lunes, 4 de marzo de 2024

EN EL NOMBRE DEL PODER de Juanjo Braulio

 Es verdad, lo reconozco, esto no me lo esperaba. Porque desde que leí Sucios y malvados, la anterior novela de Juanjo Braulio, allá por 2017, no dejaba de esperar con impaciencia un nuevo lanzamiento. Y, oh, sorpresa: volvía al ruedo de las publicaciones, pero no con una novela negra (¿o sí?), sino con una histórica muy ambiciosa que gira alrededor de la familia Borgia. Para quienes no conozcáis a Juanjo Braulio, os recomiendo encarecidamente que descubráis sus novelas anteriores: El silencio del pantano, que fue llevada a Netflix en forma de película, y Sucios y malvados, quizá una de las mejores novelas negras que haya leído jamás, durísima, desgarradora y con un fondo casi aterrador. Ambas tienen algo en común: son sumamente originales, no siguen modas y son capaces de erizarte la piel como pocas. La adaptación de Netflix me pareció realmente buena, porque sabía mantener la oscuridad de trama y personajes y porque Nacho Fresneda se marca un pedazo de personaje brutal, de esos que dan escalofríos solo con que abran la boca. No las dejéis pasar si tenéis ocasión de leerlas (o verla).

Me sorprendió el salto a la novela histórica de Juanjo, pero, desde antes de leerla, tenía claro que iba a ser diferente, que le iba a dar su toque y no me he equivocado. La voz narradora es la de un asesino, un verdugo, y eso ya es toda una declaración de intenciones. Y, aunque es verdad que los Borgia han sido llevados infinidad de veces a páginas de libros, En el nombre del poder les da una vuelta de tuerca, huye de estereotipos y de las versiones más maniqueas para mostrarlos como dignos representantes de su época. Con luces y sombras, por supuesto, pero quizá más reales de lo que habíamos visto hasta ahora. ¿Vamos a su encuentro?

"ME LLAMO MIQUEL DE CORELLA. SOY UN POETA Y UN ASESINO"

Toda Italia teme el nombre de don Micheletto tras el que se encuentra Miquel de Corella, un hombre sin fecha de nacimiento conocida, hijo bastardo, huérfano y que llega a ser el verdugo de la familia Borgia. A través de él y de su voz, iremos descubriendo los oscuros secretos que fue guardando a lo largo de aquellos años y también los "servicios" que llevó a cabo bajo las órdenes de Rodrigo de Borgia, antes y después de convertirse en el papa Alejandro VI. Convertido en la mano derecha del hijo de este, César, su destino está unido al de la poderosa familia valenciana. Una familia para quien todo valía en nombre del poder en una Italia en la que el Renacimiento hacía brillar las artes y las letras, pero también en la que la brillantez de Leonardo, Miguel Ángel y Maquiavelo debía convivir con los peores crímenes y las traiciones más bajas. Para los Borgia, cualquier atrocidad era válida y necesaria si con ella se conseguían sus fines, aunque no fueron los únicos que utilizaron esas armas, ni los que mataron y engañaron por ambición, pero sí los más denostados por ello. Pagaron con la infamia el precio de la gloria.

En el nombre del poder es el inicio, por parte de Juanjo Braulio, de una muy ambiciosa bilogía sobre los Borgia, una familia que ha sido objeto de atención desde su ascenso al poder hasta nuestros días y de la que, a veces, es complicado discernir entre la realidad y la leyenda. La intención de Braulio es, de alguna manera, hacer justicia a los Borgia, tan unidos siempre a lo criminal y a lo escabroso, que lo demás queda completamente opacado. Darle la voz narradora a un hombre como Miquel de Corella, que se mantuvo a su lado y que compartió su vida con la de ellos, me parece un gran acierto, porque nos permite estar dentro, pero con cierta distancia. Tener horizonte en todo lo que nos cuenta.

No puede negarse que los Borgia tuvieron una gran sed de poder y que demostraron muy pocos escrúpulos para llegar donde querían, pero no fueron los únicos. Juanjo Braulio nos hace una inmersión brillante y poderosa en la época y, en muchos momentos, me ha recorrido un estremecimiento por la espalda al reconocer parecidos muy evidentes con lo que nos está tocando vivir. Era un momento en el que todo estaba cambiando, tanto en la sociedad como en las estructuras de poder. Había violencia, sí, pero no podemos evitar sentir fascinación. Un enorme acierto de la novela es cómo ha mezclado la ficción con los hechos reales: hay muchas cosas que pudieron pasar de la manera en que nos las cuenta o no, pero lo importante es que el autor no intenta hacernos comulgar con ruedas de molino, planteando todo como una verdad absoluta.


Hay crímenes en la novela. Bastantes. Y aquí se muestra la maestría de Juanjo para moverse en los ambientes más oscuros y crear personajes llenos de aristas, como ya vimos en sus novelas anteriores. La psicología de cada uno de ellos está perfectamente trazada, sabremos por qué y cómo hicieron lo que hicieron. En ningún momento, y esto es importante, la novela trata de hacer pasar a los Borgia como unas hermanitas de la caridad maltratadas por la historia y sus enemigos, sino explicar sus motivaciones dentro de un momento histórico que era el que era y en el que la mayoría de personas con ansias de poder hacían exactamente lo mismo. Pero la leyenda negra alrededor de los Borgia se ha creído como una certeza incontestable. Todos los tópicos de incesto, envenenamientos, perversiones y corrupción se les aplicaron y ahí han permanecido, inamovibles, especialmente sobre la cabeza de Rodrigo de Borgia, el papa Alfonso VI, que pasa a la historia como un ser corrupto y absolutamente despiadado. Sí, tuvo hijos, ¿y qué? Hubo muchos otros papas en la misma situación, solo hay que investigar un poco. Pero todo lo relativo al incesto con su hija Lucrecia (al que, se dice, también se sumaban los hermanos) no es más que una falacia mil veces repetida.

En el nombre del poder es una novela apasionante, narrada con un ritmo que no decae en ningún momento. Está plagada de diálogos magníficos y tiene una ambientación, como os decía arriba, casi inmersiva,  porque podemos vernos en la época sin ninguna dificultad. En algunos momentos tiene la capacidad de que nos sintamos dentro de las habitaciones de la familia, escucharles, compartir su día a día. En otros, ser testigos de excepción de crímenes crueles y conspiraciones en la sombra. Pero en nuestra cabeza todo se recoloca, como si encajásemos las piezas de un puzle del que no acertábamos a ver la imagen completa. Entonces comprendemos muchas cosas. Esa es la magia de la novela de Juanjo Braulio, una gran historia que se nos queda enganchada y de la que yo, personalmente, espero su pronta continuación. Perdeos en sus páginas, os aseguro que es toda una aventura.



jueves, 29 de febrero de 2024

EL QUINTO NOMBRE de Antonio Pampliega


 En ocasiones, el mundo de las presentaciones y certámenes literarios me regala sorpresas como la que hoy os traigo. Me ocurrió en el pasado Getafe Negro. Aquella tarde yo iba con José Carlos, mi amigo y librero de cabecera, para escuchar a Juan Ramón Biedma, a quien los dos admiramos y queremos. En realidad no me había fijado mucho en el resto de la composición de la mesa, aunque el nombre de Antonio Pampliega me llamó la atención, porque recordaba aquel terrible cautiverio de casi diez meses que sufrió tras ser secuestrado por Al-Qaeda en Siria mientras cubría como periodista el conflicto bélico. Pero no tenía ni idea de qué tipo de libro era del que nos iba a hablar. Y ahí saltó la historia que me dejó pegada a sus palabras y que consiguió que, al acabar, me lanzase de cabeza a comprar El quinto nombre. Antonio me lo firmo amablemente y, para redondear, se nos unió Lorenzo Silva. La breve charla que tuvieron los dos acerca de Irak y sus experiencias me resultó fascinante, porque estaba como espectadora de lujo.

He leído el libro en dos fases, tengo que confesarlo. Lo empecé enseguida tras aquella tarde en Getafe, pero paré su lectura porque me llegaron varios manuscritos para valorar que corrían cierta prisa. Y, cuando la he retomado, he preferido volver al principio y comenzar de nuevo para no perderme ningún matiz. Os aseguro que es una historia que se queda contigo durante bastante tiempo. Quizá, en mi caso, porque sigo sin poder comprender el grado de ensañamiento que se produjo en la guerra civil, la mayor parte de las veces con el único motivo de pensar diferente. Y eso vale para los dos lados, todos fueron capaces de las peores atrocidades. Dejadme que os cuente lo que ocurrió en Mejorada del Campo en 1936...

"MUCHOS TRAGOS ES LA VIDA Y UN SOLO TRAGO ES LA MUERTE" - MIGUEL HERNÁNDEZ

El quinto nombre es, sobre todo, levantar la losa de silencio instalada sobre la muerte de Tomás Martínez Negro, que era el sacristán de Mejorada del Campo cuando se produce el alzamiento y comienza la guerra civil. Antonio Pampliega nos contó cómo comenzó todo: cuando le llegaron a su mail,  remitidos por un buen amigo en 2018, los documentos sobre un juicio sumarísimo sobre la única ejecución, la de Martínez Negro, que se produjo en Mejorada del Campo, lugar de nacimiento del propio Antonio y buena parte de su familia, en los primeros meses de la contienda. En esos documentos se hacía constar la condena de cuatro de los ejecutores y el quinto implicado constaba como huido: un hombre llamado Eladio Pampliega. La coincidencia en el apellido no podía ser una simple casualidad y ese fue el hilo del que decidió tirar y comenzar a investigar qué fue lo que realmente paso y qué fue de aquel que escapó.

En 1936, en Mejorada del Campo apenas vivían mil doscientas personas. Lo primero que Antonio confirmó fue que la ejecución sucedió y que Tomás Martínez Negro fue asesinado a sangre fría. Un hombre que ni siquiera era natural de Mejorada, que había llegado de Valladolid y no tenía ninguna filiación política. Además de sacristán, era profesor de música, director de la banda municipal y abría las puertas de su casa para enseñar a leer a los hijos de los labradores. Después del alzamiento, las posiciones enfrentadas entre ambos bandos también se manifestaron en el pueblo con toda su crudeza. Eran muchos más los partidarios republicanos que, crecidos, hacían padecer todo tipo de escarnios a quienes creían que no comulgaban con sus ideas, como el cura o el propio Tomás.

La investigación de Antonio Pampliega lleva a la conclusión de que Tomás Martínez Negro fue el cabeza de turco en aquellos días oscuros, en los que se había instaurado la idea de que había que matar antes de que los mataran a ellos. En El quinto nombre, Pampliega reconstruye lo sucedido en esos primeros meses de la guerra civil en Mejorada del Campo, aunque no resultó tarea fácil. La muerte del sacristán era un tema tabú para quienes aún quedaban con vida y con recuerdos en el pueblo. Todos sabían lo que había sucedido pero muy pocos quisieron hablar, aunque los testimonios de estos ayudaron a recomponer la historia. La ayuda de su padre fue fundamental para Antonio, porque le permitió indagar con más profundidad en su propia familia, descubriendo que había más de un secreto por salir a la luz. 

El quinto nombre es una intensa mezcla entre el ensayo de investigación y la narración, que nos permite, por un lado, ir conociendo los hechos objetivos y, por otro, descubrir cómo se vivía en Mejorada en aquellos meses llenos de incertidumbre y miedo. Las primeras páginas nos cuentan, con detalle y desde dentro, el momento en que Tomás Martínez Negro es detenido y su ejecución a sangre fría y ya nos arañan y nos encogen el alma. El pánico de Tomás, las amenazas que jamás llegó a entender, la madrugada fría y desangelada en la que apagaron su vida y los cinco hombres que estaban allí para ejecutarlo provocan un escalofrío que recorre la espalda.

Es, en cierto modo, la crónica de una muerte anunciada (con mis respetos al gran Gabo) ya desde la primera frase: "Tomás Martínez Negro iba a morir". A lo largo de las 284 páginas que tiene el libro, la tensión y el desasosiego se instalaron en mí, especialmente en la primera mitad. Insisto en lo que decía al principio: ¿qué demonios estaba sucediendo en este país para que el odio campase a sus anchas por calles y campos? ¿Cómo fue posible tanta saña, tanta violencia? ¿Cómo justificar o tratar de entender lo que hicieron unos y otros sin que les temblase el pulso, tanto antes de la guerra como durante ella?

Tal como nos explicó Antonio Pampliega en aquella mesa de Getafe Negro, lo que ha querido con este libro es hacer justicia después de casi noventa años y sacar a la luz lo que sucedió, aún cuando eso supusiera rebuscar en los "sótanos" de su propia familia. Contar la verdad y no dejar la muerte de Tomás perdida en el olvido y el silencio. En todo momento se hace patente la implicación personal de Antonio en todo lo que cuenta. Estremece la sensación de que realmente estás viendo con tus ojos lo que pasó. Va alternando capítulos en los que detalla lo que iba averiguando y cómo y otros en los que, de forma novelada, describe cómo era la vida en Mejorada, las relaciones entre vecinos, la tensión creciente y casi palpable, El quinto nombre resulta un ejercicio de memoria muy revelador.

El subtítulo de El quinto nombre es El viaje a un pasado incómodo y resulta más que revelador. No es fácil enfrentarse a la muerte injustificada, a los rencores nacidos de la intransigencia, a la visión de una España rota en la que todo valía si lo hacían "los tuyos", hasta lo más terrible. Pero sirve, tal como explicó Antonio y yo, al menos, quiero creerlo, para que la muerte de Tomás Martínez Negro salga del pozo del olvido, que se conozca la verdad. Si, además, ha ayudado a que su autor se reconcilie con su pasado familiar, la labor ha quedado completa. 



 


lunes, 26 de febrero de 2024

LA ORDEN DE LOS CONDENADOS de Alan Pitronello

Creo que una de las mejores cosas que tiene conocer a un autor desde su primera novela es ir viendo cómo evoluciona, cómo crece, cómo da pasos adelante en su forma de escribir. Sé que ya lo he contado, pero para quien aún no esté al tanto, tuve la fortuna de conocer a Alan cuando obtuvo el VIII Premio Ciudad de Úbeda de Novela Histórica con La segunda expedición. Allí, en Úbeda, tuvimos ocasión de charlar algún ratito y, como el resto de quienes estábamos allí, escuchar de sus labios, al recoger el premio, uno de los discursos más hermosos y emocionantes sobre el mestizaje y la herencia española en hispanoamérica. Desde entonces le he seguido de cerca y hemos compartido más conversaciones y ratos, a pesar de la distancia, y me hace especial ilusión este post. Primero porque la última novela de Alan, La Orden de los Condenados, supone un salto cualitativo en su narrativa, cada vez más madura. Y después porque la época me encanta y, además, aparece el Gran Capitán, por quien siento una devoción absoluta. 

Si además hay crímenes, un misterio, un asesino y un secreto por descubrir, ya sabéis que me suponen un plus. Y aquí tenemos todo eso y mucho más, empezando por las intrigas políticas dentro del Vaticano, a las que sumar personajes reales, una investigación peligrosa, batallas y un libro bien conocido que parece contener respuestas a las muertes. Como introducción no está nada mal, ¿verdad? Pues vayamos al convulso siglo XV y cuidad bien vuestras espaldas...

"NADA ES MÁS FÁCIL QUE CENSURAR A LOS MUERTOS" - JULIO CÉSAR

En el año 1496, Francia es el enemigo. La Santa Alianza, formada por Venecia, Nápoles, Castilla, Aragón y los Estados Pontificios, se enfrentan a ella con todo su poderío militar. El papa Rodrigo Borgia, Alejandro VI, tiene que lidiar con las muchas intrigas que se mueven a su alrededor a las que se une un misterioso asesino que ha acabado con la vida de altos personajes de la curia. En cada uno ha dejado unas frases escritas en toscano que no parecen tener explicación. El papa teme por su vida... Por ello Bernardino de Carvajal, cardenal de Santa Cruz, manda llamar a dos sobrinos que, quizá, puedan ayudar a descubrir al escurridizo criminal. Ellos son Álvaro y Diego de Paredes. Diego lleva años inactivo y casi encerrado en su casa de Trujillo, cuidando de la cada vez más escasa hacienda, haciéndose cargo de su hermana y su sobrino y lamiéndose sus muchas heridas y decepciones. Además, acaba de enterrar a su madre cuando su hermanastro Álvaro llega con el encargo del cardenal. A pesar de sus reticencias, Álvaro consigue convencerle para ir a Roma y localizar al asesino. 

Por su parte, el Gran Capitán está inmerso en la guerra contra los franceses. El genio militar intenta liberar Nápoles y desbloquear el puerto de Ostia, puerta fundamental de abastecimiento para Roma. Entre sus tropas comienza a destacar un jovencito, Tristán de Rueda, hijo de uno de sus más cercanos capitanes. Él también acabará por participar en la investigación después de que Diego sea nombrado capitán de la guardia papal y puesto al frente de ella. En una Italia dividida, con los pasillos del Vaticano plagados de secretos, movimientos diplomáticos y políticos y con cierto ambiente de conjura, encontrar a un asesino despiadado se convierte en necesidad.

Con todos estos argumentos lo difícil es no sentir una enorme curiosidad por La Orden de los Condenados. Nos encontramos frente a un papa polémico, que ha ido colocando a sus hijos en puestos predominantes pero, curiosamente, ellos no están demasiado contentos, especialmente César, nombrado cardenal a dedo por su padre y a quien la púrpura le pesa demasiado. No quiere ser un simple hombre de iglesia y envidia a su hermano Juan, que ha sido nombrado capitán general del ejército, y a quien considera un perfecto inútil. La presencia de Diego de Paredes es todo un aliciente, porque, como los anteriores, Diego es un personaje real. Conocido como el Sansón extremeño, al parecer (aunque no es un hecho contrastado) tomo parte en la toma de Granada y posteriormente se hizo famoso bajo el mando del Gran Capitán tras su llegada a Roma en 1496, hecho que da pie a Alan Pitronello para, partiendo de hechos ciertos, introducir a Diego en la trama de los asesinatos.

La figura del Gran Capitán surge ante nuestros ojos con todo su esplendor, desplegando sus novedosas y después imitadas tácticas militares que le llevaron de victoria en victoria. Pero también le veremos como hombre de carne y hueso, con sus dudas, su planificación, sus conversaciones. A mí me ha servido para, si es posible, admirarle todavía más, aún sabiendo que toda esa parte es ficción. Eso sí, una ficción muy creíble. Y es que, en esta novela, los personajes se muestran con una amplia gama de matices, del primero al último. De todos vamos a conocer hasta sus más íntimos pensamientos y eso, en mi opinión, los engrandece.

Y tengo que decirlo: qué brillantes son las escenas de batallas que Alan nos regala en este libro. Qué bien contadas y coreografiadas, tan visuales e intensas que nos hacen sentir dentro de ellas. La tensión, la lucha, las tácticas, ataques y defensas... son una de las mejores cosas de la novela, se viven en primera línea y hasta nos dejan un poquito sin aliento. Cuando la acción te saca de ellas para llevarte a otro escenario, te parece seguir escuchando el sonido de los cañones y el entrechocar de los aceros.

La Orden de los Condenados está escrita para empaparte de un momento de la Historia que de por sí resulta apasionante: la mezcla con una trama paralela con cierto toque de thriller de unos asesinatos, que parecen no tener una explicación ni un fin concreto, le aporta un interés añadido. Asimismo, los movimientos del papa Borgia para dominar cada vez más territorios y convertir a su familia en la más poderosa, están constantemente en el telón de fondo de todas las tramas. La descripción de una Roma llena de luces pero también de muchas sombras, de corrupción, de pobreza fuera de los muros del Vaticano, es también poderosa.

Estamos ante una novela que supone un gran salto adelante de su autor, más compleja, con tramas más elaboradas, en la que todo se va enrevesando y desvelando paso a paso, y con una inteligente forma de introducir hechos históricos reales y contrastados para contarlos de tal modo que pasan a formar parte de lo que nos está narrando. Una fantástica "trampa" de escritor que nos convierte en cómplices del rompecabezas que va encajando, bien engrasado, hasta el final de sus páginas

Si aún no habéis descubierto a Alan Pitronello, haceos con este libro y buscad lo que se esconde en La Orden de los Condenados. Me he dejado cosas en el tintero porque creo que merece la pena que vosotros mismos vayáis levantando las cortinas y viendo lo que hay detrás de ellas. Hacedlo con cuidado, nunca se sabe quién puede esconderse detrás.


martes, 30 de enero de 2024

CRISANTA de Juan Ramón Biedma

 

Desde hace tiempo me confieso "biedmadicta". Concretamente desde que leí aquella maravilla titulada Tus magníficos ojos vengativos cuando todo ha pasado (retitulada Londres,1891 tiempo después) y que descubrí gracias a la presentación que Juan Ramón hizo de su novela en Getafe Negro. Desde ese primer encuentro con su literatura, me fui dejando seducir por el "universo Biedma" y su manera de escribir, sus tramas, su estilo. Su forma de introducir el horror en lo cotidiano y hacer coincidir lo sobrenatural con la vida común. Quizá porque siempre ha estado ahí, pero no solemos mirar con atención o preferimos no hacerlo, por miedo a lo que podamos descubrir. Además la ocasión para traeros, por fin, mis impresiones de esta novela, llega en un magnífico momento: a Juan Ramón Biedma acaban de concederle el Premio Castelló Negre a la trayectoria literaria.

Con Crisanta, Juan Ramón vuelve a sorprender por la originalidad del planteamiento y por mostrarnos un momento histórico duro, complejo y también la cara B de una ciudad como Sevilla. No vamos a verla desde su perspectiva luminosa, alegre, hermosa y acogedora, sino fría, oscura y llena de miedo, con callejones y lugares que provocan escalofríos. El subtítulo de la novela, Una novela de fantasmas durante la Guerra Civil, podría llevarnos a pensar que los derroteros van a ir hacia el suspense paranormal, pero no. En absoluto. ¿Hay fantasmas? Puede que sí, pero no son los principales protagonistas. Y hay personajes que dan bastante más miedo que ellos. Nos vamos a octubre de 1936... 

LA MORADA DEL MALMUERTO

Corre octubre de 1936 y Crisanta, una mujer muy especial y diferente a cualquiera, recibe un encargo tan peligroso como envenenado: localizar un tríptico de Jan Van Eyck expoliado de una iglesia. Si consigue hacerse con él, le servirá como billete para salir de un país que se hunde en sus momentos más oscuros y en el que ya no parece quedar sitio para ella. Crisanta regenta un pequeño negocio de antigüedades en la calle Feria, al que acuden, quienes pueden pagarlas, clientes en busca de algún cuadro o una pequeña talla y porta siempre un pequeño péndulo que le ayuda a tomar decisiones. Acepta el encargo porque sabe que es su última oportunidad, aunque le suponga tener que moverse en lugares muy comprometidos y tratar con personas con las que preferiría mantener mucha distancia, entre las que se encuentra el todopoderoso Manuel Díaz Mayordomo, encargado de la represión policial, y al que se teme tanto como se le odia.

Por otro lado, conoceremos a Alberto Chacón Carter y a su Sociedad Mediúmnica de Sevilla. Se vivía un momento, en aquellos años, de mucho interés por el mundo de los espíritus y Carter, junto con un grupo realmente peculiar, investigan los, al parecer, extraños sucesos que están teniendo lugar en la llamada casa del Malmuerto, también en la calle Feria. Se habla de luces extrañas en las ventanas y de cómo se escucha llorar desgarradoramente a un niño en la madrugada. Un lugar con muy mala fama y que ya, en la primera visita que hacen, demuestra que en su asolado interior se esconde mucho más de lo que creían.     

Tendremos incluso una tercera trama, en la que Juan Serrador, un cura que arrastra un pasado complicado y que a punto estuvo de llevarle frente a un pelotón de fusilamiento. Serrador se ve envuelto en un plan para salvar la vida de José María Varela Rendueles, recientemente depuesto como gobernador civil de Sevilla, y que se encuentra ingresado en el Hospital de la Caridad, precisamente donde Serrador está destinado como sacerdote. Mientras, no deja de buscar por Sevilla a una mujer que lleva enquistada en el alma y en la memoria.    

La ciudad está viviendo un momento muy convulso. No solo el inicio de la guerra está trayendo fusilamientos en masa, terror y represión, sino que las calles son un hervidero de tensión y miedo, además de esconder en sus rincones más sombríos presencias y hechos que es mejor que no salgan a la luz. La Sevilla que Biedma nos presenta es la que no vemos normalmente, poco hay en ella de su brillo habitual. Todo parece aplastado bajo una atmósfera de aprensión y temor. La sombra de Manuel Díaz Mayordomo, trasunto de Manuel Díaz Criado, la mano derecha de Queipo de Llano en la represión que se llevó a cabo en Andalucía y Extremadura, planea sobre todo. Un tipo capaz de firmar sentencias de muerte completamente borracho, que acababa muchas noches de farra llevando a sus amigos a contemplar los fusilamientos al alba que él mismo había autorizado. Pero Díaz Mayordomo puede que haya encontrado la horma de su zapato...

Si Díaz Mayordomo resulta realmente inquietante, también lo son, aunque de otra manera, los integrantes del grupo de Chacón Carter, que aceptan los hechos más extraños y sobrenaturales con una tranquila naturalidad: Diosdada, que ejerce de secretaria y que es sensitiva; Rublos, mano derecha de Carter que va a ser perseguido por la presencia de un niño al que solo él parece ver y Antonio y Rafael, los hermanos Galocha, que, ya jubilados, disfrutan de las experiencias que viven y que aportan más de un momento de humor. Diosdada ha quedado viuda a causa de la guerra y vive obsesionada por contactar con su marido muerto y va sufrir una evolución que la va a llevar de ser una secundaria más o menos gris a saltar a la palestra de un modo un poquito escalofriante.

Crisanta es una novela que toca muchos palos y que sabe mantenernos alerta, como cuando sentimos en la nuca la respiración de alguien que nos vigila. Estamos en una ciudad inmersa en una guerra que, si bien se libra de los combates en primera línea, sufre la represión, el miedo y la muerte. También caminaremos por la ciudad que no se ve, la de los edificios en ruinas, los pasadizos que ocultan terribles secretos, de lugares de reunión de gentes a los que la luz del día les repele. Donde hay quienes se benefician del nuevo estado de cosas y quienes han de buscarse la vida y el pan como sea y al precio que sea.

Juan Ramón Biedma es un maestro uniendo el mundo real con otros más intangibles. Siempre hay un toque sobrenatural en sus obras, pero está tan bien integrado que nos resulta normal, aunque muchos de los pasajes nos ericen la piel ante la presencia de lo desconocido. Sabe muy bien compaginar el horror de la cruel realidad con el que se esconde en las sombras y que, muchas veces, ni siquiera tiene nombre. Crisanta tiene aventura, tiene misterio, tiene parte histórica, por eso es tan difícil clasificarla y ponerle etiquetas. Pero sí os puedo asegurar que una vez que se entra en el "universo Biedma" ya no se puede salir. Es completamente adictivo. 

Tenéis que conocer a Crisanta, os vais a llevar más de una sorpresa. Eso sí, tendréis que venir dispuestos a contemplar lo imposible y a estremeceros con la parte más despiadada del ser humano. Y os aseguro que no podréis dejar de mirar.

 

 

                                                                 

viernes, 19 de enero de 2024

EL ÁRBOL DE LA DANZA de Kiran Millwood Hargrave

 

Hace ya tiempo que me enamoré de los títulos que publica la editorial Ático de los Libros. En ensayo tienen auténticas joyas (uno de los más recientes, El olor de la Edad Media, me tiene absorbida estos días) y las novelas se salen por completo de las "modas" habituales. Arriesgan en la elección y aciertan siempre, además de la extraordinaria calidad de sus ediciones. Cuando vi el título que hoy os traigo en su catálogo, me quedé prendada: basado en hechos históricos reales, aunque sorprendentes, su resumen era cautivador. Hoy puedo aseguraros que ha sido de mis mejores lecturas de 2023. Una historia apasionante y muy diferente a lo que estamos acostumbrados a leer, que intriga, emociona, sacude, indigna y sorprende. 

Su autora, Kiran Milwood Hargrave, es una poetisa y novelista inglesa sorprendentemente joven, con un bagaje académico extenso y que ha ganado varios premios literarios de prestigio, además de estar siendo publicada en quince países diferentes. Reconozco que antes de leer El árbol de la danza no la conocía, pero me ha ganado como lectora, sobre todo por la manera en que es capaz de meternos en la historia hasta el cuello y que sintamos el calor, el miedo, las dudas, la tristeza, la angustia, la miseria. Para mí ha sido una auténtica y fantástica sorpresa que no me canso de recomendar. Nos vamos a Estrasburgo, en 1518, y a un verano terrible...

QUINIENTAS OCHENTA Y SIETE BAILAN

El verano de 1518 en Estrasburgo está siendo abrasador. Jamás se había vivido algo así. El calor y la sequía hacen estragos entre la población, la comida escasea y muchos habitantes mueren sin remedio. Una mujer empieza a bailar en la plaza de la ciudad como llevada por una fuerza desconocida y lo hace durante días y sin descanso. Muchas más, cientos, irán siguiendo su ejemplo y los gobernantes de la ciudad, desbordados y asustados por la magnitud de lo que sucede, convocan un consejo de emergencia. En las afueras de Estrasburgo vive Lisbet en una granja, junto a su marido y su suegra, dedicados al cuidado de las abejas y la venta de la miel y la cera. Está embarazada de varios meses y, aunque ajena de momento a lo que sucede en la ciudad, su vida tranquila se ve sacudida por la noticia de que su cuñada, Nethe, hermana de su esposo, vuelve a casa tras siete años en un monasterio de las montañas al que fue enviada como castigo por un delito que nadie quiere contarle y que Lisbet quiere descubrir a toda costa. La epidemia de los danzantes estremece las calles de Estrasburgo mientras Lisbet se va a ver envuelta en una peligrosa red de engaños y silencios, mientras lucha contra sus propios miedos.

Lo primero que me gustaría resaltar es que esa epidemia de baile ocurrió de verdad ese verano en Estrasburgo. La primera mujer que comenzó a bailar, tal como señalan las crónicas, fue frau Troffea, y es ella quien  inicia la novela, en la plaza del mercado. Hace días que no come, busca entre la basura y entre los puestos, que apenas tienen nada que ofrecer, tratando de encontrar aunque sea un pedazo de pan mohoso. Y de pronto, en la debilidad y la angustia, comienza a bailar de forma descontrolada para pasmo de todos los presentes. 

Fuera de la ciudad, Lisbet tiene sus propias preocupaciones. Embarazada, siempre en tensión por la posibilidad de perder al bebé, trabajando en la granja, con una relación tirante con su suegra y un marido seco y poco comunicativo, deja pasar los días en sus rutinas habituales. Pero todo se le trastoca cuando se entera de que su cuñada Nethe, a quien no conoce, vuelve de su "retiro" en las montañas tras haber cumplido un castigo. Aunque intenta saber qué pudo suceder para que Nethe  sufriese aquella condena, choca contra el silencio. Además, cada vez que acude a la ciudad con su amiga Ida para ayudar a quienes no tienen nada de comer, que cada vez son más, su ánimo se resiente por lo que ve.


Lisbet es, con mayúsculas, un personaje inmenso, lleno de matices, con quien te identificas rápidamente. Físicamente parece frágil, pero tiene un gran coraje a pesar de vivir con el miedo constante a perder, de nuevo, al bebé que espera. Y es que Lisbet ha sufrido ya varios abortos. Demasiados. Eso ha hecho que su esposo y su suegra la consideren casi una mujer incompleta e inútil, a pesar de todo lo que hace en la granja. El dolor por sus bebés muertos y su recuerdo los honra en un lugar escondido y propio: un árbol adornado con cintas y pequeños objetos, en el que cada cinta es una vida que quedó truncada en su vientre. Por si la llegada de Nethe no fuese suficiente para desestabilizar todo su mundo, les llega la noticia de que las autoridades de la ciudad pretenden multarles porque sus abejas, ante la falta de flores, han llegado a libar hasta un recinto religioso cercano. El marido de Lisbet ha de partir a Heidelberg para reclamar una sentencia que podría condenarles a perder todo su modo de vida.

El árbol de la danza es una novela de mujeres fuertes, a pesar de que, en la época, les tocaba vivir en penosas condiciones, sometidas y silenciadas. Lo es Lisbet y lo es su suegra, aunque no termine de caernos bien. Pero también lo son Nethe e Ida. Nethe por haber soportado siete años de infierno en un lugar horrendo y ser capaz de rehacerse. Ida, con su casa llena de hijos que son la envidia de Lisbet, que aguanta sin rechistar los golpes de su esposo y siempre tiene una sonrisa y un abrazo para su amiga.

Si hay algo brutalmente real en El árbol de la danza es la atmósfera que rodea todo lo que sucede. El terrible calor, tan impropio de la zona, que lo abrasa todo y que llegas a sentir en esas casas mal ventiladas, en los amaneceres en jergones de paja anegados en sudor, en el sol que castiga sin dar una tregua. Ese mismo calor que llena las calles de Estrasburgo de pestilencia y miseria, con el hambre convirtiéndose en dueña y señora de muchas familias. Y el encuadre histórico lo logra la autora introduciendo referencias de sucesos concretos: no solo la epidemia de baile, también la revuelta de Joss Fritz (que buscaba la supresión de las servidumbres y que los bienes de la iglesia se repartieran al pueblo), que se menciona en más de una ocasión, sucedida años antes. Incluso el meteorito caído en un campo de trigo en Ensisheim y que también marca, y de qué manera, la existencia de Lisbet.

El árbol de la danza toca temas terribles y más de un tabú. Los malos tratos, las sentencias injustas, el reparto de la riqueza, el hambre en su peor versión, la discrecionalidad  de las autoridades, que hacían y deshacían a su antojo, el miedo a lo desconocido, la fe mal entendida. Pero sobre todo es un alegato para hacer visible cómo las mujeres eran ya no solo ciudadanas de segunda, sino consideradas poco más que paridoras y bestias de carga a las que no se les permitía, siquiera, sentir. Porque Lisbet, a pesar de sus abortos, sigue deseando a su esposo y él la desprecia de muchos modos y "cumple", simplemente, por conseguir ese hijo que se les ha negado hasta entonces. Es desgarrador ponerse en la piel de Lisbet, a quien solo Ida ampara, entiende y muestra cariño. La llegada de varios músicos ambulantes, a dos de los cuales Lisbet ha de acoger en su casa por orden de las autoridades, supondrá un extraño revulsivo.

Si tenéis ocasión, por favor, no dejéis de leer El árbol de la danza. Lo tiene todo para ser una lectura única y especial, de esas que se quedan con nosotros durante mucho tiempo después de leerla. Y eso, en estos tiempos de literatura de usar y tirar, es un pequeño milagro. Os aseguro que os emocionará, indignará y atrapará a partes iguales. Por cierto, fue fabuloso compartir lectura y comentar la novela con Ren, de Momoko Blog, en el podcast del Certamen de Novela Histórica: nadie como ella para ahondar en los recovecos de una historia como esta.


martes, 16 de enero de 2024

LA ÚLTIMA MIRADA DE GOYA de Javier Alandes

 


Javier Alandes me ganó como lectora cuando disfruté hasta la última línea de Los guardianes del Prado, no solo por lo que contaba sino por cómo lo contaba. Después me hice con Las tres vidas del pintor de la luz, que giraba alrededor de la figura del gran Joaquín Sorolla, y me fascinó. Es solo mi opinión, pero creo que hay algo en el arte que trasciende, llega y te empapa por completo. Y tampoco podemos olvidar que, en muchas ocasiones, las vidas de los grandes artistas, sean pintores, escultores, músicos o arquitectos, están rodeadas de muchas experiencias y anécdotas de todo tipo: el carácter pendenciero de Caravaggio y sus problemas con la justicia (y con su autocontrol), tan similar, en ocasiones al de Benvenuto Cellini; la locura genial de Van Gogh, que tanto le hizo sufrir; el inexplicado viaje a Madrid de Murillo, del que no se sabe nada; la supuesta morfinomanía de Santiago Rusiñol o las continuas broncas de Miguel Ángel con el papa mientras pintaba la Capilla Sixtina porque no aceptaba, siquiera, una pequeña crítica y, además, el pontífice nunca pagaba a tiempo.

Siempre he creído que la personalidad del artista queda impregnada en sus obras, del tipo que sean. En ocasiones, hasta para contar lo que no quieren. Mozart fue capaz de componer La flauta mágica y el Requiem , al mismo tiempo: la felicidad más absoluta de la mal llamada ópera bufa y la obra que, aunque la hacía trabajando como negro para un noble, sentía que estaba escribiendo para sí mismo porque sabía que se moría. Aunque Mozart es, simplemente, el superdotado absoluto, nadie se le puede comparar. Goya tiene algo en su pintura que atrae sin remedio: el brío de sus trazos, los temas, las diferentes fases que atraviesa... pero cómo nos llama también su vida personal, tanto la real como la leyenda que se ha ido creando a su alrededor. Javier Alandes, en la novela que hoy os traigo, nos lleva a contemplarle en los últimos compases de su vida y a ahondar en un misterio que se produce después de su muerte y que es completamente real. Vayamos, pues, a Burdeos...

"MI PINCEL NO DEBE SER MEJOR QUE MIS OJOS" - FRANCISCO DE GOYA

Joaquín Pereyra, cónsul español en Burdeos, se dispone a traer a España los restos de Francisco de Goya, que falleció en la ciudad francesa sesenta años antes. Corre el año 1888 y habían sido necesarios muchos trámites diplomáticos para conseguir la exhumación y el traslado. Pero, al abrir la tumba, para sorpresa de todos los presentes, se descubre que al esqueleto del pintor le falta la cabeza. ¿Acaso la tumba fue profanada en algún momento? Descubrir lo que ha sucedido lleva a Pereyra la contratar al considerado más famoso detective de París para que averigüe qué pasó y dónde está la calavera de Goya. Las pesquisas obligarán a indagar sobre los últimos años de vida de Goya en Burdeos y sus relaciones con otros exiliados españoles, así como su vida familiar con Leocadia Zorrilla, su último amor, y su hija Rosario. En esa vida están también presentes Juliet, la institutriz de Rosario, y Diego "el Niño", una suerte de guardaespaldas que protegía la vida del pintor cuando esta se vio amenazada por el propio Fernando VII. ¿Qué ocurrió con la cabeza de Goya? ¿Había un complot real para asesinarle? 

Con semejante introducción es imposible no sentir interés, ¿verdad? Pues una vez que empiezas a leer no puedes parar, os lo aseguro. La última mirada de Goya tiene suspense, aventuras e, incluso, un toquecito de romanticismo y se desarrolla en dos planos temporales, separados por sesenta años, que se van a ir entrelazando y completándose hasta una final en el que todo cuadra. Como un caleidoscopio en el que las pieza, al moverse, van formando una imagen nítida.

Por un lado estaremos en 1828, en Burdeos, para descubrir que existe un complot para acabar con la vida de artistas exiliados en Francia. Goya es uno de ellos. Fernando VII no está dispuesto a permitir voces contrarias a su persona ni a su modo de gobernar. Así vamos a ser testigos, en primera persona, de cómo transcurrieron los últimos días del pintor, cómo era su vida cotidiana. Ya muy anciano, completamente sordo y bastante cascarrabias, lo que más le gusta es ver pasar la vida desde la chocolatería de su amigo Braulio Poc. Es muy consciente de la persecución de Fernando VII y teme sus represalias. En esta trama, Alandes intenta resolver qué paso realmente con la cabeza de Goya, por qué no estaba en su tumba y también nos detallará la conspiración que existía para asesinarle, aunque el pintor va a contar con aliados y protectores que buscan defenderlo a toda costa.

La segunda trama es la de 1888, cuando Pereyra descubre la ausencia de la calavera de Goya. Para tratar de averiguar qué pasó contrata a Gilles Leland, el más famoso detective de París, con un olfato único para la investigación. Ambos hilos argumentales, como no puede ser de otra manera, acabarán confluyendo. Y, como colofón, conoceremos pormenores de la frenología, una antigua y ya superada disciplina científica que estudiaba la localización exacta de las funciones cerebrales para determinar los rasgos de la personalidad y el carácter de cada individuo.

Esta novela no es una biografía de Goya, aunque fuese parcial. Vamos a verle al final de su vida, luchando contra sus demonios y sus recuerdos, convertido en un anciano huraño. Alandes ha mezclado la ficción histórica y una muy interesante trama detectivesca en una narración que sabe mantener el interés hasta la última página. La Historia y la leyenda se entrecruzan; también lo que se sabe y lo que no. Habrá hipótesis, búsqueda de porqués, unas pesquisas complejas...y todo para que ambas traman funcionen perfectamente, como una máquina bien engrasada, en la que el autor llena los huecos históricos con una ficción creíble, verosímil y muy emocionante. Además lo hace de la mano de unos personajes muy reales y humanos, con luces y sombras. Las relaciones entre ellos aportan escenas y diálogos realmente brillantes.

Antes de finalizar, quería contaros que el de Goya no es el único caso de artista "descabezado". El genial músico Joseph Hayden también sufrió el robo de su cabeza, robo que se descubrió seis años después de ser enterrado. En este caso sí se sabe que se hizo para estudiarla (por aquello de entender cómo funciona el cerebro de un genio) y apareció, aunque no volvió a su tumba hasta 1954. Hasta entonces estuvo expuesta en la Academia de Música de Viena. Y en el Museo de la Historia de la Ciencia de Florencia sigue expuesto el dedo corazón de Galileo Galilei, dedo que le arrancó un fanático cuando su cuerpo fue exhumado para llevarlo a Padua. Qué pasión hemos tenido siempre con los pedacitos de personas.

Dejaos seducir por La última mirada de Goya. Es, en mi opinión, una de las mejores novelas históricas de 2023 y que lo tiene todo para perderos entre sus páginas. Un verdadero disfrute.

jueves, 11 de enero de 2024

ISLA NEGRA de Toni Montserrat

 

Recuerdo bien cuándo me fijé en esta novela por primera vez. Estaba echando un vistazo a los catálogos de novedades de las diferentes editoriales, de cara a encontrar algo interesante para recomendar como posible lectura en el podcast del Certamen de Novela Histórica de Úbeda. Y, de pronto, ahí estaba Isla negra con un cebo bajo el título que me dejó clavada: Dos asesinatos macabros en la Ibiza del siglo XIX. Una historia inspirada en hechos reales. Sé que me vais conociendo. Pocas cosas hay que me gusten más que una buena trama histórica con "muertis", denominación que le robé hace tiempo a mi querida Ainara Ariztoy, de la Asociación FunerArte, que se dedica a hacer visitas guiadas por importantes cementerios de Madrid y que es maravillosa compañera del programa de Onda Madrid Esto es otra Historia, en el que ambas colaboramos. Así que imaginaos mi felicidad al descubrir esta novela. 

Reconozco mi querencia ya no solo por este tipo de tramas. Si, además, se desarrollan en el mundo rural me suponen un plus. Creo que lo he comentado en alguna otra ocasión: en los lugares pequeños, en los pueblos, es donde los odios y los rencores se enquistan con más facilidad. Quizá porque no existe la capacidad de olvido de las grandes ciudades, en las que vamos tan deprisa que hasta la memoria parece desdibujarse. Allí, entre sus calles, sus campos y sus alcobas, los recuerdos se vuelven algo vívido y tangible, con peso, con culpas y resentimientos que no caducan. En Isla negra, Toni Montserrat ha sabido sumergirnos en un ambiente así, incluso un poco más claustrofóbico al ser en una isla relativamente pequeña. ¿Venís a conocerla?

LA ISLA OLVIDADA

El 26 de diciembre de 1863, la isla de Ibiza se sacude con un suceso terrible e inesperado: el párroco de Sant Jordi y su criado han aparecido asesinados. No solo eso: en la casa falta el dinero que el cura tenía guardado para comprar unas tierras. En un primer momento, el asunto se trata como un robo que acabó muy mal, pero no hay pistas, nadie vio nada, nadie sabe nada. El suceso enturbia el ánimo de la población y alerta a las autoridades, ya bastante preocupadas por la violencia soterrada que existe en la isla. La alarma social y la falta de avances en la investigación obligan al gobierno a enviar a Marc Guasch, un investigador un tanto especial que guarda un personal y oculto vínculo con Ibiza. A medida que Guasch va tratando de componer el puzle que le lleve a la respuesta de todas las preguntas, se va dando cuenta de que son muchos los que tienen algo que ocultar y que pisa una tierra tan compleja como olvidada por el resto del país.

Toni Montserrat parte de un hecho cierto en su novela: los asesinatos del párroco y su criado ocurrieron de verdad, aunque nunca existió la investigación que nos narra. Es un acierto que, en las primeras páginas, coloque un par de mapas de la isla y de su capital para saber en todo momento por dónde nos vamos a mover. No es Isla negra una novela trepidante, que nos lleve de un lado a otro a toda prisa y sin darnos respiro; por el contrario, el autor parece empaparse del ritmo de la época y de la sociedad de entonces, mucho más pausadas, principalmente porque el simple hecho de desplazarse de un lugar a otro ya suponía bastante tiempo. Yo la definiría como una novela "diésel": si bien al principio todo transcurre de forma más sosegada, haciendo que el lector se coloque y vaya conociendo los lugares, las gentes y el paisaje, para, posteriormente, ir cogiendo ritmo hasta alcanzar velocidad de crucero. Ello no significa que sea lenta o que no atrape, todo lo contrario. Desde la primera escena, que ya provoca un cierto escalofrío, te quedas. Necesitas quedarte.

Marc Guasch es un inspector del Cuerpo de Investigación del Crimen, que, según se cuenta en los primeros capítulos, se había creado poco tiempo antes, aunque es ficticio. Y su llegada no es celebrada, precisamente, por el gobernador de Ibiza, que ve en él una injerencia en los asuntos locales y más teniendo en cuenta que jamás se han atendido sus peticiones de enviar más agentes de las fuerzas del orden. A nivel personal tampoco le convence: le ve demasiado joven y poco bregado, a pesar de los buenos informes. Tampoco el resto de los miembros de la policía parecen muy dispuestos a ayudar. Pero Guasch es observador, metódico, disciplinado y sabe formular las preguntas adecuadas. Contará con la ayuda inestimable del subinspector Riera, un tipo peculiar pero buen conocedor de la isla, para sus traslados y para abrirle las puertas de vecinos y posibles sospechosos.

Algo que resulta fascinante es caminar por una isla de Ibiza que nada tiene que ver con la actual. Apenas poblada, sin una agricultura desarrollada, casi sin habitantes y de vegetación escasa, es un lugar que se presenta hostil y desconocido. El bullicio de la ciudad de Ibiza contrasta vivamente con el resto de su geografía. Todo parece conjurarse para una narración en la que los detalles y las respuestas tienen la clave y en la que la prisa está completamente ausente. Las pesquisas policiales y las pruebas que podían hallarse en aquel momento, desde luego que no iban a la velocidad actual. Casi ni existían. Por eso Guasch sabe sacar provecho de su propia intuición y de cada interrogatorio. Iremos descubriendo una isla casi dejada de la mano de Dios y de los hombres, pobre, oscura, violenta e iletrada.

Si hay algo que me ha gustado mucho es la caracterización que Toni hace de sus personajes, tanto los reales como los ficticios. Y cómo consigue que las conversaciones "suenen" naturales, auténticas, que casi nos parece escucharlas. Algunas las jalona con toques de humor, especialmente entre Guasch y Riera, o con una sutil ironía que hizo que esbozara más de una sonrisa. Todos son muy humanos, con sus luces y sus sombras, con sus alegrías, sus silencios y sus secretos. Incluso habrá momento también para el amor.

Escrita en capítulos cortos, irán apareciendo pequeñas subtramas que brotan al paso de la investigación de Marc Guasch y que ayudan a comprender mejor la sociedad de la isla, las diferencias de clases y el modo de vida tan distinto entre quienes residen en la ciudad y quienes lo hacen en el campo, mucho más aislados.

Estamos ante una más que prometedora primera novela y ante un autor que nos puede brindar en el futuro muchas historias tan atractivas o más que Isla negra. Sin duda, viajar de su mano a esta Ibiza del siglo XIX es toda una aventura, así que ¿por qué no dejarnos llevar?