Ni siquiera recuerdo el motivo por el que me empeñé en leer esta novela. Quizá porque La ridícula idea de no volver a verte me gustó tanto que me apetecía volver a Rosa Montero y a su prosa. Puedo anticiparos que ha sido una lectura fascinante, diferente. Una historia que aunque no me ha removido del modo que lo hizo la anterior (aunque por motivos muy personales), sí que te hace cómplice y te lleva de la mano de situaciones que puedes reconocer, con sentimientos que sabes que están ahí aunque no sean tuyos.
La carne nos habla de ruptura y de dolor, de deseos de venganza, de decisiones tomadas en caliente, de amor, de desamor, de personas que se cruzan por casualidad y esa casualidad se convierte en algo más. También de pasión, de miedos, de proyectos, de pasados que marcan, de verdades completas o a medias. Y te quedas en sus páginas a gusto, preguntándote siempre qué ocurrirá a continuación.
LA AUTORA: ROSA MONTERO
Nacida
el 3 de enero de 1951, Rosa Montero es periodista y escritora y trabaja
desde 1976 en El País de forma continuada, habiéndose hecho cargo en
determinados momentos como redactora jefe de su suplemento dominical. En
su juventud colaboró con grupos de teatro independientes y en 1979
publicó su primer libro, Crónicas del desamor. Tanto como periodista
como escritora ha ganado importantes premios como el Premio Nacional de
Periodismo o el Premio Primavera de Novela. Estaba casada con el
periodista Pablo Lizcano, que falleció en 2009 víctima del cáncer y que
está muy presente en La ridícula
idea de no volver a verte, de 2013. El peso del corazón, de 2015 es su última novela antes de La carneLA CARNE
Soledad contrata a un escort (un acompañante masculino) para acudir una noche a la ópera con la intención de darle celos a su ex amante. Pero un suceso violento e imprevisto lo complica todo y marca el inicio de una relación extraña pero aparentemente satisfactoria. Ella tiene sesenta años y el escort 32. Soledad, que hace lo posible y lo imposible para mantenerse atractiva y joven, se mueve entre la rabia y la desesperación por la llegada de la vejez. Adam, su acompañante por dinero, intenta escapar de una vida complicada. Y parecen entenderse bien.
Una intriga emocional en la que se habla el paso del tiempo, el fracaso sentimental, de la necesidad de amar. Pero también de la gloriosa tiranía del sexo de la vida entendida como un lance fugaz en la que devorar o ser devorado
¿EN QUÉ MOMENTO SE PIERDE UN SER HUMANO?
La vida es un pequeño espacio de luz entre dos nostalgias: la de lo que aun no has vivido y la de lo que ya no vas a poder vivir.
Soledad hierve de rabia. A pesar de que parece haber encajado bien la ruptura con Mario, su último amante, dentro de ella siente los dientes del desamor y la pérdida. Por si fuera poco, la esposa de Mario está embarazada y Soledad tiene la certeza de que ese detalle ha sido definitivo para que él la deje. Llega su cumpleaños, su temido cumpleaños en el que llegará a los sesenta años, y había conseguido entradas para Tristán e Isolda, una ópera que Mario y ella habían compartido de forma muy íntima. Pero ya no podrá ir con él. Con Mario. Mario que, mediante whatsapp, le ha dicho que también tiene entradas para la representación y que irá con su mujer. Ahora apenas puede lidiar los mordiscos de su rabia dolorosa, esa que le va llagando el alma, y ha tomado una decisión: contratar un escort, un prostituto, lo más guapo posible para acompañarla a la ópera. Ojalá se cruce con Mario. Ojalá consiga que él se sienta mal, incluso que se ponga celoso. Ojalá...
La novela está escrita en tercera persona, pero de un modo tan intenso y tan detallado que te sumerges en ella como en aguas bravas: sin pensar. Es complicado definir a Soledad, porque es un personaje con muchos matices y con muchos recovecos, algunos sumidos en la oscuridad. Va a cumplir los sesenta y se mantiene atractiva, se cuida, tiene un buen trabajo... pero sus relaciones nunca son fáciles ni suelen terminar bien. Esta última decepción es especialmente dura, no sólo por la cercanía de su cumpleaños sino también porque considera que la asistencia de Mario a la ópera que tanto significaba para ellos (o eso creía Soledad) es toda una traición.
El caso es que la ruptura con Mario había sido difícil pero por otra parte comprensible. Como en todas las relaciones de Soledad , el final estuvo en el horizonte desde el primer momento.
Quizá la reacción de Soledad ante esto tiene bastante de pataleta, un poco un "y yo más", un deseo irrefrenable de hacer ver a su ex amante que ha pasado página y que le ha sustituído por alguien más joven y atractivo. Pero ¿es sólo despecho o es que amaba a Mario más de lo que quiere reconocerse a sí misma? ¿O es ese pavor a la vejez, a estar sola, a no volver a amar?. Allí está, delante del ordenador, mirando fotografías de hombres por horas y rumiando sus recuerdos cuando aparece la imagen de Adam, al que se define en la novela como una mezcla formidable de pianista romántico cruzado con musculoso trapecista. No es un capricho barato, pero acaba por contratarle. Acudirán juntos a la ópera pero lo que debía haber terminado ahí se complica por un suceso inesperado. Y ese será el principio de una historia compleja en la que los dos tienen intereses que el otro puede satisfacer.
Adam es ruso y huye de una vida dolorosa y llena de privaciones. Y ambos parecen entenderse bien a pesar de la diferencia de edad, a pesar de cómo se han conocido. A todo ello se une una segunda trama, basada en una exposición en la que Soledad trabaja, basada en escritores malditos. Se van intercalando datos de algunos de los elegidos, de sus vidas, como si Soledad fuese aspirando su esencia. Sus choques constantes con Marita, otra de las encargadas del montaje, más joven y con ganas de destacar, minan su seguridad más de lo que quiere reconocer.
Como me ocurrió con La ridícula idea de no volver a verte, la prosa de Rosa Montero ha conseguido que no pudiera dejar de leer. No es demasiado largo y se lee con facilidad a pesar de que no siempre Soledad resulta un personaje acogedor ni fácil de entender. Parece que su nombre ha marcado su vida, al igual que a su hermana, Dolores, con un destino aun más triste. El miedo a la vejez y a quedarse completamente sola está siempre presente en cada paso que da, en cada despertar cada mañana. Adam es una oportunidad con la que no contaba y, aunque les separan muchos años, se comprenden, encajan, comparten en ocasiones esa carne que puede resultar gloriosa.
La forma de narrar de Rosa Montero puede parecer sencilla, pero cada detalle está colocado con precisión. No son necesarias grandes metáforas para contarnos una historia como la de Soledad y Adam y, sin embargo, se nota el gran trabajo que hay detrás. Cómo están articulados los personajes, cómo van evolucionando, cómo dibuja las situaciones, cómo nos va deslizando dentro de la vida de Soledad para acabar comprendiendo muchas cosas. La intriga se va entregando en pequeñas dosis, sutilmente, componiendo una tela de araña que al principio es muy sutil y que se va enmarañando, atrapando al lector sin remedio.
Personalmente he disfrutado de la lectura de La carne sobre todo por ser una novela tan distinta a lo que vengo leyendo últimamente. Y porque, cuando todo parece ser de una manera, es de otra. Ese factor de sorpresa siempre me fascina. Os recomiendo su lectura y su disfrute. Porque la carne, aunque sufra los estragos de la edad, siempre está dispuesta al goce.















