lunes, 29 de noviembre de 2021

URUGUAY Y CHILE EN EL CERTAMEN DE NOVELA HISTÓRICA DE ÚBEDA

Como ya os conté en mis redes y en el post dedicado al Certamen de Úbeda, este año, gracias a un proyecto de cooperación internacional con la Agencia Española de Cooperación y Desarrollo (AECID) del Ministerio de Asuntos Exteriores, ha comenzado la participación de autores hispanoamericanos de novela histórica dentro de las actividades y presentaciones que tienen lugar en su marco. El proyecto es que, cada año, sean dos los países representados: en la pasada edición, celebrada entre los días 9 y 21 de noviembre, contamos con la presencia de autores de Uruguay, con Valentín Trujillo y Marcia Collazo, y Chile, con Patricia Cerda y Carlos Tromben. Personalmente me supusieron un descubrimiento fascinante, no solo por la temática de sus novelas, tan diferente a la que estamos acostumbrados, sino también por el modo en que las presentaban, llevándonos a paisaje y hechos de los que en este lado del océano no tenemos ni idea. 

Tuve la suerte de poder departir con los cuatro que, además de ser magníficos conversadores, se mostraban en todo momento encantados y felices de estar en Úbeda y darse a conocer. Se implicaron de tal modo que hasta Valentín Trujillo se animó a participar en la recreación histórica de la Guerra de Sudán y cayó como un valiente ante las hordas del Mahdi. En este post quiero presentaros las cuatro novelas que trajeron al certamen y dejaros sus respuestas ante un pequeño cuestionario que les propuse y que, amablemente, me contestaron. Son muy interesantes sus respuestas acerca de las diferencias que creen que pueden existir con los escritores de novela histórica españoles y muy emotivas las palabras que dedican al certamen, a sus organizadores y a Úbeda. Gracias a los cuatro por su complicidad.

VALENTÍN TRUJILLO Y MARCIA COLLAZO - URUGUAY -


Valentín Trujillo, profesor, escritor y periodista, comenzó escribiendo poesía y relatos cortos (su libro de relatos Jaula de costillas, obtuvo el XIV Premio Nacional de Narrativa en Uruguay. Su primera novela ¡Cómanse la ropa! ganó el premio de narrativa en los Premios Onetti. Desde 2020 es director de la Biblioteca Nacional de Uruguay.

¡Cómanse la ropa! En plena guerra de independencia, un grupo de patriotas naufraga en las costas de Perú. Uno de ellos es el coronel Carlos Federico de Brandsen, destacado jinete francés que ya había luchado junto a Napoleón y que, en América, continúa la lucha por la libertad de las incipientes repúblicas. Su periplo a través de los Andes, desfiladeros, pueblos fantasmas, caminos tortuosos,nevadas inclementes y el acecho de ejércitos enemigos, van minando la fidelidad a la causa de sus protagonistas. Tras tanta sangre y tanto campo de batalla, en la mente de Brandsen las guerras empiezan a mezclarse y también los presagios de derrotas por llegar. Tanto enfrentarse a la muerte, ya no sabe cuál es la vida que está viviendo

Marcia Collazo es abogada, profesora y escritora y proviene de una familia de escritores y artistas. Ha publicado numerosos ensayos y artículos académicos de Derecho, Historia y Filosofía (es profesora de Filosofía del Derecho) y también columnas en diferentes medios de comunicación. Ha recibido diferentes premios por su obra poética y narrativa en su país y en su narrativa histórica busca dar voz a los oprimidos, en especial las mujeres, con un interesante juego entre la ficción y la narración histórica.

Heroica. Una sobreviviente del sitio a Paysandú (1864-1865) escribé en 1900 una carta dirigida a Bartolomé Mitre, el único de los tres ejecutores de esa guerra que premanece con vida. Los otros dos, Venancio Flores y el emperador Pedro II de Brasil, ya han fallecido. A través de la "carta interminable", escrita para echar fuera a sus fantasmas, Micaela, personaje de ficción, nos habla de las numerosas protagonistas históricas de aquel sitio: madres, esposas, hijas y hermanas de combatientes. Gracias a una rigurosa investigación, Marcia Collazo rescata a cuarenta y seis mujeres de un olvido injusto, mujeres que vivieron el dolor y la esperanza, la pasión, el peligro, la valentía. La saga inmortal de una ciudad y de una peripecia heroica. 

PATRICIA CERDA Y CARLOS TROMBEN - CHILE -


Patricia Cerda, chilena nacida en Concepción, reside a caballo entre Berlín y Chile. Es Doctora en Historia por la Universidad Libre de Berlín, donde también ha sido profesora de Historia Latinoamericana. Es escritora, historiadora y ensayista. En 2013 publicó un volumen de cuentos titulado Entre mundos, uno de los cuales fue traducido al alemán e incluido en la antología Literatura Chilena Emergente de la revista Alba. En sus dos novelas históricas, Rugendas y Mestiza, Patricia aborda, en especial, la memoria cultural chilena. 

Mestiza no es solo un viaje al pasado de una mujer con agallas, es también el viaje al pasado de un país contradictorio, trágico y bello al que llamaron Chile. "He aquí las confesiones de una cautiva del reino de Chile

"He aquí las confesiones de una cautiva del reino de Chile. Cautiva como lo fue mi madre, como lo fue tambien mi hermano menor, como lo fueron muchos españoles entre los míos y muchos de los míos a este lado del mundo. Los cautivos, sus hijos y sus nietos están por todas partes en el reino de Chile. Son, somos el lado oscuro de la vida cotidiana. La vida es un viaje entre la nada y la nada. Yo nunca olvide mi viaje en ese equipaje. Desde que me tomaron en Lanalhue encarne dos mundos y este es mi testimonio. Fui cautiva, panadera, encomendera, monja, cantora y últimamente samaritana y cronista de mi propia vida. Todos estos roles me cayeron del cielo. No fui yo quien los eligió."

La voz de la mestiza Animallen se levanta fuerte y clara para contar su historia en este fascinante relato de epoca, construido con el rigor que entregan las fuentes históricas y la libertad de la ficción.

Carlos Tromben, escritor y periodista chileno, hijo de capitán de navío, debutó en la literatura con la novela Poderes fácticos, basada en un hecho real, a la que siguió otra policial, Prácticas rituales. Su primera novela histórica, Huáscar, la publica en 2015, narrando la captura del legendario monitor peruano, a la que siguió Balmaceda en 2016. Su tercera novela de este género, Santa María de Iquique, le consolida como escritor y es seleccionada como uno de los 10 mejores libros del año en Chile.

Santa María de Iquique. “Las iglesias estaban malditas, los cementerios no daban abasto; el terror era la ley. La muerte permaneció días y semanas en Iquique como un olor, un manto invisible, algo de lo que no se podía hablar. Durante años los habitantes recordarían en privado aquel maldito 1907 en que llovió a cántaros, hubo un eclipse y miles de personas fueron ametralladas por las fuerzas armadas”. La masacre en la escuela Santa María de Iquique fue el final de un año trágico. La escuela se convirtió en el refugio fatal para los obreros de las oficinas salitreras que ese año se levantaron en huelga para defender sus derechos. Aquí están los líderes sindicales y las autoridades políticas, las mujeres fuertes y la pampa explotada; y también Melchor Martínez y Rosa de Talagante, a quienes los lectores ya conocieron en Huáscar y acompañaron en Balmaceda. Tromben cierra este ciclo histórico con una novela en que la violencia de la tierra, la violencia de sus habitantes y la violencia del Estado conforman una sola fuerza.

CINCO PREGUNTAS PARA CUATRO AUTORES

A los cuatro les formulé las mismas preguntas y cada uno de ellos las respondió dejando impronta de su carácter y de lo que querían transmitir. Vuelvo a agradecerles su tiempo y el cariño con que me respondieron.. Confío en que la vida nos vuelva a reunir.

1.- ¿Qué se va a encontrar el lector en tu novela?

Valentín Trujillo: El lector se encontrará con una historia de pesadilla, ambientada en las guerras de independencia de América, en 1823, en el Perú y el Alto Perú (hoy Bolivia), y protagonizada por un oficial de caballería francés, el coronel Brandsen. La naturaleza engulle a personajes que apenas entienden que pueden hacer muy poco ante el peso de circunstancias que están fuera de su alcance. Se encontrará también con una prosa densa, trabajada, que ha buscado intentos líricos y que se ha basado en un español un poco arcaico y un poco lacónico, parecido a la de las crónicas del silgo XIX. 

Marcia Collazo: Los lectores se encontrarán con un episodio histórico diminuto y a la vez universal: la heroica defensa de Paysandú, una pequeña ciudad de Uruguay, sitiada en 1864 por las fuerzas del Imperio de Pedro II de Brasil y de un caudillo local (Venancio Flores), con el apoyo y la complicidad de la Argentina de Bartolomé Mitre. 16.000 soldados y 14 barcos de guerra contra 1.046 defensores, entre quienes se contaban al menos 45 mujeres cuya existencia histórica se ha probado. Una sobreviviente de ese sitio le escribe, en 1900, una larguísima y furibunda carta a un anciano Bartolomé Mitre. A través de esa carta pretende no solamente descargar su amargura y su rencor, sino además ejercer cierta pretensión de justicia. ¿Qué interés puede tener este suceso para nosotros? El mismo que puede tener el sitio de Troya, el de Massada o el de Numancia; una resistencia heroica, una apuesta a la dignidad y a la libertad, un pacto explícito de luchar hasta sucumbir y una gran interrogante que recorre toda la novela: ¿se trató de una gesta gloriosa o de un suicidio colectivo? ¿fue sensato presentar batalla o debieron haberse rendido desde el primer instante? ¿su hazaña puede significar un legado valioso para enfrentar nuestra propia peripecia vital? Estos son algunos de los dilemas que el lector podrá ir develando a lo largo de las páginas de Heroica.

Patricia Cerda: Una novela histórica ambientada en el siglo XVII en Chile y Sevilla. La protagonista es una mestiza del Reino de Chile que con 70 años cuenta su vida desde Sevilla. Lo que le ha ocurrido a su Reino de Chile, le ha recurrido a ella; esto es: la Guerra de Arauco, el aislamiento de su reino al sur del mundo, la llegada de gobernadores arrogantes, un terremoto... Pero lo más importante es la fortaleza con que ella enfrenta todo ésto. En 1604, cuando tenía diesiséis años, es cautivada por un sargento mayor español y llevada a vivir a un fuerte. Allí comienza una odisea que terminará en España. La novela nos habla de los inicios de la cultura chilena y latinoamericana y de los mecanismos de supervivencia de mis antepasadas mestizas.

Carlos Tromben: Santa María es una novela coral sobre un episodio muy dramático no ya de la historia de Chile, sino mundial. Una época de cambios tecnológicos acelerados y graves crisis sociales, que afectó a todos los países. En mi novela hay personajes globales como el banquero JP Morgan y el joven revolucionario León Trotsky, así como dirigentes sindicales, políticos, intelectuales que de un modo u otro tomaron parte en los hechos.

2.- A la hora de usar la ficción para completar los hechos históricos que narras ¿cómo conjugas ambas cosas?

V.T: Mi novela se basa en un 70-80% de ficción. Por supuesto que se basa en hechos históricos verídicos, y por cierto que el protagonista de verdad existió y participó en varias guerras americanas. La conjugación o el ensamblado está en el argumento. Cuando uno lee la historia y la progresión de acontecimientos “reales” por momentos parecen poco creíbles, insólitos, sorpresivos. Son esos los escalones o impulsos para saltar a la ficción. En el caso de ¡Cómanse la ropa! solo afilé o agudicé lo que ya traía de complejo lo real.  

M.C: La novela histórica plantea varios desafíos. En primer lugar es necesario, al menos en mi caso personal, realizar una investigación histórica exhaustiva. Después, intento crear una trama en la que se insertarán los personajes, procurando no transgredir jamás el dato histórico y el espíritu de la época. Finalmente, me propongo lo más díficil: crear un discurso literario que posea valor en sí mismo, para que la novela no se vea reducida a una mera crónica o relato circunstancial.

P.C: En “Mestiza” he creado personajes femeninos y masculinos que viven y sufren el siglo XVII y me he sumergido con ellos en otra sensibilidad; la del barroco, de los buscavidas, de las mujeres que deben hacerse camino en un mundo dominado por los hombres, la del monopolio colonial y del surgimiento de una nueva cultura que con el tiempo llegaría a ser la cultura chilena. La conjugación entre historia y ficción en mis novelas es un proceso esencialmente espontáneo. Dejo que las ideas fluyan y que los personajes se desarrollen con libertad.

C.T: Para mí la ficción complementa lo que la historia no pudo registrar, los espacios vacíos. Por ejemplo, la historia de las mujeres y de los sectores populares, los que no tuvieron voz, pero allí estaban. La ficción también permite jugar con explicaciones verosímiles para aquello que no tiene explicación. ¿Por qué este personaje histórico tomó una decisión tan absurda? ¿Por qué no hizo nada si tenía todos los medios para evitar la tragedia? 

3.- Al plantearte escribir una novela ¿cuál es tu rutina? ¿Primero te elaboras un esquema o el desarrollo de la historia que vas a contar o le das prioridad a la documentación?

V.T: Pasé casi dos años entre la documentación histórica y el “trabajo de campo” en el territorio. Viajé desde Uruguay hasta el norte de Chile y costas del Perú, recorriendo los campos de batalla y los sitios que hace unos dos siglos caminaron mis personajes. La novela sigue el esquema de la historia verídica, pero en un 70% digamos es ficción. Utiliza los mecanismos propios de la literatura para ello.

M.C: Lo prioritario, para mí, es siempre la documentación y la recreación del tiempo histórico (tarea que me puede llevar varios años de estudio), pero después viene la parte más ambiciosa: la elaboración ficcional de una trama o montaje en el que se destacan el lenguaje, el pensamiento y la especulación sobre la condición humana.

P.C: Hay una parte que es planeada. En “Mestiza” me propuse contar las raíces latinoamericanas desde una perspectiva femenina. Este era el proyecto y para eso me documenté. Después la trama fue saliendo sola. En parte la daba la misma historia, las cosas que verdaderamente ocurrieron en Chile y Sevilla y que ella vive en carne propia. No me gustan las novelas demasiado descriptivas o muy cargadas de información histórica. Si se trata de aprender historia, mejor leer un manual. Lo que yo pienso que interesa al lector o lectora de novelas históricas es la dimensión emocional. ¿Cómo era vivir en una determinada época? Pienso que eso es, esencialmente, lo que le otorga carácter universal a las ficciones. Espero que mis lectores viajen al pasado y regresen al presente con mayor lucidez, capaces de comprender mejor su presente y a sus contemporáneos. 

C.T: Sí, elaboro un esquema, pero es solo tentativo. Se puede ir cambiando sobre la marcha en la medida que encuentras nueva información. Documentarme es fundamental, a través de periódicos, revistas de época, como también trabajos historiográficos, cronologías, etc. Hay personajes históricos, pero los historiadores no suelen hurgar en sus perfiles psicológicos, y me gusta jugar también con eso.


4.- Tras tu reciente visita el Certamen de Novela Histórica de Úbeda y escuchar las diferentes charlas ¿crees que existe diferencia en el modo de escribir y desarrollar la novela histórica entre los autores españoles y los latinoamericanos?

V.T: Sin dudas, las diferencias son muy notorias. Con sus ventajas y desventajas en ambos sitios. Por un lado, España tiene desarrollada una industria de la novela histórica. Existe un amplio mercado de lectores y editoriales especializadas que juegan un rol muy potente, e incluso un certamen tan prestigioso como el de Úbeda. También, con el paso del tiempo, se ha moldeado un tipo de lector, un lector acostumbrado o adaptado a ese modelo que describo. Por ejemplo, me llamó la atención que las novelas casi en su mayoría deban superar las 500 páginas. Las portadas son similares, la forma de difusión también tiene un ángulo de cercanía. En algunos casos, el formato best seller culmina por definir el aspecto del libro. En Uruguay, las novelas históricas hoy son más esporádicas, y casi ausentes entre los escritores de mi generación (que rondamos los 40 años). Quizás exista mayor libertad en la escritura, en el tono,  en la extensión y en algunas definiciones de mercado, pero al mismo tiempo la ausencia de una estructura organizada y de festivales y encuentro temáticos hagan más árido el género aquí.  

M.C: En general, como ha sido destacado por más de un artículo periodístico, entre los escritores latinoamericanos sobresale una riqueza de juegos de lenguaje muy característica, que busca trascender el discurso clásico o canónico de la novela histórica como tal. Sin embargo, son muchas más las semejanzas que las diferencias. Los escritores españoles han remarcado la necesidad de respetar el dato histórico para poder hablar de una verdadera novela histórica, con lo cual concuerdo, o de no forzar temerariamente la interpretación histórica para hacerla coincidir con intereses tangenciales de nuestra actualidad. Otra semejanza reside en la necesidad de tomar determinados temas históricos que nos resultan inquietantes, relacionados con aspectos como los orígenes étnicos, o la identidad regional y nacional.  Pero creo que los latinoamericanos, tal vez porque somos un continente joven (tenemos apenas unos 200 años de historia independiente) ponemos el acento en temas más específicos y propios como los sucesos revolucionarios, la sangre derramada, las guerras imperialistas que una y otra vez nos han golpeado, y los procesos de liberación en general, incluidas las dictaduras y los diversos regímenes de represión popular. En mi caso, además, me interesa particularmente la historia de los seres anónimos, hombres y mujeres (en especial mujeres), que han dado su vida por todas esas causas sin que su nombre haya pasado a la posteridad. 

P.C: Puede ser. Creo que los latinoamericanos y los españoles nos planteamos preguntas diferentes. Cuando se trata de repensar nuestra matriz colonial, que compartimos durante tres siglos, nosotros los americanos la vemos desde este lado y ustedes los españoles la ven desde el otro lado del charco. Por eso son tan interesantes estos encuentros. Nos amplian la perspectiva y la capacidad de empatía. Por eso también me pone tan contenta que Mestiza haya sido publicada en España. Actualmente estoy leyendo la novela “Castellano” de Lorenzo Silva, que también estuvo en el Certamen. Me parece muy interesante el vínculo personal que crea entre él, como narrador, y el tema de que trata su novela: la Revolución de los Comuneros y el surgimiento de una identidad castellana. Gran novela. A mí también me gusta hacer esos experimentos. Me encantan los autores personajes que hacen participar al lector del proceso creativo. Es lo que hice en mi última novela “Las infames” (Planeta Chile).

C.T: Me parece que los métodos no difieren. Todos trabajamos con documentos y dejamos la imaginación fluir en aquellos espacios en blanco que ha dejado la historia. Lo único diferente es el horizonte temporal mucho más antiguo de España. El ser humano llegó a la península mucho antes, en América donde se desarrollaron civilizaciones interesantísimas, pero que no nos dejaron registro escrito. Lo que me sorprende positivamente es que todavía nos queda mucho por trabajar por la convergencia temática, la historia en la que convergemos como fueron los procesos de conquista e independencia, por citar solo dos de los más conocidos.

5.- Háblame un poco de tu experiencia en el Certamen y el encuentro entre autores y medios.

V.T: Ha sido un certamen intenso, en muchos planos, no solo el literario, que fue sin dudas muy importante. El encuentro con colegas, la charla cara a cara, compartir experiencias, el contacto con la gente, con los lectores a quienes nos debemos, fue muy emociónate. Nunca olvidaré una chica que en Vilches compró un libro mío y me contó que había ido hasta allí con su madre, desde su pueblo de Chiclana de Segura. Tener la oportunidad de conocer pequeñas comunidades de la España profunda, así como la hermosa ciudad de Jaén, y obviamente Úbeda-Baeza, patrimonio de la Humanidad, hizo que el disfrute fuera completo. Pero resalto también el valor humano de la organización, la cercanía y cariño de los organizadores, la familia Lozano y todo el equipo, que con gran esfuerzo “ponen la mesa completa” para que uno se sirva. Mi enorme agradecimiento para ellos.  

M.C: El encuentro me pareció maravilloso y fermental. Se trató de un esfuerzo descomunal y en buena medida ejemplar, de organización, de voluntad humana y de cooperación institucional, que viene a introducir nuevas miradas y nuevas lecturas sobre América y España. Ya no se trata de la madre patria ni de la metrópoli, y mucho menos de las colonias. Existe una firme intención de asomarse a América desde una concepción igualitaria, como pueblos hermanos, unidos por una historia que en gran medida es común. América Latina es una tierra de mestizaje integral (de sangres, lenguajes, costumbres, culturas y mentalidades plurales y diversas) en la que el componente español juega un papel muy importante. Es hora de conocer y reconocer a América, y es hora de conocer y reconocer a España a partir de la encrucijada histórica y literaria actual, y en todos estos sentidos me parece sumamente valioso, saludable y enriquecedor el encuentro. Creo que corresponde celebrarlo y fortalecerlo en el futuro mediante acciones metódicas y recíprocas.

P.C: Fue una experiencia maravillosa. Sebastián Lozano y toda su familia fueron huéspedes encantadores. Aprendí mucho con las visitas guiadas en Úbeda, Baeza y Jaén. Conocí colegas españoles que también publican en Ediciones B. No fui a muchas presentaciones de libros, pero las pocas que visité me parecieron de muy buen nivel. Fue motivante. Todos ampliamos nuestros horizontes. Debiéramos tener más encuentros como éste en América y en España.  

C.T: Fue una experiencia maravillosa en varios niveles. La excelente organización, la generosa acogida, las conversaciones e intercambios que abren mundos y posibilidades para la escritura. Tenemos España y América más de 500 años de relación e influencia recíproca, de vasos comunicantes en la cultura, en la política, en la poesía y en la novela. Con este certamen renovamos y robustecemos todo esto y lo proyectamos al futuro. Regreso muy contento a mi tierra de volcanes y terremotos.

 

 

 

 


 



viernes, 19 de noviembre de 2021

X EDICIÓN DEL CERTAMEN DE NOVELA HISTÓRICA DE ÚBEDA

Felicidad. No sé definirlo de otra manera. Poder vivir en primera persona el Certamen de Novela Histórica de Úbeda, para mí, es pura felicidad. Porque ¿cuántas veces puedo sentirme tan bien acogida, tan cuidada? ¿cómo no emocionarme con los reencuentros, los abrazos, las charlas, las presentaciones, compartiendo espacio con escritores a los que admiro o participando, a grito pelado, en las recreaciones históricas? Han sido tres días completos de actividades en los que he aprendido mucho y de los que me llevo mucho más aún, así que, antes de nada, vuelvo a agradecer a la organización del certamen y a Pablo Lozano que hayan vuelto a contar conmigo. Y es que este año la programación se ha ampliado y ha sido más ambiciosa que nunca, para celebrar el décimo aniversario: desde el 9 hasta el 21 de noviembre, con más de 50 actos programados y casi 30 autores presentes, siendo el fin de semana del 12 al 14 de noviembre el que más actividad congregaba.

Esta edición, además, contaba con el aliciente de una feria del libro paralela en la que los autores participantes firmarían sus obras, algo que congregó a mucho público, y también había reunido, para la concesión de los premios "Ciudad de Úbeda" y "Cerros de Úbeda" el mayor número de integrantes en la comisión lectora: aproximadamente 60, de toda la geografía española y también de hispanoamérica. La posibilidad de las reuniones online facilitó mucho la tarea de la comisión y sus deliberaciones. Y una novedad fabulosa: la presencia de autores iberoamericanos de novela histórica. Este año los países presentes han sido Uruguay y Chile, cuyos escritores han aportado una visión diferente y muy interesante. Por supuesto, las recreaciones históricas vuelven a tener su hueco: las sufragistas, la guerra del Sudán, el tiroteo de OK Corral, además de charlas sobre los diferentes ejércitos, están llenando las calles.

En los días previos al "desembarco" de los medios en el certamen, ya varios autores habían presentado sus novelas en la sede de la UNED, como Manuel Martínez y su Manuela Malo: Una torreña entre los fogones de Churchill, que contó con la presencia y la palabra de la propia protagonista. También Luis Miguel Sánchez Tostado acudió con La cuarta bestia, una dura novela basada en un crimen real, y Jesús Maeso de la Torre descubrió muchos detalles de su novela Teodora, la crisálida de Bizancio. 

Fue el viernes 12 por la tarde, cuando comenzó una actividad frenética de actividades literarias en la sala de prensa del Hotel Álvar Fáñez. Primero tuvimos a Olga Romay, que venía a presentar Bajo el cielo de Alejandría, una novela en la que Tolomeo, que dio origen a la dinastía Lágida, se erige como protagonista principal y que, como consecuencia de haber trasladado el cadáver, lleva "adosado" el espíritu de Alejandro Magno comportándose como un niño caprichoso. A continuación fue el turno de Ávaro Lozano y su Irene de Atenas, su primera novela, ambientada en el Imperio Bizantino, una época que, según Álvaro, está bastante olvidada en la novela histórica y con una protagonista de gran talla política que se tuvo que enfrentar a muchas y adversas circunstancias. La siguiente presentación, que tuve el placer de moderar, fue la de Fernando García Pañeda con su última novela, La pintora, que nos narra la vida de Elizabeth Louise Vigèe, una pintora excepcional en la corte de Luis XVI.

Los dos últimos actos de este día nos llevaron al salón de actos del Hotel Palacio de übeda primero para asistir a la mesa sobre La novela histórica en Uruguay, con los autores Valentín Trujillo y Marcia Collazo. Valentín traía su novela ¡Cómanse la ropa!, que él mismo definió como de un militarismo brutal, protagonizada por un coronel francés que, tras luchar con Napoleón, llega a sudamérica para enrolarse en los movimientos de liberación sudamericanos. Marcia nos habló de su novela Heroica, basada en un tremendo hecho real de 1864 en Uruguay, que arrasó completamente una ciudad y a sus habitantes. Posteriormente se hizo entrega del premio "Cerros de Úbeda" a la mejor novela histórica del 2020 a José Zoilo por El nombre de Dios, que recibió emocionado, para después hablarnos sobre su reciente novela Lordemano, en la que nos cuenta las vicisitudes de un vikingo que llega a las costas del norte españolas y el viaje, tanto físico como emocional, que le llevará por la Hispania del momento. 

El sábado, al menos para mí, amaneció muy temprano, ya que teníamos que acudir al ensayo de la recreación histórica que se celebraría por la tarde sobre la Guerra de Sudán. La salida con mojitos incluidos de la noche anterior a La Beltraneja (el estupendo garito de obligada visita) no lo hizo fácil, pero conseguimos llegar a tiempo a la primera presentación, la de Lola Montalvo, que nos habló de su libro La fosa y de cómo, como escritora, cree que debe reivindicar y visibilizar el problema de la memoria histórica en nuestro país. A continuación Rodrigo Costoya, ganador de la edición del año pasado del premio "Ciudad de Úbeda", nos hizo una exposición brillante sobre Portosanto, su última novela, y sobre la teoría del origen gallego de Colón, teoría que sorprendió e interesó mucho a los presentes. 


 Ya en la sede del Hotel Ciudad de Úbeda, José Soto Chica nos llevó hasta el reinado de Leovigildo y nos habló de Gosvinta, una mujer que llegó a ser la más poderosa de occidente, con grandes habilidades como gobernadora y regente, tal como refleja en su novela El dios que habita la espada. A continuación, Luis Zueco nos presentó El cirujano de almas, en la que a través de su protagonista, Bruno Urdaneta, nos cuenta cómo se crearon los cimientos del médico moderno. El último acto literario de la mañana fue para la mesa de los autores chilenos, Patricia Cerda y Carlos Tromben, con sus novelas Bajo la Cruz del Sur, en la que se nos habla de la dureza de la vida dentro de las naves de los conquistadores, y Santa María de Iquique, que nos traslada al año 1907 y a la masacre de obreros en la escuela de Santa María de Iquique. 

La comida del sábado fue numerosa y llena de conversaciones de todo tipo. Mezclados autores, medios, periodistas, blogueros y miembros de la organización, el ambientazo estaba garantizado. Muchas risas, charlas históricas, anécdotas... y, para los que participábamos en la recreación, salida en tromba con el postre en la boca para vestirnos y prepararnos. El ejército del Mahdi venció a los ingleses a pesar de las descargas de fusilería y los cañonazos para, después, confraternizar con el enemigo en fotografías y abrazos. 

A las 18:30 se entregaba el Premio de Novela Inédica Ciuda de Úbeda a Elena Bargues, por su obra El encargo del Maestro Goya, un premio muy aplaudido y que contó con la presencia de varios de los patrocinadores del certamen. Posteriormente, Elena nos habló de su novela, de los hechos y escenarios reales que en ella aparecen y de la historia central. Se la vio emocionada y feliz. La tarde del sábado se cerró con la presentación de Tras los pasos de Jane Austin, de Espido Freire, un ensayo completísimo y lleno de visitas obligadas para los amantes de la autora inglesa. Personalmente tengo que agradecerle a Espido su generosidad y su cercanía y lo fácil que me lo puso a la hora de presentarla.

La noche del sábado fue joven para unos cuantos de los invitados de nuevo en La Beltraneja, pero confieso que presentaciones y batalla me habían dejado para el arrastre, así que decidí disfrutar de la comodidad de la cama y llegar al domingo fresca y dispuesta. Porque a primera hora David Gómez nos traía Fuego sobre Igueriben, su primera novela, ambientada en la Guerra de Marruecos, tan olvidada en todos los ámbitos, una novela en la que la guerra se vive con toda su crueldad y en la que el lector siente la sed, el miedo, la falta de esperanza. A continuación Juan Pedro Cosano presentó una de las, en mi opinión, mejores novelas históricas de 2020: El rey del Perú, basada en la figura de Gonzalo Pizarro y con la dama inca Nayaraq como narradora. Visual, impecable y llena de matices, Juan Pedro supo enamorar a la audiencia con su historia y con sus conocimientos de la época.

 


 ¡Pelayo! es la novela que José Ángel Mañas había traído al certamen basada en la figura del vencedor de la batalla de Covadonga, un hombre del que hay más mitos que certezas pero que él ha sabido humanizar y dar color. Su presentación fue muy vitalista, intensa, de las que captan sin dificultad la atención de los presentes. Posteriormente estaba prevista la entrega del premio Ivanhoe a toda su trayectoria al autor alemán Gisbert Haefs, pero un accidente doméstico de última hora nos privó de su presencia, por lo que el editor de Pàmies, Carlos Alonso, lo recogió en su nombre. El último acto literario del domingo corrió a cargo de Jorge Molist y La reina sola, una fantástica novela que nos traslada al reinado de Pedro III de Aragón y al poderío naval y político en el Mediterráneo. Con una parte audiovisual, todos comprendimos la expansión del reino de Aragón y las maniobras políticas de la época. 

La tarde del domingo trajo despedidas y un atardecer temprano. Para mí era como esas fiestas maravillosas en las que disfrutas más que nunca y no quieres que acaben, pero las puertas se abren y sabes que tienes que partir. Tengo tantos momentos para recordar... además de los abrazos, de los que ya he hablado pero que no me cansan nunca, me quedo con las risas compartidas, con el viaje con mis amigas en el que hasta vimos halcones peregrinos, con encontrarme de nuevo con Fernando, tan cómplice como de costumbre. Con los pimientos de David Gómez, que cumplió el reto lanzado en el podcast como un señor. Con los amigos del grupo de recreación histórica, que, aunque nos vemos de año en año, siempre es como si nos hubiésemos visto ayer. Con las presentaciones de David Yagüe, Pedro Pablo Uceda (que tampoco me falten a mí nunca tus abrazos), Javer Velasco y Penélope Acero, que me hacen ver cuánto tengo que aprender de ellos. Con ese vermut de vino compartido con Fernando y Jesús Delgado, cuyas fotos y notas en tiempo real tanto nos ayudan. Con la conversación con Alan Pitronello. Con las firmas en mis libros, algunas de las cuales me han emocionado especialmente. Con los ratitos de complicidad con el resto de participantes del podcast de novela histórica. Con la sonrisa de Ren y su talento. Con ese aceite de color verde intenso que tanto me recuerda a las tierras de Jaén. Con la comida del domingo compartiendo mesa con Espido Freire, Jorge Molist y Javier Velasco. Con el cafetito posterior en el Garden con la propia Espido, Pablo, Pedro Pablo y Begoña (mil gracias por los Virolos, ya casi no quedan). Con el cariño que me hacen sentir desde la organización: Pablo, Sebastián, Pedro Pablo, Jesús, Luís, Cecilia, Begoña... sois muy grandes. Gracias por tanto y por todo.

Nos vemos el próximo año. Larga vida a la novela histórica.


 





miércoles, 10 de noviembre de 2021

INCLUSO LA MUERTE MIENTE de Julio César Cano

De las cinco entregas que Julio César Cano ha publicado ya con las andanzas del inspector Monfort, yo me subí en marcha en la cuarta, Flores muertas. Y, como le pasó a la mayoría del resto de los integrantes de mi Club de Lectura LL, me hice miembro permanente y convencido de la"cofradía Monfort". Había algo diferente en aquella novela, quizá ese discurrir de sucesos y de hechos de la vida normal que se mezclaban con los crímenes, algo que hacía que la historia te pareciese que podía pasar en cualquier momento. Y que los policías no son arquetipos, como en otras novelas del género nos muestran, sino que se movían en toda la escala de sentimientos, con errores y aciertos, con dudas, pero profundamente humanos. Ahora, en Incluso la muerte miente, he vuelto a sentirme cómoda a pesar de que la trama toca temas que pueden erizar un poco la piel. Todo en ella es creíble, los personajes resultan naturales, hasta los "malos", si me permitís la expresión. Y he vuelto a encontrarme con una novela sólida, en la que todo encaja perfectamente y con los detalles habituales a los que el autor nos tiene acostumbrados que enriquecen, y de que modo, la acción.

Aún siendo una saga, los libros del inspector Monfort pueden leerse perfectamente por separado porque son autoconclusivos y se cierran sin flecos ni ese odioso (entendedme ese calificativo por lo que nos hace sufrir) "continuará" subliminal o no tanto que esconden otros. Así que nos vamos a Castellón de nuevo y a un caso enrevesado y complejo. De los que me gustan. ¿Venís?

"NO HAY NECESIDAD DE FUEGO, EL INFIERNO SON LOS OTROS" (JEAN PAUL SARTRE)

Tres amigos se reencuentran en Castellón después de un tiempo sin verse. Ana es tanatoesteticista, una "maquilladora de muertos" a la que le importa muy poco lo que opinen o digan de ella. Rubén vive de las rentas, pero sus muchos vicios han ido, paulatinamente, arruinando su vida. Y Álex, que estaba en Santiago de Compostela, ha regresado para poner en marcha un proyecto teatral. O eso dice. Cuando hallan el cadáver de un hombre en una discoteca del centro que ha sido arrasada por el fuego, la policía se alerta y se disparan todas las alarmas. Este solo será el comienzo de una serie de sucesos en los que los tres amigos se van a ver implicados y en los que su pasado parece tener mucha importancia. Por otro lado, en la comisaría, están preocupados por la extraña ausencia del inspector Monfort, que lleva tiempo sin aparecer y a quien necesitan con urgencia.

Se lo comenté a Julio hace unos días en el encuentro vía Zoom que tuvimos con él: si ya una novela de Monfort me atrapa y me hace disfrutar muchísimo, el hecho de que en Incluso la muerte miente aparezcan los peregrinos de Les Useres le ha dado un plus de emoción. Es posible que sea, como dice uno de mis mejores amigos, porque con la edad ya vamos teniendo "memoria sentimental" y yo conocí esta peregrinación de 800 años de historia en el primer libro que me compraron en la Feria del Libro de Madrid, Superstición y fe en España, que ya reseñé aquí y que jamás dejo de recomendar. Empezar la novela con ellos fue como un empujón más. Investigad, investigad.

En Incluso la muerte miente vamos a comprobar cómo los personajes principales, aquellos que pasan de novela a novela de la saga, han crecido y madurado. Van cambiando porque también para ellos pasa el tiempo y la vida no siempre es la misma ni tampoco el modo en que nos enfrentamos a ella. En esta ocasión Monfort va a ser cada vez más consciente de que necesita a los demás, a sus compañeros, y, por primera vez, va a dejar atrás sus impulsos de hacer las cosas solo para contar con los suyos. Y es que esta es una de las mejores características de los personajes de Julio César Cano: que son reales, humanos, que jamás son planos. Están llenos de matices y se nos permite conocerlos no sólo por la narración en sí (aunque las descripciones físicas no abundan, el lector va a imaginarlos más en función de cómo actúan o cómo los ven otros) sino por las reflexiones introspectivas de cada uno de ellos, unas reflexiones que también están llenas de normalidad. Como las nuestras. Como cuando estamos pensando en algo del trabajo y de pronto la mente se nos va a que tenemos que comprar aceite o lo guapo o guapa que estaba nuestra pareja ayer. 

Y es que son ese tipo de detalles, esa cotidianeidad en lo que se narra, una constante. Como lo son la música que en ocasiones acompaña a los protagonistas, la gastronomía de la zona, el paisaje tanto urbano como extramuros de la ciudad. No se nos dibujan escenarios solo tenebrosos o solo peligrosos, porque los peores escenarios y los peores crímenes muchas veces salen a la luz a mediodía y en un barrio normal.  

También, como suele ser marca de la casa, tendremos dos líneas temporales: una actual, con la investigación y los hechos presentes, y otra que nos lleva al pasado y que se va encarnando en la primera. En esta ocasión hay un pirómano que busca no solo el placer por el fuego, sino por causar el mayor daño personal posible y la novela se va vertebrando a lo largo de su confesión que va saliendo a la luz a lo largo de la novela, pero hasta el final no conoceremos su verdadera personalidad.

Capítulos cortos y trama absorbente, el cóctel perfecto para perderse en las páginas de Incluso la muerte miente. Y es que a veces el fuego prende desde las brasas de un alma rota.