tienen importancia para lo que sucederá posteriormente en Covadonga. No hay nada del romanticismo de la guerra en ellas: hay sangre, hay vísceras, hay miedo, hay dolor. El autor no se recrea en ellas, pero sí nos las muestra con toda su crudeza. 

Si aún no la habéis leído, haceos con Cova Donnica y dejaos llevar. Puede que hayan pasado mil doscientos años de aquellos hechos, pero gracias a lo que ocurrió entonces hoy estamos aquí y somos lo que somos. Al magen de discusiones sobre la certeza o no (insisto en que yo sí estoy convencida) de lo que llevó a la batalla y de cómo se desarrolló esta, lo cierto es que fue lo suficientemente importante para que la Historia se girase y comenzase a llevar otro rumbo. Como le dijo Sebastián Copons a Íñigo en la novela de El capitán Alatriste: "Ve y cuenta lo que fuimos". En mi opinión, eso es lo que ha hecho Yeyo Balbás en esta novela. Disfrutadla.


lunes, 14 de noviembre de 2022

BALVANERA de Francisco Narla

Entre los muchos libros que abarrotan las estanterías de mi casa, tengo un especial cariño a los que me han dedicado sus autores, porque los siento más míos si cabe. Y de los que tengo dedicados, hay un hueco hecho en mi corazoncito para los de Francisco Narla, porque a sus palabras y su firma siempre añade un dibujo único que vas viendo nacer y crecer ante tus ojos, mientras él te habla o compartes detalles de la lectura con él. Conocí la literatura de Narla cuando, hace años, mi amiga Espe movió hilos para que el propio autor me mandase su libro firmado. Era Assur y me enamoré de su manera de escribir, del protagonista, ese héroe hispano que venció a los vikingos, y sobre todo de Furco, el perro que lo acompaña y que, creo, se acabó conviertiendo en la mascota deseada de todos los que leímos la novela.

En Balvanera, Francisco Narla nos traslada al siglo XVI, al Yucatán, en Nueva España, en un momento histórico en que la conquista estaba casi empezando, y con Europa en medio del conflicto entre la Reforma y la Contrarreforma. Y lo hace con una novela que lleva por subtítulo La puta beata, el fraile descreído, el indio cojo y el hideputa honrado, que ya es toda una declaración de intenciones. Supongo que la primera pregunta que todos nos hacemos cuando leemos la portada es cómo llegan a coincidir esos cuatro personajes y por qué. Pues embarquémonos en Balvanera, que va a haber muchas sorpresas.

UN PLAN, UNA NAO Y EL ROBO DEL PALO DE TINTE

Su madre era puta y su padre, inglés y aún sabiendo que el apellido era lo que conseguía hacerte vivir sin hambre, Camacho estaba empeñado en llevar una vida honrada y ganarse el pan. A pesar de ello, el destino se empeñó en mandar todos sus planes al carajo. Pero allí, en Nueva España, en el Yucatán, las bodegas de la Balvanera se están llenando con la mercancía más valiosa del momento: el palo de tinte. Y Camacho junto con tres peculiares compañeros, trama un plan para hacerse con parte de lo que guarda la nao, que prontó partirá para Sevilla.

¿Y cómo llegó Camacho a semejante tesitura, si su vida era la de un trabajador incansable y honrado? Los infaustos hados del destino quisieron que, cuando ya había ahorrado lo suficiente para emprender su propio negocio, una traición le hizo perder el dinero y los buenos pensamientos. Ya solo le queda la vida de la que siempre había tratado de escapar, visto su origen: robar y delinquir. Pero en su nueva faceta no va a estar solo: van a acompañarle Catalina, una puta beata, Gundemaro, un fraile franciscano más partidario de los burdeles que de las capillas, y un indio cojo que no pronuncia palabra. Entre todos maquinarán un plan que, si sale bien, puede sacarles de pobres para una buena temporada: robar en la nao Balvanera, que está cargada hasta los topes de palo de tinte. Este preciado material sirve para teñir los paños de negro y es muy apreciado en España, donde se pagan fortunas por él. La idea es arriesgada y tiene pocas posibilidades de salir bien, pero ¿quién sabe?

Camacho, el protagonista, es un ejemplo de la sociedad de la época: si no se era hidalgo, resultaba muy complicado abrirse camino. Tanto él como sus compañeros de "aventuras" y el resto de personajes que van apareciendo en la novela están maravillosamente dibujados y definidos. Son reales, están vivos y son profundamente humanos, con sus virtudes y defectos. Y lo mismo sucede con la ambientación de aquel Yucatán, con sus lluvias que parecían torrentes, su clima (tan diferente al español), los paisajes... es profundamente sensorial, porque casi pueden sentirse los olores, el calor, la humedad. Incluso degustar su gastronomía. 

En muchos momentos, la novela me ha parecido un homenaje, no sé si buscado o no, a la mejor novela pìcaresca española, en la que los que nada tienen buscan las vueltas y los medios para conseguir lo que necesitan. Pero también hay interesantes reflexiones acerca de la diferencia de clases y lo mucho que condicionaba tu nacimiento a la hora de caminar por la vida. Gundemaro, el fraile, le sirve al autor para tocar, sin profundizar en exceso y sin hacer un ensayo sobre el tema, un tema un tanto espinoso: el continuo enfrentamiento entre dominicos y franciscanos sobre el derecho que España tenía para la conquista y, sobre todo, el modo de hacerla.

Sus casi 700 páginas son una inmersión total en el tiempo y en el espacio, pero no es una novela que permita la lectura rápida. Francisco Narla utiliza un lenguaje cuidado, casi preciosista, que a muchos les puede obligar a tirar de dicionario, pero que a mí me ha fascinado y me ha permitido una lectura pausada, disfrutando de cada capítulo y de una historia original y muy brillante. Hasta me ha sacado más de una sonrisa; el sentido del humor es tan necesario como el drama o la tensión en una novela de este tipo. Si tengo que ponerle un pero, es que, en ocasiones, el ritmo se ralentiza y "rompe", de alguna manera la acción.

Merece mucho la pena unirse a la cuadrilla de Camacho y sus compañeros y descubrir qué era aquel palo de tinte que tanto se valoraba entonces. En la España de los Austrias, vestir de negro era signo de poderío y de buena posición y aquí vamos a descubrir bastantes curiosidades sobre el tema. Estamos ante una magnífica y sorprendente novela que no os va a dejar indiferentes, seguro. No la dejéis escapar, que la Balvanera partirá pronto.


miércoles, 19 de octubre de 2022

LARGA VIDA AL CERTAMEN DE ÚBEDA

Cada año, cuando me enfrento contar en forma de crónica lo vivido en el Certamen de Novela Histórica de Úbeda, me suelo quedar con la página de blog en blanco delante y mi mirada se va por encima de la pantalla, más allá del jardín, de la piscina (ahora cerrada y con el agua color otoño) y de los bloques de enfrente. Mis ojos puede que estén aquí, pero ya no veo con ellos, sino con la película de los recuerdos recientes. Y me vuelven los buenos ratos, las charlas en las que aprendo tanto, las conversaciones que no tengo en ningún otro sitio, las comidas conjuntas en las que se habla de todo, la alegria de reencontrarme con amigos y con Úbeda, una ciudad que ya considero parte de mi biografía y de mi geografía sentimental. Pero sobre todo rememoro los abrazos, las sonrisas, el sentirme parte de algo grande y maravilloso que, cada año, brilla más y se hace más importante. Volver cada año a Úbeda es volver a una burbuja de felicidad y pasión compartida. Y asombrarme, cada vez, del inmenso trabajo de los organizadores, con Pablo Lozano a la cabeza, que consiguen que todo fluya como si fuese lo más natural del mundo, aunque sé perfectamente que a veces tienen que hacer puro encaje de bolillos para que todo cuadre. Detrás hay muchas semanas y meses de trabajo, de multiplicarse, de solucionar problemas, de conseguir que autores, medios y público disfruten cada acto. No puedo dejar de reiterar mi agradecimiento: por la complicidad, por contar conmigo de nuevo, por la difusión que se hace de la literatura, de la historia, de la cultura, por las espléndidas recreaciones que consiguen que las calles se llenen de momentos históricos, por el buen ambiente que se crea. Por hacerme feliz, aunque suene cursi.

Este año era el primero del cambio de fecha (pasando de la segunda semana de noviembre a celebrarse del 5 al 10 de octubre), lo que ha facilitado ganar horas de luz de cara a las recreaciones y que el tiempo fuese realmente bueno. Para quienes visitan Úbeda y quieren aprovechar para asistir a alguna presentación o charla de los autores presentes, os aseguro que tienen muchos puntos de interés que se suman al turístico y a la belleza de las calles de la ciudad. Las firmas, por ejemplo, de los autores presentes, siempre son una feliz ocasión aunque, en ocasiones, las colas hayan sido importantes, como con Santiago Posteguillo y Paloma Sánchez Garnica. Y los libreros presentes se han mostrado contentos con las ventas. 


Este año el certamen se abrió el 5 de octubre con la presentación en la sede de la UNED del nuevo libro de Sebastián Lozano, miembro de la comisión organizadora, Los sueños efímeros. El jueves 6, también en la misma sede, tuvimos dos presentaciones más que interesantes. Primero el ubetense Marcos López Herrador, que nos habló de los últimos cien años de la Roma de Occidente, tan poco documentados y tratados, y de su trabajo de seis años para cerrar la trilogía La caída de Roma. Y usó la frase de Jean Cocteau para definirlos: lo hizo porque no sabía que era imposible. A continuación le tocó el turno a Santiago Mazarro, que hizo una defensa brillante y apasionada de su nueva novela, El fuerte de la Florida. Con un manífico equilibrio entre la parte histórica y la ficción, Santiago nos habló de lo olvidada que tenemos la historia de España en los actuales EE.UU. y de cómo allí perviven estos hechos y aquí ni siquiera los conocemos.

El viernes 7 de octubre es el día por excelencia de la llegada masiva de medios, periodistas, blogueros y autores al certamen. Y tras la comida, que dio ocasión para saludarnos y ponernos al día, la primera charla fue la de Alan Pitronello, ganador del VIII Premio de Novela Histórica Ciudad de Úbeda con La segunda expedición, que nos presentaba su segunda novela, Vientos de conquista, en la que vuelve a fechas similares a las de su libro anterior, aunque veinte años más tarde. Fernando, el protagonista, es "la cámara del lector en las Indias, para que viaje en el tiempo y enseñarle cómo era allí la vida" y volvió a reivindicar el mestizaje y a echar abajo la tan manida leyenda negra de la conquista. A continuación Nieves Muñoz nos trajo Las damas de la telaraña, una novela de personajes de carne y hueso que se ven inmersos en stuaciónes terribles, con el telón de fondo de la I Guerra Mundial. Su intención ha sido dar voz a personas normales, de las que nadie habla cuando se habla de historia. Fue una charla emotiva, intensa y que nos tocó, del alguna manera, el corazoncito.


 

A continuación llegaba uno de los platos fuertes del certamen, la presencia de Santiago Posteguillo. A pesar de celebrarse en una sala amplia y con bastante aforo, mucha gente se quedó de pie. Santiago dio una lección magistral no solo sobre Julio César, protagonista de su nueva saga de novelas, sino que se permitió muchos momentos de humor, contando anécdotas realmente divertidas que hicieron que el tiempo pasase volando. Se metió al público en el bolsillo, literalmente. Y estuvo, según me cuentan, más de hora y media firmando. Anécdota: cuando fue a buscar el coche, se lo había llevado la grua. Por suerte todo se solucionó en apenas media hora. Llegó el turno de José Luis Corral, que comenzó fuerte su presentación asegurando que "la batalla de Covadonga no existió". En su última novela, Matar al rey, intenta reconstruir una época sin caer en presentismos: la de Alfonso XI. No dejó a nadie indiferente, desde luego, especialmente cuando dejó caer que Alfonso X era un inútil y lo justificó con tantos datos que ganas daban de ponerse a investigar.

El último acto del día era la entrega del Premio Cerros de Úbeda, a la mejor novela histórica publicada en 2021, que había recaído en El juicio del agua, de Juan Francisco Ferrándiz, que se mostró realmente emocionado por recibir un premio votado por lectores. Nos habló de su novela, de cómo, tras las duras prácticas "legales" medievales se volvió al Derecho Romano y lo que supuso para Europa. "En cuanto hay justicia y seguridad, enseguida aflora la riqueza. Y esa vuelta al Derecho Romano trajo el Renacimiento, con todo lo que supuso". Un premio muy merecido para una gran novela.

El sábado, por tradición, es el "día grande" del certamen. Es cuando más charlas y presentaciones se producen y los actos, para quienes queremos estar en todos, se multiplican, aunque la organización se ha esforzado en que pudiésemos estar en todos. Madrugamos para escuchar a Paloma Orozco, que con La hija del loto ha supuesto un soplo de aire fresco en la novela histórica ambientada en Japón. Una novela muy sensorial con una documentación rigurosa y con unos personajes que se quedan con el lector por cómo evolucionan y cambian, dentro de una narración muy sensual y poética. Inmediatamente después ocupó su sitio Mario Escobar, que se definió desde el primer minuto como "escritor profesional" y en la novela que nos traía, La casa de los niños, aseguró que buscaba que los lectores participasen de su trama. También dejó caer una frase que me pareció muy interesante: que en la novela histórica española hay un exceso de localismo.

La siguiente autora invitada fue la portuguesa Isabel Stilwell, muy conocida en el pais vecino, y que nos presentaba Dos hermanas para un rey, una novela que narra la vida del rey Manuel I el Afortunado y sus dos matrimonios con dos hijas de los Reyes Católicos: Isabel, primero, y, a su muerte, María. Una época apasionante para Portugal, la de los grandes descubrimientos, y en la que conoceremos parte de la historia de España vista desde el otro lado de la frontera. El momento álgido de la mañana llegó con la entrega del Premio Ciudad de Úbeda a Yeyo Balbás, que lo ha ganado con su novela Covadonnica. También emocionado y feliz, nos contó pormenores de su obra, en la que Fruela y no Pelayo toma el protagonismo, y en la que se puede sentir la desolación de un reino que se desmorona, el frío del norte, el miedo. Se queda en la piel. 

Tras la comida, llegaba el turno para una mesa muy especial y que había creado expectación: la de editores de novela histórica. A última hora Claudia Casanova, de Atico Libros, no pudo estar presente, por lo que saltaron a la palestra Penélope Acero, de Edhasa, y Carlos Alonso, de Pàmies. Ambos hablaron de lo sucedido con las ventas en la pandemia, los problemas actuales por la subida de precios del papel, de equivocaciones muy sonadas con alguna novela en concreto y de como funciona su trabajo, además de la relación que mantienen con sus autores. Inmediatamente después tomaba la palabra David B. Gil, que venía con su novela Forjada en la tormenta, una historia que mezcla el misterio de unas desapariciones y la vida en el Japón feudal, poniendo el punto especialmente en  Yumiko, una cazadora local que ayudará a un samurai a buscar a los desaparecidos. Como siempre, David ha sabido crear una novela que atrapa y te transporta.

María Reig nos presentó Los mil nombres de la libertad, una novela ambientada en la Guerra de la Independencia, una época convulsa en la que las vidas de sus tres protagonistas transcurren y sufren. Como en el caso de Nieves Muñoz, son personas normales colocadas en un contexto histórico duro y complejo. Conocerlos nos sirve para conocer también los hechos, la historia, la realidad de lo que sucedía. Seguidamente Viviana Rivero habló de Una luz fuerte y brillante, una historia de amor en la sangrienta guerra de Siria entre un fotógrafo argentino y una joven árabe. La tarde se cerró con la presentación de Ilion, de Mario Villén, un "retelling" (que diría mi querida Ren, de momoko.blog) de La Iliada en el que afronta los personajes originales de la obra clásica intentando no alterar la imagen que de ellos tienen los lectores. Usando un lenguaje actual  y una estructura narrativa contemporánea para que sea más fácil de leer que el texto original, su intención ha sido respetar por completo los hechos y perfilar más a los protagonistas, darles más fondo.

La jornada del domingo en cuanto a charlas con escritores se limitó a actos por la mañana. Comenzó Dativo Donate que hizo una brillante presentación de La isla de Caravaggio, finalista del premio Ciudad de Úbeda en 2021. Explicó que, ante todo, quiere tener claro que debe hacer disfrutar al lector, pero también hacérselo pasar mal y eso lo hace insuflando vida a los personajes, que no sean bustos parlantes. La suya es una novela de capa y espada, pero el protagonista tiene amigos, relaciones, conversaciones...está vivo, como todos los que le rodean. A continuación Olalla García presentó La buena esposa en la que nos narra la vida de Francisca de Pedraza, una mujer muy conocida en Alcalá de Henares, pero que muy poca gente sabe por qué. Y es que fue la primera mujer que consiguió el divorcio de su marido en el siglo XVII, algo absolutamente extraordinario. Olalla nos convenció a todos con lo que nos contó y su presentación se hizo realmente corta. 

Le tocaba el turno a Víctor Fernández Correas que nos traía su última novela, Muhlberg, en la que nos narra la noche previa a la batalla allí sucedida y los hechos que marcaron el destino de Europa en su momento y la propia vida de Carlos I. Una novela de batalla, dura, de combate, pero también con escenas y diálogos muy divertidos, "porque el humor está presente en todas las facetas de la vida", aseguró Víctor. Y finalmente se entregó el Premio Ivanhoe a la trayectoria literaria a Paloma Sánchez Garnica y, tras el acto, nos habló de su última novela, finalista del Premio Planeta, Últimos días en Berlín y de la época en que transcurre, del auge del nazismo y el comunismo como regímenes totalitarios y de terror. Un acto que congregó a mucho público y que dejó un gran sabor de boca.

El último acto del certamen en esta edición fue el lunes 10, con la presencia de Espido Freire en la sede de la UNED, acto al que no pude asistir por estar ya de vuelta en Madrid, pero que, por lo contado por los asistentes, fue realmente interesante y gustó mucho.

Además de todos estos actos literarios, hay que sumar las estupendas recreaciones históricas que jalonaron todos los días del certamen y en los que participaron, junto a los recreadores profesionales que tan bien lo hacen y que se dejan la piel en cada escenario (Bernardino, José, Alma, Jesús...), tanto escritores e invitados al certamen, como un buen número de vecinos de Úbeda, que se sumaron a la fiesta con el mejor humor. El tiroteo en Raven City, La frontera Sioux y Justicia en Dodge City pusieron el ambiente del lejano oeste; el Saqueo de Vethula nos llevó al momento en que los íberos intentaban impedir que los romanos saqueasen su población. Y el Levantamiento de Riego en Cabezas de San Juan, quizá la recreación más espectacular de esos días, puso en las calles el momento en que Rafael de Riego se pronunció en Cabezas de San Juan a favor de la Constitución, abriendo el camino para el primer régimen liberal de la historia de España.


 

No puedo olvidarme de las alegrías que nos está reportando el podcast del certamen, porque fueron varios los oyentes que se desplazaron a Úbeda (incluso desde Valencia, gracias, José) a disfrutar de las presentaciones y el magnífico ambiente que se respira esos días. Reconozco que me emocionaron sus palabras y saber que nos escuchan y nos valoran. Es una sensación muy cálida. Compartir estos días también con mis compañeros del podcast me ha supuesto un subidón de energía de la buena. Sois los mejores Pablo, Pedro, Ren, David y Eva. Y, por supuesto, estar allí y reir con mis chicas del Club de Lectura LL, Pepa, Ascen, Estefanía y Ana (se te echó mucho de menos, Belén)

Tengo que agradecer a Jesús Delgado por las muchas de las fotografías que adornan este post y por su eterno buen humor. A Begoña, que está pendiente de todo y sabe cómo "desfacer" los muchos entuertos que se crean cuando hay que movilizar a tanta gente. A Lucía, que estaba en todo. A Cecilia, a la que siempre es un gustazo escuchar. Ya queda menos para la edición 2023 del certamen y estoy segura de que será aún mejor. Hay mucha y buena energía concentrada allí. Animaos e id preparando vuestro viaje, os esperan grandes momentos, creedme.



martes, 4 de octubre de 2022

BLANCO INMACULADO de Noelia Lorenzo Pino

Qué complicado es ser original actualmente en la novela negra, un género que ha ido evolucionando, cambiando, creando mestizajes interesantes. La novela negra pura se diluye ahora en novelas que mezclan el thriller, la novela policiaca, el "domestic noir", la intriga, los odios enconados del mundo más rural... y lo cierto es que hay tramas realmente entretenidas, que te mantienen interesada hasta la última página. También hay auténticos novelones, con una calidad abrumadora. Y algunas más de las que me gustaría muy amigas de sacar conejos de la chistera y jugar al efecto sorpresa, aunque sea traido por lo pelos o, en ocasiones, haciendo trampa, literalmente,cosa que me da bastante rabia porque me da la sensación de que les importa más ser sensacionalistas que la coherencia. Por suerte el catálogo de títulos es amplio y siempre se pueden encontrar novelas que conjuguen lo original con un buen hilo argumental, un desarrollo que quite el aliento y un buen final.

Leer Blanco Inmaculado me ha supuesto una agradable sorpresa porque el planteamiento es diferente: una comunidad cerrada, una secta, supuestamente pacífica, tranquila y de vida casi monacal y campestre, se ve sacudida por el asesinato de uno de sus miembros: una chica de catorce años. No llega a ser un miserio de "puerta cerrada", aunque se le acerque, porque al caserío del crimen no es difícil acceder. Noelia ha sabido construir una historia llena de silencios, de mentiras, de medias verdades, de mujeres fuertes y de un pasado que marca el presente de muchas maneras y no siempre de la forma que debería. Y todo ello en los montes que rodean Irún, con su naturaleza verde y casi salvaje. Sin más preámbulos, vamos a conocer al los Fritz.

TODOS LOS COLORES DEL MUNDO ESTÁN EN EL BLANCO

Los Fritz son una comunidad-santuario que permanece al margen de la sociedad y se dedican, para su mantenimiento y sustento, a la confección de prendas de vestir artesanales de gran calidad e inmaculadamente blancas. Pero su modo de vida ajeno a todo se va a ver sacudido cuando se produce un incendio en una de las habitaciones del caserío en que viven, en los montes de Irún. Cuando los bomberos acuden a extinguirlo, encuentran el cadáver amordazado y sin vida de una chica de catorce años, Ari, una de los miembros más jóvenes de la comunidad. El caso llega a la Sección de Casos de la comisaría de la Ertzaintza, que se va a ver obligada a lidiar con la poca colaboración y el hermetismo de los miembros de la secta, sometidos a unas reglas muy estrictas que se niegan a quebrantar. La Sección acaba solicitando la ayuda de la oficial Lur de las Heras, que se encuentra de baja por una enfermedad que cada vez limita más sus movimientos y a la que los médicos no encuentran explicación. A su lado trabajará la patrullera Maddi Blasco, una mujer llena de energía, que se va a convertir en el mejor apoyo de Lur. ¿Quién mató a Ari? ¿El asesino sigue en el caserío, pertenece a la extraña comunidad, o vino de fuera? Y si fue así, ¿qué motivo podría tener?

Realmente el escenario es de lo más atrayente, porque hay algo en las sectas y en este tipo de comunidades que nos llama poderosamente la atención. Recuerdo ahora el interés que despiertan desde hace mucho tiempo los miembros de la comunidad Amish, que se mantienen al margen de todos los adelantos técnicos y viven bajo lo que denominan un "estilo de vida sencilla". Granjeros y agricultores, muy religiosos y también muy peculiares para quienes los vemos desde fuera. Los Fritz, de alguna manera, me los recuerdan un poco. Esta comunidad, tal como se nos cuenta en la novela, tuvo su origen en Ibiza, en un matrimonio alemán que, ante la noticia de que no podían tener hijos, crearon un hogar para personas que se encontraban solas y buscaban otro modo de vivir. En la actualidad, los Fritz originales ya no existen, y un grupo de sus primeros "adeptos" dirige la organización.


Todo en esta comunidad está reglado, sometido a normas estrictas. Y todos visten de un blanco luminoso. Las policías van a descubrir una actividad empresarial realmente provechosa, sin ser un emporio, gracias a la venta de prendas artesanales que las diferentes "casas" de los Fritz, repartidas por España, elaboran con mimo y se venden realmente bien. En la comisaría todos los miembros del caserío en el que ha ocurrido el crimen mantienen la misma versión, sin fisuras. Y todos parecen devastados por la noticia de la muerte de Ari. Pero los Fritz tienen enemigos: vecinos cercanos al caserío y una organización que hace todo lo posible por "liberar" a miembros de la secta.

Un planteamiento que se te agarra con fuerza en cuanto empiezas a leer. Pero no puedo negaros que he notado algunos paralelismos (no creo que la autora los busque a propósito, pero sí son evidentes) con, por ejemplo, la trilogía de Baztán, de Dolores Redondo, y la de la Ciudad Blanca, de Eva García Sáenz de Urturi. De la primera, por el paisaje, salvaje, verde, profundo, con un toque inquietante. Y, de las dos, el pequeño "ritual" que Lur realiza cuando llega hasta el cadáver de Ari, que me recuerda al que tanto Amaya Salazar como el Kraken hacen en situaciones similares. Y en un momento muy concreto sí hay un detalle (pequeño) de conejito saliendo de la chistera, pero que no afecta en absoluto a la trama principal ni a la resolución. Ya conocéis mi vena tiquismiquis.

Las descripciones de los paisajes son muy sensoriales, llenas de matices, pero sin caer en párrafos eternos. La humedad, los colores, la textura del suelo, cómo cae la noche... Los olores son también una constante a lo largo de las páginas, tanto los buenos como los malos. La comida, la ropa confeccionada por los Fritz, el olor de la lluvia en el monte... y también el olor a quemado, a peligro. Entre líneas, pero muy evidente, la crítica hacia un sistema de vida en la comunidad Fritz donde las mujeres apenas tienen un papel relevante y están sometidas en todo a los hombres. Lur y Maddi, por su parte, sn dos mujeres fuetes y sensibles a la vez. La autora huye de los esterotipos de mujeres duras, solitarias y cargadas con algún trauma: normaliza el papel de la mujer en la policía. Trabajan con y entre hombres, pero no tratan de quedar por encima o hacer reclamaciones artificiales.

Me han gustado mucho las pequeñas historias que se cuentan de la vida de miembros de la secta, de cómo llegaron a ella y por qué, de su deseo de pertenencia a un grupo, de verse arropados y queridos. Todos cuidan de todos, pero cuando necesitan ayuda externa no la piden. También las escenas de la vida persona de Maddi, casada también con un policía, que debe lidiar con los celos de él por haber conseguido estar en una investigación de asesinato. Todas sus situaciones cotidianes, los silencios y los reproches que van emponzoñando la relación y la convivencia. Pero Maddi no dará su brazo a torcer ni perderá una gran oportunidad profesional simplemente por tener la fiesta en paz.

Detrás de este Blanco Inmaculado hay muchas sombras, muchas esquinas oscuras. No todo es tan radiante ni tan idílico. Y la mejor metáfora de ello es el contraste entre la limpieza impecable del caserío y el desván que hay arriba, lleno de trastos, sucio y húmedo. Una buena novela en la que el misterio, al final, va a tener muchas caras y muchos hilos de los que tirar. A veces solo hay que saber mirar debajo de las limpias alfombras.


jueves, 29 de septiembre de 2022

EL NARANJAL Y LA GARZA de Neus Arqués

Creo que a fecha de hoy no hay nadie que me conozca que no lo sepa: la reina Juana es uno de mis personajes históricos favoritos. Su historia siempre me ha causado un respeto imponente, porque, a pesar de todo por lo que tuvo que pasar, vivió hasta una edad avanzada para la época, tuvo seis hijos completamente sanos que llegaron todos a ser reyes y reinas, era inteligente, tenía una formación exquisita (ya se ocupó su madre de ello, al igual que hizo con sus hermanas) y una cultura considerable. Pero también llevaba algo roto en su interior. Sé que seguramente mi opinión no está bien vista, pero el tan de moda "revisionismo histórico" a veces se empeña en no tomar en consideración las fuentes originales, los datos, los documentos... y se centran en teorías que se adapten a lo políticamente correcto o a lo que piensan que es verdad. De Juana se ha escrito de todo basándose supuestamente en documentación original, aunque buena parte de esos testimonios son posteriores a su muerte. Dejando todo esto a un lado, yo sí considero que Juana era una enferma mental cuyos males se agravaron tras el traslado a Flandes. Allí todo era extraño: desde el clima a las costumbres. Y el marido que le tocó en suerte era cualquier cosa menos buena persona. 

A Neus Arqués tuve la suerte de conocerla cuando ganó el Premio Mont Marçal, organizado por Roca Editorial, con su novela Caída libre, que muy poco tiene que ver con la que os traigo hoy. Porque El naranjal y la garza es una novela histórica (la del premio era narrativa contemporánea) que nos lleva a conocer los años menos visibles y conocidos de Juana en la corte borgoñona. Me llamó poderosamente la atención desde que vi la portada (preciosa) y leí el resumen y me he encontrado con una lectura con muchos aspectos positivos y otros que no me han convencido tanto, Así que mejor vamos a adentrarnos en sus páginas.

CASTILLA, POR LA REINA DOÑA JUANA

Tras despedirse de su madre y sus hermanos en Laredo, la infanta Juana se dirige a Flandes para casarse con el archiduque Felipe de Habsburgo. Como regalo especial, la reina Isabel le ha regalado el juego trobado, una baraja de cartas que retratan a las damas que la acompañan y a los conocidos de Juana. Cada carta cuenta con cuatro suertes: un árbol, un ave, un refrán y un romance. La carta de Juana contiene el naranjo, en alusión a su próxima boda, y la garza, que exalta su belleza. Con ella viajan dos de sus damas más queridas: doña María Manuel, hija del embajador de los Católicos en Flandes, y doña Ana de Beaumont, de una noble familia caída en desgracia en Navarra. Tras un viaje caótico, con pérdida de algunas naves (incluso la que contenía el ajuar de la infanta) arriban a Flandes.

La novela nos va relatar las vicisitudes de las tres mujeres y de otros miembros de séquito de Juana y de la corte borgoñona hasta el nombramiento, en el año 1500, de Juana como heredera de Castilla y Aragón. En esos cinco años tiempo habrá de todo y el juego trobado les sirve de entretenimiento, consuelo e, incluso, de pequeño oráculo doméstico de lo que está por llegar. Pero la corte borgoñona es un hervidero de intrigas y maquinaciones. El esposo de Juana, Felipe, es partidario de alianzas con Francia, algo que los Católicos no van a tolerar. Para Felipe, ambicioso y maquinador, se propone usar a su esposa para oponerse a la voluntad de sus suegros. Son años decisivos para la joven infanta y más cuando la muerte de sus hermanos la convierta en heredera. 

El planteamiento que nos trae Neus Arqués es original e interesante, porque todos, de alguna manera, conocemos los avatares de la reina Juana una vez que vuelve a Castilla. Pero se sabe bastante poco de lo que vivió en Flandes. Y de lo que padeció, que fue mucho. Llegó para casarse con apenas dieciseis años y con el orgullo de ser hija de quien era, para encontrarse con un auténtico impresentable cuya única hermosura (no hay más que ver los cuadros) era justear, cabalgar y bailar bien. Y la erótica del poder, claro. Pero la que era guapa era Juana y a los hechos me remito: cuando por fin se encuentran, después de demoras de todo tipo, Felipe queda tan impactado que exige la bendición de un sacerdote en ese mismo instante para poder consumar el matrimonio saltándose el protocolo, la liturgia y lo que se le hubiese puesto por delante.


Hay una cosa que no puedo dejar de mencionar: Neus Arqués no habla en ningún momento de los problemas mentales de Juana, ni siquiera de su "ánimo taciturno". Nos la muestra como una jovencita recién casada, que se engancha sin remedio a las artes amatorias de su esposo. He echado en falta algo más de profundidad psicológica en el personaje, aunque imagino que ha decidido hacerlo así para evitar caer en posibles estereotipos. Sí me ha gustado mucho cómo nos narra el aislamiento que Felipe y su corte la imponen, dejándola sin dinero y sin capacidad para pagar los sueldos, aislándola. El no poder contar con el consejo de su madre tampoco ayuda. Sí, la nueva corte es brillante, luminosa, alegre, llena de fiestas, pero ella y sus damas han de batallar por cada moneda. Y Juana no recibe las rentas que se suponía que debían llegarle según las actas de matrimonio.

También me ha sorprendido el, para mí, exceso de sexo a lo largo de toda la novela. Cierto es que las damas castellanas habían de buscar el modo de poder pagar sus trajes y accesorios, pero María Manuel, por ejemplo, no tiene ese problema y decide emplear todas sus armas de mujer. Vamos a encontrar también a una sobrina de la mismísima Beatriz de Bobadilla (dama de confianza y amiga personal de la reina Isabel) convertida en ama dominante. Y no solo ellas: hay escenas de cama de la propia Juana, de Felipe, hay forzamientos de damas en los pasillos, tríos... y hasta el momento de la pérdida de virginidad de Juana. Quiero pensar que esto también es buscado por la autora, que no está puesto porque sí, pero personalmente quizá lo hubiese reducido un poco, aunque respeto la decisión de Neus, por supuesto.

La vida de Juana en Flandes se nos va contando con detalle, incluyendo cómo ciertos miembros de su séquito se pasan al "bando" de Felipe quien, junto a su padre, intenta saltar por encima de las aspiraciones de los Católicos Felipe cuenta con espías en Castilla y Aragón y sabe lo que sucede allí con una presteza casi insólita. La opulencia de la que se ve rodeada Juana contrasta mucho con la sencillez con la que se ha criado. Hasta los constantes días nublados se le hacen complicados de soportar. Y a su alrededor no hacen más que crecer las víboras. El juego de cartas de su madre es su asidero y su alegría. Los romances que aparecen en los naipes pertenecen al Cancionero General de Hernando del Castillo y son realmente hermosos, lo que me ha parecido un acierto por parte de Neus.

Lo que más me ha entristecido, dentro de una novela que he leído con agrado y que creo que aporta muchas cosas buenas, es que no reconozco a Juana. Es como si no me hablase de ella. Me parece bien que Neus no quiera posicionarse acerca de su salud mental, pero ya antes de partir a Flandes había tenido comportamientos "peculiares", como su alejamiento de la religión y lo que se denominaban "estados crepusculares". Que algo le ocurría era evidente a ojos de su madre, por eso no la dejó sola ni un minuto antes de embarcar ni dejó de repetirle consejos. Por eso sufrió en sus carnes ataques de ira terribles de Juana cuando ella viajó a Castilla. Por eso dispuso lo que dispuso en su testamento. También era evidente para su padre y para el resto de familiares pero, con los años, unos y otros usaron sus desequilibrios (o los negaron) para su propio interés. 

Y unas notas curiosas (me perdonáis que me explaye un poquito, ¿verdad?): me hizo ilusión descubrir que uno de los personajes a los que más se hace referencia es Martín de Moxica (o Martín de Mújica), el tesorero de la reina Juana, uno de los que acabó comiendo de la mano de Felipe. Pero luego me di cuenta de que, por las fechas en que se enmarca la novela, su famoso diario no iba a aparecer. Y es que en 1504, cuando Juana vuelve a Flandes tras una estancia larga en Castilla, era tal su desequilibrio que Felipe le encarga a Moxica llevar un diario en el que se detallase con precisión el día a día de Juana para usarlo en su contra. Y, si hiciese falta, utilizarlo para incapacitarla y hacerse con el trono en solitario cuando llegase el momento. El diario se perdió, aunque hay testimonios que manifiestan que Fernando el Católico llegó a leerlo y sufrió enormemente. Aquí me gustaría hacer constar que no creo que el padre de Juana desease ningún mal para su hija. Su segundo matrimonio y su deseo de descendencia, en mi opinión, eran para darle un heredero a Aragón y dejar que en Castilla se despedazasen.

El naranjal y la garza es una novela ambiciosa y, como os decía, llena de detalles, bien documentada y que se lee con agrado. Mis peros son casi personales y, desde luego, no empañan el conjunto de un libro que merece la pena que descubráis. Quien sabe, quizá alguna de las cartas del juego trobado os definan u os marquen el camino. Pero Juana es siempre una apuesta segura. Mi señora doña Juana.


 

 



lunes, 26 de septiembre de 2022

OLIMPIA de Laura Mas

Acabado el verano, que ha tenido, en mi caso, mucho de atípico, con noticias muy felices y otras no tanto pero que, al final, parece que quedan en un sustillo, por fin mi cabeza deja de parecer un desierto y me animo a escribir. Además, en nada estaré en Úbeda, disfrutando de su maravilloso Certamen de Novela Histórica y estoy poniéndome al día en lecturas, preparando presentaciones e inmersa por completo en libros de temática histórica, con los que es muy fácil viajar y mirar con otros ojos lo que nos rodea.  Si a eso unimos que hace muy poco tuvimos en el Club de Lectura LL un encuentro vía Zoom con Laura Mas, podríamos decir que los astros se han alineado. Porque Laura fue la primera autora con la que tuvimos un encuentro de ese tipo después de los peores meses de la pandemia y, de alguna manera, es una bonita manera de cerrar el círculo traer aquí su nueva novela en el "inicio de curso".

Si ya con La maestra de Sócrates, su anterior novela, nos llevaba a conocer a Diotima, una mujer sabia que llegó a impresionar y a influir en el filósofo del título, adelantada a su tiempo y capaz de reescribir, de algún modo, la historia de la filosofía, en Olimpia mantiene la misma línea: contar la vida de otra mujer poderosa, fuerte y llena de matices cuya influencia no fue sobre un filósofo, sino con uno de los grandes generales y conquistadores de la Historia: Alejandro Magno. Nos vamos al siglo IV a.C. a conocerla.

SERÉ LA MADRE DE UN DIOS

En el año 357 a.C., Mírtale, una joven princesa de Epiro, contrae matrimonio con Filipo, el rey de Macedonia. Filipo ya tiene otras esposas, pero elige a Mírtale como su favorita. Mírtale tiene sueños premonitorios y un "consejero", Diocles, capaz de interpretarlos. En uno de ellos se le anuncia que su futuro hijo lo será también del mismo Zeus. Su afición por las serpientes, a las que trata como animales domésticos, no es del agrado de su esposo y, tras el nacimiento de su hijo, esto, sumado a su condición de extranjera, le granjeará el rechazo de muchos.

Si bien es cierto que no se conoce demasiado de la vida de la madre de Alejandro Magno, Laura utiliza los datos ciertos con una narración en primera persona para crear una historia tan apasionante y luminosa como cruel y oscura a veces. Mírtele, que cambiará su nombre por Olimpia cuando nazca su hijo, se verá envuelta en intrigas palaciegas y cortesanas que esconden interesadas luchas de poder. Su hijo ha desplazado como heredero a otro niño, la tensión es constante a su alrededor. Pero Olimpia tiene un carácter férreo, es inteligente y sabe usar sus armas. Además cuenta con la autoridad moral que le otorga ser madre del futuro heredero de Filipo de Macedonia. Si hay que luchar contra el mundo entero, Olimpia lo hará. Por su hijo.

Podría decirse que Alejandro Magno llegó a ser quién fue por la influencia directa de su madre. Y aquí escuchamos desde la primera línea la voz de Olimpia contando su vida, desgranando sus certezas y sus miedos, con un estilo muy directo que no abunda en largas descripciones; tampoco hay en Olimpia una narración densa y detallada, de hecho se producen constantes saltos en el tiempo, a veces breves, a veces un poquito más largos, que lo que consiguen es agilizar la acción y llegar a los puntos fundamentales que Laura Mas marca como más importantes en la vida de la protagonista. 

Y aún así, siendo ella quien narra, en ningún momento se ocultan a lector las esquinas más oscuras de Olimpia, las cosas a veces terribles que hubo de hacer para conseguir que su hijo llegase a trono. En ningún momento Laura trata de "blanquear" al personaje, nos la muestra con todas sus luces pero también con todas sus sombras. Olimpia fue capaz de lo mejor para encumbrar a su hijo, pero también de lo más terrible en una época en la que la vida no estaba garantizada y menos en los salones de los palacios. No se dulcifica al personaje, aunque sí se muestra un amor casi sobrehumano por su hijo, algo que, a pesar de que Olimpia lo considera normal, no parece demasiado natural a nuestros ojos.

En el libro van a aparecer secundarios de lujo, como el propio Filipo de Macedonia, Aristóteles o Platón. Y se mencionan muchos aspectos de la filosofía clásica y la mitología llevada a la literatura del momento, como La Iliada. Eso hace que la ambientación, sin contar con elaboradas descripciones ni dar todo lujo de detalles, sea muy real, nos transporta con facilidad a la época y al modo de pensar de Olimpia. A sus decisiones. Ella no se justifica, hace lo que considera que debe hacer, aunque eso signifique mancharse las manos de sangre.

Me ha resultado muy interesante la correspondencia que Alejandro y su madre mantenían cuando él estaba lejos.Se sabe que esas cartas existieron, pero Laura, en este caso, utiliza la ficción para dotarlas de contenido, al igual que lo hace para llenar los huecos que existen en la biografía de Olimpia. En todo caso, esa ficción es verosimil y se sostiene sin dificultad porque mantiene la lógica de pensamiento de la protagonista y se sujeta bien a los hechos que sí se conocen. Es obvia, incluso hoy día, con tantos siglos por medio, la influencia que tuvo Olimpia en la vida de su hijo, en las decisiones que tomó y en la mayoría de sus actos.

Sin desvelar nada del final, por supuesto, sí puedo contaros que la novela no termina con la muerte de Olimpia o con sus últimos días. He tenido la sensación de que el sol que la iluminaba se pone y su vida se tiñe por completo con la oscuridad del ocaso; hay mucho de melancolía en las páginas finales. 

Animaos a conocer a Olimpia. Escucharla es también escuchar la voz de un mundo que ya no existe, pero que fue el faro de una civilización. Un eco de lo que fue y se perdió, aunque sigue resonando fuerte, constante, recordándonos que estamos sostenidos por sombras de gigantes.