miércoles, 10 de noviembre de 2021

INCLUSO LA MUERTE MIENTE de Julio César Cano

De las cinco entregas que Julio César Cano ha publicado ya con las andanzas del inspector Monfort, yo me subí en marcha en la cuarta, Flores muertas. Y, como le pasó a la mayoría del resto de los integrantes de mi Club de Lectura LL, me hice miembro permanente y convencido de la"cofradía Monfort". Había algo diferente en aquella novela, quizá ese discurrir de sucesos y de hechos de la vida normal que se mezclaban con los crímenes, algo que hacía que la historia te pareciese que podía pasar en cualquier momento. Y que los policías no son arquetipos, como en otras novelas del género nos muestran, sino que se movían en toda la escala de sentimientos, con errores y aciertos, con dudas, pero profundamente humanos. Ahora, en Incluso la muerte miente, he vuelto a sentirme cómoda a pesar de que la trama toca temas que pueden erizar un poco la piel. Todo en ella es creíble, los personajes resultan naturales, hasta los "malos", si me permitís la expresión. Y he vuelto a encontrarme con una novela sólida, en la que todo encaja perfectamente y con los detalles habituales a los que el autor nos tiene acostumbrados que enriquecen, y de que modo, la acción.

Aún siendo una saga, los libros del inspector Monfort pueden leerse perfectamente por separado porque son autoconclusivos y se cierran sin flecos ni ese odioso (entendedme ese calificativo por lo que nos hace sufrir) "continuará" subliminal o no tanto que esconden otros. Así que nos vamos a Castellón de nuevo y a un caso enrevesado y complejo. De los que me gustan. ¿Venís?

"NO HAY NECESIDAD DE FUEGO, EL INFIERNO SON LOS OTROS" (JEAN PAUL SARTRE)

Tres amigos se reencuentran en Castellón después de un tiempo sin verse. Ana es tanatoesteticista, una "maquilladora de muertos" a la que le importa muy poco lo que opinen o digan de ella. Rubén vive de las rentas, pero sus muchos vicios han ido, paulatinamente, arruinando su vida. Y Álex, que estaba en Santiago de Compostela, ha regresado para poner en marcha un proyecto teatral. O eso dice. Cuando hallan el cadáver de un hombre en una discoteca del centro que ha sido arrasada por el fuego, la policía se alerta y se disparan todas las alarmas. Este solo será el comienzo de una serie de sucesos en los que los tres amigos se van a ver implicados y en los que su pasado parece tener mucha importancia. Por otro lado, en la comisaría, están preocupados por la extraña ausencia del inspector Monfort, que lleva tiempo sin aparecer y a quien necesitan con urgencia.

Se lo comenté a Julio hace unos días en el encuentro vía Zoom que tuvimos con él: si ya una novela de Monfort me atrapa y me hace disfrutar muchísimo, el hecho de que en Incluso la muerte miente aparezcan los peregrinos de Les Useres le ha dado un plus de emoción. Es posible que sea, como dice uno de mis mejores amigos, porque con la edad ya vamos teniendo "memoria sentimental" y yo conocí esta peregrinación de 800 años de historia en el primer libro que me compraron en la Feria del Libro de Madrid, Superstición y fe en España, que ya reseñé aquí y que jamás dejo de recomendar. Empezar la novela con ellos fue como un empujón más. Investigad, investigad.

En Incluso la muerte miente vamos a comprobar cómo los personajes principales, aquellos que pasan de novela a novela de la saga, han crecido y madurado. Van cambiando porque también para ellos pasa el tiempo y la vida no siempre es la misma ni tampoco el modo en que nos enfrentamos a ella. En esta ocasión Monfort va a ser cada vez más consciente de que necesita a los demás, a sus compañeros, y, por primera vez, va a dejar atrás sus impulsos de hacer las cosas solo para contar con los suyos. Y es que esta es una de las mejores características de los personajes de Julio César Cano: que son reales, humanos, que jamás son planos. Están llenos de matices y se nos permite conocerlos no sólo por la narración en sí (aunque las descripciones físicas no abundan, el lector va a imaginarlos más en función de cómo actúan o cómo los ven otros) sino por las reflexiones introspectivas de cada uno de ellos, unas reflexiones que también están llenas de normalidad. Como las nuestras. Como cuando estamos pensando en algo del trabajo y de pronto la mente se nos va a que tenemos que comprar aceite o lo guapo o guapa que estaba nuestra pareja ayer. 

Y es que son ese tipo de detalles, esa cotidianeidad en lo que se narra, una constante. Como lo son la música que en ocasiones acompaña a los protagonistas, la gastronomía de la zona, el paisaje tanto urbano como extramuros de la ciudad. No se nos dibujan escenarios solo tenebrosos o solo peligrosos, porque los peores escenarios y los peores crímenes muchas veces salen a la luz a mediodía y en un barrio normal.  

También, como suele ser marca de la casa, tendremos dos líneas temporales: una actual, con la investigación y los hechos presentes, y otra que nos lleva al pasado y que se va encarnando en la primera. En esta ocasión hay un pirómano que busca no solo el placer por el fuego, sino por causar el mayor daño personal posible y la novela se va vertebrando a lo largo de su confesión que va saliendo a la luz a lo largo de la novela, pero hasta el final no conoceremos su verdadera personalidad.

Capítulos cortos y trama absorbente, el cóctel perfecto para perderse en las páginas de Incluso la muerte miente. Y es que a veces el fuego prende desde las brasas de un alma rota.

3 comentarios:

  1. Buen estreno me he llevado con el autor con este título.

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  2. Veo que pertenece a una saga ya iniciada y eso para mi es un obstáculo, pero quien sabe. Besos.

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  3. Yo no lo conocía al autor, no he leído nada suyo. Son muchas las entregas previas, y como soy muy maniática y me encanta el orden, creo que ya esta tarde para que me suba a este tren. Besos

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