lunes, 6 de noviembre de 2023

XII EDICIÓN DEL CERTAMEN DE NOVELA HISTÓRICA DE ÚBEDA.

 

Llevo dudando unos días acerca de esta crónica. No del contenido, porque hay muchas cosas que contar de lo vivido en Úbeda durante los días del certamen de novela histórica, sino acerca del modo de hacerlo sin que resulte una mera enumeración de todos los actos y presentaciones que disfrutamos allí. Creo que me fiaré (no sé si acertadamente) de mi intuición y, aunque pretendo seguir un orden más o menos lineal, procuraré que resulte entretenido para todos. 

Ya lo he dicho otras veces: estar en Úbeda, volver a Úbeda cada año, es regresar a mi burbuja de felicidad. Especialmente por reencontrarme con tan buenos amigos y conocer a otros que se suman a la lista y la enriquecen. Los abrazos, las risas, las charlas, los "churreteos" varios, las noches en La Beltraneja... todo conforma un universo especial y único en el que me siento inmensamente feliz. Cansada, sí, que voy ya después de cenar completamente derrotada, pero no lo cambio por nada. Y es que hay algo que hace especial y diferente al certamen de Úbeda con respecto a otros: la increíble unión entre organización, autores y medios desplazados, que compartimos hotel, comidas, copas y, si se tercia, nos apuntamos a las recreaciones históricas que se celebran. A nivel personal, poder abrazar a mis compañeros del poscast me hace una ilusión especial: el gran Pablo Lozano, director del certamen, con un prodigioso don de la ubicuidad en esos días; Ren, de Momoko.blog, mi niña bonita, tan brillante y tan diferente a todos; Eva, de La historia en mis libros, de exquisita sensibilidad y única mostrando cariño; Pedro Pablo Uceda, a quien muchos reconocen por la voz y una de las mejores personas que conozco, y David Yagüe, mi gran referente en este mundillo, siempre cálido y cómplice.  

La llegada a Úbeda va precedida de un feliz viaje en coche con mi amiga Belén Sanz y nuestras "rutinas viajeras" habituales en estas ocasiones: paradita para el desayuno, un pendrive lleno de la música que nos gusta para, si se tercia, cantar a pleno pulmón y coger la carretera que no es. Bueno, sí es, lleva a dónde queremos ir, pero es de doble dirección y llena de curvas. Un paisaje precioso, es verdad, pero con la lluvia y el viento resultaba bastante menos cómoda que la autovía. Ya no nos vuelve a pasar, me he tatuado en la memoria la ruta correcta, aunque os reconozco que tiene su puntito.

Este año, además, tenía el feliz encargo de presentar a dos autores: Nuria Sauch y Juan Tranche. De estas presentaciones os hablaré después, pero es casi de dominio público que poder estar en la mesa con Juan fue todo un regalo. No siempre tenemos la ocasión de compartir un momento así con un amigo, así que podéis imaginaros mi alegría...y mis nervios, que creo que me salté en más de una ocasión la escaleta que llevaba preparada. Había una fantástica novedad en esta edición: parte de las presentaciones se harían en el maravilloso Palacio Vela de los Cobos, un lugar con una magia muy especial, lleno de rincones en los que se respira la Historia. Junto a él, el salón de actos del Hotel Palacio de Úbeda, como en años anteriores, sería la otra sede para las charlas literarias.

El certamen arrancó el miércoles 18 de octubre en la librería Libros Perdidos, con lleno total para recibir a Helena Montufo y su primera novela: El sanatorio de las almas perdidas. Helena ha supuesto una feliz sorpresa en el certamen, tanto por lo bien que explicó su novela (de hecho, fue una de las más vendidas en la feria del libro que se celebra paralelamente al certamen) como por su amabilidad envuelta en timidez. Ella, Andrea D. Morales y Ren han acabado siendo bautizadas como "la chupipandi": la conexión entre ellas brotó desde el primer momento, una de esas cosas fascinantes que os comentaba al principio acerca de la especial comunión entre todos los que coincidimos allí.

El jueves 19 tuvimos, por primera vez, una mesa que unía lo presencial con la videoconferencia. Los autores hispanoamericanos presentes (Roberto Lapid, Viviana Rivero, María Rosa Lojo y Laura Martínez-Belli) compartieron impresiones con Valentín Trujillo, Alan Pitronello, Julio Alejandre y Santiago Mazarro acerca de cómo interpretan y escriben la novela histórica y las diferencias existentes entre la que se crea allí y la de aquí. El plato fuerte de la tarde fue la entrega del Premio Ivanhoe a la gran Lindsay Davis, que se mostró muy emocionada y que, en la charla posterior, se metió a todo el público en el bolsillo. Cercana, divertida, irónica y muy ocurrente, dejó prácticamente sin "trabajo" a David Yagüe y Pablo Lozano, que iban a ejercer de maestros de ceremonias en la conversación con ella. Lindsay se hizo con la batuta, marcó el ritmo y nos hizo pasar un rato realmente fabuloso. Al salir de la UNED, lugar donde se celebraron estos dos eventos, diluviaba. Nos dio tiempo a refugiarnos en un restaurante a cenar y después correr a los hoteles.

El viernes también amaneció lluvioso y fresco. La borrasca que tenía a toda España en alerta afectó, y de qué modo, a la planificación de varios actos. Carlos Serrano, que tenía prevista su presentación a las 16:30, no pudo salir de Santander al haberse cancelado su vuelo y no tener más opciones para llegar a tiempo. Las recreaciones del sábado por la mañana hubo que cancelarlas ante la previsión de que la climatología no iba a mejorar a lo largo del día. De igual modo, el autor italiano Andrea Frediani vio como su salida del aeropuerto de Fiumicino se retrasaba constantemente y la organización hubo de buscarle otro para que pudiese estar el sábado en la presentación que tenía prevista. Quizá este ha sido el único inconveniente del certamen y, desde luego, no por culpa de la organización. Ya sabéis aquello de "yo no mandé a mis naves a luchar contra los elementos"... Por fortuna no hubo que lamentar ninguna otra ausencia, aunque sí algunos retrasos para los que llegaban en tren. Aproveché la mañana para pasear con Guillermo (del blog Las lecturas de Guillermo), ir a comprar lotería y acercarnos al torno de las Clarisas para hacernos con algunos de sus ricos bollitos.

La tarde comenzó sus presentaciones una hora más tarde de lo previsto debido a la ausencia que os decía de Carlos Serrano. Pero cundió a base de bien. Laura Martínez-Belli nos habló, de la mano de Alberto Sanfrutos, de La otra Isabel, su última novela, y de la novela histórica que se está publicando en México. A continuación, cambiando de sede al Hotel Palacio de Úbeda, Toni Montserrat, presentado por Pedro Pablo Uceda, nos puso los dientes largos con la trama de su primera novela, Isla Negra, que mezcla la novela histórica con la negra gracias a un caso real sucedido en Ibiza en 1863. Viviana Rivero, acompañada de Sebastián Lozano, desgranó los pormenores de su novela Apia de Roma y de sus dos protagonistas femeninas. Para terminar, Elena Bargues, conducida por Ángel Figueroba, nos hizo viajar hasta el balneario de La fuente del Francés, título de su novela, una historia que combina ambientación, misterio y romance. 

Tuve que escaparme sin acabar de escuchar a Elena primero para ir a buscar a Javier Santamarta, que acababa de llegar y no sabía dónde se celebraba la recreación de esa tarde, y a Juan Tranche, que también estaba recién llegado. Con ellos y con un buen grupo de autores "aterrizados" poco antes en Úbeda, asistimos a la recreación de levantamiento de Riego en Las Cabezas de San Juan. Y nos lo pasamos pipa dando vítores y gritando a favor de la Constitución de 1812.

El sábado siempre es el día grande del certamen y las presentaciones y charlas se suceden casi sin descanso. Comenzamos a las nueve y media, en el Palacio Vela de los Cobos, con Trienio, de Nuria Sauch, que nos desgranó detalles del Trienio Liberal y de cómo se vivió en la zona del levante español, lugar y momento en el que transcurre su novela, y lo hizo de una forma muy amena y con muchos y jugosos detalles. A continuación Ana B. Nieto nos traía su Luz de Candelas, un libro que a mí me tiene fascinada, porque siempre me he declarado fan irredenta de Luis Candelas, y que nos lleva al Madrid de la época y a conocer a un José Zorrilla niño y fascinado por el bandido seductor. Pasmados nos dejó Ana a todos cuando, para terminar, se arrancó con las Coplas de Luis Candelas: pedazo de voz que se gasta, una delicia. Hubo casi que correr calle arriba para la charla con Luis Zueco y El tablero de la reina (David Yagüe hacía doblete presentando tanto a Ana como a Luis) en el Hotel Palacio de Úbeda que mostraba un lleno casi total. Se nota que Luis Zueco tiene muchos y apasionados seguidores. Se habló de Isabel la Católica, de ajedrez y de cómo cambiaron el escenario político y las reglas del juego al compás de lo que estaba sucediendo. 

Hago aquí un inciso, porque allí pude reencontrarme, como mis otros compañeros del podcast, con varios fieles oyentes: José Lacueva, que este año venía con su mujer y a quien fue una alegría volver a abrazar, y Manuela y Manuel, que llegaron desde Valdepeñas para vivir el certamen y a quienes se les veía encantados con el ambiente. Momentos como estos me llenan de felicidad y me dejan la sonrisa puesta durante días.

La mañana siguió con la mesa dedicada a los autores argentinos Roberto Lapid y María Rosa Lojo, en la que nos hablaron del desarrollo y las temáticas de la novela histórica en su país. Y, a continuación, otro llenazo para recibir a los Carmen Mola y su recién estrenada novela, El infierno, ambientada en Madrid y Cuba en el siglo XIX. Nos lo hicieron pasar realmente bien, se mostraron cómplices hasta con el presentador, Javier Santamarta, con gran sentido del humor y, después, firmaron muchísimo. El último acto de la mañana fue la entrega del Premio Cerros de Úbeda a David B. Gil por su novela Forjada en la tormenta, premio otorgado por la comisión lectora del certamen como mejor novela histórica de 2022. Había un poco de justicia poética en este premio, porque David había sido finalista en dos ocasiones. 

Tras la comida, en la que, como es norma de la casa, se mezclaban en las mesas autores, medios y organización, le tocó el turno a Javier Pellicer y su novela El tesoro de la Girona, que nos transporta al siglo XVI, tras la derrota de la mal llamada Armada Invencible. Le siguió Carlos Fidalgo con su último libro, El baile de fuego, con el hilo conductor de la música y la pasión y una trama muy original que Marisa, de Lecturápolis, presentó con buen oficio. Y ya en la segunda sede, Santiago Castellanos nos habló de Rey de los godos, una novela que aúna de maravilla historia y literatura llevándonos al Toletum del siglo VII con su habitual solvencia. A continuación, el italiano Andrea Frediani, de la mano de mi querido Fernando, de Libros en el petate, nos habló de El último César, en la que asistiremos a la toma del poder total de los dos imperios romanos por Constantino. Y para cerrar por todo lo alto una jornada intensa e inolvidable, José Zoilo nos acompañó hasta La frontera de piedra, su último trabajo, en una emocionante charla con Daniel Fernández de Lis.

La cena, tipo cóctel para favorecer el encuentro y las conversaciones, nos trajo la sorpresa del discurso del prefecto romano llegado al Muro de Adriano, encarnado en el propio José Zoilo, con las galas propias de la ocasión. Fue un momento muy divertido, con Javier Pellicer y Ana B. Nieto convertidos en pictos levantiscos contra el prefecto, y un regalo especial para todos los que estábamos presentes, ya que este acto debió haberse vivido en la calle, por la mañana, y la amenaza de lluvia obligó a suspenderlo. Con su coraza y su faldita, Zoilo despertó pasiones y casi hubo que montar un "photocall" para que todos pudiésemos inmortalizarnos con él. Como detalle que me llegó al corazón, contaros que María Rosa Lojo me regaló uno de sus libros y me lo firmó con todo el cariño, diciéndome que le había encantado estar allí.

Hubo copas en La Beltraneja, como la noche anterior, y os aseguro que me había prometido a mí misma acudir. Pero me dolía hasta el paladar de tanto ir de un lado a otro. Que ya voy teniendo una edad y la misma elasticidad que una mesa de caoba. Así que me desplomé en la cama en estado semicomatoso.

La mañana del domingo comenzaba con La dama de la judería, de Andrea D. Morales, a la que introdujo la sin par Ren, como no podía ser de otra manera. Y nos enamoró la historia y el modo en que lo contó. Amor con mayúsculas y momento histórico complejo de la mano de una de las leyendas más conocidas de Sevilla. Y aquí he de confesar uno de mis pocos momentos de tristeza: tuve que perderme la presentación del gran David Yagüe y su libro de entrevistas para asistir al combate de gladiadores que iba a dirigir Juan Tranche en la plaza Vázquez de Molina. Tenía, como diría Alejandro Sanz, el corazón "partío". Eso también me hizo llegar a la presentación de Espido Freire un poquito tarde, aunque conseguí asiento en la última fila. Me fascina escuchar a Espido, qué claridad de ideas y qué bien las expone. Pedro Pablo Uceda, que casi se ha convertido en su presentador de cabecera en Úbeda, hizo los honores. Para poner el broche final a esta brillantísima edición del certamen, Juan Tranche nos habló, con pasión y elocuencia, de Gladiadoras y de las leyes romanas, de lo que no solemos ver de la Roma imperial y del papel de las mujeres en la gladiatura y en la sociedad del momento. Como os decía antes, me hizo muchísima ilusión estar con Juan en esa mesa y compartir con él estos días.

La tarde del domingo, con la vuelta de todo el mundo a sus hogares, tiene un punto de melancolía muy acusado. Es como la tarde del Día de Reyes, cuando parece que todo se acaba y hasta los centros comerciales apagan las luces de navidad. El final de una fiesta en la que hemos disfrutado a lo grande y ahora nos devuelve a la realidad. Hubo una última comida con amigos y autores y la lluvia volvió a hacer acto de presencia durante un rato. También nos acompañó, a veces con fuerza, en nuestro viaje de vuelta a Madrid

Sentí perderme la recreación de la ejecución de Riego, narrada por Javier Santamarta (con esa voz suya, podría declamar con poderío hasta la carta del menú del día) y con textos de Nuria Sauch. Y el alegato de Daniel Fernández de Lis, transmutado en madrileño belicoso contra quien iba a ser ejecutado. Sí pude tener una entrevista conjunta con Andrea Frediani, en la que nos habló de sus libros, de Constantino y del final del Imperio Romano. Es todo tan intenso que, cuando acaba, te das cuenta de cuántas conversaciones no has podido tener y echas de menos haberte parado un poco, haber tenido tiempo de sentarte con la gente a la que quieres y, simplemente, compartir un café. Pero me traigo ratos inolvidables, desayunos estupendos a los que se iba uniendo gente y derivaban en tertulias impagables, abrazos de los que te recolocan por dentro, confidencias, avances de nuevas historias que verán la luz muy pronto... y cariño. Toneladas de cariño que, y esto no sé cómo explicarlo bien, me siguen resultando casi sorprendentes, quizá porque no han sido nada habituales en mi vida y sé que he llegado bastante tarde a ellas, pero hacen que me sienta plena, feliz. Hasta un poquito importante. 

Ya estoy contando las semanas para la próxima edición. Y no quiero acabar sin agradecer a la organización que siga contando conmigo: Pablo Lozano, Luis Foronda, Sebastián Lozano, Begoña, Marta, Cecilia, Rocío... sois los mejores. A Jesús Delgado por sus magníficas fotografías y por tenernos informados al minuto de todo. También al Hotel Álvar Fáñez, que siempre consigue que me sienta como en casa. A mis compis del "pojcah"; sabéis que os quiero mucho... aunque nos hayamos ido sin hacernos una foto juntos. A los integrantes de la comisión lectora que han estado por allí y a los que siempre es una alegría saludar. A mi amiga Belén, por ser la mejor conductora del mundo mundial y aguantar estoicamente mi peculiar selección musical y mis bailecitos de copiloto. A Ana, Pepa, Ascen y Estefanía, por todo; vosotras ya sabéis por qué. A los recreadores ubetenses, que hacen un trabajo maravilloso. A Marcos Javier Quirante y el Grupo Templo, por su confianza y por esa foto de "familia" que quedará para los anales.

Brindo por muchos años más para el Certamen de Novela Histórica de Úbeda. En los tiempos que corren y vistas ciertas injerencias en otros eventos, quizá sea la aldea gala que resiste ahora y siempre al invasor, pero estoy segura de que cuenta con muchos y buenos defensores. Larga vida al certamen de Úbeda. Larga vida a la novela histórica.


 




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