jueves, 31 de marzo de 2022

LAS OTRAS NIÑAS de Santiago Díaz

Hay hechos que, aunque pasen los años, se quedan en nuestra memoria y en la de nuestra generación por el impacto que nos causaron. Creo que todos pordemos recordar dónde estábamos o qué hacíamos el 11 de septiembre o el 11 de marzo, no hace falta ni decir el año. El caso Alcasser es algo similar. ¿Quiénes de más de cuarenta años no nos estremecemos todavía con la desaparición de las tres niñas y el posterior hallazgo de sus cadáveres, con los detalles de las autopsias, con la huída del sospechoso número uno, con aquel juicio tan mediático al segundo implicado? Nunca es sencillo escribir sobre algo que levantó tantas ampollas en su día, pero creo que Santiago ha sido valiente. Y no solo eso: ha sido original, huyendo del efectismo y del morbo, cambiando por completo las reglas del juego en cuanto a lo que es la resolución de un crimen. 

Cierto es que, incluso pocos días antes de la publicación, ya circulaban reseñas, notas de prensa y comentarios que anticipaban parte del argumento de la novela y "descubrían" quién era el criminal tan buscado al que se hace referencia en la contraportada. Es lo que tiene la inmediatez de las redes en estos tiempos. Pero, a pesar de todo, creo que eso no empaña el resultado final de la novela, que sabe mantenerte en una constante tensión. Santiago dosifica muy bien esa tensión, como os contaré ahora; para el lector eso es un aliciente. Sí que hay un par de cosas que me han "chirriado" un poquito, aunque estemos hablando de ficción en la que, de una manera u otra, todo puede valer a veces. Es ese "a veces" el que a mí me araña, pero ahora os doy más detalles.

VOLVER A MATAR

Tras todo lo sucedido en la novela anterior, El buen padre, la inspectora Indira Ramos está a punto de terminar su excedencia en un pueblecito extremeño en el que ahora vive con su madre. Han pasado casi tres años y debe reincorporarse a la policía, pero, personalmente, se ve incapaz de volver a tener delante al subinspector Ivan Moreno y más por algo que lleva ocultándole todo este tiempo. Pero casi no habrá tiempo para saludos: los dos deberán trabajar codo con codo para resolver el mayor rompecabezas criminal de la historia más reciente de España. Y es que, en una gasolinera, y casi por azar, aparecen las huellas dactilares del que, durante muchos años, fue el hombre más buscado del país. Su crimen, atroz y muy mediático, según las leyes ya ha prescrito y la policía sabe que no tiene razones para mantenerle detenido. Él lleva años viviendo bajo una identidad falsa, parece un ciudadano normal y corriente, pero Indira Ramos tiene la certeza de que un asesino como él tuvo que volver a matar en algún momento. Comienza una febril cuenta atrás para encontrar el crimen que impida que el monstruo quede libre.

Esta es la vuelta de tuerca de la que os hablaba: tenemos al criminal, ahora hay que encontrar el crimen. Un crimen que, realmente, no se sabe si sucedió, ni dónde, ni cómo. Indira, Ivan y todo su equipo van a tener que hacer encaje de bolillos para ir hacia atrás en el tiempo, reconstruir una vida inventada y encontrar algo que les marque el camino a seguir. Y no es tarea fácil. Por si esta trama no fuese suficiente, también habrán de investigar el asesinato de un arquitecto, con un escenario del crimen impoluto y sin ninguna prueba, que va a afectar de forma inesperada a la agente Lucía Navarro.


La premisa de partida me pareció francamente original. Os decía al principio que Santiago ha sido valiente por meterse en ese "avispero" que aún colea y que no ha terminado de cerrarse, con todo el ruido mediático que causó y que aún, cuando se habla de él, causa. Creo que ponernos ante los ojos a un criminal que se ha convertido casi en un mito de la encarnación del mal y que veamos que ha llevado una vida aparentemente tranquila y bastante normal, nos hace plantearnos muchas cuestiones. ¿Un asesino puede amar, puede convertirse en otra persona? Incluso yendo más allá: ¿puede haber cambiado?

Santiago Díaz se mueve con soltura en la narración. Su trabajo como guionista para cine y televisión  aporta al ritmo y a la alternancia de escenarios una fluidez especial. Dosifica la tensión, como ya os comentaba, realmente bien, creando constantes "picos de sierra" a lo largo de las páginas, provocando en el lector la necesidad de seguir avanzando, de querer saber qué va a pasar a continuación. Sabe introducir, en ocasiones, pequeños destellos de humor, sobre todo respecto a las manías de Indira, procurando, eso sí, que nunca resulten demasiado caricaturescos. Y aquí es donde aparece mi primer "pero", con Indira. Es verdad que es un personaje potente, lo ha venido demostrando desde las entregas anteriores. Está perfilada con originalidad y es de todos sabido que padece un trastorno obsesivo compulsivo muy fuerte con una causa probada y cierta. Es una gran policía y, al parecer, la mantienen en su puesto por su pericia, su buen trabajo y su instinto. Pero, en mi opinión, son demasiadas "manías". La escena con la alfombra de su superior, de alguna manera, fue como si hubiesen arañado una pizarra a mi lado. Tengo la suerte de conocer tanto a policías como guardias civiles en activo y, hablando de esto con uno de ellos en concreto, me aseguraba que por una simple crisis de ansiedad puedes verte abocado a dejar el cuerpo o que te jubilen anticipadamente. Por muy buena hoja de servicios que tengas. Más que nada porque van armados y cualquier inestabilidad emocional es un riesgo. Estamos ante una novela y una ficción e Indira puede funcionar bien ahí, pero dudo mucho que en la vida real siguiese en activo.

No lo puedo evitar, a pesar de todo no acabo de cogerle el punto a Indira. Ya no son solo sus obsesiones, es su carácter en general. Incluso con los que más quiere, a veces, más que hablar, suelta auténticas bofetadas. Siento decirlo así, pero no me cae simpática, qué le voy a hacer. Supongo que es de ese tipo de personajes a los que amas u odias, pero no dejan indiferente a nadie y eso sí que se lo reconozco a Santiago. Ha hecho de ella un referente y eso hay que aplaudirlo, aunque a mí la inspectora Ramos se me atragante mucho.

El otro aspecto que no me ha convencido es el de la niña que aparece en la novela. Tiene dos años, por edad se la consideraría prácticamente un bebé aún. Y, aún siendo cierto que hay crios que con esa edad son loritos y no paran de hablar (los míos por ejemplo, sobre todo la pequeña, que desde que arrancó con sus primeras palabras, y lo hizo muy pronto, todavía no se ha callado) lo de utilizar la lógica o el razonamiento casi adulto, como demuestra esta pequeña, no es normal. Pueden repetir frases elaboradas que han escuchado a sus padres o abuelos, a sus hermanos, pero usar hasta el chantaje emocional con solo dos añitos no me resulta muy real. Se comporta más como una cría de seis o siete años. Santiago, en el encuentro que tuvimos con el club de lectura para hablar del libro, nos decía que, al no tener hijos, había preguntado a amigos por el tema. E insisto: como en el caso de Indira, estamos en una ficción. Pero me gustaría mucho contrastar con vosotros estos extremos.

Salvando estos dos detalles, que son exclusivamente opinión mía y no un dogma de fe, la novela es un puro entretenimiento de los buenos. Un ejercicio muy original para ir a esos "primeros principios" de los que hablaban en El silencio de los corderos y para sentir un escalofrío muy real ante lo que es la maldad humana con nombre y apellidos. Y creo que, a todos los que lo hemos leído, ahora nos ha quedado un pequeño posito de inquietud. ¿Seríamos capaces de darnos cuenta de que a nuestro lado vive un asesino?



viernes, 18 de marzo de 2022

LA NIÑA DEL MERCADO de Olga Mínguez Pastor

Ya lo he comentado en post anteriores: las novelas negras que publica M.A.R. Editor me gustan especialmente. Son originales, tienen planteamientos diferentes a las corrientes mayoritarias y suelen ser más oscuras, más intensas. De nuevo me he encontrado en esta ocasión con estas premisas, aunque reconozco que, al finalizar le he visto algunos "peros" que os contaré después. La historia central te engancha y te mantiene en una tensión constante, pero lo que la rodea, quizá, y esta solo es mi opinión, a veces peca un poquito de histriónico. ¿Me ha gustado? Sí, ya sabéis que a mí me pones una novela con muertitos, investigación y misterio y soy feliz y La niña del mercado tiene de eso para dar y tomar. Y, además, la trama nos va a llevar a hechos terribles sucedidos en Alicante durante la Guerra Civil, especialmente el atroz bombardeo de su mercado central. Lo que sucede es que ha habido varios aspectos en ella que no han terminado de "redondearla", por decirlo de alguna manera.

La niña del mercado es la continuación de La absurda existencia de Dalila Conde, aunque yo desconocía este dato antes de empezar a leer. Y tampoco ha tenido demasiada importancia, porque las referencias que se hacen a la novela anterior siempre se explican, con lo cual la lectura puede hacerse de forma independiente y casi acabas sabiendo a grandes rasgos lo que sucedió en la otra entrega. Al menos a mí no me ha resultado nada complicada la lectura ni me he ido tropezando con datos que desconocía, porque, como os digo, cuando aparecen siempre hay una aclaración o alguna línea de diálogo que nos da respuesta, y eso es muy de agradecer. Dicho esto, vamos con la novela.

CELOS, AMBICIÓN Y VENGANZA

El inspector Leo Vélez, mientras está en su tiempo libre en un local de copas, recibe un sobre extraño, decorado con una cenefa griega y un lacre rojo. Dentro, una carta le anuncia que ha empezado un macabro juego, una espiral de muerte, en que las víctimas ya están marcadas. El asesino busca completar un círculo de sangre muy personal. Antes de que amanezca, Candela Satorre, una anciana viuda que vive sola, despierta sobresaltada por un ruido: alguien ha entrado en su casa, pero no para robar. Piensa llevarse algo mucho más valioso: la vida de la anciana. Vélez comienza una frenética carrera contra el reloj y tratará de encajar las piezas de un puzle complejo y extraño, ya que el escenario del crimen de Candela Satorre está preparado en cada detalle: un número escrito con sangre, manzanas rojas sobre la cama y un intenso olor a fruta. Junto con su mano derecha, Juanjo Arjona, y la ayuda de Irene Garrido y Carlos Linares, con quien mantiene muchas diferencias, vivirá un caso que se va complicando y poniendo a prueba la inteligencia y el olfato policial de los miembros de la brigada, obligándolos a retroceder hasta un hecho acaecido ochenta años atrás: el bombardeo del Mercado Central de Alicante.

Un asesino en serie, una trama que nos lleva atrás en el tiempo para dar sentido a unos crímenes actuales, cartas extrañas... elementos ideales para dejarse llevar por la lectura. La autora, además, nos va relatando hechos del pasado, los únicos que, en su cabecera, tienen fecha y lugar, trasladándonos al Alicante de la Guerra Civil. Ambas tramas van a converger, pero lo interesante es saber cómo. Y cuándo. 

Leo Vélez, en esta novela, es un inspector de policía de gran experiencia que salió muy tocado, y no sólo físicamente, de un caso anterior. Ahora es reconocido incluso por la calle. Tiene un insinto muy especial para descubrir motivaciones ocultas o para interpretar las pruebas. Mantiene una relación amorosa (de hecho viven juntos) con Martín Rueda, un luthier que sabe cómo ponerle los pies en el suelo y sabe organizar su brigada como un grupo de trabajo bien engrasado, aunque Carlos Linares trate siempre de ponérselo difícil debido a su animadversión personal.

Un personaje carismático, sin duda, pero no he logrado nunca empatizar con él. En ningún momento. Por capítulos me ha ido pareciendo inestable, soberbio, pagado de sí mismo y hasta arrogante. Presume de que siempre tiene razón en sus intuiciones. La autora lo dibuja, además, como un tipo atractivo, de muy buena planta, al que sus jefes consideran "el mejor policía del país". Cierto que lleva a sus espaldas episodios terribles y una vida personal muy complicada, hoy ya un mar de calma gracias a Martín. Pero, como personaje, me ha dejado fría. Después os detallaré más.

Toda la trama paralela de lo sucedido en Alicante en la guerra sí que me ha gustado mucho, y eso que ya sabéis que no soy muy fan de ese periodo histórico, que creo ya muy machacado. Pero la autora aporta datos que desconocía y que me han interesado hasta el punto de ir a buscarlos para enterarme de primera mano de cómo fueron aquellos años allí. También están muy bien contadas las vidas de quienes lo vivieron, con descripciones muy reales, mostrándonos sus alegrías, sus penas y hasta sus miserias. Es curioso que, habiendo crímenes de por medio, me haya fijado tanto en esa otra parte.

Con esto no quiero decir que la parte actual, con los asesinatos y la investigación del grupo de Vélez no me haya gustado. Todo lo contrario, me ha mantenido interesada hasta el final para saber qué pasaba y quién estaba detrás de lo que sucedía. Mi problema, simplemente, se llama Leo Vélez. Es inestable, tiene estallidos de ira y se considera imprescindible. Además mantiene una cierta obsesión con la supuesta homofobia de los demás y hay reacciones de él, en ese sentido, que no tienen demasiada explicación. Sí que es un buen policía, tiene instinto, sabe leer las pruebas como nadie y enlazar unos hechos con otros, pero le encanta demostrar que tiene razón.

El asesino, por su parte, no ha dudado en dejarse ver desde el primer momento, convencido de que su juego sangriento es perfecto. No se esconde, no se disfraza, pero se escurre entre los dedos de la policía como el agua. Hay, entonces, una constante lucha de egos entre él y Vélez. También es un hombre de los que llaman la atención. En su caso me han chirriado algunos pensamientos personales suyos, muy físicos: busca hundir a Vélez pero también le desea... Peculiar, como poco.

Lo mejor de la novela es el ritmo, que la autora dosifica muy bien: rápido en los capítulos de la trama policia y los asesinatos y más pausado en el "histórico" y los hechos que acaecen en Alicante. Pero juntos funcionan bien y la lectura gana muchos enteros con esa combinación. Los diálogos también colaboran en esa impresión general, porque no suenan acartonados ni falsos y aportan realidad a lo que sucede. 

Respecto a los "peros", además de lo que os contaba del personaje de Leo Vélez, están los clichés. Para mi gusto, hay demasiados. El asesino que lleva años pergeñando las muertes, las cartas con características especiales, los mensajes que van en ellas, crípticos, para poner a prueba a los investigadores, las puestas en escena de los címenes... Mucho estereotipo, quizá. Eficaces dentro del argumento, pero conocidos en exceso. Y también pequeños detalles de redacción. A veces repite una cierta característica de un personaje en más de una ocasión casi con las mismas palabras, hay algunos errores tipográficos que, sin ser nada extraordinario, sí que me llaman la atención porque la editorial suele ser muy puntillosa con eso. Y, sobre todo, el uso de las comas, mal colocadas en muchas frases, especialmente entre sujeto y predicado. Cierto que todo esto no influye en la trama y en el buen argumento, pero a mí me saltan a los ojos, no lo puedo evitar.

¿La recomiendo? Sí, por supuesto, creo que es una novela capaz de mantener nuestra atención hasta el final, con una buena dosis de crímenes "originales" y una segunda línea temporal muy interesante. Si la leéis, por favor, contadme si compartís mis apreciaciones. Seguro que da para una conversación muy interesante.

miércoles, 16 de marzo de 2022

SI TE DIGO QUE LO HICE de Jaime de los Santos

No acostumbro a leer los resúmenes de los libros ni las contraportadas, generalmente porque lo que cuentan o es mucho y te desguaza la novela, o se parece al contenido lo que un huevo a una castaña. Así que llegué a Si te digo que lo hice sin más información que una portada con media cara de mujer y que su autor, Jaime de los Santos, es senador. Pero apenas empecé a leer descubrí a mi propio yo en muchos momentos de mi vida, pasados y actuales. Una descripción sobre la pena y la soledad tan desgarradora que era como mirarme dentro y ver el vacío. "La soledad es caprichosa. Se instala en el corazón y te hunde en la amargura. Te confunde. Te acompaña. Y, da lo mismo si tienes uno o un ciento de amigos, su sabor amargo te despierta por las noches. Te persigue". Tras terminarla me di cuenta de que de su protagonista, Elvira, todas llevamos pedacitos dentro y, cuantos más años acumulamos, más pesa todo. O quizá es que ese todo está compuesto de muchos todos más pequeños que se suman, se amontonan, a veces se rebelan, y ya no caben en la mochila.

Si te digo que lo hice es la narración de una vida, la de Elvira, y la de quienes la compartieron: sus padres, sus hermanos, sus hijas, su marido. Puede parecer algo sencillo, pero os aseguro que no lo es, como para ninguno de nosotros es sencillo enfrentarnos a nuestra propia vida con un mínimo de objetividad. Los recuerdos infantiles, sobre todo los que dolieron y nos hirieron, permanecen como cicatrices molestas. Y nunca podremos volver al lugar al que fuimos felices alguna vez, porque no es solo que el paisaje haya cambiado y hasta los olores sean otros, es que nuestro yo de entonces ya murió. Supongo que, a lo largo de la vida, morimos muchas veces: con cada decepción, con cada buena noticia, con cada pérdida, con cada cambio. Quiero pensar que nos reinventamos o, al menos, aprendemos a sobrevivir que es, exactamente, lo que Elvira consiguió.

TODO PARECE MÁS TRISTE CUANDO DESPUNTA EL INVIERNO

Sentada en la misma cama en la que nació, Elvira trata de aceptar que su hermano Gonzalo acaba de morir. La desoladora pena por su pérdida comienza a mezclarse con recuerdos de su vida, con otras pérdidas, con el frío que la agarrota. Solo ella y sus cinco hijas asisten a la misa funeral por Gonzalo. Es el inicio de un monólogo emocionante de Elvira consigo misma, llevándonos desde antes de su nacimiento hasta el momento presente. Una vida llena de carencias en la infancia, de educación rigurosa, de aceptar las cosas gustasen o no, de tristezas y también de algunos amores que colorearon su existencia. Pero Elvira sabe que nunca aprendió a querer, ni tampoco supo dejar que la quisieran.

"Si las palabras no se las dices a alguien no son nada" decía Menchu mientras velaba a su marido en la inmortal Cinco horas con Mario. Algo hay de Menchu en la narración de Elvira, solo que Menchu, delante del cadáver de Mario, por fin se atreve a hablar aunque nadie la escucha, a veces de forma exasperante, demostrando que nunca le conoció. Y Mario tampoco a ella, supongo, a pesar de los años y de los hijos. Elvira, igual que ella, solo habla para sí misma, pero para recordarse y recordar. La culpa es solo la suya.

Elvira ya es anciana, pero aún sigue teniendo muy presente la niña que fue. Una niña que perdió a su madre demasiado pronto y que vio a su padre deshacerse ante sus ojos, consumido por la tristeza y el alcohol. Siendo consciente de que el cariño y el amor le faltaban cada día, una carencia que se hizo enorme, que se filtró en su cuerpo y en su mente, y que la dejó llena de goteras. Conoció el amor con su marido, Claudio, y tuvo cinco hijas a las que sobreprotegió porque fue su manera de quererlas. El recuerdo de sí misma, esperando a su padre, que nunca regresó, en una boca de metro, está tatuado en su alma.

Escrito en primera persona, con frases cortas que a veces son como arañazos, es la voz de Elvira la que escuchamos y es su alma la que se desnuda. La que nos habla de esa educación dura y represiva que le tocó vivir en plena posguerra, que también cercenó de muchas maneras su modo de enfrentarse a los afectos. De sus cuatro hermanos, que nunca acabaron de entenderla. De su instinto de protección con Gonzalo, el más frágil de todos ellos, que se perdió muy pronto en un mar de abandono y, también como su padre, de alcohol. De sus hijas, especialmente de Adela, la que le confesó que amaba a otra mujer y Elvira solo pudo aprender, a tropezones, a aceptarlo. De Claudio y su vida juntos. 

El monólogo de Elvira es, ante todo, una reflexión sobre la soledad y la muerte en esa España de lutos eternos en los que las mujeres se convertían en sombras y que, cuando llegaron los vientos del cambio y la libertad, no supieron qué hacer con ellos. Elvira aún no acaba de enterderlo demasiado bien, aunque sus hijas ya han crecido bajo su amparo y lo ven todo de otra manera. 

Si te digo que lo hice toca muchas teclas, pero sobre todo sabe tocar la de la emoción y la de la cercanía, porque todos, de un modo u otro, hemos sentido o sentiremos cosas similares a las que Elvira hace frente. Jaime de los Santos nos envuelve con una prosa preñada de sensibilidad, en ocasiones con poesía sin versos ni métrica, en este viaje sentimental por buena parte de nuestro siglo XX. La travesía está llena de tormentas, pero a mí me ha encantado encararlas.

**Jaime de los Santos es Historiador del Arte, madrileño, y un apasionado de la belleza y de Lorca. Colabora habitualmente con varios medios de comunicación como El Confidencial, Antena 3 y Onda Cero y es senador y exconsejero de Cultura de la Comunidad de Madrid

 

 


jueves, 24 de febrero de 2022

EL CORAZÓN DE LOS AHOGADOS de Daniel Fopiani

Por delante de todo hay algo que tengo que reconocerle a Daniel Fopiani: la originalidad en los planteamientos de sus novelas. Si en La carcoma aparecía una angustiosa cuenta atrás en la pared de una cabaña en la que solo vivía el protagonista (que en algunos momentos, a pesar de las diferentes geografía y trama, me traía recuerdos de Un saco de huesos, del gran Stephen King), en La melodía de la oscuridad se atrevió a hacer campar por las calles de Cádiz a un asesino en serie muy especial y poner de protagonista a un policía ciego, desencantado, deprimido y con tanta oscuridad en su alma como en sus ojos. Que ahora nos lleve a un islote español perdido en el Mediterráneo para hacer un homenaje a Agatha Christie y aproveche para hacer una reflexión dura y actual sobre la inmigración ilegal, vuelve a ser una gran vuelta de tuerca.

Si a esto le sumamos que los protagonistas principales son militares, infantes de marina, cuerpo al que pertenece el propio Daniel, hombres y mujeres habituados a enfrentarse a lo peor y que se ven sorprendidos y amenazados por un peligro cierto pero invisible, la originalidad se encarama a lo más alto. Además ¿a qué amante de la novela negra no le gusta una historia en la que los crímenes se suceden y todos son sospechosos? ¿En la que el peligro puede estar más cerca de lo que parece? Pues mucho de esto hay en El corazón de los ahogados. 

TODOS SOMOS ISLAS

En la isla de Alborán, en su pequeño cementerio, aparece una cabeza decapitada rodeada de cadáveres de gaviotas mutiladas colocados como en una especie de ritual macabro. A la isla solo tiene acceso el ejército y algún biólogo estudioso de la peculiar fauna de la zona, por lo que la autoridad militar correspondiente decide envíar a la sargento de infantería de marina Julia Cervantes, al mando de un destacamento, para que intente averiguar qué es lo que ha sucedido. Pocas horas después de su llegada, una terrible tormenta deja sin luz y sin comunicaciones a la isla y, durante la improvisada cena, uno de los militares cae muerto inesperadamente. Los asesinatos empiezan a sucederse, nadie parece estar a salvo. ¿Es el asesino uno de ellos o hay alguien escondido en la isla?

Paralelamente y desde Tombuctú, Doudou y su esposa huyen de la guerra, tratando de llegar a Melilla para cruzar a Europa y buscar una nueva vida. Conseguir subirse a una patera es su sueño, pero para eso habrán de vivir las peores pesadillas a manos de la policía marroquí y las mafias que controlan con mano de hierro quien viaja y quien no. Una vez a bordo descubrirán que la muerte se esconde detrás de cada ola.

Y todo esto en apenas 330 páginas, no se puede pedir más. Porque desde el primer momento, desde la primera página, Daniel Fopiani nos mete hasta el cuello en una intriga que va llenando, lentamente pero sin parar, de ansiedad al lector. Si hay una palabra que puede definir El corazón de los ahogados es angustia, tanto por lo que acontece en la isla como por lo que viven en primera persona Doudou y su mujer y el autor lo consigue creando una ambientación que nos hace revivir pesadillas muy reconocibles: oscuridad, tormenta, la muerte tras cualquier esquina, un lugar sin escapatoria posible, una barca inestable en medio del mar, el agua intentando sepultarnos. Miedo.

Le reconozco a Daniel un salto cualitativo importante en su escritura. Siempre busca ir más lejos, es ambicioso y sabe crear escenarios que, a priori, son tranquilos y casi anodinos pero en los que se desata el terror. Ese que va creciendo y nos hace mantenernos en constante alerta, buscando respuestas y conteniendo la respiración cuando alguno de los protagonistas se interna en un lugar oscuro. Es muy interesante ver cómo utiliza recursos diferentes, de mucho oficio, en la narración, como comenzar una escena desde los ojos de un inocente gorrión y los latidos de su corazón. O darle voz a los que ya no están pero se quedaron para siempre bajo una lápida. Incluso regalarnos las pequeñas historias personales de algunos de los protagonistas a través de una foto o un recuerdo.

Julia Cervantes, profesional, excelente militar y con buena hoja de servicios, se va a enfrentar, además de a todo lo que sucede en Alborán, a sus propios miedos. A la muerte no superada de su marido. A sus dudas. Pero se mantiene firme aún cuando el mundo entero se tambalea bajo sus pies, enfrentándose a un criminal del que no sabe nada y que sí parece saberlo todo de ellos. Por su parte, la trama paralela de Doudou nos hace reflexionar mucho sobre la inmigración. Está contada de forma dura porque es necesario que sea así y, al leerla, nos planteamos bastantes preguntas y, seguramente os pasará también, se nos caen al suelo algunas certezas que creíamos sólidas. 

Daniel aprovecha el protagonismo de los militares, de los infantes de marina, en la novela, para dejar también algunas reivindicaciones que este estamento reclama y de las que los civiles tenemos poca o ninguna noticia. Lo hace con elegancia, en ocasiones dentro de diálogos, pero remarcando su importancia. Y lo cierto es que lo que se reclama es de justicia. 

La isla de Alborán se convierte, en El corazón de los ahogados, en un misterio de habitación cerrada en el que están presentes, de un modo u otro, todas las imperfecciones y los defectos de la sociedad actual. En pocos metros cuadrados, sin apenas lugares donde esconderse, un asesino va eliminando con metódica crueldad a quienes habitan ese pedazo de tierra, amparado por el sonido de una turbadora nana que canta las muertes una a una. ¿Quedará alguien que cuente su historia?

miércoles, 16 de febrero de 2022

PORTOSANTO de Rodrigo Costoya

Una de las mejores experiencias que se pueden disfrutar en el Certamen de Novela Histórica de Úbeda es la cercanía, las conversaciones y la casi complicidad con los escritores que asisten. Poder compartir con ellos mesa y mantel, incluso cafés relajados o conversaciones nocturnas mucho más ligeras al amor de "La Beltraneja" (el local habitual de copas en este evento), hacen que se destapen los tarros de las esencias y conozcamos con más profundidad sus libros, sus proyectos y sus porqués. A Rodrigo Costoya le conocí en la edición de 2020, una edición peculiar por las restricciones debidas al Covid, en la que había resultado ganador con su novela El custodio de los libros. Su discurso de agradecimiento fue bellísimo y, en ese fin de semana, nos ganó a todos con su vitalidad y buen humor, además de dejarnos con la boca abierta a unos pocos con una presentación en power point (y con unas cervecitas por medio) sobre la novela que hoy os traigo, Portosanto.

Portosanto, publicada por Pàmies en 2021, es realmente anterior a El custodio de los libros, pero originalmente se publicó solo en gallego en 2017 por la editorial Toxosoutos, de Noia. Ambas forman parte de una trilogía, aunque pueden leerse de forma independiente: no es necesario haberse leído Portosanto para centrarnos en El custodio de los libros, como fue obvio a la hora de otorgarle el premio en Úbeda. Pero la época es tan apasionante, los hechos que se narran son tan únicos y fundamentales para la Historia, que merecen una lectura pausada, asimilar muchos detalles, pensar en ellos y fascinarnos. Sean ciertos o no, el tiempo lo dirá, pero al menos hay indicios más que suficientes para tenerlos en cuenta.

PRENDER FUEGO AL UNIVERSO

En una pequeña aldea de Pontevedra llamada Portosanto llega al mundo el pequeño Pedro, un niño bastardo, aunque de padres nobles, al que nadie podía augurar un futuro brillante, pero que crece aprendiendo y apasionándose por el mar y la navegación. Corre el siglo XV y tanto la península como Europa están inmersas en guerras de poder mientras, en el horizonte, el imperio otomano es una amenaza real y creciente, que está bloqueando todos los pasos y rutas, impidiendo la llegada de bienes y suministros. Pedriño crece con el mar como sueño y no tardará en interesarse por el modo de hacer barcos y por interpretar los designios del viento y los caminos que trazan las estrellas cuando cae la noche sobre las velas. Gracias al Roxo, un marinero de la aldea, aprenderá el arte de navegar y, siendo aún un niño, el arte de la guerra con Robert de Gwened, un caballero de la Orden de Rodas.

Paralelamente nos trasladaremos tras los muros de castillos y conventos, en los que se mueven las grandes decisiones que pueden cambiar el curso de la historia y en los que las conjuras y las traiciones están a la orden del día. Castilla va a perderse en una sangrienta guerra fratricida y Aragón puede convertirse en el mejor aliado. La necesidad de abrir nuevas rutas que favorezcan el comercio es ya imperiosa y el destino de Pedro comienza a trazarse rumbo a la eternidad.

Como ya sabréis muchos, Portosanto, subtitulado El enigma de Colón, recoge la teoría del origen gallego del Almirante y de su verdadera personalidad. Esta teoría, que no es creación de Rodrigo Costoya, sino que ya lleva bastante tiempo rondando por determinados círculos, se basa en hechos muy concretos que no voy a descubrir para que los disfrutéis en esta novela. Incluso hay una antigua tradición oral en Galicia que la recoge. Pero sí os adelanto algo que nos explicó un profesor de Historia en su día y que siempre me rondó la cabeza: para ser supuestamente genovés, Colón no hablaba nada de italiano, necesitaba siempre intérpretes. Tampoco lo escribía. Curioso ¿verdad? Y otra curiosidad: en su novela Cuchillo de palo, César Pérez Gellida, en boca de un secundario de lujo, le cuenta al protagonista, con bastantes datos, su certeza acerca acerca de la teoría de la "galleguidad" de Colón.

Si hay algo que caracteriza la escritura de Rodrigo es el ritmo. Consigue que siempre fluya con cierta velocidad amparándose en capítulos cortos y en diálogos muy vivos, que suenan completamente reales. Tampoco abusa de las descripciones, ni físicas ni de lugares, y, respecto a los personajes, deja que sean sus acciones las que los enmarquen y den personalidad. Pocos datos de su aspecto nos ofrece de ellos, pero lo que hacen y lo que dicen es más que suficiente para que nuestra imaginación llene los huecos. El lenguaje es el adecuado: no se complica la vida (ni la del lector, sobre todo) buscando un estilo más ampuloso, usando términos o expresiones de la época que pudieran no ser entendidas, sino que lo adapta para que no resulte inadecuado y sea, al mismo tiempo, accesible. Del mismo modo, todos los personajes resultan profundamente humanos, con sus luces y sus sombras, no hay en ellos ni arquetipos ni estatuas parlantes.

Me ha gustado también, de forma especial, el modo en que recrea las diferentes luchas de poder del reino de Castilla, cómo los protagonistas principales se van posicionando en lo que fue una larga y compleja partida de ajedrez, partiendo del reinado de Juan II de Castilla. De las cinco partes en que se divide el libro, cuatro comienzan con un mapa o un árbol genealógico (el de los Trastamara en concreto) para que nos pongamos en situación. Es evidente en todo momento la exahustiva documentación que ha debido manejar Rodrigo, pero la entreteje de tal manera en la trama que en ningún momento la novela se convierte en un tratado de la época: la vivimos mientras la leemos, pero sin tener la sensación de estar ante un documental. Los diálogos, como os mencionaba antes, tan naturales y expresivos, contribuyen a que nos sintamos espectadores pivilegiados de hechos trascendentales y de otros más pequeños, pero que acabarán por cobrar importancia. 

No hay saltos en el tiempo en Portosanto: la narración es lineal, aunque sí va pasando de unos escenarios a otros. Será la vida de Pedro la que sujete con fuerza el hilo conductor de la novela, con sus alegrías y sus tristezas y su evolución desde pequeño hasta convertirse en uno de los caballeros más influyentes de Galicia. La ficción está perfectamente enlazada con los hechos históricos: no hay nada que chirríe, todo funciona como una máquina muy bien engrasada. Y siendo novela histórica, tiene también toques de novela de aventuras, hay intriga, viajes, escenarios diferentes...la Historia cobra vida y pasa ante nuestros ojos.

A la espera de que en unos meses se publique la tercera parte de la trilogía, que también podrá leerse de forma independiente, merece mucho la pena perderse en Portosanto y El custodio de los libros y dejarse arrastrar por la escritura de Rodrigo Costoya. Es una marea que os llevará siempre a buen puerto.



 


viernes, 11 de febrero de 2022

¡CÓMANSE LA ROPA! de Valentín Trujillo

Esta entrada me hace una ilusión especial. Tenía muchas ganas de hablaros de este libro porque en pocas ocasiones (por no decir prácticamente nunca) tenemos oportunidad de leer novela histórica escrita en hispanoamérica. Tuve la suerte, como todos los que estuvimos presentes, de conocer a Valentín Trujillo en el pasado Certamen de Novela Histórica de Úbeda y nos conquistó a todos con la exposición que hizo de esta novela como por su carismática personalidad, su buen humor y su implicación en todos los actos programados. Incluso se unió al ejército inglés, en una de las recreaciones, perfectamente uniformado, para dejarse masacrar por el Mahdi. Valentín es uruguayo, escritor, profesor y periodista y, aunque comenzó escribiendo poesía, en poco tiempo se pasó a los relatos y a la novela. Ha obtenido algunos de los premios literarios más prestigiosos de su país, como el Bartolomé Hidalgo o el Legión del Libro. ¡Cómanse la ropa! fue su primera novela, publicada en 2017, con la que ganó el Premio Onetti, y desde 2020 es el director de la Biblioteca Nacional de Uruguay.

¡Cómanse la ropa! está publicada por la Editorial Cuervo y en librerías tradicionales puede ser un poquito complicado adquirirla aquí en España. En Madrid podéis encontrarla en la Librería Iberoamericana de la calle Huertas, 40. También está disponible en Storytel. Personalmente, me ha parecido un hallazgo feliz: el estilo, el modo de narrar, los paisajes, el momento histórico visto desde otra perspectiva... todo hace de esta novela una pequeña joya, una lectura apasionante que impacta por lo diferente que es a la novela histórica a la que estamos más acostumbrados. Voy a intentar convenceros.

CUALQUIER GUERRA ES TODAS LAS GUERRAS

"Con treinta años no tenía nada salvo la derrota, una llaga invisible."

Costa del Perú, 1823. En plena guerra de la independencia y tras un terrible naufragio, los supervivientes, soldados patriotas, deben enfrentarse a la supervivencia en condiciones absolutamente hostiles, al borde del delirio por hambre y sed. Uno de ellos es el coronel Carlos Federico de Brandsen, destacado jinete francés que había luchado en el ejército de Napoleón y que, tras la caída de este, marchó a América, para continuar su lucha por la libertad de las incipientes repúblicas. El esfuerzo de las marchas a través de los Andes, desfiladeros, pueblos fantasma, caminos tortuosos, desiertos eternos con un sol inclemente y el ejército enemigo al acecho, van limando las conciencias y la fidelidad a la causa de los protagonistas.


La historia que se cuenta en ¡Cómanse la ropa! está basada en hechos verídicos y la figura de Bradsen es real
. Un Bradsen al que la derrota de Napoleón sumió en una severa depresión y que buscó en las luchas de otros un modo de seguir viviendo, de dar un salto adelante. Aquí viviremos una parte de su vida en América del Sur y el título de la novela hace referencia a una orden que el propio Bradsen, exhausto, da a los hombres que comanda en una situación horrible y desesperada de sed, hambre y abandono. El coronel Bradsen luchó, principalmente, en territorio altoperuano y Valentín Trujillo nos introduce en su mente en muchos momentos de la novela: desde esa depresión que os decía antes (él, realmente, no sabe hacer ni ser otra cosa que un soldado a caballo) hasta los momentos en que descubre que, de alguna manera, América es una suerte de Francia paralela pero con muchas más carencias.

En muchos momentos de la narración se nos recalcan las penosas condiciones en las que los soldados luchaban, pasando semanas casi sin comer, usando ropa y zapatos de cadáveres y siempre sometidos a los designios de los poderosos. Bradsen es un soldado y actúa como tal, pero no se puede evitar sentir, en muchos momentos, mucha compasión por él. Al estar dentro de sus pensamientos, sabremos por qué hace lo que hace, de dónde vienen las decisiones que toma. A su lado camina otro personaje que también despierta nuestras simpatías, el sacerdote que acompaña a las tropas, el padre Pancracio, generoso y altruista, que no duda un momento en usar páginas de la Biblia para hacer fuego porque eso es lo que necesitan los hombres.

En esta novela se pone muy en entredicho el sentido de la guerra, pero también el sentido del honor y del patriotismo: vamos a ser testigos de que el hombre es tan enemigo de los demás como de sí mismo. Pero en ningún momento resulta una lectura pesada o llena de reflexiones huecas: Trujillo le da un ritmo muy ágil, cada capítulo (algunos muy breves) contiene, de alguna manera, una nueva "aventura" que no siempre tiene un buen final pero sí ciertas dosis de suspense por lo que va a pasar después. Y también tiene algunos toques de humor negro muy brillantes. Los momentos en que la mente de Bradsen se traslada a su realidad paralela, en la que mezcla sus recuerdos con el presente, tienen un cierto toque simbólico en el que los caballos toman protagonismo. Al ser jinete de caballería, el caballo es una prolongación de sí mismo y aparece en diferentes instantes a su lado: a veces es real, a veces imaginado, pero siempre una ayuda, un soporte, un referente.

¡Cómanse la ropa! contiene constantes recuerdos y algunos "flashback", la narración no transcurre de forma lineal, sobre todo porque en la cabeza de Bradsen se mezclan los delirios del presente con los de batallas pasadas. La lucha por la superviviencia que está atravesando con sus hombres enredada con las atrocidades de la campaña de Rusia. Quizá porque está peleando en un conflicto que no acaba de entender del todo. Y nos traslada un mensaje que es una bofetada de realidad: los hombres no son nada ante la inmensidad del mar o del desierto. Hay un poco de escritura surrealista, muy hermosa por cierto, en algunas escenas referidas al propio Brandsen y también algunos pasajes de una belleza inesperada dentro de la tragedia que los protagonistas están viviendo.

Lo reconozco: me he enamorado de ¡Cómanse la ropa!. Por diferente, por evocadora, por dura, por ofrecer otra visión de las guerras en Iberoamérica y por darme a conocer la figura de Carlos Federico Bradsen, que tiene una biografía apasionante (investigad, investigad). Pero, sobre todo, por la manera en la que Valentín Trujillo escribe. Si tenéis ocasión, no la dejéis escapar. Es fantástica.

miércoles, 9 de febrero de 2022

EL VALLE DE LOS ARCÁNGELES de Rafael Tarradas Bultó

Con su primer libro, El heredero, Rafael Tarradas logró un gran éxito tanto de ventas como de público, al publicar una historia de ficción, pero basada en hechos de su familia, y ambientada en la primera mitad del siglo XX, con la Guerra Civil como telón de fondo de muchas de sus páginas. Ahora, Rafael nos lleva a la Cuba del siglo XIX con una novela que él mismo cataloga de aventuras en un mundo que termina y que está llena de color, de olores, hasta de música. Todo en ella es un estímulo sensorial, la ambientación resulta brillante y real.

En un momento histórico muy convulso para España, con una crispación política extrema y con un reinado, el de Isabel II, que marcaba sus últimos compases, la novela comienza en 1864, apenas cuatro años antes de la llamada Gloriosa que forzó el exilio de la reina y provocó el inicio de un periodo de total inestabilidad y luchas de poder. Pero, en la novela, esta etapa la vamos a vivir en Cuba, en los grandes ingenios (fincas dedicadas al cultivo de caña de azúcar, algodón o café), con todas sus luces y sus sombras y las desigualdades entre clases que se producían. Estamos ante una historia que, si bien tiene los regustos de la narración más clásica (ambición, injusticias, paisajes fabulosos, pasión, amor, traiciones y todos los componentes que tanto reconocemos y nos gustan), también nos ofrece una nueva visión de lo que en Cuba se vivía y se sufría. Crucemos el Atlántico sin miedo.

CORAZONES ESCONDIDOS

Gabriel Gorchs, el único hijo del barón de Santa Ponsa, no deja de pensar en cómo cambiar su anodina vida entre las paredes del decadente palacio gótico de su familia en Barcelona. La suerte parece aliarse con él cuando recibe una carta de su tía Lucía en la que le pide que viaje hasta Cuba para hacerse cargo de la gran plantación que ella posee allí, ya que su marido e hijo han muerto en trágicas circunstancias. La oportunidad es única y acepta. Por su parte, Pepa Gómez, una mujer que ha vivido siempre en la miseria y con el maltrato rondando cerca de continuo, consigue trabajo en un palacio de Barcelona. Es guapa, inteligente y tiene una gran determinación: sabe que ese trabajo puede ayudarla a ascender poco a poco socialmente y no dudará en llevarse por delante a quien sea si se interpone en su camino. Pero esa soberbia le hará cometer un error que la llevará a tener que huir de la ciudad.

Gabriel y Pepa coincidirán a bordo del barco que les traslada a Cuba. Su destino es el mismo: el Valle de los Arcángeles, en el que brillan los ingenios de las familias Serrano, Viader y Abbad, que viven en ellos en armonía y con gran opulencia. Pero una serie de asesinatos comienzan a producirse para los que no hay ninguna explicación y esa armonía puede saltar en pedazos.

En el Valle de los Arcángeles conviven dos formas de ver la riqueza y el poder: por una lado está la aristocracia de toda la vida, que lleva décadas al mando de la economía del país; por otro, las nuevas generaciones de ricos que aspiran a hacerse con ese hueco y ese poder y que usan cualquier tipo de artimaña para conseguirlo. Bajo ellos, esclavos que trabajan en circunstancias muy extremas y que son los que realmente sacan adelante las labores de los ingenios. Los primeros quieren conservar sus privilegios y los segundos forzar un cambio que les beneficie. Ahí es donde se coloca Pepa, que carece por completo de escrúpulos, a la que le da igual mentir, que sabe a dónde quiere llegar y que va a hacer lo posible por conseguirlo. Al precio que sea.

Pepa es la "mala" oficial de la novela, un personaje muy bien dibujado por Rafael Tarradas (ya sabemos que no hay nada como un buen malo) y a la que vamos a conocer muy bien. Pero es que ella se conoce muy bien a sí misma, sabe perfectamente cuáles son sus puntos fuertes, sus mejores facultades y que, viniendo de donde viene, sabe que ya solo puede ascender. La miseria que la precede marca muchas de sus decisiones porque no quiere volver allí. Lo que ella no sabe es que también guarda en su interior la capacidad de amar, y eso lo descubrirá cuando sea madre. La otra gran protagonista, Lucía, la tía de Gabriel, tiene ciertos paralelismos con Pepa. Es una mujer emprendedora, más fuerte de lo que parece y muy segura de sí misma, pero su concepción de la vida es completamente opuesta. Quiere ser valorada por lo que hace, pero sin llevarse a nadie por delante. 

Como os decía arriba, esta novela es muy sensorial, llena de color, de olores, de una naturaleza desatada y hermosa. El autor se ha documentado con mimo para describirnos todos los detalles, desde los cultivos hasta las instalaciones de los ingenios o los lugares donde viven los esclavos. Las calles más oscuras y peligrosas de las ciudades. El brillo de las grandes mansiones, sus fiestas, los vestidos... es fácil imaginarlos según vamos leyendo. Siendo una ficción histórica, Rafael Tarradas nos ofrece una narración brillante, con personajes vivos y creíbles, con viajes, aventuras y un punto de suspense muy atractivo que completa el círculo.

Aunque el Valle de los Arcángeles es invención del autor, conoceremos también lugares reales que se recrean de forma muy convincente: la Barcelona de la época, Matanzas o La Habana. Pero son sobre todo los ingenios los que se convierten en un personaje más de la novela. Como el propio Rafael nos comentó en la presentación de su novela para el club de lectura, todos sabemos de las grandes plantaciones en Estados Unidos, pero apenas nada de estas inmensas fincas de las que salía el azúcar que endulzaba el mundo. También esta novela es una reivindicación de los ingenios, de su trabajo y de la prosperidad que llenó la Cuba del momento.

Hay un pequeño "pero" que me gsutaría mencionar. Por supuesto que no empaña la novela ni la estropea, pero en ocasiones el autor repite en exceso ciertas explicaciones o ciertos hechos. Supongo que su intención es que el lector no se pierda o que tenga claro por dónde se está moviendo aunque, en mi opinión, muchas de estas repeticiones sobran. Como os digo, no es algo terrible, aunque reconozco que a mí (y a mi proverbial vena tiquismiquis), se me aparecían como piedras en las que tropezar en una historia que se lee de maravilla, en las que las páginas nos vuelan entre las manos y que no hace decaer el interés del lector en ningún momento.

El mundo, tal como lo conocen los protagonistas, estaba a punto de cambiar para siempre. Un imperio se venía abajo sin remedio. Las injusticias del sistema esclavista van jalonando la novela marcando a fuego esa profunda brecha entre ricos y pobres y Rafael Tarradas nos la cuenta con toda la gama de grises necesaria, porque hay mucho arco entre el blanco y el negro. Diálogos naturales, ambientación cuidada, personajes creíbles y llenos de matices y un momento histórico apasionante son los puntos fuertes de El Valle de los Arcángeles. Animaos a descubrirlo.