lunes, 13 de febrero de 2023

TIEMPO DE SILENCIO de Luis Martín Santos

 

Seguro que lo he comentado en más de una ocasión: hay novelas, textos o relatos que me encanta releer. Incluso algunos muy a menudo, como los relatos de Julio Cortázar, algunas novelas de Delibes o el maravilloso e hilarante El florido pensil, dedicado a la educación que se daba a los niños en los años de la posguerra. Un día me tengo que animar y hablaros sobre él, porque es una auténtica joya. Pero hoy no, hoy quiero recuperar un libro que leí por primera vez cuando cursaba COU y que me impactó muchísimo. A veces no es buena idea recuperar las lecturas que en día te marcaron, porque puede que el tiempo no haya pasado en balde y que tú mismo tampoco seas el mismo, pero releí hace poco Tiempo de silencio, de Luis Martín Santos, para hablar de él en el programa de Onda Madrid Esto es otra Historia, en el que tengo el placer de colaborar. Y volví a quedarme sin palabras. Qué complejo, qué intenso, qué historia tan dura a veces y qué manera de narrar tan especial, tan diferente.

Luis Martín Santos es una rara avis en el mundo literario, porque con solo una novela, esta que hoy os traigo, logró que se considerase, incluso a fecha de hoy, como una de las cien mejores novelas del siglo XX. Es una pena que Martín Santos muriese tan joven, con apenas 39 años, en un terrible accidente de coche. Tenía varias novelas inacabadas, aunque anteriormente sus textos eran conocidos en el mundo de la medicina, ya que, como psiquiatra, había publicado varios libros, trabajos y ponencias dedicados, principalmente, al estudio del alcoholismo y la esquizofrenia. Esto lo hizo en los quince años que fue director del Psiquiátrico Provincial de Guipuzcoa. A principios de los años 50 se trasladó a Madrid y trabó amistad con autores como Sánchez Ferlosio e Ignacio Aldecoa, conociendo el ambiente de renovación que se estaba viviendo en el mundo de la novela. En 1962 publicó Tiempo de silencio, que ya en su día supuso una auténtica revolución, aunque la censura eliminó unas cuantas (por decirlo de algún modo) páginas. Aunque en 1980 se editó una segunda edición con algunos de los añadidos que faltaban, no es hasta 2017 cuando sale al mercado la tercera edición en la que sí están ya todas las partes y todos los textos que la censura eliminó.

"¿NO ES MEJOR QUE LOS MUERTOS SE ACOSTUMBREN A ESTAR MUERTOS?"

Tiempo de silencio, como os decía, es la única novela terminada de Luis Martín Santos. A primera vista es una novela lineal, con los habituales planteamiento, nudo y desenlace, pero cuando estamos dentro vamos a descubrir un universo muy especial, un modo de narrar único. Aparentemente es una trama poco interesante en la que se cuenta la historia de Pedro, un investigador médico que experimenta con ratones para encontrar una posible cura para un tipo de cáncer hereditario. Pedro no es de familia pudiente, pertenece a la clase media y es un antihéroe absoluto. Apocado, sin demasiada vida social. Su contrapunto es su amigo Matías, que sí es de clase alta. La novela transcurre en Madrid, a finales de los años 40. La situación general en la que vive es casi de absoluta pobreza, como sucede a su alrededor tanto en lo económico como en lo social, y esa falta de medios es la que le impide avanzar en sus investigaciones, porque los ratones que utiliza apenas se reproducen. 

Amador, su ayudante de laboratorio, intentando ayudarle, le había entregado varios ejemplares a un pariente suyo, el Muecas, un tipo que busca sobrevivir como sea, y él si logra criarlos con éxito en su paupérrima chabola. Pedro se los compra y, gracias a ello, entablan una cierta confianza. Y eso hará que, poco después, el Muecas acuda a Pedro cuando su hija mayor, Florita, se esté desangrando por un aborto que le han practicado en casa. A pesar de todos sus esfuerzos, Florita muere. Es una escena terrible y durísima en su realismo, con olores y sonidos tan detallados (cómo describe el raspar de los instrumentos médicos en el útero de la chica...) que ponen la piel de gallina. Esa muerte le va a traer problemas a Pedro con la policía, pero la declaración de la madre de Florita, que declara a su favor, consigue que quede libre. A pesar de ello, aquí comienza la bajada a los infiernos de Pedro.

Todo transcurre en los suburbios de Madrid, lo que convierte a esta novela en un referente del realismo, que estaba muy dañado por el costumbrismo que marcaba la censura como prioritario. Luis Martín Santos optó por presentar en Tiempo de silencio un desafío creativo. Primero, renunciando a una estructura formal en la novela; de hecho no tiene capítulos, son 63 escenas o secuencias sin título alguno. Y después con un estilo que se alejaba mucho del vigente en el momento y optó por una original mezcla de géneros que incluía algunas notas de las vanguardias literarias. Curiosamente no hay alusiones políticas de ningún tipo, ni siquiera a la situación que se estaba viviendo en España y Madrid en aquel momento.

Siempre he dicho que no creo que Tiempo de silencio sea una lectura para todo el mundo. A veces es excesivamente grandilocuente, casi rozando el barroquismo en sus frases. Y reconozco que todo es un poco excesivo en la novela: abunda la subordinación, la repetición de sonidos, las hipérboles... pero también hay mucha ironía, una acidez constante que empapa muchos de sus párrafos. Además alterna el narrador omnisciente con el punto de vista de algunos personajes, pero sin un orden concreto. No, no es una lectura fácil, pero una vez que estás dentro te absorbe por completo, especialmente cuando, después de algunos párrafos demoledores o más complicados te sorprende con reflexiones que rayan lo poético, como cuando define a las chabolas como "soberbios alcázares de la miseria". Curiosamente, en muchas de ellas, reconocemos preocupaciones muy actuales. Hay cosas que no cambian nunca, al parecer. 

Si nunca habéis leído Tiempo de silencio, animaos a hacerlo. No va a ser un camino sencillo, pero os aseguro que os va a sorprender. Quizá no os guste, quizá os resulte excesiva. Pero nadie puede negarle a Luis Martín Santos su originalidad, su valentía y un modo de narrar que, hoy día, sigue siendo un referente y un ejemplo. Eran aquellos tiempos de silencio, sí. Démosles voz.

viernes, 27 de enero de 2023

LO QUE LA PRIMAVERA HACE CON LOS CEREZOS de Marta Robles

 Me gusta mucho leer ensayo. Sobre todo los históricos, los que aportan nuevas luces en terrenos de sombras o nos descubren hechos que han pasado desapercibidos, y los biográficos, porque me encanta conocer lo que hay detrás de una imagen pública, sea buena o mala. Me enamoré del género cuando, en Bachillerato, tuvimos que leer Una hora de España, de Azorín, una auténtica maravilla que siempre recomiendo y que nos sumerge por completo en el siglo XVI español a través de algunos de sus más importantes protagonistas. Bellísimo. Desde entonces no he dejado de acercarme al ensayo en cuanto he tenido ocasión (de hecho, ahora mismo tengo dos en rampa de salida de los que os contaré cositas muy pronto), me supone una especie de bálsamo entre novela y novela de ficción, sea histórica o no.

En Pasiones carnales, Marta Robles ya nos descubrió esos secretos de alcoba y pasión de reyes y personajes encumbrados que pudieron llegar a hacerles tomar determinadas decisiones. O a no tomarlas, que también tiene su aquel. Y os reconozco que me lo pasé pipa descorriendo velos y mirando por la cerradura para enterarme de montones de cosas, a cual más curiosa. Siguiendo esta línea llega ahora Lo que la primavera hace con los cerezos, un nuevo libro en el que son los artistas y creadores quienes se ponen en primera línea. Marta nos va a contar, de un modo absolutamente cercano, lo que el amor o el desamor es capaz de empujar a la creación artística en todas sus facetas. Hay tantas historias y tanto por contar... sin embargo la lectura vuela. Una vez que empiezas a leer te das cuenta de que necesitas saber más y, en muchos momentos, nos asombraremos, nos emocionaremos e, incluso, se nos erizará la piel  al conocer algunas biografías. Pasad, dejad que os los presente.

"LA VERDADERA DESGRACIA ES NO SABER AMAR" - ALBERT CAMUS

A lo largo de algo más de quinientas páginas, que se leen en un suspiro, Marta Robles nos lleva a conocer de primera mano las vidas, a veces tumultuosas, a veces trágicas, a veces insanas, de creadores de diferentes disciplinas artísticas. Pasarán delante de nuestros ojos escritores, músicos, pintores, fotógrafos, cineastas... y en su devenir vital serán, como veremos, fundamentales sus relaciones amorosas, algunas realmente sorprendentes o inesperadas, pero todas con un factor común: elevaron y potenciaron su capacidad creativa. Lo que la primavera hace con los cerezos habla de amor, sí, pero también de desamor, de abandono, de la pérdida, de pasión, de sexo y cómo todo ello lleva a la genialidad como artista y, en ocasiones, a la destrucción como ser humano. 

Dividido en capítulos marcados por una característica concreta (los donjuanes, los atormentados, los promiscuos, los maniáticos, los misóginos...) vamos a caminar junto a sus protagonistas, a sentir su amor y su dolor, sus obsesiones, sus manías, sus pulsiones, sus diferentes maneras de amar y hasta de desenamorarse para volver a amar. Como si el amor o la pérdida de este y lo que nos hace sentir fuese el catalizador de la inspiración, la luz que marca el camino de la genialidad

"Hay tantos amores como miradas", nos dijo Marta Robles en el encuentro que mantuvimos con ella en el Club de Lectura LL. Si ya los mortales comunes somos únicos en lo que sentimos y en lo que vivimos, quien goza de un talento privilegiado con más motivo. Pero el amor nos iguala, porque es la gran emoción que nos hace humanos por encima de todo. Cada uno vivimos el amor y todos sus derivados (las rupturas, el desamor, los "ni contigo ni con ti", las ausencias y hasta la pérdida definitiva) de una manera única y especial y en este libro somos testigos de ello a través de grandes protagonistas de la historia.

Estamos ante un ensayo profundamente literario en el que, para cada personaje, Marta recrea una escena, una situación, un pedacito de su vida para, a continuación, seguir desarrollándolo sacándole todo el jugo, por decirlo de alguna manera. Y lo hace de forma muy ágil y realmente entretenida, sabe mantener el interés y la intensidad incluso con las vidas que nos resultan menos conocidas. En el encuentro que os mencionaba, nos dijo también que con este libro pretendía rebatir a Freud, que ponía al sexo en el centro de la faceta creadora, y darle mucha más importancia a Voltaire, que aboga por el amor en ese impulso, ya que este engloba cuerpo, cerebro y corazón. 

A medida que vamos leyendo nos sentimos espectadores privilegiados y también cómplices de lo que Marta nos cuenta: las escenas ficcionadas sirven para conseguir que nos veamos allí, al lado de quienes las protagonizan, que nos sintamos dentro de la situación y, a continuación, dentro de sus vidas. Reconozco que este modo de "teatralizar" me gana por completo porque me crea una necesidad, una curiosidad inmensa por saber a dónde me va a llevar y, por suerte, lo que viene a continuación es siempre apasionante.

Desde Lope de Vega a Henry Miller, Quevedo, Lewis Carroll o Jardiel Poncela pasando por Frida Khalo, Caravaggio, Anne Perry o Picasso entre otros conforman la galería de creadores ante los que vamos pasando, como cuadros en una exposición única pero con la gran ventaja de que, quien nos los explica, sabe bien de lo que habla y mantiene nuestra atención sin dificultad. Este ensayo sirve también para que sepamos diferenciar al genio del hombre o la mujer que lo alberga. Muchos de los retratados en Lo que la primavera hace con los cerezos son, como poco, moralmente reprobables. O carne de presidio, a veces. Pero sus obras no lo son: brillan y seguirán brillando porque son inmortales, hermosas, únicas y universales. Una de las reivindicaciones de este ensayo es precisamente esa: que la personalidad del creador o el dolor que pudo causar, aunque nos resulte difícil de digerir, no puede empañar su obra. Que Picasso fuese un maltratador ¿hace al Guernica peor cuadro? ¿O son menos hermosos los poemas de Lope por ser un mujeriego irredento? Ratifico esta intención de Marta Robles: que ni lo políticamente correcto que está tan de moda (y que a veces roza lo ridículo) ni el dichoso presentismo nos haga borrar textos, ni esconder los cuadros, ni dejar de ver ciertas películas. El arte está por encima de todo eso, dejemos de mirar todo con los ojos del hoy y de ciertas corrientes que rozan la intransigencia, no nos convirtamos en jueces de lo que estamos incapacitados para juzgar. 

Vuelvo a repetiros que yo me lo he pasado realmente bien leyendo este libro. Que ha aprendido muchas cosas que no conocía y me ha creado una gran curiosidad por conocer más de muchos de los protagonistas que pasan por sus páginas y de otros que no están. Creo firmemente que ese es el éxito de este nuevo libro de Marta Robles: que nos crea la necesidad de saber y nos hace plantearnos más de una pregunta. Y que hasta alguien que ha perdido la fe en el amor romántico, como yo, acabe creyendo que sí, que es cierto, que el amor, que amar a alguien hace florecer. Como la primavera hace con los cerezos. Lo dijo Pablo Neruda, el gran poeta, incontestable como tal, pero que fue capaz de repudiar a una hija por nacer con hidrocefalia y desentenderse de ella y de su madre. Da para pensar, ¿a que sí?


lunes, 23 de enero de 2023

UNA MALDITA CASUALIDAD de Pedro Conde García (DESCUBRIENDO NUEVOS AUTORES)

 ¿Recordáis aquella película, basada en el libro de Daniel Handler, llamada Una serie de catastróficas desdichas? Pues algo así es lo que me ha pasado con la lectura de esta novela. A ver, que no es que haya sufrido los males del infierno por leerla, ni muchísimo menos. Es que el ejemplar físico se convirtió, por sí mismo, en un misterio: pérdidas, desapariciones y hasta un verano quirúrgico de por medio. Suena críptico, ¿verdad? Pues yo os explico. Hace meses el autor de la novela me contactó por si me apetecía leerlo y reseñarlo y, aunque no lo haga habitualmente, me llamó la atención el resumen. Además venía avalado por haber sido finalista del concurso de novela negra de Editorial Tegra y habiendo misterio y muertos por medio ya se me alegra el humor y me apetece. Pedro Conde tuvo el detalle de enviármelo dedicado y lo coloqué en "rampa de salida" para ponerme con él una vez acabadas las lecturas que ya tenía programadas. Primera desdicha: me gusta siempre llevar lectura en mis periplos por el transporte público y empecé a meterlo cada día en el bolso cuando le llegó el turno; una tarde, al ir a sacarlo en el trayecto de vuelta a casa, no estaba. En qué momento lo extravié o si me lo dejé en algún sitio, ni idea. Vaya añito llevo de perder libros dedicados, que os lo digan a mis compis del club de lectura lo que me pasó en plena Feria del Libro con el de Juan Pedro Cosano.

Como me daba una vergüenza horrible confesárselo al autor (lo hago ahora con el mismo dolor de corazón), decidí encargarlo, comprarlo y seguir leyendo, porque la historia me había enganchado. Tardé un poco en recogerlo, porque andaba de pruebas médicas, y tan feliz me lo llevé a casa para seguir con él. Pero ya estábamos en pleno verano. En agosto, cuando me operaron, (nada grave, por suerte), con las curas, los puntos y los paseos al cirujano lo dejé triste y solito en la mesilla. Y desapareció. Con tanto lío no me di cuenta hasta que ya pude mover el brazo bien para sujetarlo y no lo encontré. Resumiendo: mi hija, al limpiar la habitación, lo metió en uno de los cajones de la cómoda y ni se acordaba. Allí lo hallé, con la alegría de quien descubre el Santo Grial. Y por fin ¡¡POR FIN!! pude acabarlo y venir a contaros lo bien que me lo he pasado con su lectura. 

Una novela negra y policiaca, con personajes diferentes, con una trama enrevesada que no sabes por dónde te va a salir y con un final inesperado. De esas que te dejan el regusto de "no me lo puedo creer", pero que es algo que podría pasar perfectamente. Pasad y poneos cómodos.

NO DEJES QUE LA REALIDAD TE ESTROPEE UNA BUENA NOTICIA

El comisario Benítez, con treinta años de policía a sus espaldas y tras un año de excedencia, es puesto al mando de la investigación de unos extraños secuestros que llevan teniendo lugar desde hace tiempo, todas con el mismo modo de actuar: los asaltantes entran en casas de parejas acomodadas, los drogan y se llevan a la mujer, que acaba despertando fuera de casa y sin saber qué ha ocurrido. Se habla de que han sido violadas, pero ninguna puede dar un testimonio fiable. Las víctimas no tienen relación unas con otras y su colaboración con la policía es caótica: las que quieren colaborar, apenas puede aportar nada, muchas ni siquiera quieren hablar y la que sí podría decir algo coherente se ha acogido a la protección jurídica para no hacerlo. 

Paralelamente se produce el asesinato de Alejandro Arespacochaga, una muerte brutal y excesivamente cruel de un hombre vinculado con la ingeniería militar y con muchos y poderosos contactos en Hispanoamérica. Esto hace que el capitán Gómez Patiño se erija como portavoz del Ministerio de Defensa y trate, por su lado, de averiguar más sobre lo sucedido. 

Mientras tanto, la prensa está haciendo su agosto. Las teorías sobre los secuestros que tienen a Madrid en vilo son cada vez más peregrinas y sensacionalistas y la muerte de Arespacochaga se intenta tapar en un marasmo de nuevas noticias de la crónica negra. 

Muchas son las piezas que maneja Pedro Conde en esta novela que, como lector, no aciertas a saber encajar. ¿Qué tienen que ver los secuestros de las mujeres, en los que no se pide rescate ni hay ninguna contrapartida, con la muerte de un vendedor de armas?¿Y qué tiene que ver en todo este entramado Juan Viñas, un hombre inteligente y triunfador, empeñado en una cruzada a favor de las personas con síndrome de Down después de que su hijo Jaime naciese con ese "cromosoma maldito"? ¿O su amigo Jesús Zamacola, que tiene la misión de despedirle de la empresa que Viñas levantó años atrás?

Conde hace una crítica feroz a los medios de comunicación y a cómo devoran, mastican y olvidan con la misma celeridad hechos atroces. Los mismos medios capaces de opinar de todo, aunque no tengan apenas formación ni información. Mientras que la muerte de Arespacochaga interesa taparla por los negocios que mantenía y por la paralela guerra sucia que se está llevando a cabo contra el terrorismo islámico, los secuestros y posibles violaciones de mujeres pueblan los programas en los que prima el morbo y el amarillismo.

Benítez, que ha pasado una de las peores etapas de su vida personal, se encuentra al mando de la investigación de los secuestros de forma inesperada. Es perro viejo y, a pesar del año de excedencia, sigue manteniendo su olfato; sus superiores buscan una nueva mirada al caso, estancando en cuanto a pruebas y testimonios. Junto con su subordinado, Paco Jiménez, tiran de experiencia e intuición para ir dándole una nueva visión a las pocas pruebas y a los escasos testimonios. Ambos se conocen bien, son también amigos. Me ha gustado ir conociendo sus historias personales, duras y similares, y la relación que mantienen, en la que con pocas palabras o una simple referencia a algo se entienden perfectamente. No van a rendirse, aunque se van encontrando piedras cada vez más grandes en el camino.

El capitán Gómez Patiño, un militar experimentado, resolutivo y al que no le tiembla el pulso a la hora de tomar decisiones, sabe también que tiene entre manos un asunto que les puede estallar en la cara con el asesinato de Arespacochaga, de ahí su interés en silenciarlo de cara a la opinión pública. Va a usar todos los recursos, incluso las puertas traseras necesarias, para conseguir saber la verdad. El perfil del capitán, frío profesionalmente pero con una vida familiar que le gusta cuidar, es de lo más interesante y está muy bien desarrollado.

La trama más extraña, por decirlo de algún modo, es la que protagonizan Jesús Zamacola y Juan Viñas, amigos de siempre y durante muchos años que, últimamente, se han distanciado algo. Jesús tiene que cumplir una misión laboral que no le hace ninguna gracia, pero que también considera necesaria, y Juan parece haberse embarcado en un proyecto personal que cada vez le absorbe más. Él y su mujer han conseguido que Jaime, su hijo, a pesar de ser síndrome de Down, haya tenido una vida intensa y razonablemente feliz, pero están convencidos, con la razón de los iluminados, de que las personas afectadas por ese síndrome pueden ser inteligentes, capaces, útiles y capaces de lo que sea. Jaime, a pesar de sus limitaciones y ya adulto, es listo, irónico y buen conversador, pero a veces su sonrisa parece esconder muchas cosas.

Como os decía antes, me ha gustado leer Una maldita casualidad. Si tengo que ponerle un pero, aunque es muy pequeño, es que en algunos diálogos me ha dado la sensación de que me faltaba información. Los protagonistas hablan de cosas que ellos saben pero no el lector, como referencias al pasado o, en el caso de los policías, a otros casos en los que trabajaron. Supongo que el autor quería darles esa naturalidad que hay en todos. Nunca son diálogos impostados, son los que podríamos escuchar o compartir nosotros mismos. El ritmo también es muy ágil, con capítulos cortos y pasando, a través de los apellidos de los protagonistas, a las diferentes visiones y tramas. Y os aseguro que la resolución y cómo están imbricadas todas las tramas os va a sorprender. Casi nunca las casualidades existen. ¿O quizá sí?



martes, 10 de enero de 2023

EL LOBO DE WHITECHAPEL de I. Biggi

 

Que la fascinación por los asesinos en serie o especialmente sanguinarios existe, es un hecho incontestable. No hay más que ver la repercusión que ha tenido en estos últimos meses la serie dedicada a alguien tan atroz como Jeffrey Dahmer (incluso se dijo que se estaba "blanqueando" su figura) o los cientos de cartas que reciben en prisión algunos de los criminales más aterradores, tanto de admiradoras como de fieles seguidores. Es algo que nunca he entendido, pero allá cada cual con sus filias y sus fobias. Por mi parte, sí reconozco que, de siempre, he sentido un interés especial por la figura de Jack el Destripador. Supongo que el hecho de que, a fecha de hoy, se siga sin conocer su identidad acrecienta ese interés. He leído infinidad de teorías y muchos libros que tratan el tema y es curiosa la cantidad de posibilidades que se ponen sobre la mesa.

En El lobo de Whitechapel, Biggi nos pone detrás de los ojos del famoso criminal, nos hace caminar por las miserables y frías calles del barrio de Whitechapel y esboza una teoría propia sobre quién era y por qué lo hacía. Una novela que he disfrutado mucho, aunque algunos capítulos quizá no tanto (ahora os cuento), y que tiene una ambientación brutal de la época, de aquellas calles y de lo que se vivía en ellas. También me ha gustado el contraste con la parte más conocida y bulliciosa de la ciudad, para la que Whitechapel era poco menos que un pozo negro, y la crítica hacia la policía y los políticos que en el aquel momento se enfrentaron a los crímenes. Venid y abrigaos, que allí hace bastante frío.

DESDE EL INFIERNO

Año 1888. El gran Inperio Británico decae y su capital, Londres, es el mejor ejemplo. La división de la sociedad es patente y las familias acomodadas del rico West End se mantienen lo más lejos posible del East End, un barrio oscuro, marginal, abarrotado de personas que viven en la más absoluta miseria y en el que la prostitución por un pedazo de pan o las reyertas por tener un sitio donde dormir están a la orden del día. Peligroso y conflictivo, pocos son los que se atreven a cruzar sus calles cuando cae la noche. Allí, un asesino aprovecha el amparo de la oscuridad para asesinar prostitutas de un modo cruel y el terror comienza a extenderse por toda la ciudad. Paralelamente, en Roma, la cercanía de la muerte del papa León XIII está provocando muchos movimientos para intentar conseguir posicionarse de cara a un futuro cónclave. Monseñor Patrizi, tan ambicioso como visionario, tiene un plan para lograr infiltrarse en la iglesia anglicana y, desde allí, hacerlo también en Norteamérica. Pero ese plan tiene un inconveniente: monseñor Galimberti, su rival más acerado, que parece postularse en primer lugar como sucesor del León XIII. El asesino de Whitechapel, que va aumentando la brutalidad en cada crimen, puede trastocar los planes de monseñor Patrizi y no solo eso: puede poner en jaque el futuro de la cristiandad. 

Un planteamiento curioso, ¿verdad? He de confesaros que, cuando llegué al primer capítulo de la trama de Roma me resultó un poco chocante. Venía de las calles de Whitechapel, de su niebla pegajosa, de la tensión y la sangre y, de pronto, me encontraba en pleno Vaticano y en medio de las maquinaciones no ya de colocarse como posible sucesor de un papa moribundo, sino de atacar a la iglesia anglicana desde su misma línea de flotación. Y no entendía nada, la verdad. Supongo que a muchos lectores les pasará lo mismo, pero os anticipo que todo tiene su explicación y, al final, las dos tramas se descubren perfectamente entrelazadas. También os confieso que, como lectora, me quedo con la de Whitechapel, por todo lo que I. Biggi nos hace sentir y por ese punto de escalofrío que hay en cada página.

Me parece un acierto que haya algunas partes de la narración que nos lleven directamente a convivir con el asesino, un tipo frío, sin alma, que se va sumergiendo cada vez más en una vorágine de sangre y muerte. Biggi ha centrado la novela en las cinco muertes conocidas como "canónicas" de Jack el Destripador: Polly Nichols, Annie Chapman, Elizabeth Stride, Catherine Eddowes y Mari Jane Kelly y va desgranando la investigación policial, encabezada por el inspector Abberline, así como todos los movimientos políticos en las altas esferas, sobrepasados por el terror que se iba instalando en todos los rincones de la ciudad. 

Como os decía antes, lo más notable de la novela, en mi opinión, es la fabulosa recreación de que el autor hace del barrio de Whitechapel. El frío, la niebla y la humedad nos calan hasta los huesos y casi es fácil sentir el hambre y la desesperación de quienes lo habitan. Aquellos que se hacinan en sótanos helados para pasar la noche y para quienes hacer una comida al día es casi una quimera. La oscuridad en las calles es el mejor refugio de quien busca víctimas. La sensación de peligro constante en la que nos sumerge resulta inquietante y muy real. También contribuye a ello el ritmo narrativo, que te mantiene en tensión, por mucho que sepamos quienes son las víctimas y cómo van a morir. Los movimientos de la policía, la investigación, los posibles sospechosos (Biggi introduce con inteligencia a quienes se los consideró así, empezando por los judíos y los carniceros), la presión de los políticos... todo contribuye a esa gran olla a presión en la que se convirtió Londres.

También es verdad que, cuando nos lleva a la trama de Roma, me ha sacado de contexto de golpe y eso consiguió, al principio, hasta enfadarme, porque quería volver al East End y seguir los pasos del asesino. A medida que esta trama va creciendo (aunque no es tan extensa y detallada como la de Londres) también crecía mi interés porque no era capaz de intuir a dónde quería llevarnos Biggi con ella. Todo acaba teniendo una explicación, es verdad, y esa explicación forma parte de la teoría acerca de la personalidad del Destripador, pero es lo que menos me ha gustado de la novela a pesar de su innegable originalidad.

El lobo de Whitechapel, para concluir, es una estupenda novela que, seguro, da para volver a posicionarnos en alguna de las muchas especulaciones sobre quién fue Jack el Destripador, cuántas sus víctimas y por qué dejo de matar sin más. O quizá no, pero eso ya os lo dejo a vosotros. A mí me ha regalado varios días de lectura apasionantes y me ha encantado viajar a la época y a todo lo que sucedió en aquellos callejones sucios, malolientes y húmedos en los que cualquier cosa podía ocurrir. La caza de un asesino que escapó sin castigo y que, aún hoy, tiende su sombra en las esquinas de Whitechapel.


miércoles, 28 de diciembre de 2022

SIN ALMA de Sebastián Roa

 

Que Sebastián Roa me tiene ganada como lectora desde hace tiempo es un hecho incontestable. Me gusta cómo elige los momentos históricos, me gustan sus personajes, me gusta su ambientación y, sobre todo, me gusta la naturalidad con la que escribe, sin ampulosidad ni perdiéndose en largos párrafos de esos de "situar el contexto" que acaban por sacarte de la lectura. Me enganché a sus novelas con Las cadenas del destino, que era el final de su Trilogía Almohade y que después devoré enterita, y desde entonces no hay libro suyo que no esté en mis estanterías. A Sin alma le tenía unas ganas especiales. Quizá porque, sin saber apenas nada de su contenido, tenía la sospecha de que su Simón de Monfort poco iba a tener que ver con el "canónico". Y, para qué negarlo, la posibilidad de que los cátaros dejasen de aparecer como buenísimos, blancos, castos y puros me hacía gotear el colmillo. Mi vena malévola, sí. 

Fue empezar a leer y me quedé pegada a sus páginas. Primero por su arranque, uno de los mejores que he leído últimamente, y que llega a erizar la piel. Después, por ese modo que tiene Sebastián de meternos hasta las trancas en la época y en la piel de los personajes, en sus pensamientos, sus certezas, sus dudas, sus miedos. Además, para rizar el rizo, consigue que empaticemos con un personaje que en el último siglo y medio ha sido considerado un monstruo sanguinario y cruel. Pero claro, la pregunta a hacerse es: ¿realmente Simón de Monfort era así? O, si optamos por seguir las tesis oficiales, ¿por qué Simón de Monfort era así? Venid, que os lo cuento.

"MATADLOS A TODOS. DIOS RECONOCERÁ A LOS SUYOS"

Principios del siglo XIII. Simón de Monfort ha pasado tres años de infierno en una mazmorra en pleno desierto sirio. El precio que ha tenido que pagar para poder salir de ella y volver a casa ha sido su propia alma, perdida por un hecho espantoso que le perseguirá toda su vida. Llegar a Normandía, a su hogar, a su señorío, es su prioridad, como también reencontrarse con Alix de Montmorency, su esposa. En su camino se va dando cuenta de que las cosas han cambiado mucho, que el mundo ya no parece el mismo y su casa y su esposa, al reencontrarlas, tampoco. Son tiempos complicados y para Simón y Alix aún se complicarán más. Su caída en desgracia, además de los remordimientos, no hacen sino empeorar su situación. La inminente guerra entre Francia e Inglaterra parece cavar aún más hondo en sus desdichas.

Simón de Monfort necesita redención, obtener el perdón y perdonarse. Y la respuesta quizá esté en el sur de Francia, una tierra sometida al caos, a la barbarie y la violencia, en la que una herejía amenaza con poner en jaque a la Iglesia y a la propia Francia. La situación allí es una cuna de odios y enfrentamientos, en la que ambos bandos de una sociedad dividida no dudan en usar todas las armas a su alcance para matar o morir. Allí Simón de Monfort luchará por lo que cree, incluso si ha de enfrentarse a un rey invicto y poderoso, mostrándose como un gran guerrero. Pero ¿será todo esto suficiente para descargar su conciencia?

¿Está Sebastián Roa hablando de los cátaros? Pues sí, en efecto. Simón de Monfort luchó en la Cruzada Albigense, convocada por el papa Inocencio III y con apoyo del rey francés contra la herejía que se levantaba en los territorios del sureste de Francia, en el Languedoc. Sin embargo en ningún momento de la novela aparece la palabra "cátaro". Quizá este sea un primer motivo, además del resumen, para interesaros por la novela. Y, antes de desgranar un poquito el libro, explicaré por qué me goteaba el colmillo: porque estoy hasta los gemelos del sur de la leyenda de los cátaros como seres de luz, buenos, piadosos, herederos puros del cristianismo, viviendo en una sociedad armónica y pacífica, que fueron sometidos a sangre y fuego por los "malos" venidos del norte porque no toleraban sus creencias. Es curioso que esta visión sea muy reciente: realmente comienza en el siglo XIX gracias a autores como Napoleón Peyrat, que pone mucho empeño en idealizar un movimiento herético y una sociedad concreta. Claro que estamos en el inicio de los "movimientos identitarios" (nacionalismos, vaya, que la "Renaixença" catalana surge entonces también) y todos ellos necesitan una justificación, una historia (aunque sea falsa como un duro de plomo) y un enemigo terrible que los martirice. Al hilo de él y de autores que le siguieron la estela, a lo largo del siglo XX estas ideas tan peregrinas como falsas fueron tomando carta de naturaleza gracias a los cientos de libros dedicados a esos cátaros imaginarios. Mencionaría de forma especial El enigma sagrado (del que Dan Brown obtuvo toda su información para El código Da Vinci, por lo que fue denunciado por plagio) y La tumba de Dios. Investigad, investigad, que el tema lo merece.

Una vez desahogada (solo un poco, pero me vale), sigamos con Sin alma.


Estamos, ante todo, con una novela histórica apasionante, tanto en su planteamiento como en su desarrollo. Sebastián Roa utiliza los tres años de los que nada se sabe de lo que le ocurrió a Simón de Monfort tras participar en la IV Cruzada para un arranque, como os decía al principio, tremendo, duro y realmente estremecedor. A partir de él, la figura de Monfort, que ha quedado devastado, tendrá que superar muchas adversidades, algunas que casi le parecerán insalvables, hasta que halle un motivo que le empuje a conseguir redimirse. La culpa la lleva enquistada. Junto a él, su esposa, Alix, un pedazo de personaje que demuestra que las mujeres de la época no eran débiles florecillas escondidas en las torres de sus castillos y que también arrastra su propia culpa, aunque por otros motivos, enfrentándose a ella rozando el fanatismo religioso. El otro personaje femenino de peso es Azalaís, una trovadora occitana de la que apenas hay datos históricos, pero a la que Sebastián dota de una personalidad arrolladora.

Sin alma no nos va a narrar la Cruzada Albigense con todo lujo de detalles. Está ahí, si, casi de forma constante, pero creo que son más importantes todos los movimientos e intrigas políticas, las batallas y la evolución de los protagonistas, porque todo ello nos crea una imagen vívida de lo que sucedió y lo hace, como también señalaba antes, con una profunda naturalidad. Las cosas eran así en ese momento, dejemos de pasarles el filtro de nuestra visión. Personalmente me encantó reencontrarme con el rey Pedro II de Aragón, un monarca admirable por muchas cosas (y no, no fue a defender a sus amados súbditos cátaros, otra "leyenda" muy repetida) y revivir la Batalla de Muret, magníficamente narrada, como todas los otros episodios bélicos de la novela. Sin caer en lo "gore", Sebastián Roa nos muestra toda su crudeza desde dentro pero como parte de la historia y de los sucesos que se vivieron, no estructura la narración orientándola solo hacia las batallas.

Creo que es bastante evidente que os recomiendo con pasión Sin alma. Seguro que os va a sorprender, a emocionar y hasta a hacer sentir algún escalofrío, pero sobre todo os va a mantener pegaditos a sus páginas hasta el final. Y si, además, os hace interesaros por la época y lo que sucedió en el sur de Francia, mejor aún. Las barbaridades las cometieron todos, ninguno de los bandos se libró de su ración de sangre y brutalidad. No sé si Dios eligió o no a los suyos, posiblemente ni siquiera estaba mirando.



jueves, 22 de diciembre de 2022

CAUTIVAS de Paz Fanlo (DESCUBRIENDO NUEVOS AUTORES)

 Siempre digo que una de las mejores cosas que me han sucedido en los últimos años ha sido primero conocer y después participar activamente en el Certamen de Novela Histórica de Úbeda. Y no solo por todo lo que me aporta (poder disfrutar de un ambiente único y compartir presentaciones, charlas, mesa, mantel y hasta copas con los diferentes autores que pasan por allí cada año) sino por la posibilidad de conocer a personas estupendas de la organización y de la Comisión Lectora, un ejemplo de dedicación y de amor al evento y a la literatura. Precisamente en la Comisión Lectora conocí a Paz Fanlo gracias a las reuniones por Zoom que se organizan para valorar los manuscritos que llegan. Paz tiene una habilidad extraordinaria para diseccionar las obras que le tocan y sabe extraer los pros y los contras con detalle. Hace pocos meses nos avisó de la publicación de su novela Cautivas y fue tan amable de enviarme un ejemplar firmado. Y como para lo autores noveles cualquier ayuda es poca, aquí estoy, dispuesta a que conozcáis la novela.


Publicada por la editorial Tugia, Cautivas es una novela corta que se lee con agrado y que nos lleva al siglo XVI, arrancando la acción en Granada. Es María, nieta de moriscos, la que nos va a contar la historia de su abuela Ana, de cómo fue capturada y convertida en esclava y de las muchas vicisitudes que le tocaron vivir. Una época compleja, en la que las religiones se convertían en armas arrojadizas y en la que se cometieron muchos desmanes tanto de un lado como de otro. 

"NO PROCLEMÉIS LA LIBERTAD DE VOLAD, DAD ALAS" - MIGUEL DE UNAMUNO

Tras la rebelión de las Alpujarras, una parte de la población morisca, de quienes se temía que fuesen a ayudar a los turcos su atacaban las costas españolas, es sometida a la esclavitud. Serán los más débiles, las mujeres y los niños, quienes sufran en especial este castigo y acabén siendo simple mercancía primero en manos de los tratantes de esclavos y después en las familias que podían permitirse comprarlos. Ana y Muley regentan un puesto de dulces en la plaza de Bib Rambla, en Granada, y tienen una hija de dos años, Ysabel. Tras la rebelión morisca en el sur, en la que se enrolaron muchos hombres moriscos, Muley entre ellos, su derrota provocó que el ejército entrase en las ciudades levantiscas para acabar con cualquier foco de resistencia. En una de esas acciones, Ana y su hija son capturadas y vendidas en el mercado de esclavos de Guadix. Tras un periplo largo y extenuante, llegarán a Coria para servir en casa de don Alonso y doña Catalina. Allí comenzarán una nueva vida manteniendo siempre la llama de recuperar su libertad.

Como os decía arriba, la historia de Ana e Ysabel nos la va a contar María, nieta de Ana e hija de Ysabel. Gracias a las conversaciones con su abuela, va reconstruyendo la historia familiar desde los tiempos en que sus abuelos vivián libres en Granada. Con unas pocas pinceladas al principio de la novela, Paz Fanlo nos coloca en el contexto histórico, sin explayarse demasiado, para arrancar la peripecia de Ana y su hija. La historia se va desarrollando de forma amena, que nos permite acompañar a las protagonistas en su penoso camino hasta Coria y, posteriormente, cómo se desarrolla su vida allí. El deseo de Ana será siempre la libertad, si no para ella, sí para su nieta, nacida en cautividad.

El viaje que realizan las protagonistas con Gutierre, el tratante de esclavo, da ocasión a la autora para llevarnos por diferentes localidades para conocerlas tal como eran en la época. También aprovecha para hablarnos de costumbres, de personajes reales y hasta de gastronomía para enmarcar aún más lo que nos narra. Tendremos noticias de Hernando de Talavera, de Aben Humeya, de Diego Tello de Deza y hasta de la "Tutarra", una figura entre mito e historia, que vivía en la Sierra de Turmantos y que había jurado vengarse de todos los hombres.

Cautivas es realmente un alegato en pro de la libertad en la voz de mujeres que supieron sobreponerse a los peores momentos. Y, en cierto modo, una reivindicación del pueblo morisco, que ha quedado un tanto desdibujado con el pasar de los siglos. Obviamente, al estar contado todo desde el punto de vista de mujeres moriscas, se defiende más su posición, pero no hay que olvidar que en la sublevación morisca también se cometieron tremendas atrocidades por parte de estos. La época era la que era y a las protagonistas les tocó una parte penosa, pero, a pesar de todo, con cierta suerte ya que sus "amos" no resultaron ser crueles ni especialmente duros.

Como siempre digo, merece la pena dar la oportunidad a los autores que empiezan y, con Cautivas, Paz Fanlo ha puesto la primera piedra de su particular construcción literaria. Mucha suerte, Paz.

lunes, 19 de diciembre de 2022

LOS INCOMPRENDIDOS de Pedro Simón

Qué ganas tenía de leer la nueva novela de Pedro Simón. Sigo teniendo muy presente la anterior, Los ingratos, que no dejo de recomendar, porque fue una de esas lecturas que te dejan tatuajes en el alma, que se quedan contigo siempre y a las que vuelves de vez en cuando para releer un capítulo, una frase. O para que se te vuelva a erizar la piel con un recuerdo que aparece siempre en tu memoria en determinada página. Con semejantes antecedentes, cómo no querer más del autor. Cómo no buscarle con ansia, casi con un poquito de síndrome de abstinencia que he ido tapando con sus artículos y columnas. Cuando aún quedaban días para la publicación de Los incomprendidos, la editorial Espasa ofreció la posibilidad de leer las primeras páginas. Y en ellas me quedé. La primera frase fue con un puñetazo en el plexo solar y, a medida que leía, casi podía escucharme a mí misma y a mis hijos, cuando tuvieron la edad de la protagonista. Un dejá vu que arañaba un poquito, como cuando te queda arena en los zapatos.

Aquellas primeras páginas me dejaron con cierta ansiedad lectora. Como cuando te apetece mucho comer algo en concreto, en la nevera no tienes nada ni siquiera parecido y tratas de sustituirlo con una fruta, un yogur o un trocito de jamón. También es verdad, y lo confieso, que cuando la novela llegó a mis manos no me lancé a leerla; la llevé a la mesilla y esperé a la noche, cuando el silencio permite escuchar hasta tus propios pensamientos. Porque eso pasaba con Los ingratos y pasa con Los incomprendidos: lees y escuchas a los protagonistas, pero al tiempo te escuchas a ti misma recordando. O apostillando algo. Y eso es lo que quiero compartir con vosotros.

CUÁL SERÍA EL PRECIO DE UN ABRAZO

Javier y Celia son un matrimonio a los que la vida parece tratarle bien. Tienen profesiones que les gustan, una vida más o menos plena y dos hijos a los que adoran. Él trabaja para una editorial y Celia es neumóloga en un hospital. Viven en un piso en Carabanchel que se les ha quedado pequeño y deciden buscar algo más grande, prosperar, como tantas familias. Hasta que todo da un vuelco cuando, para celebrar las buenas notas de Inés, la hija mayor, organizan una excursión a Pirineos. Un viaje que les cambiará la vida para siempre y el inicio de otro viaje mucho más doloroso y complejo. El de la infancia a la adolescencia. El de los gritos y juegos en el salón al silencio de la puerta del dormitorio cerrada. El de la culpa. El de los recuerdos. El del pasado que no nos deja caminar como antes.

Y aquí estoy de nuevo, conmovida, sientiendo que buena parte de lo que Pedro Simón cuenta en esta novela podría contarlo yo. Quizá no igual; seguramente con muchos matices diferentes, pero sí con esa sensación que solemos tener los padres de estar equivocándonos constantemente, de no encontrar, en muchas ocasiones, la llave que abra esa puerta cerrada de un portazo tras el enésimo choque con tu hijo. Claro, yo también fui adolescente e hija, y también puedo sentir como propios los pensamientos de Inés, sus inseguridades, sus traumas. Nuestras vidas son diametralmente opuestas, pero la he entendido muy bien.

Los imcomprendidos se articula con dos voces narrativas: las de Javier e Inés, padre e hija, que nos hablan directamente y en primera persona. Javier trata de lidiar con la incomprensión, con los silencios, con las preguntas que solo reciben un monosílabo como respuesta y con la culpa, una culpa que le va carcomiendo. Inés, la adolescente, que se comporta de forma muy distinta a lo que de verdad siente, que lucha también con sus complejos, sus dudas y su culpa. Ella también. Y también la está devorando. A Celia, la madre, la vemos desde los ojos de Javier y de Inés. Y la descubrimos tan desbordada como al padre, pero intentando una y otra vez demoler el muro callado y hostil de su hija. En realidad, eso es algo que hacen los dos, aunque con tácticas diferentes.

La tía Clara, la hermana de Javier, es el contrapunto a la situación familiar. Soltera, sin hijos y con una extraordinaria capacidad para el optimismo, es el refugio de Inés. Ella parece comprenderla bien, la acoge cuando se desatan las tormentas y le cubre las espaldas cuando la jovencita quiere salir de fiesta con sus amigos sin que se enteren sus padres. Pero es también su paño de lágrimas y la que, de algún modo, trata de mediar. Mujeres como ella son fundamentales en una familia porque tienen las mejores cosas de una madre ahorrándose lo malo de serlo. Generosa, sabia, alegre... la tía Clara siempre está para Inés y eso, para ella, es impagable.

Y por otro lado tenemos a los padres de Javier, que forjaron su propia historia en un piso diminuto, pasando penurias económicas, levantando la familia como pudieron, con sus errores y sus pequeñas alegrías. Ellos también están siempre ahí. Hay capítulos en los que Javier recuerda su infancia y su propia adolescencia, la vida en aquel pisito con sus hermanos, las estrecheces de cada día, los buenos ratos, la Navidad con la caja del Belén que su madre, aún hoy, saca religiosamente y al que nadie ya ayuda a montar. Ellos son el bastión, la fortaleza en la que refugiarse si todo va mal. 

Los incomprendidos habla precisamente de eso, de la incomprensión entre padres e hijos especialmente, la que pasa de generación en generación pero de diferente manera. Nos hace ver como hoy día, anque parezca mentira, los adolescentes lo tienen mucho más complicado. Nuestros padres venían de una generación muy diferente, de la posguerra, en la que hablar o hacer grandes demostraciones de cariño no era lo habitual. Como nos dijo Pedro Simón en el encuentro que mantuvimos con el Club de Lectura, los silencios entre padres e hijos de entonces tenían que ver con lo humano, con esa educación diferente. Los silencios de hoy tienen que ver con lo tecnológico, con la búsqueda de una felicidad ficticia por creer que a los demás les va muy bien y a ti no. 

Esta novela es más dura que Los ingratos, nos araña más, nos duele más. Pero, como la anterior, deja un poso innegable y duradero. Es para los padres, pero también para los hijos, para intentar comprender, para tener claro que cuando hablamos, cuando ponemos voz a los problemas, a los miedos o a los traumas, conseguimos que estos dejen de crecer o que, al menos, aprendamos a enfrentarlos. Que el silencio, aunque creamos que sirve para proteger, se puede convertir en frío resentimiento. Y que hay que levantarse cada día y seguir intentándolo. Siempre.