lunes, 8 de enero de 2024

DE POLÉMICAS, DINEROS, PREMIOS Y OTRAS HIERBAS


Tengo varias reseñas en el tintero que van a ir saliendo poco a poco, tras haberme tomado las dos semanas de fiestas navideñas como de relax lector. Más que nada porque estaba realmente agotada y colapsada y necesitaba resetear esta cabeza mía que, generalmente, va a más revoluciones de las debidas de forma habitual. Mi idea era traeros una de esas reseñas hoy, pero este fin de semana ha sido un tanto polémico en el mundillo literario y, aun a riesgo de meterme en un frondoso jardín, me apetece opinar. No soy muy dada a este tipo de post, aunque a veces los provoco (mi admirado Sebastián Roa bien lo sabe); sin embargo esta vez quiero exponerlo de primera mano. Y que salga el sol por Antequera.

LA POLÉMICA

A través de la red X (antes Twitter) me llegó un hilo de Lorenzo Silva en el que contestaba a una noticia publicada por el PSOE de Almería. Cuando profundicé no daba crédito. Al parecer Lorenzo y su mujer, Noemí Trujillo, habían estado en Mojácar, invitados por su ayuntamiento, en un encuentro con lectores y posterior firma de libros. En el artículo del partido político se lanzaban directamente contra ellos, así como contra Carmen Mola y Julia Navarro, alegando que habían cobrado del consistorio ciertas cantidades de dinero por ir a la localidad y, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, les acusaban de ir solo a hacerse fotos con empresarios, aseguraban que ese tipo de iniciativas poco hacen por la cultura (??) y, de paso, que ni siquiera visitaron la biblioteca municipal "porque no tiene calefacción ni aire acondicionado". La respuesta de Lorenzo, como es su costumbre, fue tan educada como firme: no habían cobrado un duro, estuvieron allí para un encuentro con lectores y lo único que tuvieron gratis fue el alojamiento, el desayuno y una cena, además de los gastos del viaje. Que, por supuesto, ellos no van a hacerse fotos ni con políticos ni con empresarios de ningún tipo, sino a compartir tiempo con quienes les leen y quieren escucharles. 

Conozco a Lorenzo Silva desde hace tiempo, sé que acude a muchos eventos de este tipo sin cobrar nada y que es un hombre sencillo, amable y comprometido con la cultura, al igual que Noemí. Que determinado partido político le use a él y al resto de autores para tirarse a la yugular de la composición del ayuntamiento actual (que, obviamente, es "de los otros") me parece, como poco, miserable. Si quieren exigir transparencia en las cuentas municipales, me parece perfecto, pero sin mezclar churras con merinas. E, incluso, en el caso de que tanto Lorenzo como los otros autores hubiesen llegado a cobrar algo por acudir, ¿es algo reprobable? Ellos usan su tiempo para desplazarse, llegar hasta allí, dar la charla, reunirse con lectores y lo hacen por amor a sus libros y por conocer a quienes compran y leen sus obras. Si fuese un cantante a dar un concierto, ¿no cobraría? Otra cosa es, como ya he dicho en otras redes, que se vaya con un "caché" por delante: vale, voy a tal sitio a presentar mi libro o dar una charla, pero es tanto y de ahí no me muevo. Eso, y es solamente mi opinión, no me parece bien y resulta excesivamente "pesetero". Pero que alguien que se presta a utilizar incluso sus días de asueto para este tipo de actividades se vea cuestionado por si ha cobrado o no, es un recurso muy bajo. Más aún cuando en el mencionado artículo se da a entender que los autores que fueron a Mojácar, y cito literalmente, "se mueven en un ambiente elitista y desproporcionado en el que los autores ponen sobre la mesa un presupuesto muy elevado por dejarse fotografiar con el empresario que les promociona que, en este caso, sería el alcalde". Sinceramente, quien lo ha escrito no tiene ni idea de lo que habla. Para colmo asegura que este tipo de actos no tienen repercusión en el turismo de la localidad porque, al realizar este tipo de actos los miércoles, "el público que asiste no necesitará ni alojamiento ni comida en el municipio". Y esto ya me parece el colmo. Si vas a una presentación o una charla de un autor, a no ser que sea en el marco de un certamen de varios días, no te planteas quedarte después en un hotel. Por norma general acude público del lugar donde se celebra y sus alrededores, desde luego yo no voy a desplazarme desde Madrid para eso y más teniendo en cuenta el buen número de presentaciones que los autores hacen por toda la geografía española. 

Si tienen dudas con las cuentas presentadas por el ayuntamiento, que les reclamen por los cauces habilitados para ello, pero que no echen porquería sobre los escritores. E insisto, aunque hubiesen cobrado, ¿qué mal hay en ello? ¿No tienen derecho? En este país pocos son los autores que pueden permitirse vivir de las rentas de su trabajo y cuando les invitan a certámenes, festivales, presentaciones o charlas, como mucho se les ofrecen los gastos del viaje, el alojamiento y las comidas, casi nunca hay una contraprestación económica. Y eso lo sé de primera mano. Desde aquí quiero mandar todo mi apoyo y mi cariño a Lorenzo Silva y a Noemí Trujillo y pedir a los partidos políticos que dejen de meter cizaña en todo de una buena vez. Hay ya demasiada ponzoña en el ambiente para embarrar también con sus mañas la cultura.

EL PREMIO

Como cada año, el 6 de enero es la fecha señalada para otorgar el Premio Nadal, uno de los más prestigiosos de nuestro país, y en esta ocasión ha recaído en César Pérez Gellida, el conocido autor de novela negra, por su novela Bajo tierra seca. Vamos por partes, que diría Jack el Destripador. Personalmente me alegro por César, a quien conozco y con el que he disfrutado de muchas horas de buenas lecturas. ¿Me sorprendió el premio? No. Varios meses atrás ya me había llegado el rumor de que un importante escritor del grupo Penguin Random House iba a dejar la casa, un rumor que fue creciendo de manera exponencial. Poca gente quería poner nombres dentro de ese rumor, pero era bastante evidente de quien se trataba. Mis sospechas las confirmé cuando, llegado octubre del recién terminado 2023, no había noticias ni anuncios de nueva novela de Gellida en Suma de Letras, cuando es un escritor que va a novela por año y publica siempre en las mismas fechas.

Ganar el Nadal lleva a Gellida de cabeza a la Editorial Planeta, a tener un premio prestigioso en sus vitrinas y a volver a la primera línea de ventas que, si bien siempre han sido altas, en los últimos tiempos no brillaban tanto sus números. Incluso había medios, blogs y opiniones que aseguraban que la calidad había descendido y que empezaba a repetirse. Sobre esto no puedo opinar, porque sus tres últimas novelas no las he leído, me quedé en Todo lo peor, aunque he de confesaros que en ella encontré regustos de tramas anteriores. Sea como fuere y como os decía, me alegré por César pero me volví a plantear el tema de los premios literarios. Y la pregunta que más me viene a la mente es si se están utilizando como estrategia para que un autor cambie de editorial y como fichaje estrella. Vaya por delante que tengo muy claro que el mundo editorial se mueve por beneficios. Son empresas, esto es de cajón. Y hay autores que venden mucho y, obviamente, hay interés en atraerlos. Pero ¿otorgarles un premio importante prácticamente a dedo no es un poco un fraude para tantos y tantos autores que han presentado sus novelas al concurso? Sí, en este jardín me estoy clavando todas las espinas, pero voy a explicarme.

Ya en su día un buen amigo, que está muy al tanto de los entresijos del mundillo literario, me contó quiénes eran los Carmen Mola (mucho antes de que se diesen a conocer) y me aseguró que saldrían a la luz cuando se les concediese un premio literario de tronío. "Y tú ya sabes a cuál me refiero", me dijo. Resultó ser un oráculo: se les concedió el Premio Planeta, salieron a la luz y claro, dejaron Alfaguara (Penguin Random House) para "fichar" por la editorial que concede el premio. Un premio que, además, ese año aumentó su dotación, lo que hizo que muchas malas lenguas asegurasen que lo habían hecho de cara a que los tres componentes de Carmen Mola se llevasen un buen pellizco. Pero ¿realmente el premio fue otorgado por la calidad de la obra o como maniobra para que Planeta contase con ellos como autores de la casa, con los beneficios añadidos que eso le podía reportar? No ha sido el único caso. Tampoco quiero cansar, pero echad un ojo a los premios importantes de los últimos tres años, por ejemplo, y atad cabos. 

Tanto César Pérez Gellida como Carmen Mola son superventas y, desde luego, las editoriales buscan beneficios además de calidad. En ocasiones, a veces, en detrimento de la calidad, pero eso es otra historia y no voy a meterme en ella ahora. Sin embargo no puedo dejar de pensar en los cientos de escritores que presentaron sus manuscritos a los premios, en sus ilusiones, en su esperanza y que si realmente es verdad que esos premios están ya concedidos de antemano (aún con cierta certeza quiero seguir pensando en que no siempre es así), ¿dónde quedan ellos? ¿Para qué presumir de haber recibido mil novelas, si ninguna va a ser tenida en cuenta?

Y OTRAS HIERBAS

Quería poner el colofón de este post con otra cuestión que me llama mucho la atención y que he tocado de pasada en el punto anterior: la obligatoriedad de ciertos sellos para que sus autores saquen una novela al año. Que sí, que es cierto que actualmente la literatura es un poco de usar a tirar. Salen tantos títulos, tantísimos, que hay que mantener la atención de los lectores más fieles. Y eso a muchos escritores les supone estar amarrados al banco de la escritura como galeotes a los remos. Ni siquiera puedo imaginar cómo debe ser haber terminado una novela, con el esfuerzo que supone, y tener que estar ya pergeñando una nueva, como si la imaginación y la tarea de escribir fuesen algo mecánico. Se lo decía ayer mismo a un gran amigo (y también escritor): se acaban convirtiendo en funcionarios de la literatura. Los hay, incluso, capaces de sacar dos o tres, cosa que ya me parece más que sorprendente. Luego pasa lo que pasa, que la calidad se resiente, que hay ideas que se repiten, que la labor de edición también va a matacaballo y salen novelas con errores (algunos de bulto).

No solo eso, es que esos mismos autores se ven impelidos a estar constantemente en el candelero de redes sociales con tal de que no ser olvidados. Con constantes entradas de lo que sea, pero dejando caer de cuando en cuando lo fantástica que va a ser su próxima novela (algo muy loable y que me parece perfecto) para mantener la atención. El trabajo se les duplica o triplica. Sumemos, además, presentaciones, firmas, asistencia a algún certamen o charlas. Al final, ¿de cuánto tiempo disponen realmente para escribir? Así pasa, que muchos se ven sometidos a un estrés descomunal, teniendo que entregar sus obras en plazos casi inasumibles, sin tiempo apenas para correcciones o repasos. Y sí, finalmente la novela se publica cumpliendo lo de "una al año" pero, ¿en qué condiciones? Somos muchos los lectores que venimos notando una considerable merma de calidad en muchos de los títulos que se publican y puede que, en parte, se deba a todo esto. Parece que importa más la cantidad que la calidad.

Me gustaría conocer vuestra opinión. Respeto profundamente a los escritores, cuento con maravillosos amigos entre ellos y sé que hacen lo imposible por regalarnos las mejores historias. Ojalá los tiempos que corren no se lo pusieran tan difícil.



 

miércoles, 3 de enero de 2024

LOS SANTOS SALVAJES de Natalia Monje

 No está nada mal empezar el año en el blog con la reseña de una novela diferente a lo habitual y que ha sabido tenerme interesada, medio estremecida y expectante hasta el final. Porque a Los santos salvajes, la primera novela de Natalia Monje, le han colocado la etiqueta de "folk horror", un término bastante reciente con varias características concretas: el factor religioso es fundamental en la trama (sea una religión mayoritaria o bien alguna creencia particular, sectas, ritos antiguos, paganismo...); también la naturaleza es un pilar, bien desde su componente más místico o volviéndose brutalmente implacable. La denominación de "folk horror" viene fundamentalmente del cine y, como os digo, es algo muy actual. Se suelen poner como ejemplo películas como El proyecto de la bruja de Blair, La bruja o Midsommar. Digamos que la realidad de religiones, ritos o tradiciones arraigadas se retuerce y se deforma para construir historias que nos toquen muy de cerca, que inquieten porque podían pasarle a cualquiera si está en el peor momento en un sitio equivocado.

Los santos salvajes es una novela muy coral que, aunque tiene varios protagonistas que llevan el peso principal de la trama, se rodean de secundarios potentes. El paisaje, los lugares por los que transcurre, las tradiciones, las creencias extrañas, las leyendas...todo ello conforma una ambientación que, a pesar de estar coronada por un sol inclemente, como os contaré ahora, nos provoca cierto escalofrío. Algo tiene Galicia para que allí todo parezca posible.

TODO LO QUE SE ESCONDE TRAS LA PUERTA

"En los cementerios se ve a veces que las sepulturas están hundidas, y ella decía que eran de personas que habían movido los lindes. Si le robas la tierra a alguien, después tú no tendrás tierra suficiente para tu tumba."

Un hombrecillo extraño sale de la planta de psiquiatría de un hospital de La Coruña para encontrarse con su vida hecha jirones. Una joven antropóloga que busca información sobre un entroido que aparece en una vieja fotografía y que nadie es capaz de reconocer. Un periodista local detrás de una noticia que le tiene en jaque y por la que estaría dispuesto hasta a romper los códigos éticos de su profesión. Un hombre que acaba en los servicios sociales después de haberse pasado más de media vida viviendo en la montaña, alejado de todo y de todos. Una chica, fervorosa seguidora de las historias de aparecidos y terror, que encuentra una misteriosa reliquia cuando va a explorar la casa de uno de los pueblos que han emergido del pantano debido a la sequía. Una peculiar adolescente, a la que nadie parece conocer ni reconocer, que muere de forma terrible. En un otoño que se asemeja más al verano, con un calor insólito para la época y la sequía agostando embalses y fuentes, todos ellos acabarán cruzándose. Es como si la naturaleza hubiese cambiado su orden natural y su ciclo estuviese del revés. Los ojos de muchos se vuelven hacia lo que siempre está oculto, hacia la memoria de lo prohibido. 

En Los santos salvajes viajamos a Galicia, la más rural, cercana a la frontera con Portugal. Es ya otoño, pero el calor no baja, el verde se vuelve amarillo y hasta el humor de las gentes está cambiando. Hay cortes de agua, pueblos enteros emergen de los pantanos secos y, en el ambiente, la sensación de que todo está mal. Alterado. Flora, la joven antropóloga, siguiendo una fotografía encontrada casi por azar, trata de conseguir información sobre el entroido que se ha inmortalizado en ella. (Los entroidos son fiestas de carnaval que se celebran en Galicia desde hace lustros y que se caracterizan por sus máscaras, sus vestimentas coloridas y sus peculiares celebraciones.) Por más que intenta saber, menos consigue: nadie parece reconocer la máscara ni el lugar en el que se tomó la fotografía. Su búsqueda la lleva hasta una casa aislada, en la que una anciana podría tener las respuestas. Pero todo se complica cuando una jovencita a la que conoce allí, y que parece salida de la nada, es encontrada muerta poco después por el ataque enloquecido de un buey.

Leyendo esta novela me he sentido como cuando se tiene un mal sueño, de esos que recuerdas vivamente cuando te despiertas y que te dejan con un ánimo extraño durante todo el día. No llegan a ser pesadillas, pero si crean un poso extraño en la boca del estómago. Todos los protagonistas, de un modo u otro, está llenos de cicatrices y costuras. Llevan a sus espaldas experiencias y sus cruces personales, su arraigo familiar es casi inexistente y, si existe, está viciado de alguna manera. La búsqueda de Flora hará emerger realidades incómodas y, también, otro tipo de certezas y creencias que han permanecido en la sombra desde siempre y que, al quedar expuestas bajo ese duro y desconocido sol de octubre, adquieren presencia, forma, un innegable poder. Todo ello en una tierra tan dada a los misterios y las creencias como es Galicia.

Natalia Monje utiliza, para crear este armazón tan complejo, tanto las creencias y leyendas más reconocibles de la zona (la Santa Compaña, las Marías, las lavandeiras, los ameigallos, los baluros - ese pueblo del que apenas sabemos nada y que recuerda, en cierto modo, a los agotes -) para mezclarlas con cuentos. Pero no son cuentos amables de finales felices, sino muy cercanos a los originales de los hermanos Grimm, que no tenían nada de dulces. Aún recuerdo aquellas hermanastras de la Cenicienta cortándose pedazos de pie para que les cupiera el zapato. En este punto, si bien esas narraciones son necesarias para entender ciertas cosas, haría una pequeña crítica: en mi opinión son, en ocasiones, excesivamente largos. Reconozco que muchos los leí en diagonal porque me resultaban tediosos. Obviamente la autora ha querido, con ellos, que entendamos el desarrollo y el final de la novela, pero quizá, e insisto que es una opinión muy personal, podrían haberse reducido en extensión. Sea como fuere, resultan curiosos y un poquito sobrecogedores.

Con todo, Los santos salvajes es una novela muy recomendable, sobre todo si os gustan las lecturas que se apartan de los cánones habituales. Que tiene misterio, un crimen, una trama que se va complicando y muchas preguntas a las que ir dando respuesta. También es una historia perfecta para entender cómo se viven y se interiorizan las creencias en determinadas zonas. Contiene, también, críticas a los medios de comunicación, a los silencios de la gente ante determinadas situaciones familiares, a la falta de recursos de la administración, a la poca atención a la salud mental. Un rompecabezas original con muchas intrigas a las que poner solución. Os aseguro que vale la pena dejarse llevar.


 

jueves, 16 de noviembre de 2023

LAS MALAS NOTAS de Pedro Simón

 

Reconozco abiertamente que no suelo ser muy fan de las novelas que ganan concursos literarios importantes. No por nada en especial, ni por animadversión ni teorías conspiratorias, sino porque, en general, me suelen gustar bastante menos que otros libros que se publican a lo largo del año. Imagino que la concesión de esos premios deriva de muchas cosas y conlleva muchas otras. Y que, no lo olvidemos, las editoriales no son ONG's y lo que buscan son las ventas, a ser posible masivas. Cuando en el año 2021 se le concedió a Pedro Simón el Premio Primavera de Novela por Los ingratos, me quedé un poco como estaba: no conocía al autor, ni tenía referencia alguna, pero, al escucharle hablar sobre su libro algo se me removió por dentro. Cuando leí la novela os aseguro, y ya lo conté aquí, que se me quedó tatuada en el alma. No solo por lo que contaba, que muchos de mi generación lo vivimos, sino por cómo lo contaba. Cómo era capaz de meternos de cabeza en aquella historia que me emocionó en muchos momentos hasta las lágrimas, pero que también me hizo sentir que era allí donde quería estar. 

Desde entonces sigo a Pedro Simón con lealtad perruna, tanto con su siguiente libro, Los incomprendidos, como con sus artículos en prensa. Y ahora muchos de esos artículos y reportajes se han condensado en este volumen que hoy os traigo titulado Las malas notas. Lo mejor es que podemos paladearlo a sorbitos, leer sin orden, abrirlo por cualquier página y dejarnos llevar. Tendremos, en cada página, la sensación de que Pedro nos está escribiendo a nosotros, a mí, a ti, directamente. Que nos habla mirándonos a los ojos. Y eso es impagable, os lo aseguro.

DISFRUTE DEL TRAYECTO

Las malas notas es una recopilación de artículos escritos por Pedro Simón en prensa. Algunos son más largos, reportajes centrados en alguien o en algo concreto. Todos tienen su sello inconfundible, porque, como se repite a menudo, es imposible leer un texto de Pedro y no tener ganas de comentarlo después. O de gritarlo. O, simplemente, de contárselo a alguien. La mirada que él pone sobre las cosas quizá sea la de muchos otros, pero nadie como él sabe exprimir los sentimientos y contar la pena, la alegría, la decepción, la esperanza. Muchos de estos artículos nos van a tocar el corazón, generalmente porque o bien hemos pasado por algo similar o conocemos a quien lo está pasando. Los hay terribles, dolorosos, de los que te arrancan pedacitos del alma, especialmente aquellos en los que hay niños, abusos, enfermedad, dolor. Pero todos estos artículos no son más que la vida contada, que casi nunca es de color de rosa. Bien lo dice siempre Pedro: todos estamos a una simple llamada de teléfono de que nos explote la vida. O a dos tiradas de dados de perder todo lo que amamos. Qué razón tiene.

Se han organizado los artículos en once bloques, cada uno de los cuales tiene un hilo conductor. Al menos, algo que los une de alguna manera. La educación, la salud, los vecinos del barrio, anécdotas de padre o de periodista, paseos por la ciudad. Nada escapa a la mirada certera y llena de matices de Pedro Simón. Como os decía antes, los hay que duelen y duelen mucho: el de la mujer que cuenta cómo fue violada por su padre desde niña; el de Roberto, con una vida rota por las drogas y la cárcel que consiguió dejarlo todo atrás; el de Pilar, que espera en paliativos su último día mientras le escribe cartas a su hija de diez años; el de la madre de David, que murió con los recuerdos perdidos en la tormenta del alzhéimer. Pero también los hay cómplices y que te sacan una sonrisa, como los dedicados al Atleti, a la vida del día a día, a las anécdotas que, de pura normalidad, son extraordinarias.

Cada uno de estos artículos es casi un pequeño relato. Pedro Simón se pone delante de la gente y descubre sus historias, aunque también disfruta pensando cómo reaccionaría esa gente ante las historias que él cuenta. En el encuentro vía Zoom que tuvimos con él, nos decía, como periodista, lo que le gusta es darle al lector un final feliz. Pero nos dijo algo que a mí se me quedó grabado: 

- "Donde hay una herida siempre hay un reportaje. Allí donde alguien sufre, que no duerme por algo, hay una historia que contar. Los insomnios son todos parecidos, pero lo que nos quita el sueño es muy diferente."

También nos dijo que en las novelas hay que pensar mucho en el lector, pero en los artículos periodísticos hay que escribir CONTRA el lector, decirle lo que no quiere escuchar, llevarle a sitios a los que no quiere ir. Pero también debe tender puentes, quitar etiquetas y explicar; si no se explican las cosas no nos explicamos a nosotros mismos. 

Os aseguro que merece mucho la pena dejarse envolver por estos artículos de Pedro Simón. Quizá por que nos reconocemos, pero sobre todo por lo que nos hacen sentir. Y en estos tiempos, en los que todo es hostil, encontrar un refugio así es impagable. Os espero allí, este viaje es para disfrutar.

lunes, 13 de noviembre de 2023

LA FUENTE DEL FRANCÉS de Elena Bargues


Elena Bargues ganó el X Premio Ciudad de Úbeda de Novela Histórica hace dos años con El encargo del maestro Goya, una novela ambientada en la España napoleónica, en 1810, con Santander como epicentro de la mayor parte de la trama. Ahora Elena vuelve al siglo XIX, aunque casi en su final, y vuelve a Santander, donde parece moverse como pez en el agua. Lo primero que me llamó la atención es que en la cubierta anunciaba que íbamos a tener un crimen en un famoso balneario y claro, ya me conocéis, es meter un asesinato misterioso y que yo vaya de cabeza. 

Elena nos va a situar un momento complicado de nuestra Historia, con Cuba y Puerto Rico rebelándose contra la política arancelaria que el gobierno de Cánovas del Castillo había impuesto, y con muchas tiranteces políticas. Pero en La Fuente del Francés, el famoso balneario santanderino, la vida transcurre ociosa, aparentemente feliz y con lujos asequibles solo para unos pocos. Un lugar inaugurado en 1880 que incluía hotel y casa de baños y del que contaban que sus aguas eran perfectas para recuperar la salud. Allí es donde van a ir llegando los protagonistas de la novela y donde lo que parecía un remanso de paz empieza a convertirse en un lugar peligroso. Hoy día de aquel balneario solo quedan las ruinas y un paraje natural convertido en ruta senderista pero, en las páginas de esta novela, lo tendremos ante nuestros ojos con todo su esplendor. Un hermoso viaje al pasado. 

¿QUIÉN MATÓ A VALENTÍN CASTREJÓN?

Charles Webster es un diplomático estadounidense que se encuentra en Madrid junto a su asistente, Andrew Malloy. En un momento en que la situación política española es un avispero, Webster trata de conseguir información que pueda beneficiar a su país en los movimientos de descontento que están teniendo lugar en Cuba. Para favorecer también los negocios de su padre, que colabora con la fábrica de armas Colt, viaja hasta el balneario de La Fuente del Francés para encontrarse con un posible cliente. Además, la noticia de que Sagasta va a ir a Santander a mantener una serie de reuniones con notables de la zona es un aliciente para sus intereses. En el mismo balneario van a alojarse Antonia Valdivia y su marido, Nemesio Carvajal, a quienes acompañan la tía de ella, Lina, y su personal de servicio, que vienen desde Cuba.

Desde el primer momento Webster pasa a tener una cordial relación con el matrimonio Carvajal y la tía Lina. El balneario es un hervidero de clientes, muchos de los cuales se conocen. Desde Cuba ha llegado también Valentín Castrejón, un hombre soberbio y prepotente, a quien acompaña su jovencísima esposa, y que rápido se granjea la antipatía de muchos de los huéspedes. La tranquilidad del balneario se verá rota por el asesinato de Castrejón, que aparece muerto en una bañera con un tiro en la frente. Nadie ha visto ni escuchado nada, no hay testigos ni arma del crimen. El único sospechoso es un empleado del hotel, un anarquista que ha desaparecido y que se ocupaba de los baños ese día. La inminente llegada de Sagasta a Santander supone otro motivo de alteración en la vida de la zona, mientras Webster y Antonia comienzan a sentirse atraídos a pesar de todo lo que les separa.

Hay algo que me gustaría destacar por encima de todo en esta novela: la fantástica recreación que Elena Bargues hace del balneario y de la ciudad de Santander. La ambientación es fabulosa. El lujo del hotel, el modo en que se tomaban las aguas por entonces, los diferentes alojamientos para clientes y para la servidumbre, los jardines, las cenas, los bailes... te sientes trasladada allí. Y otro tanto sucede con Santander, una ciudad que en ese momento "luchaba" con San Sebastián para ser destino vacacional de la clase alta. Las descripciones nos permiten casi ver cómo eran las calles, las casas señoriales, los vestidos, la zona de El Sardinero. Todos estos lugares parecen muy ajenos a lo que va a suceder en ellos y es que la situación política se complica por momentos: Cuba y Puerto Rico han mostrado su hartazgo por sentirse ciudadanos españoles de segunda y las posiciones de Cánovas del Castillo y Sagasta están más enfrentadas que nunca. 

Muchas de las cuestiones políticas están introducidas en diálogos, lo que las hace mucho más accesibles y menos dogmáticas. Gracias a ellas vamos a ir haciéndonos un dibujo mental preciso de todo lo que sucedía en ese momento y de la importancia de la reunión que Sagasta va a mantener en Santader. A su vez, la trama del asesinato en el balneario tiene un toquecito a lo Agatha Christie por el misterio que envuelve a lo sucedido, la ausencia de pruebas y testigos y las motivaciones, ya que nadie en el balneario, a pesar de la antipatía personal, parece tener motivos de peso para hacer algo así.

Hay muchas referencias al papel de la mujer en la época, a cómo estaban sometidas a tutela aunque fueran mayores de edad y la nula libertad que tenían para tomar decisiones sobre sus propios bienes o sobre ellas mismas. Esto también va a aparecer en muchos de los diálogos que mantienen Antonia y su tía y son realmente reveladores.  

A medida que la novela avanza vamos a ir conociendo detalles de la vida de Charles Webster y de Antonia Valdivia. Ambos callan cosas y Antonia, especialmente, arrastra secretos que no pueden contarse. Pero será la tía Lina la que nos sorprenda en mayor medida, ya que es una mujer avanzada a su tiempo y que, en Cuba, sostiene y dirige un proyecto realmente único. A pesar de su frágil apariencia, tiene una determinación férrea.

La Fuente del Francés tiene todos los ingredientes para disfrutar de su lectura: paisaje, ambientación, hechos históricos, un crimen misterioso, una historia de amor... perfecta para estas tardes en las que anochece tan pronto y apetece leer bajo la manta con un buen café. Hay algo especial en aquellos veranos en Santander, pasaos a visitarlos.



lunes, 6 de noviembre de 2023

XII EDICIÓN DEL CERTAMEN DE NOVELA HISTÓRICA DE ÚBEDA.

 

Llevo dudando unos días acerca de esta crónica. No del contenido, porque hay muchas cosas que contar de lo vivido en Úbeda durante los días del certamen de novela histórica, sino acerca del modo de hacerlo sin que resulte una mera enumeración de todos los actos y presentaciones que disfrutamos allí. Creo que me fiaré (no sé si acertadamente) de mi intuición y, aunque pretendo seguir un orden más o menos lineal, procuraré que resulte entretenido para todos. 

Ya lo he dicho otras veces: estar en Úbeda, volver a Úbeda cada año, es regresar a mi burbuja de felicidad. Especialmente por reencontrarme con tan buenos amigos y conocer a otros que se suman a la lista y la enriquecen. Los abrazos, las risas, las charlas, los "churreteos" varios, las noches en La Beltraneja... todo conforma un universo especial y único en el que me siento inmensamente feliz. Cansada, sí, que voy ya después de cenar completamente derrotada, pero no lo cambio por nada. Y es que hay algo que hace especial y diferente al certamen de Úbeda con respecto a otros: la increíble unión entre organización, autores y medios desplazados, que compartimos hotel, comidas, copas y, si se tercia, nos apuntamos a las recreaciones históricas que se celebran. A nivel personal, poder abrazar a mis compañeros del poscast me hace una ilusión especial: el gran Pablo Lozano, director del certamen, con un prodigioso don de la ubicuidad en esos días; Ren, de Momoko.blog, mi niña bonita, tan brillante y tan diferente a todos; Eva, de La historia en mis libros, de exquisita sensibilidad y única mostrando cariño; Pedro Pablo Uceda, a quien muchos reconocen por la voz y una de las mejores personas que conozco, y David Yagüe, mi gran referente en este mundillo, siempre cálido y cómplice.  

La llegada a Úbeda va precedida de un feliz viaje en coche con mi amiga Belén Sanz y nuestras "rutinas viajeras" habituales en estas ocasiones: paradita para el desayuno, un pendrive lleno de la música que nos gusta para, si se tercia, cantar a pleno pulmón y coger la carretera que no es. Bueno, sí es, lleva a dónde queremos ir, pero es de doble dirección y llena de curvas. Un paisaje precioso, es verdad, pero con la lluvia y el viento resultaba bastante menos cómoda que la autovía. Ya no nos vuelve a pasar, me he tatuado en la memoria la ruta correcta, aunque os reconozco que tiene su puntito.

Este año, además, tenía el feliz encargo de presentar a dos autores: Nuria Sauch y Juan Tranche. De estas presentaciones os hablaré después, pero es casi de dominio público que poder estar en la mesa con Juan fue todo un regalo. No siempre tenemos la ocasión de compartir un momento así con un amigo, así que podéis imaginaros mi alegría...y mis nervios, que creo que me salté en más de una ocasión la escaleta que llevaba preparada. Había una fantástica novedad en esta edición: parte de las presentaciones se harían en el maravilloso Palacio Vela de los Cobos, un lugar con una magia muy especial, lleno de rincones en los que se respira la Historia. Junto a él, el salón de actos del Hotel Palacio de Úbeda, como en años anteriores, sería la otra sede para las charlas literarias.

El certamen arrancó el miércoles 18 de octubre en la librería Libros Perdidos, con lleno total para recibir a Helena Montufo y su primera novela: El sanatorio de las almas perdidas. Helena ha supuesto una feliz sorpresa en el certamen, tanto por lo bien que explicó su novela (de hecho, fue una de las más vendidas en la feria del libro que se celebra paralelamente al certamen) como por su amabilidad envuelta en timidez. Ella, Andrea D. Morales y Ren han acabado siendo bautizadas como "la chupipandi": la conexión entre ellas brotó desde el primer momento, una de esas cosas fascinantes que os comentaba al principio acerca de la especial comunión entre todos los que coincidimos allí.

El jueves 19 tuvimos, por primera vez, una mesa que unía lo presencial con la videoconferencia. Los autores hispanoamericanos presentes (Roberto Lapid, Viviana Rivero, María Rosa Lojo y Laura Martínez-Belli) compartieron impresiones con Valentín Trujillo, Alan Pitronello, Julio Alejandre y Santiago Mazarro acerca de cómo interpretan y escriben la novela histórica y las diferencias existentes entre la que se crea allí y la de aquí. El plato fuerte de la tarde fue la entrega del Premio Ivanhoe a la gran Lindsay Davis, que se mostró muy emocionada y que, en la charla posterior, se metió a todo el público en el bolsillo. Cercana, divertida, irónica y muy ocurrente, dejó prácticamente sin "trabajo" a David Yagüe y Pablo Lozano, que iban a ejercer de maestros de ceremonias en la conversación con ella. Lindsay se hizo con la batuta, marcó el ritmo y nos hizo pasar un rato realmente fabuloso. Al salir de la UNED, lugar donde se celebraron estos dos eventos, diluviaba. Nos dio tiempo a refugiarnos en un restaurante a cenar y después correr a los hoteles.

El viernes también amaneció lluvioso y fresco. La borrasca que tenía a toda España en alerta afectó, y de qué modo, a la planificación de varios actos. Carlos Serrano, que tenía prevista su presentación a las 16:30, no pudo salir de Santander al haberse cancelado su vuelo y no tener más opciones para llegar a tiempo. Las recreaciones del sábado por la mañana hubo que cancelarlas ante la previsión de que la climatología no iba a mejorar a lo largo del día. De igual modo, el autor italiano Andrea Frediani vio como su salida del aeropuerto de Fiumicino se retrasaba constantemente y la organización hubo de buscarle otro para que pudiese estar el sábado en la presentación que tenía prevista. Quizá este ha sido el único inconveniente del certamen y, desde luego, no por culpa de la organización. Ya sabéis aquello de "yo no mandé a mis naves a luchar contra los elementos"... Por fortuna no hubo que lamentar ninguna otra ausencia, aunque sí algunos retrasos para los que llegaban en tren. Aproveché la mañana para pasear con Guillermo (del blog Las lecturas de Guillermo), ir a comprar lotería y acercarnos al torno de las Clarisas para hacernos con algunos de sus ricos bollitos.

La tarde comenzó sus presentaciones una hora más tarde de lo previsto debido a la ausencia que os decía de Carlos Serrano. Pero cundió a base de bien. Laura Martínez-Belli nos habló, de la mano de Alberto Sanfrutos, de La otra Isabel, su última novela, y de la novela histórica que se está publicando en México. A continuación, cambiando de sede al Hotel Palacio de Úbeda, Toni Montserrat, presentado por Pedro Pablo Uceda, nos puso los dientes largos con la trama de su primera novela, Isla Negra, que mezcla la novela histórica con la negra gracias a un caso real sucedido en Ibiza en 1863. Viviana Rivero, acompañada de Sebastián Lozano, desgranó los pormenores de su novela Apia de Roma y de sus dos protagonistas femeninas. Para terminar, Elena Bargues, conducida por Ángel Figueroba, nos hizo viajar hasta el balneario de La fuente del Francés, título de su novela, una historia que combina ambientación, misterio y romance. 

Tuve que escaparme sin acabar de escuchar a Elena primero para ir a buscar a Javier Santamarta, que acababa de llegar y no sabía dónde se celebraba la recreación de esa tarde, y a Juan Tranche, que también estaba recién llegado. Con ellos y con un buen grupo de autores "aterrizados" poco antes en Úbeda, asistimos a la recreación de levantamiento de Riego en Las Cabezas de San Juan. Y nos lo pasamos pipa dando vítores y gritando a favor de la Constitución de 1812.

El sábado siempre es el día grande del certamen y las presentaciones y charlas se suceden casi sin descanso. Comenzamos a las nueve y media, en el Palacio Vela de los Cobos, con Trienio, de Nuria Sauch, que nos desgranó detalles del Trienio Liberal y de cómo se vivió en la zona del levante español, lugar y momento en el que transcurre su novela, y lo hizo de una forma muy amena y con muchos y jugosos detalles. A continuación Ana B. Nieto nos traía su Luz de Candelas, un libro que a mí me tiene fascinada, porque siempre me he declarado fan irredenta de Luis Candelas, y que nos lleva al Madrid de la época y a conocer a un José Zorrilla niño y fascinado por el bandido seductor. Pasmados nos dejó Ana a todos cuando, para terminar, se arrancó con las Coplas de Luis Candelas: pedazo de voz que se gasta, una delicia. Hubo casi que correr calle arriba para la charla con Luis Zueco y El tablero de la reina (David Yagüe hacía doblete presentando tanto a Ana como a Luis) en el Hotel Palacio de Úbeda que mostraba un lleno casi total. Se nota que Luis Zueco tiene muchos y apasionados seguidores. Se habló de Isabel la Católica, de ajedrez y de cómo cambiaron el escenario político y las reglas del juego al compás de lo que estaba sucediendo. 

Hago aquí un inciso, porque allí pude reencontrarme, como mis otros compañeros del podcast, con varios fieles oyentes: José Lacueva, que este año venía con su mujer y a quien fue una alegría volver a abrazar, y Manuela y Manuel, que llegaron desde Valdepeñas para vivir el certamen y a quienes se les veía encantados con el ambiente. Momentos como estos me llenan de felicidad y me dejan la sonrisa puesta durante días.

La mañana siguió con la mesa dedicada a los autores argentinos Roberto Lapid y María Rosa Lojo, en la que nos hablaron del desarrollo y las temáticas de la novela histórica en su país. Y, a continuación, otro llenazo para recibir a los Carmen Mola y su recién estrenada novela, El infierno, ambientada en Madrid y Cuba en el siglo XIX. Nos lo hicieron pasar realmente bien, se mostraron cómplices hasta con el presentador, Javier Santamarta, con gran sentido del humor y, después, firmaron muchísimo. El último acto de la mañana fue la entrega del Premio Cerros de Úbeda a David B. Gil por su novela Forjada en la tormenta, premio otorgado por la comisión lectora del certamen como mejor novela histórica de 2022. Había un poco de justicia poética en este premio, porque David había sido finalista en dos ocasiones. 

Tras la comida, en la que, como es norma de la casa, se mezclaban en las mesas autores, medios y organización, le tocó el turno a Javier Pellicer y su novela El tesoro de la Girona, que nos transporta al siglo XVI, tras la derrota de la mal llamada Armada Invencible. Le siguió Carlos Fidalgo con su último libro, El baile de fuego, con el hilo conductor de la música y la pasión y una trama muy original que Marisa, de Lecturápolis, presentó con buen oficio. Y ya en la segunda sede, Santiago Castellanos nos habló de Rey de los godos, una novela que aúna de maravilla historia y literatura llevándonos al Toletum del siglo VII con su habitual solvencia. A continuación, el italiano Andrea Frediani, de la mano de mi querido Fernando, de Libros en el petate, nos habló de El último César, en la que asistiremos a la toma del poder total de los dos imperios romanos por Constantino. Y para cerrar por todo lo alto una jornada intensa e inolvidable, José Zoilo nos acompañó hasta La frontera de piedra, su último trabajo, en una emocionante charla con Daniel Fernández de Lis.

La cena, tipo cóctel para favorecer el encuentro y las conversaciones, nos trajo la sorpresa del discurso del prefecto romano llegado al Muro de Adriano, encarnado en el propio José Zoilo, con las galas propias de la ocasión. Fue un momento muy divertido, con Javier Pellicer y Ana B. Nieto convertidos en pictos levantiscos contra el prefecto, y un regalo especial para todos los que estábamos presentes, ya que este acto debió haberse vivido en la calle, por la mañana, y la amenaza de lluvia obligó a suspenderlo. Con su coraza y su faldita, Zoilo despertó pasiones y casi hubo que montar un "photocall" para que todos pudiésemos inmortalizarnos con él. Como detalle que me llegó al corazón, contaros que María Rosa Lojo me regaló uno de sus libros y me lo firmó con todo el cariño, diciéndome que le había encantado estar allí.

Hubo copas en La Beltraneja, como la noche anterior, y os aseguro que me había prometido a mí misma acudir. Pero me dolía hasta el paladar de tanto ir de un lado a otro. Que ya voy teniendo una edad y la misma elasticidad que una mesa de caoba. Así que me desplomé en la cama en estado semicomatoso.

La mañana del domingo comenzaba con La dama de la judería, de Andrea D. Morales, a la que introdujo la sin par Ren, como no podía ser de otra manera. Y nos enamoró la historia y el modo en que lo contó. Amor con mayúsculas y momento histórico complejo de la mano de una de las leyendas más conocidas de Sevilla. Y aquí he de confesar uno de mis pocos momentos de tristeza: tuve que perderme la presentación del gran David Yagüe y su libro de entrevistas para asistir al combate de gladiadores que iba a dirigir Juan Tranche en la plaza Vázquez de Molina. Tenía, como diría Alejandro Sanz, el corazón "partío". Eso también me hizo llegar a la presentación de Espido Freire un poquito tarde, aunque conseguí asiento en la última fila. Me fascina escuchar a Espido, qué claridad de ideas y qué bien las expone. Pedro Pablo Uceda, que casi se ha convertido en su presentador de cabecera en Úbeda, hizo los honores. Para poner el broche final a esta brillantísima edición del certamen, Juan Tranche nos habló, con pasión y elocuencia, de Gladiadoras y de las leyes romanas, de lo que no solemos ver de la Roma imperial y del papel de las mujeres en la gladiatura y en la sociedad del momento. Como os decía antes, me hizo muchísima ilusión estar con Juan en esa mesa y compartir con él estos días.

La tarde del domingo, con la vuelta de todo el mundo a sus hogares, tiene un punto de melancolía muy acusado. Es como la tarde del Día de Reyes, cuando parece que todo se acaba y hasta los centros comerciales apagan las luces de navidad. El final de una fiesta en la que hemos disfrutado a lo grande y ahora nos devuelve a la realidad. Hubo una última comida con amigos y autores y la lluvia volvió a hacer acto de presencia durante un rato. También nos acompañó, a veces con fuerza, en nuestro viaje de vuelta a Madrid

Sentí perderme la recreación de la ejecución de Riego, narrada por Javier Santamarta (con esa voz suya, podría declamar con poderío hasta la carta del menú del día) y con textos de Nuria Sauch. Y el alegato de Daniel Fernández de Lis, transmutado en madrileño belicoso contra quien iba a ser ejecutado. Sí pude tener una entrevista conjunta con Andrea Frediani, en la que nos habló de sus libros, de Constantino y del final del Imperio Romano. Es todo tan intenso que, cuando acaba, te das cuenta de cuántas conversaciones no has podido tener y echas de menos haberte parado un poco, haber tenido tiempo de sentarte con la gente a la que quieres y, simplemente, compartir un café. Pero me traigo ratos inolvidables, desayunos estupendos a los que se iba uniendo gente y derivaban en tertulias impagables, abrazos de los que te recolocan por dentro, confidencias, avances de nuevas historias que verán la luz muy pronto... y cariño. Toneladas de cariño que, y esto no sé cómo explicarlo bien, me siguen resultando casi sorprendentes, quizá porque no han sido nada habituales en mi vida y sé que he llegado bastante tarde a ellas, pero hacen que me sienta plena, feliz. Hasta un poquito importante. 

Ya estoy contando las semanas para la próxima edición. Y no quiero acabar sin agradecer a la organización que siga contando conmigo: Pablo Lozano, Luis Foronda, Sebastián Lozano, Begoña, Marta, Cecilia, Rocío... sois los mejores. A Jesús Delgado por sus magníficas fotografías y por tenernos informados al minuto de todo. También al Hotel Álvar Fáñez, que siempre consigue que me sienta como en casa. A mis compis del "pojcah"; sabéis que os quiero mucho... aunque nos hayamos ido sin hacernos una foto juntos. A los integrantes de la comisión lectora que han estado por allí y a los que siempre es una alegría saludar. A mi amiga Belén, por ser la mejor conductora del mundo mundial y aguantar estoicamente mi peculiar selección musical y mis bailecitos de copiloto. A Ana, Pepa, Ascen y Estefanía, por todo; vosotras ya sabéis por qué. A los recreadores ubetenses, que hacen un trabajo maravilloso. A Marcos Javier Quirante y el Grupo Templo, por su confianza y por esa foto de "familia" que quedará para los anales.

Brindo por muchos años más para el Certamen de Novela Histórica de Úbeda. En los tiempos que corren y vistas ciertas injerencias en otros eventos, quizá sea la aldea gala que resiste ahora y siempre al invasor, pero estoy segura de que cuenta con muchos y buenos defensores. Larga vida al certamen de Úbeda. Larga vida a la novela histórica.


 




viernes, 8 de septiembre de 2023

LA DUEÑA de Isabel San Sebastián

 A veces da un poco de vértigo echar la vista atrás y contemplar los siglos que nos preceden. Para mí, que siempre he sentido una fascinación especial por conocer cómo eran las cosas antes, incluso antes del antes, por falta de imágenes suelo refugiarme en los dibujos que se hacen de ellas, en las recreaciones acerca de cómo pudo ser tal catedral o tal ciudad (Rodrigo Costoya, querido, la tuya de Santiago de Compostela aún me resuena en el alma), en los mapas antiguos... pero ¿qué pasa cuando no queda apenas nada de todo esto y solo la Historia y su relato surgen como únicos testigos? Pues queda la novela histórica, por ejemplo. Y queda la capacidad de sus autores para conseguir poner de pie y ante nuestros ojos una sociedad, unos hechos y unos personajes que nos recreen lo que fue el momento que nos pretenden contar. Que saquen a reyes, batallas, pueblos y gentes de todo tipo y condición de las páginas de los libros, con todo el encorsetamiento que allí tienen, para darles vida, hacer que hablen, que se muevan, que sientan. Conseguir que la imagen en sepia que tenemos de ciertos paisajes y lugares deje de ser una postal polvorienta para llenarlos de vida. Nunca es fácil, supongo. Pero hoy os traigo un libro que lo consigue.

Isabel San Sebastián se ha propuesto el reto de novelar la Reconquista. Ocho siglos tremendos, terribles, marcados a fuego, con un enemigo común pero también con luchas entre cristianos. Un periodo de construcción, lenta y trabajada, sobre las ruinas de lo que fue y cayó con estrépito. En La dueña nos lleva hasta el siglo XI, un momento tan complicado como fundamental, en el que la desintegración del califato de Córdoba y la llegada de los reinos de taifas favorece el empuje cristiano hacia el sur. Repoblar las zonas que van quedando vacías es una necesidad tanto logística como poblacional. Y es aquí donde surge Auriola de Lurat, la protagonista de esta novela. ¿Nos damos un paseo hasta entonces?

RECUERDA LO QUE FUIMOS

En el año 1069 casi todo el territorio peninsular está inmerso en luchas y batallas. Los musulmanes, una vez caído el califato de Córdoba y convertidos sus territorios en una pléyade de reinos de taifas, parecen haber perdido parte de su poderío. Los cristianos, también divididos en diferentes reinos, no solo combaten a quienes invadieron su tierra, sino que se enfrentan entre ellos. Auriola, que vive en tierra de frontera, expuesta a todos los peligros, cuenta a su nieto, Diego, la vida de su abuelo Ramiro, que cayó luchando junto a su rey, el rey de León, contra el de Navarra. Auriola, desde que quedó viuda, se encarga de proteger y administrar la tierra que le fue otorgada a su esposo, de cuidar su hogar y también de mantener la memoria del legado familiar.

Pero la vida de Auriola tiene mucho que mostrar. Desde su Lurat natal, llegó a la corte de Pamplona para servir como dama de compañía de la hermana del rey Sancho III, Urraca, prometida del rey Alfonso V de León. Su periplo vital la llevará posteriormente de León y a la tierra de frontera, al lado de su esposo. En Pamplona será testigo de las muchas intrigas palaciegas que recorren, a media voz o a gritos, las estancias de la corte. Pero también conocerá el amor en Ramiro, con quien comenzará una nueva vida. Ahora Auriola intenta que su nieto sea consciente de todo lo que le antecede, del peso de su linaje y de lo que ello supone en su vida.

La dueña es un homenaje a la labor silenciada y callada de las mujeres de la época, capaces de hacerse cargo de familia, hacienda y tierras mientras sus esposos estaban guerreando o cuando estos morían. A su capacidad de trabajo y sufrimiento, a cómo transmitían los recuerdos y tradiciones a sus hijos y nietos. Mucho se ha hablado de la transmisión oral en aquellos siglos, en los que la mayor parte de la población no sabía leer, y mucha de ella estaba en las memorias de las mujeres, que jamás dejaban de recordar e inculcar a los suyos quiénes eran y lo que llevaban detrás. Mujeres fuertes a las que, en muchas ocasiones, les tocaba padecer lo peor de la guerra, pero que supieron estar a la altura.

Y, al hilo de lo que os decía al principio, Isabel ha conseguido que, a través de su narración, estemos allí. Que nos sintamos dentro tanto de la corte y su día a día, como en la vida más común de los pueblos. Cómo eran las viviendas, las ropas, las rutinas. Incluso los olores que inundaban el ambiente. Es una suerte de inmersión en la época, como si al abrir las páginas del libro abriésemos una puerta al pasado para mirar desde allí. En La dueña hay muchos personajes históricos como Sancho el Mayor, Fernando I de León, Al-Mutamid, rey de la taifa de Sevilla, Alfonso VI, Urraca... todos ellos dejan de ser figuras hieráticas en códices o estatuas para llenarse de vida. Y aunque jamás podremos saber cómo hablaban o cómo pensaban, lo hermoso de la recreación histórica en la novela es lo naturales que resultan.

Auriola, la protagonista central, se erige como una figura sólida, creíble, consciente de su papel y de sus responsabilidades. A través de ella, de su nieto y de las vicisitudes que les toca vivir, seremos testigos de cómo la guerra y los grandes conflictos afectan a gentes de todo tipo y condición y, sobre todo, se ceban con los más débiles. A pesar de ello, Auriola hace todo lo que está en su mano por preservar la memoria de su esposo y de la familia, porque realmente es lo que le queda: el orgullo de su linaje y que este no se pierda con el olvido.

Estamos ante una novela intensa que narra con buena mano la crudeza de una época muy compleja. Pero también es un relato lleno de emoción y toda una aventura en la que el coraje, la familia y el honor están siempre en primer plano. Nos sentiremos muy cerca de Auriola y también viviremos episodios históricos importantes como espectadores de excepción. La dueña tiene todo para que el lector se apasione y viaje con la imaginación. Para recordar que lo que entonces fuimos nos ha traído hasta aquí. Os la recomiendo.


lunes, 4 de septiembre de 2023

LA PRIMERA MESTIZA de Carmen Sánchez Risco

 


Mestizaje. Siempre me ha parecido una palabra bonita. Supongo que porque, dentro de ella, contiene lo mejor de, al menos dos cosas: dos razas, dos estilos, dos narrativas... Siempre que la escucho recuerdo, con la misma emoción que entonces, el precioso discurso que Alan Pitronello dio cuando recibió el Premio Ciudad de Úbeda de Novela Histórica, con el que a más de uno de nos escapó una lagrimita. Alan, chileno pero viviendo en España, hizo todo un homenaje a lo orgulloso que se sentía de hablar y pensar en español, de la herencia cultural, pero, sobre todo, del mestizaje. La unión de culturas y razas que tanto nos engrandeció y que fue un hecho único y enriquecedor, tan diferente al modo anglosajón de arrasar con todo lo que se les ponía por delante. Carmen Sánchez Risco, a quien tengo la fortuna de conocer, ha elegido hablar, en su primera novela, de una mestiza de "pata negra", la hija de Francisco Pizarro y la princesa inca Quispe Sisa, hermana de Atahualpa: Francisca Pizarro Yupanqui. 

Carmen nació en Trujillo, cuna de los Pizarro, y la imagen cincelada en piedra del rostro de Francisca, en el Palacio de la Conquista, la ha acompañado siempre. Como la curiosidad por ella. Y en esta novela vamos a conocerla bien, a descubrir su infancia, su juventud, sus matrimonios, su vida tanto en Lima como en España. Una mujer fuerte e inteligente que unía en sí misma la sangre de dos mundos y que tuvo que enfrentarse al dolor, a las pérdidas y a las conjuras, pero que dejó un legado inolvidable. Pasad, quiero que la conozcáis.

TODAS LAS SANGRES REPOSAN EN TI

En Madrid, en 1597, Francisca Pizarro Yupanqui comienza a escribir el relato de lo que ha sido su vida. Ella fue la primera mestiza noble del Perú, una mujer sabia e inteligente que aunaba en sí misma la fuerza de dos continentes y dos imperios. Con apenas siete años tuvo que escapar de Lima junto con su hermano, después de vivir el brutal asesinato de su padre, Francisco Pizarro. La llegada del primer despótico y cruel virrey del Perú, que echó abajo todo lo conseguido por su padre, hace que Francisca decida comenzar una guerra muy personal para recuperar lo que por derecho le pertenecía. Toda su peripecia vital nos es contada con un brillante lujo de detalles hasta su llegada al Madrid de Felipe II, donde se convierte en una dama de gran influencia y que siempre busca su libertad y proteger lo que ama y a los que ama. Tuvo que madurar a marchas forzadas para recomponer su vida y su identidad.

La novela de Carmen Sánchez Risco nos transporta a una época apasionante para contar una vida más apasionante aún. La historia de Francisca Pizarro es también la historia de lo que empezó siendo un choque de culturas y de pueblos poderosos (el inca y el español) y que devino en una unión no solo de mundos, sino también de sangres. La vida de Francisca Pizarro es una vida de claroscuros, de subidas y bajadas, de batallas, intrigas y luchas de poder, pero también, como se nos describe brillantemente en la novela, es el relato de la cotidianeidad de las mujeres tanto incas como españolas, cada una con sus tradiciones, sus ritos y sus oraciones y de todas las dificultades con las que se encontraban.

La novela arranca en Madrid en 1597, un año antes de la muerte de Francisca. Es ella la que narra en primera persona su propia historia. Se ha convertido en una mujer muy rica y poderosa en la corte de Felipe II. Su relato es una suerte de confesión dirigida a quienes la lean en tiempos venideros, para que  cuenten con todos los argumentos para juzgarla con equidad. A lo largo de las páginas somos conscientes de la doble perspectiva de Francisca como mujer: por un lado lleva con orgullo el apellido Pizarro y, por otro, la estirpe imperial inca corre por sus venas. Ambas facetas son importantes y fundamentales y por ellas lucha, así como para recuperar lo que por derecho le pertenece.

La parte de la infancia de Francisca en el Perú nos lleva a una maravillosa ambientación sobre cómo vivían los incas; el paisaje, la organización social y política, sus costumbres...hasta sus recetas. La convivencia entre incas y españoles transcurre con bastante tranquilidad y la vida cotidiana, especialmente la de las mujeres, está fantásticamente reflejada. Allí siempre la selva como fondo de escenario y el dibujo de las calles de las ciudades en Perú y en España, tan diferentes pero tan conectadas. Francisca va a ir creciendo siendo testigo de importantes hechos de la Historia, aunque ella no los vive como tales, y desde bien pequeña se ve rodeada de traición y drama. A su lado, otras mujeres fuertes que la ayudan en su camino: su madre Quispe, su tía Inés, las indias Nuna y Shaya, Catalina...todas tratan de protegerla desde la infancia y todas le dejan un poso inolvidable. Esa unión y ayuda entre mujeres es fundamental en la novela. El apoyo de su abuelo Contarhuacho es también fuerte, a pesar de la distancia.

Fue esposa primero de su tío, Hernando Pizarro, un matrimonio que buscaba defender a toda costa el patrimonio de los Pizarro, y, tras enviudar años después, se casó con Pedro Arias Portocarrero. Acabo convirtíendose en una mujer única y fascinante, inteligente, apasionada y de una gran nobleza moral, pero creo que lo más hermoso de la novela es cómo vamos a mirar a través de los ojos de Francisca para sentirnos tanto rodeados de la vida en Perú y empaparnos de la cultura inca, como a caminar con ella en la España del siglo XVI

La primera mestiza es una gran novela, que sorprende por sus matices, sus descripciones, sus personajes, que nos hace conocer y descubrir, que nos muestra las diferencias entre culturas pero también cómo se entrecruzaron. Y, sobre todo, que nos permite escuchar a Francisca Pizarro en primera persona, entenderla, ir de su mano a lo largo de su vida para conocerla bien. Merece mucho la pena prestar atención. Os aseguro que se quedará en vuestra memoria.