No quiero meter la mano en un avispero y menos con un libro de Emma (ella bien sabe el aprecio que la tengo), pero siendo como es una novela hermosa e intensa, parece que, de alguna manera, deja a un lado la guerra latente que existía con esos reinos cristianos, que incluía pactos cumplidos y no cumplidos por ambas partes. Almanzor, que aparece en sus páginas en su juventud, dista mucho de ser el caudillo feroz en el que se convertiría... y que poco tuvo que ver con la hermosura, la cultura, el saber y el arte que Emma nos retrata con tanta delicadeza, a no ser que las razzias en las que arrasó Barcelona, Zamora, Simancas, León, el Monasterio de Sahagún o Santiago de Compostela, entre otras ciudades, debamos considerarlas "encuentros culturales de primer orden". Sí, era una época complicada. Pero centrémonos en la novela y vayamos hasta aquel final del siglo X...
"EL SABER ES LA LUZ QUE GUÍA A QUIENES DESEAN COMPRENDER" - LUBNA DE CÓRDOBA
La luz de Medina, que ha sido la ganadora del IX Premio Edhasa de Narrativas Históricas, nos adentra en un periodo fascinante: el esplendor del califato omeya en la Córdoba de la segunda mitad del siglo X. En ella Emma Lira reconstruye aquel mundo, aquella sociedad y aquel momento histórico combinando los grandes acontecimientos políticos del momento (que eran muchos y complejos) con las vidas privadas de los dos principales personajes: Lubna de Córdoba y Abi Amir, que pasará posteriormente a la historia como Almanzor. Bajo el mandato de Al. Hakam II, Córdoba se ha convertido en un importante centro cultural y político en el que brilla, de manera especial, Medina Azahara, una ciudad-palacio majestuosa y llena de vida, imponente en su belleza. Allí, la biblioteca califal aspira a concentrar todo el conocimiento posible, venga de donde venga. Sin embargo, en esa imagen luminosa comienzan a surgir grietas: el califa no consigue tener un heredero; en la corte, las alianzas se tejen y se destejen y hay una soterrada lucha por el poder que puede poner en jaque la continuidad de la dinastía omeya.
Es en este escenario donde se encuentran los protagonistas: Lubna, de origen cristiano, ama los libros, la escritura y el conocimiento; Abi Amir estudia leyes y, aunque proviene de una familia modesta, tiene la ambición de ir subiendo posiciones y ascender en la escala de poder. Emma nos los presenta en su juventud y convierte sus vidas en una especie de doble recorrido por la Córdoba del momento: el de quien quiere conservar la memoria y el saber y el de quien aspira a conquistar el futuro.
Al hilo de ello, Almanzar no aparece en sus páginas como el victorioso caudillo militar que todos cnocemos; aquí se está formando, está comenzando a desarrollar su carácter y vamos a ir viendo como su inteligencia, su capacidad para la estrategia y sus ambiciones le van moldeando. Aún está lejos de convertirse en el poderoso político y militar que llegará a ser y es muy interesante comprobar cómo se va desarrollando y progresando. Lubna, a quien conocí en la novela de Andrea D. Morales, La biblioteca de Córdoba, permite a Emma un mayor margen para la ficción, ya que hay muy pocos datos históricos sobre ella, así tiene más libertad para situarla en el centro de la historia. Su importante vinculación con la biblioteca de A-Hakam II y su amor por el conocimiento hacen que represente otro modo de transformar el mundo, muy lejos de la conquista y la violencia que lleva asociadas la figura de Almanzor. Lubna quiere que ese conocimiento, que el saber, sean accesible y le sirve a la autora, también, para reivindicar su figura y la de tantas otras mujeres que tuvieron gran importancia en la Córdoba califal.
La ambientación es otro de los puntos fuertes de la novela. Los palacios, los jardines, el agua manando de las fuentes, el olor del azahar, los fastuosos salones de Medina Azahara surgen a nuestro alrededor mientras vamos leyendo. Un paisaje aparentemente idílico, pero en cuyas esquinas hay intrigas, conversaciones ocultas, secretos y una creciente incertidumbre sobre la sucesión del califa. Poco a poco vamos siendo conscientes de la sensación de que debajo del mármol y el agua algo empieza a deteriorarse. Además, Emma no comete el error de "tirarnos a la cara" la abundante documentación que ha debido manejar a la hora de escribir esta novela: está dentro, por supuesto, pero sabe cómo deslizarla entre las líneas sin perder un ápice de fluidez ni complicar la narración. Hay párrafos y frases muy hermosos, de esos que te dan ganas de apuntar y conservarlos.
Realmente Emma Lira ha sido muy ambiciosa con esta novela. Transcurre a lo largo de varias décadas y nos va perfilando la evolución de los dos personajes principales, así como toda la trama de traiciones y secretos que rodean al califa y a su corte, y ha habido momentos en que he sentido que se quedaba corta, que necesitaba saber más. Sin embargo esto no ensombrece el resultado final, que nos deja el regusto de las grandes historias. Emma ha hecho encaje de bolillos mezclando los personajes reales, los hechos históricos y la ficción, creando un hermoso tapiz. Quizá en algún momento bastante idealizado, sí, pero esa es la grandeza de la novela histórica.
Emma Lira consigue que Medina Azahara se reconstruya delante de nosotros y que olvidemos, durante la lectura, su aspecto actual. Vuelve a ser la ciudad viva, brillante, culta y poderosa, llena de una luz extraordinariamente hermosa, a pesar de las grietas que ya la amenazaban, en una novela que nos muestra las dos caras de Córdoba: la del poder y la del saber. ¿Os animáis a descubrirla?

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